Notas de la autora:
Nivel de angst: Medio. Dividí el capítulo para que éste no esté tan cargado. Es más informativo que otra cosa. Y hay un poco de HARRY EN MAYÚSCULAS, algo que fue muy divertido de escribir. Al terminar, vi que estaba excediéndome para mi rating T, así que puse palabras más benignas. Siéntanse libres de usar sus favoritas.
Ésta en, en definitiva, la parte más difícil de escribir, la explicación de todo lo que está pasando. Requerirá un poco de aceptación de su parte. Si tienen dudas, solo asientan, digan que "es magia" y continúen.
Notas de traductor:
¡267 reviews y contando! Todas (y todos) ustedes son maravillosas (os)...
Miles de gracias a Askarsha, luzmari, caro, NUMENEESSE, HeartSun, Violet Stwy, sakuramar21, Meliza Malfoy, toxica666, JANE W, Lunatica Dark, Kyuubi, kawaiigiirl, catzeruf, Adriana11, Lady Aeromys, jessyriddle, my dilema, xonyaa11, Aoi23, nagini27 y Alexiel Viely por comentar en el capítulo anterior (y creo que alguien comentó en uno pasado).
¿Prólogo, alguien?
La sala de estar del 12 de Grimmauld Place estaba oscura, a excepción de la tambaleante luz que venía de la chimenea. Harry estaba sentado, de costado, sobre el sillón de cuero, mirando las llamas. Un vaso de whisky de fuego estaba en su mano, descansando sobre su pierna. La cena que Kreacher le había preparado no había sido tocada, y estaba sobre una pequeña mesa a un lado.
—Podría haber sido peor, Harry —dijo Ron, desde el sillón en el que él y Hermione estaban sentados, agarrados de las manos.
Harry volteó y miró a Ron, incrédulo.
—¿Cómo, cómo podría haber sido peor? En frente de todo el Wizengamot, mientras miraba, junto con todos los demás, una pantalla de proyección de tres metros de alto, descubrí que no soy virgen.
—Em, buen punto —dijo Ron entre dientes—. Al menos, Kingsley despejó la galería antes de permitir…
—Y solo fueron pedazos de imágenes, Harry —dijo Hermione suavemente—. Era difícil notar, con exactitud… —Ron apretó su mano y negó con la cabeza. Harry cerró los ojos, tratando de borrar las imágenes de esos "pedazos" de su mente. De nuevo, pensó, con una risa amarga.
Justo entonces, las llamas se avivaron y la voz de Ginny se oyó por la red flú.
—Harry, por favor, solo quiero saber si estás bien. —Harry gruñó, pero no respondió.
Hermione miró a Harry.
—¿Quieres que Ron vaya a hablar con ella? —Harry suspiró y asintió.
Ron bebió el resto de su whisky de fuego y le dio un beso rápido a Hermione. Se puso de pie y se dirigió a la chimenea.
Mirando a Harry, preguntó:
—¿Qué quieres que le diga?
—Solo dile que… estoy bien. Dile que no vaya al juicio mañana. Hablaré con ella después. —Harry terminó, cansado. Ron asintió y le sonrió a Hermione, para luego arrojar un puñado de polvos flú en la chimenea y desaparecer. Hermione y Harry miraron cómo las llamas regresaban a la normalidad.
—Harry, ¿no puedes recordar nada de esos eventos? —preguntó Hermione.
Harry miró a la chica y suspiró.
—No. Bueno, sí. Partes de ellos eran familiares… Las he visto en sueños. Pero nunca pensé que fueran reales… Pero, supongo que ahora… —Harry volteó la cabeza y giró su cabeza hacia Hermione—. Tú sabes algo, ¿verdad? Por eso me dijiste que Ginny debía irse, cuando despejaron la galería.
Hermione dudó. El chico no sonaba enojado, entendió con preocupación. Era como si todas las emociones lo hubieran abandonado. Aún estaba en shock. Apenas consiguieron sacarlo de la sala, antes de que comenzara a temblar. Se había dirigido al fuego tambaleante y estaba haciendo que unas chispas verdes y plateadas brotaran de las llamas; luego, se mezclaban con las llamas rojas y doradas y desaparecían por la chimenea.
—No lo sé, Harry, nada es seguro. —Hermione cerró los ojos, como si estuviera recordando—. Durante cuarto año, y eso parece hace una vida, sospechaba que algo estaba sucediendo…
—¿Qué? —Había endurecido su tono, pero su rostro no mostraba nada.
—Algo cambió ese año, estabas feliz. Estabas realmente feliz, a pesar de todo lo que pasó con el Torneo de los Tres Magos, e incluso con Umbridge, el año siguiente. Siempre tenías una sonrisa en el rostro y te la pasabas tarareando una vieja canción muggle. Y, con Malfoy, a pesar de que seguían peleando, las peleas parecían diferentes. Casi orquestadas, como si supieran exactamente lo que el otro iba a hacer.
Hermione suspiró y miró a Harry con tristeza.
—Y luego, de repente, todo terminó y regresó a como había estado antes, incluso peor y… —Se encogió de hombros—. Pensé que debía haberlo imaginado.
Harry la miró con curiosidad.
—¿Qué canciones muggles?
Oh, no lo sé. Cosas muy viejas de los Stones, los Beatles, Hendrix…
—No, no puede ser… —Harry negó con la cabeza y, de repente, se puso de pie de un salto y salió corriendo de la habitación.
Hermione lo escuchó subir las escaleras. Lo encontró en el viejo cuarto de Sirius, sentado en frente de su baúl escolar. Estaba sacando todo lo que había dentro del baúl, hasta que llegó al fondo. Hermione jadeó mientras el chico sacaba un paquete de viejos discos muggles. El que estaba hasta arriba tenía un submarino amarillo brillante en la portada.
—Encontré estos cuando estaba limpiando mi baúl, cuando nos estábamos preparando para ir a encontrar los Horrocruxes. No podía entender cómo era que habían llegado ahí. No tenía idea de a quién le pertenecían… —Harry se puso de rodillas, mirando la portada del disco sin mirarla en realidad—. Y esos grupos… Oh, santo Dios, Hermione. ¿Qué es lo que me hizo?
—No lo sé, Harry. No tiene sentido. —Hermione se sentó junto a él—. ¿Había algo más en el baúl, que no supieras cómo había llegado ahí?
