Notas de traductor:

Gracias a Adriana11, NUMENEESSE, jessyriddle, Lunatica Dark, Violet Stwy, toxica666, xonyaa11, Melanie Tao de Usui, Pumpkinx, catzeruf, Guadi-Fic's y Silvers Astoria Malfoy (con su entrega maratónica de reviews… LOVE IT!, y aún sigue…) por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores.

Pumpkinx: Sí, ya verás cómo resulta todo en éste y el que sigue… Ah, y tratemos de no odiar a Ginny, más de lo que debemos… hehe

xonyaa11: LOL, ¿Tienes poderes de clarividencia o algo así? En el capítulo siguiente descubriremos cómo fue que Harry perdió todo lo que tenía; se pondrá bueno…

toxica666: Ya me imagino a tu padre y a tu hermano. Debe haber sido muy divertido. Y creo que conocemos demasiado bien a Harry como para saber que sí, lo mandará todo al carajo. Pero se resuelve, lo prometo…

Disfruten… Ah, y avísenme si se me fue algún errorcillo.


A la mañana siguiente, Harry bajó las escaleras intentando estirar los músculos por la difícil noche anterior. Entró a la cocina y, gracias a los olores, entendió que Kreacher había freído unas salchichas propiamente. Por primera vez en días, el moreno se sorprendió porque en verdad tenía apetito.

Tal vez hablar con Ginny la noche pasada había ayudado más de lo que creía. Lo único bueno acerca de todo ese fiasco era el alivio de confirmar que era gay. Había pensado que se había vuelto loco por los últimos cuatro meses. Aún quería a Ginny, pero no más de lo que quería a Hermione. Ese había sido el primer indicio de que algo andaba mal. No había sentido ningún deseo de regresar con Ginny. Decidiendo que solo era cansancio, había esperado a que regresaran los viejos sentimientos. Luego, vio cómo Ron y Hermione no habían podido quitarse las manos de encima, esos días después de la batalla. Habían vivido lo mismo, casi lo mismo, que él. Y claramente eso no los había detenido. Y aún no los detiene, pensó con una risa, cuando vio que ya pasaban de las nueve en punto y ellos aún no bajaban.

Cuando él y Ginny habían comenzado a salir, se había sentido de la misma manera. Amaba cada minuto que estaba con ella. Pero cuando había regresado a la Madriguera en mayo, todo era diferente. Se había sentido atrapado por Ginny, y sabía que no quería estar a solas con ella. Se había sentido incorrecto besarla y no podía entender por qué. Finalmente, había huido, regresando a Grimmauld Place para alejarse de su mirada inquisitiva. Y eso había sido antes de que los sueños comenzaran; esos sueños que hacían que se despertara en la mañana, confundido. Había sido la noche en la que Harry y Ron habían ido a su pub muggle favorito, cuando el moreno tuvo que admitir que tal vez algo más estaba sucediendo. Se encontró a sí mismo pidiendo cerveza de tonel, solo por el placer de ver los bíceps del barman al jalar el tarro. No fue sino hasta que se preguntó distraídamente cómo se vería el hombre sin camisa, que supo que no podía seguir excusándose con cansancio post-batalla.

Poniendo su plato en el fregadero, Harry se sorprendió al escuchar una voz desconocida en el vestíbulo. Caminando por el pasillo, se detuvo de golpe cuando vio a Hermione, parada junto a otra mujer. Una mujer que llevaba la muy familiar túnica de San Mungo.

—Hermione. —Sintió cómo su ira aumentaba y trató de controlarse, algo que comenzaba a ser más y más difícil.

—Harry, primero que nada, no te preocupes. Nos aparecí directamente en el escalón de la puerta. Nadie en el parque vio llegar a la sanadora Watson —dijo Hermione, tranquilizadora. La presencia de la prensa en el parque cruzando la calle se había multiplicado desde que había salido la noticia de la memoria de Harry. Para confusión de los vecinos muggles, y la consternación del ministerio, que advertía repetidamente a los medios que cincuenta magos y brujas con túnica en un vecindario muggle era una clara violación al Estatuto del Secreto.

—Hermione, te dije que no. —Harry negó con la cabeza. Volteó hacia la sanadora—. Lamento que haya venido en vano.

—¡Harry! Solo habla con ella. Por favor, por mí —rogó Hermione.

—Señor Potter, entiendo su vacilación. Si desea que me vaya, así lo haré. Sin embargo, me gustaría la oportunidad de hablar con usted. Le prometo que no lo examinaré o haré algo en contra de su voluntad. La señorita Granger está muy preocupada por usted; tal vez podría considerarlo para calmarla. —La sanadora lo miró expectantemente, con una mirada hacia el preocupado rostro de Hermione.

