CAPÍTULO 11: COSAS DE NIÑOS.
Los niños se colaron por la parte trasera de la cocina del hostal. Debían evitar a toda costa ser vistos por Estafanía, que como siempre, estaba haciendo guardia en la recepción. Tenían que llegar hasta el cuarto de mantenimiento, allí había un pequeño armario con las copias de las llaves de las habitaciones. Lo malo es que estaba justo al lado de la recepción y si hacían el más mínimo ruido serían descubiertos. Laura caminaba delante, iba de puntillas, cada dos pasos se paraba para indicar a sus amigos que fueran más silenciosos. Atravesaron el pasillo que unía la cocina con la lavandería, ahora solo les quedaba girar a la derecha y colarse dentro del pequeño cuarto.
La puerta de madera estaba muy vieja, crujía con solo mirarla. Laura cogió el pomo con la mano derecha y haciendo mucha fuerza lo giró del todo. No quería que se le escapara, si lo dejaba ir un solo milímetro el chasquido se oiría hasta en el pueblo de al lado. Sin soltarlo, empujó la puerta, que comenzó a abrirse. Las oxidadas bisagras chirriaban levemente, mientras la niña apretaba los dientes. Los otros dos aguantaban la respiración y miraban nerviosos hacia los lados. Por fin la puerta se abrió del todo y Laura soltó el pomo despacio, como si la explosión de una bomba dependiese de ello.
Señaló el pequeño armario con la mano, estaba colgado de la pared a una altura demasiado elevada para que cualquiera de ellos llegara desde el suelo. En la habitación no había nada a lo que subirse, excepto un viejo escritorio que estaba en la pared contraria. Si lo arrastraban serían descubiertos, así que eso no era una opción…
—¿Qué hacemos? —preguntó Alex por lo bajo.
—Ven acércate, me subiré encima tuya —contestó Laura.
—¿Encima mía? —Alex se estaba poniendo rojo, pero intentaba controlarse.
Laura lo agarró del brazo y le hizo agacharse. La niña saltó sobre sus hombros y él a duras penas pudo levantarse. Pero no porque ella pesara demasiado, sino más bien porque su fuerza era muy poca. Con la punta de los dedos tiró de la pequeña puerta metálica, pero el armarito no cedió. Estaba cerrado con llave, ahora tenían que encontrar la llave que abría el armario de las llaves.
La cosa se estaba complicando… ¿dónde guardaría su madre esa llave? Las niñas comenzaron a registrar el escritorio. Por encima solo había papeles y herramientas, pero nada que se pareciera a la pequeña llave que andaban buscando. Abrieron los cajones de la mesa uno a uno. En el primero una vieja grapadora medio rota y un par de bolígrafos. En el segundo recambios de bombillas y algunos tornillos sueltos y en el último cinta de embalar, un par de cuerdas de tender y unos alicates. Ambas miraron a Alex en busca de alguna idea genial. Al fin y al cabo él era el que tenía poderes.
El niño se vio en la tesitura de demostrar que valía tanto como predicaba. Y rápidamente su mente empezó a discurrir. "Es una llave que no llevarías encima… ya que no quieres perderla y tampoco te hace falta muy a menudo. Por eso debe estar cerca del propio armario. Pero tampoco la dejarías a la vista o fácilmente localizable. Ya que entonces cualquiera podría coger las llaves de las habitaciones. Por eso no está por encima de la mesa ni dentro de los cajones. El problema está que dentro de esta habitación no hay nada más que ese escritorio… Entonces debe estar ahí."
Alex tiró del último cajón y lo sacó de los raíles. Lo puso encima de la mesa y lo vació con cuidado de no hacer ruido. Una vez vacío lo giró lentamente. Y justo en la parte de abajo pegada con un trozo de cinta de embalar estaba la pequeña llave. El niño la despegó y se la entregó a Laura mientras sonreía. Ella se llevó la mano a la boca para no gritar de la emoción y rápidamente se volvió a subir a hombros de su amigo.
La llave encajó perfectamente en la cerradura y el armario se abrió. Dentro había muchas llaves colgadas, todas ellas marcadas con el número de habitación. La niña cogió la "14" y volvió al suelo.
