Notas de la autora:

Krum aparece en la historia una vez más; imagínenlo hablando con acento búlgaro.

Notas de traductor:

Para cerrar junio a gusto…

Una disculpa enorme por la espera. Tuve un pequeño (grande) problema de salud, pero ya me estoy recuperando… Gracias a Patzz75, MisakiUchiha17, AnnieSly, Naty Directioner, sailor mercuri o neptune, Silvers Astoria Malfoy, itsumiminamino1, kawaiigiirl, Violet Stwy, Melanie Tao de Usui, MalaFe, Oduvanchik Dandelion, Acantha-27, catzeruf, toxica666, NUMENEESSE, Lunatica Dark y jessyriddle por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores.

Ah, y les presumo… ¡La gran Helena Dax tuvo el buen gesto de dejarme un review en una de mis traducciones! Casi me da un paro, se los juro. Bueno, es que es mi ídolo y todo eso, ustedes saben… ¡Y dijo que estaba muy bien traducido! Con eso casi me desmayo… So, si estás leyendo esto, Helena: ¡todo un honor!

Vale, ahora sí, notas del capítulo:

Esta mitad me costó un poco más de trabajo porque, curiosamente, apesto para narrar partidos, incluso los de deportes mágicos. Además, estoy subiéndolo sin darle una leída exhaustiva; prometo hacerlo mañana en cuanto me desocupe, para pulirlo más.

Disfruten…


15 de enero, 1999

Mientras esperaba con los demás en la sala de conferencias del ministerio, Harry se acomodó el cuello de su túnica formal, tratando de hacer que no se sintiera como un nudo. Molly había querido que se pusiera su listón de la Orden de Merlín, pero el moreno se había rehusado. Su presencia en la conferencia de prensa era necesaria, pero no quería atraer más atención hacia su persona, si podía evitarlo. Aún era difícil creer cuán rápido habían ocurrido las cosas desde que supo acerca de la propuesta de Malfoy, hacía tres semanas.

Sentado en la cocina de la Madriguera antes de Navidad, Hermione le había contado acerca del Centro y lo había convencido de encontrarse con Narcissa Malfoy y la sanadora McCain. Había quedado sorprendido, impactado en realidad, por cuánto trabajo le habían puesto a la propuesta del Centro Diggory. Después de oír la tranquila voz de la sanadora y la sinceridad de Narcissa, se encontró aceptando que el centro era necesario. Lo que siguió habían sido semanas de reuniones con los administradores de San Mungo, oficiales del ministerio, los Diggory, Simon y Ward y los Malfoy.

Inicialmente, se había rehusado a incluir a Draco en las reuniones, pero después de una plática firme con Hermione, había cedido a regañadientes. Sin embargo, Harry aún evitaba todo contacto directo con el antiguo Slytherin. Sabía que el rubio no podía acercársele debido a las condiciones de su libertad, y Harry no deseaba comenzar conversación alguna. Claro, esto no evitó que estudiara al rubio clandestinamente, al encontrarse sentados en la misma mesa, en alguna conferencia ministerial, día tras día.

No parecía haber signo alguno del arrogante y pretencioso Draco Malfoy que recordaba. Este Malfoy hablaba con propiedad y manejaba las opiniones de los otros con calma y cortesía, aunque no estuvieran de acuerdo con él. Harry se preguntaba si solo era debido a que había oficiales del ministerio y de San Mungo presentes en esas reuniones. Malfoy nunca miró a Harry directamente; cuando el moreno hablaba, el rubio siempre se miraba las manos, nunca hacia él. Por alguna razón, sus manos fascinaban a Harry. Malfoy escribía con la mano izquierda. Sus largos y elegantes dedos agarraban la pluma negra de cuervo que el rubio parecía preferir.

Harry había tenido que retrasar su regreso a Rumania pero, finalmente, la semana anterior, todos los grupos involucrados en el proceso habían alcanzado un aceptable acuerdo; eso los había llevado ahí, a esperar para ir a la sala de prensa del ministerio para dar una conferencia, anunciando la Fundación Black-Malfoy-Potter y los planes del Centro de Sanación Diggory.

El moreno volteó y vio a los Diggory y los Weasley, platicando con Narcissa Malfoy. Unos metros más allá, dándole la espalda, estaba Draco Malfoy. Harry lo había visto entrar al cuarto hacía unos minutos, y ya estaba platicando a gusto con Simon Ward. Llevaba una túnica formal nueva, de color azul medianoche, sin adornos. Su cabello corto se rizaba justo por encima del borde del cuello de la prenda: un estilo que nunca había utilizado en Hogwarts.

En contraste, el cabello de Harry estaba atado por detrás en una apretada cola de caballo. Molly se había ofrecido a cortarlo, pero el chico se había negado. Era un alivio no tener el copete siempre sobre sus ojos, y por fin había aceptado el hecho de que tratar de esconder su cicatriz no evitaba que los demás no la notaran. Miró cómo Simon ponía su mano sobre el brazo de Malfoy, mientras tratado de explicarle algo. Miró cómo el rubio se inclinaba hacia el otro mago para tratar de captar lo que estaba diciendo.

Hermione se acercó a Harry.

