Notas de traductor:

Recién salidito del horno, para no perder la costumbre de dejar las cosas al último… :S

Gracias a Acantha-27 (en proceso de descubrimiento de la historia), xonyaa11, HeartSun, Violet Stwy, SARAHI, catzeruf, Lunatica Dark, Adriana11, jessyriddle, NUMENEESSE y un Guest por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores.


El recuerdo terminó y las luces se encendieron. Kingsley se veía aturdido y bajó la mirada a sus papeles por un momento, antes de alzar la cabeza.

—Había planeado continuar con el testimonio de Narcissa Malfoy, pero eso tendrá que esperar hasta mañana. La sesión terminó. —Kingsley se levantó de su asiento y caminó con rapidez hacia Aberforth, tomándolo del brazo y apartándolo. El hombre miró a Harry, suspiró y siguió a Kingsley.

Harry se puso de pie lentamente; sabía que debía estar enojado, que debía estar gritando, pero ya no había nada dentro de él. Cerró los ojos, y todo lo que pudo ver fue la imagen de Dumbledore, vertiendo la poción en su té. Sintió que Hermione lo rodeaba con sus brazos.

—Vas a superar esto, Harry. No pienses en ello todavía. Vayamos a casa.

—Hermione tiene razón, iremos a casa y… —dijo Ron.

Harry lo miró y negó con la cabeza.

—Solo sigue haciéndose peor. Pensé que el otro día tenía que haber sido el peor, y ahora Dumbledore…

—No pienses en ello ahora, Harry, por favor —susurró Hermione a su oído—. Saldremos de aquí, regresaremos a Grimmauld…

—No, ahí no, por favor… Necesito… —Harry miró alrededor, consciente de que todos lo estaban mirando. Enfocó su atención en Hermione—. Tengo que salir de la ciudad. Necesito aire. Hay demasiada gente aquí.

Hermione se mordió el labio y asintió.

—De acuerdo, nos llevaré a algún lado. —Puso su mano sobre su brazo y comenzó a caminar hacia la puerta—. ¿Quieres que Arthur regrese a la Madriguera y hable con Molly y Ginny?

Harry se encogió de hombros. Estaba concentrado en caminar a donde fuera que Hermione lo estaba llevando. No quería pensar. Estaba exhausto por su explosión de antes, así que ya no tenía energía para pelear.

Apenas pudo escuchar a Ron, preguntando a dónde estaban yendo, pero no prestó atención a la respuesta. Llevaron al punto de aparición y, automáticamente, apretó el brazo de Hermione. Cerró los ojos por el caleidoscopio de colores ante él. Cuando aterrizaron, se tropezó un poco en el terreno irregular. Soltó el brazo de su amiga y, sin abrir los ojos, inspiró el aire salado. Luego, los abrió y miró alrededor con sorpresa. Estaba en Shell Cottage (1).

—Está bien, estaremos solos. Fleur fue a visitar a sus padres. Bill sigue en el trabajo —dijo Hermione con gentileza. Harry asintió, pero no dijo nada más. Apartándose de sus amigos, se dirigió al extremo más lejano del jardín. Ron intentó seguirlo, pero Hermione lo detuvo. Harry siguió el camino hasta que llegó a la rugosa piedra blanca, que había tallado para marcar la tumba de Dobby, hacía unos pocos meses. Se dejó caer al suelo y miró las olas, chocando contra la playa.

Ron estaba paseándose por el frente de la casa.

—¿No crees que alguno de los dos debería hablar con él? Tú estás muy a favor del diálogo. Todo lo que siempre quieres hacer es hablar. Hace tres días, estabas preocupada porque no estaba hablando.

Hermione negó con la cabeza.

—Creo que Harry está más allá del shock, y a veces no hay palabras que puedan ayudar. ¿Qué podríamos decirle ahora, que le sirva? —Abrazó su cuerpo con los brazos, pues tenía frío a pesar de la calidez del día—. Harry quería a Dumbledore como a un abuelo. Alguien a quien podía admirar. Y luego, en mayo, cuando que enteró que Dumbledore había sabido desde el inicio que Harry tendría que morir para vencer a Voldemort, Harry solo lo aceptó. Nunca ha tenido oportunidad de pensar en ello de verdad, o de preguntarse cómo Dumbledore le podía pedir eso de su parte. Dumbledore simplemente esperaba que se plantara frente a Voldemort y le permitiera acabar con él. Y, sin embargo, así lo hizo, porque confiaba en Dumbledore y creía que, si él pensaba que era la única forma de derrotarlo, entonces tenía que hacerlo.