Harry miró a las dos mujeres, incrédulo. En su propia casa…

—Vale. Bien, por aquí. —Sin gracia, giró y caminó hacia la sala de estar, sin mirar atrás para ver si lo estaban siguiendo. Se dejó caer sin cuidado en el sillón de brazos de cuero.

La sanadora entró al cuarto, girando para hablar con Hermione, la cual vaciló pero asintió y se dio la vuelta. La sanadora cerró la puerta y caminó hacia el otro sillón, sentándose y acomodando su túnica con pulcritud.

—Señor Potter, entiendo por completo que, el hecho de que me aparezca en su puerta, literalmente, es una tremenda invasión de su privacidad. Considerando de cuán poca privacidad disfruta estos días, debe parecerle mucho más intrusiva. No habría venido para nada, pero decidí hacerlo por la tremenda preocupación que la señorita Granger ha mostrado. Está genuinamente preocupada por usted, y francamente, por lo que descubrí gracias a ella y el señor Weasley, tiene toda la razón.

—Estoy seguro que le dijo que no estoy interesado en averiguar qué más me hicieron —dijo Harry, apretando los dientes para evitar ser brusco con la sanadora.

—Está bien. Déjeme contarle acerca de lo que encontré con lo que le pasó a la señorita Granger. Ella, por supuesto, me dio permiso de hablar acerca de ello —dijo la sanadora. Se detuvo, pero cuando Harry no respondió, continuó—. A la señorita Granger le aplicaron un encantamiento de confianza, llamado Adcredo, del que estoy segura que le platicó. Es uno de los más difíciles, y solo un mago extremadamente poderoso puede hacerlo. Afortunadamente, es más fácil retirarlo que ponerlo.

—Es un encantamiento que requiere apoyar las manos en la cabeza del sujeto —continuó—. No puede ser realizado con la varita o a la distancia. Mientras se toca al sujeto, el que hace el hechizo les dice lo que quiere que él acepte. Es imposible saber con exactitud cuál fue la orden que se le dio a la señorita Granger. La fuerza del hechizo en ella y el señor Weasley era muy débil. Estos hechizos no fueron hechos para un uso a largo plazo. Lo más seguro es que cualquier efecto de estos encantamientos se haya desvanecido para fin de año.

—Bien. Entonces no hay nada de qué preocuparse. Solo esperaré —dijo Harry, poniéndose de pie—. Lamento que perdiera su tiempo.

—La señorita Granger sugirió que era posible que le hubieran administrado alguna poción o encantamiento adicionales. Y también está la obvia preocupación por la alteración de su memoria —dijo la sanadora gentilmente. Harry gruñó y se sentó de nuevo.

—Mire, aprecio el gesto. Pero sé que los encantamientos de memoria son permanentes. No puedo recuperar lo que me quitaron.

—Eso es cierto. Sin embargo, es claro que usted no perdió esos dos años de recuerdos enteros. Entonces, el encantamiento de memoria que usaron es único. Los recuerdos están entretejidos como un tapiz. Hay hechizos de magia negra, para alterar la memoria, que son capaces de retirar solo recuerdos en específico, casi siempre aquellos de emociones extremas: amor u odio. Estos hechizos rompen los lazos que unen estos recuerdos con los que están entrelazados. Pero es imposible borrar por completo todos los recuerdos. Las piezas rotas de los recuerdos siempre permanecerán, a diferencia del Obliviate estándar, que corta los recuerdos cual si fuera un cuchillo.

Sin quererlo, Harry sintió cómo se interesaba más en la conversación.

—Entonces, el hecho de que haya tenido sueños raros que no puedo explicar con, em, la persona en cuestión, ¿indica que es posible que recupere esos recuerdos?

—Muy probablemente. El hecho de que haya tenido esos sueños ya es un indicador fuerte. Es muy parecido a cuando una víctima de una apoplejía debe volver a aprender cómo hablar y cómo realizar las tareas de cada día. Su cerebro ha sufrido un trauma severo. Los lazos que conectan sus recuerdos fueron cortados pero es posible que algunos, y no quiero decir muchos, se conecten de nuevo. Siempre habrá fragmentos, pero usted podrá entenderlos mejor, y no se estará preguntando si son sueños o pesadillas. Aun así, como usted ya lo ha experimentado, puede que lleguen mientras duerme, cuando su subconsciente está más activo. Además, objetos, sonidos u olores familiares pueden incitar estos recuerdos.

—¿Y si no los quiero de vuelta? ¿Pueden estar desconectados permanentemente? —preguntó Harry, recordando la pantalla enfrente del Wizengamot. No podía imaginarse viviendo su vida, teniendo ese tipo de sueños cada noche.