—Lo estás mirando —susurró.

—Lo estoy estudiando, no mirando. Aún no lo entiendo, pero eso no importa. Estaré de regreso en Rumania mañana —dijo Harry, obligándose a apartar la mirada de los dos magos.

—¿Ya decidiste si regresarás en febrero, para la…?

—¿Quema de la mansión Malfoy? —Harry rio—. Lo dudo; ver ese lugar una vez fue más que suficiente.

Parecía que Hermione quería decir algo más, pero el asistente de Kingsley se les acercó.

—Estamos listos para comenzar la conferencia. —En pocos minutos, se encontraron sentados en una gran mesa, enfrente de docenas de reporteros y fotógrafos. Kingsley tomó su lugar enfrente del podio. Harry trató de no parpadear por los cientos de flashes que lo cegaban, mientras los medios obtenían su primera oportunidad de fotografiarlo después de meses.

Kingsley se dirigió a los reporteros.

—Es con un gran placer que anuncio un nuevo y emocionante proyecto. La Fundación Black-Malfoy-Potter une tres de las más antiguas familias mágicas con un propósito en común: El Centro de Sanación Cedric Diggory. —El cuarto explotó cuando los reporteros comenzaron, inmediatamente, a gritar preguntas—. Si me permiten explicar, estaremos encantados de responder sus preguntas al final. Los fondos iniciales para el proyecto están siendo provistos, de manera igual, por Narcissa y Draco Malfoy y Harry Potter. Se espera que el apoyo del público permita la expansión del edificio inicial y el personal. —El ministro continuó explicando la formación de una de las más inusuales alianzas en la historia mágica. Harry se acomodó en su silla, mirando con tranquilidad a los reporteros, obligándose a no moverse con nerviosismo.

Kingsley presentó a la sanadora McCain, que tomó el podio y comenzó a describir los servicios que iba a ser ofrecidos en el Centro.

—El edificio principal del Centro alojará una instalación de residencia a largo plazo para aquellos clientes que no sean capaces de regresar a la sociedad mágica. Muchos de estos clientes han vivido en la sala Thickey, en San Mungo, por años. En el Centro, podrán estar en las afueras, por primera vez en años, y también tendrán cuartos privados, a diferencia de vivir en una sala comunal. El Centro aliviará la demanda de la sala Thickey y les permitirá cuidar de los casos de corto plazo. Nosotros tendremos pequeñas casas disponibles en el Centro, para que la familia y los seres queridos se queden mientras visitan, y también les daremos una bastante necesaria terapia. Además del programa de residencia a largo plazo del Centro, ofreceremos talleres terapéuticos de arte y música para los niños, así como terapia para la violencia doméstica y para familias…

Por fin, fue hora de las preguntas de los reporteros. Harry no se sorprendió cuando la primera fue dirigida a él.

—Señor Potter, ¿cómo es posible que esté trabajando con los Malfoy, dado que ellos son…?

Harry miró al reportero.

—El Centro Diggory fue concebido por Narcissa y Draco Malfoy. En cuanto me enteré de los planes, supe que era necesario y quise apoyar el proyecto. Como alguien que perdió a sus padres en la primera guerra, y como padrino de un pequeño niño que perdió a los suyos en la batalla de Hogwarts, sé cuán crítica es la necesidad del Centro y estoy agradecido por haber sido invitado a ser parte de él.

—Pero, señor, Draco Malfoy…

Harry miró al reportero a los ojos.

—Draco Malfoy y Narcissa Malfoy salvaron mi vida en ocasiones diferentes, arriesgando sus propias vidas en el proceso. Han demostrado claramente de qué lado están y ambos tuvieron roles importantes en la derrota de Voldemort y sus seguidores.

Harry continuó.

—Draco Malfoy es una parte integral de este proyecto y ha invertido una gran cantidad de tiempo y fondos. Sin importar nuestras diferencias personales, aprecio la oportunidad de poder trabajar con él y ser parte del Centro Diggory. —Por el rabillo del ojo, vio que Malfoy se tensaba en su asiento, en el otro extremo de la mesa; su rostro no mostraba nada de lo que pensaba. Las preguntas continuaron y Harry, sin detenerse, las dirigió hacia el proyecto y no hacia su persona.

Por fin, la conferencias terminó y todos se pusieron de pie, para salir de la sala. Harry se encontró junto a Malfoy. El rubio lo miró y, después de un momento de duda, dijo:

—Gracias, Potter. Por lo que dijiste allá adentro.

Harry negó con la cabeza.

—Solo dije la verdad. Nada más, nada menos. —Malfoy lo miró y asintió. Estaba volteando para irse cuando Harry lo detuvo—. ¿Por qué me llamas Potter? Si éramos… —Se sonrojó, deseando no haber dicho nada.

Malfoy lo miró y se encogió de hombros.

—Es lo único que conoces. Y me ayuda a desvincularme. Que tengas un buen viaje mañana. —Giró y se alejó. Harry lo miró irse y odió el impulso de llamarlo para que volviera. Mientras miraba a Malfoy salir por la puerta trasera del cuarto, la llegada de Ron y Hermione le evitó pensar en lo que acababa de pasar.

