Notas de la autora:
¡Gracias por los reviews! ¡Adoro los comentarios!
Trabajé de nuevo en los capítulos anteriores. Me di cuenta que cometí un error con la construcción de los túneles, así que revisé las descripciones de los capítulos anteriores. Ya no hay un espacio entre los túneles de Gryffindor y Slytherin, así que ahora hay dos entradas adicionales en los vestidores, que Draco nunca ha explorado. Tiene más sentido para los capítulos que vienen.
Notas del traductor:
Con respecto a la nota de OakStone: bueno, como la historia ya está terminada y revisada por ella, pues no hay problemas y no tengo que regresar a cambiar nada.
Gracias a sailor mercuri o neptune, Sroy, Violet Strawberry, Sami-Marauder girl, Hoppa, Anne sie (con sus maratónicos reviews), Sthefynice, Shirokyandi, Aeren76, Dany de Criss, xonyaa11, Maeliza Malfoy, Traduccion Lagrimas del Fenix, kawaiigiirl, Lunatica Dark (cuya frase "la magia brille en ti" me rete encanta), KhrisTB y Alexiel Viely por dejar reviews en el capítulo anterior.
Les quiero compartir que he terminado mi semestre por fin, gracias a Merlín. Y ahora me eché otro compromiso al regresar a trabajar… ¡Deséenme suerte!
Disfruten el capítulo…
Al día siguiente
Harry estaba acomodado en un nicho protegido del viento del patio cuando Cedric lo encontró. Harry alzó la mirada de su libro y sonrió cuando el Hufflepuff de sexto año se acercó a él.
—Supuse que vendrías a verme hoy. —Harry bajó las piernas para hacerle espacio a Cedric, que se sentó de un salto. El sol brillaba con intensidad, aliviando un poco el frío de noviembre.
—Me lo pusiste bastante difícil, éste fue el último lugar en el que se me ocurrió buscar.
—Es por el sol. No te tocan muchos días así durante el invierno aquí en Hogwarts.
Cedric asintió y no dijo nada más. Ambos se quedaron sentados junto al otro sin hablar. Harry sabía que Cedric iba a esperar hasta que estuviera listo para hablar. Finalmente, Harry rompió el silencio.
—Entonces, ¿cómo lo supiste? Que Draco… que yo… —Harry se sonrojó y dejó de hablar.
Cedric rio. El chico tenía una risa profunda que siempre sobresaltaba a Harry por su calidez. Cedric era un chico que disfrutaba la vida y no temía mostrarlo.
—¿Cómo supe que tú y Draco podrían estar interesados en el otro? Honestamente, Harry, me sorprende que no lo sepa toda la escuela… —Harry puso un gesto preocupado—. No te preocupes, no lo saben. Casi todos ven lo que esperan ver. Estaba escuchándolos a ambos hablarse bruscamente en la Copa del Mundo y eso llamó mi atención. Y tú y yo ya habíamos hablado. —Cedric se encogió de hombros—. Tú y Draco estaban tan atentos del otro; la tensión entre ustedes era tangible.
—Sí, pero casi toda la gente piensa que es porque nos odiamos; bueno, porque parece que nos odiamos —dijo Harry, mirando hacia el lago. Ni siquiera él estaba seguro de cuándo su interés por Draco había pasado de desagrado a fascinación.
—Esa es sólo la superficie. —Cedric señaló el lago—. Mira allá afuera. Nunca sabrías que hay gente del agua, calamares gigantes y más, por debajo de la superficie. Apuesto a que estabas, o estás, consciente de Draco a cada momento del día. Sabes lo que toma en el desayuno, sus horarios de clase, sus hábitos. Y él sabe los tuyos. O son unos acosadores espantosos o en verdad estaban interesados en el otro.
—¿Es por eso que aceptaste ayudar con la Imperius? —preguntó Harry.
Cedric lo miró.
—Para ser honesto, no iba a hacerlo, pero después de que hablé con Draco, supe que él recurriría a cualquier cosa para convencerte de ayudarlo. Y yo temía que ustedes se lastimaran si no había alguien para que interviniera. —Harry asintió por eso; habían estado a punto de pelear la primera vez.
—¿Han hablando acerca de cómo van a manejarlo? Asumo que ayer no fue una… casualidad —dijo Cedric con cautela.
—Vamos a hacer lo mismo que hemos estado haciendo: pelear arriba, vernos abajo. —Harry se encogió de hombros—. En verdad no le encontramos otra solución. Los Slytherins, y siendo honesto, también los Gryffindors, se volverían locos si se enteraran. Y conmigo —Harry miró sus manos—, todo lo que hago llama la atención de los periódicos. Y luego está el padre de Draco… no había otra salida.
—¿Crees que funcionará? —preguntó Cedric.
Harry volteó para mirarlo.
—¿A qué te refieres?
—Ambos son… intensos, si gustas llamarlo así. El tener una relación y no ser capaces de ser abiertos, el tener que esconderlo de tus amigos, hará las cosas aún más difíciles.
—¿Y por qué eso va a ser un problema? —Harry se ponía a la defensiva, a pesar de que había estado preguntándose algunas de las mismas cosas.
—Bueno, mira por tu sala común, los pasillos, el Gran Comedor. Mira a aquellos que están en una relación; sea heterosexual u homosexual. Los verás juntos pero hablando con sus amigos, compartiendo comidas en la mesa del otro, estudiando en grupos. También interactúan con los demás. Eso permite que la pareja aprenda del otro, por la interacción con los amigos de cada uno. Es parte de una relación sana.
Cedric continuó.
—¿Tú y Draco, peleando arriba y luego a solas allá abajo en el vestidor? No quiero avergonzarte, pero seré franco: corres el riesgo de moverte muy rápido, em, físicamente, y el aspecto emocional de la relación puede ser olvidado. Pero para hacer que una relación real funcione, tienen que tener ambos. Hay una línea delgada entre el amor y el odio, y acaban de cruzar de un lado al otro. Odiaría que volvieran a cruzarla.
—Entonces, no crees que debamos… —Harry miró hacia el lago, con el ceño fruncido.
