Notas de traductor:
Gracias a Waaleej, xonyaa11, kurosakiami01, Violet Stwy, HeartSun, jessyriddle y my dilema por comentar en capítulos anteriores…
¡Segunda parte de Sueños Futuros, gente!
Disfruten…
—Jodido idiota —dijo Draco a su oído, mientras Harry se removía en sus brazos, bajo la divertida mirada de Umbridge—. ¿Qué diablos estabas pensando?
—Toma su varita —le ordenó Umbridge a Draco. El chico metió la mano en el bolsillo de Harry sacó su varita. Harry vio cómo el rubio ajustaba sus facciones a una expresión de diversión, y jugaba casualmente con la varita de Harry en el aire—. Señor Malfoy, sea tan amable de traer al profesor Snape. Dígale que necesito más Veritaserum.
Malfoy miró a Harry. Sus miradas se unieron por un minuto y luego Harry se encogió de hombros. Después de todo este tiempo, sería casi divertido ser descubierto por Umbridge, Snape y Veritaserum. O no, pensó, mientras Draco lo miraba por última vez antes de salir por la puerta.
Cuando Draco regresó con Snape, pudo notar que Draco había sido blanco de los gritos del maestro de Pociones. Estaba pálido, más pálido de lo usual. Snape entró al cuarto y Harry pudo sentir la rabia emanando de él. Casi da un suspiro de alivio cuando Snape le dijo a Umbridge que ya no había más Veritaserum disponible.
No estaba seguro de qué iba a pasar ahora, y cuando Hermione comenzó a balbucear acerca de un arma, el chico la miró incrédulo. Debía tener un plan, pero él no tenía idea de cuál era. Vio que Malfoy lo miraba confundido pero solo se encogió de hombros.
Cuando Umbridge anunció que iba a ir con Harry y Hermione a recuperar el arma secreta, vio que Malfoy se enderezaba. Harry vio que Draco estaba pensando que esa podía ser la oportunidad que necesitaban para escapar. Si Draco podía pasarle su varita, tenían una oportunidad. Tres contra una contra Umbridge lo haría más fácil. Escuchó a Malfoy ofrecerse para ayudar a cuidarlos. Sus esperanzas fueron destrozadas cuando escuchó que Umbridge rechazaba el ofrecimiento de Malfoy. La mujer apresuró a Hermione y Harry para que salieran. El moreno miró por última vez a Draco, parado en medio del cuarto, con expresión seria.
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Harry miró al grupo de Gryffindors que se encontraron con él y Hermione cuando salieron del Bosque Prohibido. Un sonriente Ron le dio su varita.
—¿Cómo escaparon? Em, ¿qué sucedió con Malfoy y los otros?
—Fue casi demasiado fácil. Fue como si quisiera que escapáramos. ¡Ginny le lanzó una maldición de mocomurciélagos!
—¿Qué? —dijo Harry.
—Es genial para ello —dijo Ron, riendo. Harry tenía que reír. Draco iba a estar furioso, pero al menos no quedaría permanentemente lastimado por ella. Miró su varita; sabía que Draco encontraría una forma de ayudar. Deslizó su varita en su bolsillo. Sirius estaba en problemas, habían pasado horas desde que tuvo la visión. Tenía que enfocarse en llegar al Departamento de Misterios.
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Harry bajó lentamente las escaleras de la oficina de Dumbledore. Sus pensamientos estaban llenos de la última visión que tuvo de Sirius desapareciendo detrás del velo, o de la profecía. Perdido en sus pensamientos, Harry chocó con alguien sin darse cuenta. Retrocediendo, se disculpó y miró el pasillo. Éste estaba lleno de alumnos, apurándose para llegar al desayuno. Miró sus sonrientes rostros mientras se movían a su alrededor. No tenían idea, pensó, de que el mundo había cambiado. Para ellos, ese día era justo como el anterior. Deseaba que fuera ayer, deseaba poder dar vuelta al reloj de nuevo y salvar a Sirius.
