Notas de traductor:

Gracias a MalaFe, Violet Stwy, Melanie Tao de Usui, PapaFrita01, Candelaria1, AnnieSly, Sly (¿será la misma persona?), sacha guerra, Silvers Astoria Malfoy, Oduvanchik Dandelion, NUMENNESSE, Lunatica Dark, jessyriddle, Acantha-27, Adriana11, catzeruf, toxica666, my dilema y por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores.

Disfruten…


La semana antes de Navidad, 1998

Draco tenía permiso para aparecerse con Luna en Londres. Había pasado exactamente un año desde que la chica había sido secuestrada en el Expreso de Hogwarts por los mortífagos, y no había querido lidiar con tomar el tren de nuevo. Iba a pasar las vacaciones con Garrick Ollivander e iba a visitar a su padre en la sala Thickey. Después de asegurarse de que estuviera acomodada, Draco se apareció en la villa más cercana a la casa de su tía y descendió por el sendero, hacia su pequeña morada. Después de haber pasado el verano entero en una celda y, luego, haber estado limitado a los terrenos de Hogwarts, el lujo de poder caminar por un lugar campestre le provocó más placer del que habría creído posible, dos años atrás.

Abrió la puerta de la casa de los Tonks y se congeló. Harry estaba sentado en el suelo, en el centro de la habitación, sosteniendo un juguete. Teddy estaba riendo de gusto, tratando de alcanzar el dragón de peluche. Un hocicorto sueco, pensó Draco, sin relevancia. Su madre y tía estaban sentadas en las butacas. Los dos hombres se miraron el uno al otro, sin moverse. Después de lo que pareció una eternidad, Draco miró cómo Harry le daba con cuidado el dragón de juguete a Teddy y se inclinaba para darle un beso en la frente. Luego, se puso de pie y caminó hacia donde estaba su abrigo de cuero, sobre la mesa. Lo levantó y desapareció sin decir una palabra, dejando solo una brisa al irse. Teddy gorjeó de la risa y buscó al hombre con la mirada, tratando de ver a dónde se había ido.

Draco se recargó contra la puerta, cerrando los ojos. Nadie tenía el derecho de verse tan bien, pensó con una maldición. La piel de Harry tenía el bronceado característico que indicaba que uno pasaba todo el tiempo fuera de casa. Ya no intentaba ocultar su cicatriz; su copete de niño de escuela había desaparecido. Su cabello ondulado y negro había crecido más allá de sus hombros, y estaba sujetado en una floja cola de caballo, con una tira de cuero. Los dedos del rubio le dolían al pensar en quitar la tira, soltando el cabello, y enterrar sus manos en él.

Para empeorar las cosas, en algún momento durante los últimos meses, Harry había encontrado el tiempo para comprarse prendas que le quedaban. A la perfección, pensó Draco, cuando recordó los grandes pantalones muggles y las camisetas de algodón. Incluso tenía botas de piel de dragón. Harry Potter con botas. Un cambio radical de sus zapatos deportivos, pensó Draco, riendo.

—¿Estás bien, Draco? —dijo su madre. Draco se dio cuenta que la mujer estaba sosteniendo su brazo. Se obligó a sonreír.

—Sí, por supuesto. —Le dio un beso a su madre en la mejilla y sintió alivio al ver que se veía mucho mejor. El insano color traslúcido que había adquirido al estar presa había desaparecido totalmente, siendo reemplazado por un saludable rosa—. Feliz Navidad. —Entró a la habitación y se sentó junto a Teddy, que estaba mordiendo al dragón de peluche. Tomando el juguete, comenzó a moverlo por encima de la cabeza del niño; inconscientemente, en la misma posición en la que Harry había estado hacía unos momentos—. ¿Cuánto tiempo estuvo aquí? —preguntó en voz baja.

—Una hora, más o menos —dijo su tía. Se veía incómoda—. No sabíamos que ibas a llegar tan pronto.

—No tomé el tren —dijo, con los ojos fijos en el pequeño cuerpo de Teddy—. Me aparecí en la villa y caminé. Puedo irme, si quieres llamarlo por la chimenea y decirle que regrese, para terminar su visita.

—No —dijo su madre, moviendo la cabeza—. Ya estaba a punto de irse.

—¿Cuánto tiempo estará de visita? ¿O regresó permanentemente? —Trató de hacer que su pregunta sonara casual, mientras levantaba a Teddy y sonreía mientras el niño agarraba sus dedos con fuerza.

—Dos semanas, creo —dijo su madre, y la tía Andrómeda asintió. Draco alzó el juguete y lo miró.

—Supongo que esto nos indica dónde ha estado. —Había una docena de dragones de juguete, esparcidos por el suelo—. Rumania debe ser fría en esta época del año.

—Draco, no… —comenzó su madre.

Draco se obligó a apartar la mirada del juguete y sonreír.

—Estoy bien, madre. ¿Y acaso no te ves maravillosa? Definitivamente radiante. —Se forzó a sacudirse la melancolía—. Déjame mostrarte los planes más recientes.

OoOoOoO

Harry se apareció en Grimmauld Place. Necesitaba un lugar para pensar, y la Madriguera nunca era un buen lugar para una silenciosa meditación. Tan pronto como escuchó la puerta, supo que solo podía ser Malfoy. Sin embargo, eso no lo había preparado para alzar la vista y ver al hombre que había estado acechándolo en sus sueños, parado en la entrada. Y tampoco era el Malfoy que había visto, la última vez, en la oficina de Kingsley. Este Malfoy se paraba erguido y había perdido el aspecto demacrado que había adquirido en prisión. Su cabello rubio había sido cortado, mucho más corto de lo que lo había llevado en los días de escuela. El cambio en su rostro era desconcertante. Su cabello más corto suavizaba sus afiladas facciones y hacía que cualquiera que lo viera notara cuán grises eran sus ojos.

