Notas de la autora:

¡Muchas gracias por los reviews y las alertas! Amo recibir los comentarios de esta historia.

Este capítulo cambia al punto de vista de Draco durante el día de la primera prueba. JKR cuenta la experiencia de Harry en la prueba tan hermosamente que no hay nada que yo pueda hacer para competir. Después de Draco, cambia a Harry. Será lo mismo para las siguientes dos pruebas.

El dialecto de Krum. No puedo escribirlo, así que me rendí. Imaginen sus líneas escritas con un marcado acento búlgaro. Todo lo que escribía sonaba caricaturesco, así que sólo lo escribí normal. (Notarán que Hagrid no aparece mucho en mis historias. Es por la misma razón).

Notas de traducción:

¿Ya me odian? Veinte benditos días sin actualizar… Me sorprendería que aún hubiera gente siguiendo la historia. Una disculpa.

Gracias a Princes-Slash, kawaiigiirl, xonyaa11, my dilema, Lilith Evans Black, Lunatica Dark, Violet Strawberry, KhrisTB, sailor mercuri o neptune y Aeren76 por comentar en el capítulo anterior…

De nuevo les comento, si ven un error, háganmelo saber y lo corrijo. Ah, y ahí les va un súper spoiler… ¡Momentos Drarry al final!

Disfruten :)


Cuando Harry despertó la mañana del domingo, sus primeros pensamientos estuvieron llenos de dragones. Se frotó los ojos con las manos con fuerza, como si pudiera borrar las imágenes de garras, llamas y escamas de dragones. Había soñado con los dragones, con snitches y con Draco, todos mezclados. Desde que su nombre había salido del cáliz, había estado tratando de imaginar cómo sería su primera prueba, pero los dragones nunca habían sido uno de los cientos de escenarios que había imaginado.

Sirius había tenido una idea acerca de cómo pelear con los dragones, pero la llamada había sido interrumpida por Ron. Harry se fijó en el dosel de su cama, mientras se obligaba a no pensar en Ron. Dragones. Necesitaba encontrar a Hermione. Ella sabría por dónde comenzar para encontrar una forma de ayudarle a sobrevivir. Harry sabía que también tenía que hablar con Cedric, pues Karkaroff y Maxime ya les habrían dicho a Krum y Fleur acerca de los dragones. No podía dejar que Cedric llegara a la arena sin preparación.

Ron ya había salido del cuarto para cuando Harry salió de la cama. El chico se preparó y bajó a desayunar. Buscó a Cedric en la mesa de Hufflepuff pero el chico ya debía haber desayunado. En cuanto estuvo a solas con Hermione, le contó acerca de los dragones. Sintió una ola de alivio cuando, en vez de asustarse, la chica sólo palideció un poco y dijo:

—Correcto. Biblioteca.

Pasaron el resto del día en la biblioteca, con todos los libros que pudieron encontrar acerca de dragones.

Para la hora de la cena, Harry estaba exhausto y no estaban más cerca que antes de encontrar algo que pudiera ayudar a Harry. Y aún no había señal de Cedric. Decidiendo que no había otra opción más que preguntarle a un Hufflepuff dónde podría encontrarlo, Harry se acercó a Susan Bones y le preguntó.

—¿Para qué quieres saber? —dijo la chica, fulminándolo con la mirada. Llevaba puesto su botón de "Potter apesta".

—Sólo necesito hablar con él —dijo Harry en voz baja, tratando de ignorar las hostiles miradas de los otros Hufflepuffs.

—Estoy segura de que él no quiere hablar contigo. —Bones dio la vuelta y se alejó de él.

A la mañana siguiente, Harry se despertó con el familiar sentimiento de desdicha en el fondo del estómago. Con sólo un día más para el Torneo, él y Hermione se habían metido a la biblioteca, bajo la capa de invisibilidad, y habían investigado hasta la medianoche. Él se había rendido mucho antes, pero Hermione continuaba, segura de que el siguiente libro los ayudaría.

Con lentitud, Harry salió del castillo, dirigiéndose a los invernaderos para la clase de Herbología. Del otro lado del patio, alcanzó a ver a Cedric, caminando con un grupo de Hufflepuffs. Era la primera vez que lo veía, pero necesitaba hablar con él a solas. Sacó su varita, apuntó hacia la mochila de Cedric y dijo: "Diffindo". El fondo de la mochila se descosió, tirando todos sus libros y pergaminos al suelo.

Harry escuchó a Cedric decirles a sus amigos que los alcanzaría. El chico se inclinó para levantar sus pertenencias. Harry se apresuró a llegar a su lado, para ayudarlo a levantar todo.

—Hey, Cedric. Lo siento, fui yo. —Harry señaló la mochila—. Necesitaba hablar contigo a solas.

—¿Qué sucede, Harry? —Cedric se puso de pie y lo miró—. ¿Algo pasó con Draco después de que me fui?

—¿Qué? Oh, no. Es sólo que, em, me enteré de algo este fin de semana.

—¿Qué cosa?

—Dragones. La primera prueba son dragones.

El rostro de Cedric se puso blanco.

—¿Cómo lo sabes? ¿Estás seguro?

—Estoy seguro. Los vi con mis propios ojos. Alguien me los mostró. Están en el Bosque Prohibido. Y Maxime y Karkaroff también estaban ahí, así que sé que les contaron a los otros dos. Tengo que irme. Sólo quería que lo supieras. —Dejó a Cedric, parado a la mitad del patio, aturdido.

OoOoOoO

Los rumores acerca de dragones habían estado propagándose desde el domingo. Draco miró hacia la mesa de Gryffindor y vio cómo Granger se inclinaba y le susurraba algo a Harry al oído. Parecía que el chico no la había oído. Estaba mirando a su plato, sin comer. Desde donde Draco estaba sentado, el rostro del Gryffindor se veía casi gris. Del otro lado de la mesa, Weasley estaba fulminándolo con la mirada, mientras sus pecas contrastaban con su pálido rostro. Draco deseaba saber qué estaba sucediendo con el fenómeno pelirrojo y Harry. El moreno se había rehusado a hablar acerca de ello, pero era claro que algo estaba mal entre ellos. Habían sido inseparables, y ahora ni siquiera se hablaban.

Junto a Draco, Pansy y Blaise estaban ocupados haciendo predicciones acerca de cuánto duraría Potter contra el dragón. Draco no pudo evitar preguntarse cuánto duraría él de haber sido él quien se enfrentaba a un dragón, en lugar de Harry. Había quedado lívido cuando escuchó el nombre del otro chico, anunciado la noche de Halloween. Había querido la oportunidad de ser un campeón del Torneo, para probarle a su padre que era digno del apellido Malfoy. Pero sabía que, en realidad, había estado aterrorizado de los hipogrifos el año anterior, y no podía imaginarse entrando a una jaula con un dragón. Potter, el muy idiota, había volado sobre un hipogrifo y ahora estaba a punto de encarar al dragón.

McGonagall se había acercado a la mesa de Gryffindor y había hablado con Harry. El chico se estaba poniendo de pie y caminaba con ella, como si pelear dragones pasara diario. Draco sintió un impulso de ira hacia McGonagall. ¿En verdad creía que la mejor manera de que Harry se preparara era obligarlo a pasar sus clases de la mañana y luego soportar el almuerzo en el Gran Comedor, que estaba lleno de alumnos molestándolo? Con casi todos los gestos viniendo de la mesa de Slytherin.

