Notas de la autora:
¡ADVERTENCIA MAYOR DE ANGST! Por favor, créanme cuando les digo que este capítulo (y el siguiente) serán malos. Tengan un Kleenex a la mano. Todo estará bien en su momento, pero los siguientes dos capítulos molestarán mucho. Y luego las cosas se arreglarán lentamente para Harry y Draco.
Notas de traductor:
Gracias a xonyaa11, Violet Stwy, Adriana11, kawaiigiirl, miredraco, mydilema y jessyriddle por dejar un review en el capítulo anterior o alguno de los anteriores.
Llevo esperando con ansias esta parte de la historia. Prepárense…
La primera noche de su regreso a Privet Drive, Harry desempacó y acomodó a Hedwig en su jaula. Estaba ansiosamente atento de la moneda en su bolsillo, esperando por la señal de que Draco le había mandado un mensaje. El tío Vernon y la tía Petunia lo ignoraron olímpicamente durante la cena, excepto cuando su tía le dio una lista de todo lo que se suponía que tendría que hacer al estar en casa. Dudley estaba fuera, en alguna parte con sus amigos. En cuanto terminó de lavar los platos, regresó a su habitación. Draco había dicho que él le mandaría un mensaje en cuanto pudiera, y habían pasado horas. Cuando escuchó al reloj indicar que era medianoche, Harry finalmente se acurrucó en su cama y se durmió, apretando con fuerza la moneda. Despertó en la mañana y checó la superficie; aún no había mensaje. Harry entró al baño y se mojó el rostro. No había razón para preocuparse, se aseguró. Bajó las escaleras y comenzó sus deberes. La tía Petunia siempre cancelaba el servicio de limpieza durante el verano. No había razón para gastar dinero cuando Harry podía hacerlo todo gratis.
Periódicamente, durante el día, sacaba la moneda. Aún no había mensaje. Cada vez, dejaba caer la moneda lentamente en el bolsillo de los desgastados pantalones de Dudley. Había dejado toda la ropa que Draco le había regalado de Navidad en los vestidores. Mirando los pantalones grandes, sostenidos por un cinturón, supo que Draco odiaría verlo con ese aspecto. Solo ocho semanas, se dijo a sí mismo. Podía soportar ocho semanas sin Draco. Sintió el peso de la cadena alrededor de su cuello y creyó sus palabras.
Para la tercera mañana, al despertarse y no encontrar un mensaje de Draco, arrojó la moneda hasta el otro lado de la habitación por la frustración. Casi de inmediato, salió de la cama para recogerla de donde había caído, detrás del escritorio. Era peor, entendió; tener un modo de comunicarse y no obtener mensaje. El verano pasado no había estado tan ansioso, pues sabía que no sabría nada de Draco. No pasa nada, se dijo a sí mismo. Probablemente Draco está pasando un lindo rato con su madre, sin tener que preocuparse de que su padre esté en casa.
Cuatro días después, en el cobertizo del jardín, Harry maldijo cuando el rastrillo que había intentado agarrar tiró una pila de periódico. Aún tenía que terminar de quitar la mala hierba de las flores, antes de que llegara el tío Vernon. Tirando el rastrillo, comenzó a apilar los periódicos otra vez. De pronto, la palabra Wiltshire atrapó su atención. Rápidamente, tomó el papel y se sentó en el piso lentamente; luego, vio el encabezado: "Tercer joven de Wiltshire, desaparecido".
Revisando el artículo con rapidez, dio un suspiro de alivio cuando llegó a la descripción de los chicos perdidos. Todos tenían el cabello oscuro; no había un rubio entre ellos. Harry sabía que estaba siendo tonto. Incluso si Draco estaba perdido, no estaría escrito en un periódico muggle. Le aliviaba saber que, al menos, quien fuera que estuviera secuestrando a los chicos no iría detrás de un rubio como Draco. Harry puso el periódico de nuevo en el montón y salió al jardín. Por primera vez, agradeció tener todo el trabajo que los Dursley le obligaban a hacer. Eso le ayudaba para mantener su mente ocupada, y no pensando en por qué Draco no se había puesto en contacto.
Para el día diez, se obligó a mantener la moneda en su bolsillo. No la sacaba para checarla. Aún dormía con ella, apretada en la mano, solo porque no quería perderse ningún mensaje por estar dormido.
Para el día quince, contempló la idea de ir volando a la mansión Malfoy. El hecho de que no sabía en dónde se localizaba en Wiltshire no parecía ser un obstáculo tan grande.
Al día siguiente, Harry tuvo entre sus manos la carta de Dumbledore, donde le explicaba que el hombre vendría a visitarlo. Por un breve y terrible minuto, se preguntó si Dumbledore iba en camino a decirle que algo le había pasado a Draco. Rápidamente, volvió en sí y recordó que Snape era el único que sabía lo de Draco y él. Y era poco probable que el profesor lo fuera a contar.
Harry dejó su baúl a medias, esperando la hora a la que Dumbledore dijo que iba a llegar. Aún no se atrevía a hacerse esperanzas de que el director llegara, así que no terminó de empacar. Sacó la moneda de su bolsillo. Dos semanas y media sin una palabra. Por milésima vez, Harry se recordó que habían pasado el verano entero sin una sola palabra. Pero había pensado que ese verano sería diferente. Draco no tenía que preocuparse por su padre. La única razón por la que no le mandaría mensaje era porque había cambiado de opinión acerca de lo suyo, o porque algo más estaba deteniéndolo. Harry se sentó en el borde de su cama, mirando la moneda; no sabía cuál de las dos opciones le daba más miedo.
El timbre sonó. Harry se puso de pie de un salto y bajó las escaleras corriendo, para llegar a la puerta antes que el tío Vernon.
OoOoOoO
La emoción de estar de vuelta en la Madriguera ayudó a Harry a quitar de su mente a Draco, pero su recuerdo era una constante sombra que lo perseguía. Con el corazón pesado durante su cumpleaños, metió la moneda en su bolsillo mientras se vestía. Cuatro semanas más. Se sentó y sacó los dibujos del fondo de su baúl. Tocando el dibujo que Draco había creado para su cumpleaños anterior con la varita, Harry suspiró con pesadez mientras veía la imagen de él y Draco aparecer. Casi no sintió el calor en su bolsillo, pero al hacerlo saltó y tomó la moneda frenéticamente, mientras buscaba por el suelo dónde había caído su varita al ponerse de pie.
"Feliz cumpleaños".
"¿Dónde estás? ¿Estás bien?"
"Mal verano".
"¿Qué pasó?"
"Te amo".
"Yo también te amo. Dime qué pasó".
"Recuerda que siempre te amaré".
"Draco, ¿qué sucedió?"
"Me tengo que ir".
"Maldita sea. ¿Qué pasó?"
No hubo respuesta. Harry se sentó en la cama, luchando contra las ganas de gritar de la frustración. No sabía cuándo se había sentido más asustado. Algo malo le había pasado a Draco. No tenía idea de qué hacer, o a quién acudir por ayuda. Dumbledore. Tenía que intentar ponerse en contacto con Dumbledore. Debía haberle dicho algo a Dumbledore cuando lo vio, pero había temido estarse asustando por nada. Ahora, sabía que algo andaba mal y tenía que hacer algo. Rápidamente, Harry se acercó al escritorio y sacó un pedazo de pergamino. Metiendo la pluma en la tinta, miró la superficie en blanco. Su mano temblaba, y gotas de tinta caían desde la punta de la pluma. ¿Qué podría decirle? "Querido Dumbledore, Draco y yo hemos estado saliendo en secreto por dos años y algo malo le ha pasado". Harry rio amargamente y bajó la pluma. Bueno, Dumbledore no. ¿Snape? En lo que concernía a Harry, Snape podía ser la razón por la que Draco estaba teniendo un "mal verano".
