Notas de la autora:
Un capítulo bastante corto. El final del cuarto año. Para el siguiente capítulo, habrá un retraso. Necesito escribir un par de capítulos por adelantado, para asegurarme de que la historia vaya a donde yo necesito que vaya, y con la Navidad encima, será difícil conseguir hacerlo.
Añadí una escena en el último capítulo: Harry y yo olvidamos el cumpleaños de Draco, el 5 de junio, así que agregué una escena como un bonus; si les interesa, regresen y relean el capítulo nueve.
Notas de traductor:
Bueno, creo que ya todos leímos la escena de la que habla Oak. Y espero que no hayan llorado demasiado por el capítulo anterior… :(
Gracias a Alexiel Viely, CULLENMX, xonyaa11, Sthefynice, jessyriddle, kawaiigiirl, Lunatica Dark, Violet Strawberry, my dilema, Adriana11, FanFiker y KhrisTB por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores…
Este capítulo va dedicado a xonyaa11, por ser el review 150.
Harry miró el muy familiar techo de la enfermería y deseó que todos lo dejaran solo. Hermione, Ron, Bill y la señora Weasley estaban rodeando su cama. Hermione sostenía su mano con fuerza, como si temiera que desapareciera de nuevo si lo soltaba. Tantas cosas habían pasado en tan poco tiempo que el chico no podía darle sentido a nada.
Con alivio, escuchó que la señora Weasley decía:
—Harry, debes descansar. Bebe la poción para dormir, y Siri… Canuto estará afuera de las cortinas; en caso de que necesites algo, díselo.
Harry bajó la mirada y sonrió. Su padrino animago tenía sus patas peludas sobre la cama del chico. La señora Pomfrey había quedado sorprendida cuando Canuto entró por la puerta junto con Dumbledore, y había intentado sacarlo. Dumbledore había sido muy firme, al decir que el gran perro negro debía quedarse al lado de Harry.
Harry asintió sin fuerzas, hacia la señora Weasley. Hermione le dio un beso en la mejilla. Ron estrechó su mano bruscamente.
—Buenas noches, compañero.
Harry apenas notó cuando se fueron. Bill Weasley apartó a su madre de la cama de Harry y cerró las cortinas que rodeaban la cama. El moreno podía escuchar las conversaciones que se llevaban a cabo en el extremo del cuarto, pero no intentó de escuchar lo que estaban discutiendo.
Harry de hundió en la cama, sin querer cerrar los ojos. En el momento en el que lo hiciera, sabía que iba a ver a Cedric, tendido en el cementerio, muerto. Sus ojos grises mirando a Harry, sin verlo. Incluso cuando trataba de recordar todo lo que había pasado en el cementerio, todo era una mancha, con Voldemort al centro de ella. Harry miró la poción para dormir; odiaba el sabor y la sensación que le daba cuando se despertaba. Tal vez valía la pena esta vez, para escapar.
Su cicatriz le ardía de manera latente; la poción para el dolor que le habían dado para los cortes en su brazo y su pierna no hacía nada para ayudarlo con su cicatriz. Las imágenes de sus padres flotando en el cementerio regresaron. El moreno se frotó los ojos con la mano. Necesitaba encontrar una forma de mandarle un mensaje a Draco. Sabía que el rubio Slytherin estaría loco de la preocupación. Tal vez podría mandar un patronus, pensó. Luego, rio amargamente. Qué buena idea, un gran ciervo brillante corriendo por la sala común de Slytherin. Nadie lo notaría. Un movimiento atrapó su atención y el chico se giró para ver las cortinas, pero nadie estaba ahí. De repente, una mano se movió y Harry ahogó un grito, tratando de apartarse de ella.
—No, soy yo —susurró Draco. Se oyó el ruido de tela y, luego, Draco apareció junto a la cama, sosteniendo la capa de invisibilidad.
—¡Draco! —susurró Harry, estirando los brazos para jalar al rubio. El moreno gritó, sorprendido, cuando una mancha oscura cargó contra él. De pronto, un gran perro negro estaba sobre la cama. Los dientes del perro apretaban la parte trasera de la garganta de Draco. El rubio estaba aplastado contra la cama, congelado por el terror.
—¡No, Sirius!¡NO! —susurró Harry frenéticamente, tratando de jalar al perro—. Está bien. Él es mi novio. —El perro se giró para mirar a Harry. Draco suspiró, aliviado, cuando los dientes abandonaron su cuello. El alivio fue reemplazado rápidamente por un "ooomph", cuando Sirius recobró su forma humana y apoyó su peso sobre el delgado Slytherin, apretándolo. Draco peleó para zafarse.