No obstante, Harry se percató de que sus prendas eran las mismas. Llevaba una túnica que había utilizado en algún año anterior. Le quedaba corta por, al menos, quince centímetros, y se veía muy desgastada. El Draco Malfoy que había conocido siempre había sido el alumno mejor vestido. Nunca habría utilizado algo demasiado corto, o desgastado, a menos que tuviera un motivo. Harry recordó lo que Narcissa Malfoy había tenido puesto. Apenas conocía a la mujer o las modas actuales, pero al pensar en ello, su túnica también se había visto desgastada. Había notado el pulcro arreglo de un puño deshilachado, cuando la mujer le había dado a Teddy.

Maldiciendo, adivinó la única razón por la que los Malfoy podrían usar ropa remendada o que les quedara mal. Miró su reloj. Aún faltaba una hora para encontrarse con Simon Ward, como habían acordado. Giró y se apareció en el ministerio. El hecho de que no llevaba túnica formal para visitar al ministro no le molestaba en lo absoluto. Aterrizó en el punto de aparición y se registró con la recepcionista.

—Vengo a ver al ministro Shacklebolt.

La mujer no alzó la vista.

—¿Cuándo es su cita?

—No tengo cita. Pero él aceptará verme —dijo Harry, con confianza.

La recepcionista comenzó a reír, mientras levantaba la cabeza.

—El ministro no acepta… ¡HARRY POTTER! —Todos los que estaban cerca voltearon hacia ellos al oír el grito.

Harry asintió.

—¿Qué decía?

—Emm, decía que puede entrar. Le haré saber a su asistente que usted va en camino.

El hecho de que nadie en Gran Bretaña hubiera visto a Harry Potter en tres meses y que, de repente, estuviera caminando por el vestíbulo del ministerio, como si fuera su hábitat natural, llevando un abrigo largo de cuero negro, pantalones de mezclilla y botas, probablemente tenía mucho que ver con que nadie se moviera ni hablara, hasta que el moreno desapareciera en el elevador. En ese momento, el vestíbulo estalló en una plática emocionada.

Para cuando el elevador llegó al piso de hasta arriba y la puerta se hubo abierto, el asistente de Kingsley estaba parado en la puerta.

—Señor Potter. Qué inesperada sorpresa. Le hice saber al ministro que usted está aquí. Está en una reunión, pero lo verá después.

Harry revisó el área de recepción con la mirada.

—Está bien. Lo esperaré aquí.

—Claro que no, señor. El ministro me ordenó que lo llevara a su oficina, para que lo espere ahí. Más privado; usted entiende… —Harry asintió y siguió al asistente a la oficina de Kingsley, rechazando su oferta de refrigerios.

—Harry, esto es bastante inesperado —dijo Kingsley, entrando a la oficina unos minutos después. Se saludaron y Harry volvió a sentarse en la silla, frente al escritorio del ministro.

—Sí, lo siento. Impulsivo.

—Ciertamente, pero he llegado a esperar eso de ti. ¿Cómo van las cosas en Rumania?

—Frías. Con algunos puntos de fuego por aquí y por allá. —Harry movió su mano, restándole importancia—. ¿Por qué las cuentas de los Malfoy no han sido liberadas?

—¿Cómo supiste que no lo hemos hecho? Malfoy no se te ha aproximado, ¿o sí? No se le permite, como parte de su…

Harry negó con la cabeza.

—No fue su culpa. Yo estaba visitando a Teddy Lupin, en la casa de Andrómeda. Él llegó a casa por las vacaciones de Navidad, y yo me fui. ¿Las cuentas?

—Es gracioso que lo menciones; ése fue el tema de la reunión de la que acabo de salir. Hemos recibido una muy interesante propuesta de Narcissa y Draco Malfoy, en relación a su antigua casa, la mansión Malfoy.

—¿Quieren regresar a ella?

—No en realidad. —Kingsley levantó un paquete de papeles y lo deslizó por el escritorio—. Su propuesta. Hermione ya la revisó y la aprobó. Aunque no me sorprendería si supiera que ella tuvo algo que ver en esto desde el principio.

—¿Hermione? —Harry negó con la cabeza—. ¿Por qué haría…?

—Tendrás que preguntarle a ella —dijo Kingsley, encogiéndose de hombros—. Sé que no quieres tener nada que ver con Malfoy, pero creo que deberías leer la propuesta.

—¿Y eso qué tiene que ver con sus cuentas?

—En esencia, los Malfoy quieren quemar la mansión hasta los cimientos, que es lo mejor que podrían hacer. Hay demasiada magia oscura ahí. En lugar de mansión, proponen construir un centro de recuperación y rehabilitación para las víctimas de las guerras.

—¿Quieren hacer qué? —Harry miró al ministro, atónito—. ¿Comenzar un…?

—Sí. Es un gran cambio de creencias, ¿no es verdad? El Centro de Sanación Cedric Diggory, así lo llamarán (1). Proponen que los fondos de las cámaras de los Malfoy sean usados para pagar los costos iniciales de construcción y contratación de personal. A cambio de ello, solicitan un modesto salario para vivir. Lee la propuesta. Me gustaría tu opinión. El ministerio no está seguro de hacer un movimiento como éste sin tu bendición, no solo la de Hermione.

—¿Pero qué tiene que ver conmigo? —preguntó Harry con brusquedad.

—Si este centro va a ser aceptado, necesita tener tu aprobación. De otro modo, fallará —dijo Kingsley—. Cualquier cosa asociada con los Malfoy es arriesgada. El hecho de que cambiaran de bando y ayudaran a derrotar a Voldemort no cambia el hecho de que Lucius y Draco Malfoy fueron mortífagos Marcados. Y, francamente, San Mungo no puede manejar la demanda de sus servicios estos días. La sala Janus Thickey ya estaba casi llena antes de los eventos de mayo. Ahora hay una lista de espera, y han tenido que utilizar otra sala del hospital; una menos usada.

—¿Qué saben ellos acerca de manejar un centro de recuperación, o como sea que se llame?

—Todo está en la propuesta. Llévatela y pregúntale a Hermione acerca de ella.

Harry asintió.