—Entonces, ¿en serio te vas mañana? —le preguntó Ron.

Harry asintió.

—Necesito regresar; con esta conferencia de prensa, todos van a querer algo de mí. —Ron asintió—. Además, ambos deben regresar a Hogwarts. Y nos veremos en Bulgaria en tres semanas.

Ron sonrió con emoción.

—¡Qué te parece! No puedo creer que Krum mandara esos boletos. —Todos habían estado sorprendidos cuando Hermione había abierto la carta. Dentro, había cuatro boletos, con una breve nota de Krum, que decía que esperaba que Hermione, Ron, Harry y alguien más que ellos quisieran, pudieran asistir al partido. Ron había despotricado porque Krum estuviera coqueteando con Hermione por medio minuto, antes de que Harry señalara que eran asientos en palco para los Vultures de Vratsa, muy difíciles de conseguir (1). Ron hizo un gesto y decidió que Krum era un excelente tipo, por haberse acordado de ellos.

Hermione rodó los ojos.

—Sí, el Quidditch en lugar de estudiar para nuestros ÉXTASIS, ¡para los cuales solo faltan cinco meses!

—¡Puedes estudiar en el partido! Te diré cuándo alzar la mirada.

—Vaya, gracias —dijo Hermione—. Tienes suerte de que McGonagall nos dé permiso de ir.

—Eso es porque está preocupada por Harry, y piensa que el hecho de que pasemos más tiempo con él lo traerá de regreso a Gran Bretaña.

—Bueno, ¿tú y Charlie nos verán en Vratsa, el 8? —preguntó Hermione. Harry asintió—. ¿Empacaste las cartas de Diggory, para llevártelas, Harry?

Harry se tensó pero asintió brevemente.

—Gracias por venir hoy. Y por todo el trabajo, Hermione. Lamento haberte hecho pasar un mal rato por ello al principio.

Hermione se mordió el labio.

—Es algo bueno. Y estoy orgullosa de ti, Harry. Por haber podido ver más allá de todo y haber estado dispuesto a ayudar.

Harry estuvo a punto de restarle importancia al cumplido, pero mejor se encogió de hombros.

—Hablar con Simon Ward me hizo preguntarme cuán diferente habría sido mi vida si hubiera habido algo que me ayudara a entender todo cuando era más pequeño. Y, sabiendo que Teddy Lupin va a crecer sin padres como yo… Va a tener muchas dificultades. Quiero hacer que las cosas sean fáciles para él.

Hermione asintió y Ron rodeó sus hombros con un brazo.

—Bueno, al donar a la causa todo ese dinero de los Potter y los Black sí que ayuda a dar el mensaje.

—Lo único que hice fue igualar la donación de Malfoy —dijo Harry, moviendo los hombros—.Lo hice porque Narcissa Malfoy era una Black, y en memoria de Sirius. Tiene sentido.

—Bueno, necesitamos regresar a Hogwarts —dijo Hermione—. Te mandaré una lechuza si algo surge en las reuniones de la mesa directiva.

—Está bien —dijo Harry, suspirando—. Aun no entiendo por qué me pusieron como presidente, si apenas voy a estar en las reuniones.

—Porque, mi obtuso amigo, tú eres Harry Potter —dijo Ron con una sonrisa—. No hay mejor forma de hacer que todos ayuden al proyecto.

OoOoOoO

—¿Asientos en palco para los Vultures de Vratsa? —Charlie miró los boletos, incrédulo—. ¿En serio? ¿Cómo los conseguiste?

—Krum se los mandó a Hermione. Dijo que pensó que quizá nos gustaría ver un juego —dijo Harry, mientras comenzaba a desempacar. Estaba agradecido porque Charlie ya hubiese encendido el fuego, por lo que la yurta ya estaba bastante templada; tan templada como podía estar una a 7,000 metros en los Făgăraş (2).

—Tendremos que trabajar turnos extras para tener tiempo libre tan pronto, después de no haber estado por Navidad —dijo Charlie, sosteniendo los boletos—. Será genial ver a Krum jugar de nuevo.

—Esperemos que este juego dure más que la Copa del Mundo —dijo Harry, metiendo su morral vacío bajo su cama, y repasando el lugar con la mirada. Su yurta, conocida como Yurta 4, era parte de un círculo de yurtas en el centro del campamento. Era sorprendentemente espaciosa, considerando que no podían utilizar magia para agrandarla. Mucha magia perturbaba a los dragones. Había espacio para cuatro camas, una mesa y sillas, una cocina rudimentaria y la estufa, que estaba al centro de la tienda, con su chimenea atada al poste que estaba al centro de la estructura. Compartían el espacio con otros dos cuidadores.

—Y tú estuviste en el Torneo con Krum —dijo Charlie—. Y también estuvo en la boda de Fleur y Bill. Pero no me pareció tan amigable.

—Bueno, Krum y Hermione fueron juntos al Baile de Navidad —dijo Harry, sonriendo—. Deberías haber visto el rostro de Ron. Quería estar enojado porque Krum le mandara boletos a Hermione, pero son los Vultures…

—De seguro le dio un ataque, tratando de entender cómo manejar eso. —Charlie miró al moreno—. ¿Quieres ir a la 3? Van a tener un juego de cartas esta noche. Russ y Stephen ya están allá.