Harry jaló el brazo de Sirius.
—Sirius, detente. Por favor, está bien.
Sirius no soltó a Draco, sino que giró la cabeza para mirar a Harry.
—Es un Malfoy.
Harry habría reído de haber tenido la energía.
—Lo sé. Y también es mi novio. ¿Podrías soltarlo, por favor?
Draco estaba maldiciendo entre dientes, pero ya no estaba peleando. Sirius se levantó a regañadientes, soltando al rubio mago. Harry se desplazó sobre la cama y lo envolvió con los brazos.
—¿Éste es a quien has estado viendo? Ahora comprendo por qué no querías decirme su nombre. —Sirius escupió en el suelo—. ¡Su padre es un mortífago, Harry! —Con rapidez, Harry puso una mano sobre la boca de Draco, para evitar que hablara.
—Lo sé, pero Draco no lo es. No más que tú, porque tu hermano lo era. —Sirius los miró, enfadado. Harry podía notar que Sirius quería discutir más, pero ya no le quedaban energías. Cansinamente, dijo: —No hagas un alboroto, no esta noche. Por favor. Solo lo necesito aquí. No puedo lidiar con más cosas. —El moreno maldijo al sentir que sus ojos se llenaban de lágrimas. Mientras seguía sosteniendo a Draco, se acostó de nuevo. El rubio se estiró junto a él, mirando a Sirius de forma desafiante, sin decir una palabra.
El hombre los miró a ambos. Negó con la cabeza.
—Definitivamente tendremos que hablar acerca de esto mañana. —Y, en un parpadeo, desapareció, y en su lugar quedó el gran perro negro. El animal salió de la cortina y los dos chicos pudieron oírlo echarse.
—Qué buen padrino tienes —dijo Draco entre dientes, estirando los brazos y rodeando a Harry con ellos, acercándolo hacia sí en la angosta cama.
—¿Escuchaste lo de Cedric? —murmuró Harry, apoyando su cabeza en el pecho de Draco.
—Sí. —Draco lo abrazó con más fuerza—. Duérmete, tendremos tiempo de hablar mañana.
Harry asintió débilmente y se durmió en segundos.
OoOoOoO
Harry despertó con la rara sensación de un cuerpo tibio recostado junto a él, acariciando su cabello. Giró la cabeza y miró a Draco a los ojos.
—De algún modo, no imaginé que la primera vez que durmiéramos juntos fuera a ser en una cama de la enfermería, con tu padrino perro durmiendo en el suelo a tres metros —dijo Draco suavemente, arrastrando las palabras.
Harry sonrió tristemente.
—Y yo no creí que tuviéramos tantas prendas en la mañana. —Miró el cuerpo vestido de Draco y rio—. Hasta tienes puestas las botas.
—Bueno, supuse que si tenía que huir, tendrías problemas para explicar por qué terminaste con dos pares de zapatos bajo tu cama. —Chocó las puntas de sus pies; sus botas de piel de dragón brillaban—. Y cualquiera sabría que éstas no son tus usuales y repulsivas zapatillas deportivas muggles.
Canuto ladró para avisarles, desde afuera de la cortina. Draco saltó de la cama y tomó la capa de invisibilidad, que estaba a los pies de la cama. Se la puso y se pegó a la pared, justo cuando las cortinas se abrieron y la señora Pomfrey entró.
—Buenos días, señor Potter. ¿Cómo se siente esta mañana? —La mujer miró la mesita de noche y levantó la botella de poción para dormir, aún llena—. ¡No bebió la poción! ¿Pudo dormir anoche?
Harry asintió.
—Sí, estaba tan cansado que no la necesite —dijo, encogiéndose de hombros.
—¿Dolor de cabeza? ¿U otro dolor? —preguntó, mientras levantaba la camisa del pijama para ver su brazo. El gran tajo que Peter Pettigrew le había hecho había sanado, dejando una cicatriz roja desde su codo hasta su muñeca.
—Solo un poco de dolor de cabeza —dijo Harry, encogiéndose de hombros.
—Le traeré un poco de poción para la cabeza con su desayuno. —La señora Pomfrey se detuvo—. Si está listo para ello, los Diggory desean hablar con usted esta mañana. Se reunirán con Dumbledore ahora mismo, para hacer los arreglos para llevarse… bueno, para hacer los arreglos.
