Notas de la autora:
Muchos puntos de vista (de Harry, Draco, Hermione) en este capítulo.
Notas de traductor:
Señoras y señores, de antemano una disculpa por mi retraso de (casi) dos semanas. Estoy en las últimas del semestre y ya solo me faltan unos cuantos finales… Pero conseguí terminar este capítulo.
Gracias a Candelaria1, Melanie Tao de Usui, Silvers Astoria Malfoy, MisakiUchiha17, kawaiigiirl, Acantha-27, catzeruf, NUMENEESSE, toxica666, Violet Stwy, Lunatica Dark, Askarsha, jessyriddle, nonaloka y xonyaa11 por comentar en el capítulo anterior.
kawaiigiirl: ¿Tienes dones de clarividencia? Hmmm…
xonyaa11: ¡No, xonyaa! No te estreses… Soy lento pero seguro.
Créanme que me siento honrado y maravillado por todas las palabras que me escriben. Sé que no contesto a cada uno, ni siquiera por PM, pero eso no quiere decir que no aprecie sus gestos…
Una vez más, puede que se me haya pasado un detalle de escritura. Los insto a informarme, para poder arreglarlo…
Disfruten.
Horas más tarde, estaban en la oficina de Kingsley, después de haber hecho una rápida escala en Grimmauld Place para ducharse y cambiarse de ropa. Harry ya había hablado con Hermione y Ron acerca de la decisión que había tomado mientras estaba sentado en el risco, y ahora se lo proponía a Kingsley. El ministro protestó, pero Harry presionó hasta que el hombre aceptó a regañadientes. Ron y Hermione estaban en silencio; ninguno estaba convencido de que esa fuera la mejor forma de manejarlo, pero Harry no tenía interés en que lo convencieran de no hacerlo.
Mientras esperaban a que los abogados fueran llamados, Kingsley abrió un cajón de su escritorio y sacó un sobre sellado, dándoselo a Harry. El nombre del moreno estaba escrito en el frente, en una letra muy familiar.
—¿Qué es esto?
—Aberforth la dejó para ti ayer. Al parecer, se suponía que te la daría antes de que vieras los recuerdos —dijo Kingsley, con una mueca—. Se le olvidó por el apuro de llegar aquí.
Harry miró la letra de Albus Dumbledore y el sello de Hogwarts en el papel. Luego, se la regresó a Kingsley.
—No la quiero.
—Harry, probablemente ayude a explicar… —protestó Hermione.
—¿A explicar por qué el director de Hogwarts decidió no solo absolver el ataque a un alumno, por otro alumno, sino que también lo ocultó usando hechizos, pociones y encantamientos? No me interesa.
—Harry, deberías leerla. Puede que no lo justifique, pero…
Harry le dio la carta a Hermione.
—Ten, tómala tú. Te nombro la cuidadora oficial de todas las cartas misteriosas que la gente me dé. Léelas. Destrúyelas. No me importa. Pero si yo la tomo, la quemaré. —Hermione se metió la carta, con reticencia, en el bolsillo de la túnica, y estaba a punto de decir algo más, pero fue interrumpida por la llegada de los dos abogados.
—Entren, abogados. Quiero ponerlos al día acerca del estado del caso de Malfoy. —Kingsley se sentó al escritorio y esperó a que todos estuvieran sentados—. Voy a anular el juicio. Se ha vuelto claro que, en este caso, hay demasiado que no sabemos. Por la discusión entre Albus Dumbledore y Severus Snape que escuchamos en los recuerdos del pensadero, podemos tomar como cierta la declaración de Malfoy, de que estaba ayudando a la Orden, o al menos, asistiendo a Dumbledore y Snape en su trabajo.
Smith abrió la boca para protestar, pero Kingsley lo interrumpió.
—Desde ahora, Draco Malfoy ya no es un acusado. Los cargos tendrán que ser procesados de nuevo, y solo si es necesario, después de una propia revisión de la evidencia existente y la más reciente. Lo que necesitamos hacer es decidir si la ayuda que dio tiene más peso que los crímenes que creemos que cometió. Tenemos el testimonio del mismo Malfoy, bajo Veritaserum, que indica que no solo salvó la vida de Harry Potter en la mansión Malfoy, al no identificarlo, sino que también hizo posible que seis personas escaparan al retirar las protecciones.
—¡Pero trató de matar a Dumbledore tres veces, lastimando severamente a dos estudiantes en el proceso! —protestó Smith.
—Sí, y tenemos su testimonio, también bajo Veritaserum, que eso fue porque era un chico de dieciséis años, que había sido forzado a tomar esas acciones bajo extrema presión y la amenaza de asesinar a su madre —dijo Goldstein sobriamente—. Un difícil dilema para un hombre, y mucho más para un adolescente.
—¡¿Y qué hay de lo que le hizo a Potter?! —Smith volteó para mirar a Harry—. ¡Estoy seguro de que no quieres que sea salga con la suya por lo que te hizo!
—No presuma saber lo que quiero —dijo Harry, negando con la cabeza—. Quiero respuestas de Malfoy. ¿Por qué no le dijo a nadie que estaba trabajando contra Voldemort? ¿Qué más hizo para ayudarnos desde el otro lado? Cometí un error al juzgar a Snape por lo que pensaba que sabía de él. No planeo cometer ese error de nuevo.
—¡Te borró la memoria! ¿Qué más…?
—Smith, ya le dije a Harry que puede recibir respuesta a sus preguntas. En serio, Smith, si Harry Potter está dispuesto a escuchar lo que Malfoy tiene que decir, ¿no debería un abogado del ministerio estar dispuesto a hacer lo mismo? —Kingsley ignoró a Smith, que bufaba indignado, y abrió la puerta. Habló con su asistente afuera y luego volvió a entrar—. Ya llamaron a Malfoy. Por favor, tomen asiento mientras esperamos.
—Entonces, ¿quién va a hacer las preguntas? Puede que sea estadounidense, pero mi curso exprés en las leyes mágicas británicas me dice que esto es altamente irregular. —Goldstein miró a Kingsley y luego a Harry.
Harry dijo:
—Yo lo haré. Quiero que responda mis preguntas. Después de eso —Se encogió de hombros—, depende de Kingsley y Smith.
—¿Vas a preguntarle acerca del hechizo de memoria? Tendré que recomendarle que no se eche más cargos encima. —Goldstein miró a Harry con preocupación. El moreno podía percibir la difícil posición en la que se hallaba el abogado. Proteger a su cliente del hombre que estaba pagando sus cuentas.