—No, podría haber un daño irreparable si se realizara otro hechizo de memoria con usted de nuevo. Es usted muy afortunado de haber pasado la primera experiencia con la mente en orden.

—Asumo que Hermione le contó que probablemente me dieron algún tipo de poción de amor.

—Sí, mencionó algo por el estilo. Hay muchos tipos diferentes de pociones de amor. Sin examinarlo, es imposible decir cuál le pudieron haber dado, si es que así sucedió.

—¿Hay alguna…? —Harry dudó—. Lo que le diga aquí es privado, ¿cierto? Como si estuviéramos en San Mungo.

—Por supuesto. La confidencialidad sanador/paciente lo protege, sin importar en dónde estemos.

—¿Hay alguna poción de amor que pueda hacer que me enamore, o que piense que estoy enamorado, de alguien que no es del sexo al cual me siento normalmente atraído? Es decir, al que no me sentía atraído antes de tomar la poción.

—En esencia, sí. Pero para que sea exitosa, le debieron haber dado una combinación de pociones. Y por pociones me refiero a poderosas cocciones de las artes oscuras, no el común Amortentia o los hechizos de amor de novedad de Sortilegios Weasley. Estas pociones también necesitan ser hechas por un maestro en pociones, no alguien que es un principiante en la materia.

Harry quiso reír con ese comentario: Hermione había hecho poción multijugos en su segundo año; si alguien era lo suficientemente determinado, podría hacerlo, y Malfoy siempre había sido el mejor en la clase de Pociones.

—¿Se desvanece por sí sola? Probablemente me la dieron hace dos años.

—Incluso las pociones más potentes se desvanecen en un periodo de seis a nueve meses. Ninguna poción de amor puede durar más sin que sea necesaria otra dosis.

—¿Cómo pueden administrarla? ¿Podrían haberla puesto en mi comida?

—De nuevo suponiendo, porque no sé con exactitud cuál poción le pudieron haber dado, podrían haberla puesto en su té, su sopa, incluso alguna paleta. Es muy difícil darle información acertada sin saber más acerca de su caso específico, señor Potter.

Harry apretó los dientes.

—Bien, puede examinarme y ver qué usaron conmigo. —Bien podría terminar con todo; sabía que Hermione no dejaría de molestarlo hasta que lo hiciera.

—Pienso que tomó una decisión sabia. Es mejor conocer en qué condición estamos que no descubrirlo por el simple hecho de tener miedo por el posible resultado. —La sanadora Watson sacó su varita de la manga y asintió hacia Harry—. Tal vez sea más fácil si cierra los ojos para esta primera parte.

Harry dudó: cerrar los ojos mientras la varita de alguien estaba apuntándole no era un comportamiento que Ojoloco Moody habría aprobado, pero el moreno se obligó a hacerlo. Casi inmediatamente, sintió bandas de magia apretándose alrededor de él y resistió la urgencia de abrir los ojos. Escuchó que la sanadora comenzaba a murmurar encantamientos y las bandas se aflojaron gradualmente.

—Muy bien, señor Potter, puede abrir los ojos. —Harry le hizo caso e inmediatamente los cerró de nuevo; el cuarto estaba mucho más brillante que como había estado cuando los había cerrado. La sanadora rio—. Debí haberle avisado; las bandas de contención son bastante brillantes, sus ojos se ajustarán en un momento o dos. Por favor, inténtelo de nuevo.

Harry abrió cuidadosamente sus ojos otra vez, parpadeando por la luz hasta que el brillo amainó. Dicho brillo brotaba de unas bandas de color que lo rodeaban mientras estaba sentado en la silla. La sanadora asintió con satisfacción.

—Señor Potter, puedo confirmarle que el Adcredo fue definitivamente utilizado en usted. Está representado por la banda alrededor de usted, en color turquesa. Es bastante delgada; solo tiene unos centímetros de ancho. Cuando lo utilizaron con usted, debía haber tenido diez veces su diámetro. Esto concuerda con el periodo de tiempo de los Adcredo de la señorita Granger y el señor Weasley, así que todos debieron haber sido aplicados al mismo tiempo.

Señaló la banda más grande, de casi cincuenta centímetros de ancho. Flotaba cerca de la cabeza del moreno. Éste giró el cuello para tratar te verla completa.

—Parece ser que casi dos años de recuerdos fueron eliminados, puede ver esta banda gruesa violeta y dorada; esta banda representa los recuerdos de su vida. —Señaló con su vida—. Los hoyos y cortadas que recorren esta sección muestran dónde fueron removidos los recuerdos.

Harry giró para ver la banda que rodeaba su cabeza.