Harry se recostó y miró sin expresión el techo.
—Hablaré con ellos. Cuando sea que estén listos.
—Muy bueno de su parte, hágame saber si necesita algo antes del desayuno. —La señora Pomfrey se acercó para jalar la cortina, viendo al gran perro negro parado del otro lado. La mujer vaciló—. Creo que el perro necesita salir. ¿Quiere que lo saque?
Harry miró a Canuto, que estaba olfateando alrededor de la cama, acercándose demasiado a donde Draco estaba oculto.
—Eso sería bueno, gracias —dijo Harry. Miró como la mujer sacaba a Canuto por la puerta.
Draco se quitó la capa y se volvió a subir a la cama. Tomó a Harry de la mano.
—Voy a tener que irme. Vas a tener muchos visitantes.
Harry asintió, pero preguntó con duda:
—¿Podrías quedarte hasta después de que los Diggory se vayan? Será más fácil sabiendo que estás cerca.
Draco estiró la mano y la puso en el cuello de Harry, jalándolo para abrazarlo.
—Hablé con Simon, el novio de Cedric, anoche. Esperamos juntos mientras estuvieron desaparecidos. —Harry alzó la mirada hacia Draco y tocó su mejilla. Su pálida piel parecía casi traslúcida. Se veía exhausto. Harry se preguntó cuánto había dormido la noche anterior—. Parecía el tipo de chico con el que Cedric saldría. Evitó que yo intentara entrar al laberinto para buscarte.
Harry sonrió de nuevo. Luego, la sonrisa desapareció cuando recordó los eventos de la noche anterior.
—Draco, vi a tu padre anoche.
El chico se tensó.
—¿Dónde?
—En un cementerio. Ahí nos llevó el traslador. Peter Pettigrew estaba ahí. Hizo una especie de ceremonia. —Harry dudó y subió la manga de su pijama, para mostrarle la cicatriz a Draco—. Usaron mi sangre para traer a Voldemort de vuelta.
Draco repasó la cicatriz con una mano, mientras sus dedos temblaban.
—No puede estar de vuelta.
—Pero así es, y usó la Marca Tenebrosa para llamar a sus seguidores. Vinieron con sus capas y sus máscaras. Listos para servirle.
—Mi padre. Por supuesto —dijo Draco amargamente—. ¿Quién más estaba ahí?
—Nott, Goyle, Crabbe. Parecía la noche de padres de la casa de Slytherin —dijo Harry, sosteniendo con fuerza la mano de Draco.
—A eso se refería Snape, cuando me dijo que todo había cambiado.
Harry rio amargamente.
—Tiene razón. Voldemort era bastante peligroso sin un cuerpo. Quiso tener un duelo conmigo. Bueno, supongo que sí peleamos…
Draco lo miró, incrédulo.
—¿Tuviste un duelo con el Señor Tenebroso y saliste con vida?
Harry asintió, frotándose los ojos con las manos, como si quisiera borrar la imagen.
—Ahora todo está borroso, pero algo extraño pasó entre nuestras varitas. Se conectaron. Y levitamos debido a la conexión. Y todos, (bueno, los fantasmas o no sé qué eran, tal vez sombras), todas las personas que Voldemort había matado salieron de su varita. Mis padres. Cedric. —La voz de Harry se quebró—. No puedo creer que Cedric esté muerto.
Draco estiró la mano y entrelazó sus dedos. Harry se recargó sobre el rubio y continuó:
—Llegamos a la copa al mismo tiempo. Y hablamos y decidimos tomarla juntos, ganar juntos, ¿sabes? Y era un traslador, la jodida copa era un traslador. —Harry respiró con irregularidad—. Y terminamos en el cementerio. Y supe, al instante, que algo andaba mal. Traté de hacer que Cedric se fuera, pero luego, Voldemort… él… —Draco apretó su abrazo—. Solo lo mataron. Avada Kedavra. Es verde, ¿sabes? Un rayo verde, justo como el de mis pesadillas. Y, así nada más, Cedric estaba muerto, Draco, estaba muerto. Ni siquiera tuvo una oportunidad.