Hermione continuó.

—Y luego, tener que enterarse que Dumbledore no solo sabía lo de Malfoy, que sabía que Malfoy había borrado la memoria de Harry, sino que también lo había encubierto y de hecho le había dado las pociones para poder enamorarse de Ginny. —Hermione negó con la cabeza—. Dumbledore es el que usó el Adcredo con los tres.

Ron la miró, confundido.

—¿En serio?

—¿No lo viste en el recuerdo? Puso su mano en cada una de nuestras cabezas y susurró en nuestros oídos.

Ron volteó hacia la quieta figura de Harry, que seguía sentado en el risco. Había estado ahí por dos horas.

—Creo que estaba demasiado en shock en ese momento, porque acababa de escuchar a Dumbledore decir nuestros nombres, como posibles candidatos. Pobre Ginny. Solo fue escogida al azar. Podría haber sido cualquiera. —El chico palideció—. Podrías haber sido tú.

Hermione asintió.

—Y he ahí el problema. La poción de amor estaba desvaneciéndose. Harry no la había tomado desde el final de sexto año. Creo que él, Dumbledore, había planeado una forma para seguir dándosela a Harry después de que muriera. Cuando revisamos el baúl de Harry el otro día, Harry tenía unos caramelos que el profesor le había dado. No le he dicho esto a Harry, pero hice que los examinaran en San Mungo. Estaban llenos de la poción de amor. No sabía qué pensar cuando obtuve el reporte, pero ahora, supongo que tiene sentido. El plan de Dumbledore falló, porque Harry nunca se comió los dulces, así que…

Ron la miró, incrédula.

—¿A qué te refieres?

—Sí, Dumbledore estaba equivocado. Harry no necesitaba estar enamorado, no necesitaba la poción de amor para derrotar a Voldemort. Lo hizo él solo. La poción ya había perdido su potencia para cuando Harry se enfrentó a Voldemort.

Ron rodeó a la chica con sus brazos.

—Lo dijiste antes. ¿Cómo una persona puede soportar tanto y no romperse? —El chico sintió cómo Hermione se estremecía. El sol de la tarde estaba descendiendo en el cielo, y la temperatura comenzaba a bajar—. Vayamos a la playa, y hagamos una fogata para mantener el calor.

Juntaron leña y, pronto, tenían un potente fuego en un círculo en la playa. Se sentaron juntos en la playa, abrazados, mirando las llamas mientras el sol se ponía.

—¿Por qué aquí? —preguntó Ron—. ¿Cómo decidiste venir aquí?

—Recordé que Harry salía a caminar o se quedaba sentado ahí en el risco, cuando estuvimos aquí después de haber estado en la mansión. Ver el mar y escuchar las olas probablemente es una mejor terapia que cualquier cosa que alguno pueda decir —dijo la chica con tristeza.

—Tienes razón, Hermione. —Una voz detrás de ellos los sorprendió—. Siempre la tienes. —Harry salió de la oscuridad, y su rostro se iluminó por la luz del fuego. Se sentó junto a ellos, con las piernas cruzadas sobre la arena. Levantó una larga pieza de leña de la pila, y comenzó a mover el fuego, mandando chispas al cielo oscuro.

—¿Te sientes bien? —preguntó Hermione, con vacilación.

Harry se encogió de hombros.

—¿Alguna vez les dije…? No, sé que no lo hice. Nunca se lo he dicho a nadie. La profecía que Snape escuchó y le contó a Voldemort. Decía que podría haber sido alguien más. Había dos de nosotros, dos niños nacidos al final de julio, que podrían haber sido el niño en la profecía. Voldemort simplemente decidió que fuera yo. Probabilidad cincuenta-cincuenta, de que alguien más hubiera sido el Niño que Vivió, el Elegido. Un giro del galeón.

—¿Desearías que hubiera sido al revés?

Harry suspiró, se quitó los lentes y se frotó el rostro.

—Solía preguntármelo. Cómo habría sido el no haber sufrido todo esto. Me preguntaba quién sería yo, de haber sido muggle y no mago. Si Hagrid nunca me hubiera llevado mi carta de Hogwarts, o si Voldemort hubiese escogido al otro niño. Entendí que no tiene mucho sentido estar preguntándomelo. Tuve que lidiar con lo que me tocó. Por siete años, he sido el peón en los juegos de otras personas, y yo simplemente ya no quiero jugar. —Se recostó sobre la arena, poniendo sus lentes sobre su pecho y cubriendo su rostro con los brazos—. Estoy tan cansado, solo quiero… —Su voz comenzó a bajar de volumen.