—No, no tengo ganas. —Harry tomó el paquete que había sacado de su morral y lo dejó sobre su cama.

—¿Qué es eso? —preguntó Charlie, mientras se recostaba sobre las cobijas de su cama, encima de la del moreno.

Éste hizo una mueca.

—Las cartas de Diggory.

Charlie lo miró, sorprendido.

—¿En verdad las vas a leer? ¿Qué pasó con querer olvidar todo el asunto?

Harry lo miró.

—Ignorar el asunto con Malfoy no parece estar funcionándome, en lo que a mis sueños respecta.

—Ya era hora de que te decidieras a hacer algo al respecto. ¿Qué te hizo decidir hacerlo ahora?

—Tuve que pasar mucho tiempo con Malfoy en esas reuniones. —Harry se detuvo—. No es, para nada, como lo recuerdo de la escuela. Además, ayer dijo algo después de la conferencia; algo que me ha estado molestando.

—¿Qué dijo?

—Bueno, le pregunté por qué seguía llamándome Potter. Considerando que, en su momento, habíamos… —Harry se sonrojó.

—¿Sido compañeros de cama? —dijo Charlie, arrastrando las palabras.

—Bueno, sí. Quiero decir, ¿me llamaba Potter en ese entonces? No suena muy amigable. —Harry agitó la mano, tratando de expresar su idea—. Como sea, dijo algo acerca de que lo hacía porque era lo único que yo conocía y porque le ayudaba a desvincularse. Lo que sea que eso signifique.

Charlie se encogió de hombros.

—Tiene sentido para mí.

—¿De qué modo?

—Bueno, tú solo lo conoces como el idiota y grosero Slytherin. Entonces, si te llamara Harry, te pondría más al borde de lo que ya estás. Y lo de desvincularse; obviamente, a él no le borraron la memoria, así que aún siente todo lo que sentía por ti. Llamarte Harry solo le haría recordar lo que ya no tiene.

Harry lo miró, incrédulo.

—No puede seguir sintiendo todo eso, si es que en algún momento lo sintió. Fue hace casi tres años.

—¿Y cuánto se supone que estuviste con él? ¿Dos años? Supongo que fue una relación bastante intensa. —Harry lo fulminó con la mirada, pero Charlie no dejó que eso lo detuviera—. Tuvo que haber sido. Ninguno de ustedes es lo que uno llamaría "pasivo".

—¡Pero solo teníamos catorce años! —exclamó Harry.

—Y quince y casi dieciséis —dijo Charlie—. Dos años. Eso es bastante tiempo, incluso para un romance adolescente. No me sorprende que Malfoy sienta la necesidad de desprenderse de ti.

Harry asintió. Luego, miró las cartas que estaban sobre su cama.

—Entonces, ¿crees que debería leerlas?

Charlie rodó los ojos.

—Sí, porque vas a volverme loco hasta que lo hagas, y porque, una vez que lo hagas, es probable que te pongas furioso y salgas a cortar unos cuantos árboles. La pila de leña comienza a disminuir.

—Me alegra saber que tienes mis mejores intereses en mente.

—Eso intento.

Harry suspiró y desató el listón amarillo que estaba alrededor de las cartas. Desdobló la de hasta arriba. El papel de fotocopiadora muggle se sentía extraños en sus manos, después de años de manejar pergamino. La leyó lentamente. Cuando la terminó, movió su mano para mandársela a Charlie.

—Ni siquiera lo piensas, ¿verdad? —exclamó Charlie, riendo.

Harry alzó la mirada.

—¿Qué?

—Solo moviste la mano y me mandaste la carta —dijo Charlie, alzando el papel.

—Oh, bueno, sí. Ya lo sabes. No lo hago con otras personas.

—La magia sin varita no es algo de lo que debas avergonzarte, Harry. No es como el pársel. Em, bueno, tampoco es para que te avergüences por ello —añadió Charlie con prontitud, cuando el moreno lo miró con los ojos entrecerrados.

—Solo lee. Me ahorrará la molestia de contarle lo que dicen las cartas más tarde.

OoOoOoO

—¡Eso sí que fue un partido! —dijo Ron, emocionado, mientras veía a los jugadores salir del campo—. ¡Krum estuvo increíble! ¿Vieron el amago que hizo, justo antes de capturar la snitch? —Alzó sus omniculares para mirarlo de nuevo.

Harry asintió mientras miraba alrededor. El estadio no era tan grande como el de la Copa del Mundo, pero aun así era impresionante: diez veces el tamaño del estadio de Hogwarts. Harry llevaba puesto su glamour, lo que había causado que Hermione y Ron tuvieran que verlo varias veces, hasta acostumbrarse al rostro extraño, sentado junto a ellos.

—No puedo imaginar que Krum nos vaya a ver, probablemente se irá a celebrar con sus compañeros. —Su voz aún le parecía extraña. Harry llevaba el amuleto NuevaVoz, que George había desarrollado para que, quien lo llevara, pudiera tener un dialecto regional. El que traía puesto era la versión australiana; le gustaba la diferente cadencia de su voz.