Y con eso, Harry comenzó a llorar, soltando todas las lágrimas que había estado reteniendo desde que había aterrizado con el cuerpo de Cedric en el campo de Quidditch. Harry sintió las manos de Draco por su espalda, repasando su cabello, con sus mejillas húmedas contra las de él. Ninguno vio que las cortinas se abrían y que el gigante perro negro se asomaba por el borde de la cama, para luego deslizarse en silencio hasta el otro lado de la cortina, haciendo guardia.
Por fin, Harry alzó la cabeza y respiró profundamente varias veces. Cerrando los ojos, murmuró.
—No sé cómo voy a hacer esto. ¿Cómo voy a hablar con sus padres? No se merecía morir así. Un minuto estábamos tan felices, a punto de ganar la copa juntos; y al siguiente estaba muerto. Y no había nada que yo pudiera hacer al respecto, maldita sea.
Draco estiró las manos y limpió los rastros de lágrimas del rostro de Harry.
—Diles eso. Diles que era feliz, que murió sin dolor. Diles lo que significó para ti. —Harry asintió lentamente, y apoyó su cabeza en el pecho de Draco—. Le debemos tanto. Y nunca lo sabrá.
—No creo que él haya… —Harry se calló cuando escucharon el ladrido de Canuto. Draco se bajó de la cama, maldiciendo cuando su pie se quedó envuelto en las sábanas; apenas pudo ponerse la capa cuando escuchó la cortina abrirse. La señora Pomfrey entró, levitando una bandeja de desayuno repleta, detrás de ella.
—Desearía que su perro no ladrara, señor Potter. Es muy inapropiado para una enfermería —dijo, frunciendo el ceño hacia Canuto, que estaba sentado junto a ella. Canuto ladeó la cabeza y movió su cola por el suelo. Los labios de Pomfrey formaron una ligera sonrisa antes de volverse hacia Harry.
—Los Diggory estarán aquí en quince minutos. Desayune un poco. Por Merlín, ¿qué le hizo a estas sábanas? —Movió a Harry a una silla junto a la cama, para que comiera mientras ella acomodaba las sábanas—. Beba la poción para la cabeza. Le ayudará, señor Potter. No hay necesidad de ser valiente acerca del dolor… —La mujer continuó hablando mientras hacía la cama, sin notar jamás que Harry tomaba comida de la bandeja y la sostenía detrás de su espalda, para que Draco pudiera tomarla, sacando la mano de la capa. Terminó de arreglar la cama y vio la bandeja casi vacía—. Bueno, veo que no ha perdido su apetito…
La visita de los Diggory fue tan difícil como Harry lo había imaginado. Les contó, con la voz entrecortada, lo que había pasado. Sus manos estrujaban la sábana sobre la cama, mientras intentaba describir el desarrollo de Cedric en el laberinto, la decisión mutua de tomar la copa juntos. La madre de Cedric era una frágil sombra de la mujer con la que había caminado por el lago el día anterior, con Cedric a su lado. El padre de Cedric le había asegurado que no lo culpaban. Simon estaba parado a los pies de la cama. Su rostro estaba marcado por el duelo. No había dicho una palabra en todo el tiempo que Harry había hablado con los Diggory. Por fin, la señora Diggory dijo que dejarían a Harry descansar, y se giró para irse. Simon mantuvo la cortina abierta, y estaba a punto de seguirlos cuando Harry le habló.
—Simon, ¿puedo hablar contigo por un minuto? —Simon dudó y luego asintió. Se giró y les dijo a los Diggory que los vería en la entrada. Harry vaciló y luego giró para ver la pared—. ¿Draco? —Simon miró a Harry, confundido, pero sonrió ligeramente cuando Draco dio un paso hacia delante, quitándose la capa mientras se acercaba a la cama.
Harry miró a Simon.
—Draco y yo queríamos decirte cuánto significó Cedric para nosotros. Hizo posible que pudiéramos encontrarnos. —Draco tomó la mano de Harry con fuerza y miró a Simon.
Draco dijo con la voz ronca.
—Era un buen amigo, no se merecía irse de esa manera.
Simon los miró y asintió.
—A pesar de que Cedric nunca me contó que ustedes estaban saliendo, escribió mucho acerca de los momentos que pasaba con ustedes. Estaba tan orgulloso de que le habías enseñado a hacer un patronus, Harry. Y sé que valoraba ambas amistades. Solo desearía haber pasado más tiempo con él. Estaba celoso de ustedes. Pudieron pasar el año completo con él.
Asintiendo, Simon los dejó solos. Harry apoyó todo su peso en Draco, completamente drenado.