—No, no estoy diciendo eso para nada; sólo pienso que necesitas estar consciente de ello y encontrar una forma de balancearlo todo.
—¿Te gustaría venir abajo y estudiar con nosotros de vez en cuando? —preguntó Harry con vacilación.
—Podría hacer eso; en verdad disfruté pasar tiempo con ustedes también, aunque no extrañaré la parte de la imperius. Me estaba preguntando… —Cedric miró a Harry, casi avergonzado.
—¿Qué?
—Me encantaría aprender cómo conjurar un patronus. —Harry rio—. No, es en serio. Ni siquiera se lo enseñan a los de séptimo. Me encantaría intentarlo.
—Draco dijo que también quería aprender —dijo Harry—. No sé si pueda enseñarles, pero puedo decirles lo que Lupin me enseñó.
Cedric sonrió y estiró la mano.
—Creo que en verdad subestimas tus habilidades para enseñar. Arréglalo con Draco, no puedo esperar para comenzar.
Cedric se bajó de un salto de la cornisa y miró a Harry.
—Piensa en lo que dije; háblalo con Draco. Y hazme saber si quieres hablar de lo que sea.
Durante los siguientes días, se dio cuenta de qué tan difícil iba a ser pasar tiempo a solas con Draco. Ron estaba ansioso por compensar las tres semanas durante las que no le había hablado pasando cada minuto con Harry. Hermione ya sospechaba por todo el tiempo que había pasado "estudiando" con Cedric.
Harry había pasado casi toda la semana anterior preguntándose cómo era que todo había cambiado tan rápidamente. Había besado a Draco Malfoy. Draco Malfoy lo había besado. Después de pasar más de un año preguntándoselo, de no estar seguro si era gay o no, había besado a otro chico. Había besado a Malfoy y se había sentido tan bien. Aún podía recordar la sensación del cuerpo de Draco contra el suyo y simplemente quería más. ¿Por qué había pasado tanto tiempo preocupándose por ser gay? Algo que se sentía tan bien, tan correcto, tan brillante, no podía ser incorrecto.
Harry vio a Draco pasar por el pasillo y se puso tenso. La campaña de Draco de ser insoportable no se había calmado durante la semana. Para diversión de los otros estudiantes, y la preocupación de Ron y Hermione, se habían enfrentado cuatro veces, y casi llegaron a los golpes la última vez.
Harry pensó que iba a pasar de largo sin problema cuando Draco lo agarró y lo empujó contra la pared. Se sintió tan parecido a lo que había pasado en los vestidores que Harry se obligó a recordar que estaban a la mitad del pasillo del segundo piso, y alrededor de cincuenta alumnos los estaban mirando.
—¿Cuál es tu problema, Malfoy?
—Tú eres mi problema, Potter. —Harry casi ríe por el comentario. Esperaba saber cuál era el verdadero problema: el hecho de que no habían podido hablar o verse durante la semana entera.
—¿Y qué vas a hacer al respecto? —preguntó Harry, mordiéndose el labio para evitar sonreír.
Draco lo empujó más fuerte.
—Lo que debía haber hecho hace años… —Harry se impulsó hacia delante, apartándose de la pared y librándose del agarre de Draco.
—¿Ah, sí? ¿Y qué es eso? —Harry le dio la vuelta a Draco, sacando su varita.
—¿Oh, qué vas a hacer, hechizarme? No puedes hacer magia en los pasillos, Potter. Seguramente recuerdas las reglas. —Mientras hablaba, Draco sacó su propia varita.
—¿Cuándo te han detenido las reglas? Sólo di un lugar y una hora, Malfoy —lo amenazó Harry.
—¿Quieres encontrarme…? —Draco fue interrumpido cuando Ojoloco Moody se acercó cojeando.
—¡Pensé que habías aprendido la lección acerca de amenazar alumnos, Malfoy! Tal vez has olvidado lo que se siente ser un hurón. —Moody se detuvo a centímetros de Draco. El ojo mágico de Moody comenzó a girar para mirar a los otros alumnos—. ¡Fuera, todos! ¿Qué están haciendo aquí parados?
Harry volvió a meter su varita en el bolsillo.
—Es mi culpa, profesor Moody. Yo, em, lo comencé.
Moody regresó su ojo hacia Harry.
—Lo hiciste, ¿no?
—Sí, señor. —Harry se encogió de hombros y asintió.
—Bueno, despejen el área, todos ustedes. —Moody se alejó cojeando por el pasillo, con su pierna de madera arrastrándose. Draco suspiró aliviado y Harry le sonrió ligeramente antes de alejarse. Metió la mano en su bolsillo para tomar la nota que Draco había metido cuando lo empujó por primera vez contra la pared.
"Esta noche. Ocho en punto. Abajo".
Harry sonrió para sí mientras se dirigía a Transformaciones.
OoOoOoO
Draco ya estaba en la oficina cuando Harry entró por el túnel. Se detuvo en la entrada.
—Hola.
Draco se recargó sobre la silla y sonrió.
—Hola a ti. ¿Vas a quedarte ahí parado?
Harry sonrió y negó con la cabeza, entrando a la oficina.
—¿Qué sucede? —preguntó Draco.
—Nada. —Harry se encogió de hombros, acercándose a Draco y sentándose en el escritorio junto a él—. Es sólo que ha pasado tanto tiempo que comencé a pensar que había soñado lo de la otra noche.
Draco sonrió, se levantó y se recargó contra Harry, poniendo sus manos a cada lado del chico, sobre el escritorio. Se inclinó hacia delante.
—Bueno, tal vez sí lo hiciste. ¿Qué soñaste con exactitud?
Harry respiró profundamente. Le había tomado un rato acostumbrarse al Amigo Draco, y ahora el Incitante Draco hacía que su pulso se acelerara.
—Hmmm. Esto. —Se inclinó hacia delante para besar a Draco, jalando su cabeza con las manos. Draco mordió su labio inferior.
—Qué gracioso, yo soñé lo mismo. ¿Qué más?
Harry lo miró a los burlones ojos con nerviosismo.
