Notas de traductor:

Gracias a my dilema, miredraco, kurosakiami01, xonyaa11, shixa, jessyriddle y Violet Stwy por comentar en el capítulo anterior. Yo corazón el fandom :)

Bueno, no los podía dejar sin capítulo antes de partir… Sí, me voy por solo unos días de la ciudad, a un sitio sin Internet *sufre*

Así que, por lo mientras, ustedes disfruten…


"Nos vemos en el árbol."

Draco ya estaba parado cerca del árbol cuando Harry se acercó. El moreno lanzó un hechizo para borrar sus huellas sobre la nieve, mientras Draco lo miraba. Estaba temblando de frío.

—¿Qué sucede? ¿Por qué aquí? Hace un maldito frío.

—Solo necesitaba salir. Siento como si estuviera a punto de explotar.

—¿Cómo te fue anoche?

—¿Con Snape? ¿O cuando estuve rodando en el suelo, inconsciente, y riendo mientras los mortífagos escapaban de Azkaban?

Draco giró desde donde estaba mirando, a un lado del árbol, asegurándose que nadie se acercaba.

—¿Qué? ¿Cuándo?

—En el dormitorio, afortunadamente. Después de la lección de Snape. Ron me encontró. Tuvo que golpearme para despertarme —dijo Harry entre dientes, pateando la nieve—. Supongo que tu familia acomodará más lugares en la mesa.

—Joder, Harry. No digas eso. ¿Qué pasó?

—Voldemort pasó. Todo el asunto de la Oclumancia con Snape fue un desastre, y cuando regresé me quedé dormido y no me desperté sino hasta que Ron me golpeó. Estaba riendo con fuerza, histérico. Ron estaba verdaderamente asustado. Diablos, yo estaba asustado.

—Las cosas van a ponerse feas —dijo Draco entre dientes—. No puedo creer que supieras acerca de lo de anoche.

Harry lo miró.

—No lo sabía, solo sentí a Voldemort riendo. Yo estaba riendo. Entré al baño y vomité.

—¿Ahora estás bien?

—Me duele la cabeza, y la cicatriz —Harry trató de apartar la preocupación de Draco—, pero eso ya es casi normal. ¿Qué crees que vaya a pasar? Bellatrix es tu tía…

Draco hizo una mueca.

—Estoy esperando la lechuza que me diga todo. Mi tía está loca. Ya lo estaba desde antes que la mandaran a Azkaban, según mi madre. No puedo imaginar lo que diez años en ese lugar le han hecho. No hay necesidad de preocuparse hasta que aparezca. ¿Qué hay de Snape?

—Podría haber sido peor, yo lo bloqueé un poco, no sé por cuanto, pero pude lanzar un escudo y lo obligué a salir. Pero fue extenuante y quedé completamente cansado para cuando terminamos. No puedo imaginar hacerlo de nuevo.

—Vas a estar bien. Y estoy más preocupado por la conexión con el Señor Tenebroso.

—¿Tienes que llamarlo así? —gruñó Harry cansinamente—. Me recuerda a…

Draco lo miró amargamente.

—No importa mucho cómo lo llame, ¿no es así? Ambos sabemos de quién estamos hablando. Y mi estómago se retuerce un poco menos cuando lo llamo Señor Tenebroso en lugar de Voldemort, muchas gracias.

Harry asintió. Sabía que no era una discusión que valía la pena tener.

—Vale, tengo que ver a Snape de nuevo mañana en la noche. Y tenemos una reunión del ED para la noche del jueves. Hazme saber si sospechas algo de Umbridge, ¿de acuerdo?

—¿Crees que es una buena idea? ¿Tener otra reunión junto con todo lo que está pasando?

—Tenemos que hacerlo. ¿No entiendes que con todos los mortífagos escapando, todos están realmente asustados? Tal vez no en Slytherin, sino aquellos cuyos padres pelearon antes. Saben lo que esto puede significar, saben que tienen que prepararse.

Draco asintió.

—Veré si puedo cambiar mi ronda con alguien más, para hacer el patrullaje el jueves y mantenerlo todo en calma para ti.

OoOoOoO

—¿Lo tienes? —preguntó Draco ansiosamente, en cuanto entró a la oficina de los vestidores. Harry asintió y sacó la muy leída copia de El Quisquilloso. Regresó la mano en el último momento, mientras Draco estiraba la suya.