—La checaré. Por lo mientras, libera un poco de dinero de los Malfoy, para que puedan comprarse ropa nueva. —Kingsley alzó una ceja al verlo. Harry se sonrojó—. Es debido al pequeño y raro problema de que ambos me salvaron la vida. No puedo olvidarlo, por más que lo intente.

—Tú le salvaste la vida a Draco. ¿Eso no contrarresta, al menos, una de esas deudas de vida?

—Eso creería uno, pero el imbécil me atormenta. No quiero sentirme culpable porque camine por ahí, con ropa que no le queda, porque el mundo mágico quiere castigarlo por lo que me hizo. Eso es solo entre él y yo. En realidad, todos los cargos fueron retirados, excepto uno. No hay razón por la cual deban retener su dinero. Quiero sentirme enojado, no culpable.

Kingsley lo miró, tratando de entenderlo.

—Aun así, es impresionante. Estás pasando por todas estas dificultades solo para asegurarte de que tengan dinero para seguir viviendo.

Harry se puso de pie.

—Eso solo quiere decir que todavía soy un idiota. Gracias por recibirme tan repentinamente.

—Un placer. Estoy seguro que tu visita será el tema de muchas conversaciones por días. Que tengas una feliz Navidad y saluda a los Weasley de mi parte.

—Lo haré. —Miró la puerta—. ¿Será probable que nadie haya llamado a El Profeta y a todos los demás?

—Lo dudo. ¿Quieres usar la Red Flú?

—No. ¿Te molesta si me cambio aquí?

—¿Cambiarte? —preguntó Kingsley. Harry sonrió y sacó su varita. Rápidamente, lanzó el glamour en el que había estado trabajando por los últimos meses. Kingsley lo miró, confundido y, repentinamente, Harry tomó la apariencia de un mago de cabello castaño arenoso, con ojos azules. El glamour lo hacía verse como si tuviera veinticinco años.

—¿Qué opinas? ¿Crees que servirá?

—Definitivamente, sí lo creo. Es un glamour impresionante. Me hace tener la esperanza de que, algún día, reconsideres entrar al programa de aurores. El único problema es que tu ropa aún es la misma.

—Buen punto. —Harry miró su abrigo—. Maldición, me gusta este abrigo. Odio transformarlo; nunca vuelve a quedar igual después.

—A ver, permíteme. —Kingsley se dirigió a su armario, en la esquina de su oficina, y sacó una túnica negra y simple—. Uso ésta cuando necesito ir de incógnito a algún lugar. Póntela encima de todo, y no te preocupes por devolverla. Mi esposa espera que pierda, al menos, una túnica al mes.

Harry salió del ministerio y se encontró con docenas de fotógrafos, que lo ignoraron mientras esperaban a que Harry Potter saliera por la puerta. El chico bajó por la calle y se dirigió al restaurante.

Simon Ward estaba sentado en una mesa en la esquina, mirando la puerta, cuando Harry llegó. Se dirigió a la mesa con rapidez y se sentó, para sorpresa de Simon.

—Soy yo. Este es un glamour.

Simon apretó los ojos, mientras veía a Harry.

—¿En serio?

—En serio. ¿Quieres preguntarme algo difícil para asegurarte? —preguntó Harry.

Simon rio.

—Seguro. ¿Quién arregló la reunión en tu casa en septiembre?

—Bill Weasley —dijo Harry con facilidad. Simon rio de nuevo y estrechó su mano.

El mesero se acercó y ambos se encargaron de ordenar el almuerzo.

Harry disfrutaba la novedad de poder sentarse a la mitad de un restaurante y ser completamente ignorado. Simon lo miró con expresión inquisitiva.

Harry lo miró y dijo:

—Probablemente te estás preguntando por qué quise reunirme contigo.

—Un poco. Bueno, no, mucho —dijo Simon, riendo—. Pensé que fue interesante cuando me mandaste la lechuza. Ha habido mucha discusión por el gran misterio de "¿A dónde fue Harry Potter?". Se han hecho muchas teorías.

—Bueno, los rumores de que soy un residente permanente en la sala Thickey son un poco exagerados. He estado fuera del país. Solo vine por las fiestas, y luego regresaré.

—No puedo decir, con exactitud, que te ves bien, pero suenas bien. Mucho más relajado que cuando nos vimos en septiembre.

—No podría haber empeorado. Solo podía subir —admitió Harry.

—Entonces, ¿ya has comenzado a aceptar las cosas? —preguntó Simon—. Espero que no te moleste que te pregunte.

—No, para nada. Y sí, voy mejor. Algunas cosas nunca las podré aceptar. Nunca las perdonaré. Pero… —Guardó silencio cuando la comida llegó. El mesero hizo alboroto con las bebidas y los cubiertos. Después de un rato, se alejó, y Harry continuó—. Pero, el miedo ciego de que perdería por completo el control de mi vida ha desaparecido.

Simon levantó con lentitud su cuchillo y tenedor, pero volvió a mirar a Harry.

—¿Nunca perdonarás?

La boca de Harry formó una delgada línea por un minuto.

—Hay algunas cosas que están más allá de toda consideración. Pero esa no es la razón por la que vine a hablar contigo. Quería hacerte saber que algunos recuerdos de Cedric han vuelto. Pensé que te gustaría saberlo.

—¿En serio?

Harry asintió.

—No hay forma de saber cuánto perdí, pero algunos recuerdos están de vuelta. La primera vez que hablamos en la Copa del Mundo. —Pasó saliva—. Tenías razón. Habría odiado haber perdido eso permanentemente. Él fue la primera persona a la que le dije que era gay. Me convenció de contarles a Hermione y Ron que era gay.

Los ojos de Simon comenzaron a humedecerse. El hombre parpadeó rápidamente, para despejar sus ojos.

—Me lo preguntaba. Cuando regresó de la Copa del Mundo, dijo que había hablado con alguien que acababa de entender que era gay. Era muy bueno para hablar con las personas. Para ayudarlos.