—Oh, em, esto. —Harry cerró los ojos y besó a Draco de nuevo, pasando su lengua por los labios del otro chico. Draco abrió la boca y sus lenguas juguetearon juntas. Harry se prendió del rubio cabello, acercando su cabeza aún más.
—Cuidado con el cabello, Potter —gruñó Draco, terminando el beso—. No quiero que parezca el tuyo cuando terminemos. —Harry envolvió a Draco con sus brazos, acercándose más.
—Definitivamente soñé con alborotar tu cabello. Siempre se ve tan perfecto —replicó Harry.
—Bueno, ahí es donde tus recuerdos y tus fantasías se confundieron. —Alzó la mirada para mirar el cabello desordenado de Harry—. En serio, ¿qué sucede con tu cabello? ¿Quieres saber cuánto tiempo pasé tratando de entender cómo el cabello de alguien puede verse siempre como un caótico desastre? Estaba seguro de que lo hacías a propósito, sólo para molestarme.
—Me pasa lo mismo con tu cabello —dijo Harry, riendo—. Incluso durante el Quidditch, tu cabello nunca se mueve de su lugar.
—Eso es lo que hace el cuidado sangre pura por ti. Un arreglo perfecto todo el tiempo. —Draco pasó su mano por la espalda de Harry—. ¿Tienes idea de lo molesto que es tener que sentarse en otra mesa para desayunar cada mañana, y querer ir a donde estás para darte un beso de buenos días?
—Tengo una buena idea, dado que me hechizaste tres veces esta semana a la salida del desayuno —refunfuñó Harry—. En serio, ¿tres veces? ¿No crees que te pasaste un poco de la raya?
—Tres palabras. Maldito. Canario. Verde —gruñó Draco—. Tienes suerte de que no te hechice cada mañana por el resto del año escolar. —Harry no pudo evitar estallar en risas al recordar a Draco cubierto de plumas.
—Deberías agradecerme, todos han olvidado que te convirtieron en hurón —dijo Harry con una sonrisa.
—Claro, y ahora todos hacen sonidos de gorjeos cuando paso cerca de ellos —gruñó Draco—. Al menos los hurones no hacen ningún ruido.
Harry se hizo hacia delante y retiró su gesto amargo con un beso. No hubo más plática hasta que Draco se apartó, respirando con dificultad.
—Joder.
Harry no podía discutir. Draco estaba recargado contra él, y podía sentir que el rubio estaba tan emocionado como él. Cambió su posición, tratando de ponerse más cómodo. Se quedaron en esa posición, con las frentes juntas, tratando de recuperar el aliento. Harry cerró los ojos para aclarar su mente.
—¿Cedric habló contigo también?
—Sí, idiota entrometido —dijo Draco entre dientes.
—¿Qué opinas?
—¿Ahora mismo, o antes de venir aquí? Hace media hora, estaba pensando que podía tener razón. ¿Ahora? —Draco empujó su cadera contra la de Harry, sugestivamente—. Creo que Cedric ha olvidado lo que se siente tener catorce y sentirse así.
—¿Cuál punto creíste que era bueno? —preguntó Harry, obligándose a mirar a Draco.
Draco suspiró; sus grises ojos se veían oscuros.
—Que he pasado el último año queriendo conocerte, queriendo saber qué se sentiría poder acercarme a ti y darte un beso. No quiero arruinar esto y hacer que me odies de nuevo.
—Yo también.
—Entonces, ¿dónde nos deja eso?
—¿Tomarlo con calma? ¿Estudiando? —Harry rio—. Aunque no es como si pudiera escribir una oración coherente ahora mismo.
—Tengo una mejor idea. Necesito una manera de hacerte saber el momento en el que necesite verte. Las notas son muy riesgosas.
Harry asintió. Draco continuó:
—Y Granger y Weasley nunca se alejan de ti estos días.
—¿Qué hay de Goyle y Crabbe?
Draco hizo una mueca.
—Sí, son igual de malos. Aunque son mucho más lentos para captarlo.
Finalmente, se les ocurrió la idea de usar un insulto; ya fuera "hurón" o "cara rajada". Luego, indicarían el piso donde se verían y en cuántos minutos lo harían, como parte de la conversación. También usarían señales con las manos. Eligieron un lugar y un lugar de respaldo, que estaban usualmente vacíos, en cada piso.
—¿Crees que alguien lo adivine? —preguntó Harry.
—Sólo si nos atrapan en uno de los nichos, y luego puedo simplemente pegarte —dijo Draco como si nada, rodeando a Harry con sus brazos—. Besuquearse, pelear, no hay mucha diferencia.
—¿No? Personalmente, prefiero el besuqueo.
OoOoOoO
Harry subió las escaleras para salir de la cocina con Ron y Hermione. No podía creer que Dobby y Winky estuvieran trabajando en las cocinas de Hogwarts. Hermione estaba emocionada por hablar con ellos de la P.E.D.D.O., y que si Dobby podía recibir una paga, eso podría abrir las puertas para los derechos de los elfos domésticos.
Harry no le estaba poniendo atención, pues estaba enfocado en un arco que había visto en un extremo lejano de las cocinas, mientras hablaba con Dobby. Un arco que tenía piedras con snitches talladas en ellas. ¿Podría ser otra entrada para los vestidores? Iba a tener que preguntarle a Draco, y tal vez podría llevarlo a las cocinas para intentar llegar por ese túnel. Sería bueno tener otra forma de entrar y salir de los vestidores, porque ya le resultaba más y más difícil entrar a escondidas por la sala común de Gryffindor.
OoOoOoO
Harry salió del salón de McGonagall bastante confundido. Un baile. Tenía que llevar a alguien al Baile de Navidad. Ni siquiera sabía cómo bailar, y mucho menos cómo invitar a alguien. Sabía que, de algún modo, Draco iba a encontrarlo hilarante. Por un momento, se imaginó a sí mismo y a Draco entrando al Gran Comedor juntos. Vale, eso era divertido. Podía imaginar las expresiones atónitas de todos. El silencio ensordecedor. El rugido que llegaría en cuanto todos entendieran lo que estaba sucediendo. Eso sería bastante divertido. Imposible, pero divertido.