—¿Esos son mis recuerdos? —preguntó, fascinado y horrorizado.

La sanadora negó con la cabeza.

—No, simplemente es un reflejo de ellos. El encantamiento que utilicé solo puede crear una imagen espejo. —Señaló la banda—. Cada año de su vida representa aproximadamente unos tres centímetros de ancho de la banda de recuerdos. Debería ser sólida, así se ve para aquel al que nunca le han hecho un encantamiento de memoria. Para alguien que ha sufrido por un Obliviate, vería solo un hoyo o cortada diminuta. En la suya, como puede ver, es sólida hasta este punto. —Indicó con la varita—, y luego hay un panel de hoyos y cortadas, esas son las partes que faltan. —La mujer miró a Harry con gravedad—. Es una pérdida de memoria significativa.

—Los bordes azules que rodean los hoyos en su memoria indican que el hechizo que utilizaron fue Amoris Delere, uno de los antiguos hechizos de memoria de la magia oscura, preferido por los sangrepura.

Harry habló sin emoción.

—Tendría sentido; claro, los Malfoy son sangrepura y aman las artes oscuras.

—Además, es seguro que una poción de amor fue utilizada con usted. Creo que fue Romanorum vis Amoris. De acuerdo con lo que sé de las pociones de amor de las artes oscuras, es una de las más tranquilas. Sin embargo, parece que la utilizaron junto con Quam Puella. Por su pregunta anterior, puedo sugerir que el otro sujeto de esta poción de amor era una chica, y usted normalmente es homosexual, ¿cierto?

—Sí —dijo Harry, sin agregar nada—. No sé latín. Amoris, lo entiendo. Quam Puella es…

—Una antigua y clásica poción del mundo sangrepura, para proteger la línea familiar. Redirige a un varón homosexual, para que sea capaz de sentirse atraído a una mujer. Fue diseñada para conseguir un heredero, y luego desaparece gradualmente.

—¿Cuánto tiempo dura típicamente?

—De nuevo, es muy difícil decirlo sin conocer la dosis que le administraron. No obstante, imagino que con la Romanorum vis Amoris, la poción debió haber sido tomada cada seis meses para seguir siendo potente. Sin tomarla más, todos los efectos deberían haber desaparecido después de nueve meses. Lo único que queda es la mera sombra de la poción. Me costó mucho trabajo reconocerla. En un mes, habría desaparecido por completo.

—Entonces, ¿cuándo debí haberla tomado? ¿Qué no las pociones de amor actúan al instante? Comencé a, em, pensar en Ginny en el otoño de 1996, pero no fue algo excesivo —dijo Harry, pensando en la reacción de Ron a la poción de amor que Romilda Vane había utilizado.

—Veo que conoce a alguien que ha sido víctima de la Amortentia. No, la Amoris es mucho más sutil, cuando se administra propiamente. Se da en pequeñas dosis durante un largo periodo de tiempo. Sospecho que le dieron la poción Quam Puella primero; luego, la Amoris comenzó después de dos o tres meses. Cuando se hace sutilmente, ninguno de ustedes es la, em, víctima. En especial cuando usted y la gente más cercana a usted están bajo los efectos del Adcredo.

—¿La, poción Quam ya desapareció también? —preguntó Harry.

—Imagino que usted conoce la respuesta mejor que yo —dijo la sanadora con una sonrisa—. No hay necesidad de temer algún efecto a largo plazo de alguna de las pociones. No necesita que le dé tratamiento. Pero me gustaría remover el Adcredo, con su permiso. Ya casi desaparece, pero puede que siga nublando algunos de sus pensamientos.

Harry pensó en rehusarme, solo para molestar a Hermione por llevar a la sanadora a su casa.

—¿Qué pasa cuando lo retire? ¿Sabré al instante lo que me obligaron a aceptar solo porque sí?

—No, no precisamente. De nuevo, no hay forma de que yo o alguien más podamos saber qué orden se le dio. Pero, en general, y ciertamente en el caso de sus amigos, ya tuvieron una indicación. Debido a las circunstancias, creen saber qué pudo haber sido sugerido. Así, fueron capaces de entender rápidamente qué asuntos habían sido encantados. Con usted y el trauma que ha pasado su cerebro, puede tomarle meses hasta que pueda arreglar todo y saber qué retuvo. Desafortunadamente, nunca sabrá qué se perdió.

—De acuerdo, retírelo —dijo Harry. Era más fácil terminar con ello; en ese punto, ya no le importaba.

—Para hacerlo, debo poner mis manos sobre usted. —La mujer alzó las manos—. Con su permiso…

Harry se encogió de hombros y la sanadora puso sus manos sobre su cabeza, para luego cerrar los ojos. Después de unos minutos, los abrió y tomó su varita. Lentamente, la pasó por el cuerpo del moreno, de arriba abajo, y la banda turquesa había desaparecido.