—Eso es lo que recuerdo; nos recuerdo hablando. Los recuerdos aún no son lo suficientemente claros como para saber todo lo que estaba sucediendo. Pero era claro que éramos amigos. —Harry negó con la cabeza—. Desearía que hubiera más, pero podría deberse a que las cosas siguen tratando de acomodarse en mi cabeza.

—¿Las cartas te ayudaron? —preguntó Simon.

Harry dudó y luego negó con la cabeza.

—Te seré honesto. No he podido reunir el valor para leerlas. No estoy seguro de llegar a tenerlo.

Simon asintió.

—Cedric era un buen hombre. Un buen amigo. Recuerdo que pensaba que éramos muy afortunados por habernos encontrado cuando lo hicimos. Cuando murió, cuando fue asesinado, estaba enojado al principio, porque solo habíamos estado juntos dos años. Y un año de esos dos, él aún estaba en la escuela y yo estaba acá. —Le dio un trago a su vaso y se detuvo, acomodando sus ideas—. Pero, a veces, eso es lo único que te toca. Y tuve la fortuna, la gran fortuna, de haberlo tenido en mi vida por ese tiempo, aunque haya sido breve.

—¿Estás saliendo con alguien?

—No. No estaba preparado al principio, y ahora… —Miró por la ventana, a los peatones—. Todavía me encuentro comparando a todos con Cedric. Y eso no es muy justo.

—¿Has escuchado algo acerca de la propuesta de Malfoy? —preguntó Harry—. Yo acabo de enterarme.

—¿El Centro Diggory? —Simon asintió—. Draco nos escribió, a mí y a los Diggory, pidiéndonos permiso para nombrarlo en honor a Cedric.

—Entonces, ¿no te molesta?

—Para nada. Creo que es una maravillosa forma de recordarlo. —Simon enfocó su atención en el otro hombre—. Yo le escribí, diciéndole que mi única preocupación era qué pensabas tú al respecto.

—Sí, parece que todos se preocupan por eso. Aún no la he leído —dijo Harry.

—Es necesario —dijo Simon—. Me pidieron que estuviera en la junta de directores, si el proyecto es aceptado, y lo haré con gusto.

—Así que, ¿piensas que vale la pena?

Simon miró a Harry fijamente.

—Pienso que hace falta desde hace mucho tiempo. Desearía que ya estuviera abierto. Hay una generación de niños, como tú y como yo, que crecimos sin padres, debido a la primera guerra —dijo Simon con seriedad—. Y hay una nueva generación que necesita ayuda. Me gustaría verlos recibir más ayuda de que la nosotros recibimos.

—Tus padres fueron asesinados…

—Por mortífagos, cuando tenía siete años —dijo Simon—. Afortunadamente, era lo suficientemente grande como para tener recuerdos de ellos, y fui criado por mis abuelos, que me amaban.

—Lo siento. No tenía idea.

—No hay razón por la que pudieras tenerla, pero desearía que hubiese habido algo más para mí, para ayudarme a entender lo que había pasado. Algo como lo que los Malfoy están proponiendo.

Harry negó con la cabeza.

—Es solo que no logro imaginar a los Malfoy siendo benevolentes.

—Yo creo que es un error pensar que todos los Malfoy son iguales. Narcissa y Draco son diferentes a Lucius y todos los Malfoy que los precedieron.

Harry sonrió de lado por el comentario.

—No en mi mundo.

Parecía que Simon quería decir algo más, pero negó con la cabeza.

—Gracias por la invitación. Necesito regresar a trabajar. Hazme saber si quieres hablar de nuevo pronto. Espero que, en algún punto, seas capaz de leer las cartas.

—Quizá. Es bueno saber que tú apruebas esto. —Tocó la propuesta—. Lo tendré en mente cuando la lea.

OoOoOoO

Harry regresó a la Madriguera. Entró a la cocina y se sorprendió al ver que Molly no iba y venía, apurada como siempre. Ginny y Charlie estaban sentados en la mesa, hablando. Se detuvieron abruptamente cuando Harry entró. Hermano y hermana eran muy parecidos: ambos con pómulos fuertes y el cabello rojo Weasley; el de Ginny, largo y colgando libremente por su espalda; el de Charlie, del mismo tono de rojo, estaba corto ahora, lo suficiente como para rizarse por encima del cuello.

—¿Qué sucede? —preguntó, mirándolos con inquietud.

Charlie alzó la mirada y sonrió.

—Nada, solo una diferencia de opiniones. ¿Cómo está Teddy? Estuviste mucho tiempo allá.

—No salió como yo esperaba. —Harry miró a Ginny con nerviosismo—. Bienvenida a casa. ¿Qué tal tu semestre?

—Bien. Considerando todo lo que pasó. —Se puso de pie, se acercó al moreno y lo abrazó—. Mejor que el año pasado, pero cualquier cosa lo habría sido.

—¿Estás enojada conmigo? —preguntó Harry, mientras colgaba su abrigo en la silla.

—¿Por qué habría de estarlo? —Ginny lo miró, confundida.

—Por irme en septiembre sin verte —dijo Harry.

—Lo entendí —dijo Ginny, por lo que Charlie rio, incrédulo—. Vale, lo entendí después de haber arrojado unas cuantas docenas de libros contra la pared y de haberme derrumbado.

Ambos se miraron y Charlie se puso de pie.

—Y aquí es cuando finjo que hay algo que necesito hacer en el otro cuarto.

Harry rio al ver a Charlie irse.

—Te llevas muy bien con él, ¿verdad? —dijo Ginny.

Harry asintió.

—Es un buen tipo. Ha sido genial trabajar con él. Nunca había pasado tiempo de calidad con él antes. Ya estaba en Rumania cuando Ron y yo entramos a la escuela.

Ginny asintió, con expresión tensa.

—Entonces, ¿cómo estás? ¿Te ayudó irte?

Harry estiró la mano y tomó la de Ginny, entrelazando sus dedos.

—Me ayudó. No había forma de que pudiera quedarme. Necesitaba tiempo. Tiempo para cortar árboles y pelear contra dragones. Para estar enojado.