Harry se encogió de hombros.
—Nunca fui bueno para vaciarlo cada año. Solo le añadía cosas. Nunca pareció haber problema.
—Revisémoslo, a ver qué encontramos.
Harry asintió y, juntos, comenzaron a remover los contenidos. Cuando llegaron al fondo, les quedó una pequeña pila de cosas que Harry no reconocía. Hermione levantó el trozo de seda verde. Lo repasó con los dedos.
—Un extremo está roto, el otro está bien. Creo que es de una bufanda de Slytherin, Harry. Y de una muy buena; ésta es una seda muy costosa.
El chico asintió, sin interés, y levantó la snitch.
—Ésta es una snitch de práctica. Nunca había tenido la mía… Siempre usaba la del equipo.
—¿Crees que ésta sea la que estaba en los recuerdos? —dijo suavemente, temiendo su reacción.
—Supongo, podría ser —dijo, encogiéndose de hombros, mientras arrojaba una pequeña bolsa de papel al bote de basura.
—¿Qué era eso? —preguntó Hermione con curiosidad.
—Solo unos caramelos que Dumbledore me dio el año pasado, antes de morir. Sabían horrible. Creo que los guardé solo porque eran de parte de él. —Se giró y levantó una moneda. No notó cómo Hermione metía la mano en el bote y tomaba la bolsa de dulces, para luego meterla en su bolsillo. Harry miró que la moneda tenía un león de Gryffindor grabado en ella—. ¿Y esto?
Hermione tomó la moneda.
—Ya la he visto antes, Harry. Tú me pediste que le pusiera un encantamiento proteico. —La chica negó con la cabeza—. No puedo creer que nunca te haya preguntado de nuevo. Ya lo recuerdo, iba a ser un regalo de Navidad para alguien.
—¿No te dije para quién?
—No… No lo sé. No puedo creer que lo haya olvidado. —Su mano tembló mientras sostenía la moneda—. ¿Crees que también me hayan borrado la memoria?
Harry agarró sus manos y negó con la cabeza.
—No, si lo hubieran hecho, no recordarías la moneda. —Cerró los ojos—. Daría lo que fuera porque esto fuera otro sueño. ¿Por qué les di la varita, Hermione?
—Querías hacer lo correcto, siempre lo haces. No había forma de que pudiéramos predecir…
—¿Que borraron de mi memoria el sexo con Draco Malfoy? —dijo Harry, ahogándose con sus palabras.
—Bueno, em, sí. —Hermione trató de reír pero no pudo conseguirlo—. No sé si deba mencionarlo, pero el encantamiento proteico retiene una historia. Usualmente, los últimos mensajes mandados y recibidos.
—Hazlo.
La chica dudó.
—Pásame tu libro de Encantamientos, nunca antes he hecho éste. Quiero asegurarme de hacerlo bien. —Harry asintió y metió la mano en su baúl, buscando su viejo libro de Encantamientos. Dándoselo, se giró hacia el baúl y, moviendo la varita, hizo que el resto de las cosas regresaran adentro. Poniendo su varita junto a los álbumes, volteó para ver a Hermione diciendo el encantamiento entre dientes, sobre la moneda encantada.
—Pásame esa hoja de papel, Harry. Puedo imprimirlo para tener un registro. —Harry revisó la habitación, buscando el papel que habían encontrado en el fondo del baúl, y se lo dio. Con un movimiento practicado de varita, la chica lanzó el brillante hechizo al papel.
Las palabras danzaron en la superficie y luego desaparecieron. Hermione parpadeó. Miró a su varita y luego al papel.
—Eso no debería haber pasado.
—¿Qué no debería haber pasado?
—Los mensajes deberían haber aparecido en el papel, pero las palabras desaparecieron. —Hermione se mordió el labio—. ¿Por qué habrá...? —Tocó el papel y sonrió—. Claro, qué listo.
—Hermione. —El moreno escupió la palabra; no tenía paciencia.
—El papel está encantado. Algo se necesita para revelar lo que está en él… Probablemente cuando la varita del mago correcto toca el papel.
—Déjame adivinar: mi varita. —Harry tomó su varita. Hermione puso el papel en el suelo y Harry lo tocó. Unas líneas negras comenzaron a llenar la superficie—. Merlín. —Harry gruñó cuando la imagen de Malfoy emergió. El rostro de Harry también apareció, y ambos estaban abrazados. Sobre el dibujo, estaban las palabras del encantamiento proteico.
"¿Qué sucede? ¿Qué te pasó?"
"D, estoy realmente preocupado. Háblame".
"D, te amo".
—Esos fueron los últimos mensajes que mandaste. ¿Quieres que también saque los que Malfoy mandó? —Hermione estaba mordiéndose el labio, deseando no haberle dicho que podía recuperar los mensajes. Podría haber sido después, ya había pasado mucho durante el día. Nunca se le había ocurrido que serían mensajes de amor.
—Seguro, ¿por qué diablos no? —dijo Harry casi con desgana. Su cabeza estaba de lado, mientras miraba el dibujo, sin expresión en el rostro.
"Te amo".
"Recuerda que siempre te amaré".
"Me tengo que ir".
Harry levantó su varita y las palabras, junto con la imagen, se desvanecieron. Tocó el papel de nuevo y regresaron. Hermione miró a su amigo, preocupada: le intrigaba la forma tan calmada en que se estaba comportando. No estaba gritando ni maldiciendo, solo estaba sentado ahí, mirando el dibujo y las frases. Su rostro no tenía color, pero esa era la única señal de que algo fuera de lo ordinario estaba sucediendo.
—Entonces, parece que intercambié notas de amor con Malfoy, alguien nos dibujó bailando y jugábamos a buscar la snitch en la noche con una de práctica. Eso aclara todo. —Harry buscó su vaso de whisky de fuego y le dio un largo trago.
Escucharon el sonido del timbre abajo. Hermione se puso de pie, aliviada.
—Ese debe ser Kingsley. Tal vez él pueda informarnos más…
—Sí, tal vez acaba de encontrar evidencia que prueba que soy un veela hombre lobo, que tiene un hijo secreto con Malfoy. —Harry se puso de pie—. Eso acabaría el día bastante bien.
