Notas de traductor:

Gracias a NUMENNESSE, kawaiigiirl, Viiqi, LizDe-Chan, Violet Stwy, toxica666, Melanie Tao de Usui, Silvers Astoria Malfoy, Oduvanchik Dandelion, xonyaa11, jessyriddle, sailor mercuri o neptune, mydilema, Acantha-27, catzeruf y Lunatica Dark por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores…

Violet Stwy: Espera un poco más, Violet. Ya casi sabremos.

toxica666: ¡Feliz cumpleaños, entonces! Aunque atrasado… :3

Bueno, este capítulo es corto, en comparación al anterior. Una de las razones es porque no quería dejarles sin capítulo por otra semana más. No se preocupen, lo compensaré en el siguiente.

¡Disfruten!


Hermione y Luna salieron de su cuarto. Hermione llevaba un bulto en sus brazos con dificultad. Caminaron por la Sala Común y casi llegaron a la puerta cuando Malfoy entró a la habitación. La vista del chico se dirigió inmediatamente hacia los álbumes que la chica cargaba. Hermione pudo ver cómo tensaba la mandíbula; sin una palabra, el chico pasó junto a ellas y se dirigió a las escaleras que llevaban a su habitación.

Hermione vio cómo desaparecía.

—¿Qué crees que esté pensando?

Luna negó con la cabeza.

—Está tratando de no pensar, de no sentir. A veces, el dolor es simplemente tan grande que lo único que puedes hacer es respirar y esperar que mañana sea mejor.

Hermione miró a la otra chica con detenimiento.

—¿Estás bien? No pareces… ser tú misma. No he querido preguntar pero, ¿qué sucede?

Luna le sonrió ligeramente.

—Estoy respirando y esperando que mañana sea mejor. —Entrelazó su brazo con el de Hermione—. Vayamos a ver su nido de amor.

Ron, que había estado visitando a Hagrid, se reunió con ellas en el vestíbulo, y estaban platicando ahí cuando Ginny se aproximó con Neville. Ron y Hermione miraron a Neville, con sorpresa.

—¿Tú también vienes? —preguntó Hermione—. Pensé que…

—Pregunté si Neville podía venir. McGonagall dijo que sí.

—Si está bien con ustedes… —dijo Neville. Miró a Ginny de reojo—. Pensé que sería más para Ginny si alguien estaba ahí para ella.

Parecía que Ron estaba a punto de decir que, como él era su hermano, Neville no era necesario. Hermione lo golpeó en el costado con el codo. En ese momento, la sanadora llegó, junto con McGonagall.

—Bueno, entonces, aquí estamos. Draco se rehusó a venir, así que podemos continuar —dijo McCain con rapidez.

—Correcto. Hay varias entradas a los antiguos vestidores, pero usaremos la entrada externa por la Torre Oeste —explicó McGonagall. Con agitación, salieron y caminaron por afuera del castillo, tomando el camino que llevaba a la Torre Oeste. Deteniéndose en la torre de piedra, fijaron la mirada en la pared. No sabían qué hacer después. McGonagall avanzó, con la varita en ristre—. Se puede entrar si…

Tocó las piedras y dijo el encantamiento. Todos vieron, sorprendidos, cómo la entrada se abría. Hermione vio el hueco en la pared.

—Es verdad. En verdad se reunían aquí —le susurró a Ron.

—El que haya una puerta no significa nada —dijo bruscamente, mientras la chica entraba al lugar.

La sanadora se detuvo después de haber dado unos cuantos pasos, arrugando la nariz.

—Obviamente, no ha sido abierta recientemente.

El cuarto tenía el profundo y húmedo olor del desuso. Hermione asintió pero entró un poco más, repasando el lugar con la mirada. El cuarto era justo como había sido descrito. Los vestidores. Bancas y filas de casilleros llenaban el espacio.

—No parece un nido de amor —murmuró.