—No quiero escuchar nada que pueda tener que decir acerca de eso. No quiero saber. Como fuera nuestra relación antes de ese evento, él estuvo dispuesto a borrarla. No tengo interés en aprender más. Quiero que este juicio termine para poder irme. Si en verdad ayudó a la Orden, entonces déjenlo ir. Si todo es una gran mentira, entonces traten de sentenciarlo. Esto no se trata de lo que me hizo.
Los dos abogados lo estaban mirando.
—Esto es escandaloso. Tenemos que seguir los procedimientos apropiados —dijo Smith, ignorando a Harry y mirando a Kingsley.
—Nada acerca de este juicio ha seguido algún tipo de procedimiento apropiado, ¿por qué empezar ahora?
Le tomó diez minutos a Malfoy ser traído a la oficina. Harry pasó ese tiempo mirando por la ventana. Ignoró el sonido de los cristales vibrando contra el marco. Podía ver el brillante reflejo del Támesis a la distancia. Por abajo, en la calle, los muggles iban apresurados adonde debían ir, los carros se detenían en el cruce peatonal y avanzaban. La vida continúa para muchos, pensó. Se preguntaba si la suya podría llegar a serlo. La puerta se abrió pero él no se volteó. Tenía que obligarse a mantener su respiración calmada y pausada.
—Señor Malfoy, entre. Ha habido un avance en su caso. Por favor, tome asiento —dijo Kingsley.
—¿Qué está haciendo él aquí? —preguntó Malfoy. Harry no dudaba que el rubio estaba señalándolo.
—Señor Malfoy, hace unos minutos, anulé el juicio. La fiscalía necesitará revisar sus cargos para comenzar un nuevo juicio. Nos hemos reunido aquí para determinar si dichos cargos deberían ser aplicados. Su cooperación al responder las preguntas de hoy ayudará mucho para decidir su destino. Ayer, estaba dispuesto a ir a Azkabán; espero que se haya tomado la noche para pensarlo mejor.
—¿Y cómo planean hacerme esas preguntas? ¿Me drogarán con más Veritaserum? —dijo Malfoy, arrastrando las palabras. Harry giró para mirarlo. Se sintió aliviado al ver que el Malfoy que estaba parado frente a él era el arrogante y desafiante. No el de ayer, que había dudado y había mirado a Harry con una expresión preocupada y alterada. Harry no sabía cómo manejar a ése Malfoy. Sabía cómo lidiar con éste.
—No, Malfoy. Solo vas a decirnos lo que pasó durante sexto y séptimo año. ¿Estabas ayudando a Snape a luchar contra Voldemort? Sí o no.
Malfoy se le quedó viendo.
—¿A ti qué te importa?
—No me importa. Lo único que me importa es terminar con esto para poder terminar contigo. No seas el imbécil que siempre has sido. Solo contesta las malditas preguntas para que pueda alejarme de ti de una jodida vez…
Goldstein tosió.
—No creo que…
—Sí, estaba ayudando a Snape —dijo Malfoy, mirando a Harry de forma desafiante.
—¿Por qué no le dijiste a nadie? ¿Por qué no le contaste a nadie que estabas trabajando para ayudar a derrotar a Voldemort?
—¿Quién. Me. Habría. Creído? —Malfoy miró a Harry—. ¿Tú? ¿Ellos? —Señaló a Kingsley y a Smith—. Aparte de mi madre, los únicos que lo sabían estaban muertos. Nadie nos habría creído.
—Podrías haberlo dicho bajo Veritaserum —señaló Harry.
—Como mi propio abogado lo demostró, el Veritaserum solo es tan efectivo como las preguntas que se realizan. Es imposible obtener la verdad completa.
—Entonces, dínosla tú. Esta es tu única oportunidad, Malfoy. ¿Por qué, si estabas dispuesto a ayudar a derrotar a Voldemort, trataste de matar a Dumbledore? —Harry podía sentir la indecisión de Malfoy. Apartó la mirada y Harry pudo ver cómo su mandíbula se tensaba, rechinando los dientes por el conflicto que le evitaba responder—. Venga, Malfoy. Te encanta hablar; nunca te callabas en Hogwarts. Este es tu momento para presumir. ¿Qué hiciste?
Malfoy giró la cabeza y fulminó a Harry con la mirada.
—Bien. Durante el verano que tomé la Marca, Voldemort también me hizo jurar que mataría a Dumbledore. Acepté para salvar a mi madre. Había amenazado con que la mataría. No esperaba regresar a la escuela, así que no pensé que el juramento importara, porque nunca estaría cerca de Dumbledore de nuevo.
—¿Qué habías planeado hacer en lugar de eso? —Harry se rehusaba a recordar el recuerdo, donde Snape describía que Malfoy había preparado una poción de cicuta. El Malfoy que conocía era demasiado arrogante como para considerar el suicidio.
Malfoy rio.
—Eso ya no importa, Potter. Lo que fuera que había planeado hacía que el juramento pareciera poco relevante. —Draco se movió, incómodo, sobre su silla—. Snape me convenció de cambiar esos planes. Voldemort aún amenazaba con matar a mi madre. Entonces, Snape me dijo que pasara el año tratando de reparar ese maldito armario, para calmarlo. No pensamos que pudiera ser reparado.
—¿Qué salió mal?
—Mi madre seguía siendo prisionera en nuestra propia casa. Voldemort se estaba poniendo impaciente, así que me mandaba amenazas. A Snape y a mí se nos ocurrió el plan de usar la imperius con Rosmerta, para hacer que le diera a alguien el collar maldito, para que se lo dieran a Dumbledore. De ese modo, Voldemort sabría que se había hecho un intento. El collar estaba en una caja sellada y envuelta. ¿Cómo íbamos a saber que la tonta chica iba a desenvolverlo y abrir la caja antes de siquiera salir de Hogsmeade?
Harry negó con la cabeza por ello y miró a Ron, para ver si él lo creía.
—¿Y qué hay del hidromiel? Casi muero —dijo Ron, desde donde estaba recargado, contra el librero de Kingsley.
Malfoy rio por la indignación de Ron.