—Harry. —Hermione puso una mano sobre su hombro, al llegar a su lado—. Sabes que Ron y yo estaremos a tu lado. Sin importar lo que pase.
Harry rio.
—Seguro, ahí estarán. ¿Pero, yo? Draco Malfoy. Malfoy, el imbécil que rompió mi nariz en sexto año. Malfoy, con el que peleaba, el que me molestaba o maldecía cada que tenía la oportunidad. Y yo le mandé mensajes de amor secretos. Y bailamos e hicimos… —Sacudió el papel—. No sé qué hice con él. Ni siquiera sé por dónde comenzar a entender esto, o si quiero llegar a entenderlo.
—No sabemos todo, Harry, no te juzgues ni a Malfoy. Solo, descubramos lo que podamos, ¿vale? Luego, partimos de ahí.
Bajaron las escaleras, juntos. Los tres habían estado viviendo en Grimmauld Place desde que los juicios habían comenzado, semanas antes. Ron y Harry habían regresado, al principio, a la Madriguera, después de la Batalla de Hogwarts. Hermione había pasado un mes visitando a sus padres, que ya estaban de vuelta en su casa, después de haber estado escondidos, por casi un año, en una casa de la Orden con los Dursley (1).
Harry había estado inquieto y se sentía atrapado en la Madriguera. Era demasiado pronto, después de todo lo que había pasado. Ver a Ginny cada día había sido raro; ella estaba claramente lista para volver a estar juntos, pero Harry no podía, aún no. Había usado los juicios como excusa para irse. Ron les había dicho a sus padres que no quería que Harry estuviera solo en Grimmauld Place. Poco tiempo después, Hermione se les había unido, para poder asistir a los juicios y estar cerca de Ron.
Kreacher estaba en el piso de abajo.
—Harry Potter, señor. El ministro Shacklebolt está en la sala de estar, esperándolo. ¿Quiere que lleve bocadillos?
—No será necesario, Kreacher. Gracias —le dijo Hermione al elfo, porque Harry lo había ignorado y había pasado de largo por el pasillo. Kingsley estaba parado en medio de la sala, hablando con Ron, que debía haber regresado de la Madriguera, pues estaba sacudiéndose polvo flú de los hombros.
—¿Cómo está Ginny? —preguntó Harry, ignorando a Kingsley de momento.
—Muy preocupada —dijo Ron, encogiéndose de hombros—. Una edición especial de El Profeta salió. —El pelirrojo vaciló—. Lo vio y se molestó un poco.
—¿No podían esperar a mañana? —Harry miró a Ron y luego a Kingsley, sin poder creerlo. El ministro negó con la cabeza, mientras sacaba un papel de su túnica y se lo daba al moreno. "OBLIVIATADO", decía el encabezado, en letras de quince centímetros; debajo, había una fotografía de Harry, mientras Ron y Hermione lo ayudaban a salir de la sala. El Harry de la foto caminaba como un autómata, con el rostro marcado por el shock. El Ron y la Hermione de la foto se veían casi tan sorprendidos, pero al menos tenían la presencia para fulminar con la mirada a los que estaban estorbándoles—. ¿Qué dice? —preguntó sin interés, mientras arrojaba el periódico al fuego. De nuevo, caminó hacia su sillón de cuero favorito y se sentó.
Hermione le hizo un gesto a Kingsley para que se sentara en el otro sillón, dado que Harry no había dicho nada. Ella y Ron se sentaron en el sillón largo.
—Nada acerca de los recuerdos que vimos; estamos tratando de contenerlo, y hasta ahora hemos tenido éxito —dijo Kingsley—. Pero dice mucho acerca de cómo se encontraron los recuerdos.
—No parece tan molesto —le susurró Ron a Hermione.
—Está en shock. Se está apagando.
—El juicio está oficialmente en pausa. Draco Malfoy está en el ala médica, siendo tratado por heridas hechas por los guardias de su celda. Hice que el jefe de aurores investigara lo que sucedió. Los guardias dicen que él provocó el ataque, pero sin importar la causa, lo golpearon y maldijeron severamente.
—Una lástima que no hayan terminado el trabajo —dijo Ron entre dientes. Hermione lo golpeó y negó con la cabeza.
—No, él es el único que puede decirnos qué pasó. —Miró a Harry; el moreno no había mostrado interés en la noticia acerca de Malfoy.
—Harry, ¿no recuerdas nada acerca de tu, bueno, tu relación con Malfoy? —dijo Kingsley; su voz teñida de vergüenza.
Harry negó con la cabeza, pero no apartó la mirada del fuego.
—Nada que yo no pensara que eran sueños raros. Dormimos en condiciones extremas por meses, tu mente comienza a jugarte malas pasadas después de un rato.
Kingsley lo miró preocupado, pero decidió continuar.
—Bueno, Malfoy necesita un día o dos para recuperarse de sus heridas. Harry, ¿te gustaría ir a San Mungo mañana? Para ver si pueden…
—¡NO! —Harry se puso de pie de un salto, hasta llegar frente a Kingsley, y le enterró el dedo en el pecho—. No voy a dejar que alguien me pinche con sus jodidas varitas para descubrir qué cojones está mal conmigo. Ya me harté. Estoy JODIDAMENTE HARTO. Fui un JODIDO HORROCRUX; MORÍ, CON UN DEMONIO. Un MALDITO PSICÓPATA vivió en mi cabeza por AÑOS. Y AHORA SOY EL JODIDO AMANTE GAY SIN MEMORIA DE UN PUÑETERO MORTÍFAGO. Al diablo contigo, Kingsley, y con todo el mundo mágico. —Giró sobre sus talones y salió de la sala, no sin antes volcar la mesa donde había estado su cena fría. El retrato de Walburga Black comenzó a gritar y Hermione escuchó a Harry arrojándole algo, antes de subir las escaleras.
Los tres se quedaron en donde estaban, atónitos, escuchando el abrir y cerrar de puertas y el sonido de algo siendo arrojado contra una pared.
—Bueno, eso es bueno —dijo Hermione con una sonrisa satisfecha.
Ron y Kingsley la miraron, sin poder creerlo.
—¿Eso fue bueno? —dijo Ron, riendo.