—¿Y todavía estás enojado? —preguntó Ginny.

—A veces, pero nada como cuando llegué allá por primera vez. Charlie te puede contar. Estaba fuera de control.

—¿Recordaste más de lo que perdiste?

—Algunas partes. Como la sanadora dijo que pasaría. Casi nada tiene sentido; es como un rompecabezas con la mayoría de las piezas perdidas.

—Entonces, ¿recuerdas más acerca de Malfoy?

Harry asintió.

—Sí, más de lo que me gustaría. Jamás podré estar cómodo con ello.

—Y, ¿definitivamente eres…?

—¿Gay? Definitivamente. Yo… —Harry se detuvo, para luego negar con la cabeza—. No voy a disculparme por ello. Pero lamento que hayas sufrido por todo lo que pasó. En verdad lo siento…

Ginny negó con la cabeza.

—Solo soy daño colateral. Me alegra que te sientas mejor. ¿Hay alguna posibilidad de que regreses? No quiero que desaparezcas en la Rumania salvaje para siempre.

—¿Por eso estaban discutiendo tú y Charlie?

—No. No en realidad. Solo fue algo estúpido.

—¿O sea?

—O sea que no te lo diré. Lo que me gusta es tu cabello —dijo Ginny, riendo—. ¿Qué te hizo tomar la decisión de dejar que creciera?

—Charlie lo sugirió. Me dijo que la razón por la que siempre estaba tan desordenado era porque nunca estaba lo suficientemente largo como para acomodarse. De este modo, puedo sujetarlo por detrás. Lo aparto de mis ojos, lo que es muy útil cuando tratas de hacer que un dragón regrese a su cueva.

—Se ve bien. Tú te ves bien. Feliz.

Harry se encogió de hombros.

—Yo no diría "feliz", pero ya no me estoy ahogando. Y, a decir verdad, cuando esta visita termine, estaré listo para regresar.

—¿Te divertiste con Teddy? —preguntó la chica—. Me encantaría ir a verlo contigo mañana.

Harry vaciló.

—Fue una visita corta. Malfoy llegó.

—¿En serio? ¿Hablaron? —Parecía que Ginny quería decir algo más, pero se detuvo.

—Solo me desaparecí desde la sala.

—Entonces, ¿no dijiste nada? ¿Él no dijo nada?

—No. Solo se congeló. No esperaba que llegara tan temprano; el tren no llega sino hasta mucho más tarde.

—No tomó el tren —dijo Ginny.

—No me digas —dijo Harry secamente—. Le preguntaré a Andrómeda antes de visitarlos de nuevo. Deberías venir. Teddy es adorable. Es difícil creer cuánto ha cambiado en cuatro meses. —Señaló la mesa, donde estaba el paquete que Kingsley le había dado—. ¿Sabes algo acerca de lo de Malfoy? Kingsley me dio la propuesta.

—¿Lo de su fundación? ¿El Centro Diggory? —Ginny vaciló.

—Sí. Parece que todos han escuchado acerca de ello.

—Tenemos sesiones grupales de terapia en Hogwarts. Ha salido el tema —dijo Ginny con cuidado—. Todos en el grupo están a favor de ello. La sanadora ayudó a escribir la propuesta.

Harry la miró con los ojos entrecerrados.

—¿Malfoy está en estas sesiones de terapia?

La chica se sonrojó y asintió.

—Sí, junto con Ron, Hermione, Luna y a veces Neville. Otras veces, Dean y Seamus.

—No escribieron acerca de ello en las cartas. —Trató de no sonar acusador, pero sabía que no había tenido éxito en eso. Su mano apretó la mesa inconscientemente.

—Bueno, dijiste desde el principio que no querías saber nada acerca de él. Y, después de que le dieron una paliza durante los primeros días de escuela, las sesiones se volvieron obligatorias.

—¿Alguien lo golpeó? ¿Quién?

—Blaise Zabini —dijo Ginny—. Lo expulsaron por ello.

—A ver, déjame ver si lo entiendo. Están en sesiones de charla grupales con el hombre que borró mi memoria y el resultado de todo eso fue esto. —Harry tocó el folder—. ¿Hablan acerca de mí en estas charlas? —Ginny vaciló. Harry escuchó que alguien entraba a la cocina pero lo ignoró. Miró a Ginny fijamente—. Te hice una pregunta. ¿Era yo el tema de estas sesiones grupales de terapia? —Su tono era peligrosamente bajo. Ginny se puso pálida pero no dijo nada.

La chica miró por encima del hombro de Harry, y éste no se sorprendió cuando escuchó a Hermione hablar detrás de él.

—No fue así, Harry —dijo, vacilando—. Todos estábamos tan enojados. Yo estaba enojada, pero también quería intentar entender qué había pasado.

Harry giró sobre sus talones, para poder ver a Hermione y Ron. El pelirrojo estaba parado junto a ella, rodeando sus hombros con un brazo, de forma protectora.

—Todos necesitábamos saberlo —dijo Ginny, asintiendo—. Yo no podía entender cómo podía Malfoy ser recibido en la escuela. Lo odiaba.

—¿"Odiaba"? ¿No "odio"? —preguntó Harry, mirando a la pelirroja—. ¿Acaso todos están de su lado ahora?

—Claro que estamos de tu lado; sabemos que es difícil, Harry —dijo Hermione—. Idealmente, tú también deberías haber estado ahí…

—¿Debería haber estado ahí? ¿Mientras discutían las partes de mi vida que yo nunca recordaré? —Los miró a todos fijamente—. ¿Qué diablos pasó mientras no estuve? ¿Tú también, Ron? —Miró a su mejor amigo, sin poder creer lo que oía.

—No estabas ahí, Harry —dijo Ron—. Como Hermione dijo, todos estábamos tan enojados. Si iba a pasar el mes sin ser expulsado como Zabini, tenía que tratar de entender a Malfoy.

—¿Y lo hiciste? —Miró la propuesta de nuevo—. Kingsley me dijo que ya aprobaste esto, Hermione.