Cerrando los ojos, comenzó a ver estrellas y entendió que había comenzado a hiperventilar. Se obligó a calmar su respiración. Caminó hacia la ventana y miró el horizonte, sin verlo en realidad. La mansión Malfoy. Draco tenía que estar en la mansión. Wiltshire no estaba tan lejos de la Madriguera. Harry giró y se dirigió hacia la puerta, chocando con Ron al pasar por el pasillo.
—¿A dónde te desapareciste? Estamos a punto de comenzar un juego de Quidditch.
—Oh, sí. No me siento muy bien ahora.
Ron lo miró, incrédulo.
—¿No tienes ganas de jugar Quidditch? Déjame llamo a mamá. Debes haberte contagiado de algo.
Harry se obligó a reír; incluso para él, sonaba débil.
—Nah, solo estoy pensando en cosas.
Ron entrecerró los ojos.
—¿Estás bien?
—Sí, ve. Saldré en un rato. —Harry trató de sonreír, para asegurarle a Ron que estaba bien, y se sintió agradecido cuando el otro chico solo asintió.
—Vale, pero no esperes mucho tiempo.
Harry se hundió en la cama en cuanto oyó que Ron bajaba por las escaleras. Podía preguntarle a la señora Weasley dónde estaba la mansión Malfoy, ella lo sabría. Bajó en busca de la madre de Ron, que siempre podía ser hallada en la cocina. Pero ahí no estaba. En su lugar, Hermione estaba sentada a la mesa, estudiando Aritmancia.
—Hola, Harry. Pensé que estabas afuera con el resto, jugando Quidditch.
—No tenía ganas. —Harry se pasó una mano inquieta por el cabello—. ¿Sabes dónde está la señora Weasley?
—Salió a ver a los Tonks. La señora Tonks le pidió una de sus recetas. ¿Por qué?
—Nada más. —Harry se hundió en una de las sillas y descansó su adolorida cabeza en sus manos.
—¿Estás seguro de que estás bien?
—Sí, solo tengo un dolor de cabeza. —Harry negó con la cabeza cuando vio la alarmada expresión de su amiga—. No de ese tipo. Solo un dolor de cabeza regular.
Hermione asintió y se acercó a una alacena, sacando un frasco de poción. Luego, lo puso enfrente de Harry.
—Aquí está el remedio de la señora Weasley para el dolor de cabeza, debería servir.
Harry asintió, pero no se movió para tomarlo.
—Hermione, ¿sabes dónde está la mansión Malfoy?
—Wiltshire, ¿no es así? —dijo Hermione, alzando la cabeza.
—Sé que está en Wiltshire, pero, ¿sabes dónde está con exactitud? —Harry ni siquiera se preocupó de que su pregunta no tuviera sentido.
—Bueno, nadie lo sabe, ¿no? A menos que los Malfoy quieran que se sepa. Es inmarcable, justo como Grimmauld Place.
Harry sintió que su corazón se detenía.
—¿En serio?
—Claro, es por eso que le causa tantos problemas a la Orden. Ellos saben que Tú-Sabes-Quién está ahí… pero no pueden encontrar dónde está. Lupin ha estado repasando el área por semanas.
—Oh. —Harry se puso de pie y se obligó a caminar hacia la puerta. No había algo que él pudiera hacer. Incluso si le contaba a todos, no serían capaces de rescatar a Draco si no podían encontrar la mansión.
—¿Harry, qué sucede? —Hermione tenía una expresión preocupada en su rostro—. Puedes contarme.
—No puedo. Lo siento —tartamudeó. Rápidamente, salió por la puerta, cerrándola con suavidad detrás de él. Se sentó en los escalones. Sosteniendo la moneda en su mano, deseó que le llegara otro mensaje del rubio. Las cortinas que cubrían las ventanas se movieron; el moreno no vio a Hermione mirándolo desde la cocina, preocupada.
OoOoOoO
Dos días después, callejón Diagon.
Harry salió de la tienda de túnicas de Madame Malkin. Sentía que le habían arrancado el corazón del pecho. Repitió el encuentro que acababa de tener con Draco. El rubio se había mostrado enojado y despiadado. No había nada que indicara que todo era en broma. Durante todas las peleas que habían fingido en Hogwarts durante los últimos dos años, siempre habían encontrado la forma de mostrar que se preocupaban por el otro. Una sonrisa oculta, un guiño divertido, un toque gentil que nadie más podría ver. Draco lo había visto fríamente y había salido de la tienda sin mirar atrás. Harry sintió una mano en su brazo y saltó. Giró la cabeza y vio a Hermione, parada al lado de él.
—¿Qué pasó ahí, Harry? —dijo, señalando la tienda con la cabeza—. ¿Todo está bien?
Harry la miró a los ojos, que mostraban preocupación. Por solo un momento, se preguntó si lo sabía, pero luego se sacudió ese sentimiento.
—Solo la típica mierda de Malfoy, ¿no? —Trató de sonreír, pero sabía que había fallado miserablemente.
—¿Eso fue?
Harry se obligó a quitarse la sensación de pavor.
—Bueno, parecía extra enojado, ¿verdad? Como si no quisiera que descubriéramos algo. Me pregunto qué se trae entre manos.
—Imagino que solo está enojado porque su padre fue enviado a Azkaban —dijo Hermione.
—Eso, o algo más. —Harry giró mientras Ron se les unía. Se obligó a sonreír—. ¿Deberíamos ir a ver a tu mamá ahora y ver la tienda de Fred y George?
Sortilegios Weasley era más sorprendente de lo que Harry se había podido imaginar. La tienda se veía genial y era claramente un suceso. El moreno seguía tratando de entender qué había pasado en la tienda de túnicas cuando vio a Draco caminar junto a la tienda. Le dijo a Ron y Hermione que no tardaría en volver, que iba a ver a dónde estaba yendo Malfoy. Para su mala fortuna, ambos insistieron en acompañarlo.
Una media hora después, estaban de vuelta. Harry apenas podía prestar atención a las conversaciones que ocurrían a su alrededor, mientras intentaba desesperadamente pensar en otra explicación para lo que había visto. Se apartó y entró a la parte trasera de la tienda. Sacando su moneda, le mandó un mensaje a Draco.
"¿Qué sucede? ¿Qué te pasó?"
No hubo respuesta.
"D, estoy realmente preocupado. Háblame".
"D, te amo".
Su moneda se mantuvo fría en su mano, entibiada solo por el calor de su piel. Harry respiró temblorosamente. Tal vez Draco no traía la moneda consigo. Tal vez su madre estaba cerca y no podía mandar un mensaje. Había muchas razones para explicar por qué no había respondido, pero Harry sabía que, lo que fuera, tenía que ver con la conversación que había tenido Draco con el dueño de Borgin y Burkes.