—Sí, es mucho mejor que esté enojado y destruyendo cosas a que esté aquí sentado, como un zombi, retrayéndose. Ron, ¿por qué no subes y dejas que te grite un rato? Solo en caso de que se deje llevar de más. —Al mismo tiempo, oyeron un fuerte golpe, un ruido que fue casi silenciado por la voz del retrato, que gritaba acerca de los sangresucias—. Y, por el amor de Merlín, cierra las cortinas de Walburga al pasar.
—Claro. Maravilloso. Me están tocando todos los trabajos divertidos esta noche. Si no bajo en una hora, manda refuerzos. —Ron enderezó los hombros y salió de la sala.
—Lo lamento, Kingsley. Ha estado en una espiral desde que salimos del tribunal. Es bueno que haya explotado. Comenzaba a preocuparme.
—De acuerdo. Además, es mejor que la alternativa. No había escuchado tantas profanidades desde que Sirius y yo nos quedamos bebiendo toda la noche, compartiendo nuestros problemas, hace unos años. Sirius podía maldecir tan bien como podía beber. —Kingsley negó con la cabeza.
—Kingsley, me gustaría que los sanadores mentales en San Mungo nos examinaran a Ron y a mí —dijo Hermione, vacilante pero resuelta—. Sospecho que, si los recuerdos de Harry fueron manipulados, los nuestros también lo hayan sido. Harry y yo estuvimos viendo unas cosas allá arriba, y supe que las había visto antes, pero algo estaba mal con el recuerdo.
—Me temo que hay una gran posibilidad de eso. Malfoy, y quien sea que lo ayudó a hacer esto, también debieron haberles hecho algo a ustedes. De otro modo, habrías sabido que algo estaba mal. —Kingsley se sentó de nuevo—. Esto siempre fue una farsa de juicio. Nunca debí permitir que fuera apresurado y frente al Wizengamot, como lo hicimos. Había muchas cosas de Malfoy que no cuadraban. Pero dejé que ese idiota de Smith y su equipo me convencieran.
—¿Vas a anular el juicio? —preguntó Hermione.
—Aún no, pero la posibilidad sigue en pie. Ahora, claro, es un juicio cerrado. Nadie del público general podrá observarlo. Harry puede asistir, junto con quien sea que necesite como apoyo.
—¿Malfoy dijo algo después de que salimos del tribunal?
—No. Estaba en estado catatónico. No podía, o no quería, caminar.
—Entonces, ¿cómo provocó el ataque?
Kingsley hizo un gesto.
—Todos los guardias que estaban ahí están siendo cuestionados. El primer reporte es que pasó de estar completamente pasivo a atacarlos. Llegaremos al fondo de esto, y se le asignará un vigilador, que lleve registro de todo; si alguien decide vengarse, seremos capaces de detenerlo (2). Especialmente, si consideramos lo que pasó con Lucius Malfoy.
Hermione asintió con sobriedad. Lucius Malfoy se había resistido al arresto, y había sido asesinado por los aurores que habían estado tratando de llevárselo.
Se oyó otro fuerte golpe en la habitación de arriba. Hermione hizo una mueca.
—Creo que ese fue el armario. Espero que el boggart no se haya salido.
Kingsley rio.
—Creo que no conseguiré nada más de Harry esta noche. Cuando vuelva en sí —Se oyó otro golpe—, dile que me gustaría reunirme con ustedes tres mañana por la tarde, a las cuatro, en mis oficinas. Me reuniré con ambos abogados y decidiremos cómo vamos a proceder. —Se puso de pie y tomó la mano de Hermione—. Mandaré una lechuza a San Mungo, diciendo que los vean a ti y a Ron mañana en la mañana. Si Harry desea que lo, em, pinchen con sus jodidas varitas, llévalo contigo. Me gustaría mucho descubrir todo lo que podamos antes de proceder.
OoOoOoO
Harry alzó la mirada cuando Ron y Hermione entraron a la cocina. El moreno estaba sentado a la gran mesa de roble, donde había puesto el tocadiscos de Regulus y la pila de discos muggles. Sin una palabra, se puso de pie y les sirvió a ambos una taza de café. Dándole las tazas con el fragante líquido, se sentó enfrente de ellos. Ron estaba agarrando la mano de Hermione, con fuerza. Harry los miró a ambos. Los conocía lo suficiente como para que le fuera fácil leer sus lenguajes corporales.
—También los atacó a ustedes, ¿verdad? —Se podía sentir la furia en su voz—. Maldito bastardo, voy a…
—No, Harry. —Hermione negó con la cabeza—. No nos borraron la memoria. Nos checaron muy bien, no hay señales del Obliviate. —La chica suspiró—. Fue otro hechizo, no pudieron decir cuándo pasó, pero…
—¿Qué les hizo? —la interrumpió el moreno.
—Un encantamiento. Un encantamiento de confianza. Uno viejo… Muy pocas personas han escuchado de él. El Adcredo. Hace que aceptes lo que te dicen que aceptes. Que no cuestiones.
—¿A ambos?
—Bueno, sí. Debió haber sido a ambos —dijo Ron, amargamente—. El bastardo sabía que no podría hacerlo solo a uno de nosotros. También a ti, tal vez.
—¿Es reversible? —preguntó Harry en voz baja. Saber que su propia memoria había sido manipulada ya era malo. Que a sus amigos también les hubieran hecho lo mismo, por su culpa, era más de lo que podía aguantar.
—Ya lo hicieron —dijo Hermione, sonriéndole para darle confianza—. Afortunadamente, tiene un contra encantamiento.
—¿Y? ¿Recuerdan algo diferente?
Ambos se miraron, y Harry reprimió las ganas de sentirse irritado. Desde que se habían hecho pareja, Harry había comenzado a sentirse como un mal tercio.
—Pasé mucho tiempo hablando con la sanadora Watson acerca del encantamiento, Harry. Y necesito investigar un poco por mi cuenta. —Ron y Harry bufaron al mismo tiempo—. Pero, aparentemente, nada fue borrado. Simplemente hicieron que aceptáramos y no cuestionáramos. Esa es, probablemente, la razón por la cual yo sabía de la moneda, sabía que se la habías dado a tu novio, pero no te pregunté después.