—¡Qué farsa fue esa! Le puse acónito al hidromiel, irónicamente el mismo ingrediente que hace que los Surtidos Saltaclases de tu hermano sean tan entretenidos. Se suponía que solo le daría a quien fuera que lo bebiera una reacción muy dramática, y luego se recuperaría rápidamente. Desafortunadamente, Slughorn acababa de darte una poción para contrarrestar la poción de amor… —La voz de Malfoy comenzó a apagarse y el chico se sonrojó; un rubor rosa cubrió sus pálidas mejillas. Las palabras "poción de amor" quedaron en el aire.
—Continúa. ¿Qué fue mal esta vez? —La voz de Harry era dura como el acero.
—El antídoto que Slughorn le dio reaccionó con el acónito, lo que causó en ti una reacción más grande que lo planeado.
—¡Más grande que lo planeado! ¡Casi morí! —gritó Ron.
—O, tuviste una reacción que te puso violentamente enfermo por un día o dos, y luego estuviste bien. Dumbledore y Snape esparcieron el rumor de que estabas más enfermo de lo que en verdad estabas, con la cooperación de la señora Pomfrey. De hecho, te dio pociones para dormir, para que pareciera que estabas mortalmente enfermo.
Smith se puso de pie.
—¿Cómo se supone que sabemos que esto es verdad? Obviamente, está mintiendo descaradamente para tratar de salvar su pellejo. Si vamos a continuar, exijo que se use Veritaserum.
—No. Vamos a hacerlo a mi modo esta vez —dijo Harry—. El armario evanescente.
—Cometí el error de contarle a Voldemort acerca de él durante el verano, cuando pensé que no estaría vivo para verlo en verdad. Recordé que Montague había quedado atrapado ahí. —Draco se pasó una mano por el cabello—. Les había dicho que lo arreglaría, pero nunca había planeado en usarlo. Snape y yo solo íbamos a decirle que no podía ser reparado. —Bajó la mirada hacia el suelo frente a él—. Pero, durante las vacaciones de Pascua, me demostró lo que pasaría si fallaba. Usó la cruciatus con mi madre. Mientras yo lo miraba. Me prometió que la mataría usando esa maldición. No la Avada Kedavra, sino que la torturaría hasta la muerte. Como lo había hecho con el primer muggle. —Malfoy se estremeció sin quererlo—. Entonces, lo reparé. No podía dejar que mi madre muriera. —Malfoy se estremeció y se enderezó—. Esa noche, se suponía que Dumbledore estaría fuera. Snape me había dicho no que iba a estar. Pensé que los mortífagos llegarían a su oficina, encontrarían que no estaba ahí y luego se irían —dijo—. No sabía que traían a Greyback. No sabía que iban a estar los guardias y todos los miembros del ED. Y pelearon justo como los entrenaste. Y luego, yo estaba en lo alto de la torre de astronomía con Dumbledore.
—Ya sé lo que pasó en la torre. ¿Qué hay de séptimo año? ¿Cómo ayudaste?
Draco se detuvo, respiró profundamente y luego, la expresión clásica de aburrimiento regresó a su rostro. Después, dijo con indiferencia:
—Fue casi como en quinto año: tenía que hacer rondas. Era fácil ignorar lo que Longbottom y su equipo de vándalos planeaban, o planear rutas alternas. Eran bastante obvios. Podía desviar a otros guardias Slytherins. Cuando sí tenía que castigar a alguien bajo las órdenes de Carrow, usaba la Crucifigo. Era malo, pero no tan malo como la alternativa.
—¿A qué te refieres con que era "como en quinto año"? —preguntó Hermione, alzando la voz por primera vez. Malfoy se veía alarmado cuando la miró, pero Harry negó con la cabeza.
—No respondas a eso. No me interesa —dijo el moreno. No quería escuchar a Malfoy decir algo de lo que pasó ese año. El año que Malfoy había borrado de su memoria. Se obligó a concentrarse—. ¿Algo más que hacías en Hogwarts?
—Si escuchaba que los Carrow, u otros Slytherins, hablaban de algo que pareciera útil, lo reportaba a Snape. Eso no contó mucho. —Malfoy se encogió de hombros. Harry pensé que no estaba intentándolo mucho; el viejo Malfoy habría inventado algo.
—¿Qué hay de las protecciones? ¿Por qué las retiraste?
—Escuché el crack de la aparición y supe que Dobby había llegado.
—¿Cómo supiste que era Dobby? —preguntó Harry—. Podría haber sido cualquiera.
Malfoy rodó los ojos.
—No, no podría haber sido cualquiera. Dobby solía ser nuestro elfo doméstico. Él es el único que podría haber atravesado las protecciones. Sabía que él era tu amigo. No sé cómo te pusiste en contacto con él, pero sabía que no ibas a poder salir apareciéndote, sin que las protecciones fueran retiradas. Así que eso hice.
—Y ayudaste a Ollivander, Luna y Dean antes de que nosotros llegáramos —dijo Hermione.
—Tanto como pude —dijo Draco, moviéndose en su silla con enojo—. No fui un jodido santo como Potter. Él estuvo en la casa por dos horas y rescató a todos los que estaban en la bodega. Yo estuve ahí de cuando en cuando por los dos años que Ollivander estuvo ahí, y lo único que hice fue llevarle comida y cobijas. No lo rescaté.
—No podías, ¿verdad? Sin arriesgar a tu madre —dijo Hermione con suavidad. Ron la miró, molesto.
—Sigue siendo un maldito idiota, Hermione —dijo el pelirrojo con enojo.
—Suficiente —dijo Harry—. ¿Hay algo más que hiciste para ayudar a la Orden? Esta es probablemente la última oportunidad que tendrás para defenderte. Hazlo.
—Eso es todo, realmente —dijo Draco, y se enderezó en la silla, acomodando las mangas de su túnica.
Hermione volvió a hablar.
—Yo tengo una pregunta. ¿Qué forma toma tu patronus?
El rostro de Malfoy perdió expresión y el rubio la miró fijamente, antes de mirar a Harry. El moreno se encogió de hombros.
—¿Siquiera puedes hacer uno?
—Solía poder. —La expresión de Malfoy cambió por un momento. Respiró profundamente y miró a Hermione—. Cuando podía hacer uno, era una pantera.
Hermione asintió para mostrar su aprobación. Malfoy se removió en su asiento y la máscara cubrió su rostro de nuevo—. Ahora, ¿qué sigue?
—Sólo una pregunta más. ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?
—¿Por qué hice qué cosa, Potter? —Malfoy se recargó contra el respaldo de la silla. Se veía como el mismo idiota arrogante que había sido en la escuela.