—¿Así de sencillo? —preguntó él, sorprendido.

—Así de sencillo. Es un contra encantamiento muy simple, la complejidad es en dónde se pone. —La sanadora guardó su varita en la manga—. Por su vacilación de siquiera ser revisado en San Mungo, sé que se resistirá a esta sugerencia, pero le recomiendo bastante que considere visitar a un sanador mental, señor Potter.

Harry se puso de pie.

—No, en absoluto. —Ya había tenido suficiente gente molestando a su alrededor para durarle una vida entera.

—Se lo sugiero no solo por el reciente descubrimiento, sino por el estrés que debe haber estado sufriendo por el último año, quizá más. Me atrevo a decir que encuentra difícil dormir, tiene pesadillas y no tiene apetito, ¿me equivoco? —Harry se encogió de hombros pero no se molestó en responder—. Un sanador mental podría ayudar con eso; por favor, considérelo.

—Gracias por venir, estoy seguro que Hermione la molestó hasta que accedió. ¿Podría hacerme un favor y decirle todo lo que acaba de decirme? Va a querer saberlo, y sé que querrá más detalles acerca de todo.

—Si se siente cómodo con que yo lo comparta, le daré la información con gusto. —La sanadora Watson se veía divertida—. Ciertamente es ávida al aprender todo lo que puede acerca de los encantamientos.

Salieron por la puerta y Hermione y Ron estaban esperándolos en las escaleras.

—¿Y bien? —preguntó Hermione, ansiosa.

—Lo que pensábamos: poción de amor, Adcredo y el hechizo de memoria. Le dije a la sanadora que te contara todo —dijo Harry, encogiéndose de hombros.

—Gracias, sanadora Watson —dijo Hermione, con una sonrisa agradecida—. Aprecio de verdad que haya venido.

—Fue un placer. Le daré los detalles cuando regresemos a San Mungo, así como algunos textos que podrían ayudarla en su investigación. —Hermione sonrió por el comentario y dijo que la aparecería a San Mungo de inmediato.

—¿Estás bien, compañero? —preguntó Ron, vacilante, una vez que las dos mujeres se fueron.

—Sí, claro. Iré a correr. —Harry quería salir de la casa antes de que Hermione regresara. No tenía deseos de pasar el resto del día analizando todo de nuevo. Subió las escaleras y se puso su ropa deportiva. Por un pequeño momento, alcanzó a verse en el espejo. Se veía igual en el exterior: cabello negro alborotado, ojos verdes, cicatriz. ¿Cómo había podido cambiar tanto por dentro, sin que él lo supiera? Apartó la mirada y se amarró los zapatos. Cada día había estado añadiendo más distancia a su recorrido. No faltaría mucho para que estuviera corriendo distancias maratónicas, solo para escapar de sus pensamientos. Cuando corría, en lo único que se enfocaba era en poner un pie delante del otro, respiro tras respiro.

Harry llegó a casa, complacido por la distancia que había corrido. Incluso sin la liberación del estrés de la semana que el correr la daba, se sentía bien forzarse, después de meses de haber estado encogido mientras se escondían. Deseaba poder ir a volar, pero tendría que esperar hasta que todo estuviera arreglado.

Bajando las escaleras después de su ducha, escuchó voces en la sala de estar. Al entrar a la habitación, encontró a Bill Weasley platicando con Ron y Hermione. Un mago alto, delgado y rubio estaba junto a él.

—Hola, Bill y, em, ¿Simon? Gusto en verte de nuevo. —Harry caminó hacia delante y estiró su mano hacia el mago, que sonrió de lado y la estrechó.

—Simon Ward. Gracias por recibirme hoy. —Miró a Harry—. ¿Me recuerdas? Sin contar con la vez que nos vimos en Gringotts, la semana pasada.

—Lo siento, ¿ya nos habíamos conocido antes? —Harry se sonrojó—. Debiste haber ido a Hogwarts, ¿no? —dijo, intentando adivinar, porque no recordaba haberlo visto para nada. Simon se sentó en el borde de la silla y miró a Harry.

El rubio dudó y luego dijo.

—Sí, fui a Hogwarts, pero no nos conocimos por… —Se calló—. Esto es realmente raro. Déjame comenzar con la reunión de la semana pasada. Probablemente notaste que me fui al instante, ¿cierto? —Harry asintió—. Lo hice porque estaba molesto de que no me hubieras reconocido.

Harry lo miró con horror.

—Oh, Dios, no tuve sexo contigo también, ¿verdad?