—Bueno, dijo que debíamos quedarnos en nuestros asientos, después de que ganaran, y que él nos encontraría y nos mostraría el lugar —dijo Hermione, rodando los ojos por la suposición de Krum de que su equipo iba a ganar.

—¿Crees que nos lleve a ver todo? —dijo Ron, mirando a su alrededor, como si esperara ver a Krum caminando hacia ellos.

—¿Todo, como los vestidores y el armario de escobas? —preguntó Hermione, riendo.

Charlie se recargó sobre su silla.

—Por lo pronto, no hay prisa por ir a algún lado. Los puntos de aparición van a seguir retacados por una hora, al menos.

Harry asintió y se dirigió a Hermione.

—¿Cuándo deben regresar? —preguntó. Era genial verlos de nuevo. No había entendido cuánto los había extrañado, hasta que estuvo de vuelta para Navidad y se sintió mal por saber que tendría que irse de nuevo.

—Tenemos un traslador para mañana en la mañana —dijo Hermione—. Harry, ¿ya leíste las cartas?

Harry rio y negó con la cabeza.

—Nunca te rindes, ¿verdad? Sí, las leí.

Hermione hizo un sonido de exasperación.

—¿Y?

Harry se detuvo.

—Y estoy pensando en ellas.

—¡Harry! Hablemos…

—Déjalo ir, Hermione —dijo Charlie con gentileza—. No vas a conseguir sacarle nada más, confía en mí.

Se quedaron en sus asientos por casi una hora, disfrutando de ver cómo las gradas se vaciaban y platicando acerca del juego. Acababan de decidir que Krum no llegaría cuando un mago con una túnica roja de seguridad se les acercó.

—¿Señorita Granger? —Hermione asintió—. El señor Krum me pidió que la llevara a usted y a sus acompañantes al campo de juego. —Ron fue el primero en ponerse de pie, y todos siguieron al guardia hacia el campo.

—¿En serio Krum va a venir? —preguntó Ron con emoción.

—Veo que ya superaste el miedo de que Krum vaya a tratar de robarte a Hermione —dijo Harry.

—No, Hermione está demasiado preocupada por sus EXTASIS como para comenzar algo con él.

Hermione jadeó, ofendida, y le enterró el codo en las costillas, mientras bajaban por las escaleras.

—¡Auch! —exclamó Ron, frotándose el costado—. ¡Lo dije en buen sentido!

—Quizá también estaré demasiado ocupada como para comenzar algo contigo —dijo.

Abajo en el campo, el guardia de seguridad les pidió que aguardaran, y atravesó el túnel para entrar al estadio. Diez minutos después, Viktor Krum salió, aún vestido con su uniforme.

—¡Hermione! —dijo con una sonrisa, y le dio un besa en cada mejilla. El búlgaro miró a Harry, evaluándolo—. Y tú eres…

—Hank Black —dijo Harry, estirando la mano, con su acento australiano más fuerte que nunca—. Gusto en verte de nuevo.

—Ah, sí. Hermione dio que vendrías disfrazado. —Krum lo miró con detenimiento—. Es uno muy bueno. ¿También cambiaste tu voz? Sí, muy bueno…

—Espero que no te moleste. Es difícil ir a cualquier lado sin alborotar a la gente. —Harry volteó hacia Ron, que estaba tocando su brazo—. Y estoy seguro de que recuerdas a Ron y Charlie, de la boda de Bill y Fleur.

Krum le hizo un gesto a Ron y estrechó su mano. Luego, miró a Charlie.

—Claro, y estuviste en el Torneo, ¿no es verdad? Eras uno de los cuidadores de dragones, ¿no?

Charlie lo miró, sorprendido.

—Me sorprende que lo recuerdes. Fue hace mucho tiempo.

—Me dijiste que no subestimara a Harry. —Krum miró al moreno—. Y tenía razón, ¿no es así?

Harry asintió, incómodo.

—Hubo mucha suerte involucrada.

Krum hizo un gesto.

—Y mucha maña suerte.

—Felicidades por la victoria —dijo Hermione, para cambiar el tema—. Debes estar ansioso por celebrar con tu equipo; no te detendremos.

—De hecho, me estaba preguntando si a Harry, digo, a Hank, le gustaría tener la oportunidad de ir a volar. Un pequeño juego de buscadores. Creo que así lo llaman en Inglaterra, ¿no?

—¿En serio? —dijo Harry, sorprendido—. ¿No estás cansado? Acabas de terminar de jugar.

Krum le restó importancia con un gesto.

—Hoy fue un juego corto; a veces continúan por días. ¿Qué dices? ¿El que gane tres?

—Em, seguro. —Harry miró su túnica—. ¿Tienes un uniforme y una escoba que me puedas prestar? Y, ¿a ustedes no les molesta? —dijo, mirando a sus amigos.

—No hay problema. Solo nos sentaremos aquí y los veremos —dijo Hermione, señalando la banca del equipo. Parecía que Ron estaba a punto de explotar de la emoción.

Krum llevó a Harry a los vestidores; sus compañeros ya habían salido, pero el lugar estaba cubierto con toallas húmedas y equipo abandonado. Krum abrió una puerta que llevaba a la bodega, llena de túnicas de práctica y cueros protectores.