—¿Cuál es el problema, Potter? ¿McGonagall transformó a tu mascota Weasley en una rata?
Harry rodó los ojos y se giró para mirar a Draco, que estaba caminando por el pasillo con Crabbe y Goyle. No entendía por qué, de entre todos los Slytherins, Draco escogía pasar casi todo su tiempo con esos dos trozos de barro.
—No, Draco, sólo estaba parado aquí preguntándome cuánto que tomaría convertirte otra vez en hurón. Me imagino que cuatro o cinco minutos, a lo más.
Harry pasó junto a Draco, rozando un poco sus hombros. Contó hasta diez y luego giró sobre sus talones. Draco lo miró por encima de su hombro, asintió y dio la vuelta. Harry continuó caminando por el pasillo con una sonrisa en su rostro.
Con rapidez, Harry anduvo por el corredor y subió por las escaleras hasta el quinto piso. El corredor estaba vacío, pues casi todos los de cuarto estaban en su periodo libre antes del almuerzo. Despacio, caminó hasta llegar al tapiz de los monjes que bebían hidromiel. Checando que el corredor siguiera vacío, se metió detrás de la tela. No por primera vez, Harry encontró graciosa la cantidad de nichos cubiertos por tapices que había en Hogwarts. Eran excelentes para el besuqueo y las pláticas privadas, y le resultaba extraño que los profesores no hicieran nada al respecto.
Draco entró un minuto después. Miró a Harry, que estaba sentado en la cornisa de la ventana. Draco dudó un momento; luego, se le acercó y lo besó con gentileza.
—¿Qué pasa?
Harry le sonrió nerviosamente.
—¿Sabías que iba a haber un Baile de Navidad?
—Por supuesto, no es precisamente un secreto. ¿Por qué?
—¿Sabías que los campeones del torneo tienen que llevar una pareja y abrir el primer baile?
Draco estalló en carcajadas.
—Oh, eso no me lo voy a perder por nada del mundo.
—Sí, supuse que esa sería tu reacción —gruñó Harry.
Draco alzó su barbilla y lo besó de nuevo.
—¿A quién vas a llevar?
—¿A ti? —dijo Harry, sonriendo durante el beso.
—Ni lo sueñes. —Draco se recargó en Harry, empujándolo contra la ventana—. ¿Segunda opción?
—¡No lo sé! ¿A quién se supone que debo llevar al baile? ¿A una chica? ¿Sí? ¿Tiene que ser una chica?
—Más te vale que lo sea, o voy a molestarme bastante contigo —murmuró Draco en su oreja.
—Sin mencionar cuántos otros problemas causaría eso —dijo Harry.
—Correcto. Entonces, ¿quién va a ser la suertuda? ¿Granger?
—¿Hermione? No, eso sería demasiado raro. Espera. ¿A quién vas a llevar tú?
—Fácil. A Pansy.
—Más te vale que ella no sea fácil —dijo Harry. Con el ceño fruncido miró al rubio, mientras éste lo mantenía atrapado contra la ventana.
—Oh, sí lo es, pero sabe que no estoy interesado. Ella y yo prácticamente crecimos juntos, tomamos clases de baile, creo que Madre incluso esperaba que termináramos juntos.
—¡Ése es el otro problema! ¡Sin importar a quién invite, nunca he bailado en mi vida! ¿Cómo se supone que voy a bailar enfrente de todos? —Harry se pasó una mano por el cabello. Draco la agarró y le dio un beso.
—¿A qué te refieres con que nunca has bailado? De seguro los muggles bailan.
—Claro que lo hacen, pero no es como si alguna vez hubiese ido a un baile, y mucho menos tomé clases. Esto es inútil, voy a verme como un idiota en la pista.
—No, no lo harás, yo… —Draco giró la cabeza al escuchar voces acercándose desde el corredor. Se alejó de Harry y sacó su varita. Harry sacó la suya y apuntó a Draco justo cuando el tapiz se movió, revelando a dos Hufflepuffs risueñas de tercero.
—Te lo advierto, Potter, no trates eso conmigo de nuevo… —Draco fulminó a Harry con la mirada y pasó junto a las Hufflepuffs con brusquedad.
OoOoOoO
Harry entró al vestidor y miró hacia la oficina. Draco estaba sentado en el escritorio, con una pieza grande de papel frente a él. El rubio alzó la mirada y metió el papel con rapidez en el cajón.
—¿Qué era eso? —Harry dio la vuelta al escritorio y besó a Draco. Aún se maravillaba con la idea de que podía tocar a Draco y no recibir una maldición a cambio.
—Mi lista de regalos para Navidad —dijo Draco—. No puedes leerla. Eso es entre Papá Noel y yo. —Se puso de pie y presionó a Harry contra el borde del mueble.
—Hmmm. No lo sé, ¿estás seguro de que no te llegará un trozo de carbón este año? —Harry envolvió la cintura de Draco con sus brazos.
—¿Crees que estoy en la lista de los niños traviesos? No puede ser, he sido un ángel. Los pensamientos traviesos no cuentan, ¿sabes? —Draco inclinó la cabeza y mordió un lóbulo de Harry.
Se oyó una fuerte tos desde los vestidores y Harry apartó sus brazos de Draco, sonrojándose un poco, mientras Cedric entraba a la oficina.
—Hola, Cedric —dijo Draco, sonriéndole.
—Creo que debería conseguirme una campana y hacerla sonar antes de siquiera abrir la puerta —dijo Cedric, mirándolos a ambos con una sonrisa en el rostro.
—Bueno, una vez que aprendas cómo hacer un patronus podrás mandar uno como aviso. Son bastante útiles, pueden atravesar paredes. Lupin me contó que hasta puedes usarlos para entregar mensajes verbales. Aunque aún no he aprendido a hacer eso.
Cedric asintió.
—He escuchado eso, ya veremos cómo se hace. —Miró a Draco—. ¿Ya le dijiste?
Draco sonrió y negó con la cabeza.
—No, te estaba esperando.
—¿Qué me ibas a decir? —Harry los miró, preocupado—. ¿Qué sucede?