Harry abordó el tren días después con alivio. Pronto, muy pronto, sería capaz en confrontar a Draco y descubrir qué estaba pasando. Se tocó el cuello y sintió la cadena alrededor de él. Sabía que, sin importar lo que había pasado, ambos podrían superarlo. Lo que fuera que había pasado con Draco, él lo arreglaría. Días antes, Harry se había obligado a dejar de especular acerca de lo que había pasado en la mansión Malfoy. Se estaba volviendo loco tratando de adivinar.
Harry no buscó a Draco en el tren. Si el Slytherin quería encontrarlo, lo haría. Eso solo lo llevaría a sentirse más frustrado porque no podrían ser capaces de hablar libremente sin el peligro de que alguien los escuche. Esa resolución le duró hasta que estaban muy cerca de Hogwarts. Harry se había mordido las uñas al instante. Draco ni siquiera había venido para mofarse de él, como lo había hecho el año pasado. Después de que la interminable cena con el profesor Slughorn terminara, se puso la capa de invisibilidad y siguió a Blaise Zabini, de regreso al compartimiento donde sabía que Draco estaba.
El moreno se metió al compartimiento de Draco detrás de Zabini, y se trepó con presteza a la repisa del equipaje. Sabía que Draco lo había visto subir. Escuchó a Draco alardear con sus amigos. Harry apenas podía evitar temblar. Por fin, el tren llegó a Hogsmeade. Los Slytherins reunieron sus cosas lentamente y comenzaron a salir. Harry casi pensó que Draco iba a dejarlo con ellos, pero en el último minuto giró y le dijo a Crabbe y Goyle que no lo esperaran. La puerta se cerró y Draco caminó hacia la ventana, bajando las persianas.
—Baja ya, Harry. —El moreno descendió de la repisa, tropezándose un poco pues sus piernas estaban entumidas por haber estado encogido por tanto tiempo, y protestaron por el movimiento.
—¿Qué diablos está sucediendo, Draco? —Harry se acercó desde atrás del rubio, poniendo las manos sobre sus hombros y girándolo. Miró, sorprendido, a Draco; las lágrimas que surcaban su rostro. El rubio estaba temblando. Harry alzó las manos y retiró las lágrimas—. ¿Qué sucedió? ¿Qué anda mal?
Draco abrió la boca pero Harry nunca escuchó su respuesta. El hechizo de la figura alta y oscura, en la entrada, golpeó a Harry directo en la espalda, y el chico cayó al suelo con un fuerte golpe, antes de que Draco pudiera atraparlo.
—Pensé que habíamos acordado que no hablarías con él. Así, solo empeorarás las cosas. —La fría voz de Snape hizo eco en el compartimiento, mientras entraba al estrecho espacio.
Draco se limpió la cara y se obligó a no mirar la inerte figura en el piso.
—Vino para acá, se metió a escondidas, hace como media hora. Estaba escondido bajo su capa. —Apretó la mandíbula—. Quería saber qué sucedió. Sabe que algo anda mal.
—Pronto no sospechará nada. Hemos repasado esto muchas veces. Si quieres darle una oportunidad de vivir, si quieres que tu madre viva, ya sabes qué tienes que hacer —dijo Snape, sin un dejo de emoción—. Saca tu varita y haz lo que necesitas hacer, antes de que vuelva en sí.
Draco metió la mano en su bolsillo y sacó la varita. Cayó de rodillas junto al cuerpo de su amor. El rubio apuntó con la varita hacia la frente del moreno, pero su mano temblaba tanto que la dejó caer.
—No puedo hacerlo.
—Tienes que hacerlo. Ahora.
Draco asintió y se cubrió los ojos con la manga, mientras se obligaba a alzar su varita de nuevo.
—Justo como lo practicamos, Draco. —Por primera vez, la voz de Snape tenía un deje de compasión—. Es la única forma.
—Delens dilectione mea. Obliviate memoriam amoris. Biennio tribus mensibus (1).
Draco sintió la magia recorrer su varita. Se sacudió cuando vio el trémulo brillo violeta, dorado y azul que emanó de la frente de Harry hacia su varita. Por fin, la última sombra de color desapareció y el rubio dejó caer la varita. Apoyó su cabeza sobre el pecho de Harry, sintiendo el sólido latido del corazón del Gryffindor. Un quejido de dolor atravesó su propio pecho y luego tomó al moreno por los hombros, acomodándolo sobre su regazo. Dejó salir las lágrimas que había estado aguantando por tanto tiempo. La cabeza de Harry caía flojamente sobre la suya. Draco se movió y besó a Harry una última vez. Draco asintió y, respirando con dificultad, acomodó a Harry con gentileza sobre el suelo de nuevo.
—Déjame revisar —dijo Snape suavemente. Señaló a Harry con su propia varita—. Legilimens. —Draco se sentó y miró el rostro de Harry, acariciando su mano gentilmente—. Ya está hecho. No hay necesidad de más. Cualquier recuerdo que quede estará tan desconectado que no tendrá sentido. Quítale el collar. —Draco se estremeció pero bajó la camiseta de Harry, exponiendo la cadena dorada y plateada. Con los dedos temblorosos, la desabrochó y la quitó. El metal se sentía tibio en su mano—. Sacaré los dibujos de su baúl. ¿Hay algo más que él pueda tener que sea tuyo? —Draco negó con la cabeza, aun mirando la cadena. Le dio la vuelta y repasó la inscripción con sus dedos.
—Ya sabes qué tienes que hacer cuando vuelva en sí. Hazlo. Debemos apresurarnos. —Snape salió del compartimiento y, rápidamente, caminó por el pasillo. Draco escuchó cómo sus pasos se alejaban. Bajó la mano y retiró el cabello de los ojos de Harry. A través de las lágrimas, sonrió un poco mientras intentaba desenredar el desastre que era el cabello del moreno.
—Te amo, Harry. Siempre te amaré. Sé que nunca lo sabrás pero yo sí lo sabré, y ahora podrás vivir. Tienes que hacerlo; necesitas destruirlo, Harry. Sé que no estaré cerca cuando por fin lo hagas, pero regresaré y te atormentaré hasta que lo consigas. Hazlo por nosotros, Harry, por Cedric, por mi madre. Por favor, Harry. —Las lágrimas de Draco descendieron y cayeron sobre las mejillas de Harry. El rubio se apartó cuando vio que una mejilla de Harry se movía al contacto. Estaba despertándose. Respirando profundamente, se limpió las lágrimas de nuevo. Retirando las últimas marcas de llanto de su rostro, se puso de pie y dio dos pases hacia atrás, viendo cómo Harry abría los ojos desconcertadamente. Los verdes ojos repasaron el lugar con la mirada, confundidos, y luego se enfocaron en Draco.
El rubio alzó la varita.
—Petrificus Totalus.
El cuerpo de Harry se congeló en su lugar.
—Pensé que te había visto ahí, Potter. No eres tan astuto como crees. —Draco apretó los dientes mientras veía esos verdes ojos, enfocados en él. Obligándose a no pensar en lo que estaba a punto de hacer, hizo para atrás el pie y lo pateó con fuerza en la cara. La sangre se esparció por el suelo y manchó la camiseta de Harry—. Eso fue por mi padre. —Recogió la capa de invisibilidad de Harry y la arrojó sobre el Gryffindor, para luego salir del compartimiento.
Snape estaba esperándolo. El maestro de pociones le dio al rubio un fajo de dibujos.