—Ya sabes, ¿por qué ayudaste a nuestro lado?
La mandíbula de Malfoy se tensó. El rubio miró a Kingsley.
—¿Tengo que responder a eso? ¿Qué diferencia causaría saber por qué hice las cosas?
—No tiene que responder otra pregunta. Puede regresar a su celda, hasta que determinemos si procederemos con los cargos o no. Llevaré las declaraciones y las evidencias restantes al consejo del Wizengamot, y su decisión estará lista para el fin de semana. Pero, como dije cuando entró, su cooperación servirá mucho para decidir su destino.
Malfoy se puso de pie y caminó hacia las ventanas. Después de un momento, dijo con vacilación:
—Hace mucho tiempo, dos personas hicieron la diferencia en mi vida. Una se arriesgó conmigo. Me hizo un favor, uno arriesgado. No tenía qué hacerlo y nunca pensé que accedería, pero estaba dispuesto a ayudarme. A pesar de que no me lo merecía. La otra persona me ayudó a ver la persona que yo podía ser. Me ayudó a ver que no estaba destinado a convertirme en mi padre solo porque era un Malfoy. Se convirtieron en los primeros amigos verdaderos que tuve.
Continuó.
—Un día, uno de ellos me preguntó si iba a ser un luchador o un seguidor. De Voldemort. Y entendí que no había modo de que fuera un seguidor, así que me decidí a ser un luchador. Pero entonces, me obligaron a recibir la Marca. Habría preferido haber muerto que vivir con ella. Estaba preparado para morir. Cuando Snape me dijo que había una forma en la que podía ayudar, solo quería probarme a mí mismo que era digno de mis amigos. Que aún podía pelear, pero tendría que ser desde el otro lado. Entonces, hice lo que pude. No fue mucho, pero lo intenté. —Se movió para atrás y miró a Harry—. Ahora, ¿qué?
Harry se encogió de hombros.
—Depende de los abogados y del ministro. En realidad, a mí no me importa lo que te pase. Solo quería escuchar lo que habías hecho para ayudarnos. Llámalo curiosidad perversa. Me largo de aquí. —E hizo justo eso, sin mirar a los abogados o a Kingsley. Ron salió con él y, después de un momento, Hermione los siguió.
OoOoOoO
Draco cerró los ojos con alivio mientras veía cómo Harry salía de la oficina. Se estremeció, tratando de alejar el sentimiento de auto desprecio que lo había invadido desde que entró a la oficina. Escuchó que alguien se le acercaba.
—¿Estás bien? —preguntó su abogado.
—Sí, estoy bien. —Respiró temblorosamente y miró a Shacklebolt—. ¿Qué más necesitan saber? —Su rostro había perdido la expresión de fría indiferencia. Ahora, solo mostraba un cansancio extremo.
Shacklebolt lo miró, confundido por el cambio de expresión.
—¿Todo eso fue un acto?
Draco se encogió de hombros y se pasó una mano por el cabello.
—Las palabras fueron verdad, la actitud fue por el bien de Harry. No conoce a ningún otro Malfoy más que ése.
Smith se puso de pie de un salto.
—¡¿Cómo puede confiar en este charlatán, que obviamente es un mentiroso doble cara?!
Draco giró y le sonrió.
—Solo un abogado como usted reconocería a otro charlatán. Responderé a sus preguntas, bajo Veritaserum, si quieren. No quiero que Harry sepa más de lo que debe, no puede soportarlo más. ¿No pueden sentir cómo parecía estar al borde de explotar?
Shacklebolt lo miró, curioso.
—Parecía muy calmado.
—¿Está bromeando, verdad? Las ventanas estaban vibrando por la magia que Harry estaba expulsando. Tuvo que mantener sus manos en puño y a sus lados para poder controlarla. Ya lo presionamos más allá de lo que puede soportar. No iba a echarle leña al fuego mostrándole un Malfoy diferente al que conoce, al que odia. —Miró a Shacklebolt—. He tenido que ser ese Malfoy por mucho tiempo. Estoy listo para deshacerme de él, en tanto Harry no esté en la misma habitación.
—¿Harry? ¿Qué derecho tienes de llamarlo Harry? —exclamó Smith, con la voz marcada por la ira.
—Uno mucho más importante que el tuyo, maldición —dijo Draco. Luego, movió la cabeza—. ¿Tienen preguntas para mí o puedo regresar a mi celda?
OoOoOoO
Hermione llevó a la profesora McGonagall a la sala de estar. Ron miró a Harry con nerviosismo y se sentó el borde del asiento. Harry tuvo que reír. Era extraño ver a la dragona de Hogwarts en su propia casa.
—Harry, estoy segura de que te estás preguntando por qué solicité reunirme contigo.
—Oh, bueno, em, sí.
Hermione se sentó en el sillón, junto a Ron.
—¿Habrá un retraso en la apertura de la escuela, profesora?
—No, somos muy afortunados. Parece que las reparaciones estarán completas a tiempo para la apertura planeada para el primero de octubre. —McGonagall se acomodó la túnica a su alrededor—. Harry, necesito hablar francamente contigo. Conozco los desarrollos que surgieron del juicio de Draco Malfoy.
Harry intentó contener el bufido que soltó, pero no lo consiguió. McGonagall asintió, mostrando su simpatía, pero continuó.
—Exactamente. Vine aquí esta noche para hablar contigo. Hablé con Kingsley acerca de su sentencia. Como ya te han dicho, Draco fue declarado inocente de todos los cargos, excepto el ataque contra ti. Por ello, fue sentenciado a dos años de libertad condicional, dado que el ataque ocurrió cuando era joven. —Harry asintió; Kingsley le había mandado una lechuza con la decisión, después de que Harry se rehusara a regresar para reunirse con él. McGonagall prosiguió—. Es por esto que está calificado para asistir a Hogwarts como alumno de octavo grado cuando la escuela abra sus puertas de nuevo…
—¡No va a dejar que ese imbécil regrese a la escuela después de lo que le hizo a Harry, ¿o sí?! —dijo Ron, parándose de golpe.
—Señor Weasley, por favor —dijo McGonagall, mirándolo de mala manera—. Podremos no estar en Hogwarts, pero tendrá que hablar con el debido respeto en mi presencia. —Hermione jaló al pelirrojo para que se sentara de nuevo.
—¿Qué decía, profesora McGonagall?