—No lo sé, Draco. Dado que eres un miembro de la brigada espía de Suma Inquisidora, si te diera esto sería una violación directa al Decreto Educacional número 27. Puede que tenga que entregarte.

—A la mierda eso, el día en que tú le entregues a Umbridge algo voluntariamente será el día en que yo entre al Gran Comedor en pelotas. Dame eso —dijo Draco, mientras le quitaba el periódico al moreno y se sentaba en su silla—. Pon algo de música mientras leo acerca del Niño que Vivió.

Harry sonrió y se acercó al tocadiscos, poniendo el álbum de los Stones, Sticky Fingers. Era gracioso; Draco siempre usaba magia para poner los discos, pero Harry aun lo hacía como lo había hecho hacía tantos años, escondido en la alacena debajo de las escaleras. Trató de no pensar mucho en ello, pero suponía que era una forma más de recordar a su madre nacida de muggles.

Mientras el disco se acomodaba en el eje y la aguja descendía sobre el vinil que giraba, alzó la mirada hacia la pared detrás del escritorio. Harry había sorprendido a Draco para el día de San Valentín, quitando todas las viejas fotografías de Quidditch y poniendo los dibujos de Draco en los marcos. Ahora, la pared estaba cubierta con los intricados diseños y esbozos que Draco había creado. Sonrió al recordar la expresión de Draco cuando entró y vio la pared. El rubio se había sonrojado y protestado, pero había admitido que prefería tener los dibujos en la pared que la imagen fotográfica de su abuelo, fulminándolos con la mirada.

Miró a Draco, que estaba leyendo el artículo, con los labios apretados por la concentración. Por muy feliz que Harry estuviera por cómo había resultado el artículo, aun había sido increíblemente difícil hablar acerca de Cedric. Hablar acerca de la noche en el cementerio. Caminó hacia el rubio y se paró detrás de su silla, poniendo sus brazos flojamente alrededor de los hombros de Draco. El chico estiró las manos hacia arriba y tomó las manos de Harry, mientras ambos terminaban de leer el artículo, juntos.

—Skeeter hizo un buen trabajo —dijo Draco con sorpresa—. ¿Cómo hiciste que escribiera algo tan…?

—¿Real, y no un artículo de propaganda difamadora para el ministerio? —dijo Harry, riendo—. Hermione se ganó el crédito por eso; descubrió el pequeño secreto de Skeeter y la chantajeó.

—Eso es verdaderamente Slytherin, creo que he estado subestimando a Granger —dijo Draco, sonriendo lentamente.

—Definitivamente la has subestimado —dijo Harry, mientras le quitaba el artículo a Draco y la ponía de vuelta en su libro de Encantamientos, tocando el periódico con la varita para que quedara oculta y pareciera una página del libro de texto—. ¿Sabes? Ella es la que hizo nuestras monedas.

Draco sacó el galeón de su bolsillo y miró el dragón que cubría la superficie.

—¿Granger hizo esto? Asumí que las habías comprado.

Harry sonrió y negó con la cabeza.

—Ella sabe que estoy saliendo con alguien, así que le pedí que hiciera las monedas para que fuera un regalo de Navidad para mi misterioso novio. Yo añadí el dragón, después de que la hubiera encantado.

—Brillante. No conozco a ninguno de quinto año, o de séptimo incluso, que pueda hacer un encantamiento proteico —dijo Draco, negando con la cabeza, incrédulo.

—Sí, bueno, recuerda eso la próxima vez que la discrimines por ser hija de muggles —dijo Harry, gruñendo.

Draco se acercó y puso su nariz en la nuca de Harry.

—Creo que ella lo extrañaría. Le gusta vencerme en casi cada clase. Si dejara de decirle apodos, tal vez no intentaría ganarme con tanto empeño. —Harry rio al pensar en Hermione no tratando ser la absolutamente mejor en cada clase.

OoOoOoO

Harry repasó el lugar con la mirada, satisfecho, viendo a los miembros del ED mientras intentaban producir sus patronus. La mitad del grupo ya había sido capaz de producir al menos una niebla plateada, y tres habían ya producido uno corpóreo: Cho, Hermione y Ron.

Dos cosas pasaron simultáneamente, así que Harry no supo qué había ocurrido primero. La puerta de la Sala se abrió y Harry vio a Dobby parado en la entrada, removiendo las manos por el terror.