—¿Estos son todos? —Draco repasó sin cuidado los dibujos y asintió. Se alejó sin decir una palabra. Si Snape dijo algo más, él no lo escuchó. Bajó del tren y se giró automáticamente hacia el camino que lo llevaría a Hogwarts. La alta figura de su padrino caminó junto a él. Mientras se acercaban a las puertas que marcaban la entrada del castillo, Snape puso su mano sobre el hombro de Draco, deteniéndolo. Draco apartó la mano con enojo.
—Hice lo que tenía que hacer —dijo Draco—. No pidas más de mí.
—Nada más, pero necesitas tomar esto. —Snape le ofreció un frasco delgado.
—¿Qué es esto? —A Draco no le importaba en realidad; habría tomado veneno con gusto, si con eso detenía el dolor.
—Un elevador del humor. Tu actuación aún no ha terminado. Debes actuar tu papel convincentemente —dijo Snape—. Los efectos duran poco, pero te ayudará durante el banquete.
Draco estiró la mano y se tragó la poción dulce y enfermiza sin una palabra. Continuó caminando, perdido en sus propios pensamientos, mientras Snape regresaba a cuidar la puerta. A esperar a que Potter fuera encontrado.
OoOoOoO
"Pip Pip"
Draco no había prestado atención a palabra alguna que Dumbledore había dicho durante su discurso. Solo se había enfocado en tratar de pasar el banquete sin vomitar. Harry había entrado al Gran Comedor a la mitad de la cena, y su ropa seguía manchada de sangre. Draco miró cómo Hermione y Ron se apresuraban a llegar a su lado. Weasley había pasado el resto de la comida fulminando con la mirada a Draco; sabía que Harry debía haberles contado lo de la nariz rota.
Draco sentía oleadas de nausea cada vez que pensaba en su pie, impactando el rostro de Harry. Pero había actuado su parte como le había prometido a Snape que lo haría: había bromeado con sus compañeros Slytherins, les había contado con alegría a Crabbe y Goyle que le había roto la nariz a Harry—maldita sea, a Potter. Sabía que tenía que comenzar a pensar en él como Potter, pero no podía hacerlo. Ahora, siempre sería Harry para él. Su mano se metió en el bolsillo de la moneda, que sabía que nunca más le transmitiría un mensaje. No le había dicho a Snape acerca de las monedas. Harry nunca sabría de dónde había venido la misteriosa moneda en su bolsillo y la desecharía. Pero Draco podía, con un movimiento de varita, ver los últimos mensajes que Harry le había mandado, y eso era todo lo que le quedaba.
Escuchando el sonido de las sillas moviéndose, y el emocionado parloteo de los de primer año saliendo del Gran Comedor, Draco repasó el lugar, y su atención se dirigió automáticamente a la mesa de Gryffindor. Contuvo el aliento cuando vio que Dumbledore estaba parado junto a Harry, con sus manos sobre los hombros del moreno. Incluso a dos mesas de distancia, Draco podía ver que los azules ojos del director estaban fijos en los verdes de Harry. El cuerpo de Dumbledore se tensó de repente y el rubio se congeló por un momento. Con una sonrisa forzada, el director palmeó la espalda de Harry y se alejó. Harry se paró, con una expresión confundida en el rostro por un momento, y luego se giró hacia Ron y Hermione, encogiéndose de hombros.
Con un sobresalto, Draco entendió que Dumbledore estaba caminando directo hacia la mesa de Slytherin. Directo hacia Draco. El chico dio un paso hacia atrás, casi cayéndose por encima de la banca. Frenéticamente, su mirada se dirigió a la mesa de profesores. Vio que Snape se ponía de pie y se movía hacia él de igual manera.
—Draco. Me gustaría hablar contigo en mi oficina, si fueras tan amable. —Dumbledore llegó a su lado. Draco no dijo nada; estaba teniendo un ataque de pánico. Casi colapsó, agradecido, cuando escuchó la voz de Snape a su lado.
—Draco ha tenido un día muy difícil, Albus. Seguramente, puede esperar hasta mañana. —Los fríos tonos recorrieron a Draco mientras éste miraba el suelo. Entendió que, con seguridad, el director lo sabía. ¿Cómo lo había descubierto?
—Yo creo que no, Severus. —Dumbledore estiró el brazo, señalando hacia la salida—. Después de ustedes. —Snape asintió y se dirigió hacia la salida con rapidez. Casi todos los alumnos se habían ido—. Draco. —El rubio miró la mano de Dumbledore. Estaba ennegrecida. Parecía que los dedos habían muerto. Apartó la vista al momento.
Subieron por las escaleras mágicas hasta la torre del director y Dumbledore abrió la puerta. El hombre giró para mirar a Draco.
—Por favor, espera aquí unos minutos, necesito hablar con el profesor Snape a solas. —Sin esperar una respuesta, entró a la oficina, cerrando la puerta detrás de él.
El sonido de la voz de Snape, elevándose, desapareció en un momento, y Draco supo que Dumbledore había puesto un hechizo silenciador. Se sentó en la banca del recibidor y miró el techo. Draco se obligó a respirar profunda y lentamente. Había conseguido pasar el verano. Estaba de vuelta en Hogwarts, pero las paredes de piedra del castillo nunca serían acogedoras de nuevo. Por un breve momento, sus pensamientos se desviaron a los vestidores de Quidditch. Tendría que regresar una vez más; después, nunca. Su mano se deslizó por su bolsillo y sacó la cadena que le había quitado a Harry. Balanceándola entre sus dedos, se forzó a no derrumbarse en ese momento.
OoOoOoO
Septiembre, 1998
Sala Diez del Tribunal
Harry, Ginny, Hermione y Ron entraron a la sala del tribunal por la que, Harry creía, era la milésima vez, desde que los juicios contra los mortífagos habían comenzado, hacía ocho semanas. Harry miró hacia atrás y vio que los aurores asignados a ellos habían tomado sus lugares usuales, a cada lado de la entrada. Su presencia había sido una batalla difícil; Harry no había querido que estuvieran ahí, pero la revolución mediática que los juicios habían generado había alcanzado proporciones inimaginables, y Harry apenas podía moverse entre las masas, sin tener que recurrir a maldiciones.
Harry dio un suspiro de alivio mientras se sentaban en su lugar usual. Éste sería el último juicio al que tendrían que asistir. Pronto, las reparaciones de Hogwarts estarían completas y ellos regresarían a la escuela. Ron, Hermione y Harry serían alumnos de octavo grado. Todos los alumnos afectados por la guerra habían sido invitados a regresar, para completar su educación. Harry bajó la mirada mientras Ginny unía su mano con la de él. El chico le sonrió, pero la sonrisa no alcanzó sus ojos. Las cosas habían estado un poco raras desde que había regresado. Esa era otra razón por la que se sentía nervioso por regresar a Hogwarts. Una vez que estuvieran alejados del caos de los juicios, podría ser capaz de descansar, de enfocarse en Ginny. Estaba seguro de que todo se acomodaría de nuevo. Apretando su mano, giró para mirar hacia el otro lado de la sala.
Conteniendo la respiración, checó la apariencia de Draco Malfoy. El rubio mago estaba sentado en la silla del acusado. Estaba delgado, casi demacrado. Sus facciones siempre habían sido afiladas, pero hoy, sus pómulos brotaban en relieve de su rostro. Llevaba puesta una austera túnica negra, y el color drenaba el poco color que tenía con esa complexión.