—Es una buena idea. Es una buena propuesta. Si fuera de alguien más que no fuera Malfoy, no dudarías en apoyarla.

—Es lo que todos siguen diciéndome. —Se puso de pie—. Díganle a Molly que no estaré aquí para la cena. —Caminó hacia la chimenea.

—¡Espera! Harry, ¿qué estás haciendo? —dijo Hermione—. Necesitamos hablar acerca de esto, y acabas de llegar.

Harry vaciló.

—Regresaré en la mañana. —Y se desvaneció en un remolino de chispas.

—Bueno, eso salió bien —dijo Hermione, dejándose caer en una silla y apoyando la cabeza en las manos.

Charlie volvió a entrar a la cocina y la repasó con la mirada.

—¿Por qué tantos gritos? ¿Dónde está Harry?

—Se fue —dijo Ginny—. Tenías razón, no lo tomó muy bien.

—No era difícil saber que no lo haría —dijo Charlie, negando con la cabeza—. ¿A dónde fue?

—A Grimmauld Place —dijo Ron.

Hermione negó con la cabeza.

—¿Cómo se enteró tan pronto? Pensé que íbamos a esperar y contarle acerca de esto mañana.

—Fue a ver a Kingsley, él se lo contó —dijo Ginny—. Me pregunto por qué fue a verlo.

—¿Quién debería ir a Grimmauld Place a hablar con él? —dijo Hermione—. Asumiendo que no ha cerrado la Red Flú.

—Yo iré. Es probable que ahora los considere a todos ustedes como el enemigo —dijo Charlie, mirándolos con desaprobación.

OoOoOoO

Harry escuchó la Red Flú abrirse y el grito de Charlie. No se molestó en responder.

—¡Harry! ¿Estás aquí? —gritó Charlie de nuevo, en el tono que usaba cuando, en el corral de dragones, tenía que ser escuchado por encima de los gruñidos y ruidos de los animales.

Con un gesto de la mano mandó su patronus, galopando por las escaleras. Los utilizaban bastante en Rumania, para comunicarse a través de la distancia de los bosques y por encima de las pendientes de las montañas. Tanto los usaban que, un día, Harry había quedado sorprendido pues, de algún modo, había olvidado levantar su varita y aun así había podido hacer su patronus. Desde ese momento, había tenido cuidado de hacerlo solo cuando nadie lo estaba mirando. Aparte de Charlie, no quería que los demás supieran acerca de su magia sin varita; una cosas más que lo hacía diferente de los demás.

Escuchó a Charlie subir las escaleras y caminar por el corredor. El pelirrojo se recargó contra el marco de la puerta y miró a Harry, recostado en la cama.

—Lindo cuarto. Me gusta lo que hiciste con él.

—Todo es obra de Sirius; nunca me molesté en quitar sus cosas.

Charlie miró los posters de chicas en bikinis.

—No me digas.

Harry rio.

—Tienen un encantamiento de fijación permanente. No se pueden quitar.

—Bueno, podrías arreglarlo como lo hiciste con el retrato de Walburga, o podrías poner otros posters encima de éstos.

Harry se enderezó y miró los posters con chicas.

—¿Qué dijiste?

Charlie rodó los ojos.

—Solo pon otros posters encima de estos. Posters que vayan más de acuerdo con tus gustos, por decirlo de algún modo.

—¿Por qué nadie pensó en eso? —dijo Harry, riendo.

—Bueno, probablemente porque no todos tienen a George y Fred como hermanos. Pusieron varios posters en mi cuarto, usando encantamientos de fijación permanentes, cuando se enteraron de que era gay. Solo por diversión. Pongámoslo de este modo: si mamá los hubiera descubierto, me habría matado. Estaba desesperado; no podía quitarlos, así que los cubrí con posters de Quidditch. Con encantamientos de fijación permanentes, para que Fred no pudiera quitar los míos. —Sonrió al recordarlo.

Harry rio y se fijó en las imágenes.

—No me molestan. Me recuerdan a Sirius. En especial, los de motocicletas. Y, claro, no vivo aquí en realidad, así que no importa mucho.

Charlie asintió.

—Bueno, ¿cuánto tiempo vas a estar enfurruñado? Mamá está planeando una cena a lo grande.

—Dile que lo siento, regresaré mañana.

—¿Ya que estás enojado porque Ron, Ginny y el resto ya avanzaron y tú sigues estancado? —preguntó Charlie.

—¡Hablaron acerca de mí con él! —Harry miró al pelirrojo—. ¿Qué derecho tienen para hablar acerca de lo que pasó? ¡No les pasó a ellos, me pasó a mí! ¡No es su asunto!

—Te pasó a ti, pero todos ellos estuvieron involucrados. No puedes decir que Ginny no fue afectada por lo que pasó. ¿O Ron? ¿O Hermione? Ellos son tus mejores amigos. Quizá quieras vivir en completa negación, pero ellos decidieron hablar acerca de esto. Querían aprender qué pasó, lo que es mucho más de lo que tú has hecho, con un demonio.

—No me digas qué debería estar haciendo —dijo Harry, amenazador. Se puso de pie y se movió hacia Charlie, que seguía parado en el umbral.

El hombre lo miró y negó con la cabeza.

—Todo lo que estás haciendo es esconderte en Rumania. Arriesgando la vida al tomar riesgos estúpidos con los dragones, o al salir a volar porque no soportas pensar en lo que pasó. Vas a tener que lidiar con esto en algún momento.

—Es mi jodida vida; yo puedo hacer lo que yo quiera con ella. Eso no les da el derecho de parlotear acerca de mí por todo Hogwarts.

El moreno empujó a Charlie y subió las escaleras.

—¿A dónde vas? Quédate en un lugar por más de cinco minutos.

—¡Regresa a la Madriguera, maldita sea! —dijo Harry por encima de su hombro, mientras giraba y subía otro tramo de escaleras. Charlie vio a dónde se dirigía y suspiró. Harry empujó la puerta que daba al techo y vio a Charlie parado ahí. El moreno miró hacia atrás, y luego al otro hombre.