—Harry Potter, Harry Potter, señor. Dobby ha venido a advertirle… —La atención de Harry se apartó del tembloroso elfo doméstico debido a los emocionados jadeos que venían de un lado de la Sala de los Menesteres. Girando, vio un patronus pantera, pasando junto a los alumnos, en su dirección. Saltó hacia él y el moreno escuchó la voz de Draco diciendo: "¡Ahí viene!"

La mirada de Harry se dirigió del patronus pantera de Draco hacia Dobby, y luego de vuelta. Luego, miró al grupo de estudiantes que estaban ahí parados, quietos.

—¡¿QUÉ DIABLOS ESTÁN ESPERANDO?! ¡CORRAN! —vociferó. Hubo un retraso de un segundo mientras lo miraban sin verlo, y luego todos se dirigieron como locos hacia la puerta.

Harry se quedó en medio del salón, asegurándose de que todos estuvieran fuera del cuarto. Les gritó que se dirigieran a la biblioteca o la lechucería, para que no todos fueran vistos caminando por las escaleras hacia sus dormitorios al mismo tiempo. Hubo un golpe sordo y Harry se giró para ver a Dobby golpeando su cabeza contra el suelo. Corrió hacia él y lo levantó, sacudiéndolo ligeramente.

—Alto. ¡Alto! Dobby, te prohíbo que te lastimes. ¡Regresa a las cocinas, apresúrate!

Saliendo por la puerta de la Sala de los Menesteres, pudo ver los últimos miembros del ED desapareciendo por la escalera más lejana. Rápidamente giró y corrió hacia el otro lado. Llegó a la escalera pero maldijo cuando alcanzó a ver a Goyle, dirigiéndose hacia las escaleras. El aletargado Slytherin aún estaba varios escalones abajo, moviéndose lentamente. Harry volvió a girar y corrió de vuelta por el corredor. Draco estaba en medio. Harry se obligó a detenerse. El rubio lo alcanzó.

—¿Qué estás haciendo? ¡Vete de aquí, estará aquí en cualquier minuto!

Negando con la cabeza, Harry lo miró.

—No servirá de nada. Goyle está subiendo por el otro lado. —Ambos chicos se miraron a los ojos, sabiendo que Harry no tenía otra salida. El chico se encogió de hombros, estiró el brazo y jaló la mano de Draco, con la que agarraba la varita. La varita de espino estaba temblando entre sus dedos.

Harry estaba respirando pesadamente, pero pudo mirar a Draco; sus ojos verdes fijos en los de Draco.

—Hazlo.

Draco puso los ojos como platos.

—¡No puedo!

—Entre que tú me entregues o que sea Goyle, prefiero que seas tú. Hazlo ahora, no queda mucho tiempo. —Harry consiguió que su voz se oyera firme, a pesar de que estaba temblando. Ambos podían escuchar el sonido de pasos dirigiéndose hacia ellos, desde ambos lados del pasillo.

—Maldita sea, Harry. Siempre tienes que ser el héroe. —Draco dio unos cuantos pasos hacia atrás y alzó la varita. Harry asintió y sonrió de lado cuando Draco escogió golpearlo con una maldición de piernas de gelatina. Sus piernas colapsaron debajo de él y el moreno golpeó con fuerza el piso. Draco palideció pero apretó la mandíbula con resolución. Sin romper el contacto visual con Harry, dijo en voz alta:

—¡Oiga, profesora! Atrapé a uno…

OoOoOoO

Harry trepó a su cama con cansancio. Después de que por fin pudo llegar a la sala común, fue abordado por Ron, Hermione y todos los miembros Gryffindor del ED. Contar lo que había pasado una y otra vez había sido extenuante y, finalmente, les había rogado que lo dejaran subir a su habitación.

Cerró las cortinas y se acomodó. Temblando, sacó el galeón de su bolsillo y le mandó un mensaje a Draco.

"En mi cuarto".

"¿Expulsado?"

"No, pero Dumbledore se fue".

"¿Qué?"

"Dumbledore tomó la culpa. Desapareció".

"¿Qué?"

"Te cuento mañana. Estoy cansado".

"Perdón que no pudiera avisarte antes. No lo supe hasta el último minuto".

"No te preocupes. Te amo".

"Te amo".