Para llegar a la zona de las habitaciones tenían que usar la escalera del servicio. Así que volvieron sobre sus pasos hasta llegar a la cocina y desde ahí iniciaron la nueva etapa del plan.
El hostal no funcionaba muy bien últimamente, así que no tenían muchas personas hospedadas en eso momento. El riesgo de ser vistos por alguien era muy bajo. Atravesaron un largo pasillo en forma de "L" y por fin se plantaron ante la puerta de la habitación del señor Tagliaferro.
Laura ya iba a abrir la puerta, pero Alex la detuvo.
—Espera un momento –dijo mientras las apartaba hacia atrás con el brazo. -¡Servicio de habitaciones!-gritó con voz ronca mientras tocaba a la puerta.
—¿Qué haces, te has vuelto loco?
—Solo quiero asegurarme de que no hay nadie.
—¿Y si contesta, entonces qué hacemos?
—Somos niños, echamos a correr… será solo una broma de niños. Y siempre será mejor eso que entrar directamente.
Nadie contestó, así que dedujeron que la habitación estaba vacía. Se metieron dentro ágilmente y comenzaron la búsqueda de Fermín. Alex corrió a la ventana que daba al patio trasero de Clara, la abrió y descubrió pisadas de gato. El saliente superior había evitado que la lluvia las borrase. Las huellas solo eran de entrada, no había ninguna de salida. Lo que indicaba que o bien Fermín continuaba en la habitación o había salido por la puerta. Los niños llamaron al gato, pero éste no apareció.
Alex mandó a las niñas a fuera, con la excusa de que vigilasen si venía alguien por alguno de los dos extremos del pasillo. Pero en realidad quería examinar bien las botas de punta de Roy. Cuando las vio de lejos junto a la cama, tuvo la impresión de ver unas salpicaduras extrañas en un lateral.
Las botas negras de piel pesaban mucho, el niño las reviso a conciencia. Recordaba perfectamente como Colombo había resuelto un caso por unas manchas parecidas. Sabía a ciencia cierta que esas pequeñas manchas oscuras, eran sangre seca. Claro que le hubiese gustado tener un equipo de forenses que pudiesen certificar lo que para él era evidente. Pero a falta de un equipo de laboratorio, Alex creía al cien por cien que esas oscuras manchas, absorbidas por la piel de las botas eran de sangre.
Continúo buscando indicios por la habitación y se dispuso a registrar las pertenencias de Roy. Tenía que hacerlo con cuidado para que luego el señor Tagliaferro no notase que alguien había hurgado en sus cosas. Al sacar la ropa de la maleta encontró una funda de piel negra, la abrió… lo que vio dentro no le gustó nada. Un cuchillo curvado muy afilado y listo para usarse. No lo tocó, pero se notaba que había sido limpiado con esmero hace poco. Un escalofrío recorrió su pequeño cuerpo. No tenía pruebas sólidas, pero los pocos indicios que había visto en esa habitación le llevaban a pensar que Fermín no había salido bien parado de allí. Quizá todo era un montaje en su cabeza, no estaba completamente seguro, pero desde el primer momento tuvo malas sensaciones hacía ese hombre.
Lo dejó todo como estaba, cuando ya iba a salir vio un trozo de periódico pegado en el espejo. Se acercó a el y lo cogió. Era un recorte de un anuncio de "Visualiza". Lo que ponía le pareció muy raro, como si esas personas fueran una especie de secta. Giró el papel y detrás había una cara sonriente dibujada con bolígrafo rojo. No sabía muy bien como tomarse todo eso, pero si algo tenía claro es que debía ir a ver a esa gente de "Visualiza". Quizá eso le condujera a alguna pista más sobre el pobre Fermín.
Era consciente de que las niñas le harían preguntas. No pensaba contarles nada de lo que había averiguado. Solo las haría sentir mal y al fin y al cabo aún no tenía nada claro lo que había pasado. Una vez estuvo seguro de que todo estaba como antes, salió de la habitación y la cerró. Ambas corrieron a su encuentro, necesitaban respuestas.