—Sí, claro. Necesito considerar el bienestar de todos mis alumnos. Y entenderé completamente, Harry, que si te sientes incómodo con la idea de que Draco Malfoy asista, yo…
—Eso no será un problema, profesora McGonagall —dijo Harry por primera vez. Ron, Hermione y McGonagall se detuvieron y lo miraron.
—¿No será un problema? —dijo Ron en voz baja—. ¿No te molestará estar en las clases con…?
—No será un problema, porque no voy a regresar —dijo Harry mientras se ponía de pie y caminaba por la sala, recargándose de forma defensiva contra el librero—. He querido decirles por un tiempo pero no sabía cómo. No voy a regresar. Simplemente, no puedo.
—Harry, tienes que regresar —protestó Hermione, acercándosele—. Tus ÉXTASIS; los necesitas hacer.
Ron asintió.
—Teníamos un plan, compañero. Terminaríamos la escuela y luego entraríamos al programa de aurores.
Harry negó con la cabeza.
—Tal vez, en algún punto, pero ambos tienen que entender que nada es como antes. No podemos pretender que es así… No puedo procesar la idea de estar en la escuela. De tener a todos mirándome fijamente, tener a todos sabiendo lo de Malfoy. O de siquiera ser un auror y pasar más años de mi vida cazando personas podridas que bien podrían asesinarme sin pensarlo dos veces. Necesito un cambio. Un cambio radical.
—¿Tienes algún plan, Harry? —McGonagall lo miraba con una expresión que revelaba que comprendía su punto, lo que sorprendió a Harry. Había pensado que la mujer sería la última, aparte de Hermione, que entendería—. Si necesitas una referencia para un programa de aprendizaje…
—No. Se lo agradezco, pero ya sé a dónde iré. Rumania. —Miró a Ron y Hermione, tratando de disculparse—. Charlie me escribió hace unos días y me invitó. Iré a trabajar con los dragones.
OoOoOoO
Hermione entró a la cocina y se detuvo de golpe. La mayoría de las mañanas, Harry ya estaba sentado a la mesa, bebiendo café y leyendo el periódico muggle. Miró el montón de cosas sobre la mesa y un sentimiento de terror la invadió. Había una carta sobre la pila de viejos discos. Al leerla, sintió que un sollozo brotaba de su interior, cuando Ron llegó detrás por detrás.
—¿Qué sucede?
—Se fue —dijo Hermione, con lágrimas rodando por sus mejillas.
—¿Qué quieres decir con que se fue? Anoche nos dijo que esperaría. Que iba a escuchar lo que teníamos que decir.
—Solo lo dijo para evitar que lo detuviéramos. —Hermione le dio la carta—. Se fue esta mañana.
Queridos Hermione y Ron:
Tenía un traslador para las siete de la mañana. Lamento irme sin decir adiós, pero sé que solo intentarían tratar de convencerme de quedarme, y no puedo hacer eso. Créanme cuando digo que tengo que irme. He tratado de mantenerme calmado por mucho tiempo, y ya no quiero seguir tratando. He tenido que soportar esto por siete años; ya no lo haré más. Todo me recuerda lo que he perdido y la idea de regresar a Hogwarts me parece imposible. Dumbledore. Él. Ni siquiera puedo escribir su nombre. Es solo cuestión de tiempo para que El Profeta investigue lo que pasó, y no deseo estar en Inglaterra cuando eso pase.
Hermione, te dejo las cartas de Dumbledore y de Diggory. Si quieres, léelas. Tú decide si sería mejor conservarlas o no. Le dije a Kingsley que te mandara todas las cartas, confesiones o, con el favor de Merlín, recuerdos de pensadero a ti. Decide qué hacer con ellos. Discúlpame por ponerte bajo esta presión, pero todo lo que yo haría sería utilizar un Incendio. No quiero saber más acerca de lo que pasó. Solo quiero olvidar (¡JA!) y comenzar una nueva vida.
Ron, le mandé una carta a Ginny. Una salida cobarde, pero no podía lidiar con verla de nuevo. Dales las gracias a tus padres de mi parte. Te dejo el mapa del merodeador; dudo que lo necesites, pero uno nunca sabe.
También le mandé una carta a Andrómeda. Aparte de ustedes dos, a la otra persona que extrañaré es el pequeño Teddy. No puedo quedarme y ser alguna especie de padrino para él, cuando lo único que quiero hacer es gritar y destruir cosas. Mejor hago eso en Rumania que aquí.
Usen la casa como quieran. Hagan lo que sea con ella. Supongo que debería haber reparado la pared antes de irme… Le dije a Kreacher que puede ir a Hogwarts con ustedes o quedarse ahí; lo que sea que quiera hacer.
Hermione, dejé para ti una copia de "El Poder del Abogado", con Kingsley. Puedes usarla para conseguir fondos para la casa, o para Teddy, si necesita algo. Si Kingsley tiene una pregunta acerca del Slytherin, toma una decisión. Por favor, no me contactes por ello, solo haz lo que se tenga que hacer.
Sé que Charlie suele venir a casa para Navidad. No les prometo estar listo para hacer eso. Quizá ambos podrían venir a Rumania. Asumiendo que sigo ahí en diciembre.
Harry
P.D. Dejé las cosas que encontramos en el baúl. Regrésenle los álbumes. Desháganse el resto.
Hermione se sentó y miró la pila de álbumes.
—Quiere que se los regresemos a Malfoy.
—¿Por qué haríamos eso? ¿Por qué no simplemente destruirlos o tirarlos? —preguntó Ron, aun mirando la carta, demasiado aturdido como para comprender las palabras escritas en ella.
—¿Destruirlos, como su tío destruyó los álbumes de su madre? —Hermione negó con la cabeza—. Quiero creer que sabe que los álbumes significan algo. Quiere que Malfoy los tenga de vuelta, como una forma de decirle…
—¿Métetelos por el culo, Malfoy?
—Bueno, siendo vulgares, sí. Ni siquiera está seguro de si regresará para Navidad.
—Regresará. Regresará. No puede alejarse para siempre. —Ron trató de sonar reconfortante, pero no sabía si se lo estaba diciendo a sí mismo o a Hermione. Justo entonces, Kreacher entró, cargando El Profeta. Miró vacilante a Hermione y luego a Ron.
—¿Qué sucede, Kreacher? —preguntó Hermione, estirando la mano para tomar el periódico. Parecía que Kreacher iba a aferrarse a él, pero se lo dio, ladeando la cabeza. Hermione lo abrió y se dejó caer en una silla con lentitud. Extendió el papel sobre la mesa para que Ron pudiera verlo.