—Se ve terrible —murmuró Hermione. Harry asintió, de acuerdo. Como si hubiera oído las palabras, Malfoy giró su cabeza y miró a Harry directo a los ojos. No hubo brillo alguno de reconocimiento en los grises ojos que lo miraban. Sin embargo, la arrogante confianza también se había ido. Todo lo que quedaba, entendió Harry, era un hombre asustado de dieciocho años, que había hecho unas cosas terribles, y otras no tanto.
Narcissa Malfoy había sido juzgada por cargos de traición y cómplice en homicidio. Había sido encontrada culpable de los cargos de traición por alojar, aunque ella no lo quisiera, a Voldemort en su casa. Harry había testificado a su favor, explicando cómo la mujer había salvado su vida. Él y su abogado habían argumentado exitosamente, en su audiencia de sentencia, que se le diera la sentencia mínima. Al final, había quedado como un año de arresto domiciliario. El ministerio había querido que la mujer pasara el tiempo en la mansión Malfoy, pero Narcissa se había rehusado a volver a la casa familiar. En un sorprendente desarrollo, su hermana se había acercado y había solicitado que su hermana fuera a vivir con ella y Teddy Lupin, a la casa de los Tonks.
Harry sintió el codo de Ginny en su costado y miró alrededor de la sala. Los miembros del Wizengamot estaban entrando y todos los demás en la galería estaban de pie. Él hizo lo mismo, limpiándose las manos en la túnica. Era diferente, comprendió, sentarse y esperar que el juicio de uno de sus compañeros comenzara. Alguien contra el que había competido, con el que había peleado y al que había odiado por los últimos siete años.
Por fin, los miembros del Wizengamot tomaron sus asientos. Kingsley Shacklebolt, el recién nombrado ministro de magia, entró a la sala y se sentó. Harry se sentía cómodo con Kingsley presente. El hombre no había precedido todos los juicios, pero éste era tan controversial que había especificado que iba a asistir. Harry había llegado a conocer bien a Kingsley durante los últimos meses. El ministro había invitado a Harry, Ron y Hermione a cenar, en varias ocasiones. Se había salido de lo común para mostrarle a Harry que el Ministerio de Magia estaba mejorando y que estaba ansioso de que Harry se uniera al programa de aurores. Harry apreciaba el tiempo que Kingsley le había dado y sabía que el ministro estaba bajo mucha presión, desde varios lados, para demostrar públicamente que el mundo mágico podía confiar en el Ministerio.
El alguacil golpeó el martillo sobre el pesado escritorio de roble.
—Con el favor de la corte, llamamos a orden al Wizengamot para el juicio de Draco Malfoy.
Kingsley apartó la mirada de los papeles que estaban arreglados sobre la mesa en frente de él.
—¿El fiscal está listo para proceder?
El fiscal líder, el Honorable Ecclesiastes Smith, un mago bajo y rechoncho, se puso de pie con lentitud.
—Sí, su señoría.
—¿Y la defensa?
El abogado, sentado junto a Malfoy, se puso de pie.
—Samuel Goldstein para la defensa, señor. A la defensa le gustaría que se note formalmente que protestamos el hecho de que este caso se lleve a juicio tan pronto.
—Que así se anote. —El abogado fue recibido con la seca respuesta de Shacklebolt—. ¿Está preparado?
—Tan bien como se puede.
—Muy bien. —Kingsley vio de nuevo sus notas—. Que se haga notar que este juicio es uno único, pues el acusado está siendo juzgado por crímenes que cometió cuando joven, y simultáneamente por crímenes que cometió como adulto. Por esta razón, las regulaciones de la corte han sido relajadas, para permitir más latitud en examinaciones cruzadas y declaraciones.
El fiscal se puso de pie.
—Que se haga notar que la velocidad del juicio fue declarada necesaria debido a la frágil salud de algunos testigos y la inminente partida de otros tantos, que se irán para asistir a Hogwarts.
El abogado de Malfoy se puso de pie.
—Casi todos esos testigos habían acordado que regresarían al Wizengamot en caso de que el juicio se pospusiera para una fecha que quedara mejor.
Smith rio despectivamente.
—Casi todos, no todos ellos.
Harry miró a Malfoy durante el diálogo; el rubio parecía estar viendo un punto en el suelo enfrente de él, casi desinteresadamente. El cabello del mago, rubio como siempre, seguía peinado hacia atrás, pero estaba tan largo que caía hacia delante y cubría su rostro.
—¿Dónde lo encontraste? —preguntó Hermione, indicando con señas al abogado.
Harry hizo una mueca.
—En América. Nadie aquí quería defender a los Malfoy.
—Aun no comprendo por qué estás pagando el abogado de Malfoy —le susurró Ginny.
—Ya te lo dije —dijo Harry, sin apartar los ojos de Malfoy.
—Sí, pero no entiendo por qué.
—Su madre salvó mi vida. Él salvó mi vida en la mansión Malfoy. —Su voz se oía tensa, mientras giraba hacia Ginny—. Es tan simple como eso. Todas sus cuentas fueron congeladas. Tienen el derecho de tener un juicio justo. Si el hecho de que yo pague por el abogado asegura eso, ayudo así a pagar la deuda que tengo.
Hermione tosió un poco para callarlos, cuando el fiscal se puso de pie para la declaración inicial. Harry había oído al pequeño hombre dar el mismo discurso en los últimos cinco juicios, por lo que no puso mucha atención. Se acomodó sobre el respaldo con cansancio. En verdad, estaba demasiado cansado. Tontamente, había creído que, después de que Voldemort estuviera muerto, podría descansar por fin, podría vivir su vida lejos de la atención pública. Los últimos cuatro meses habían sido un continuo ir y venir, encontrando a los mortífagos y empezando sus juicios. La implacable búsqueda de parte de los medios hacía que los artículos de Rita Skeeter parecieran un paseo por el parque.
Por fin, el fiscal terminó su discurso.
—No estaremos seguros, hasta que el último de los mortífagos esté cumpliendo cadena perpetua en Azkaban. —Harry pensó que el hombre podría decir algo diferente en ocasiones.
Goldstein se puso de pie y se acercó a la mesa.
—Draco Malfoy es un mortífago marcado. No lo niega, y la evidencia puede verse claramente en su brazo. El mi deseo el probarle al Wizengamot que el simple hecho de portar esa terrible marca no indica, o debería indicar, su complicidad o su culpa. Era un joven de dieciséis años cuando lo obligaron a tomar la marca, por lo que no debería ser juzgado solo por esta fea cicatriz.
—¿Está preparado para llamar a su primer testigo? —preguntó Shacklebolt, dirigiéndose al fiscal.
—Con el favor de la corte, llamo a Draco Malfoy al estrado. —Hubo un murmullo inmediato en la galería, mientras Malfoy se ponía de pie y se movía al estrado de testigos.
El fiscal se puso de pie y caminó hacia Malfoy, después de que el rubio hubo jurado.
—Por favor, diga su nombre, edad residencia.
Draco volteó hacia el fiscal y lo miró con frío desdén. Harry casi rio al ver el regreso de tan familiar expresión en el rostro del rubio.
—Draco Lucius Malfoy, dieciocho, celda doce.
Smith, con una expresión practicada de desesperación, dijo:
—La residencia que habitaba antes de ser arrestado.