Simon echó la cabeza para atrás y rio.

—¡Merlín, no! —dijo, negando con la cabeza—. Lo siento, comencé esto mal. Yo era el novio de Cedric Diggory.

—Oh —dijo Harry—. No entiendo.

—¿Cuánto recuerdas acerca de Cedric?

—Bueno, nos enfrentamos en Quidditch y luego lo del Torneo y, em, cuando murió, claro —dijo Harry—. ¿Quieres hablar acerca de lo que…?

—¿No recuerdas haber sido su amigo? ¿O cuando estudiaban juntos? —preguntó Simon—. Tú y Cedric fueron muy buenos amigos durante ese año. Nos vimos tres veces y cuando no me reconociste la semana pasada, lo admito, estaba molesto. Como si también hubieras olvidado a Cedric. —Simon hizo una mueca—. No fue sino hasta que vi la historia de El Profeta esta semana, y me enteré de lo que te había pasado, que entendí por qué no me habías reconocido.

—Entonces, nos conocimos por Cedric Diggory —dijo Harry, casi para sí mismo.

Simon asintió.

—La primera vez, fue el primero de septiembre, en King's Cross. Cedric nos presentó, tú y él habían estado platicando mucho durante la Copa del Mundo la semana anterior. Y la siguiente ocasión fue el día del Torneo de los Tres Magos, el día que Cedric murió. —Pasó saliva con dificultad—. Nosotros, Bill, la señora Weasley y los Diggory caminamos por el lago esa tarde, juntos.

Bill alzó la voz desde el sillón.

—Yo puedo confirmar que Simon estaba con nosotros en el lago, Harry. Y se notaba que tú y Cedric eran amigos; bromeaban como camaradas. Lo siento, supongo que nunca hablamos de ese día. No sabía que no recordabas algo como eso.

—Lo siento, es solo que no recuerdo nada de esto…

—Lo sé, yo también lo siento. —Simon sonrió con tristeza de nuevo—. La última vez que nos vimos fue al siguiente día. En la enfermería. Entré con los Diggory a verte y tú nos dijiste lo que había pasado.

—Recuerdo eso —dijo Harry, enderezándose—. Definitivamente recuerdo esa conversación con los Diggory. Fue una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer. Pero no recuerdo que estuvieras ahí.

Simon asintió.

—Ahí estaba, y después de que terminaste de hablar con los Diggory, me llamaste. Me dijiste que querías hablar a solas conmigo.

Harry palideció.

—¿Eso hice?

—Sí. En cuanto los Diggory se fueron, Draco Malfoy salió de debajo de una capa de invisibilidad, con la que había estado escondiéndose.

—¿Malfoy estaba usando mi capa? —Harry se veía horrorizado—. ¿Dejé que la usara?

—No sé si quieras escuchar esto, pero tú y él estaban saliendo, Harry —dijo Simon sin miramientos—. Habían estado juntos por meses, cuando los vi en junio.

—¿Malfoy te dijo que estábamos… saliendo? —dijo Harry vagamente. Sentía que el aire del cuarto era más pesado.

lo hiciste. Ahí, en la enfermería. Me dijiste que tú y Draco querían que yo supiera cuánto había significado Cedric para ambos, cómo los había ayudado a estar juntos. Draco ya me había dicho algo acerca de ambos la noche anterior, mientras estábamos esperando a que tú y Cedric regresaran. Habíamos estado esperando, juntos, bajo las gradas. Él era un desastre nervioso, estaba muy preocupado por ti.

—Lo siento, no sé qué decir a todo esto. —Harry se sentó con la cabeza sobre las manos. Una cosa era decirse a sí mismo que tal vez todo era un truco, que quizás Malfoy lo había obligado a hacer algo. O quizá solo había sido una noche. Pero ahora, entre más aprendía, más empeoraba todo.

—Aproximadamente un mes después de que Cedric muriera, Draco me mandó por lechuza un dibujo que hizo de Cedric. —Los ojos de Simon comenzaron a humedecerse—. Fue un gesto tan considerado.

—¿Malfoy puede dibujar? ¿Es un artista? —preguntó Hermione, fijando sus ojos en los de Harry. Ambos estaban pensando en el dibujo que estaba arriba, en su baúl.

—Sí, era muy bueno, incluso a los catorce —dijo Simon—. Cedric hablaba acerca de cómo siempre estaba dibujando.

—Ese no es el Malfoy que conocemos —dijo Ron—. No suena muy Slytherin de él.

—Bueno, eso es lo que es tan difícil. Simplemente no puedo imaginar que el chico que hizo ese dibujo para mí, el chico que conocí era terrible noche, frenético por saber qué te había pasado, haciéndote lo que hizo. Simplemente no tiene sentido.