—Toma la poción, duerme. Necesito regresar; todos se estarán preguntando dónde he estado —dijo Draco.
—¿Qué les vas a decir? —preguntó Harry.
Draco se encogió de hombros.
—Ya pensaré en algo.
OoOoOoO
Ron y Hermione estaban sentados al lado de la cama cuando Harry despertó esa tarde. Estaba feliz de ver a sus amigos y agradecido de que ellos no esperaran que hablara. Hermione miraba a su amigo con preocupación, cuando Ron no estaba viendo. Finalmente, hizo que Ron fuera por té. La chica se acercó y se sentó sobre la cama de Harry.
—Harry, con respecto a Cedric… Sé que dijiste que no estaban saliendo, pero…
Harry hundió más la cabeza en las almohadas.
—No lo hacíamos, Hermione. Solo éramos muy buenos amigos. Él está… diablos, estaba enamorado de su novio, Simon. Él y yo solo pasamos mucho tiempo platicando. Acerca de ser gay, de mis tíos y de muchas cosas. Y lo voy a extrañar más de lo que podrías llegar a imaginar.
Hermione lo miró.
—Lo siento tanto, Harry.
El chico se limpió con furia las lágrimas que habían comenzado a descender por su rostro; se había dicho a sí mismo que ya no iba a llorar.
—Yo también. Hoy debería estar caminando por ahí, como un campeón del Torneo, no yendo a casa con sus padres en un ataúd.
—Al menos tienen su cuerpo, Harry. Tú lo trajiste de vuelta para ellos —dijo Hermione, frotando el brazo de su amigo.
Harry rio amargamente.
—¿Te conté lo que Voldemort dijo? "Mata al otro". Si Cedric no hubiera sido tan noble y si no hubiera querido que yo tomara la copa, no habríamos decidido tomarla juntos, ganar esto juntos.
—Si la hubiera tomado él solo, aun así habría terminado muerto, y nadie habría sabido qué le había pasado, Harry. Eso habría sido mucho peor para sus padres.
OoOoOoO
El siguiente par de días pasaron como un borrón. Harry salió de la enfermería y regresó al dormitorio. Todos le daban un gran espacio en la sala común y en la mesa del Comedor. Podía sentir los curiosos ojos mirándolo, y podía percibir sus conversaciones en voz baja. Podía sentir los ojos de Draco en cada comida. Nunca había sentido tan grande el espacio entre dos mesas. La mesa de Slytherin era la que casi levitaba por la emoción. Las noticias de que Voldemort había vuelto no habían tenido el mismo efecto que con las otras tres mesas. Crabbe y Goyle parecían regocijarse, y sus rostros estaban llenos de júbilo. Draco se unía a las conversaciones con frecuencia, hablando con emoción y riendo. Harry lo miraba desde la mesa de Gryffindor con una sensación de pavor.
Finalmente, le pasó una nota a Draco, mientras estudiaba en la biblioteca. Nos vemos en nuestro árbol, 3:00. El moreno le dijo a Hermione y Ron que iría a correr.
—¿Quieres que vaya contigo, amigo? —le preguntó Ron, mientras Harry se cambiaba a sus prendas de correr.
—No, solo necesito un poco de tiempo a solas —dijo Harry, amarrándose sus zapatos deportivos. Salió por una de las puertas laterales del castillo. Comenzó a trotar alrededor del lago lentamente: aún faltaban veinte minutos para que Draco fuera a verlo. Eso le daría la oportunidad para asegurarse de que nadie estuviera cerca de ese cúmulo de árboles. Estaba terminando la primera vuelta cuando vio a Draco, caminando a solas, en el lado más lejano. Subiendo la velocidad, corrió por la curva del algo y alcanzó a Draco. Chocó contra su hombro al pasar junto a él.
—Oye, fíjate por donde caminas, Potter —gritó Draco.
—No ocupes todo el camino, hurón —gritó Harry por encima de su hombro. Continuó corriendo y pasó los árboles; luego, checando que nadie estuviera cerca, se alejó del sendero y atravesó el bosque. Se detuvo hasta que estuvo caminando, para recuperar el aliento, hasta que llegó al avellano. Draco ya estaba recargado contra el árbol, mirándolo con esos grises ojos brillando. Harry sonrió ligeramente y se sentó junto a él. Era difícil asimilar cuántas cosas habían cambiado desde que se habían sentado bajo ese árbol, cuatro días antes.