—Y la razón por la cual yo sabía que eras gay pero no me pareció raro que salieras con mi hermana —dijo Ron, negando con la cabeza—. Ambos sabíamos que eras gay, pero nunca se nos ocurrió que, dado que Ginny definitivamente no es un chico, no debías estar interesado en ella. Ni siquiera lo hablamos.
—Oh, Dios, Ginny. ¿Cómo voy a explicarle esto? —Harry negó con la cabeza—. Espera, eso no tiene sentido. ¿Sabían que era gay?
Hermione y Ron asintieron.
—Nos lo dijiste la primera semana de escuela, en cuarto año.
—Les dije que era gay, así que obviamente yo lo sabía… —dijo, sin poder creerlo—. Entonces, ¿por qué quería salir con Ginny? Definitivamente quería hacerlo, era lo único en lo que podía pensar durante sexto año.
—Necesitas ir a San Mungo, Harry —dijo Hermione—. Probablemente te dieron algún tipo de poción de amor.
Harry negó con la cabeza.
—No. Si me hicieron algo más, no quiero saberlo ahora. Además, eso no tiene sentido. Incluso si Malfoy yo tuvimos… algo, ¿por qué borraría mi memoria y luego me daría una poción de amor para enamorarme de Ginny? ¿Qué es lo que habría ganado? ¿Cómo fue que pudo habérmela dado?
—No lo sé, Harry. No sé por qué lo hicieron —protestó Hermione—, pero una poción de amor explicaría mucho. Tienes que admitir que tus sentimientos por Ginny han cambiado, lo sabía incluso en mayo. Tal vez la poción estaba desvaneciéndose.
—Todo estaba tan confuso después de la batalla, pero… Yo seguía diciéndome a mí mismo que, una vez que todo se calmara, podría arreglarlo todo con ella —dijo Harry, negando con la cabeza—. ¿Cómo podría ser gay, saber que lo soy, y no recordarlo?
—Ve. A. San. Mungo —dijo Hermione, con los dientes apretados—. La sanadora Watson es brillante. Una vez que te quiten el Adcredo, tal vez recuerdes más, o pienses en las cosas que pasaron y que obviaste, debido al encantamiento de confianza.
—No quiero ir —dijo Harry, necio. Quería a Hermione, pero ella no entendía que ya había tenido suficiente para lidiar, y no quería añadir más problemas.
—Está bien, Hermione —dijo Ron—. No hay prisa. Obviamente, esto lo hicieron hace, al menos, dos años. Unos cuantos días no harán la diferencia. —El chico miró a Harry—. ¿Cierto?
—Cierto. —Harry le sonrió a Ron, aliviado porque el chico lo entendía.
Claramente, Hermione no estaba de acuerdo, pero decidió cambiar el tema.
—Harry, ¿cuál es la relevancia de los álbumes? ¿Por qué estos? —preguntó, checando las cubiertas.
—No puedo entender cómo llegaron a mi baúl.
—No soy precisamente grupos nuevos. Todos son de los sesentas. ¿Tienen un significado especial para ti?
Harry vaciló. Los meses que habían pasado escondidos los habían unidos más que nunca. Durante esas interminables noches en la tienda, o alrededor de una fogata, había compartido mucho acerca de su vida con los Dursley. Nunca les había contado del peor día, cuando su tío lo había encontrado escuchando los álbumes en su alacena.
—¿Puedo poner uno? Nunca antes he escuchado un álbum completo de música muggle —dijo Ron, estirando la mano para tomar el de hasta arriba. Harry lo detuvo con su mano.
—Tengo que contarles acerca de ellos antes. He estado sentado aquí, tratando de reunir el coraje para poner uno. Tiene que ver con los Dursley. Antes de recibir mi carta de Hogwarts. —Repasando las líneas de la madera de la mesa con un dedo, Harry les contó acerca de la noche en que los discos y la tocadiscos de su madre fueron destruidos por su tío Vernon. Ron y Hermione se veían horrorizados. Harry negó con la cabeza—. No puedo entender cómo se une esto con Malfoy. Tiene que tener algo que ver con toda la situación, pero no sé cómo. Pero, nunca les conté a ustedes. ¿Por qué habría de contarle a él, de entre toda la gente?
—¿Por qué creías que los habías encontrado el pasado julio? Dijiste que los encontraste cuando estabas limpiando tu baúl.
Harry se pasó una mano por el cabello.
—Supongo que pensé que alguien debió haberlos puesto en el baúl equivocado. Pero sabía que no le pertenecían a alguien de nuestro dormitorio. Ni siquiera teníamos un tocadiscos. —Harry miró a Ron, que asintió—. Pero estaba tan tenso ese día que los encontré, preocupado por llegar a la Madriguera a salvo; luego Moody fue asesinado y nos escapamos y ya no pensé en ellos de nuevo.
Hermione lo rodeó con un brazo.
—No te preocupes por ello. Vamos a reunirnos con Kingsley esta tarde. Tal vez eso nos dé algunas respuestas.
OoOoOoO
El trio entró a la oficina de Kingsley Shacklebolt con prisa. Harry revisó la habitación con rapidez y soltó un suspiro de alivio cuando vio que Malfoy no estaba entre los presentes. Su abogado, Goldstein, estaba ahí, así como el fiscal y su asistente. Todos giraron para mirar al moreno cuando entró.
—Gracias, Harry. Aprecio que aceptaras reunirte con nosotros —dijo Kingsley. Como si hubiese tenido alternativa, pensó Harry, riendo—. El propósito de esta reunión es para decidir si el juicio debe o no debe continuar, anularlo y comenzar de nuevo, o tomar otras medidas. —Kingsley dirigió su atención al fiscal—. Como ya dije, temo que este caso haya sido desarrollado tan apresuradamente, cuando era claro que no toda la evidencia había sido juntada.
—Mi oficina ha lidiado con veinte casos de mortífagos en los últimos cuatros meses. Si nos tomáramos ridículas cantidades de tiempo con todos ellos…
—Se vería la justicia, y usted se habría ahorrado la molestia de que sus decisiones fueran desechadas. Y un chico de dieciocho años no debería encarar una cadena perpetua en Azkaban por haber sido obligado por otros a hacer algo, usualmente usando tortura —dijo Goldstein.