—Puedes repetirlo —dijo Ron bruscamente—. Malfoy y Harry peleaban el año entero. Peleaban cada año.

Simon se puso de pie y se acercó a Harry.

—Estoy seguro que te he dado más preguntas que respuestas. Pensé que te podría ayudar saber que alguien sabía acerca de ustedes dos. —Dudó y luego sacó un grueso paquete de cartas, del bolsillo de su túnica—. Cedric y yo intercambiamos muchas cartas. Solía escribir acerca de lo que estaba haciendo contigo. Creo que podrían ayudarte a llenar algunos espacios en blanco. Usé una fotocopiadora muggle y copié las secciones de las cartas en donde escribió sobre ti o sobre Draco. —Las alzó, pero no se las ofreció al moreno—. Si no quieres tomarlas ahora, lo entenderé. Puedes tomarlas o simplemente puedes avisarme a mí o a Bill si estás listo, cuando lo estés.

Harry dudó. Su instinto le decía que no las tomara, pero sabía que se obsesionaría por las cartas incluso si no las leía. Alzó la mano y Simon le dio el paquete.

—Espero que venir aquí no haya empeorado las cosas. Por favor, créeme cuando te digo que eras muy buen amigo de Cedric. Odio la idea de que hayas perdido eso también. Una de esas cartas habla acerca de cómo le enseñaste a hacer un patronus. Estaba muy emocionado, y me contó que todo era gracias a ti.

Simon le ofreció la mano y Harry la estrechó.

—Aprecio que vinieras, pero tengo que admitir que siento como si me hubieras quitado la escoba al estar volando.

—Lo entiendo. Mándame una lechuza o dile a Bill si quieres hablar, cuando sea. —Simon saludó a Ron y Bill con un gesto, y Hermione lo acompañó a la puerta.

—Espero que no te haya molestado que viniera, Harry. —Bill se dejó caer en la silla más cercana—. Cuando dijo que tenía información acerca de ti y Draco, no tenía idea de que fuera eso.

—Entonces, ¿tú y Draco durante cuarto año? —Ron miró a Harry, con los ojos como platos—. ¿Dónde diablos estábamos?

—Bueno, tú dejaste de hablarme por una parte de ese año —dijo Harry, fulminándolo con la mirada.

Ron hizo una mueca.

—Cierto, me gusta olvidarme de eso… Lo lamento, mala elección de palabras —dijo, cuando vio la mirada del moreno—. Pero, obviamente no entiendo cómo pudieron haber empezado a, em, verse. ¿Dónde o cuándo? Siempre estábamos juntos, sin contar ese tiempo en noviembre.

Hermione negó con la cabeza, al regresar.

—No, no es cierto, Harry, tú te ibas solo mucho tiempo, ¿recuerdas? Siempre regresabas diciendo que habías estado estudiando o corriendo. —Se mordió el labio y trató de recordar—. Regresabas después del toque de queda, decías que habías estado caminando por el castillo. Todos en la escuela eran horribles contigo, por lo del Torneo, y yo pensé que solo querías estar a solas.

—Pero, en vez de eso, me reunía con Draco Malfoy y Cedric Diggory —dijo Harry, sin emociones, mirando el paquete de cartas—. ¿Cómo es posible que Malfoy haya borrado eso también?

—La sanadora habló acerca de recuerdos entretejidos —dijo Hermione—. Como Cedric sabía acerca de ti y Malfoy, los tres debieron haber pasado mucho tiempo, juntos. Sus recuerdos debieron haber estado tan entretejidos con los de Malfoy que desaparecieron junto con los de él.

Harry negó la cabeza con enojo.

—¿Y eso dónde me deja? ¿Qué crees que voy a aprender de estas cartas? —Agitó el paquete en su cara—. Le enseñé a Cedric Diggory cómo hacer un patronus. Y no lo recuerdo, porque DRACO MALFOY, MI NOVIO SLYTHERIN, decidió BORRAR MI MEMORIA. —Bill, Ron y Hermione solo lo miraban, mientras caminaba por la habitación—. ¿Saben qué es lo que más me asusta? ¿Y si hubiera decidido borrarte a ti o a Ron de mi memoria? Podría haberlo hecho tan fácil como hizo que el recuerdo de Cedric desapareciera. Podría haberme hecho cualquier cosa, porque aparentemente se lo permití. ¿Cómo te sentirías si, de repente, no tuviera recuerdos de ustedes? ¿Dónde estaría yo si hubiera perdido todo lo que significamos para el otro? Quién sabe qué más me arrebató.

—Eso no pasó, Harry —dijo Hermione, tratando de tranquilizarlo.