OoOoOoO

Harry se detuvo en las cocinas y se aseguró de que Dobby estuviera bien. El tembloroso elfo le aseguró que había hecho como Harry le había indicado y que no se había castigado a sí mismo. Harry le pidió, vacilante, unos cuantos sándwiches. Dobby lo complació con una bandeja llena de comida y luego giró con un guiño, para que Harry pudiera usar la entrada secreta a los vestidores. Mientras andaba por las escaleras, Harry se preguntó si Dobby había explorado por su cuenta, para ver a dónde llevaba la escalera, o si se preguntaba a dónde iba Harry con las bandejas de comida.

Draco ya estaba ahí, caminando por el cuarto cuando Harry entró, balanceando cuidadosamente la bandeja de comida y las bebidas.

—Gracias a Merlín. ¿Estás bien?

Harry acomodó la comida en la banca más cercana, agarró a Draco y lo jaló para abrazarlo.

—Estoy bien. Tuve mucha suerte, pero estoy bien.

—¿Qué sucedió? Umbridge está furiosa.

Harry se hizo para atrás y señaló la comida.

—Comamos, y luego te contaré lo que pasó. —Draco asintió y caminó hacia la oficina, delante de Harry. Con un movimiento de la varita, conjuró el sillón de cuero verde y se sentaron con la comida entre ellos. Harry, tan concisamente como pudo, describió lo que había pasado en la oficina de Dumbledore.

—Entonces, ¿simplemente se desvaneció? —preguntó Draco, incrédulo. Harry asintió.

—Sí, él y Fawkes desaparecieron.

—Ahora entiendo por qué Umbridge está tan molesta. ¿Y te libraste del regaño? —Harry se encogió de hombros y asintió.

—No había mucho que ella pudiera hacer. Pero es solo cuestión de tiempo para que ella trate de atraparme en algo.

—No me digas que van a tener más reuniones. ¡No pueden!

Harry negó con la cabeza con tristeza.

—No. El ED está oficialmente muerto. No hay forma de que vayamos a arriesgarnos de nuevo. Oh, lo olvidé, gracias por el patronus; gracias a Dobby y a ti obtuvimos el mensaje. —Harry ladeó la cabeza y preguntó con curiosidad—. ¿Cómo lograste que hablara?

—¿A qué te refieres? —preguntó Draco ausentemente, mientras le daba otra mordida a su sándwich de rosbif.

—Tu patronus, me dio el mensaje —dijo Harry.

—¿Qué cosa? ¿Habló? —preguntó Draco, con los ojos como platos, sin poder creerlo.

Harry rio.

—¿No hiciste nada diferente?

—No, sólo lo mandé como siempre, pero estaba pensando que tenía que advertirte que ahí venía.

—Bueno, funcionó. Tu pantera dijo en voz alta "Ahí viene". Era tu voz, pero había tanta confusión en la sala que no creo que alguien la haya reconocido.

Draco puso la bandeja en el suelo y dirigió las manos hacia Harry.

—Creo que necesitamos tener una pequeña celebración por haber escapado por los pelos. —Con una sonrisa, Draco alcanzó la túnica de Harry y comenzó a desabotonarla con lentitud.

OoOoOoO

Harry respiró con profundidad y abrió la puerta de la oficina de Snape. Cada sesión con Snape había ido peor que la anterior. Se le estaba haciendo más y más difícil bloquearlo. Las últimas sesiones, Snape había encontrado recuerdos de Draco, y lo había mirado desdeñosamente, cuando el chico intentó bloquearlo.

—¿Avergonzado, Potter? Deberías estarlo. Es una deshonra pensar que estás al nivel de Draco. Lo único que me sorprende es que le haya tomado tanto tiempo entrar en razón.

Después de la primera sesión con Snape, Harry había aceptado, con reticencia, la sugerencia de Draco de pasar tiempo con Cho, como una forma de repeler los ataques de Snape a su mente. Suponía que había ayudado, pero la cita en Hogsmeade había terminado tan desastrosamente que Harry se había arrepentido de ella desde ese día, incluso sin tener que soportar los regaños de Hermione por haber incitado a la chica. Los recuerdos mezclados de Cho y Draco parecían haber alejado a Snape, y por ello, Harry estaba agradecido.