—La mansión Malfoy, en Wiltshire o la Casa de Slytherin, en Hogwarts. Escoja —dijo Draco, encogiéndose de hombros.
—Su señoría, comenzamos con el pie izquierdo. Me gustaría solicitar la administración de Veritaserum para interrogar al acusado.
Harry sintió que Hermione se tensaba a su lado. Sabía que la chica estaba molesta por el uso liberal de Veritaserum durante los juicios.
Goldstein se puso de pie al instante.
—Me gustaría recordar que el Veritaserum no está permitido en los juicios juveniles. Cinco de los cargos en su contra fueron cometidos cuando aún era un joven; solo dos de los cargos ocurrieron cuando alcanzó la mayoría de edad.
Smith estaba listo; con un tono aburrido, dijo:
—El acusado es un adulto de dieciocho años al día de hoy. El Wizengamot ya votó porque no haya dos juicios separados.
Harry miró a Kingsley detenidamente. El hombre era bueno, pero la presión del ministerio era bastante. El ministro se inclinó y lo consultó con dos de los abogados del ministerio que estaban sentados en la banca junto a él.
—Permitiremos la administración de Veritaserum. Fiscal, le advierto que tenga mucho cuidado de restringir sus preguntas a las relevantes del caso. Esto no le da permiso de investigar más, señor. Si percibo que está preguntando sin propósito, anularé el juicio y comenzaremos de nuevo en una fecha posterior.
Harry podía ver que el fiscal tuvo que contenerse de mostrar su alegría, por el resultado de su petición.
—No es justo —dijo Hermione—, que les retiren su libre voluntad.
Girando la cabeza, Harry miró cómo el alguacil se acercaba a Malfoy con el delgado y familiar frasco. Por primera vez, vio el temor en los ojos de Malfoy. El rubio se alejó de la mano que sostenía el gotero.
—¿Necesitamos a alguien que sostenga su cabeza? —preguntó el fiscal, esperanzado.
Goldstein se acercó y murmuró al oído de Malfoy. Harry miró como Malfoy asentía con la cabeza. Cuando Goldstein se apartó, Malfoy abrió obedientemente la boca cuando se lo solicitaron y el alguacil administró las gotas del suero. Luego, asintió al fiscal y regresó a su asiento.
Shacklebolt miró a los dos abogados.
—Vamos a proceder, cada uno de ustedes tiene una hora para interrogar al acusado mientras está bajo la influencia del Veritaserum. Comenzamos con la fiscalía.
—Comencemos de nuevo. Por favor, diga su nombre, edad y residencia.
—Draco Lucius Malfoy, dieciocho, residencia permanente: mansión Malfoy, en Wiltshire.
—¿Porta usted el tatuaje que se conoce comúnmente como "La Marca Tenebrosa"?
—Sí.
—¿Tomó usted la marca por voluntad propia?
Hubo una pausa. Harry podía ver que Malfoy luchaba con la respuesta, pero el suero ganó.
—Sí.
Harry y Hermione se miraron. El moreno sabía que el padre de Malfoy había sido un mortífago, pero había tenido la esperanza de que Malfoy lo hubieran obligado a tomar la marca, en vez de haberla tomado por voluntad propia.
—Como estudiante en el año de 1997, ¿proveyó ilegalmente los medios para que los mortífagos entraran a Hogwarts y participó en la batalla que resultó en la muerte…?
—¡Objeción! Se están haciendo dos preguntas, ministro. Las regulaciones del Veritaserum claramente dicen que solo se puede hacer una pregunta a la vez.
—Ha lugar. Por favor, ordene sus preguntas con más cuidado —dijo Kingsley, mirando a Smith.
—Permítanme repetirlo. Como estudiante en el año de 1997, ¿proveyó ilegalmente los medios para que los mortífagos entraran a Hogwarts?
—Sí.
—Junto con dichos mortífagos, ¿participó en la batalla que resultó en la muerte del director de Hogwarts, Albus Dumbledore?
—Sí.
—Durante ese mismo año escolar, ¿atentó en repetidas ocasiones contra la vida del director Albus Dumbledore?
—Sí. —La mandíbula de Malfoy estaba apretada; sólo escupía las respuestas. Su mirada estaba enfocada en el piso de piedra, frente a él.
—¿Utilizó la maldición imperius en Rosmerta Boraca?
—Sí.
—¿Forzó a Rosmerta Boraca, bajo la influencia de la imperius, a entregarle una botella de hidromiel envenenado al profesor Slughorn?
—Sí.
—¿A quién iba dirigida la botella de hidromiel envenenado?
—A Albus Dumbledore.
—¿Quién consumió, en realidad, el hidromiel?
—Ronald Weasley.
—¿Su consumo resultó en que se enfermara de gravedad?
—Sí.
—¿También forzó a Rosmerta Boraca, usando la maldición imperius, a darle un collar maldito a la estudiante de Hogwarts Katie Bell?
—Sí.
—¿El llevar el collar maldito resultó en que Bell pasara semanas en San Mungo?
—Sí.
—¿A quién iba dirigido el collar?
—A Albus Dumbledore.
—Pasamos al año escolar 1997-1998. ¿Participó en la tortura de sus compañeros en Hogwarts bajo la administración de Amycus y Alecto Carrow?
La respuesta de Malfoy no fue inmediata. Harry podía ver las gotas de sudor en la frente de Malfoy, mientras intentaba pelear contra los efectos del suero.
—Sí.
La mano de Ginny apretó la suya. Harry miró su pálido rostro. La chica aún no le había dicho todo lo que había pasado en Hogwarts el año anterior, pero por lo que Neville le había dicho, sabía que habían sido víctimas de muchos castigos por parte de los Carrow y los Slytherins.
—¿Utilizó una maldición imperdonable con sus compañeros?
—No. —Esta vez, la respuesta fue inmediata. El fiscal casi se tropezó al girar sobre sus talones.
—¿Utilizó la maldición cruciatus con los estudiantes de Hogwarts el semestre pasado?
Malfoy tenía una expresión casi divertida en el rostro, mientras miraba al fiscal.
—No.
El fiscal se dirigió a Shacklebolt.
—Claramente, el prisionero…
—¡Acusado! —gritó Goldstein, sin molestarse en alzar la vista de sus notas.
—Claramente, el acusado no ha recibido suficiente Veritaserum. Solicito que se le administre más.
—¡Objeción! El suero fue administrado propiamente. Usted presenció la administración y ha visto el interrogatorio; ya van veinte minutos. ¿Por qué piensa que no está siendo honesto?
—¡Porque claramente está mintiendo!
El abogado defensor se puso de pie y dio la vuelta a su mesa.
—Si la corte me lo permite, me gustaría interrogar brevemente a mi cliente, para probar que el Veritaserum está trabajando adecuadamente.
Kingsley hizo un gesto con la mano, silenciando al fiscal con la mirada.
—Draco, ¿te obligaron a administrar castigos a tus compañeros estudiantes?
—Sí.
—¿Qué maldición esperaban los hermanos Carrow que utilizaras?
—La maldición cruciatus.
—¿Y ésta es la maldición que utilizabas?
—No.
—¿Qué maldición, hechizo o encantamiento utilizabas para administrar los castigos que los Carrow ordenaban?