Hermione abrió la boca para decir algo y Ron negó con la cabeza. Ambos miraron cómo la quieta figura en la arena se había quedado dormida, recostada ahí.

—Así está bien, casi no ha dormido en las últimas noches —susurró la chica.

Ron asintió y miró hacia la casa.

—Creo que Bill ya está en casa, las luces están encendidas. Voy a decirle que estamos aquí, y veré si tiene algo de comida.

A la mañana siguiente, Harry se despertó por el sonido de las gaviotas, al sol de la mañana. Miró alrededor, desorientado. Estaba recostado junto a las ascuas de un fuego que moría. Hermione y Ron estaban dormidos al otro lado del círculo de fuego. El morenos e enderezó con lentitud e hizo un encantamiento calentador, cuando las cobijas que lo cubrían cayeron. Miró alrededor y vio a Bill, bajando por el sendero desde la casa, cargando un termo de café y tazas.

—Ya estás despierto. Pensé en dejarles el café para que pudieran tomarlo cuando despertaran. —Bill sonrió; su rostro se movió debido a la cicatriz que lo cruzaba—. Habría pensado que los tres ya se habían hartado de dormir en las afueras.

—Yo también lo pensé —dijo Harry, frotándose un tieso hombro con la mano—. No pensé que el campamento estuviera planeado.

—Te quedaste dormido. Hermione tenía miedo de que, si te despertábamos y te llevábamos adentro, no pudieras volver a dormirte. —Sirvió dos tazas de café y le pasó una a Harry—. ¿Por qué no damos un paseo? Aún me queda una hora para tener que irme a trabajar.

Caminaron por la playa. La ola estaba alejándose y las aves de costa corrían a toda velocidad por la arena mojada, cazando su desayuno. Harry bebió de la taza y agradeció no haber despertado en el dormitorio de Grimmauld Place.

—¿Cómo lo estás manejando? Todo el asunto… —preguntó Bill, después de unos minutos de silencio.

Harry tensó el rostro.

—Honestamente, no muy bien.

Harry abrió la boca para decir algo pero no pudo hacerlo. Bill siguió hablando.

—Sé lo de Dumbledore y la poción de amor. Ron me lo contó anoche. Y papá se lo contó a Ginny y mamá.

—¿Qué dijo Ginny? —preguntó Harry, mientras levantaba una roca para arrojarla hacia las olas que se hacían para atrás.

Bill se encogió de hombros.

—Está molesta. Pero va a estar bien. Ginny sabía que algo no estaba bien desde que regresaste. Puede que hasta esté aliviada por saber que existe una razón. En vez de que, bueno…

—¿En vez de que ya no me importara? —preguntó Harry, y Bill asintió—. No sabía qué decirle este verano. Ni siquiera sé qué pensar acerca de ello. Había parecido tan real, y luego ya no, y ahora… —Harry miró hacia atrás, hacia la playa, donde podía ver las dormidas figuras de Ron y Hermione, recostadas sobre la arena—. Es tan complicado. Y luego, tuve que descubrir que la única razón por la que Ginny y yo estuvimos juntos fue porque Dumbledore me dio un tipo de jodida poción. ¿Cómo puedo verla a los ojos de nuevo? Además, está lo de Malfoy. Que él y yo… —Negó con la cabeza y miró el agua—. La forma en la que estaban describiéndonos: hacía parecer que de verdad estuvimos enamorados.

—No te preocupes por Gin, esto va a ser duro para ella, pero no fue tu culpa. Ella y tú fueron víctimas, los dos —comentó Bill—. Realmente no sé qué decir acerca de lo de Malfoy. No es gran cosa que seas gay. Pero es bastante difícil pensar en ti y Malfoy como pareja. Cuando Simon lo dijo, casi me caigo.

—Exactamente. O sea, es el idiota que dejó que Greyback entrara a Hogwarts. Él es el culpable de que tengas esas cicatrices. —La voz de Harry tembló—. ¿Cómo podría estar yo con alguien así?

—Por cómo suena, eso fue después de que te borraran la memoria. Entonces, al menos no seguías viéndolo cuando los mortífagos entraron a Hogwarts. Había algo de eso en los recuerdos, ¿no es verdad? Ron dijo algo acerca de eso.