—Nada, es sólo que… —Draco se puso de pie y se acercó a un gran armario que estaba en la esquina del cuarto—, no nos reunimos para tomar lecciones de patronus. —Abrió la puerta y sacó una caja grande.
—¿Ah, no? ¿Qué es eso? —Harry los volvió a mirar, esta vez nervioso.
Draco puso la caja sobre el escritorio y retiró la tapa, revelando un tocadiscos.
—Toma los discos, Ced. —Cedric se acercó al armario y sacó una pila de álbumes.
—¿Tienes un tocadiscos? ¿Cómo? ¿Es muggle o mágica? —Harry se acercó para mirar el aparato.
—Claro que es mágica, pero puede reproducir discos muggles también, creo. A veces pongo música cuando estoy estudiando o dibuj… tonteando.
—¿Tonteando? —Harry sonrió—. Suena a algo para lo que yo sería bueno.
—Estoy seguro que eres excelente para ello. Sin embargo, ésta, Harry Potter: el niño que nunca ha bailado, es tu primera clase de baile.
Harry gruñó y miró a Cedric, que rio y alzó las manos.
—No fue mi idea, Draco dijo que necesitabas clases.
—¿Ustedes dos me van a enseñar a bailar? —dijo Harry, incrédulo.
—¿Quién más si no? ¿Quieres salir a la pista e intentarlo por primera vez enfrente de todos? No lo creo. Recluté a Cedric para que fuera tu primera víctima. Aprecio mis dedos demasiado como para sacrificarlos por causa tuya.
—Algo me dice que no voy a ser bueno para bailar.
—Ajá. Siempre pareces estar tropezándote. Y sólo quedan tres semanas para el baile, apenas tiempo suficiente.
—Tal vez debería ponerme botas con punta metálica —dijo Cedric, mirando sus pies con preocupación.
—Este es probablemente un plan Slytherin de Draco para asegurarse de que no estarás al punto para la siguiente prueba. Podrías quedarte en la enfermería por semanas. Con los dedos de los pies tan lastimados que ni siquiera la crecehuesos podría repararlos —dijo Harry.
Draco replicó.
—Suficiente demora. Ustedes dos, hacia allá. —Señaló hacia la parte abierta frente al escritorio—. Yo supervisaré. —Draco se sentó sobre el escritorio, de manera muy poco Malfoy, con las piernas cruzadas, y comenzó a buscar en los discos—. Los Wicked Sisters van a tocar en el baile. Probablemente, una de sus canciones lentas será el primer baile. —Con cuidado, puso el disco en el eje del aparato.
Harry miró a ambos chicos.
—¿Es en serio todo esto?
Draco negó con la cabeza hacia Cedric.
—Es muy lento para entender, ¿verdad? Tú —Señaló a Harry—, pon tu brazo derecho alrededor de la cintura de Cedric, y tu mano izquierda debe sostener la derecha de él. Cedric, ya sabes qué hacer. —Draco movió su varita hacia el tocadiscos; la aguja se movió y cayó sobre el vinilo. Los acordes iniciales de "Tu música me mueve" de los Wicked Sisters comenzaron a sonar.
Cedric estiró los brazos hacia Harry y le guiñó el ojo.
—Seré cuidadoso, lo prometo. —Harry negó con la cabeza y, sonrojándose intensamente, dio un paso hacia delante y rodeó la cintura de Cedric con el brazo izquierdo. Draco suspiró y negó con la cabeza.
—Tu brazo derecho, Potter. —Harry maldijo y cambió de brazo—. Ahora, la distancia correcta que debes mantener con tu compañero de baile es de quince a veinte centímetros. No te le pegues tanto o te echo una maldición —dijo Draco, moviendo la varita—. Recuerda mirar a tu compañero, Harry, no a tus pies. —Como si le hubiera dicho, Harry se miró los pies—. NO a tus pies. Obviamente, tú llevarás. Mira a Cedric. —Harry se giró para mirar a Draco—. Mira a Cedric. No importa si es más alto que tú. Probablemente vas a ser más bajo que cualquier otra chica que esté dispuesta a decirte que sí. Vas a necesitar llevar, y el primer paso para hacerlo es tener confianza y, si Merlín lo permite, estar a cargo del baile.
Harry soltó la mano de Cedric.
—¿Qué no es sólo mover los pies?
—Tal vez para los muggles, pero para los sangre pura, en definitiva no es sólo mover los pies. —Draco aplaudió—. Bueno, como estaban. Ahora, tu mano debe agarrar la de Cedric con delicadeza pero con firmeza. —Harry rodó los ojos—. Para dirigir, vas a tener que comunicarte con todos tus puntos de contacto: tus ojos, tu mano izquierda y tu brazo derecho, en la forma en la que quieras que tu compañero se mueva.
—¡Pero no sé!
—Paciencia, Elegido. A un lado, para que te muestre de lo que estoy hablando. —Draco se acercó a Cedric y, con una sonrisa, hizo una reverencia—. ¿Me permite esta pieza?
Cedric rio, entretenido.
—Será un placer, señor —dijo, con un falso tono agudo. Draco se acomodó entre los brazos de Cedric y, de inmediato, comenzó a moverse por el cuarto, como si hubieran bailado juntos por años. Harry no pudo evitar admirar lo fácil que daban vueltas por el cuarto, esquivando el escritorio y las sillas, en sincronía con la música. De hecho, se sintió un poco aliviado cuando la perfección fue rota por Cedric, que se tropezó al ir hacia atrás—. Lo siento, no estoy acostumbrado a seguir.
—Está bien —dijo Draco. Luego, se apartó de Cedric—. ¿Viste los pasos?
Harry lo miró sin expresión.
—Em, no.
Draco suspiró dramáticamente, se giró y movió su varita hacia el tocadiscos, para detener la música. Harry lo fulminó con la mirada. El rubio le dio un beso.
—Vas a agradecérmelo.
—Si fuera tú, me lo pensaría dos veces el comer tarta de moras mañana en la noche —refunfuñó Harry.