Cedric había sido excusado de sus clases. Draco había visto al Hufflepuff, caminando alrededor del lago con la profesora Sprout. Cedric sí daba el aspecto de ser un campeón del Torneo. Y Draco sabía, ahora, que no era sólo una cara bonita. Apenas había conocido al Hufflepuff antes de ese año, cuando sólo jugaba contra él en el Quidditch. Cuando Harry lo había sugerido para que los ayudara, Draco sólo había pensado en él como un Hufflepuff más. No se había esperado cuán intensamente se involucraría el chico. Cedric se había rehusado a ayudar hasta que Draco le contó todo. Había sido extraño que en realidad hubiera sido un alivio comenzar a hablar, y una vez que comenzó, no pudo parar. Cedric le había preguntado todo y lo había retado cuando sospechó que Draco sólo estaba tratando de dar las respuestas que quería oír.

—Draco, tú no has hecho tu apuesta aún. ¿Cuánto crees que Potter vaya a durar? Yo digo que sesenta segundos, antes de que salga corriendo de la arena—dijo Pansy, riendo.

Draco miró la espalda de Harry, mientras salía del cuarto.

—Ponme con diez galeones a que dura todo el tiempo, o hasta que esté tan herido que tengan que detenerlo. Lo que pase primero. —Draco se puso de pie y se alejó, ignorando las expresiones anonadadas de los Slytherins en la mesa. Había estado mirando a Potter por tres años. El idiota se detenía hasta que no podía continuar más. Esperaba que los cuidadores supieran lo que estaban haciendo.

OoOoOoO

En las gradas, ya no estaba tan confiado. Desde donde estaba sentado, podía ver a los dragones en sus jaulas, lanzando llamas a los cuidadores mientras éstos trataban de sacar al primer dragón a la arena. Bagman había anunciado que Cedric sería el primero, y que Harry sería el último. Draco miró las gradas. Era claro quién era el competidor favorito. El amarillo de Hufflepuff era el color predominante, pues la mayoría de los alumnos lo estaban usando en las porras de Hufflepuff y Ravenclaw. Incluso en la sección de Slytherin había algo de amarillo, aunque casi todos habían decidido usar túnicas negras. En la sección de Gryffindor había un mar de rojo y dorado, lo suficientemente llamativo como para lastimar sus ojos.

Draco podía escuchar a Pansy parloteando acerca de algo con Blaise, que estaba sentado del otro lado de Draco. La voz de Bagman retumbaba fuertemente sobre la multitud, pero su mirada estaba fija en la puerta que se abriría para dejar a Cedric entrar.

Draco pensó que Cedric sería capaz de manejar al dragón, a pesar de que veía con inquietud al hocicorto sueco, que acababa de lanzarle llamas a un cuidador que se había acercado demasiado. Tal vez Cedric podía conquistar al dragón, hablándole hasta que se rindiera, pensó Draco con una risa. El Hufflepuff podría hablar con una piedra y descubrir su historia de vida. Durante la primera sesión en el vestidor de Quidditch, cuando había estallado enfrente de Harry, Cedric había escuchado al rubio despotricar acerca de Potter, sin decir una palabra. De algún modo, había conseguido que Draco se sentara y había comenzado a hablar, preguntándole cosas. Y en algún momento, durante esa media hora, había obligado a Draco a ver al moreno desde una perspectiva totalmente diferente. Cedric había hecho que reconociera que ambos se alimentaban del otro, reaccionando a lo que el otro decía.

—Empieza desde cero —le había dicho—. No bases tus opiniones en el pasado. Evalúa lo que ves, no lo que crees que ves.

Un rugido llenó el estadio y Draco vio cómo Cedric entraba a la arena. El Hufflepuff era alto, pero se veía diminuto por el tamaño de la arena. La campana sonó y Draco contuvo el aliento mientras Cedric avanzaba hasta el centro, para luego apuntar hacia una roca con la varita y transformarla en un perro labrador.

Astuto, pensó Draco, mientras veía al perro ladrarle al dragón. Cedric se movió hacia el borde exterior y, con cuidado, comenzó a caminar por el perímetro, acercándose al nido del dragón mientras éste lanzaba fuego y cargaba contra el aterrorizado perro. El perro anduvo hacia el otro lado de la arena, con el dragón tras él, y Cedric se acercó más al nido. Ya casi había llegado cuando el dragón lo alcanzó a ver y, batiendo las alas, voló por la arena sin esfuerzo. Cedric se vio obligado a esconderse detrás de una pila de rocas, mientras una llamarada pasara por encima de su cabeza. En un rápido movimiento, corrió y agarró el huevo, con el dragón detrás de él.

Draco cerró los ojos con alivio, mientras los cuidadores entraban corriendo a la arena y hacían un escudo que le permitió a Cedric salir del campo. El rubio notó que emitía humo de su cabello y de su túnica. Los Slytherins comenzaron a hablar con emoción, mientras esperaban a que Fleur saliera. Trató de unirse a la plática pero sus ojos seguían desviándose hacia el colacuerno húngaro. El dragón de Harry. Incluso en su jaula, el animal se movía inquieto, con la cola afilada amenazando con romper las paredes reforzadas.

Fleur. Krum. Draco apenas les prestó atención. Ambos pelearon con su dragón y se fueron con un huevo dorado. Nervioso, repasó sus manos sudorosas por la túnica. Sigue Potter, dijo entre dientes. Blaise lo miró con curiosidad.

—Sí, lo sabemos. Sigue Potter. ¿Tienes nervios por tu apuesta? Ya es muy tarde para cambiarla.

La puerta se abrió y Harry salió. Draco maldijo. Había esperado, a medias, que el idiota hubiese tenido un poco de sentido común y que hubiera huido por la puerta trasera. La campana sonó y Harry se quedó quieto. La multitud rugía y, finalmente, hubo movimiento cuando Harry alzó su varita y gritó algo. Draco no pudo oír lo que había sido por los rugidos de la gente.

—¿Qué dijo? ¿Qué hizo?

—¡El idiota solo está parado ahí! —gritó Pansy con alegría—. ¡Ni siquiera va a intentar conseguir el huevo!

Draco miró y notó que la chica tenía razón. Harry estaba parado en medio de la arena, con el brazo estirado. Ni siquiera estaba viendo al dragón. Draco notó, con asombro, que estaba mirando el cielo. La multitud se puso más ruidosa, porque el moreno no hacía nada. De pronto, Draco vio la sonrisa que cruzó el rostro de Harry. El rubio se volteó para mirar el lugar que el moreno había visto. Incrédulo, vio cómo una escoba atravesaba el cielo y pasaba por las cabezas de los que estaban sentados hasta arriba, para dirigirse hacia el brazo de Harry. En un movimiento rápido, Harry montó la escoba y despegó. Un rugido ensordecedor llenó el aire cuando todos en las gradas se pusieron de pie.

—Merlín, ¿se va a ir volando de aquí? —dijo Pansy lentamente, mientras todos veían cómo Harry volaba en línea recta hacia arriba. Draco lo reconoció como uno de los movimientos favoritos del moreno.

Dio un giro de 180 grados y bajó con velocidad al instante. Arriba y abajo, una y otra vez. Harry voló alrededor de la cabeza del dragón, manteniéndose lo suficientemente lejos como para esquivar las llamas que el enojado dragón seguía lanzándole. Draco miró, atónito, mientras entendía el plan de Harry. Podría funcionar. De repente, el moreno voló muy cerca de la cola y Draco hizo una mueca cuando la camiseta del Gryffindor fue rota por la afilada cola del dragón. Draco no podía ver si Harry estaba herido, pues la prenda roja no mostraba sangre. Maldiciendo, vio cómo Harry continuaba tentando al dragón. Alguien tenía que proteger al imbécil del dragón; claramente, los cuidadores no iban a ser lo suficientemente rápidos.