—Vamos a sentarnos y discutir lo que sabemos; acabo de recibir una lechuza que será de interés para todas las partes. —Todos tomaron asiento y Kingsley sacó una hoja—. Primero, Malfoy estará lo suficientemente recuperado pasado mañana, para asistir a una audiencia y retomar el juicio. Los guardias que estuvieron presentes han sido interrogados usando Veritaserum. Sí provocó el ataque en un grado, pero los guardias exageraron. Dos guardias han sido despedidos y otros dos han sido reasignados a trabajos de oficina, por haber fallado en proteger a Malfoy del ataque.
—¿A qué se refieren con que lo provocó? —preguntó Harry.
—Empujó deliberadamente a los guardias que lo estaban llevando a su celda. No fue mucho, pero los guardias reaccionaron de forma exagerada.
Smith sonrió de lado.
—Probablemente estaba intentando retrasar el juicio, hacer que lo hirieran para que se suspendiera, así como ha pasado.
—Sin importar la causa, intensifiqué la protección de Malfoy, incluyendo el uso de una guardia personal. Confío en que será suficiente para protegerlo. —Kingsley volteó hacia el abogado de Malfoy—. Señor Goldstein, ¿tiene algún conocimiento acerca de la relación de su cliente con Harry Potter?
—Regularmente invocaría el privilegio abogado-cliente, pero no hay necesidad de ello en este caso. No tenía idea. Habló, durante nuestras reuniones antes del juicio, acerca de sus varios encuentros con el señor Potter, pero nada indicaba que hubiera algún tipo de, bueno, relación íntima.
—Y, Harry —Kingsley volteó hacia el chico, que se removió en su asiento—, por tu reacción de ayer, y la obvia pérdida de memoria, puedo decir que tú tampoco tenías idea.
—No, ninguna. —Harry negó con la cabeza—. Malfoy y yo no éramos más que antagonistas hacia el otro durante la escuela.
—Sin duda, hay mucho más de lo que sabemos —dijo Kingsley—. Me gustaría reiterar mi deseo de que vayas a San Mungo, en especial después de haber recibido los resultados de las revisiones del señor Weasley y la señorita Granger. Ya accedieron a que sean compartidos. —Miró a ambos chicos. Ron y Hermione asintieron—. A ambos les aplicaron el encantamiento de confianza, Adcredo, en algún momento en el pasado. Es imposible saber cuándo. Probablemente al mismo tiempo que tu memoria fue borrada.
Harry se contuvo de decir "no".
—Lo consideraré.
—De hecho, señor, el caso de la pérdida de memoria del señor Potter saca a la luz un punto interesante. Él ha testificado en cinco casos. En realidad, la liberación de Narcissa Malfoy se otorgó casi solamente por el testimonio del señor Potter. Como ya tenemos pruebas claras de que ha sufrido… manipulación…
Harry sintió su ira elevarse, y estuvo a punto de ponerse de pie, pero Kingsley le ganó. El hombre golpeó su escritorio con el puño.
—Suficiente. La única evidencia que tenemos es que le retiraron recuerdos. No se le añadieron ni se alteraron. Hasta que se demuestre lo contrario, su testimonio quedará como está. —La voz de Kingsley se sentía fría por el enojo—. Si escucho una palabra más que refleje dudas del testimonio o de la salud mental del señor Potter, su equipo completo será despedido. ¿Está claro? —El abogado asintió a regañadientes. Kingsley continuó con seriedad—. Por el testimonio de Draco Malfoy, siento que necesitamos recibir verificación del tiempo que pasó en la mansión Malfoy. El único testigo vivo que tenemos disponible es, por supuesto, su madre. Con eso en mente, solicité su presencia en la audiencia. Será acompañada al ministerio por los aurores, desde su actual lugar de residencia.
—¿En serio cree que eso es necesario, señor? —dijo el fiscal con sequedad—. Narcissa Malfoy ha tenido muchas oportunidades para dar información. ¿Qué espera ganar?
Kingsley fulminó al hombre con la mirada.
—Información, que es lo que necesitamos. Evidencia que nos diga qué está pasando, por el amor de Merlín. ¿Me entendió?
—Ciertamente, señor.
—Además, he recibido una lechuza de Aberforth Dumbledore. Tiene unos recuerdos de pensadero de su hermano. Albus Dumbledore se las dio para que las cuidara, poco antes de su muerte. Según Aberforth, Albus le dijo que él sabría si era necesario sacarlas a colación, y cuándo sería el momento correcto para llamar nuestra atención. Al parecer, el momento es ahora.
—¿Los recuerdos tienen algo que ver conmigo y con Malfoy?
—Al parecer, sí; sabremos más cuando llegue. Estará presente en la audiencia y veremos los recuerdos. Con ambos permisos, estos recuerdos serán vistos por solo el consejo pequeño del Wizengamot y las partes involucradas. No queremos que ocurra algo como lo de ayer.
—No tengo objeción —dijo Goldstein.
—Si se prueba que los recuerdos del pensadero no han sido alterados, no tendré objeción —dijo Smith.
Kingsley volteó hacia Harry, el cual se encogió de hombros.
—Si ayuda a responder lo que me pasó, estoy de acuerdo.
—Muy bien, nos reuniremos en la Sala de Audiencias D, pasado mañana, para ver los recuerdos del pensadero. Gracias por venir esta tarde.
Mientras todos estaban saliendo del cuarto, Samuel Goldstein puso una mano sobre el brazo de Harry.
—Si pudiera hablar con usted por unos minutos, a solas, señor Potter.
—Oh, claro —dijo Harry, parpadeando, sorprendido—. ¿Dónde…?
—Pueden utilizar la oficina de mi asistente, ya se retiró —dijo Kingsley, cuando oyó la solicitud.
Goldstein asintió.
—Gracias, señor. Muy amable de su parte. —Se dirigieron a la otra oficina y Goldstein cerró la puerta. Miró a Harry nerviosamente—. Señor Potter, me encuentro en una posición bastante rara. Usted, por supuesto, me retuvo para defender a Narcissa Malfoy y a su hijo. Sin embargo, debido a los recientes descubrimientos…
—Quiere saber si voy a seguirle pagando —dijo Harry sin expresión. No había pensado en la ironía de que en verdad estaba pagando el abogado de Malfoy.