Tenía que alejarse y solo había un lugar en el que quería estar. Sin importarle que alguien pudiera verlo, sacó su moneda.
"¿Dónde estás?"
"Abajo". Su respuesta fue inmediata. Harry sonrió; sabía que Draco debía haber estado esperando por horas, mirando su moneda, esperando saber de Harry.
"Estaré ahí en un minuto".
"Me da gusto saber que sigues vivo, estúpido idiota". Harry rio sin quererlo y se apresuró a llegar a la entrada de la cocina.
Draco estaba parado en la entrada cuando abrió. Se miraron el uno al otro, intranquilos. Draco lo estaba fulminando con la mirada.
—¿Estás enojado? —preguntó Harry, vacilando. Sabía que Draco tenía todo el derecho de estarlo, pero no tenía energías para otra pelea.
—¿Tú qué crees? —escupió Draco—. Desapareces por doce horas y luego llegas como si hubieras estado dando un paseo.
Harry negó con la cabeza cansinamente.
—Para nada un paseo. Te contaré todo, pero necesito recostarme. No he dormido para nada.
Draco vaciló y luego asintió, mirando la sombría expresión de Harry.
—De acuerdo, también tengo comida aquí. —Harry negó con la cabeza al pensar en siquiera tratar de comer algo. Draco puso su brazo alrededor de los hombros del moreno y éste descansó su cabeza sobre el rubio, mientras entraban con lentitud a la oficina. El moreno se acomodó en el sillón, con Draco descansando a su lado—. Duerme, podemos hablar después. En tanto sepa que estás bien, eso es lo único que importa.
Harry luchó por mantener los ojos abiertos.
—No, necesito decirte. Es acerca de tu padre. —Sintió que Draco se tensaba junto a él—. Fuimos al Departamento de Misterios para rescatar a Sirius, pero era una trampa. Voldemort y tu padre la hicieron para atraparnos.
—Pero escaparon… —dijo Draco, apretando sus brazos alrededor de Harry.
Harry asintió.
—Aunque tu padre no lo hizo. Lo arrestaron a él y a un montón más de mortífagos. —Draco se removió. Harry abrió los ojos para mirar los grises ojos de Draco—. Estuvo feo, Draco. Y terrorífico. Y Sirius está muerto. Y Ron, Hermione, Ginny, todo ellos están en la enfermería…
Draco lo miró.
—¿Pero van a estar bien? —Harry asintió—. No sabía adónde habían ido todos ustedes. Para cuando nos liberamos en la oficina de Umbridge te busqué por todo el castillo. No pude encontrarte. Fue como si hubieras desaparecido en el aire.
—No, no en aire, en thestrals —dijo Harry entre dientes, adormilado—. Entonces, ¿no estás enojado por lo de tu padre?
Draco rio un poco.
—¿Qué? ¿Estar enojado porque mi padre está en la cárcel y no tendré que preocuparme por regresar a casa la semana siguiente para el verano? Por supuesto que no estoy enojado. Duerme, ya me contarás mejor mañana.
Harry despertó y se asustó por un momento cuando entendió que no estaba en su propia cama. Miró a su alrededor y vio a Draco sentado al escritorio, estudiando. Los recuerdos de la noche anterior fluyeron por su mente.
—¿Por fin despierto, dormilón? Comenzaba a pensar que dormirías todo el día.
—¿Qué hora es? —dijo Harry, estirándose. También se dio cuenta, sobresaltado, de que no llevaba ropa. Miró a Draco con expresión inquisitiva—. ¿Y qué pasó con mi ropa?
—Apenas pasan de la una en punto. —Draco se sonrojó, adquiriendo un tenue tono rosa—. Desvanecí tu ropa. Para ser honesto, apestaban. —Caminó hacia un casillero y sacó un par de pantalones y una camisa para el moreno—. Sabía que aún tenías algo de ropa acá abajo. Ve a ducharte y puedes contarme todo, después de que estés limpio.