—Draco, ¿qué diablos estás haciendo? No puedes maldecir a Potter ahora. Si se cae, bien podría estar muerto. Esto no es un maldito juego de Quidditch. —Blaise estaba intentando bajar el brazo de Draco. El rubio miró hacia abajo, para encontrarse con su varita en la mano. No recordaba haberla levantado. Con rapidez, la volvió a guardar en su bolsillo. Se alegró de que Blaise no hubiera notado que no había estado apuntando a Potter, sino al dragón.

Entonces, el dragón estiró las alas y voló directo hacia Harry. Draco miró cómo el chico cambiaba el rumbo y volaba directo hacia el nido, tomaba el huevo y se iba volando, en dirección hacia las gradas. Voló enfrente de Draco y éste pudo ver con claridad el daño que las púas del dragón le habían ocasionado.

—No puedo creerlo, maldición. Ganaste la apuesta. —Pansy lo miró, molesta—. ¿Cómo lo sabías?

Draco se encogió de hombros.

—Nunca arriesgo galeones en algo que no sea una apuesta segura. Potter en un idiota demasiado grande como para pensar en rendirse. —Se puso de pie y se dispuso a irse. Necesitaba alejarse de las gradas, para saber si Harry estaba bien.

—¿Ya te vas? No han puesto los puntajes aún. —Blaise lo miró, incrédulo.

—Tengo que ir al baño. —Draco frunció el ceño—. ¿Quieres venir a sostenerme la pija? (1)

—Largo de aquí, imbécil —dijo Blaise, riendo.

Draco regresó con rapidez a las tiendas que habían acomodado en el lado alejado de la arena. Había visto que McGonagall metía a Harry en una de las tiendas en cuanto había desmontado. Había gente cuidando la entrada, pero Draco fue a la parte trasera y entró. Pomfrey entró en uno de los cubículos con velocidad, diciendo algo entre dientes acerca de dragones, y supuso que ahí era donde estaba Harry. Caminó por la tienda hasta que encontró a Cedric. Su rostro estaba parcialmente cubierto con una gruesa pasta anaranjada, y partes de su cabello habían desaparecido.

—Debiste haberlo intentado con un Crup. Un Crup le habría ladrado al dragón hasta volverlo loco, no se habría escondido detrás de una roca, como lo hizo tu labrador.

Cedric le sonrió.

—Lo tendré en mente la próxima vez que sea lo bastante tonto como para entrar a una arena con un dragón. ¿Viste a Harry? ¿Cómo le fue? —Cedric se incorporó, emocionado—. No me dejaron salir para verlo. ¿Qué tan malherido está?

—El tipo es un loco sobre la escoba. Fue brillante —admitió Draco a regañadientes. Revisó el lugar con la mirada, para ver si alguien venía—. La cola lo alcanzó, al muy idiota. Pero no pude ver qué tan mal. No es como si pudiera ir a checar.

—¿Te gustaría hacerlo? —preguntó Cedric con curiosidad. Draco se le quedó viendo—. Olvida que dije algo. ¿Por qué no voy yo a ver? —Sin esperar a que Draco respondiera, Cedric se bajó de la cama y se dirigió al otro lado de la tienda.

Draco se tumbó sobre la cama en la que Cedric había estado recostado y miró el techo de la tienda. No por primera vez se preguntó por qué, en el nombre de Salazar Slytherin, las cosas se distorsionaban tanto que estaba preocupándose por el jodido Harry Potter, como si fuera el enfermero del idiota.

Cedric entró al cubículo.

—Va a estar bien. Pomfrey ya lo arregló. Tiene una cicatriz, aquí. —Cedric pasó un dedo desde su hombro hasta su pecho—. Podría haber sido mucho peor. Tengo que irme, van a poner el marcador de Harry y luego nos dirán qué se supone que debemos hacer con eso —dijo Cedric, señalando el huevo con un gesto de la cabeza.

—Cedric, ¿Pomfrey te dijo si tu cara va a estar…? —dijo Draco, mirando la pasta anaranjada con preocupación.

—Sí, dijo que es muy difícil que deje marca, y que mi cabello volverá a crecer —dijo el chico, riendo, y salió con el huevo en las manos. Draco se quedó en la cama. Escuchó la voz de Bagman, retumbando por la arena, anunciando el marcador de Harry. Hubo un momento de silencio mientras la multitud hacía los cálculos y luego se oyó otro rugido de emoción, cuando se dieron cuenta de que Potter había empatado con Krum en primer lugar. Increíble, pensó con un gruñido. ¿Primer lugar? ¿Cómo hace eso?

OoOoOoO

Harry escuchó a Bagman hablar acerca de los huevos y de la pista para la siguiente prueba con una expresión incrédula. No sólo había sobrevivido al dragón, sino que de hecho estaba empatado en primer lugar. El huevo era pesado para cargarlo, y su hombro aún dolía en el lugar donde la púa del colacuerno lo había lastimado. Por fin, Bagman los dejó ir y Harry se giró para salir de la tienda. Una pesada mano tocó su hombro. Con sorpresa, Harry miró hacia atrás y vio a Krum.

El búlgaro se le quedó viendo, repasándolo de arriba abajo con sus negros ojos. Harry miró alrededor, nerviosamente.

—Em, ¿hola?

—Eres muy pequeño —dijo Krum por fin.

Harry se encogió de hombros; no servía de nada negarlo con el gigante que tenía a su lado.

—Sí, lo sé.

—¿Qué tan pequeño eres?

—¿Qué tan pequeño soy? —preguntó Harry, confundido.

—Años, años, ¿cuántos años tienes?

—Oh, em, tengo catorce.

—¿Catorce? Vuelas muy bien para tener catorce.

Harry lo miró sorprendido, no sabía qué decir. Mirando por encima del hombro del búlgaro, vio que Ron y Hermione lo estaban esperando. Ron estaba saltando de la emoción. No escuchó lo siguiente que dijo Krum hasta que las palabras "Saeta de Fuego" captaron su atención.

—Em, ¿qué dijiste?

—Tu escoba, es una Saeta de Fuego, ¿no es así? —Krum miró a Harry, y sus ojos brillaban con diversión.

Harry sintió cómo el estómago se le retorcía.

—Oh, sí, es una Saeta de Fuego.

—Vuelas muy bien. Incluso mejor en el día, ¿no?

—Oh, yo, em… —respondió Harry, apenado. No cabía duda de que Krum sabía que él era el volador que había estado afuera, en el lago.

—Y creo que tienes muy buenos amigos también. —Krum miró por encima de su hombro, hacia donde Hermione estaba parada junto a Ron, mordiéndose el labio con nerviosismo.

—Sí, tengo muy buenos amigos —dijo Harry. Lo sabía sin dudarlo.

Krum lo palmeó en la espalda.

—Tal vez algún día, cuando todo esto haya terminado, podamos vernos en un tipo de juego diferente. ¿Quidditch? ¿Ja?—Con una pequeña sonrisa, el búlgaro se alejó de Harry y llegó hasta el lado de Karkaroff, que había estado fulminando a Harry con la mirada desde el otro lado del cuarto.

Harry se quedó quieto, incapaz de moverse. Ron y Hermione corrieron hasta llegar con él, emocionados.