—Burdamente, sí. Si estuviera manejando este caso en América lo haría gratis, es muy intrigante. Sin embargo, con los gastos de vivir aquí por las últimas seis semanas…
Harry miró al hombre, que tenía la decencia de verse avergonzado. Había ido a Gran Bretaña a petición de Harry, tomándose un descanso de su propia firma. Y había tomado dos casos que nadie más había estado dispuesto a defender. Había hecho un trabajo decente, joder. Harry había sido honesto cuando le dijo a Ginny que tenía una deuda con los Malfoy. Había contratado al abogado anónimamente; se lo debía a los Malfoy pero no quería que el chico se enterara de ello. Ahora, estaba obligado a pagar porque defendieran al imbécil que le había hecho un Obliviate. Se rehusaba a pensar en las notas que el encantamiento proteico de la moneda había revelado. Solo quería alejarse de todo. Estaba cansado, exhausto. No había dormido bien desde antes de los juicios de Malfoy, y la noche anterior no había dormido para nada. Se había quedado recostado por horas, luego se levantó y caminó por la casa; finalmente, en cuando amaneció, se puso sus zapatos deportivos y salió de la casa. Había comenzado a correr y no había parado hasta llegar al río. Se había quedado parado en el borde, viendo cómo se alzaba el sol. Deseando estar en cualquier otro lugar que no fuera Londres. Deseando simplemente dejar todo atrás y comenzar de nuevo. Se oyó una delicada tos y recordó, de repente, que había un hombre frente a él. Al diablo los Malfoy. Al diablo la deuda que tenía con ellos. Pero, aun cuando pensaba eso, sabía qué tenía que hacer.
—Continuaré pagando sus gastos por una semana más. Luego, Malfoy estará solo —dijo, peleando contra la tentación de decirle al abogado que regresara a América. Pero era mejor hombre que Malfoy, e iba a mantener su palabra con el abogado.
Goldstein se veía sorprendido.
—Eso es verdaderamente generoso.
—Y yo soy un tonto por hacerlo —dijo Harry con amargura—. No le diga a Malfoy.
—No, señor. Mis servicios se mantendrán apoyados por una donación anónima.
Harry salió por la puerta y se encontró con Ron y Hermione.
—¿Qué sucedió allá dentro?
—Nada. ¿A dónde vamos ahora? ¿Regresamos a casa o vamos a nuestro pub muggle de siempre? —preguntó Harry mientras caminaba por el corredor. No comían en ningún restaurante o pub mágico: era demasiado difícil disfrutar de la comida, con toda la atención enfocada en Harry.
—A la Madriguera —dijo Hermione firmemente—. Ginny ha estado esperando todo el día alguna respuesta tuya y, bueno, creo que también les debemos una explicación a Molly y a Arthur.
Harry negó con la cabeza.
—No sé qué decirle. Aún no sé qué pasó. No puedo decirle eso, em, lo que vimos…
—No tienes que decirle todo. Solo dile que Malfoy borró tu memoria y que solo vimos, em, y bueno, que fue solo… Maldita sea, no sé qué deberías decir. —Ron negó con la cabeza—. Pero ella ya sabe acerca de que te quitaron recuerdos. Se está volviendo loca y está muy preocupada por ti.
—¿Crees que será más fácil si no le dices lo que sabemos hasta ahora? ¿Y mejor se lo dices después? —preguntó Hermione, ladeando la cabeza—. Ella es fuerte; puede lidiar con mucho. Pero con lo que no puede lidiar es con no saber los hechos, con que la protejas porque tienes miedo.
Ron y Harry se miraron.
—Preferiría esperar unos cuantos días más —dijo Harry, moviendo la cabeza.
—Lo siento, no tienes opción. —Habían llegado al punto de aparición mientras platicaban y Hermione los tomó de la mano. Con un movimiento practicado que había hecho cientos de veces durante el año pasado, se desapareció, llevándolos con ella.
—¡Hermione! —gritó Harry con enojo, en cuanto aterrizaron afuera de la Madriguera.
—Harry, habrías dicho que sí en su momento. Porque siempre haces lo que es correcto. Solo nos ahorré un poco de tiempo —dijo Hermione—. Además, es martes, y eso significa que…
—¡Hay pastel de carne! (3) —dijo Ron, con una gran sonrisa—. No puedo creer que casi olvidáramos que era martes. Lo siento, amigo, no hay de otra. No puedes comer basura de un pub cuando el pastel de carne de mamá está esperándonos.
Harry gruñó y comenzó a discutir pero, antes de que pudiera decir una oración, Ginny estaba corriendo por el jardín hacia ellos. Su cabellera roja se alzaba detrás de ella mientras corría. Bajó la velocidad hasta detenerse frente a ellos. Los miró a los tres, y luego enfocó su atención en Harry.
—No estás alegre de estar aquí —dijo, acusadoramente.
—Yo, em, bueno, quiero decir, estábamos… —Harry dejó de hablar y entrecerró los os cuando Ron y Hermione se fueron a prisa por el jardín, en dirección a la casa—. No sé qué decirte —dijo, simplemente.
—La verdad siempre es buena —dijo Ginny secamente—. Me he estado volviendo loca hoy. La verdad no puede ser peor que lo que ha estado pasando por mi cabeza. —Giró y dirigió a Harry hacia una banca que estaba cerca de ellos—. Mi última idea fue que tuviste una aventura con Malfoy, ¿qué tan loco es eso? Así que, en serio Harry, lo que sea que… —Harry dejó de caminar y solo se dejó caer en la banca, mirándola—. Harry, ¿qué sucede? —dijo la chica, preocupada, rodeando al moreno con un brazo—. ¿Qué dije?
—Ginny, lo siento mucho. —Harry rio amargamente—. Oh, Merlín, esto es tan estúpido. Aquí estoy, disculpándome por algo que ni siquiera sé si hice.
—¿Qué, qué hiciste? ¿Qué no sabes? —dijo Ginny, comenzando a endurecer la voz.