Harry asintió, de forma adusta.

—Había sido obligado a tomar la Marca. Algo acerca de que Voldemort estaba matando muggles. Tomó la Marca para detenerlo. Snape dijo, en el recuerdo, que Draco estaba tan alterado que iba a suicidarse. Pero Snape lo convenció de intentar ayudar a nuestro lado, de ayudarme a acabar con Voldemort.

—¿Ayudarte, borrándote la memoria? —Bill negó con la cabeza—. Esa sí que es una retorcida idea Slytherin.

—Y que lo digas. Asumiendo que todo esto es verdad, ¿cómo podría alguien de quien yo estaba enamorado hacer algo como eso? —Habían dado la vuelta y comenzado a caminar más abajo. Las gaviotas se alejaban de ellos mientras sus pasos dejaban huellas en la arena húmeda.

—¿Qué sientes por Malfoy ahora? ¿Quieres verlo ir a Azkaban?

Harry dudó.

—No tengo idea. Escuché cómo describió que su madre era torturada, o cuando dijo que su propio padre usaba la cruciatus con él. Y solo tenía dieciséis años. Mirando muggles morir. Muriendo mientras eran torturados y con mi mismo aspecto. ¿Qué tan retorcido es eso? Pero, bueno, me arrebató dos años de recuerdos. Dos años de Merlín sabrá qué. ¿Amor? Ni siquiera puedo comprender eso. Y eso me pone furioso; quiero derribarlo de un golpe. Quiero decir, maldita sea, ¿quién le hace eso a alguien que ama? Pero vuelve el hecho de que sí intentó ayudarnos, lo más que pudo. Habríamos muerto esa noche en la mansión Malfoy, si él no hubiera retirado las protecciones.

—¿Él retiró las protecciones?

—Sí, lo dijo bajo Veritaserum. Me encantaría conocer la historia completa de eso.

—Creo que necesitas conocer la historia completa de muchas más cosas, no solo eso.

Harry negó con la cabeza.

—No creo que pueda manejar algo más. Solo quiero descubrir si en verdad nos ayudó. Estuve equivocado con Snape, y sin su ayuda, Voldemort aún estaría vivo. A final de cuentas, el juicio es acerca de si Malfoy es o no un mortífago, no acerca de lo que me hizo. Si resulta cierto, bien, enciérrenlo. Si nos ayudó, entonces esa es una historia diferente. No puedo pensar en lo que me hizo. Si paso mucho tiempo pensando en ello, me volveré loco.

—Te ves muy calmado por ello esta mañana.

—Estar aquí ayuda, mucho. Deberías haberme visto ayer, alrededor del mediodía. Probablemente tendré que mandarle al Ministerio algunos galeones, por el cuarto que destruí. Los últimos cuatro días no han sido más que una montaña rusa. Estoy enojado, más que enojado. No tengo idea de quién soy, ya no. Perdí dos años de mi vida. Borrados por alguien de quien supuestamente estuve enamorado.

Continuó.

—Cada vez que camino por el Ministerio o doy un paso en la calle del callejón Diagon, me acosan. Me atacan las brujas y los magos que solo quieren tocarme porque soy Harry Potter, el jodido Niño que Vivió. Me acosan los reporteros y los fotógrafos porque cualquier historia acerca de mí les dará dinero. Soy un fenómeno y en verdad me da miedo estallar y desquitarme con todos los que están a mi alrededor. —Harry dudó antes de admitir eso; sabía que su magia estaba saliéndose de control. Toda esa ira dentro de él estaba acumulándose, y podía sentirlo en su poder. Su pulso era más fuerte que el de su corazón mismo.

—Comprendo un poco lo que es ser considerado un fenómeno, Harry. Después de que esto pasó —Bill señaló su rostro—, no pensé que algo fuera a ser como antes. Estaba seguro de que perdería a Fleur. La gente estaría tan asustada de mí que jamás podría tener la vida que había esperado y planeado tener. —Se encogió de hombros—. Estaba equivocado. Y fue Fleur y mi familia los que me hicieron ver eso; me ayudaron a entender que no había perdido todo cuando Greyback me atacó. Algunos días, sigue siendo duro, pero puedo llevar mis cicatrices afuera. La gente puede verlas. Y pueden elegir aceptarlas o no.

Bill se detuvo y lo miró.