"EL LÍO AMOROSO SECRETO DE HARRY POTTER"
—Oh, Dios, no. —Ron negó con la cabeza—. ¿Quién habló? Se suponía que nadie hablaría.
—Alguien lo hizo. Era inevitable, incluso Harry lo sabía —dijo Hermione, revisando con rapidez la historia—. Aquí solo dice que "alguien del Ministerio" es la fuente. No mencionan la poción de amor, gracias a Merlín. Parece que el artículo completo se basa en las primeras imágenes que se vieron frente al Wizengamot.
OoOoOoO
1° de octubre, 1998
Draco trató de concentrarse en lo que McGonagall estaba diciendo, pero sus ojos estaban enfocados en el reloj detrás de ella, que sonaba mientras los minutos pasaban, acercándose a las once en punto. Se preguntó si Harry estaría abordando el tren. ¿Habría tomado el Expreso de Hogwarts? Probablemente, por la nostalgia y todo eso. Recordó la expresión de Harry la última vez que lo vio. Tal vez nos. Harry no parecía como si estuviera sintiendo nostalgia ese día, pues se había alejado con frialdad.
—Draco. Por favor, apreciaría que me pusieras atención. Como estaba diciendo, de acuerdo a las condiciones de tu libertad condicional, no puedes salir de los terrenos de Hogwarts durante el año escolar completo, excepto para las vacaciones, durante las cuales podrás regresar a la residencia Tonks para estar con tu madre. Además, tendrás que realizar horas voluntarias obligatorias, como asistente de Pociones, para las clases de primero y segundo del profesor Slughorn.
—Entiendo todas las restricciones —dijo Draco. Sus ojos se desviaron de nuevo hacia el reloj.
—Estoy segura de que sí. Ahora, como hay un gran número de estudiantes que regresarán para completar su educación interrumpida, no pudimos acomodar a todos los alumnos en las Casas tradicionales. Como resultado, todos los alumnos de octavo año se alojarán en la torre oeste. —Draco la miró fijamente. Ahora, tenía toda su atención—. Sí, así es. Hizo falta mucha renovación para acomodar los dormitorios. —Lo miró con una expresión apreciativa—. Se podrá entrar al dormitorio de la torre oeste por el primer piso. No incluye la planta baja. Afortunadamente —Miró brevemente por encima de su hombro, al retrato de Dumbledore—, se me informó de la presencia de los antiguos vestidores de Quidditch en la planta baja. Están intactos. Esto es con la intención de que, en caso de que Harry Potter llegue a querer aprender más, el cuarto esté como estaba cuando lo ocuparon. No sé si eso ayude o le ponga trabas a su recuperación, pero esa no es una decisión que nosotros podamos tomar. Tienes prohibido entrar a los vestidores, ¿entendido?
Draco no se atrevió a hablar. Solo asintió.
—Y ya que tocamos ese tema, sé que tienes prohibido hablar acerca de Harry. Quiero que sepas que ciertos miembros nuevos del personal y yo somos las excepciones a esa restricción. Además, necesito decirte, para evitar que estés mirando el reloj: Harry Potter no regresará a Hogwarts.
Draco la miró, sin expresión, por un momento. Aturdido, dijo:
—¿No regresará?
—No, ha decidido no completar su educación. Una elección que tal vez es entendible, dadas las circunstancias. —Draco miró al suelo frente a su silla. Había estado temiendo el momento en el que vería a Harry por primera vez, la centésima vez. Sabiendo que Harry lo odiaba. Sabiendo que Harry sabía que Draco lo había traicionado, que había destruido una parte de él. Pero, al mismo tiempo, incluso unos cuantos vistazos de Harry eran lo que había estado anhelando, lo que necesitaba. Apretó los dientes y miró a McGonagall.
—¿Es porque estoy aquí?
La mujer negó con la cabeza.
—Su decisión fue tomada antes de que se te diera la opción de regresar. Estoy segura de que entiendes que se le dio la oportunidad de determinar si podrías regresar o no. Pero él ya había hecho planes que no incluían regresar a Hogwarts.
—¿A dónde fue? —lo dijo antes de poder detener las palabras.
—No estoy en libertad de decirlo. —McGonagall lo miró severamente—. Pero eso no debería preocuparte. Será mejor que te enfoques en el año escolar que comienza y en sacarle todo el provecho posible. Tengo entendido que esperas entrar al programa de entrenamiento en San Mungo, ¿correcto?
Draco asintió.
—Asumiendo que mis niveles de ÉXTASIS sean suficientes.
—Casi siempre fuiste uno de los mejores en tus clases, Draco. —McGonagall lo miró sobriamente—. Sin embargo, no soy tan ingenua como para no entender que éste será tu año más difícil. El desafortunado momento de los artículos de El Profeta y la indignación del público porque se retiraron todos los cargos en tu contra tal vez provoquen que tus compañeros…
—¿Quieran maldecirme hasta el fin de los tiempos? —dijo Draco secamente—. Puedo manejarlo.
—Y confío plenamente en que puedes hacerlo, pero cómo lo manejes me preocupa —McGonagall lo miró fijamente—, porque, como estás en libertad condicional, no puedes defenderte, incluso si te atacan.
—Como dije cuando me sentenciaron, lo único que me interesa es sacar suficiente Extraordinarios para entrar a San Mungo. No me interesa meterme con nadie. Solo quiero desaparecer mientras estoy aquí.
—Creo que lo que la profesora McGonagall está tratando de decir es que está preocupada de que puedas tener momentos difíciles, no solo con tus compañeros, sino también al momento de asimilar y aceptar los eventos del pasado, Draco. —Los ojos del rubio se dirigieron al retrato de Dumbledore. Los ojos azules del hombre brillaban al verlo, casi como lo habían hecho en vida.
—¿A qué se refiere? —preguntó Draco.
—Tú y yo cometimos terribles actos en un esfuerzo para proteger y ayudar a Harry. Tiempos desesperados requieren acciones desesperadas. Sin embargo, la profesora McGonagall y yo sentimos que es tiempo de que te perdones a ti mismo por tus acciones. —La expresión pintada de Dumbledore lo miraba sobriamente—. Harry está perdido en este momento. Está tratando de encontrarse a sí mismo después de que se le quitaron demasiadas cosas. Es imposible adivinar cuándo regresará. Lo mejor que puedes hacer ahora es simplemente permitirte sanar. Para que, cuando regrese, seas capaz de ayudarlo.