—Estás sudado —dijo Draco, pasando su mano por el brazo de Harry. No parecía como si le molestara.
—Son los riesgos de correr. —Harry tomó la mano de Draco y la apretó con fuerza. Se quedaron en silencio por unos minutos. Draco lo miró con curiosidad pero no dijo nada.
Harry no podía pensar en cómo poner en palabras lo que necesitaba decir. Temía escuchar la respuesta de Draco. Con la voz tensa, dijo:
—Me preocupa lo que pasará cuando estés de vuelta con tu padre. Me da miedo que algo…
—Estará bien, solo son dos meses. Luego, volveremos a estar aquí —dijo Draco, apretando más la mano de Harry.
—Mucho puede pasar en dos meses. Y Voldemort…
Draco interrumpió.
—Sí, lo sé. Tengo la esperanza de que, tal vez, Padre esté fuera con él, en reuniones. Mi madre dijo que, la última vez, mi padre se iba por semanas, o por meses.
—¿Y si no? ¿Y si las reuniones de mortífagos son en tu casa?
—Si el Señor Tenebroso está en la mansión Malfoy… Bueno, no creo que se vaya a preocupar por un chico de catorce años.
—Acaba de matar a uno de diecisiete —dijo Harry bruscamente—. No te arriesgues, habla con Dumbledore. Él encontrará un lugar para ti.
—¿Y qué? ¿Me alejo de mi familia, de mi herencia? Para bien o para mal, soy un Malfoy —dijo Draco con enojo, poniéndose de pie. Su rubio cabello brillaba por el sol de la tarde. Harry se puso de pie con rapidez y lo tomó del brazo.
—Ahora que Voldemort regresó, vas a tener que tomar una decisión. Voldemort o el Señor Tenebroso. Luchador o seguidor.
Draco apartó la mano de Harry de su brazo.
—No hagas esto. No arruines lo que tenemos, no ahora. —Luego, trató de pasar junto a Harry.
El moreno se movió para bloquear su paso.
—Hemos estado evitando esto y no podemos seguir haciéndolo. Lo único que tengo que hacer es ver la mesa de Slytherin, para saber cuán emocionados, cuán extasiados están tus amigos, al saber que Voldemort está de regreso.
—No puedo decir o hacer nada que muestre que no siento lo mismo —dijo Draco.
—¿Qué sientes por su regreso, Draco? Necesito saberlo. Aún lo llamas "Señor Tenebroso". Es posible que estés estrechando su mano en unos cuantos días. Es posible que viva en tu casa. Esperarán que hagas ciertas cosas; tal vez no este verano, sino pronto. ¿Qué vas a hacer? Tú conoces mi posición. ¿Qué hay de la tuya?
—Maldición, Harry, no nos hagas esto. —Harry dio un paso hacia delante, tomando a Draco por los brazos, que estaban cruzados sobre su pecho.
—Tu Señor Tenebroso ha tratado de matarme más de una vez. —Se retiró el fleco—. Me dio esta cicatriz. Mató a mis padres. Torturó y mató a quién sabe cuántos más. Tienes que saber que, ahora que está de vuelta, va a hacer más daño, más cosas malas. No creo que sea difícil adivinar que yo estoy hasta arriba en su lista. Y es por eso que necesito saber con exactitud de qué lado estás.
El rostro de Draco se veía pálido y el chico comenzaba a temblar.
—¿Sabes lo que es que, durante cada día de mi vida, mi padre se la haya pasado hablando acerca de los días de gloria durante los tiempos del Señor Tenebroso? Hablando de lo grande que era. De cómo exigía absoluta lealtad de parte de sus seguidores. De que se esperaría que yo le jurara lealtad una vez que regresara. De que tú eras el culpable de su desaparición.
Harry abrió la boca para objetar, pero Draco negó con la cabeza.
—Escúchame. Cuando tenía ocho o nueve años, le pregunté a mi padre cómo era posible que un bebé hubiese sido capaz de hacer que un mago tan poderoso desapareciera. —Draco hizo una mueca—. Digamos que aprendí a nunca preguntarle a mi padre nada acerca de lo que el Señor Tenebroso había hecho.
El chico siguió.