—¿Todo está bien, Harry? ¿No va a...? —preguntó Hermione

—Todo está bien —dijo Harry con una sonrisa—. Vayamos a escribirle a Sirius, para contarle lo que pasó.

OoOoOoO

Sus pasos se oyeron por el corredor, mientras Harry corría a los calabozos para Pociones. Iba casi veinte minutos tarde. Bagman había programado una conferencia de prensa matutina, para todos los campeones. Las mismas necias preguntas se oyeron una y otra vez. Finalmente, a Cedric y a Harry se les permitió salir. Las quemaduras de Cedric habían sanado, pero aun no tenía el cabello del lado izquierdo de su cabeza. Cedric se había reído con ganas cuando el fotógrafo sugirió que se parara mostrando el perfil derecho a la cámara.

Harry entro al salón de Snape y se detuvo de golpe. Todos estaban de pie y gritando. En el centro del caos estaba Draco, con su varita alzada y apuntando a Ron, que estaba en el suelo sujetando su brazo. Hermione le estaba gritando a Draco y Seamus la estaba agarrando. Harry sacó su varita y se acercó a prisa.

—¿Qué diablos...?

—Alto, Potter. Guarde su varita. —Snape se acercó, empujando a los alumnos para acercarse al par—. Llega tarde, Potter. Castigo. Le tocará cumplirlo esta noche con Malfoy, que —Snape se volteó y miró a su ahijado—, de algún modo ha olvidado esperar hasta que las clases terminaran para hechizar a un Gryffindor. Y diez puntos menos para Gryffindor, por la incapacidad de Weasley de bloquear una simple maldición.

Draco guardó su varita sin preocupaciones y se alejó.

Los Gryffindors gritaron, ofendidos por la injusticia.

—¡Silencio! Regresen a trabajar con sus pociones —Snape dijo con gesto despectivo, y regresó al frente del salón. Harry, perplejo por lo que había sucedido antes de entrar al salón, ayudó a Ron a ponerse de pie. El pelirrojo gimió y se frotó el brazo un poco más.

—¿Con qué te dio?

—Algún tipo de maldición punzante, pero me duele como los mil demonios. —Ron estaba buscando a Malfoy con la mirada, detrás de Harry—. No sé que pasó. Estábamos sacando los ingredientes para las pociones y él me empujó. Y cuando lo empujé sacó su varita.

Hermione intervino.

—Ni siquiera dio una alerta, sólo hechizó a Ron.

—¿Estás bien? —pregunto Harry. Ron giró su hombro para probar e hizo un gesto aliviado.

—Sí, está pasando. Maldito idiota.

Hermione miró por encima de su hombro a los Slytherins.

—Más nos vale que nos pongamos a trabajar, antes de que Snape decida quitarnos más puntos. —Ron regresó a su mesa y levantó el caldero que había volcado.

Harry miró a donde estaba Malfoy, parado con Zabini en su mesa. Estaba cortando escalas de salamandras. Sólo dos puntos de color en sus mejillas y la tensión en sus hombros revelaban que estaba alterado. Mirando de reojo a Snape, que estaba dándole la espalda a la clase, Harry se acercó a Draco.

—¿Por qué rayos fue eso? —bufó.

Draco no alzó la mirada de su tabla de cortar.

—No es tu asunto.

—Malfoy, si hechizas a mis amigos, es mi asunto.

El Slytherin dijo, burlón.

—Amigo. No me hagas reír.

—¿A qué te refieres con eso? No me digas...

—Potter, parece ansioso de pasar más tiempo con Malfoy. Zabini, será el compañero de Weasley. Potter, quédese donde está. —El cuchillo en la mano de Draco se tambaleó un poco, y luego continuó cortando. Harry maldijo y miró a Ron, que estaba negando con la cabeza, sin poder creerlo.

—Draco, escucha. —Harry repasó el salón con la mirada, para asegurarse de que nadie podía escucharlo—. Cuando te dije que no te contuvieras, me refería a conmigo. No con mis amigos. Ellos están fuera de los límites.

—Ponte a trabajar, Potter —dijo Draco, y golpeó a Harry en el pecho con el hombro. Sin quererlo, Harry contuvo el aire cuando sintió una punzada de dolor.

Draco se detuvo. Miró el rostro de Harry, su pecho y luego de regreso.

—Pensé que Pomfrey te había arreglado. Cedric dijo que estabas bien.

—Mantén el volumen bajo, alguien te oirá. Como sea, estoy bien. Olvídalo —dijo Harry bruscamente, mirando el libro abierto de pociones sobre la mesa—. ¿Qué se supone que estamos haciendo?

—Poción reactiva de consumo. —Draco señalo las instrucciones—. Necesitamos sangre de rana. Tráela de la alacena.

Harry fulminó al rubio con la mirada y entró a la alacena. No notó que Draco iba detrás de él hasta que la puerta se cerró.

—¿Cuál es tu problema? —exclamo Harry, moviéndose para apartar a Draco.

—¿Cuál es mi problema? ¿Cuál es tu problema? Pensé que no estabas tan lastimado —dijo Draco con brusquedad, cruzando los brazos mientras se recargaba contra la puerta.

Harry entrecerró los ojos.

—Quiero saber por qué hechizaste a Ron.

Draco se movió hacia delante.

—Dime por qué te sigue doliendo y yo te diré por qué hechicé al idiota.

Harry lo miró, incrédulo. Repasó sus manos por el cabello, frustrado.

—Bien. no es nada. Es sólo que resulta que algunas personas reaccionan mal a las escamas del colacuerno húngaro. Por mi maldita suerte, yo soy una de ellas. La herida esta sanada pero va a tomarme tiempo para que deje de doler. Te toca.

Draco lo miró.

—¿Por cuánto?

—¿Por cuánto qué?

—¿Por cuánto te va a doler así?

—No lo sé. Te toca, habla.

Draco gruñó.

—Bien. Lo hechicé porque te trato como mierda...

La puerta se abrió de golpe y la figura alta y oscura de Snape ocupó la entrada. Miró con ojos entrecerrados a ambos chicos. Harry pensó, con una risa, que el profesor se veía decepcionado por no haberlos encontrado peleando.

—Les quedan cuarenta minutos para terminar una poción que toma una hora. Les sugiero que comiencen. —Snape se alejó dejando la puerta abierta.

Harry miró por la entrada y vio que todos en la clase los estaban mirando. Regresó su mirada hacia Draco, preocupado. Habían estado encerrados por un rato.

—Em, necesitamos...

Draco asintió ligeramente y se movió para que Harry se fuera. El chico casi se ríe cuando el pie de Draco lo hizo tropezar al pasar. Se alcanzó a balancear y giró sobre sus talones, señalando a Malfoy con el dedo.

—No he terminado contigo, Malfoy —bufó y se dirigió a la mesa.

Ambos trabajaron en silencio el resto del tiempo. El rostro de Draco no mostraba nada, pues estaba enfocado en la tarea que tenía ante él. Se la pasaba ordenándole a Harry que cortara, rebanara y mezclara. Automáticamente, Harry hizo lo que fuera que le decía Draco. En su cabeza, estaba repitiendo la conversación en la alacena. ¿Qué era lo que iba a decir acerca de Ron? Sí, Ron lo había tratado como mierda, pero ¿eso qué le importaba a Draco?

—Tiempo. —Snape se puso de pie y comenzó a revisar las pociones de todos. Draco maldijo: aún les faltaban dos pasos, antes de que su poción estuviera terminada. Snape se detuvo y miró el caldero.