—Toma lo que necesites, te conseguiré una escoba. ¿Aún te gusta la Saeta de Fuego? Tengo la nueva Bola de Fuego, que quizá te guste usar.

—Em, sí, eso sería genial. —Harry no podía creer que iba a tener la oportunidad de volar contra Krum. Tomó algunas protecciones para brazos y piernas y una túnica de práctica, de las del equipo de Krum. Miró las gruesas protecciones del pecho pero decidió no usar una, dado que no habría bludgers de las que tendría que protegerse; además, prefería poder moverse con facilidad.

—¿Vas a volar con el glamour? — dijo Krum, sorprendido, cuando Harry comenzó a ponerse las protecciones—. ¿Puedes mantenerlo?

Harry asintió.

—No es un problema. De hecho, el Quidditch es la razón por la que comencé a utilizarlo. Juego en un equipo amateur en Rumania. Es demasiado arriesgado usar Multijugos. Podría terminar su efecto a la mitad de un juego. Y el glamour es útil para momentos como éste, cuando quiero estar entre la multitud. —Repasó el lugar con la mirada. Aún no podía creer que iba a competir con Krum—. Un gran gesto el que nos invitaras, Viktor. Me sorprende que te acordaras de nosotros, después de todo este tiempo.

Krum rio.

—Ya pasaron cuatro años desde el Torneo. Ahora tienes 18, ¿no? —Harry asintió. Krum dudó—. No quiero sacar a relucir cosas malas, pero sé que te borraron la memoria de ese año.

Harry dejó de asegurarse el cinturón y lo miró.

—Sí, pero aún recuerdo el Torneo. —Tenía la misma sensación de pena que le llegaba cuando hablaba con alguien que había conocido en ese entonces. Temía aprender algo más de lo que había perdido; algo que quizá no querría saber.

—En ese entonces, te invité a volar. ¿No lo recuerdas, quizás? —le preguntó Krum, alzando la ceja—. Pero, después de la tercera prueba, claro, no hubo oportunidad.

Harry asintió lentamente.

—Lo recuerdo. Justo después de la primera prueba, hablaste conmigo. Pensé que solo estabas siendo cortés.

—Viktor Krum es raramente cortés; solo pregúntale a los periódicos —dijo, restándole importancia—. Me impresionó tu forma de volar. Muy buena para un chico tan pequeño.

—Ya no soy tan pequeño —contestó Harry, enderezándose cuan alto era—. Como sea, no volé mucho ese día, solo me mantuve alejado del dragón.

—No, ese día no. Las noches que salías a volar sobre el lago —dijo Krum—. Recuerdo que, una noche, pensé que te estrellarías contra el bote, pero atrapaste la snitch y te enderezaste, a unos centímetros de mí.

Harry sintió que palidecía, pero obligó a su voz a seguir calmada.

—Esos recuerdos ya no están. No recuerdo nada de eso.

—Entonces lamento profundamente haberlo mencionado. Debe ser un gran reto para ti —dijo Krum con sinceridad—. Espero que aun aceptes ir a volar conmigo, ¿sí?

Harry se sacudió el sentimiento y asintió, levantando las botas y poniéndoselas.

—Seguro, no me perdería esta oportunidad por nada del mundo. —Krum asintió, satisfecho, y fue por las escobas. Ambos salieron a la luz del sol. Harry se cubrió los ojos para mirar el terreno—. ¿Vamos a utilizar snitches de práctica?

Krum negó con la cabeza.

—¡Bah! ¿Snitches de práctica? Nunca. Tengo mi caja de snitches aquí. —Caminó hacia una caja que reposaba sobre la banca cerca de Ron—. ¿Dos de tres, sí?

—Seguro. Pero déjame dar una vuelta, solo para acostumbrarme a la escoba, ¿de acuerdo?

Krum asintió y Harry pasó la pierna por la escoba prestada, emocionado, y dio una patada en el suelo, mirando hacia atrás. Krum lo miró por un segundo y luego miró a Hermione.

—Me alegra que hayan venido a Bulgaria. Muchas cosas cambiaron y ha corrido mucha agua bajo el bote, ¿no lo creen? (3)

Hermione sonrió por la metáfora equivocada.

—Sí, mucho ha pasado. —Miró de reojo a Harry, que volaba a varios metros del suelo—. Y aún estamos recuperándonos de ello.

—Sí, sí. Por supuesto. Es por eso que pensé que les gustaría tener la oportunidad de venir a Bulgaria. —Krum miró a Harry por un momento—. Es muy bueno sobre una escoba.

Charlie habló por primera vez.

—Te daré el mismo consejo que te di hace cuatro años: no subestimes a Harry allá arriba.

Krum rio con gusto.

—Voy a disfrutar esto y le daré algo para recordar. —Con un gesto, montó su escoba y despegó para perseguir a Harry.

Hermione se sentó en la banca y se cubrió los ojos para ver a los dos buscadores.

—¿Cuánto tiempo creen que dure esto?

—Mucho más de lo que Krum piensa —dijo Charlie. Ron asintió.