—Inténtalo y te haré un embrujo zancadilla durante el primer baile. —Draco se acercó hasta estar junto a Harry y alzó los brazos, como si tuviera un compañero—. Los pasos básicos, y eso es todo lo que podrás aprender en tan poco tiempo, son: paso, paso, paso y te detienes. Paso, paso, paso y te detienes. Y repites. Mira mis pies, Potter.
Cedric estaba recargado en el escritorio y los miraba.
—Vamos, Harry, peleaste con un dragón. Creo que esto está dentro de tus habilidades.
El rostro de Harry ardía de la vergüenza, mientras intentaba hacer que sus pies dieran los mismos pasos que los de Draco.
—Bien, ahora con música. Cedric, si fueras tan amable. —Obediente, Cedric comenzó la música—. Espera… Tienes que escuchar el ritmo de la música, no sólo moverte. Uno, dos y tres y cuatro, y comienza… Escucha la música, sigue su ritmo…
Para el final de la hora, Harry era capaz de navegar por el cuarto con Cedric, chocando contra el escritorio sólo una vez.
—Eso tendrá que ser suficiente por hoy. Creo que necesito pasar a la enfermería por la crecehuesos después de todo —dijo Cedric, dejándose caer en una silla.
—¿En serio te…? —Harry se veía alarmado, porque lo había pisado varias veces.
—Estoy jugando, Harry. —Cedric sacudió la cabeza—. ¿Qué otra música tienes, Draco? Creo que he escuchado suficiente de los Wicked Sisters para que me dure hasta el baile.
—Echa una ojeada —dijo Draco, señalando la pequeña pila de discos junto al tocadiscos.
—¿Tienes algo de música muggle? —preguntó Harry, al unirse a Cedric para repasar la pila.
—No, ¿por qué compraría discos muggles? —dijo Draco con una risa, rodeando la cintura de Harry con un brazo.
—Sólo me lo preguntaba.
—¿Escuchas música muggle en la casa de tus tíos? —preguntó Draco.
Harry dudó.
—Yo no. Dudley tiene un reproductor de CDs en su cuarto. Usa discos plateados, más pequeños. —Suspiró. Sacó un disco de su funda, lo giró con cuidado y lo volvió a meter en la funda—. Los discos de vinilo son considerados fuera de moda por los muggles. Es una pena, siento que tienen algo especial.
—Pero has visto un tocadiscos antes, ¿cierto? Supiste cómo funcionaba —insistió Draco. Harry dudó de nuevo y luego se retiró el fleco de la frente nerviosamente.
—Tuve uno por un tiempo, pero algo le pasó.
Cedric miró con curiosidad a Harry.
—¿Qué pasó? ¿Tu primo lo rompió?
Harry miró de reojo a Cedric, luego a Draco y al final se encogió de hombros.
—No, no mi primo. Mi tío.
Cedric se sentó.
—¿Por qué no nos cuentas lo que pasó?
Harry miró a Draco.
—Acaba de ponerse el sombrero de terapista, ¿verdad?
Draco asintió.
—Será mejor que no te resistas, es como un boggart; no se detendrá hasta que te rindas y respondas sus preguntas.
—Sigo esperando —dijo Cedric con una sonrisa tranquila.
—De acuerdo. Bueno, cuando tenía nueve años estaba moviendo las cajas que estaban guardadas en la alacena donde dormía. Comenzaba a crecer y no había mucho espacio para estirarse. Da igual. Encontré una caja que había sido empujada hasta la parte más baja de las escaleras. La abrí y encontré un tocadiscos rosa que había sido decorado con etiquetas de flores y signos de la paz.
—¿De quién era? —preguntó Draco con curiosidad, mientras estiraba la mano y tomaba la de Harry.
—De mi madre. Había pintado su nombre en un lado del tocadiscos. "Lily", con grandes y cursivas letras multicolores —dijo Harry, cerrando los ojos y viendo el nombre "Lily" en su cabeza—. También había algunos discos. Una caja completa. Y también unos audífonos. A la antigua. Era la primera vez que había sostenido algo que hubiese pertenecido a mi madre.
Harry sintió una quemazón en los ojos. Cinco años después, podía sentir la emoción al entender qué estaba sosteniendo.
—Ni siquiera había visto una foto de mi madre en ese entonces: los Dursley se habían rehusado a reconocerla como familia. Pero esos discos; sabía que ella había tocado cada uno de esos discos, que los había elegido en la tienda, que los había escuchado con esos audífonos.
—¿Escuchaste los discos? —preguntó Cedric en voz baja—. ¿Quiénes eran los grupos?
—Viejos grupos muggles: mucho de los Beatles, los Rolling Stones, Cream, Simon & Garfunkel. Había un poco de todo.
Harry se puso de pie y comenzó a caminar por el cuarto. Draco lo miró con los ojos entrecerrados.
—¿Qué pasó? Ya dijiste que tu tío rompió el tocadiscos.
Harry miró a Draco, que estaba recargado contra el escritorio.
—Pude mantenerlo en secreto por un año. Había un contacto en la alacena, así que podía escucharlos cada noche o cuando fuera que estuviera encerrado en la alacena. Podía recostarme ahí, en ese pequeño espacio, con los audífonos, imaginándome lo que se sentiría si mi madre estuviera viva y mostrándome su música favorita. Me sabía las canciones de memoria, todas las notas de los álbumes, las cubiertas, y me imaginaba a mi madre haciendo lo mismo.
—¿Y qué pasó? —preguntó Cedric.
Harry se quedó quieto a la mitad del cuarto, cerrando los ojos para bloquear los recuerdos.
—Una noche, debí haberme quedado dormido y haber rodado. Los audífonos se zafaron y la música se oyó con fuerza. Con los audífonos, no me había dado cuenta de lo que había pasado, pero mi tío lo escuchó. Me sacó de la alacena y…
—¿Qué hizo, Harry?
—Estaba enojado. Demasiado enojado. —Harry se estremeció al recordarlo—. Lo destrozó. Destrozó el tocadiscos con su bastón de Smeltings. Y luego rompió los discos. Lo único que tenía de mi madre y él lo destruyó.
Draco caminó hacia Harry y lo envolvió con sus brazos.