Harry asintió y caminó hacia las viejas duchas de Quidditch. Mientras el agua caliente caía sobre él, trató de imaginar lo que Draco pensaría de todo lo que había absorbido la noche anterior. De la profecía. Recordaba que Draco no había parecido tan enojado cuando le hubo dicho que su padre estaba arrestado. Esperaba que siguiera calmado cuando escuchara la historia completa. Con un suspiro, apagó el agua y se giró para ver a Draco recargado contra la pared, sosteniendo una toalla. Mientras la tomaba, arqueó una ceja hacia el rubio.
—Me sorprendió que no me acompañaras.
Draco sonrió y negó con la cabeza.
—Por mucho que me habría encantado hacerlo, como que pensé que necesitaba algo de tiempo para acomodar tus ideas. —Harry asintió y se secó con brusquedad. Se vistió rápidamente, poniéndose los mismos pantalones y camisa que, como Harry notó irónicamente, Snape había visto en la lección de Oclumancia.
Draco estiró una mano y jaló a Harry hacia sí.
—Ya te ves mejor, no casi moribundo como hace rato. —Harry se estremeció involuntariamente por la elección de palabras de Draco—. ¿Listo para hablar? —El moreno suspiró y asintió. Draco lo llevó al sillón y se sentó en la esquina, acomodando al moreno en su regazo—. Habla.
Dudoso al principio, Harry comenzó a hablar, contándole todo lo que había pasado en el Departamento de Misterios, todo lo que Dumbledore le había contado.
Cuando terminó de hablar, Draco estaba callado. Su rostro no mostraba emociones y Harry estiró la mano tentativamente, tocando la mejilla de Draco.
—Dijiste que no estabas molesto porque hice que arrestaran a tu padre. ¿Estás seguro?
Draco se giró para poder mirar a Harry a los ojos.
—No hiciste que arrestaran a mi padre. Él se lo buscó. Decidió poner una trampa para atraparte. No tomes la responsabilidad por cosas que tú no hiciste, Harry. —Draco respiró con profundidad—. Eso es mucho por asimilar. —Harry asintió.
—Una cosa es saber que alguien está tratando de matarte, o quiere matarte. Otra muy diferente es descubrir que tendré que matarlo si quiero vivir.
—¿Crees poder hacerlo? —preguntó Draco—. ¿Matarlo?
Harry se levantó del sillón y comenzó a caminar.
—¿Cómo se supone que lo haga? Él es uno de los magos más poderosos que existen, y yo solo soy un chico de quince años que probablemente repruebe la mitad de sus TIMOS. ¿Cómo se supone que haga esto?
—Encontrarás la forma, siempre lo haces —dijo Draco—. Mira lo que tú y tus Gryffindors lograron anoche. —Harry dejó de caminar por el cuarto para mirar a Draco.
—Pero mira lo que costó. Sirius murió por mi culpa. Ron y Hermione podrían haber sido asesinados también. Podríamos haber muerto. —Draco se acercó y puso sus manos en los hombros de Harry.
—Sirius escogió ir a rescatarte. Así como tú escogiste rescatarlo cuando pensaste que estaba en peligro —dijo Draco con suavidad—. Lamento mucho que lo hayas perdido. Sé que era muy importante para ti.
Harry descansó su cabeza sobre el pecho del rubio.
—Es que no es justo. ¿Por qué todos a los que les importo tienen que irse? —dijo entre dientes, odiando cuán patético sonaba.
—Oye, a mí me importas. Yo te amo. Y sigo aquí —dijo Draco, envolviendo a Harry en un fuerte abrazo—. Y gracias a ti, será seguro para mí regresar a casa este verano. Con mi padre y todos sus asociados encerrados, imagino que Ya-Sabes-Quién va a estar muy ocupado reclutando gente, como para quedarse en la mansión.
—Gracias a Merlín por eso —dijo Harry—. Durante el último mes, he estado tratando de pensar en una forma de alejarte de ahí. Mi último plan era aturdirte y encerrarte en mi baúl, y abrirlo hasta estar en Privet Drive.