—Parece que si ustedes dos quieren recibir una calificación, deberán pasar su hora del almuerzo terminando su poción. Se terminó la clase.

Ron y Hermione se apresuraron a llevar con Harry.

—Nos quedaremos y te ayudaremos a terminar, Harry —dijeron, entrecerrando los ojos al ver a Draco, junto al moreno, sonriendo de lado.

—¿Temes que el pobre Harry no pueda cuidarse él solo? —dijo Draco con gesto despectivo.

—Escucha, Malfoy —dijo Ron con brusquedad.

Harry interrumpió.

—Ron, sólo ve al almuerzo. Ahí estaré en algunos minutos. Ya casi terminamos la poción. Él —dijo, señalando a Draco—, no va a hacer nada que no pueda manejar.

—No estés muy seguro de eso —dijo Draco por lo bajo.

Hermione los miró con preocupación.

—Harry, aún no estás mejor…

—Estoy bien, no te preocupes por mí. —Harry dio la vuelta y miró el libro de pociones, haciendo como que sabía qué se suponía que debía de hacer después.

—Granger, Weasley, a menos que deseen comenzar a limpiar calderos, les sugiero que se vayan. —La voz nasal de Snape se oyó desde el otro lado del salón, a pesar de que el profesor no había alzado la mirada de los ensayos que estaba calificando.

—Está bien —dijo Harry—. En serio.

Los dos Gryffindors se dirigieron a la puerta con reticencia; en cuanto estuvo cerrada, Draco y Harry suspiraron de alivio. El moreno bajó la vara para mezclar y notó, riendo, que era de mirto.

—Vale, ¿por qué hechizaste a Ron?

Draco miró hacia donde Snape, que aún estaba sentado en su escritorio. Luego, regresó su mirada al moreno.

—Lo hechicé porque te trató como un paria por tres semanas. Ganas la prueba ayer, ¿y ahora quiere ser tu amigo de nuevo? Se sentaron a desayunar juntos esta mañana, como si nada hubiera pasado.

Harry lo miró sin poder creer lo que oía. Respiró profundamente y se frotó los ojos.

—Draco, no puedes hacer eso. Este asunto con Ron, fue complicado, pero ya terminó y ambos queremos olvidarlo. Él y yo estamos bien ahora.

—Bien. Deja que la gente te trate como excremento de escreguto y te pisotee. —Señaló el libro de pociones enfrente de ambos—. Sangre de rana. Tres gotas.

Trabajaron en silencio, el uno al lado del otro, y terminaron la poción. Harry volvió a repasar la conversación en su cabeza. ¿Por qué a Draco le importaba que Ron le hablara de nuevo? ¿Por qué le importaba que su hombro le doliera?

Harry vertió la poción terminada en un frasco y se lo dio a Draco.

—Haz lo que quieras conmigo, Draco. Pero no puedes hechizar a mis amigos sólo porque se te antoja.

Draco vaciló, como si fuera a quejarse, y luego se encogió de hombros. Giró y caminó hacia el escritorio de Snape, dejando la poción sobre él. El hombre alzó la mirada, enfocándose en ambos chicos.

—Potter, puede irse. Castigo a las siete en punto. Tengo un barril de gusanos siberianos, que necesitan ser destripados. No les debería tomar más de una hora o dos a ambos. Draco, quédate. Hay algo que necesito discutir contigo.

OoOoOoO

Cedric lo alcanzó justo afuera del Gran Comedor.

—¿Qué pasó con Draco? —dijo el Hufflepuff, mirándolo con preocupación—. Todos están hablando acerca de cómo hechizó a Ron Weasley en la clase de hoy.

Harry se encogió de hombros.

—Le pregunté y dijo que hechizó a Ron ya que estaba enojado porque Ron me estaba hablando de nuevo. No lo entiendo.

Cedric le sonrió y luego se encogió de hombros.

—Draco ve las cosas de manera diferente a las demás personas.

Harry rio.

—Sí, seguro.

—No, me refiero a que ve las cosas en blanco y negro. Uno no abandona a sus amigos. Los defiende. Amigos. Enemigos. No hay término medio. Te moviste de un lado al otro, y ahora él va a protegerte.

Harry miró a Cedric.

—Entonces, ¿está enojado porque Ron estaba enojado conmigo y ahora somos amigos de nuevo? Eso no tiene sentido.

Cedric se detuvo.

—Tal vez no para ti, o para mí, pero para Draco. —Alzó los hombros—. Ayer, Draco se escabulló en la tienda de Primeros Auxilios, para ir a verte. Hizo como que era para verme a mí, y tal vez sí haya sido eso también. Pero quería saber qué tan malherido estabas. Algo para ponerse a pensar.

—¿Por qué habría de importarle? —Harry se veía confundido—. Eso no suena a algo que Draco haría.

—Tal vez Malfoy no lo haría, pero Draco definitivamente sí. —Cedric miró a Harry—. Por cierto, este no es el lugar, pero… —El chico revisó el corredor, para asegurarse de que seguían estando solos—. Quería verte antes pero el torneo se puso en mi camino. Las cosas que nos contaste a Draco y a mí, acerca de tu familia…

Harry miró sus zapatos; no debía haber dicho ninguna de esas cosas.

—Cedric, no te preocupes por eso. Estoy ahí sólo un par de meses al año…

—Pero son tu familia y no deberían tratarte…

—Ellos no son mi familia, mi familia está muerta. Ellos sólo son la gente con la que tengo que vivir, mis tutores. Mi tía puede ser la hermana de mi madre, pero nunca me ha tratado como familia y no la considero como tal. —Harry cerró la boca de golpe. Nadie sabía eso, ni siquiera Hermione o Ron.

Cedric lo miró de nuevo.

—Necesitas hablar con alguien acerca de esto, o lo sacarás en forma de ira. O en forma de serpientes aterrorizando niños en el zoológico.

Harry rio pero negó con la cabeza.

—Pensaré en lo que dijiste pero, en serio, estoy bien. Estoy feliz aquí, Hogwarts es mi hogar.

OoOoOoO

Harry entró al salón de Snape, en los calabozos. Draco ya estaba sentado en una mesa, con un gran barril en el suelo junto a él. Snape estaba poniendo la lección del día siguiente en el pizarrón, dirigiendo el gis con su varita.

—Cuidado cuando destripen esos gusanos: si los intestinos son pinchados, encontrarán el olor muy poco placentero. Pongan los intestinos en el tazón con alcohol, una vez que los hayan removido. Pueden comenzar.

Harry se sentó del otro lado del barril, junto a Draco. Se asomó en el recipiente, pero el líquido oscuro no revelaba su contenido.

Con rapidez, Snape abandonó el salón. El hecho de que no se quedara para monitorearlos hizo que Harry se preguntara qué tan malo iba a ser el olor de los gusanos.

—¿Has hecho esto antes? —le preguntó Harry a Draco, que miraba el barril con desagrado.

—No. ¿Tú?

—No, tuvimos que encurtir cerebros de rata la última vez, así que no puede ser peor que eso. —Harry dudó y repasó el lugar con la mirada—. ¿Hay algún cucharón o algo que podamos usar? No voy a meter mi mano ahí.

Draco se asomó al barril de nuevo.

—Agh. Mira en los cajones de allá.

Harry casi le dijo a Draco que fuera a buscar él mismo, pero se paró y comenzó a abrir los cajones, hasta encontrar dos cucharas grandes. Las llevó a la mesa y le dio una a Draco.