—Eso no importa. Hay un abismo entre nosotros, que nunca podrá ser cruzado. Nunca me perdonará por lo que le hice. Y peor, llevo la marca que representa todo lo que detesta. Siempre me odiará —dijo Draco, sin poder creer que en verdad estaba teniendo una discusión con un retrato. No había hablado con uno desde que tenía diez años.
—¿Hoy? Ciertamente lo hace, y mi recuerdo tampoco le es grato. Ambos cometimos terribles actos en su contra. Sin embargo, me aferro a la esperanza de que encontrará en su corazón la manera de perdonar. No hay abismo que no pueda ser cruzado. Como le dije al profesor Snape hace tantos años, Harry tiene una tremenda capacidad para perdonar.
—Creo que todos sabemos que hay ciertas cosas que no pueden ser perdonadas, y estoy muy seguro de que ésta es una de ellas. Pero me prometí a mí mismo que trataría de avanzar y superarlo. Quiero ayudar a la gente, compensar lo que hice en el pasado —dijo Draco, apartando la mirada del retrato y mirando por la ventana. Luego, fijó su vista en McGonagall y se sorprendió al ver a la mujer sonriéndole gentilmente, como lo hacía Dumbledore en su marco.
McGonagall habló de nuevo.
—Me alegra mucho escuchar eso, y espero que esto lo encuentres útil para lograr esa meta. Ahora, tenemos una sanadora mental en el personal de Hogwarts. La sanadora McCain llevará a cabo sesiones grupales para los alumnos que regresen, y que estuvieron directamente involucrados en ambos lados de la guerra. También, para los que perdieron seres queridos. Además, ofrecerá terapia personal. Como sabes, otra condición de tu libertad es una sesión de terapia a la semana. Deberás asistir a la sesión de grupo con algunos de los estudiantes de octavo.
Draco rechinó los dientes.
—Iré a la terapia personal porque mi libertad lo requiere, pero no haré nada grupal.
McGonagall rio.
—Pareces creer que tienes elección. —Su sonrisa desapareció al ver al rubio—. Draco, estos han sido tiempos difíciles para todos nosotros. Y especialmente difícil para ti. Me gustaría que este año pasara sin problemas.
Draco asintió. Estaba ansioso por salir de la oficina.
—¿Estaré en un dormitorio en la torre oeste?
—Hay dormitorios individuales, dobles y triples en la torre. Los otros estudiantes serán asignados a sus compañeros de cuarto sin importar sus Casas originales. Tú tienes uno de los individuales. No dudo que necesitarás tu privacidad.
—Bien. ¿Eso es todo? —Draco trató de no sonar tan tenso. Le había parecido una buena idea, al estar sentado en celda, esperando a ser liberado: regresar a Hogwarts, completar sus EXTASIS, entrar al programa de entrenamiento de San Mungo. Ahora, tenía que enfrentarse a la realidad de tener que ir a las clases y compartir dormitorio con gente que tenía todo el derecho de odiarlo. Tendría que ver a Granger y a Weasley. Los dos Weasley. Y a los Slytherins, los pocos que regresarían. Había traicionado a ambos lados, y ahora tendría que vivir con las consecuencias porque, de algún modo, había sobrevivido a la guerra y, aún más milagrosamente, no había terminado en Azkabán.
McGonagall asintió.
—Por favor, ven a mí si tienes algún problema. Quiero poder ayudarte. —Draco se puso de pie con prisa y se fue. Salió de la escalera y miró hacia la entrada principal, pensando en dar un paseo por el lago. La idea murió rápidamente cuando vio a las dos personas que estaban caminando hacia él. Giró y caminó por el corredor, en la dirección contraria.
OoOoOoO
Hermione y Ron se aparecieron en Hogsmeade, detrás del Cabeza de Puerco. Por un acuerdo sin palabras, ignoraron el hecho de que, la última vez que habían hecho eso había sido en mayo, y Harry había estado con ellos. El mundo era diferente ahora, pero el camino que llevaba hacia Hogwarts era el mismo. Ron le ofreció la mano a Hermione.
—¿Estás lista? —En la otra mano, tenía un ramo de flores.
—No —contestó ella, negando con la cabeza—, pero no creo que alguna vez llegue a estarlo, así que sería mejor que fuéramos.
Ron apretó su mano y comenzaron a caminar hacia las puertas de Hogwarts. Habían decidido aparecerse, en lugar de tomar el Expreso de Hogwarts. Los medios estaban en un frenesí de información, desesperados por ver a Harry. Los habían estado siguiendo cada momento del día, esperando que la pareja los llevara a Harry. Habían evitado a los fotógrafos esa mañana, yendo al ministerio y apareciéndose desde la oficina de Kingsley.
Las puertas se abrieron en silencio y, una vez que pasaron, se cerraron. Hermione sabía que, en unas horas, las puertas estarían abarrotadas de reporteros, esperando alcanzar a mirar a Harry, cuando descubrieran que no estaba en King's Cross. Ginny había escogido enfrentarse a la multitud con valentía. Quería mostrarles a todos que no tenía miedo de mostrar su rostro, al ser la supuestamente engañada y abandonada novia de Harry Potter. Kingsley había estado furioso porque la historia hubiese llegado a El Profeta. Una investigación mostró que uno de los guardias que había sido despedido después de atacar a Malfoy le había vendido la historia al periódico. Afortunadamente, solo había visto los recuerdos de la varita, así que los detalles eran escasos.
Se acercaron más al castillo y miraron la estructura familiar.
—¿Cómo puede verse como antes y aun así sentirse tan diferente? —preguntó Hermione.
—Es como los thestrals, no sabes qué hay ahí, hasta que puedes verlos. Podemos ver mucho más ahora, cuando vemos el castillo.
Hermione asintió.
—¿Estás listo para entrar?
—Primero, visitemos a Fred. Le prometí a mamá que le llevaría sus flores en cuanto llegara —dijo Ron sobriamente, y ambos giraron para llegar hasta el lado más alejado del castillo, pasando el campo de Quidditch, para llegar al Campo de Honor. Cincuenta y cuatro tumbas cubrían el prado en líneas rectas. Pasaron las marcas hasta llegar a la de Fred.