—¿Un verano entero encerrado en tu dormitorio, contigo? —Draco sonrió lentamente—. Tal vez debas revisar ese plan.
Harry sonrió y checó la hora.
—Tengo que ir a la enfermería, van a estar preguntándose por qué no he pasado a verlos aún.
Draco torció los labios.
—Espero que entiendan que necesitabas recuperar el sueño.
—Bueno, ellos estuvieron despiertos toda la noche también. Y yo fue el único que no salió herido. Parece poco justo, dado que los puse a todos en riesgo.
Draco abrió la boca para discutir ese punto, pero solo negó con la cabeza y dijo:
—¿Cuándo podemos vernos de nuevo? Solo quedan un par de días de escuela.
—¿Mañana? Te mandaré un mensaje una vez que sepa cómo están mis amigos.
Draco asintió.
—Vale. Vamos a tener que tener algún tipo de pelea allá arriba. En cuanto todos descubran lo que pasa, van a esperar que no te ataque.
Harry rio.
—Cuando saliste por el Veritaserum, lo único en lo que podía pensar era en las expresiones que todos pondrían si Umbridge hacía la pregunta incorrecta y el suero me hacía contar lo nuestro.
Draco negó con la cabeza.
—No te habrías reído si hubieras sido el que tuvo que entrar a la oficina de Snape y decirle qué estaba pasando.
—¿Estaba enojado? —preguntó Harry.
—Furioso —dijo Draco con una mueca—. Tuvo que romper la última ración de Veritaserum para no tener que mentirle a Umbridge al decirle que ya no tenía.
—Olvidé agradecerte por dejar ir a todos —dijo Harry, sonriendo—. ¿Cuánto les tomó desaparecer los mocomurciélagos de Ginny?
Draco gruñó.
—Dos segundos es demasiado para que esas desagradables cosas estuvieran volando por ahí. Goyle no pudo dejar de reír lo suficiente como para hacer un Finite.
—¿Entonces Crabbe y Goyle no sospechan nada?
—No, aflojé los amarres de las comadrejas cuando no estaban mirando, y eso fue todo lo que necesitaron para escapar. —Draco miró a Harry—. Me debes una muy grande por eso.
—Te prometo que te lo recompensaré mañana. —Harry miró con arrepentimiento a Draco—. Tengo que irme.
Draco asintió.
—Te veré mañana.
Harry asintió y, con rapidez, se dirigió a la salida.
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Los siguientes días pasaron rápidamente. Harry se sintió aliviado cuando Ron, Hermione y todos los demás que sufrieron heridas en el ataque al Departamento de Misterios fueron liberados por la señora Pomfrey al final de la semana. Tuvieron un par de días para disfrutar del clima de junio antes de que el expreso de Hogwarts saliera. A pesar de que significaba que él y Draco solo pudieron verse por un par de horas. Draco recibió una carta de su madre, asegurándole que era seguro regresar. Su padre y el resto de los mortífagos, en un juicio increíblemente veloz, habían sido sentenciados a cumplir cadena perpetua en Azkabán. Harry suspiró profundamente por las noticias. Deseaba que hubiera una forma de convencer a Draco de que hablara con Dumbledore y le pidiera ayuda, pero saber que su padre estaba encerrado ayudaba.
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—¿Dónde has estado? Ya es casi hora de salir para Hogsmeade. —Harry se giró en su caminar para ver a Draco, entrando por el túnel de Slytherin.
—Lo lamento, los Slytherins están al borde, dado que todos van a regresar a casa y la mitad de sus padres están en prisión —dijo Draco secamente—. No todos lo ven como la bendición que yo veo.
—Oh. —Harry no sabía qué decir. Sabía que era difícil para Draco siempre tener que actuar dos roles diferentes en la escuela.
—Olvídalo. Solo alégrate porque no tuviste que caminar por la sala común de Slytherin hace una hora. Hablando de eso, vamos a atacarte en el tren —dijo, sonriendo.