Lo peor de las lecciones de Oclumancia era que, en vez de hacer que sus pesadillas terminaran, parecían ponerse peor. Los sueños del pasillo, la puerta, e incluso las conversaciones de Voldemort, estaban convirtiéndose en una actividad nocturna cotidiana.

Snape estaba parado cerca de su escritorio, esperando a Harry mientras éste entrara a la habitación. Apenas tuvo tiempo de bajar sus libros antes de que el profesor de Pociones levantara su varita y, con una mirada de odio, escupiera:

—¿Listo, Potter? ¡Legilimens!

Harry sintió sus pensamientos volando. Estaba tan exhausto por los eventos del día anterior que sabía que le costaría mucho trabajo proteger sus pensamientos de Draco. Peleó desesperadamente para suprimirlos, para llamar a otros recuerdos, pero podía sentir la incansable búsqueda de Snape.

Sin quererlo, la imagen de Draco y su última vez juntos entró al remolino de pensamientos mientras intentaba jalarlo para mandar un Protego para detener a Snape. Pero había un flujo de imágenes pasando por sus pensamientos… Estaban tendidos en el sillón de cuero, con las piernas entrecruzadas. Draco enderezándose y quitándose la camisa. Draco bajando las manos y desabotonando con lentitud la camisa verde de Harry. Harry quitándosela con prisa y arrojándola al suelo. Harry poniéndose de pie para desabrocharse los pantalones. El moreno gritó para tratar de detener los recuerdos y, con un jadeo de alivio, Harry entendió que Snape había acabado la Legilimens, antes de que el recuerdo avanzara más. El alivio terminó tan pronto como abrió los ojos y vio la furia en el rostro de Snape.

Un puñetazo lo golpeó directo en el rostro y el chico cayó al suelo. Aturdido, alzó la mirada y vio a Snape encima de él.

—¿Cómo te atreves? —le gritó Snape. Harry se arrastró para atrás, temiendo que Snape lo pateara.

—¿Qué? —Harry se tocó la mejilla con la mano temblorosamente. Aún le dolía por el golpe de Snape.

—Dime, Potter, ¿de cuándo era ese último recuerdo? —Snape estaba temblando de furia. Se había apartado de Harry mientras el chico se ponía de pie con dificultad.

El chico respondió, temblando.

—No lo sé… De la primavera pasada, supongo.

—No. Me. Mientas —escupió Snape.

—¿Qué le hace creer que le estoy mintiendo? —respondió con un grito Harry, mientras su miedo se volvía ira por el ataque de Snape.

—Tu ropa, Potter. —Snape lo miró de la cabeza a los pies—. En los cinco años que he tenido la gran desventura de conocerte, no has usado nada más que playeras muggles más grandes y pantalones de mezclilla, bajo esa túnica. Esa camisa de tu recuerdo era una camisa mágica, una camisa mágica nueva. ¿Dónde la compraste?

—Fue un regalo —dijo Harry entre dientes, sin mirar a Snape.

—Un regalo que recibiste este año. —Snape no le dio oportunidad de negarlo—. ¿Cuándo estuviste con Draco? Han estado viéndose todo este tiempo, ¿no es cierto? Y no trates de negarlo.

Harry se hizo para atrás.

—No tengo por qué responder a sus preguntas.

—Te quedarás donde estás, Potter. Voy a volver con Draco. Ni siquiera intentes salir. La puerta estará cerrada hasta que regrese. —Y con eso, Snape salió de la oficina. Harry levantó su mochila y la arrojó contra la puerta, mientras escuchara el seguro activarse.

—¡MALDITA SEA! —gritó a las paredes. Draco. Harry entendió, de golpe, que tenía que avisarle a Draco que Snape estaba en camino. Con rapidez, sacó el galeón de su bolsillo y escribió: "Snape lo sabe".

Draco no tendría tiempo de responder. La sala común de Slytherin no estaba tan lejos, pero al menos tendría un minuto para prepararse, antes de que Snape irrumpiera en su dormitorio. Harry metió la moneda de nuevo en su bolsillo y repasó la oficina con su mirada. Sintió ganas de romper todas las botellas de poción, que descansaban en los estantes. Levantando un libro de pociones que estaba sobre el escritorio, lo arrojó hacia el otro lado del cuarto. Eso lo hizo sentir marginalmente mejor. Revisando el escritorio, para ver qué más podía arrojar, su mirada se enfocó en el pensadero. Harry rio un poco y miró hacia la puerta. Sería una buena idea vengarse de Snape mirando los recuerdos que cuidadosamente había removido en cada sesión de Oclumancia. ¿Cómo se atrevía Snape a invadir en la mente de Harry y ver cada cosa, y luego tener la osadía de proteger sus propios recuerdos?