—Por aquí —dijo Luna. Caminó por las filas de casilleros y Hermione pudo ver un umbral delante de ella. El grupo se movió hacia la entrada y se detuvo. Hermione miró el escritorio, con dos sillas acomodadas frente a él; un tocadiscos estaba encima del mueble. En un lado del cuarto, una mesa tenía un laboratorio de pociones cuidadosamente acomodado. Hermione jadeó cuando vio la pared detrás del escritorio. Estaba cubierta con dibujos enmarcados. Poniendo el montón de álbumes sobre el escritorio, se acercó para ver los trabajos.

Eran dibujos del Gran Comedor, los profesores, y el del centro era uno de Cedric y Harry, con los libros regados enfrente de ellos, sobre el escritorio. Malfoy los había capturado riendo por algún chiste olvidado. El cabello de Harry caía hacia delante; un desastre caótico. Su sonrisa, amplia y sin preocupaciones. Cedric Diggory estaba vivo en el dibujo; sus ojos brillaban por la risa. Otro dibujo era de ella, Ron y Harry. El moreno estaba en el centro del dibujo, más grande que nada. Malfoy los había dibujado en el Gran Comedor, sentados en la mesa de Gryffindor. Los detalles en el dibujo eran increíbles.

Hermione sintió que alguien llegaba a su lado, y se sorprendió al ver que era Ginny. Los ojos de la pelirroja pasaron por cada dibujo y luego se fijaron en el que mostraba a Harry y Cedric. Hermione la escuchó jadear al mirar el dibujo.

—¿Qué piensas? —preguntó en voz baja.

—Lo amaba —dijo Ginny, con la voz quebrándose—. No pensé que pudiera haberlo hecho, no en realidad.

—¿Por qué no hay dibujos de Malfoy? —preguntó Ron.

—Tal vez no le guste dibujarse a sí mismo —dijo Hermione.

Luna les habló, alzando las hojas de papel en blanco.

—Éstos son los dibujos de Harry y Draco.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Ron.

Sintiendo el papel, y la magia en él, Hermione dijo:

—Los encantó, para que solo su varita y o la de Harry pudieran revelarlos. Como el que encontramos en el baúl de Harry.

Luna asintió.

—Draco siempre tuvo miedo de que los encontraran. No quería arriesgarse a que Harry fuera expuesto. Por eso, nunca los dibujó juntos en papel regular. —Negó con la cabeza—. Lo malo es que, ahora, nunca podrá verlos. Solo su varita y la de Harry revelarán los dibujos.

—¿No tiene su varita vieja? —preguntó Hermione. No había puesto atención a la varita que Malfoy estaba utilizando.

—Se rehusó a usarla. Después de lo que pasó durante el juicio. Garrick le dio una nueva.

—¿Garrick Ollivander? ¿Simplemente le dio a Malfoy una nueva varita? —preguntó Ginny—. Fue prisionero en la casa de Malfoy.

—Fuimos prisioneros de Voldemort. No de Draco —dijo Luna—. Una nueva varita es un pequeño precio por una vida.

La sanadora habló desde el centro del cuarto.

—¿Esto les ayuda a creerle a Draco? ¿Ver dónde se reunían hace la diferencia?

—Es obvio que éste es el cuarto que vimos en los recuerdos de la varita. Pero se ve diferente —dijo Ron, mirando el lugar.

Hermione cerró los ojos y pensó en las memorias que habían visto.

—El sillón. Había un sillón en los recuerdos.

Todos miraron a su alrededor. No podían ver ningún sillón. McGonagall se aclaró la garganta y los alumnos la miraron.

—Parece ser que Harry y Draco debieron haber ganado una calificación más alta en Transformaciones. —Señaló con un gesto hacia la banca que estaba contra la pared, con uniformes viejos de Quidditch apilados sobre ella—. La banca muestra indicios de transformaciones múltiples. Dudo que pueda soportar más.