—Y luego, te conocí. Y quería odiarte. —Draco comenzó a caminar—. Y sí te odiaba. Era lo que se suponía que debía hacer. Pero, entre más tiempo pasaba mirándote, entre más podía ver cómo interactuabas con tus amigos, entendí que simplemente eras igual que cualquier otro. Entendí que algo debía estar mal; algo ya no cuadraba en la ecuación. —Draco pausó—. El mensaje siempre fue el mismo. "El Señor Tenebroso es nuestro líder, Harry Potter es el responsable de su caída, debemos hacer todo para destruir a Potter, para esperar el regreso del Señor Tenebroso.
—¿Entonces por qué diablos estamos aquí? —gruñó Harry—. Si crees…
—Solo escúchame, maldición. —Draco agarró a Harry y lo jaló hacia sí. Lo besó de manera dura y rápida—. Ahora creo en esto. Ahora te conozco. Sé que no eres la persona que mi padre ha odiado por la última década. Pero eso no significa que sea fácil para mí. Y, no, no sé qué diablos voy a hacer. Pero no quiero perderte y eso tiene que ser suficiente para ti, por ahora. —Draco estaba respirando con dificultad, temblando por la tensión.
Harry vaciló y luego estiró los brazos para atraer a Draco.
—Lo siento. Sé que es difícil para ti. Mucho más difícil para ti que para mí. Es solo que necesitaba saber lo que en verdad estás sintiendo —dijo Harry—. Temo por ti. No quiero que nada te pase. —Envolvió al rubio con sus brazos—. No quiero que regreses a casa y te obliguen a hacer cosas que no quieres hacer.
Draco suspiró en el abrazo con alivio, sintiendo cómo la tensión abandonaba su cuerpo.
—Eso no pasará, lo prometo. Si solo supieras cuánto odio tener que tener dos personalidades. Me enferma pensar en que no podré hablar contigo por dos meses —dijo Draco suavemente, repasando el cabello de Harry con su mano y acariciando su nuca, jalando al moreno—. No vamos a poder mandarnos lechuzas. No creo que debamos arriesgarnos. —Harry asintió—. Bueno, ya dejé algo para ti en los vestidores. Tu regalo de cumpleaños y algo más. Para que no te olvides de mí.
—No tenías que… —protestó Harry. Draco sonrió.
—Quise hacerlo. Odio pensar en que tienes que vivir con esa horrible familia muggle todo el verano. —Draco cerró los ojos, como si intentara olvidar lo que acababa de pasar—. Puse el paquete en el casillero con tu Saeta de Fuego. No estoy seguro de que podamos vernos allá abajo antes de partir. Te voy a extrañar.
—Lo lamento, Draco. Lamento dudar de ti. Esto es increíblemente difícil para mí. —Draco tomó a Harry por la cintura, obligándolo a apoyar su espalda contra el árbol. Se apoyó contra él con fuerza, presionando sus cuerpos: pecho contra pecho, ingle contra ingle, muslo contra muslo. Harry sintió la dura corteza del árbol a través de su camiseta empapada, mientras envolvía a Draco con los brazos y lo besaba, metiendo su lengua en la boca de Draco. Sus lenguas bailaron y exploraron mientras Harry metía las manos dentro de la camisa de Draco. El débil sonido de voces a la distancia hizo que Draco rompiera el beso y se asomara por un lado del árbol.
—Tenemos alrededor de cinco minutos, hasta que tus perros de guardia nos alcancen.
Harry aguantó la tentación de asomarse.
—¿Hermione y Ron? —Su mente seguía dando vueltas, por la pelea y los besos de Draco.
—¿Quién más? —dijo Draco, rodando los ojos—. ¿Cómo quieres actuarlo? ¿Peleamos o huimos?
Harry se encogió de hombros.
—No hemos tenido una buena pelea en un rato.
Draco sonrió, tocando los labios de Harry con los dedos.
—Y te ves un poco revolcado, será una buena cubierta. ¿El artículo de El Profeta?
—Seguro —dijo Harry—. "Perturbado y Peligroso" contra ti.
Notas finales:
Vale, este es el final de cuarto año. Y ahí les van algunos avisos:
*Quinto año va más rápido. No son ni la mitad de capítulos que llevamos… Creo que los capítulos son muy extensos, pero no los he revisado bien.
*¿Adivinen qué? Mi semestre comienza mañana… O sea, 28 de enero… Sufro y lloro porque eso me quitará tiempo para seguir con esta historia. Pero no se preocupen, que no la abandonaré. Podré tardarme bastante, pero les juro que la acabo. Pinky promise… :D
Bueno, ya, los leo luego…
Adigium21