—No tenía ganas de seguirte por tres pisos de escaleras —dijo Charlie, sonriendo. Apuntó con su varita a dos sillas, cubiertas de nieve y escombros, limpiándolas. Se sentó y le indicó a Harry que se sentaba en la otra.

A regañadientes, el moreno hizo lo que el otro le indicó, arrepintiéndose de haber dejado su abrigo abajo. Lanzó un encantamiento calentador sobre ambos.

—Gracias —dijo Charlie, sorprendido.

—Puede que quiera enfurruñarme, pero no quiero congelarme —dijo Harry, encogiéndose de hombros—. Ya tenemos suficiente de eso en Făgăraș (2).

—Entonces, ¿estás de acuerdo que estabas irritado?

—¿Primero enfurruñado y ahora irritado? ¿Cuántos años crees que tengo, doce?

—A veces, actúas como si así fuera —dijo Charlie—. Peor que Ginny en uno de sus berrinches.

—Vaya, gracias —dijo Harry—. Bueno, ya puedes irte y dejarme aquí, arrastrando los pies.

—¿Qué? ¿Ya que por fin tuviste un avance y pudiste decir el apellido Malfoy en voz alta?

Harry rio.

—Debe haber sido la impresión de verlo hoy. No me lo esperaba, lo que es estúpido, considerando que sabía que iba a regresar a casa hoy.

—No sabía que lo habías visto.

—¿Ves? Ahí está, tuve dos avances hoy. —Harry estiró las piernas, recargándose sobre el respaldo—. Llegó a casa de Andrómeda mientras yo seguía ahí.

—Y…

—Y nada… Me puse de pie y me fui.

—Lo siento, cero puntos. Si hubieras gritado o lo hubieras hechizado, te daría un punto. Dos, si le hubieras dado un puñetazo.

—No vale la pena.

—Y regresamos a estar enfurruñados.

Harry respiró un poco del frío aire, y deseó estar de regreso en las montañas.

—No debería haber regresado. No sé por qué dejé que me convencieras de hacerlo.

—Viniste porque sabías que era lo correcto. Esta es nuestra primera Navidad sin Fred. Mamá y papá nos necesitan a todos ahí. Así que, sé hombre. No se lo arruines. Regresa a la Madriguera y juega bonito. Podemos planear una buena sesión de gritos Weasley a la antigua, para mañana, cuando mamá esté haciendo sus compras navideñas.

—¿En serio acabas de decirme que "sea hombre"? —dijo Harry, mirando al pelirrojo sentado a su lado.

—Por supuesto. Y espero que lo hagas, o vas a tener que sacar todo el estiércol de las cuevas de los dragones, por un mes, cuando regresemos.

—Bueno, si lo pones de ese modo… —dijo Harry. Se puso de pie—. Vale, iré y jugaré bonito.

—Nada como amenazas de montones apilados de caca de dragón para hacerte entrar en razón.

Harry siguió a Charlie por la Red Flú y, después de unos cuantos momentos tensos con Hermione y Ron, decidieron que se abstendrían de discutir hasta el día siguiente. Para cuando Molly Weasley llegó a casa del mercado, todos estaban jugando Quidditch, en el jardín trasero, mientras Hermione los animaba.

OoOoOoO

Harry sonrió mientras Molly se preparaba para ir de compras con Ginny. La chica no parecía compartir el entusiasmo de su madre, pero estaba dispuesta a seguirle la corriente. Harry sospechaba que la chica estaba agradecida por la excusa para evitar lo que iba a pasar.

Ron y Hermione se tomaron de la mano en la mesa y Charlie se sentó frente a Harry. Por fin, Molly y Ginny desaparecieron en un remolino de chispas por la chimenea. Harry le dio un largo trago a su café, en la taza que había estado apretando con fuerza. Miró a Charlie.

—¿Ahora puedo irritarme?

—Seguro, adelante —dijo Charlie, riendo.

—Harry, déjame explicarte —comenzó Hermione, pero Harry negó con la cabeza.

—No, déjame a mí. —Respiró profundamente—. Lo pensé toda la noche. Entiendo que tuvieran que hacer algo para llevarse bien con ese bastardo este año. Pero lo que no puedo aceptar es que hayan hablado con él acerca de mí.

—No fue así, Harry —dijo Hermione con seriedad—. No comenzó así. Solo necesitábamos entender por qué lo hizo.

—¿Por qué? ¿Por qué hizo qué? ¿Borrar mi memoria? —dijo Harry, riendo—. Estoy seguro de que tuvo bastantes razones.

Ron respiró profundamente.

—Mira, nunca me va a caer bien el tipo. Pero…

—¡No! ¡Sin peros! —Harry golpeó la mesa con el puño—. ¿Cómo te sentirías si Hermione te borrara la memoria? Y de repente descubrieras, dos años después, que supuestamente sentiste un increíble amor por ella, pero ella simplemente lo hizo desaparecer.

—Pero, Harry…

—Al menos recordarías, tal vez, que fue tu amiga. Al único que conozco es a Malfoy, el horrible hijo de un jodido bastardo mortífago que hizo que la mayor parte de mis seis años en Hogwarts fueran un infierno en vida. ¿Y esperan que esté de acuerdo con esto? —Harry respiró entrecortadamente—. Está bien. Regresaré a Rumania y ustedes pueden seguir hablando acerca de mí con su nuevo mejor amigo. —Trató de ponerse de pie, pero Charlie estiró la mano y lo agarró del antebrazo, jalándolo para que se inclinara sobre la mesa. Con la otra mano, jaló la cabeza de Harry hacia la suya, susurrándole intensamente. Harry maldijo pero lo escuchó. Finalmente, el moreno gruñó y apartó a Charlie con un empujón—. Vale, vale, los escucharé. —Se dejó caer sobre la silla y volteó hacia Ron—. Hablen. No los interrumpiré. Convénzanme de que el jodido Slytherin merece una oportunidad.