—El maleficio Crucifigio —dijo Draco, con confianza. El volumen del parloteo en la galería aumentó de inmediato. Harry miró a Hermione, de forma inquisitiva. La chica negó con la cabeza.
—No conozco ese.
—Para el beneficio de aquellos que no están familiarizados con este maleficio, ¿podrías explicar qué es?
—Es un maleficio que manda estimulación eléctrica a las terminaciones nerviosas de las manos y los pies de la víctima, pero no afecta el sistema nervioso central.
—Ya veo. ¿Y cómo administrabas el maleficio alternativo, bajo la atenta mirada de los Carrow?
—Usaba un hechizo no verbal.
—¿Por qué no simplemente utilizabas la maldición cruciatus?
Hubo una larga pausa. De nuevo, Harry pudo sentir que Malfoy estaba tratando de escoger sus palabras con cuidado, a pesar de tener que responder con la verdad.
—He visto los efectos de la maldición cruciatus. No deseaba infringirlo en otros.
Harry sintió la mano de Ginny temblar sobre la de él, por lo que volteó para verla. Sus ojos café estaban oscuros por tantas emociones. La chica miraba a Malfoy.
—¿La uso contigo? —le susurró el moreno. Ella asintió, mordiéndose el labio—. ¿Dijo cruciatus?
Ginny lo miró fijamente.
—No lo sé. No recuerdo. Me dolía. Rolaban turnos para dar castigos cuando Neville y yo fuimos capturados. No recuerdo qué utilizaba. Tenía demasiado miedo.
Goldstein continuó su interrogatorio.
—¿Crees que el maleficio Crucifigio duele menos que la cruciatus?
—Es igual de terrorífica pero el dolor es significativamente menor. No hay un daño a largo plazo con el Crucifigio, cosa que sucede con la cruciatus.
—¡Objeción! ¿Con qué bases puede asegurar eso?
—Draco, ¿has sido personalmente víctima de ambas técnicas de tortura?
—Sí.
—Gracias, Draco. —Goldstein volteó para ver a Shacklebolt—. Me gustaría recordarle a la corte que el uso de Veritaserum es tan efectivo como las preguntas que se realizan. Si uno no pregunta correctamente, no conseguirá la respuesta verdadera, con suero o sin él.
Shacklebolt asintió involuntariamente y luego giró para ver al fiscal.
—Espero que confíe en que el acusado sigue bajo los efectos del suero, fiscal.
—Sí, su señoría —dijo Smith de mala gana.
—Por favor, continúe el interrogatorio.
—Acaba de decir que fue víctima de estos dos maleficios. Por favor, señale quién los utilizó en usted.
Malfoy palideció; claramente, no quería responder, pero el suero no le permitió retrasarlo.
—La maldición cruciatus fue utilizada en mí por mi padre, Lucius Malfoy; mi tía, Bellatrix Lestrange y Voldemort. El maleficio Crucifigio fue utilizado por Severus Snape.
—¿Por qué estos maleficios…?
—Objeción. Mi cliente no puede decir que sabe la razón por la que estos maleficios fueron utilizados.
—Ha lugar.
—¿Quién le enseñó esta técnica de tortura alternativa?
—Severus Snape.
—¿Por qué Snape…?
—¡Objeción! Mi cliente no puede saber por qué el director Snape hizo lo que hizo.
—Permítanme repetir. ¿Cómo se le ocurrió aprender esta técnica?
—Le dije a Snape que no iba a usar la cruciatus. Me ofreció el otro maleficio como alternativa. Hice que la utilizara en mí para poder asegurarme de que no era tan doloroso como la cruciatus.
—¿Por qué no se rehusó completamente?
El desdén en la mirada de Draco se veía desde el otro lado del cuarto.
—Llevo la Marca Tenebrosa. Si no hacía caso, el castigo habría sido fatal. Severus deseaba que yo sobreviviera. Buscamos una alternativa y encontramos el Crucifigio.
—¿Y quién le enseñó a utilizar hechizos no verbales?
Draco se veía casi aburrido.
—Severus Snape.
El fiscal regresó a su mesa y repasó sus notas. Era claro para Harry que el hombre estaba molesto porque el interrogatorio inicial no había ido como había esperado.
—¿Ha utilizado una maldición imperdonable en alguien?
—¡Objeción! Claramente está preguntando al azar. —Goldstein estaba de pie, protestando. Harry sabía que era muy tarde. Una vez que la pregunta había sido hecho, el Veritaserum obligaría a Malfoy a responder; era una de las razones por las que él y Hermione se quejaban por su uso.
—Utilicé la maldición cruciatus en el mortífago Thorfinn Rowle —escupió el rubio.
Goldstein volteó hacia Kingsley Shacklebolt.
—Su señoría, obviamente la fiscalía está preguntando a ciegas. De nuevo, debo pedir permiso para cuestionar a mi cliente para aclarar su respuesta.
—Le llegará su turno, señor. La fiscalía aún tiene diez minutos de la hora asignada. —Shacklebolt volteó a ver a Smith—. No se lo recordaré de nuevo, no se le permite usar el Veritaserum para buscar más cargos contra el acusado.
—Sí, señor. Me disculpo —dijo Smith, con una sonrisa nada sincera. Volteó a ver a Malfoy—. ¿Confrontó a Harry Potter en el cuarto que es comúnmente conocido como "La Sala de Menesteres"?
—Fechas, por favor. Recordará que mi cliente ha tenido una larga y tumultuosa relación con el señor Potter.
Harry se enderezó cuando mencionaron su nombre. Curiosamente, pensó ver a Malfoy encogerse al oír la palabra "relación".
—El dos de mayo de 1998.
—Sí.
—¿Cuál fue la razón de este enfrentamiento?
—Le pedí que me regresara mi varita.
—¿Se la regresó?
—No.
—Subsecuentemente, ¿atacó usted a Potter?
—No.
—¿El ataque resultó en la destrucción de la Sala de los Menesteres con Fuego Maligno?
Malfoy dudó.
—No. Sí. —Su lengua flanqueó en lo que el suero otorgaba la respuesta. Harry entendía la dificultad.
Goldstein se puso de pie de nuevo.
—Por favor, su señoría. Mi honorable colega necesita reformular su pregunta.
—¿Me permite preguntar cómo fue destruida la sala? —Smith volteó a ver a Shacklebolt. El ministro asintió. Harry sabía que el Kingsley ya sabía la respuesta—. ¿Cómo fue que la Sala de Menesteres fue destruida?
—Vincent Crabbe comenzó el fuego.
—¿Por qué hizo eso?
—Para matar a Potter.
—¿Usted lo incitó a realizarlo?
Malfoy lo miró, incrédulo.
—Por supuesto que no. Casi morimos. Vincent sí murió.
Una campana sonó por la sala del tribunal. Goldstein se puso de pie en un instante. Parecía como si Smith estuviera a punto de objetar, pero solo giró y regresó a su asiento.
—Draco, me gustaría darle un poco de claridad a algunas de las respuestas que diste, para consideración del Wizengamot. —Malfoy asintió; parecía relajarse un poco mientras el abogado se le acercaba.
Con una mirada de reojo hacia el fiscal, Goldstein miró a Malfoy.
—Dijiste que utilizaste la maldición cruciatus una vez. Por favor, dinos en quién y por qué la utilizaste.
—La utilicé en agosto de 1997, en el mortífago Thorfinn Rowle, bajo órdenes de Voldemort.