—Tú tienes que cargar todas tus cicatrices, menos una, por dentro. Eso no significa que sean menos difíciles de cargar, y no deberías hacerlo solo. Esperaría que ya supieras esto, pero voy a decirlo porque necesita ser dicho en voz alta. Mis padres, George, Charlie, Ron, claro, Ginny, incluso Percy; todos te consideramos parte de nuestra familia. Lo hemos hecho por años. Te queremos y, sin importar qué, estaremos a tu lado. Queremos ayudarte a superar esto y en verdad espero que nos lo permitas.

OOoOoO

Draco estaba recostado en el catre de su celda, mirando el techo. Había estado mirando el mismo punto por semanas. Nunca cambiaba. Conocía cada grieta, cada hoyo en el yeso. Habían pasado varias horas desde que había salido de la sala de audiencias. Cuando escuchó que el hermano de Dumbledore tenía recuerdos de pensadero, había tenido miedo, miedo por lo que podrían ser. Y sus peores temores habían sido confirmados cuando vio el recuerdo mostrando el banquete, cuando vio la pantalla, mostrando a Dumbledore caminando hacia él.

¿Qué había estado pensando Dumbledore? ¿Cómo pudo haberle hecho eso a Harry? ¿Por qué había guardado esos recuerdos? Harry ya había pasado suficiente, y ahora tenía que enterarse que Dumbledore lo había traicionado. Si hubiera sabido que los recuerdos existían, nunca habría dejado que su caso llegara a juicio. Se habría declarado culpable cuando lo arrestaron. Nada valía tanto como para hacer que Harry pasara por lo que seguramente estaba pasando en ese momento.

Un ruido en el final del pasillo captó su atención, y enfocó su atención en él. Con asombro, notó que su madre caminaba hacia su celda, acompañada de dos guardias. Por un distraído momento, se dio cuenta de lo hermosa que se veía.

—Madre, ¿qué estás haciendo aquí?

Los guardias abrieron su celda y la dejaron entrar.

—Una hora —gruñó uno de ellos, mirando al Vigilador que flotaba cerca de la esquina de la celda del rubio. Draco se había parado del catre y movido para abrazar a su madre.

—¿Estás bien? ¿Qué sucede? ¿Por qué estás aquí?

—Hablé con el ministro Shacklebolt. Lo convencí de que me dejara hablar contigo. —La mano de su madre acunaba su mejilla, y con la otra, retiraba con gentileza el cabello que había caído hacia delante, cubriendo sus ojos.

—¿Te dejó venir? —Draco negó con la cabeza, preguntándose si lo estaba imaginando—. ¿Por qué? ¿Por qué ahora?

—Hijo mío, has pasado por muchas cosas. Esta no es la vida que imaginé para nosotros, al cargarte cuando eras solo un pequeño bebé. —Su madre miró alrededor de la celda, que estaba vacía, sin contar el catre y algunas cobijas. Pareció estremecerse y luego le indicó que se sentara en el catre. Ella se sentó junto a él—. El ministro me permitió venir. Estoy segura de que fue por los recuerdos. Probaron que estabas intentando ayudar a derrotar a Voldemort. Hicieron la diferencia.

—Pero, Harry debe estar devastado. ¿Mostraron todo lo de esa noche? —susurró Draco. No necesitaba haber visto los recuerdos para saber lo que había pasado dentro de la oficina de Dumbledore, esa noche. Estaban grabados en su propia memoria.

—Así es, mostraron todo. Cuando Severus le contó a Dumbledore acerca de ese horrible verano. Cómo aceptaste ayudar. Cuando Dumbledore le dio a Harry la poción de amor. Cuando aplicó los Adcredo.

Draco dejó salir un sollozo que no pudo contener.

—Dios, Harry. Esto va a destruirlo. ¿Qué pasó, cómo lo tomó? —Su madre tomó su mano y lo miró con preocupación.

—Estaba molesto. Detuvieron los recuerdos por un rato, y sus amigos lo llevaron al cuarto de al lado. Él, bueno, parecía como si estuviera bastante molesto. Luego regresó, y estuvo lo suficientemente calmado durante el resto de la vista. No hizo nada más que mirar la pantalla.

—Pude haberlo detenido. Pude haberlo protegido. Debí haberme declarado culpable desde el inicio. No se merece esto.

—Merece saber la verdad, Draco —dijo su madre, sin dudarlo—. De otro modo, siempre se sentirá perseguido por retazos de recuerdos, sin poder saber nunca qué es real y qué no lo es.