Fred Weasley
1978 — 1998
Hijo, Hermano, Golpeador, Bromista (1)
Ambos sonrieron por la marca. Los Weasley habían discutido por varios días acerca del texto. George había insistido en usar esas palabras y, finalmente, Arthur y Molly aceptaron. Ron se puso de rodillas y acomodó las flores frente a la piedra. Hermione puso sus manos gentilmente sobre su hombro.
—Sigue pareciendo irreal. Es fácil olvidarlo por un día o dos, pretender que está en la tienda, vendiendo Magifuegos. O luego, George entra por la puerta de la casa y me fijo detrás de él, esperando ver a Fred, pero nunca está ahí.
—Fred estaba tan vivo, que es difícil para cualquiera de nosotros pensar que en verdad se fue —dijo Hermione—. Te ayudará poder ir a ayudar a George los fines de semana. Será bueno para ambos.
Ron asintió.
—No sé cómo lo hace. Pensé que habría…
—Es muy difícil para él, pero intenta mantenerse tranquilo. Por tus padres, y creo que simplemente tiene miedo de dejarlo ir —dijo Hermione.
—Bueno, esperemos que no decida escaparse a Rumania también—dijo Ron bruscamente—. ¿Estamos listos para hacer esto? —Hermione asintió.
Entraron al vestíbulo de Hogwarts. Las reparaciones que había tenido el castillo eran evidentes.
—Es impresionante que hayan podido reparar todo tan rápidamente —dijo Hermione, mirando a su alrededor. Sus pasos hacían eco en el vacío corredor; en unas cuantas horas, estaría lleno de cientos de estudiantes. Se sentía extraño estar de vuelta, con dieciocho años, después de haber estado fuera un año—. Le dije a McGonagall que pasaríamos a verla. —Hermione se asomó al gran corredor—. ¿Deberíamos hacerlo ahora?
—Supongo que tenemos que checar dónde están nuestros cuartos. Nos dijo que no íbamos a estar en Gryffindor —dijo Ron, negando con la cabeza—. No me parece correcto, pero tal vez será más fácil. No puedo imaginarme a Gryffindor sin Harry.
—Los dormitorios estaban llenos antes, ¿cómo pudieron encontrar lugares para todos? tuvieron que abrir un dormitorio nuevo. Tiene sentido que nosotros seamos los que lo usemos.
Giraron y caminaron hacia la entrada de la torre de la directora. Se detuvieron cuando alcanzaron a ver un destello de una figura familiar, desapareciendo por la esquina, en el extremo más lejano del corredor.
—¿Ése era…? —preguntó Hermione, vacilante.
Ron asintió con seriedad.
—No sé cómo vamos a pasar un año con él aquí.
—No lo juzgues tan pronto, Ron —dijo Hermione—. Tú escuchaste toda la presión bajo la que estaba. ¿Cómo podemos…?
—¡Le borró la memoria a Harry! (2) —Ron la miró, incrédulo—. ¡¿Cómo podemos no juzgarlo?!
—Lo sé. ¿Cómo olvidarlo? —bufó Hermione, mirando alrededor para asegurarse de que nadie estaba cerca—. Pero tú viste a Malfoy en la audiencia. Estaba tratando de protegerlo…
—¿En verdad esperas que sea amable con él? —Ron negó con la cabeza—. Porque no va a pasar.
—No tengamos esta conversación aquí. Vayamos a hablar con McGonagall para ver dónde están nuestros cuartos y cuáles son nuestros horarios de clases.
—Será mejor que no sea mi compañero de cuarto —dijo Ron, mirando hacia donde se había ido Malfoy con los ojos entrecerrados.
La reunión con McGonagall fue breve. La mujer iba con prisa para asegurarse de que todo estaba en su lugar para la llegada del resto de los alumnos. Para alivio de Ron, compartiría cuarto con Neville Longbottom. La compañera de Hermione iba a ser Luna Lovegood, que había solicitado estar en el dormitorio de los de octavo. Ron se sorprendió por la noticia de que la sanadora mental se incorporaría al personal, pero Hermione sintió alivio. Esperaba que las sesiones de terapia ayudaran a curar las heridas que la guerra había dejado. Hasta ella se sentía nerviosa, caminando por el corredor y recordando todo lo que había pasado unos cuantos meses antes. No podía imaginar cómo sería para Ron, Ginny y todos los otros que habían perdido seres queridos, caminar por los corredores donde habían muerto.
Ron había tratado de ocultar su alivio cuando McGonagall le dijo que los de octavo no podían ser seleccionados para jugar en los equipos de Quidditch. Simplemente no podía imaginar jugar sin Harry.
Mientras se levantaban para irse, McGonagall los detuvo.
—Entiendo cuán difícil va a ser compartir las áreas comunes y asistir a las clases con Draco Malfoy. De todos los alumnos que regresan, ustedes han sufrido más por sus acciones pasadas. —Los miró con calma—. Pero espero poder contar con ustedes para poner el ejemplo a los demás. Si este año escolar va a ser un éxito, necesitamos que todos pongan de lado sus diferencias pasadas y continúen hacia delante.
Hermione miró a Ron y luego a la directora.
—Claro que lo intentaremos. —Ron bufó y la chica le enterró el codo en el costado—. ¿Está preocupada por su seguridad?
—En una palabra, sí —dijo McGonagall, enderezándose cuan alta era—. Y voy a poner las cosas en claro: hay una política de cero tolerancia para cualquiera que ataque o moleste a otros estudiantes. Estoy decidida a asegurarme que cada estudiante tenga una oportunidad… (3)
OoOoOoO
(1) En el original, el texto viene de corrido, de forma horizontal. Sin embargo, a mí me pareció una buena idea ponerlo de esta forma…
(2) En el original, dice "He obliviated Harry!", lo cual, si fuera una traducción completamente literal, debería ser "¡Obliviateó a Harry! No lo pongo así (ni aquí ni en capítulos anteriores) porque: uno, se oye increíblemente raro y no existe el verbo "Obliviatear"; dos, no me gusta cómo se oye… Entonces, le puse "¡Le borró la memoria a Harry!", que tiene más palabras pero sirve para no incurrir en horrores ortográficos.
(3) Quiero recalcar que encuentro complicado escoger qué palabra utilizar al traducir "student"; si lo han notado, utilizo "alumno" y "estudiante" de forma indistinta.
Notas finales:
¿Alguien ya se hartó del argumento "¡Le borró la memoria a Harry!"? :( *hace una pancarta que dice "¡Dejen en paz al Draco!"*
Adigium21