—¿Por qué te dio Voldemort para ordenarte que usaras la cruciatus?
—Rowle había fallado en su intento de aprehender a Harry Potter.
—¿Por qué no utilizar el maleficio Crucifigio en su lugar, así como lo hacías con los estudiantes?
Draco se encogió de hombros.
—Era un mortífago. —Su boca se cerró, pero el Veritaserum estaba resistiéndose. Harry podía ver la pelea entre él y el suero—. Porque había tratado de matar a Potter —escupió sin quererlo.
—Te preguntaron si habías tomado la Marca Tenebrosa por voluntad propia. A lo que tu respuesta fue positiva.
—Sí.
—¿Por qué estuviste dispuesto a tomar la Marca?
—Al tomar la Marca, podía prevenir la tortura y muerte de otros. —Las palabras fueron casi inaudibles. Harry podía ver a los miembros del Wizengamot, mirándose entre ellos, inseguros de haber escuchado.
—¿Quiénes eran los otros que estaban siendo torturados?
—Muggles.
—¿Cuándo y dónde sucedió este evento?
—A finales de junio y durante julio de 1996, en la mansión Malfoy.
—¿Quién dirigía la tortura?
—Voldemort y Bellatrix Lestrange.
—¿Habrías tomado la Marca por voluntad propia si esos muggles no hubieran sido torturados y asesinados?
—Nunca —escupió Malfoy.
—¿Qué edad tenías cuando te obligaron a tomar la Marca?
—Acababa de cumplir dieciséis.
—¿Tomar la Marca fue lo único a lo que te obligaron?
—Me obligaron a jurar que mataría al director Albus Dumbledore.
—¿Cuáles habrían sido las consecuencias de no tener éxito en esta difícil misión?
—Mi madre habría sido asesinada.
—¿Habrías tratado de matar a Dumbledore de no haber sido por este juramento?
—Claro que no.
—¿Por qué intentaste usar el collar maldito y el hidromiel envenenado para matar a Albus Dumbledore?
El cuerpo de Malfoy prácticamente tembló, mientras intentaba escoger su respuesta.
—Me habían estado mandando recordatorios de las consecuencias de fallar en mi misión. Era necesario que mostrara que estaba intentándolo.
—¿Cuáles fueron los recordatorios que recibiste?
—Un mechón de cabello de mi madre y algunos recortes de periódico.
—¿De qué trataban los recortes de periódico?
—Eran artículos de muggles desaparecidos. Era un recordatorio de que más morirían si yo no tenía éxito.
—Como miembro de una familia sangrepura, ¿el destino de unos cuantos muggles en verdad te importaba?
—Nadie merece ser torturado y asesinado así. Ni magos, ni muggles.
—Háblanos de las muertes de muggles a las que te referiste. ¿Sucedieron en la mansión Malfoy?
—Sí.
—¿Cuántos muggles fueron asesinados?
—Tres. —La palabra fue más un susurro.
—Alza la voz, por favor.
—Tres.
—¿Y quién asesinó a esos muggles?
—Voldemort.
—Durante el verano de 1996, ¿Garrick Ollivander se convirtió en prisionero en la mansión Malfoy?
—Sí.
—¿Dónde lo mantenían encerrado?
—En el sótano.
—¿Por cuánto tiempo fue mantenido prisionero?
—Hasta junio de 1998, cuando escapó con Potter y el resto.
—¿Cuáles fueron tus interacciones con el señor Ollivander durante este periodo de tiempo?
—Yo le llevaba comida y agua cuando regresaba a casa de la escuela. Le llevaba mantas y hacía encantamientos calentadores para mantenerlo tibio.
—¿Quién te asignaba esas tareas?
—Nadie. Me habían prohibido tener contacto con los prisioneros.
—¿Quién te lo prohibió?
—Voldemort. Bellatrix. Mi padre.
—Dijiste "prisioneros". ¿Quién más estaba encerrado en el sótano?
Draco se removió incómodamente en su asiento.
—Luna Lovegood, Harry Potter, Granger, Weasley. Otros… Muchas veces no sabía los nombres de quiénes estaban ahí.
—¿Les llevabas comida y otras comodidades a esos prisioneros también?
—A Luna, sí. El resto solo estuvieron ahí por unas pocas horas.
—¿Qué sucedió la noche en que Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger fueron llevados a la mansión Malfoy, en abril de 1998? ¿Fuiste llamado?
—Sí, Bellatrix me pidió que identificara a Harry Potter.
—¿Y lo hiciste?
—No.
—¿Por qué no?
Malfoy miró a su abogado, riendo.
—Porque entonces habrían invocado a Voldemort, y él lo habría asesinado.
—¿Y no querías que esto sucediera?
—No.
—Harry Potter escapó esa misma noche con los otros prisioneros. ¿Tú ayudaste en este escape?
—Sí. Desactivé las barreras que prevenían la desaparición en la mansión Malfoy.
Harry sintió que su mandíbula caía al suelo, y giró para ver a Hermione y a Ron.
—¿Sabían algo acerca de eso? —susurró. Ambos negaron con la cabeza. Harry miró al fiscal, que estaba platicando con los otros miembros de su equipo. De nuevo, sintió una oleada de ira por cómo estaban manejando el juicio. Esa información debería haber sido obtenida antes de que Malfoy fuera llevado a juicio.
—¿Te castigaron por hacer eso?
—Sí.
—¿Cómo te castigaron?
—La cruciatus.
—¿Te amenazaron con matarte como castigo?
—Sí.
—¿Cuál fue la razón de que no te mataran?
—Pensaban que quizás aún podría serles de utilidad.
—¿En Hogwarts?
—Sí.
—Cuando Harry Potter dejó la mansión, ¿se llevó tu varita con él?
—Sí.
—La siguiente vez que viste a Harry Potter fue la noche del 2 de mayo. Intentaste recuperar tu varita.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque estaba usando la de mi madre, y no podía hacer bien los hechizos con ella. No podía pelear con ella.
—¿Para qué lado querías pelear esa noche?
—Contra Voldemort.
—A pesar de que eras un mortífago Marcado.
—Sí.
—¿Qué sucedió en la Sala de los Menesteres?
—Potter se rehusó a regresarme mi varita. Crabbe trató de matarlo a él, Granger y Weasley derribando una gran pila de cosas sobre ellos. Yo traté de decirle a Crabbe que no podía matar a Potter. No quiso escucharme y el muy estúpido decidió usar Fuego Maligno. Perdió el control y comenzamos a escalar hasta la cima de una pila de cosas. Potter y Weasley regresaron y nos rescataron. A Goyle y a mí. Vincent ya estaba muerto.
La campana sonó y Malfoy se dejó caer sobre su silla, aliviado.
Kingsley se puso de pie.
—Como lo señalan los derechos del acusado después del uso de Veritaserum, esto concluye el testimonio de hoy del señor Malfoy. Para acelerar el proceso, pasaremos con el siguiente testigo de la fiscalía después de un receso de una hora para almorzar.
OoOoOoO
(1) En una relativamente burda traducción del latín al español (porque ni Marty ni yo somos letrados en latín), el hechizo dice: "Anulando mi amor, olvida la memoria del amor. Dos años y tres meses".
Notas finales:
¿Ya dejaron la historia? :S
¡Aguante y paciencia, porfis! Todavía falta…
Adigium21