Draco se estremeció por ello.

—Pero ahora sabe lo que Dumbledore le hizo. Esa es la peor parte. El hecho de que sabe que todo lo que tuvo con la chica Weasley fue un fraude. No se merecía eso. Necesita saber que puede ser amado en verdad. Necesita ser amado. Ahora, ha perdido todo. Daría lo que fuera por mejorar las cosas para él.

—Lo mejor que puedes hacer por él ahora es decirle la verdad. Hemos tenido que vivir bajo las mentiras y el miedo por mucho tiempo.

—No sé si pueda. Solo lo lastimará más, el saber lo que le hice, lo que nos hice.

—Si quieres que se recupere, entonces no trates de cubrirlo. Conozco las cosas por las que pasaste, cómo casi te pierdo. Que estuvieras dispuesto a morir, solo para salvar a tu Harry… Estaré agradecida de por vida con Severus, por ofrecer otra alternativa.

—Creo que el precio fue demasiado grande. Nunca habría accedido de haber sabido… —Su voz comenzó a bajar de tono.

—¿Que no morirías en la guerra? —dijo su madre con suavidad—. Lo sé, pero no moriste. Viviste. Tiene que haber una razón. Una razón por la que ambos sobrevivimos, cuando en cualquier escenario, deberíamos estar muertos. Ese es un regalo que no debería ser desperdiciado. Podemos probar que los últimos descendientes de los Black y los Malfoy no son personas a las que hay que temer o despreciar. Que no somos los ciegos seguidores de las artes oscuras que tu padre y tus abuelos fueron. —Narcissa rodeó el cuerpo de su hijo con los brazos—. He perdido todo. No podría soportar perderte, Draco. Por favor, inténtalo. No te rindas solo porque crees que eso le ahorrará a Harry un poco de dolor.

Draco asintió. No estaba tan seguro si estaba accediendo, o si solo intentaba hacer feliz a su madre.

—Cuéntame acerca de la tía Andrómeda y mi primo Teddy. —Agradeció ver la sonrisa que iluminó el rostro de su madre. Había tenido muy pocas razones para sonreír por tanto tiempo.

—Es adorable. Muy pequeño. Uno olvida cuán pequeños son los bebés, hasta que puede cargar a uno de nuevo. Solo tiene cinco meses, pero ya sonríe y gorjea.

—¿Y tú y Andrómeda se llevan bien?

Su madre asintió.

—Ha pasado por muchas cosas. Perdió a Ted y a Nymphadora. Pero es valiente y está consiguiendo superarlo. Hemos tenido muchas pláticas, largas pláticas. Nunca te conté esto, pero ella me advirtió que me casara con tu padre. Me dijo que tenía que desafiar a nuestro padre y no continuar. Pero yo tenía tanto, tanto miedo de traicionar a mi familia.

Se sacudió un poco para calmarse.

—Por eso estoy muy agradecida de tener esta oportunidad para ayudarla con el bebé. No tenía que darme un lugar para vivir, pero lo hizo y estamos reparando lentamente todo lo que ha pasado.

—Me alegro, madre. Estoy feliz por ti —dijo Draco. Era un alivio ver que las profundas líneas de preocupación, que habían aparecido en la frente de su madre, estaban desvaneciéndose lentamente. El dolor y el miedo bajo los que vivió constantemente por tanto tiempo estaban alejándose gradualmente. Sin embargo, dudaba que llegaran a desaparecer para siempre.

—Lo único que aún me preocupa eres tú. No te rindas, Draco. No pienses que ya no queda nada por vivir. No lo eches por la borda, Draco. Por favor, inténtalo por mí. Muéstrales quién eres en realidad, no la máscara que has tenido que llevar por tanto tiempo.


(1) Hasta donde recuerdo, la casa de Bill y Fleur se llama "El Refugio" en mi versión del libro. Pero se oye mejor "Shell Cottage" ("Casa de Campo de Concha").


Notas finales:

Les comento:

Hasta ahora, vamos en el capítulo 18 de la historia original, haciendo 26 en la traducción. El siguiente capítulo, llamado "Cruzando el abismo", es excesivamente largo (casi 200 páginas en el editor de texto), así que decidí dividirlo en 4 partes. Entonces, nos echaremos un mes con solo un capitulo. En mi opinión, es uno con muchos desarrollos, bastante significativos.

Bueno, espérenlo con ansias…

Adigium21