—¿De qué habla? —dijo Ron, mirando la banca y negando con la cabeza—. Harry apesta para Transformaciones.

—Sí, exacto. Tal vez la motivación de aquí abajo era mejor que solo el trabajo en clase —replicó la profesora, secamente. Hermione se sonrojó al recordar lo que los recuerdos habían mostrado que los dos chicos hacían en el sillón. Rápidamente, caminó hacia Ron, que aún miraba la banca en shock.

—¿Qué piensas?

—Pienso que esto explica mucho acerca de dónde estaba durante cuarto y quinto año —dijo Ron, moviendo la cabeza—. Nunca tuvo sentido que dijera que había estado en la biblioteca o corriendo.

Hermione asintió.

—Esto todavía no explica por qué Malfoy le borró la memoria a Harry. ¿Por qué, si tenían todo esto, renunció a él? —dijo Ginny—. ¿Cómo pudo haberlo considerado? Ninguno de nosotros lo habría hecho.

—Creo que esa es una pregunta que será mejor contestada por Draco; sería mejor si no especulamos. Podemos hablar de ello el viernes —dijo la sanadora—. ¿Todos han visto suficiente?

Hermione asintió, pero sus ojos se dirigieron al dibujo de ella, Ron y Harry. El pelirrojo siguió su mirada.

—¿Quieres llevártelo? —preguntó, rodeándola con los brazos.

La chica sonrió.

—Más o menos, pero creo que aquí es donde debe estar. Simplemente, me preguntó por qué Malfoy querría dibujarnos.

Luna se acercó a ellos.

—Estaba celoso de ustedes dos, pero sabía cuán importantes eran para Harry.

Se dirigieron a la salida y Ron notó los arcos.

—¿Esas son las otras entradas?

McGonagall se detuvo y los miró.

—Sí. Llevan a las cuatro casas, y también a las cocinas y la enfermería. Sin embargo, dos de los túneles colapsaron parcialmente debido a la batalla. Repararlos no es una prioridad, porque ya no hay necesidad de usarlos.

Salieron de los vestidores y Ginny caminó apresuradamente hacia el lago, agarrando la mano de Neville con fuerza. Cuando Hermione y Ron regresaron a la Sala Común, la chica le dijo a Ron que regresaría pronto. Luego, subió a su habitación, compartida con Luna. Bajó llevando las cartas de Diggory. Ron la miró, sorprendido.

—Pensé que no querías leerlas.

—No quería. Bueno, no quiero. Pero, si en verdad queremos entender lo que sucedió entre Draco y Harry, necesitamos hacerlo.

—¿Necesitamos entenderlo? —dijo Ron—. Ya terminó. Harry no quiere saber nada acerca de ello. Malfoy lo destruyó.

Hermione negó con la cabeza.

—Harry va a tener que lidiar y procesar todo en algún momento. Y, si lo entendemos, puede que le sea más fácil hacerlo. —Desató el paquete de papeles—. Parece que Simon las acomodó en orden; la primera es de después de la Copa del Mundo.

OoOoOoO

Draco entró al salón de la sanadora McCain con prisa. La semana había pasado muy rápido, pero el chico se había enfocado en evitar a todos. Salía de su cuarto temprano y no regresaba hasta que las clases terminaban. Durante sus clases compartidas, mantenía la cabeza baja y solo hablaba cuando el profesor le hacía una pregunta. Cuando estaba sentado en la biblioteca, podía sentir que Granger lo miraba, pero se rehusaba a hacer contacto visual con la chica. Odiaba que supieran todo, que hubiesen caminado por los vestidores y visto lo que debería haber sido solo cosa de él y Harry.

Se sentó en una silla y esperó a que todos los demás llegaran. Granger y Weasley fueron los últimos en entrar.

—Gracias a todos por venir a la reunión. Ron, entiendo que te irás en cuanto terminemos la sesión, para ayudar a tu hermano en su tienda.