Sin dudarlo, Harry se acercó al pensadero y se inclinó sobre el borde, sumergiendo el rostro. Lo que vio hizo que se arrepintiera de su impulso de invadir los más secretos recuerdos de Snape. Mientras veía a su padre torturar al hombre, se perdió tanto en el recuerdo que olvidó el inminente regreso de Snape, hasta que sintió que algo lo agarraba. Al girar, vio el furioso rostro del Snape adulto, parado a su lado.

—¿Te diviertes? —dijo Snape con desdén, mientras agarraba el brazo de Harry con más fuerza. El chico sintió que su cuerpo entero vibraba mientras era traído de vuelta al presente. Cayendo al suelo, alzó la mirada para ver a Snape, enojado, y a Draco, confundido, mirándolo.

—¿Cómo te atreves? —le gritó Snape—. ¿Te gustó lo que viste? ¿Pudiste ver la verdad del tipo de hombre que tu padre era en verdad? —Snape giró sus brillantes ojos negros hacia Draco—. Y tú, ¿cómo te atreviste a mentirme? ¿Cómo osas seguir con esto? —Snape le dio un puntapié a Harry. El chico se puso de pie y se alejó de Snape, poniéndose junto a Draco. Ninguno de los dos se atrevió a mirarse, o a mirar a Snape.

La voz del profesor era como lluvia fría, cayendo sobre ambos.

—Idiotas. No tienen idea de los peligros con los que están jugando. Hombres han muerto. Mujeres han muerto. Niños han muerto. Y aun así continúan actuando como si esto no los fuera a afectar. Ustedes dos nunca estuvieron destinados a estar juntos. Salgan de aquí, no tengo tiempo para idiotas.

Harry y Draco salieron con prisa por la puerta. Justo cuando Harry puso su mano en el picaporte, escuchó que Snape decía:

—Potter. No hablarás con nadie acerca de lo que viste esta noche. Ni siquiera con él. Nunca más volverás aquí. Estoy harto de intentar ayudarte. —Harry miró atrás por un momento y vio a Snape parado cerca del escritorio. El chico asintió rápidamente y salió por la puerta detrás de Draco. Mientras la puerta se cerraba, pudo escuchar el sonido de un frasco rompiéndose contra ella.

Draco lo miró. Ambos se movieron para tomarse de las manos instintivamente, a pesar de que estaban a la mitad del corredor. Draco alzó la mano y repasó el cabello de Harry con ella.

—Vayamos abajo. —Harry asintió y ambos giraron para caminar por el corredor.

—Podemos ir por las cocinas —dijo Harry en voz baja—. Será más rápido.

—¿Juntos? —preguntó Draco—. Es un gran riesgo, ¿no crees?

—No me importa. Solo camina detrás de mí, como si estuvieras en tu modo de Malfoy acosador. —Harry se encogió de hombros; estaba increíblemente cansado. Rápidamente, pasó por los pasillos de las mazmorras, mientras Draco lo seguía algunos metros atrás. Cuando llegó a la pintura del tazón de frutas, le hizo cosquillas a la pera y la entrada se abrió, justo cuando Draco llegó por detrás.

—He escuchado de esto, pero nunca había estado aquí abajo.

Harry sonrió.

—Venimos aquí seguido, para un refrigerio en la noche o por comida para las fiestas. —Bajó de un salto los últimos escalones hacia la cocina y repasó el lugar con la mirada. La cena ya había pasado desde hacía rato, y las cocinas estaban casi vacías. Un crujido de loza le indicó que no estaban completamente vacías. Harry se dirigió hacia donde había oído el ruido y vio a Dobby, parado junto a una pila de platos rotos. El pequeño elfo doméstico estaba temblando. Harry se apresuró a llegar junto a él—. Dobby, ¿qué sucede?

—El amo Draco, señor. El amo Draco está aquí. —Dobby alzó su mano temblorosa para señalar a Draco, que seguía parado en las escaleras. Su rostro era la imagen del idiota, altanero y sangre pura que Harry veía cada día en los corredores. Draco miró a Dobby con frialdad y luego se giró para mirar a Harry.