—¿En serio? —Harry rio—. ¿Debería preocuparme?
—No es algo que no puedas manejar, estoy seguro —dijo Draco—. Aunque preferiría que nuestras despedidas fueran besos y no maldiciones. —Metió la mano en su bolsillo y sacó una caja pequeña y rectangular.
—¿Qué es esto? —preguntó Harry, mientras el rubio se la daba.
—Tu regalo de cumpleaños —dijo Draco, encogiéndose de hombros—. Desearía poder pasar tu cumpleaños juntos, pero no creo que eso sea posible por un par de años, ¿verdad?
Harry negó con la cabeza y sonrió, incitante.
—No, a menos que quieras volar a mi hogar y conocer a mis tíos.
Draco se estremeció.
—No, gracias. ¿Por qué no lo abres ahora? Sé que falta un mes para tu cumpleaños, pero… —Harry sonrió y le quitó el listón a la caja, rompió el papel y levantó la tapa. Una gruesa banda de oro y plata, entrelazado, descansaba en la caja.
—¿Un collar? —dijo Harry, sorprendido.
Draco rio.
—Llámalo una cadena, si collar suena muy snob para ti. Puedes usarlo bajo tu camisa. Supuse que nadie podría verlo ahí, pero ambos lo sabremos.
Harry metió la mano y lo levantó.
—Gracias, es hermosa.
—Dale la vuelta. —Draco puso la caja a un lado y agarró a Harry de la cintura, sin apretar. Harry le dio la vuelta a la cadena. En el otro lado, había una inscripción.
Amor unus animus duorum corporum habitants
—Em, mi latín está un poco oxidado.
Draco sonrió.
—Tu latín no existe. Es una cita de Aristóteles. "El amor es una sola alma habitando dos cuerpos".
Harry sonrió.
—Es perfecta, gracias.
Draco asintió.
—Quería que pudieras sentirla tocando tu piel, y que supieras que desearía poder estar contigo. Que supieras que te amo.
Harry asintió.
—Te amo —dijo, vacilando. De golpe, decidió hacer la pregunta que había estado en su cabeza por días—. ¿Crees que el otoño que viene, dado que tu padre está encerrado, podamos…? —Su voz comenzó a apagarse; no quería expresar sus ideas.
—¿Salir de nuestro escondite? —terminó Draco por él. Harry asintió, feliz de que Draco hubiera pensado lo mismo—. He estado pensándolo también. Tal vez podamos hablarlo cuando regresemos, ¿te parece? Pensar en un plan. No es algo que podamos hacer simplemente entrando al Gran Comedor agarrados de la mano.
—De hecho, estaba pensando justo eso. Valdrían la pena todas las maldiciones solo por ver las expresiones de todos si nos besáramos a la mitad del banquete de bienvenida.
Draco lo miró, incrédulo. Luego, solo rio.
—Y yo sería apresado por aurores para ver cómo fui capaz de encantarte o de darte una poción de amor. No estoy diciendo que no podamos, es solo que quiero hacerlo con cuidado. ¿Te parece?
Harry asintió.
—Eso me basta para soportar el verano. ¿Crees poder mandarme mensajes?
Draco sonrió.
—No debería ser un problema, pero déjame contactarte primero. Solo quiero regresar a la mansión y asegurarme de que no haya ninguna sorpresa inesperada.
—Estaré esperando. Me alegro de que este verano tengamos una manera de estar en contacto. El verano pasado fue horrible.
Draco se encogió de hombros.
—Será rápido y luego estaremos de vuelta aquí. Deberíamos irnos. —Besó a Harry, jugueteando con sus lenguas. Cuando se separó, sonrió—. No olvides agacharte cuando veas a los Slytherins cargando contra ti en el tren…
Notas finales:
Con esto, damos por terminado el quinto año. Después de esto viene un paseo más que tumultuoso. No quiero contarles más, porque serían muchos spoilers, pero tengo la sensación de que no les gustará.
Los leo luego…
Adigium21