Weasley asintió y se movió, incómodo, en su asiento, mirando a Draco de reojo.

—Entonces, ¿de qué vamos a hablar hoy?

—Bueno, primero que nada, me gustaría escuchar las impresiones de todos acerca de la visita a los vestidores. ¿Creen que Draco está diciendo la verdad acerca de su relación con Harry? ¿Hace una diferencia? Ginny, ¿por qué no empiezas tú?

Ginny no miró a Draco.

—Supongo que sí me enseñó que en verdad estuvieron juntos, pero al final no importa, debido a lo que le hizo a Harry.

—¿Te refieres a que le borró la memoria?

Ginny asintió con ganas.

—Nadie le haría eso a la persona que en verdad ama. —Ron asintió, mostrando que estaba de acuerdo.

McCain se giró hacia Draco.

—¿Te gustaría intentar explicarlo?

—No —dijo Draco bruscamente. Luna rio y McCain lo miró de nuevo; al parecer, sin saber qué decir.

—Creo que es porque ninguno de nosotros podría llegar a entender lo que Draco estaba sintiendo ese verano. Lo que lo llevó a hacerlo —dijo Granger.

—Muy bien, Hermione. Draco, ¿podrías contarnos acerca de lo que pasó ese verano? Fue el verano antes de tu sexto año, ¿no es verdad?

Draco miró al grupo, sin poder creerlo.

—Ustedes no tienen absolutamente idea, maldita sea. No quieren saberlo. Pasaron, ¿cuántos, cinco minutos, con Voldemort? ¿Cómo se sintieron por ello? ¿Pueden siquiera concebir cómo es vivir con él en la misma casa por un mes? Verlo día a día. Mirarlo torturar y matar personas. Y luego, después de matarlas, verlo dárselas de comer a su serpiente.

Señaló a Ginny.

—Dices que tú nunca le harías algo como eso a Harry. ¿Qué te parecería ver a algún pobre tipo morir, cuando su único desatino fue tener un vago parecido a Harry? Verlo gritar en agonía, mientras Voldemort lo torturaba hasta que su voz se quebraba, hasta que colapsaba inconsciente en el suelo. Verlo tendido ahí, hasta que recuperaba la conciencia, para que Voldemort pudiera torturarlo de nuevo. ¿Crees que no harías lo que fuera para evitar que sucediera de nuevo? ¿Crees que no intentarías salvar a Harry de ese destino?

La voz de Draco se quebró. Luego, miró a Weasley.

—Y luego, tu peor pesadilla se convierte en realidad. El Harry real está, de repente, frente a ti, en el mismo cuarto donde los Potters falsos fueron asesinados. Y sientes tanto miedo que ni siquiera puedes pensar. Escuchas a tu propio padre y tía, planeando llamar a Voldemort, para entregárselo como su gran premio. Y sabes que el hombre que amaste e intentaste proteger, aquel por el que sacrificaste todo, está a punto de morir.

Se giró hacia Luna, por cuyas mejillas rodaban las lágrimas lentamente. Estiró el brazo y apretó la mano de la chica.

—No quieren saber cómo fue. Luna lo sabe. Esa clase de terror te cambia. Nunca volveremos a ser los mismos. Las pesadillas que aún me acechan cada noche son de ustedes tres, parados a la mitad de la mansión Malfoy, y yo tengo que verlos morir. Gracias a la suerte y a un elfo doméstico, pudieron escapar. ¿Me arrepiento que Harry sepa lo que pasó entre nosotros? ¿Que tenga que sufrir tanto? Claro que sí, joder. ¿Me arrepiento de haberlo hecho? No, porque está vivo. Hice lo que tenía que hacer y lo haría de nuevo. —Negó con la cabeza y salió por la puerta, dejando que se cerrara detrás de él.