—Intenté salvar el trozo de la caja que tenía su nombre, pero lo tiró todo a la basura. Creo que tía Petunia se puso furiosa con él cuando llegó a casa. Tuvieron una fuerte pelea y él tuvo que dormir en el sillón. Eso hizo que me preguntara por qué razón lo había guardado todos esos años. Siempre habían dicho que mi madre era una mala persona. ¿Por qué la tía Petunia guardaría su tocadiscos y por qué se había enojado con mi tío por haberlo destruido? Pero esa era la única cosa que tuve de mi madre, hasta que Hagrid me hizo un álbum de fotos con todas las que pudo recabar de los amigos de mis padres. Me lo dio en primer año.
Cedric y Draco lo miraron con expresiones de shock. Draco recargó su frente contra la de Harry.
—Bueno, tenemos dos cosas en común: Quidditch y una vida lejos de Hogwarts que es horrible.
—Por las jodidas barbas de Merlín —maldijo Cedric. Harry giró para mirarlo, incrédulo. Era la primera vez que había escuchado al tranquilo chico de sexto alzar la voz, o siquiera maldecir—. ¿Alguno de ustedes dos ha…? —Cedric cerró los ojos por la frustración, abriéndolos para fulminar a ambos chicos con la mirada—. ¿… considerado pedirle ayuda a alguien? ¿Dumbledore? ¿McGonagall? ¿Snape?
Ambos chicos se encogieron de hombros al mismo tiempo.
—¿Por qué habríamos de hacerlo? —preguntó Harry.
—Porque todo lo que pasan es simplemente… incorrecto. —Cedric se levantó de la silla y comenzó a caminar—. ¡Es incorrecto que un tutor destruya el único recuerdo que un huérfano tiene de su madre! ¡Es incorrecto que un padre obligue a su hijo a golpear a su madre! Ustedes dos comprenden que estas cosas no pasan en las familias normales, ¿verdad?
Harry frunció el ceño.
—Seguro, pero si tu "familia" no es normal no hay mucho que puedas hacer para cambiarlo. Sólo tienes que aguantarlo.
Cedric miró a ambos chicos, sorprendido.
—Ese es el punto, no deberías tener que aguantarlo. Hay ayuda en el mundo muggle. Incluso en nuestro mundo. —Miró a Harry—. Aún estabas en primaria cuando esto pasó, podrías haber ido con un maestro. Están obligados por la ley muggle a reportar casos de abuso.
—Pero nunca me golpeó —protestó Harry—. Sólo rompió un tocadiscos.
—Te hicieron vivir en un jodido armario, Harry. —El rostro de Cedric estaba pálido por la furia, y sus grises ojos brillaban por la ira—. Eso es abuso. Te alimentaron por una abertura en la puerta. Eso es abuso. Y Draco… —Se giró para mirar al rubio—.Admito que es más difícil en el mundo mágico y sangre pura el pedir ayuda, pero con alguien poderoso detrás de ti, alguien como Dumbledore…
—Nunca iría con Dumbledore a pedir ayuda. Soy un Malfoy. —Draco se enderezó con un gesto frío—. Arreglamos nuestros problemas familiares nosotros solos.
—¿Y a dónde te ha llevado eso? —dijo Cedric bruscamente—. Piensa en tu padre. ¿Dónde crees que aprendió a cómo torturar a un niño? De su propio padre. Los niños que sufrieron abuso suelen convertirse en abusadores. ¿Quieres continuar con esta cadena?
—Soy gay, con un demonio. No voy a tener que preocuparme por eso —dijo Draco con brusquedad, apretando su agarre de Harry.
—¿Ah, no? ¿No crees que tu padre vaya a obligarte a un matrimonio arreglado con una bruja al momento de que te gradúes de Hogwarts? ¿Crees que tu padre va a dejar que la línea Malfoy muera? Hay pociones oscuras que pueden ser usadas para alterar la preferencia sexual de una persona temporalmente. ¿Crees que tu padre no sería capaz de usar una poción como esa contigo?
—Faltan años para eso —dijo Draco—. Mucho puede cambiar.
—Sólo si tú permites que cambie, solo si tienes alguien que te apoye —replicó Cedric, un poco más calmado. Se apretó el puente de la nariz y respiró profundamente—. Lo siento, nunca estallo de esta manera… Es sólo que me resulta extremadamente frustrante. Entre más sé acerca de lo que pasan en casa… Esto va más allá de lo que yo podría ayudarlos y no sé qué hacer…
—No esperamos que hagas algo. No nos afecta aquí —dijo Harry, recargándose contra Draco.
—¿En serio? Bueno, eso es lo interesante. Porque creo que sí les afecta. Si tuvieran el apoyo de sus familias, tal vez no tendrían que ocultar su relación. Si no hubieses sufrido abusos por la última década, tal vez no ocultarías con tu comportamiento agresivo quién eres. —Cedric miró a Draco y luego a Harry—. Tal vez si Dumbledore supiera lo que sucede en sus casas, podría encontrar algún otro lugar al que ustedes pudieran ir cada verano. No se preocupen, no diré nada. Pero quiero que ambos consideren la posibilidad de pedir ayuda en cuestión a sus situaciones en casa. Antes de que algo serio le suceda a alguno de ustedes, o a ambos. —Cedric suspiró y levantó las manos, rindiéndose—. Vale, me quito el sobrero de terapista, pero por favor piensen en lo que dije.
OoOoOoO
Después de mucho debate, Harry finalmente decidió invitar a Cho Chang al baile. La chica había sido una de las pocas alumnas que había sido amable con él antes de la primera prueba. Era un extra que fuera la buscadora de Ravenclaw, así que probablemente podrían hablar de Quidditch. Harry nunca se había sentido cómodo hablando con otra chica que no fuera Hermione, así que sería bueno tener algo de lo que, según él, podrían hablar.
Después de una semana de intentar encontrar un momento en el que la chica no estuviera rodeada por sus amigos, se rindió y entendió que tendría que acercársele enfrente de todos y pedir hablar con ella. Se paró afuera del salón de Defensa Contra las Artes Oscuras, esperando a que la clase terminara. La chica salió del salón riendo con sus amigos.