Sin embargo, Ron estaba paralizado, con el rostro pálido. Miró a Harry y luego a Charlie. Pasó saliva y se dirigió a su hermano.

—¿Ustedes dos están, em, bueno, juntos?

Charlie y Harry se miraron y comenzaron a reír. El pelirrojo se sentó y se recargó sobre el respaldo.

—¿Por qué? ¿Eso sería un problema para ti, hermanito?

Ron chilló.

—Em, no. Claro que no… —Comenzó a callar—. No están juntos, ¿verdad?

—No —dijo Harry firmemente, negando con la cabeza—. Definitivamente no, aunque me da curiosidad saber por qué estarías en desacuerdo. No tuviste problemas con que saliera con Ginny.

—Sí, bueno, eso era diferente. Porque, tú y ella… Y Charlie es… Me refiero a que él y tu… —Harry miró, divertido, cómo el rostro de Ron pasaba del blanco al rojo brillante.

—Siéntate, Ron —dijo Hermione, negando con la cabeza—. Se te va a reventar algo, y solo estás hundiéndote más en el fango. —Ron se dejó caer en la silla—. Claro que no sería un problema si ustedes dos deciden estar juntos. No creo que a Ron se le haya ocurrido que dos hombres homosexuales, en las montañas de Rumania, podrían encontrar que tienen varias cosas en común. Es lento para adaptarse.

—Poniéndolo de ese modo, deberíamos pensar de nuevo en las posibilidades —dijo Charlie, risueño, mientras miraba a Harry. Éste solo negó con la cabeza.

Harry miró a Ron.

—Lo creas o no, Ron, no tengo ningún deseo de pasar por todos los Weasley en lo que a salir concierne. Estoy seguro que te tranquilizará saber que Percy y George también están a salvo de mí.

Hermione miró a Charlie con los ojos entrecerrados.

—Pero, sí te cortaste el cabello. —Harry se tensó por un momento, pero Charlie solo negó con la cabeza hacia la chica.

Ron se veía confundido.

—¿Qué tiene que ver que Charlie se haya cortado el cabello?

—Bueno —Hermione se sonrojó—, es solo que pensé que tal vez lo había hecho porque, cuando estaba largo, solía parecerse un poco al de Ginny…

—Simplemente me corté el cabello, Hermione. No hubo motivos ocultos —dijo Charlie, entrecerrando los ojos al verla—. ¿No nos estamos desviando un poco del tema?

—Cierto. Me iban a explicar por qué creen que Malfoy se merece una oportunidad.

—Harry, no es que se merezca una oportunidad. —Hermione se mordió el labio y miró a Ron, que se encogió de hombros—. Pero, digamos que sí le borro la memoria a Ron. A pesar de que lo amo, borré su memoria para que no pudiera recordarme. ¿Crees que lo habría hecho sin pensarlo? ¿Sin una razón realmente buena?

—¡Ese es el punto, no lo habrías hecho! —estalló Harry—. ¡Sé que no lo harías!

—Creo que ninguno de nosotros podría decir qué haríamos bajo ciertas circunstancias —dijo Ron, moviendo la cabeza—. Y, a pesar de que odio al imbécil, estoy dispuesto a aceptar que no estoy seguro de qué habría hecho yo si hubiera tenido que pasar por todo lo que Malfoy pasó.

—Pensó que te estaba salvando, Harry. Quería que derrotaras a Voldemort, quería ayudarte a hacerlo. —La voz de Hermione tembló un poco—. Temía que Voldemort utilizara la conexión mental contigo para atraerte a Draco, y así poder atraparte. Como lo hizo con Sirius.

Harry miró a Ron y luego a Hermione.

—¿Y le creyeron? —Ambos asintieron. Harry negó con la cabeza—. No puedo imaginarlo. No lo entiendo.

—¿Qué? ¿Qué parte no entiendes? —preguntó Charlie.

—Digamos que estoy dispuesto a aceptar que, tal vez, Voldemort estaba haciéndole cosas tan diabólicas a Malfoy que él tuvo que hacer algo tan drástico. Aun así, no entiendo cómo fue que estuve con Malfoy en primer lugar —admitió Harry, por fin. Había pasado noches enteras tratando de entender cómo había pasado eso, y nada tenía sentido—. No me importa cuán atractivo sea, no hay forma de que me haya despertado una mañana de cuarto año diciendo: "Oye, creo que voy a intentar tener algo con Malfoy". —Ron y Charlie rieron por eso, pero Hermione solo asintió.

—¿Estás listo para enterarte de cómo pasó todo? Porque si lo estás, creo que deberías leer las cartas de Diggory. En verdad te ayudan a entenderlo.

Harry miró a Ron.

—¿Tú las leíste?

Ron asintió.

—Deberías leerlas. Al menos para aprender más acerca de Diggory. Tú y él eran muy buenos amigos.

—Comienzo a recordar eso —admitió Harry con reticencia—. He recuperado algunos recuerdos de él. Recuerdo cuando platicamos en la Copa del Mundo y en el patio de Hogwarts.

—Eso es bueno, Harry —exclamó Hermione—. La sanadora dijo que tal vez podrías recuperar más recuerdos de él. ¿Quieres que traiga las cartas?

Harry vaciló.

—Me las llevaré de vuelta a Făgăraș. Lo que quiero escuchar ahora es qué es esto del Centro Diggory. ¿Cómo surgió esa idea?


(1) No pude checar si existe definición para la palabra "Sanación", pero sentí que se oía bien, teniendo en cuenta que tenemos sanadores en San Mungo.

(2) Făgăraș (que se pronuncia, más o menos, "faegaerash") es una ciudad de Rumania Central. El nombre, según el lingüista Iorgu Iordan, es un diminutivo de la palabra "Făgar" (bosque de hayas). Las montañas de Făgăraș se ven preciosas; si pueden, búsquenlas y admírenlas…


Notas finales:

Bueno, aquí termina el gigantesco capítulo 19. A partir de aquí, volvemos a la regularidad de un capítulo dividido en dos partes.

Hasta la próxima…

Adigium21