—Lo siento pero aún no sé donde está Fermín. Solo os puedo decir que estuvo en esa habitación. Eso sí, tengo un par de ideas que me ayudarán a encontrarlo. Pero por ahora son secreto.
—Venga Alex dinos donde está. Seguro que sabes más de lo que dices. –sentenció clara.
—No puedo deciros más. Debo irme ya, cuando sepa algo más os lo diré.
Sin enredarse demasiado salieron del hostal por donde habían llegado. El niño se despidió escuetamente y salió disparado. Laura que ya lo iba conociendo supo que algo estaba tramando. Pero no le puso ningún impedimento. Todo fuera por encontrar a Fermín cuanto antes.
Alex se acercó al chaval que repartía los periódicos. Estaba seguro de que él podría darle más información sobre el anuncio de "Visualiza".
—Hola, ¿sabes algo de un anuncio que venía en el periódico sobre algo llamado "Visualiza"?
—¡Ahhh sí! Mucha gente me ha estado preguntando. Yo no escribo los anuncios del periódico, solo reparto los ejemplares. Así que no sé nada de según que asuntos, aunque la gente siempre me pregunta cosas así.
—Me refiero a si sabes donde es o cuando es.
—Eso sí… eso lo sabe todo el mundo. Es hoy por la noche en la iglesia protestante.
—¡Gracias! Nos vemos.
—¡Niño! Cómprame un periódico al menos…
No tenía tiempo que perder, tenía que hacer todo lo posible por acudir a ese sitio. Sabía que Roy estaría ahí y lo que era peor aún. Quizá llevaba a Fermín o lo que quedara de él para hacer algún tipo de ritual. Porque según lo que tenía entendido Alex, las sectas hacían cosas de esas… ¡Incluso peores!
Madison estaba preparando la cena cuando Alex entró por la puerta. El niño estaba muy nervioso y agitado pero intentó aparentar normalidad delante de su madre. De camino a casa había trazado un nuevo plan, el cual consistía en salir sin ser visto.
—¿Podemos cenar ya? Es que tengo mucha hambre… Y estoy tan cansado. –dijo mientras fingía bostezar.
—Un momento Alex, la cena aún no está lista. ¿Ya tienes sueño? Eso sí que es una novedad… Normalmente hay que cerrarte los párpados con pegamento para que te duermas.
—Pues hoy estoy agotado.
—En cinco minutos estará la cena. Si quieres ve poniendo la mesa.
Se dio prisa en colocarlo todo, tenía que ganar tiempo para poder irse a dormir cuanto antes. Cuando su madre le puso la comida en el plato la engulló rápidamente y se recostó sobre la mesa, apoyando la cabeza en sus brazos.
—¿Seguro qué no estás enfermo? Nunca te había visto tan decaído.
—No, no… Sí estoy perfectamente.-contestó mientras estiraba los brazos hacia el techo.
No tenía que pasarse, sino su madre se preocuparía y entraría por la noche a revisar como estaba. Si eso pasaba su plan se vendría abajo. Se hizo el remolón un rato dando vueltas de la silla al sofá y del sofá a la cocina. Hasta que presa de un cansancio digno de "Oscar" se fue a dormir con el beso de buenas noches de Madison.
Esperó metido entre las sábanas a que su madre viniera a ver como estaba. Era obvio que lo haría, puesto que él no se estaba comportando como lo hacía habitualmente. Al cabo de veinte minutos ella apareció, con mucha cautela se acercó a la cama y lo observó detenidamente. Él fingía dormir profundamente, ella le acarició el pelo. Después de un minuto se giró para zafarse de la mano de su madre. Ella no quiso molestarle más y salió de la habitación pensando que su hijo de pelo rojo dormía como un angelito.
En cuanto la puerta se cerró se levantó de la cama. Sacó el edredón de reserva del armario y lo metió bajo las sábanas, dándole forma de cuerpo. Observó la cama desde el ángulo de visión que tendría su madre al abrir la puerta. Sin ninguna duda parecía que había un niño durmiendo. Salió por la ventana agarrándose a la bajante, con mucho cuidado de no hacer ruido. En cuanto tocó el suelo salió corriendo hacia su bicicleta. Había llegado el momento de enfrentarse a Roy Tagliaferro.