—Mira, ya soltó la snitch. —Todos miraron cómo los dos buscadores esperaban los veinte segundos obligatorios, antes de perseguir la pelota. Krum llevaba la delantera, mientras competían en el campo, pero Harry lo estaba siguiendo de cerca. Ron sacó sus omniculares y encendió el modo auto seguimiento, para grabar el partido; otra mejora Weasley. Sabía que Harry querría poder ver el partido más tarde.

Dos magos, (uno de ellos, corpulento y con los emblemas nacionales de Bulgaria en la túnica), salieron del túnel y se detuvieron a algunos metros del trío.

—Parece que Krum tiene un nuevo prospecto. Está usando sus viejos trucos.

—Esperemos que éste lo mantenga interesado más tiempo que el último —dijo el mago a su lado, con acento inglés. Ron y Hermione se miraron, preocupados. Ron comenzó a pararse pero Charlie puso una mano sobre su hombro, negando con la cabeza. Luego, se puso de pie y caminó hacia los hombres.

—Disculpen, no pude evitar oír por casualidad. ¿Cuáles viejos trucos?

—Oh, es solo la forma favorita de Krum, para seducir a sus nuevos novios. Los tienta con un juego de buscador y luego, viene una larga follada en los vestidores. —El búlgaro rio y el otro mago asintió. Hermione jadeó, indignada, y ambos magos voltearon a verla. El corpulento, que había hecho el comentario, tosió avergonzado—. Lo lamento, señorita. No la vi ahí.

Ron se veía un poco pálido, pero seguía mirando a los dos buscadores en el aire.

—Entonces, ¿les deja atrapar la snitch? —preguntó—. Les deja ganar una, para hacer…

—No, Krum nunca dejaría que alguien atrapara la snitch…

—Bueno, nuestro amigo acaba de hacerlo —interrumpió Hermione, con satisfacción. Señaló a un punto a cientos de metros de ella, donde Harry estaba levantando la snitch dorada, con una sonrisa.

—¿Quién diablos es ése? —Ambos magos habían dejado sus tonos burlones, y estaban mirando, sin poder creerlo, a los dos buscadores. Éstos estaban flotando y platicando en el punto donde Harry había atrapado la pelota.

—Hank Black —dijo Charlie, con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Es inglés? ¿Como ustedes? —dijo el mago corpulento, viendo cómo Krum se acercaba a ellos.

—No, australiano —dijo Charlie, hablando de la historia falsa de "Hank" con facilidad—. Trabaja conmigo en los campos de dragones de Făgăraş.

Krum aterrizó, con una sonrisa en el rostro. Miró a Charlie.

—Tenías razón, una vez más. No se la pondré tan fácil esta vez. —Caminó hacia la caja y sacó una nueva snitch. Miró al hombre que estaba parado junto a Charlie—. Hans, tráeme más snitches, vamos a jugar tres de cinco.

Hans lo miró con sorpresa.

Yah, Viktor. —Krum asintió y despegó de nuevo, hacia Harry.

Hans regresó por el túnel, para luego volver con otra caja de snitches y varias personas más. Todos estaban platicando emocionadamente en búlgaro.

El mago inglés se dirigió a Hermione.

—¿Cómo conocen a Viktor?

Hermione miró a Ron de reojo. Éste se encogió de hombros, y ella contestó con cuidado.

—Nos conocimos en Hogwarts, cuando estuvo ahí para el Torneo de los Tres Magos. Nos invitó a ver el partido. Charlie y Ron son hermanos. Charlie trajo a Hank.

—Y este tal Hank; es solo un cuidador de dragones… ¿Ni siquiera juega Quidditch?

Charlie negó con la cabeza.

—Hank juega en las ligas amateurs de Rumania. Fácilmente, él es el mejor buscador del circuito.

Todos dejaron de hablar y giraron para ver la competencia que sucedía en el aire. Ambos hombres estaban determinados a atrapar la snitch, y no había diversión en sus expresiones, mientras volaban a toda velocidad por el campo, buscando la pelota. Harry ya no seguía a Krum, sino que forzaba al búlgaro a seguirlo, al tratar de encontrar el orbe alado.

Hans volteó al mago inglés.

—Ve a ver si por aquí sigue ese cazatalentos.

—Pero no me quiero perder esto —protestó el otro. Ron rio.

—No te preocupes. Lo estoy grabando para Hank —dijo el pelirrojo, señalando los omniculares.

El mago miró los binoculares flotantes con duda.

—De todas formas, no me quiero perder nada. —Sacó su varita y lanzó su patronus, una liebre, que giró y brincó por el túnel.

—Parece que Viktor atrapará ésta —dijo Hans, viendo cómo Krum se elevaba casi tres metros por encima del campo, superando al moreno. De repente, la snitch se disparó hacia arriba y Harry la siguió de inmediato, manteniendo el equilibrio al hacer una vuelta en vertical. Krum estaba detrás de él, pero había disminuido la velocidad para invertir la dirección. La snitch desapareció mientras ambos volaban hacia el sol. Harry voló en círculos y Krum imitó el movimiento, en la dirección opuesta, tratando de encontrar la pelota.

Más personas estaban saliendo del túnel; eran varios compañeros de Krum, como Ron se lo indicó a Charlie, emocionado. Luego, miró al moreno con atención.