OoOoOoO

Draco se recargó contra el árbol, maldiciéndose por su estallido. Levantó una castaña y la arrojó hacia el lago. Miró cómo las olas se quebraban al chocar con la orilla. Ahora, entendía que regresar a Hogwarts había sido un error. Nunca debió haberlo intentado. Iba a recoger sus cosas en la mañana. No valía la pena.

Escuchó el sonido de pasos en las hojas caídas y maldijo.

—Quien sea que esté ahí, váyase.

—Lo lamento, Draco —dijo la voz de Hermione Granger.

—Ahórratelo. No quiero tu lástima —dijo bruscamente—. ¿Cómo me encontraste?

—El mapa de Harry. —La chica se acercó, dudosa. Draco volteó la cabeza para mirarla, y el mapa que llevaba en la mano.

—Lo supuse. No creo que él apruebe cómo lo estás utilizando.

—Harry no importa ahora mismo —dijo Hermione—. Me preocupas más tú.

Draco rio.

—No necesitas preocuparte por mí. Me largo. No necesito estar aquí, puedo estudiar perfectamente bien, lejos de aquí.

—No lo hagas, Draco. Hablé en serio, cuando dije que lo lamentaba. Leí las cartas de Cedric Diggory. Ahora sé cuánto significaban el uno para el otro. Debí haber entendido que solamente las circunstancias más desesperadas te habrían hecho…

—¿Borrarle la memoria? —dijo Draco, arrastrando las palabras—. ¿Tú crees? Tal vez les hago eso a todos mis novios Gryffindors.

Hermione rio y, para incomodidad de Draco, se sentó a su lado. El chico la miró, incrédulo.

—¿Tu pelirrojo sabe que estás aquí?

Hermione asintió.

—Tuvo que irse a Londres, pero estuvo de acuerdo. No estábamos juzgándote de forma justa.

—¿Y en la vida qué es justo? —dijo Draco, acomodándose de nuevo contra el árbol—. Ya te disculpaste, puedes irte.

—¿Éste es el árbol en el que tú y Harry se encontraban?

El chico la miró.

—¿Qué sabes acerca de eso?

—Vi las notas que Harry te escribió. Las guardaste. Cuando Luna y yo acomodamos tu habitación la semana pasada, después de que Blaise, bueno, ya sabes… Vi una nota que decía que se vieran en "su árbol".

Draco negó con la cabeza y, con un gesto, señaló un gran castaño, a unos seis metros de distancia.

—Era ése.

Hermione asintió, y luego repasó el lugar con la mirada.

—¿Qué no ustedes dos tuvieron una pelea ahí, una vez? O, bueno, supongo que fingieron pelear. Recuerdo que Ron los separó.

—¿Por qué estás aquí, Granger? —gruñó Draco.

—Quiero darte estas. Prestártelas —dijo Hermione—. Las quiero de vuelta, por si Harry llega a querer leerlas, pero creo que tú deberías hacerlo.

Draco miró el paquete doblado de papeles.

—¿Qué son?

—Las cartas de Diggory —dijo ella—. Creo que te gustaría leer lo que tenía que decir acerca de ambos.

—Granger, ¿acaso crees que mi vida no es lo suficientemente tortuosa? —dijo, con voz áspera—. Lo vuelvo a vivir cada día. No necesito leer las palabras de Cedric para empeorar las cosas.

Ella negó con la cabeza.

—No, creo que necesitas leerlas para recordar y recobrar la esperanza. —Tomó la mano del rubio y la cerró alrededor de los papeles—. Harry no se ha ido para siempre. Lo queremos de vuelta y sé que regresará cuando esté listo. —Iba a decir algo más, pero se lo pensó mejor—. Lee las cartas. Me arrepiento de no haber podido conocer a Cedric como ustedes lo hicieron. Claramente, era una persona maravillosa. —Se puso de pie, se sacudió la túnica y se alejó caminando.