—¿Cómo, en el nombre de Godric Gryffindor, lo sabes? ¡Tal vez tuve cincuenta "novios"! ¡Tal vez era el juguete sexual de la casa de Slytherin! No lo sé porque NO RECUERDO NADA.

—¡HARRY! —gritó Hermione, impactada. Ron estaba parado, negando con la cabeza. En el fondo, podían oír al retrato de Walburga Black, comenzando a gritar por el escándalo del moreno.

—Los veo después —dijo Harry abruptamente. Giró y se dirigió a la puerta. Ron lo tomó del brazo.

—¿A dónde vas? ¿Por qué no salimos juntos, vamos por una cerveza y…?

—No. Quiero estar solo —dijo Harry, zafando su brazo. Casi salió corriendo del cuarto y cerró de un portazo al salir.

Ron y Hermione se quedaron platicando y esperando en la cocina. Tres horas después, escucharon un fuerte golpe, seguido del sonido del retrato de Walburga, chillando. Hubo otro golpe sordo y otro. Ron y Hermione se miraron y corrieron al vestíbulo de la entrada. Se detuvieron al instante cuando vieron a Harry, golpeando el retrato con un mazo. Los agudos gritos del retrato fueron interrumpidos por el pesado impacto del mazo contra el marco. Harry lo echó para atrás y cargó contra el retrato de nuevo. Grandes hoyos cubrían el retrato, y la señora Black se cubría el rostro sin fuerzas, pero Harry no paraba. De nuevo, golpeó con el mazo.

Sus dos amigos se miraron el uno al otro y se encogieron de hombros, para luego tomar asiento en los escalones. Cuando el retrato y su marco fueron nada más que astillas en el suelo, Harry comenzó con la pared. Cuando su camiseta le estorbó, la rompió y continuó su tarea. Finalmente, se detuvo, con el pecho subiendo y bajando por el esfuerzo. Miró el desastre, como si no estuviera seguro de dónde estaba, y dejó caer el mazo. Cayó cual peso muerto en el suelo. Lentamente, doblando las rodillas entre los escombros, Harry comenzó a sollozar. Rápidamente, Hermione llegó a su lado, rodeándolo con los brazos.

—No lo entiendo, simplemente no lo entiendo —dijo el chico en el hombro de su amiga—. ¿Qué hice para merecer todo esto?

—Nada, nada, Harry. —Hermione también estaba llorando—. No hiciste nada malo. Te lo prometo, no fue algo que tú hicieras. Las cosas simplemente te pasan. No sé por qué pero así sucede… —La chica acarició su cabeza con gentileza y miró con reproche, por encima del hombro de su amigo, a Ron, que estaba parado cerca, nervioso.

Ron alzó el mazo y se le resbaló de las manos, golpeando el suelo de nuevo.

—Em, ¿qué peso tiene ese mazo?

—Nueve kilos. Fue el más pesado que encontré en la tienda.

—Bueno, claramente sirvió muy bien —dijo Ron, riendo.

Harry alzó la cabeza del hombro de Hermione y miró a su alrededor, claramente por primera vez. Yeso roto, papel tapiz, madera y las piezas rotas del retrato cubrían el suelo. Su labio tembló y una risa comenzó desde lo más profundo de su pecho. Hermione sonrió y pronto comenzó a reír. Después de un rato, todos estaban riendo sin control.

—Oh, Dios —dijo Harry—. No puedo creer que haya hecho eso.

—No puedo creer que nos haya tomado tanto tiempo deshacernos de esa horrible mujer.

—No puedo creer cuánto te va a doler mañana en la mañana. ¿Nueve kilos? ¿Estás demente?

—Sí. Es obvio que lo estoy —dijo Harry. Le dio un beso a Hermione en la mejilla—. Voy a tomar una ducha y luego me iré a la cama.

Ron se acercó y ayudó a Hermione a ponerse de pie. Escucharon cómo los pasos de Harry se alejaban y cómo la puerta de su habitación se cerraba.

—¿Crees que va a estar bien? —preguntó Ron, preocupado.

—No lo sé. Todos tenemos un límite de lo que podemos aguantar. Y yo había pensado que Harry había llegado a ese punto antes de que todo esto pasara. Y ahora —Hermione negó con la cabeza—, estoy preocupada, realmente preocupada.

Ron pateó una pila de yeso y madera rotos, en el suelo.

—Al menos ya no tenemos que escuchar a esa vieja bruja.

Hermione escuchó un gemido, y vio a Kreacher, parado al final del pasillo. Viendo el desastre y retorciendo sus manos.

—Oh, Kreacher, lo siento tanto. Parece que hubo un, em, accidente…


Hasta la próxima

Adigium21