—Lo que dijiste —dijo Harry, sin atreverse a mirarla a los ojos. En vez de eso, miraba el jardín, buscando gnomos. Siempre estaban ahí, escondiéndose…
—¿Lo que dije? No dije nada, solo te conté acerca de las locas ideas que he estado teniendo… —Ginny se detuvo, negando con la cabeza violentamente—. No es cierto, no podrías haberlo hecho. ¡Harry, ni siquiera eres GAY! —Ginny gritó la última palabra, poniéndose de pie, con las manos en la cintura—. Esto no es gracioso, Harry. No lo es. Si Ron te dijo que dijeras eso…
—Ginny. Dios, Ginny, no sé NADA. Todo lo que sé, ahora mismo, es que vimos los recuerdos que nos mostraron. Y era bastante claro que nosotros, que él y yo éramos…
—¿Me engañaste con DRACO MALFOY? —La voz de Ginny se había alzado una octava.
—¡NO! ¡Tal vez! ¡No lo sé! —Harry temblaba por la frustración—. Es por eso que no quería venir aquí. ¿Cómo diablos se supone que sepa lo que hice si no lo recuerdo? —Harry se obligó a respirar profundamente. Quería tomar la mano de Ginny, pero tenía miedo de hacerlo—. Pero, Ginny, por los retazos que vimos, estoy bastante seguro de que fueron antes de que tú y yo comenzáramos a salir.
—¿Las imágenes que vieron, te mostraban a ti y a Malfoy, juntos? —dijo Ginny, con la voz más calmada. Se volvió a sentar en la banca.
Harry asintió miserablemente.
—Sí. Y anoche, Hermione y yo encontramos algunas cosas en el fondo de mi baúl escolar, que parecían apoyar, bueno, lo que vimos.
—¿Como qué cosas? —Harry podía notar que Ginny estaba tratando de mantener la calma, pero estaba retorciendo las manos sobre su regazo y se había alejado un poco de él.
—Cosas estúpidas. Una moneda, como las del ED, pero era obvio que la utilizábamos para comunicarnos con el otro y, em, la mitad de una bufanda de Slytherin —Ginny se estremeció por eso—, y algunas otras cosas.
—Entonces eres bisexual, o gay. O algo —dijo Ginny lentamente.
—O algo —dijo Harry—. Desearía poder decirte lo que soy, pero obviamente no tengo idea. No puedo decirte cómo desearía saber qué está pasando, pero una parte de mí está aterrorizada de aprender más. Por Godric, Ginny. Desearía poder decirte que todo va a estar bien. Pero no puedo.
Ginny se puso de pie y estiró su mano hacia Harry, levantándolo. Le dio un gentil abrazo. Él rodeó su cuerpo con los brazos, vacilante.
—Harry, no puedo decirte cómo me siento acerca de todo esto. No lo sé. Mi instinto me dice que grite y haga un escándalo, pero sé que no es tu culpa. Es culpa de ese bastardo Malfoy. Pero eso no cambia el hecho de que te amo, y que te he amado por más tiempo del que puedo recordar. Y vamos a resolver esto, ¿de acuerdo? Todo va a estar bien (4).
Harry apretó su abrazo.
—Eres más de lo que merezco, Ginny. Eres lo mejor que me ha pasado.
—No estoy segura de cómo tomar eso. Claramente, tus estándares en el pasado no eran muy altos —dijo Ginny secamente. Se puso de pie—. Vamos, es martes. Si no entramos a la casa pronto, Ron y Bill habrán acabado con el pastel. Y entonces ahí me molestaré de verdad.
Cuando entraron a la casa, Harry se sintió aliviado al descubrir que Ron y Hermione ya les habían dicho a los padres de Ron acerca de lo que habían aprendido de los recuerdos. Decirle a Ginny había sido bastante malo, por lo que no podía imaginar contarles a Arthur y Molly. Bill también estaba en la cocina.
—Es martes —dijo, con una sonrisa—. Fleur está visitando a su familia esta semana, así que no hay razón por la que deba perderme esto. Además, necesito hablar contigo, Harry.
—Espero que los duendes no estén pidiendo más dinero… —Harry comenzó, con enojo.
Bill rio.
—No, estoy seguro de que saben que rozaron el límite hasta donde podían. No, uno de mis compañeros se me acercó hoy. Dijo que quería hablar contigo acerca de la, em, situación.
—¿Acerca de Malfoy?
Bill asintió.
—No me dijo de qué, solo que pensaba que tal vez podría ayudarte a saber más acerca de lo que pasó. Sé que parece una petición rara, pero es un tipo bueno y recto. Si dice que tiene información, es porque sí la tiene.
—¿Cómo se llama? —preguntó Harry, intrigado.
—Simon Ward, estuvo un rato en la reunión de la semana pasada.
—No identifico el nombre, pero seguro, creo. ¿Puede pasar a Grimmauld Place después del trabajo?
—Está bien, se lo haré saber.
Arthur apartó a Harry después de la cena.
—Harry, sé que nunca podré tomar el lugar de tu padre, pero, sin importar lo que pase, quiero que sepas que Molly y yo te consideramos un hijo nuestro. Quiero estar ahí para ti mañana.
Harry negó con la cabeza.
—No, en serio. No tiene que hacer eso. —Lo único en lo que podía pensar era en los recuerdos que ya habían sido mostrados. Se moriría de la vergüenza al pensar en que los Weasley los vieran—. Por favor, no…
—Voy a insistir. Ahora, entiendo, por lo que Ron dijo, o más bien, por lo que trató de decir cuando no estaba tartamudeando, que vieron cosas que eran de una naturaleza delicada. Molly se quedará en casa con Ginny. Y yo, bueno, francamente, he visto suficiente en mi vida, y no me sonrojaré si descubrimos que tienes un gusto por las cabras.
Harry se ahogó con eso y luego accedió, solo para poder irse sin escuchar otro comentario de Arthur Weasley.
OoOoOoO
(1) En esta parte, creo que Marty toma una trama de una de sus historias, que no he leído pero es más que seguro que no sigue el canon en cuanto a lo que Hermione hace con sus padres. Solo sigan la corriente, no afecta en nada a esta trama.
(2) En inglés, Marty escribió E.Y.E.; nunca pude encontrar una traducción a las siglas, pero tiene el sentido de un aparato mágico que vigila. De ahí es que sale la palabra "vigilador".
(3) En inglés, Shepherd's Pie… Vean imágenes y deléitense…
(4) Si alguien desea hacer "Weasley bashing", les recomiendo que esperen un poco… Todavía faltan unas cuantas actitudes Weasley que, en mi opinión, no son agradables.
Notas finales:
Ci vediamo!
Adigium21