—Tú primero. —Draco frunció el ceño pero metió la cuchara en el líquido, sacando un gusano. Era verde oscuro y medía más de treinta centímetros.

—Oh… —Harry se puso pálido—. Esto no va a ser divertido.

—¿Desde cuándo un castigo con Snape es divertido? —dijo Draco, mientras tomaba su escalpelo.

—Desde nunca. ¿De qué quería hablar contigo después de clases? —preguntó Harry.

—De que debía controlar mi odio por los Gryffindors; mi odio por ti en particular —dijo Draco, mirando al moreno de reojo.

—¿Y qué le dijiste? —El gusano de Harry era aún más grande que el de Draco. Se resbaló de la cuchara y cayó de nuevo al líquido. Suspirando de alivio, sacó otro.

—Que daría lo mejor de mí, pero que era muy difícil considerando qué patético grupo de perdedores son. —Con éxito, Draco le quitó el intestino a su gusano, y luego lo arrojó al tazón con alcohol.

Harry levantó su escalpelo y, con cuidado, comenzó a abrir su gusano. Draco suspiró y sacó otro gusano.

—Van dos, faltan docenas.

—¿Crees que Snape sólo da castigo cuando sea que necesita que se hagan las tareas más asquerosas? —preguntó Harry.

—En definitiva.

Draco maldijo cuando la cuchilla se movió y un hedor llenó el salón al instante.

—Oh, Merlín. Ten cuidado. —Harry se cubrió la nariz con un brazo—. ¡Agggh!

—Esto es imposible, no podemos hacerlo con una mano —dijo Draco, mientras se tapaba con su propio brazo para bloquear el hedor—. ¿Conoces algún hechizo que bloquee el olor?

—No. Desearía tener mi bufanda… Podría amarrármela alrededor del rostro.

—Yo tengo la mía. —Draco se acercó a los lavabos y se lavó las manos; luego, sacó su bufanda, una tela larga de seda en verde Slytherin.

—¿Quién más tendría una bufanda de seda? ¿La lana no es lo suficientemente buena?

—Pica demasiado. Toma, está bastante larga. La cortaré a la mitad.

—¡No vayas a hacer eso! Es una buena bufanda —protestó Harry, mientras Draco tomaba un escalpelo limpio y hacía el corte.

—Madre me mandó tres —dijo, encogiéndose de hombros—. Ella sabe qué tan fríos son los calabozos, y las bufandas y guantes se pierden con facilidad.

Draco le dio la mitad de su bufanda a Harry y luego se la amarró para cubrir su boca y su nariz. Harry rio.

—Te vez como un bandido de una clásica película muggle del oeste.

Los ojos de Draco brillaron, y el verde de su bufanda hizo que sus ojos se vieran casi color avellana.

—Vamos, ponte la tuya y acabemos con esto; entre más pronto terminemos más pronto podremos salir de aquí.

Harry levantó la bufanda hasta su rostro y trató de pasar las manos detrás de su cabeza, para amarrarla. Comenzó a sentir el dolor por su pecho cuando alzó el brazo.

—¡Ahh! —Dejó caer el brazo bruscamente, frotándose el pecho donde la cicatriz le quemaba.

Draco lo miró y negó con la cabeza.

—Dame eso… —Tomó la bufanda de seda y, con rapidez, la puso alrededor de la cabeza de Harry, como un pañuelo.

—Gracias. —Harry se enderezó cuando el Slytherin se puso detrás de él, e inspiró cuando sintió los dedos de Draco por su cabello.

—Ya está.

Harry sintió que las manos de Draco apretaban la bufanda y luego sintió el ligero roce de los dedos del rubio, mientras éste pasaba sus manos por sus hombros. Saltó, sobresaltado por el toque. Miró a Draco de reojo; el chico ya estaba sentándose. ¿Había imaginado que Draco había frotado sus hombros, o sólo había sido un toque accidental? Draco tenía la cabeza inclinada había abajo y ya había levantado otro gusano. Eso no iba a ayudar a su resolución de no obsesionarse por Draco.

—¿Qué dijo Pomfrey acerca del dolor? ¿No puede darte algo?

—Me dio una poción para el dolor, pero no la tomé. Me hacen sentir mareado. Charlie, el hermano de Ron, dijo que deberían ser sólo por unos días. Era uno de los cuidadores de los dragones. —Harry se obligó a enfocarse en sacar otro gusano del barril.

—Tal vez sentirse mareado sea mejor que gemir de dolor cada vez que mueves el hombro —dijo Draco entre dientes, mientras sacaba un gusano más del barril.

—En realidad no creo que quieras que esté abriendo intestinos de gusanos mientras me siento mareado —respondió Harry. Para sí mismo, pensó que estaba sintiéndose lo suficientemente mareado por estar sentado a la mitad del salón de Slytherin, usando la bufanda de Draco Malfoy, atada a su cabeza. La bufanda bloqueaba casi todo el olor. La sensación de la seda contra su piel lo distraía; sabiendo que había sido usada por Draco le alteraba los nervios. Se forzó a concentrarse en el gusano que tenía enfrente.

Continuó pensando en la noche del viernes, en la que se habían sentado junto al fuego después de volar. Se había sentido tan… cómodo. En realidad no había tenido tiempo para pensar en esa noche. Hagrid le había mostrado los dragones a la noche siguiente y todo después de eso estaba borroso. Volvió a mirar a Draco, que estaba trabajando con otro gusano. Seis semanas antes, nunca habría creído que disfrutaría pasar un tiempo a solas con Draco Malfoy, o deseando más.

—Vamos, no voy a hacer esto yo solo. —La voz de Draco lo obligó a regresar a la tarea entre manos.

—¿Mi estatus como primer lugar en el Torneo no cuenta para librarme de unos cuantos gusanos?

—Empatado por primer lugar con Krum —lo corrigió Draco con rapidez—. Aunque estoy seguro que podrías encontrar a algunos de primero que estarían dispuestos a hacer todos tus castigos por un autógrafo.

—Apuesto a que Krum no está destripando gusanos —dijo Harry entre dientes—. Oh, no te dije. Fue Krum. El viernes, cuando estuvimos por el lago. Krum era el que estaba en el barco y me vio. —El moreno tomó otro gusano con una mueca.

—¿Krum, en serio? —Draco alzó la cabeza; sobresaltado—. ¿Cómo te enteraste? ¿Va a decir algo?

—No lo creo. O sea, si iba a contar, ya lo habría hecho. —Harry se encogió de hombros—. Reconoció la Saeta de Fuego ayer.

—Qué bueno que no chocaste contra el costado del barco —dijo Malfoy, riendo.

—O contra el costado del colacuerno —bromeó Harry—. ¡Plaf! (2)

—No digas eso —dijo el rubio, mientras miraba el verde animal frente a él.

Después de un rato, terminaron. Harry se quitó la bufanda, así que quedó colgando de su cuello.

—¿Cuándo quieres que nos veamos de nuevo allá abajo?

—¿Por qué no esperamos hasta que tu hombro esté mejor? Para ir a volar después.

—Suena bien. Nos vemos luego… —Ambos chicos salieron del salón.

—Oye, Harry —dijo Draco, justo cuando estaba girando para ir a Slytherin.

—¿Sí?

—Buen trabajo ayer.

Harry sonrió.

—Gracias, Draco.

Giró para el otro lado y se dirigió a la torre de Gryffindor. Estaba a punto de entrar por el retrato de la Señora Gorda cuando recordó que llevaba una bufanda atada al cuello. Se la quitó deprisa y la guardó en su bolsillo.