Draco se quedó ahí sentado, mirando las cartas. Que Salazar lo salvara de Gryffindors y Hufflepuffs bien intencionados.

OoOoOoO

Draco entró al Gran Comedor para desayunar, a la mañana siguiente. Sintió cómo Granger lo miraba mientras se sentaba en el mismo lugar, al final de la mesa, junto a Luna. La chica le sonrió. Draco se preguntaba cómo siempre encontraba una manera de sonreír.

—Lo siento —dijo bruscamente—. Por lo de ayer. No quería involucrarte en el asunto.

La chica lo miró, negando con la cabeza.

—Estuvo bien. Fue bueno que escucharan la verdad. Solo podemos vivir en nuestros sueños por un tiempo; luego, la realidad necesita regresarnos abajo.

Draco la miró.

—Pero tú, tú necesitas tus sueños.

Luna se encogió de hombros.

—Aún tengo esperanza, y por lo mientras, te tengo a ti. —Draco se sonrojó, recordando cómo había querido dejar Hogwarts ayer. Quizá ya no eran prisioneros en la mansión Malfoy, pero él y Luna seguían estando atrapados. Se avergonzaba al pensar que había estado a punto de dejarla para que peleara sola.

—Somos un par triste, ¿no es así? —dijo él.

—Un ex mortífago gay con el corazón roto y el espíritu atrapado de un alma perdida —dijo Luna, sonriendo—. Un par muy raro, diría yo.

—¿Cómo vamos a liberarte? —preguntó Draco.

—¿Cómo vamos a curar tu corazón roto? —replicó ella—. Ambas preguntas no pueden ser respondidas.

Draco estuvo a punto de contestar cuando, de repente, las lechuzas entraron al Gran Comedor, llevando el correo. Ambos miraron cómo las aves volaban en círculos, buscando sus objetivos, y luego bajaban. Un cuervo grande y negro captó la atención de Draco, y el chico vio cómo descendía hacia su mesa. Granger puso los ojos como platos cuando el cuervo aterrizó junto a ella. Miró las dos cartas, amarradas a su pata, con duda. Draco no la culpaba por estar a la defensiva; el pico del cuervo era intimidante. Granger miró a Longbottom, agradecida, cuando el chico le ofreció un trozo de pan tostado al ave. Ésta tomó el pan tostado y se lo comió rápidamente, pero no antes de que Granger hubiera desatado las cartas.

La chica las miró y se puso de pie velozmente, para luego caminar hacia la mesa de Gryffindor, donde Ginny Weasley se había parado a medias. Granger le dio la otra carta y ambas salieron del salón. Draco miró cómo el cuervo batía sus alas y se dirigía a la apertura en el techo.

—Creo que sabemos a quién está regresando —dijo Luna. Draco tragó saliva y asintió, mientras veía a la negra ave desaparecer.

OoOoOoO

Esa noche, esperó hasta que todos los de octavo grado estuvieran sentados en la Sala Común. Hermione alzó la mirada de su libro de Aritmancia, para verlo para enfrente. El chico le ofreció las cartas.

—Gracias, tenías razón —dijo—. Fue bueno leer las palabras de Cedric. Era un buen hombre.

Hermione asintió.

—Expresó muchas ideas acerca de ustedes dos. —Aunque Cedric no había puesto el nombre de la persona a la que se estaba refiriendo, era fácil saber cuándo había estado hablando acerca de Harry o de Draco.

—Ambos tuvimos una infancia bastante retorcida —dijo Draco—. Era una de las cosas que teníamos en común.

—Cedric quería ser un terapeuta, ¿no es verdad? ¿Un sanador de la mente? —preguntó Hermione—. ¿Es por ello que quieres entrar al programa de San Mungo?

—Es una de las razones. Una razón importante —dijo Draco. Dudó, mirando el atestado cuarto—. ¿Te gustaría ir a dar un paseo? Quiero discutir algo contigo.


Hasta la próxima...

Adigium21