—Disculpa, Cho, ¿puedo hablar contigo un minuto? —preguntó, con el rostro colorado.
OoOoOoO
Harry se dejó caer en una silla de los vestidores, donde Cedric y Draco ya lo estaban esperando.
—¿Qué sucede? —preguntó Draco de inmediato.
—Ya tengo una cita para el baile —dijo Harry miserablemente.
—Oh, vaya —dijo Draco con una sonrisa—. ¿Quién es la desafortunada chica?
Harry miró a Cedric de reojo.
—Bueno, invité a Cho primero… —Cedric rio y Draco lo miró confundido.
—Invité a Cho al baile la semana pasada —le explicó Cedric a Draco—. Lo siento, Harry, no sabía que ella era a quien habías pensado invitar. Podría habérselo pedido a alguien más. Simon estaba en Ravenclaw, así que Cho y yo nos encontramos mucho el año pasado, mientras Simon seguía aquí. Como él no puede venir al baile, se lo pedí a Cho.
—Pobre Harry —dijo Draco, negando con la cabeza—. Entonces tuviste que preguntárselo a dos chicas… ¿Quién fue tu siguiente elección?
—Parvati Patil —dijo Harry con una mueca—. Estaba pasando mientras Ron y yo hablábamos. Se la pasa riendo. Demasiado. Pero su hermana va a ir con Ron, así que ya me encargué de él.
—Bien. Ahora puedes enfocar toda esa ansiedad que ha estado revolviendo tu estómago en algo más importante. Yo. —Draco lo besó con ganas en los labios. Harry miró a Cedric y se separó de él, pero no se quejó cuando Draco rodeó sus hombros con el brazo—. Por cierto, ¿cómo te escapaste de la rata Weasley?
—Ron, no rata —dijo Harry automáticamente—. Finalmente le dije que necesitaba tiempo a solas, para pensar en todo, y que no me preguntara acerca de ello. Creo que ya se siente lo suficientemente culpable por la forma en la que me trató que no me reclamó nada. Pero creo que Hermione sospecha algo.
—¿A qué te refieres? ¿Qué sospecha? —preguntó Draco.
Cedric sonrió, entendiendo.
—Cree que Harry y yo tenemos algo entre manos. —Harry asintió—. Se me acercó en la biblioteca y me hizo saber, no muy sutilmente, que no debía ser… descuidado con tus emociones.
—¿Hizo qué? ¡No puede hacer eso! —balbuceó Harry. Cedric hizo un gesto con la mano.
—Está bien, me alegro de que sea una buena amiga; lo suficiente como para estar cuidándote —dijo Cedric para tranquilizarlo—. Pero podría causarte problemas si piensa que estás estudiando conmigo y me ve arriba sin ti…
Harry asintió.
—Ya pensaré en algo.
Draco miró a Harry.
—Todas estas molestias podrían ser evitadas si les dijeras a ambos que se metieran en sus propios asuntos. El ser un grosero Slytherin y no un chillón Gryffindor tiene sus ventajas.
—Entonces, ¿qué clases tomaremos hoy? ¿De baile o de patronus? —preguntó Cedric, ignorando el comentario de Draco.
—Patronus —dijo Harry con firmeza—. Eso sí puedo hacerlo.
OoOoOoO
Tres días después, en el desayuno, Harry estaba ocupado ignorando las directas advertencias de Hermione acerca de que no se estaba tomando la segunda prueba en serio cuando las lechuzas entraron al Gran Comedor. Con tantos alumnos quedándose por el Baile de Navidad, las lechuzas estaban entregando muchos más paquetes y fajos que en otras ocasiones.
—Vean todas esas lechuzas —señaló Ron, con la boca llena de huevo—. Me pregunto para quién será todo eso.
Harry alzó la mirada y vio tres grandes lechuzas cargando un paquete entre todas. Las lechuzas volaron en círculo y luego aterrizaron con cuidado junto a Draco Malfoy.
—Malfoy, lógico —gruñó Ron—. Probablemente es un nuevo libro de maldiciones para que las use con nosotros.
Harry miró a Draco con los ojos entrecerrados, mientras el rubio desataba el paquete y le daba a cada lechuza un trozo de salchicha, antes de mover el brazo y despedirlas. Las lechuzas no eran de la mansión Malfoy; Harry conocía todas las lechuzas que su padre usaba. Draco no abrió el paquete, sólo lo puso con cuidado en el suelo junto a él.
—Me pregunto qué podrá ser…
—No lo sé, Harry. ¿Por qué no vas a preguntarle? —dijo Hermione, molesta porque el moreno no le estaba poniendo atención—. En serio, Harry. ¡Sólo quedan dos meses para la prueba, nueve semanas! Ni siquiera has resuelto lo del huevo, y mucho menos has descubierto qué necesitas aprender…
Harry asintió sin prestar atención. Draco notó su mirada y le guiñó el ojo. Luego, se puso a hablar con Blaise, que estaba a su lado.
—Harry, ¿has pensado en preguntarle a Cedric? —preguntó Hermione en voz baja.
Eso sí atrapó la atención de Harry. Con rapidez, tornó su atención hacia la chica.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, pensé que tal vez él podría saber algo… que tal vez estaría dispuesto a ayudarte. Considerando que, ya sabes, estudian juntos —dijo Hermione sin alzar la voz, mirándolo significativamente.
—Oh, em. Bueno, no. —Harry se maldijo por no ser capaz de inventar mentiras con la velocidad de Draco y decidió decir la verdad—. Se supone que debemos resolverlo nosotros mismos, ¿sabes? No podría preguntarle.
Hermione asintió.
—Supongo que sí, pero podría estar dispuesto a darte una pista.
Ron se giró y los miró.
—¿De quién están hablando? ¿De Cedric Diggory? ¿Por qué querría ayudar a Harry? ¡Es la competencia!
Harry negó con la cabeza rápidamente y Hermione dijo, frunciendo el ceño y mirando a Ron:
—Por nada…
Notas finales:
¿Los dejó en ascuas el paquete? Se revela en el siguiente capítulo... Creo...
¡Los leo luego!
Adigium21