OoOoOoO

Harry le pasó una nota a Draco mientras caminaba cerca del Slytherin, que estaba estudiando en la biblioteca.

¿Martes? ¿Después de la cena?

Draco miró a Harry, que se sentó en una mesa algo alejada del Slytherin, y asintió. Harry sonrió y bajó la mirada a su tarea.

OoOoOoO

Harry comió apresuradamente y se levantó para irse. Ron estaba demasiado ocupado contándole a Seamus, una vez más, la pelea entre Harry y el dragón, y no se dio cuenta de que Harry se iba. Hermione lo miró de manera inquisitiva. Harry sólo articuló "Estudiaré", mirando de reojo a la mesa de Hufflepuff. La chica lo miró preocupada, pero le sonrió y asintió.

Apresurándose a Gryffindor, tomó su Saeta de Fuego y su mochila y bajó por el túnel, silbando. Había pasado una semana desde que él y Draco habían cumplido su castigo juntos; desde entonces, sólo se habían visto durante las clases. Draco ya estaba esperando cuando Harry entró.

—Hola —dijo Harry mientras hacía un gesto; luego, fue al casillero donde guardaba su equipo de Quidditch y dejó la Saeta de Fuego ahí.

—¿Todavía te duele el hombro?

—Ya está mucho mejor. —Harry se encogió de hombros, moviendo su brazo en círculos—. ¿Vamos a volar después?

—¿Estás seguro que podrás con ello?

Harry cerró el casillero e hizo un gesto despreocupado.

—No veo por qué no. Podríamos volar alrededor del castillo unas cuantas veces. Hace bastante frío afuera.

La puerta de Hufflepuff se abrió y Cedric entró a los vestidores. Sonrió cuando vio que Harry y Draco estaban esperándolo. Jaló una silla y se sentó.

El chico miró a Harry y luego a Draco.

—¿Ambos están bien?

Harry volteó a ver al rubio, el cual sonrió y se encogió de hombros.

—Sin problemas.

—¿Sin problemas? —Cedric los miraba, incrédulo—. ¡La semana pasada hechizaste al mejor amigo de Harry y Harry te convirtió en un canario verde gigante!

Harry rio.

—Eso es cosa de allá arriba; esto —dijo, señalándose a él mismo y al rubio—, es abajo.

—De acuerdo. Bueno, entonces, ¿están listos para comenzar? ¿Alguno quiere hacer algo de forma diferente?

Harry negó con la cabeza y Draco sólo dijo:

—No, hagámoslo.

El rubio rodó la cabeza para hacer tronar su cuello y le hizo un gesto a Harry.

El moreno sacó su varita.

Imperio. —Sintió de inmediato la conexión entre él y Draco. Nada de miedo o ansiedad, pensó Harry, pero sí había algo diferente, algo nuevo. Miró a Draco, que lo miraba fijamente. Era expectación, como Harry pudo notarlo con sorpresa.

Cedric le mostró a Harry la lista, con más de la misma clase de órdenes. Pensó la que seguía en la lista. Levanta la silla. Sintió la resistencia que recorría la mente de Draco. Lo miró, conteniendo el aliento, pero Draco no movió su brazo para nada. Levanta la silla. Nada. El rostro de Draco seguía impávido, relajado.

Harry y Cedric se miraron el uno al otro. Cedric sonrió y señaló a la siguiente orden en la lista. Salta, pensó Harry. Draco sólo lo miró. El moreno sintió cómo la resistencia que seguía recorriendo la conexión se hacía más fuerte. Se obligó a pensar "Salta". Draco negó con la cabeza.

Harry se mordió el labio para evitar sonreír, y miró como los ojos de Draco se enfocaban en sus labios. De repente, sintió un impulso de emoción por la conexión con Draco. Sobresaltado, lo reconoció como deseo. Harry dio un paso atrás y dejó caer la lista. Se dispuso a levantarle pero Cedric dijo:

—Olvida la lista, creo que ya lo tiene. Dile que haga algo que creas que nunca estaría dispuesto a hacer.

Harry se giró hacia Draco. ¿Había sentido lo que creía que había pasado por la conexión? Nervioso, se lamió los labios, y Draco imitó el gesto. Harry sintió cómo la diversión se mezclaba con las otras emociones que sentía por la unión. Draco levantó una ceja. Harry vaciló y se dijo: "Al diablo, Gryffindor, bien puedo dejarme caer con gloria", y pensó en la orden. Bésame.

Draco alzó la cabeza; sorprendido. Sus ojos se habían vuelto oscuros, pero no avanzó hacia Harry. El moreno sintió el deseo y la emoción recorrer la conexión. Bésame, pensó de nuevo. Podía sentir cómo el latido de Draco aumentaba; un pulso que aumentaba hasta alcanzar el suyo.

—¿Le diste una orden? —escuchó que Cedric preguntaba—. ¿Qué le dijiste que hiciera? —Por una vez, Harry agradeció que las órdenes fueran dirigidas por el pensamiento.

—Pasó con méritos. Ni siquiera lo intentó —dijo Harry, tratando de mantener su voz estable, mientras terminaba el encantamiento con una sacudida de su varita—. Finite. —De inmediato, sintió la pérdida de la conexión—. Felicidades, Dra…

Draco dio dos pases hacia delante y empujó a Harry contra la pared. Tomó al chico de los brazos y lo mantuvo contra la pared. Harry se obligó a mirar al chico a los ojos, que lo miraban sin emoción alguna.

—Em, Draco… ¿Estás loco?

—Cedric quiere saber cuál fue tu última orden, Harry. ¿Se lo digo? ¿O se lo muestro? —susurró Draco, manteniendo sus labios a centímetros de los de Harry, con la mirada fija en los verdes ojos.

—¿Em, muéstraselo? —contestó Harry susurrando, cerrando los ojos mientras Draco se acercaba aún más—. Oh, definitivamente creo que mostrárselo sería mejor.

Harry sintió una descarga cuando los labios de Draco tocaron los suyos y, con un gruñido, se dejó llevar por el beso. Ni siquiera se le ocurrió resistirse. Si sólo iba a tener una oportunidad de besar a Draco Malfoy, quería hacer que contara. Los labios del rubio se movieron sobre los de él, obligándolo a apoyar su cabeza contra el casillero. Su lengua recorrió los labios de Harry, buscando entrar, y luego sus lenguas comenzaron a moverse juntas. Harry luchó para hacer que Draco soltara sus brazos y así poder acercarlo más, pero Draco mantenía sus brazos por encima de su cabeza.

—Bueno, creo que mi trabajo terminó aquí —dijo Cedric con una risa, alejándose con rapidez de los chicos de cuarto. Harry y Draco no lo escucharon. Draco empujó a Harry hacia atrás, presionando todo su cuerpo contra el del otro chico. Harry comenzó a besar a Draco por la quijada. Suspiró de alivio cuando Draco soltó sus brazos y, de inmediato, sus manos recorrieron el cabello del rubio, amando la sensación que le provocaba.

—Diablos, Draco —dijo Harry, cuando levantó la cabeza para recargarla contra el casillero, respirando con dificultad—. ¿Qué es esto?

—¿Qué crees que sea? —Draco lo miró a los ojos. Harry miró al techo para evitar la plateada mirada. Deseaba poder saber lo que Draco estaba pensando, lo que quería.