Harry maldijo en voz baja.

—Está bien, Dobby. El amo Draco y yo vamos a un lugar a charlar. ¿Tienes algo que nos pudieras dar como refrigerio? —Sonrió cuando Dobby se obligó a apartar la mirada de Draco, se giró y chasqueó los dedos en el mostrador más cercano. Un plato lleno de sándwiches apareció.

—Gracias, Dobby. Recuerda, este es nuestro secreto. No le digas a nadie que Draco y yo estuvimos aquí abajo. O de mi salida secreta.

—Sí, Harry Potter, señor. Dobby no dirá. —Dobby miró con sospecha a Draco de nuevo, y luego se apartó. Sus nudosas manos se dirigieron a su cabeza y se acomodó uno de los ocho sombreros que balanceaba sobre ella. Retorciendo las manos mientras se iba, giró solo una vez más para mirar a Draco con preocupación.

—Vamos, por acá —dijo Harry, mientras le mostraba a Draco dónde estaba la entrada a los vestidores.

—¿Eso es todo? ¿No vas a amenazarlo? —dijo Draco sin creerlo—. ¿Cómo sabes que no va a decirle a nadie?

—Lo sé porque es Dobby —dijo Harry simplemente—. Me ha salvado, o ha tratado de salvarme, muchas veces. Confío en él. Vamos. —Harry tocó la puerta con su varita y abrió la entrada. El chico iluminó su varita para poder caminar por las escaleras. Después de un momento de vacilación, Draco lo siguió.

Fue con alivio que abrieron la puerta en el otro extremo y entraron a los vestidores. Harry puso el plato de comida sobre el escritorio y sonrió cuando Draco lo envolvió con los brazos. Se quedaron así por un largo rato, disfrutando el silencio y perdidos en sus pensamientos. La frialdad del cuarto y la firme sensación del pecho de Draco subiendo y bajando, contra el suyo, sirvieron para calmar la mente de Harry y aliviar la tensión de sus músculos.

Finalmente, Draco se apartó y miró a Harry.

—Tomando todo en cuenta, creo que lo tomó bastante bien.

Harry soltó una risa temblorosa y negó con la cabeza.

—Si "tomarlo bastante bien" significa que no nos lanzó un Avada Kedavra en ese instante, supongo que tienes razón.

—¿Cómo se dio cuenta? —preguntó Draco.

Harry rio y señaló la camisa que llevaba puesta.

—Encontró un recuerdo en el que uso una de mis nuevas camisas, y supo que tenía que haber sido obra tuya.

Draco gruñó.

—Quieres decir…

—Sí, de ayer. Pero no comprendo por qué Snape pone atención a lo que llevo puesto. Pero lo supo y no estaba feliz… —Harry alzó la mano y la puso sobre la mejilla donde Snape lo había golpeado—. En definitiva, no estaba feliz.

—¿Qué había en el pensadero? —preguntó Draco perezosamente, poniendo su mano sobre la de Harry—. Sus propios pensamientos, quiero creer.

Harry vaciló. Aún no había tenido un minuto para pensar acerca de los recuerdos que había visto de Snape y su propio padre interactuando cuando estuvieron en la escuela. Los recuerdos de su propio padre molestando a Snape.

—No puedo decirte. Quiero decir, hay una razón por la que los puso en el pensadero. No creo que deba…

Draco se inclinó hacia delante y besó a Harry.

—Está bien, no me digas. No quiero saberlo. —Harry se giró y apuntó su varita hacia la banca, transformándola en el sillón.

—Debería regresar, pero ahora mismo solo quiero tomar una siesta. Estoy tan jodidamente cansado. Ya no puedo pensar más. ¿Me haces compañía?

Draco asintió.

—Unos días bastante traumáticos. No puedo esperar a ver qué nos deparará mañana.

Harry asintió cansinamente y se recostó en el sillón. Draco se estiró junto a él y lo rodeó con los brazos. El mago de cabello negro cerró los párpados y cayó rendido antes de que Draco acomodara una manta sobre ambos. El rubio acarició en silencio el oscuro cabello de Harry y miró al techo.


Notas finales:

Recuerden, por favor, hacerme saber si tengo algún error... ¡Sigo siendo humano! Creo...

¡Nos leemos en abril!

Adigium21