—¿Es algo bueno? Sí, definitivamente bueno —dijo Harry entre dientes; no estaba dispuesto a admitir nada más.

Draco bufó, un sonido que Harry no creía haber escuchado del Slytherin.

—Estoy bastante seguro de que es mejor que "bueno". Sé de buena fuente que soy un excelente besador, mejor que para un "bueno".

Harry sintió un arrebato de celos, que no creyó ser capaz de sentir, mientras fulminaba a Draco con la mirada.

—¿Quién?

Draco sonrió y repasó el labio de Harry con un dedo.

—No puedo decirlo y creo que tú eres alguien que puede apreciar que no ande contándolo.

—Entonces, si esto es algo más que bueno, ¿qué es? —Harry se obligó a alejarse de Draco. No podía pensar con el Slytherin tan cerca de él. Fue hacia la banca y se sentó con una pierna a cada lado, gruñendo por la incomodidad que le causaba a su entrepierna.

—¿Te aprietan un poco los pantalones? —Draco se acercó y se sentó de la misma manera, encarando a Harry. Se acercó lo más que pudo, mientras Harry trataba instintivamente de hacerse para atrás.

Draco puso una mano en la nuca de Harry y lo jaló hacia sí.

—¿Qué es esto? Creo que es una celebración de que nuestro pequeño proyecto con la Imperius fuera exitoso—. Con lentitud, se movió hacia delante y besó a Harry en los labios—. Creo que es un "gracias", por ayudarme. —Otro beso—. Y, sé que es algo que he querido hacer por un largo tiempo. —Otro beso. Harry cerró los ojos y apoyó su frente contra la de Draco. Le costaba trabajo respirar y le costaba trabajo juntar dos ideas.

—¿Por cuánto? —susurró Harry.

—Por un muy largo tiempo.

—Tienes una forma muy rara de mostrarlo —dijo Harry entre dientes.

Draco rio.

—Es la forma Malfoy. No poner las cartas sobre la mesa, hasta estar seguro de que puedes ganar.

—Entonces, ¿qué pasa ahora?

—¿Qué quieres que pase?

Harry dudó.

—Más.

—¿Más, ahora mismo? —Draco se detuvo—. ¿O más mañana y al día siguiente y al siguiente?

—Sí.

—Sí, ¿qué?

—Sí, mañana y al día siguiente y al siguiente. —Harry jaló a Draco hacia sí—. Sí a todo lo de arriba. —Podía sentir la sonrisa de Draco contra sus labios.

—Bien.

Veinte minutos después, Harry se separó del otro chico con reticencia.

—Debo irme. Aún tengo tarea por terminar.

—Hazla aquí —dijo Draco, entrelazando sus dedos con los de Harry.

Harry rio.

—No, en serio debo hacerla, ni siquiera he comenzado con lo de Encantamientos, y debo entregarlo mañana.

—Te prometo que mi habilidad para concentrarme es excelente. No te distraeré.

Harry preguntó:

—¿Estás seguro?

Draco gruñó.

—Definitivamente.

—Vale, porque puedo estudiar mucho mejor contigo a mi lado, y así no paso la noche entera preguntándome dónde estás y con quién estás hablando.

—Entonces, ¿no soy el único que está ligeramente obsesionado?

—No estoy obsesionado. Es sólo que tengo un agudo sentido de sobrevivencia, que me requiere querer saber dónde estás a todas horas.

Se levantaron y, con sólo unos cuantos besos más, caminaron hacia el escritorio. Harry arrastró la silla desde el lado opuesto del escritorio para poder sentarse junto a Draco y ambos sacaron sus tareas correspondientes. Draco, fiel a su palabra, no tomó ni un solo descanso, pero sí mantuvo su pierna contra la de Harry todo el tiempo. El chico lo encontró extrañamente más íntimo de lo que jamás creyó que podría ser.

Draco checó la hora.

—Casi es el toque de queda. No queda tiempo para volar.

—De todas formas, no sería tan cómodo —dijo Harry en voz baja.

Draco rio.

—¿Y por qué es eso? —le susurró al oído.

—Ya sabes —dijo Harry, sonrojándose.

—Tal vez debamos hacer algo al respecto la próxima vez —dijo Draco, estirando la mano hacia el regazo de Harry, quien saltó y se apartó.

—Entonces, ¿qué hacemos? —Harry alzó la cabeza hacia el techo—. ¿Seguimos como Malfoy y Potter allá arriba?

—¿Quieres que alguien lo sepa? —preguntó Draco.

—No. No aún, al menos. ¿Tú? —preguntó Harry con calma.

—¿Sabes lo que me harían en Slytherin si se enteraran? —admitió Draco con renuencia.

—¿De que eres gay? ¿O de que eres… gay conmigo? —preguntó Harry con curiosidad, mientras estiraba la mano y agarraba la de Draco, deleitándose por la novedad de que era capaz de hacerlo.

—Gay contigo —dijo Draco, encogiéndose de hombros—. La gente que me importa sabe que bateo para el otro lado. ¿Qué hay de ti? Nunca había escuchado alguna pista o un rumor acerca de ti, y créeme, estaba prestando atención. Ésa era una de las razones por las que te odiaba tanto. Me frustraba demasiado verte cada día y pensar que nunca podría ser capaz de hacer esto. —Se hizo hacia delante y lo besó de nuevo.

—Nunca estuve seguro… De hecho, acabo de ordenar mis ideas este año. Mi vida ya es lo suficientemente complicada. No estoy ansioso porque El Profeta lo revele en la primera plana. Entre menos gente lo sepa, mejor. Les he dicho a Hermione y a Ron que soy gay. Y a Cedric. —Por primera vez, Harry repasó el lugar con la mirada—. ¿Cuándo se fue? ¿Crees que sabía que esto pasaría?

Draco rio.

—No lo sé. Él sabía de mí. ¿Y de ti? —Harry asintió—. No se necesita un Ravenclaw para sumar dos más dos.

—Vale, ¿entonces te veré mañana en Pociones? —Harry recogió sus libros con reticencia.

Draco asintió.

—Voy a hacerte sufrir. Prepárate.

OoOoOoO

Harry suspiró con alivio cuando Pociones terminó. Draco había sido un completo idiota toda la clase. Snape los había puesto juntos en cuanto entraron al salón, y Draco le había hablado golpeado y había abusado de él todo el tiempo que estuvieron haciendo pociones. De no haber sido por la rodilla de Draco, frotando la suya, y el divertido golpeteo de su pie, Harry podría haber pensado que sólo había sido un sueño. Se puso de pie y repasó su cabello con una mano.

—Eres un completo idiota, Malfoy.

Malfoy giró su cabeza y miró a Harry con preocupación. Harry repasó el salón con la mirada; nadie los estaba viendo. Le sonrió a Malfoy mientras pasaba detrás de su silla y le daba un ligero golpe en la cabeza.

Alcanzó a Hermione y Ron cuando estaban saliendo del salón.

—¿Cuál fue el problema con Malfoy hoy? Estuvo enojado contigo todo el tiempo —dijo Ron, mientras caminaban por el corredor. Harry se volteó para atrás y vio que Malfoy los miraba.

—Yo no me preocuparía. Probablemente sólo esté enojado porque el dragón no terminó conmigo —dijo Harry entre dientes.


(1) Sustituya "pija" por cualquier otro nombre común que tenga el miembro masculino en su país… :D

(1) Onomatopeya de cuando algo cae al agua.


Notas finales:

Bueno, no tengo mucho que decir. Nos seguimos leyendo…

Adigium21