—Es muy bueno; mucho mejor que en la escuela.

Charlie rio.

—Ha estado volando mucho en sus días libres. Solo espero que no tome tantos riesgos. —Hermione asintió y volvió a ver a los dos buscadores. Krum había visto algo y estaba volando a toda velocidad hacia el otro lado. Harry había vacilado; no sabía si Krum estaba intentando engañarlo. Luego, vio la snitch a unos metros de Krum, y aceleró para seguirlo. Se pegó a la escoba. Casi alcanzó a Krum, por la derecha, cuando la snitch viró hacia la izquierda, por lo que Harry tuvo que girar ampliamente para evitar chocar contra el otro mago. Krum estiró la mano, triunfante, tomando la snitch en el aire.

—Una, una —dijo Ron, frotándose las manos con nerviosismo—. Harry atrapará la siguiente.

—Hank —susurró Hermione con fiereza.

—Cierto, Hank.

De nuevo, Krum voló hacia ellos, pero esta vez no aterrizó. Dejó caer la snitch usada y esperó con impaciencia a que Hans sacara una nueva snitch y se la arrojara. Sin una palabra, voló hacia Harry, que estaba en el centro del campo.

—Ya no está platicando —dijo Hermione, levantando la snitch abandonada—. ¿Crees que esté preocupado?

—No, solo no habla cuando está enfocado en ganar. No le gusta la distracción. —El mago corpulento, que les había hablado primero, estaba junto a ellos de nuevo.

Una vez más, los dos buscadores despegaron. Esta vez, ambos se mantuvieron alejados el uno del otro, buscando la snitch por el cielo. La miraron al mismo tiempo y, de nuevo, se volvió una carrera para ver quién llegaría primero. La snitch estaba a varios metros por encima del suelo y voló junto a la multitud que estaba en las orillas. Harry voló con rapidez, persiguiéndola. Parecía una mancha de color, seguida por Krum.

—Van demasiado rápido —dijo Hermione. Ron hizo un gesto. Vieron cómo la snitch se quedaba algunos metros delante de Harry, volando directo hacia la barricada, al final del campo—. ¡Oh, Merlín, no puedo ver! —Hermione jadeó, cubriéndose los ojos. Charlie y Ron se quedaron quietos, mientras veían a Harry volar a toda velocidad hacia la pared. Krum había bajado la velocidad y estaba gritándole algo al moreno.

—¡Elévate! ¡Elévate! —gritó Ron, cual letanía. Pero Harry tenía su mano estiraba, a unos cuantos centímetros de la snitch. En el último segundo, la agarró mientras jalaba su escoba hacia arriba, raspando la pared, mientras daba una vuelta y volaba en línea vertical. Krum voló hacia Harry. Parecía estar gritándole en búlgaro. Como respuesta, Harry solo rio y negó con la cabeza.

—¿A su amigo no le importa romperse el cuello? —dijo el inglés, negando con la cabeza—. Ese fue un vuelo bastante temerario.

—Ha estado practicando ese movimiento por meses; lo hace en los Făgăraş, en los riscos —dijo Charlie—. Nunca he visto que falle al girar. Claro, a esa velocidad, solo haría falta un error para matarlo.

Hans ya había sacado una snitch de la caja y se la había dado a Krum. Hermione miró alrededor. Ya casi anochecía; el sol no permitía ver, pues estaba al borde del estadio.

—Van a perder la luz pronto.

Ron asintió.

—Pero van dos a una. Si Hank consigue esta, todo termina.

Una bruja de cabello rizado y rubio, con una pluma y un cuaderno, se les acercó.

—Disculpen, me dijeron que ustedes conocen al otro buscador…

Hermione asintió.

—Y, usted es…

—Jessie Hayes, del Quidditch Quarterly. —La reportera estiró la mano para estrechar la de Hermione. Después de un momento de duda, Hermione lo hizo. Sabía cuánto Harry odiaba a la prensa. Pero, técnicamente, no era Harry Potter el que estaba volando, en lo que concernía a la reportera. Charlie también estrechó la mano de la mujer (4)—. ¿Les importaría si les hago algunas preguntas? —preguntó la reportera, mirando a Hermione y Charlie. La chica vaciló, pues sabía que Harry odiaba a todos los de su clase.

Charlie se encogió de hombros.

—Han escrito mucho acerca de Hank en los periódicos rumanos, y no parece que le moleste.

Con alivio, la castaña se giró hacia la reportera y accedió. Ésta lanzó sus preguntas con rapidez, sin quitar la vista de la batalla que se estaba llevando a cabo en los cielos.

—Es de Australia.

—Sí, pero acabo de conocerlo en Rumania, en septiembre.

—¿Cuánto tiempo ha estado jugando Quidditch?

—Creo que dijo que alrededor de ocho años.

—¿Pero no juega profesionalmente?

—No, solo en la liga amateur de Rumania —respondió Charlie—. Para el equipo Fuego de Dragón.

—Y, antes de eso, ¿jugaba al Quidditch en Australia?

—Casi no habla de Australia; no sé cuánto jugó allá.

Las preguntas continuaron pero, al final, Charlie dijo con impaciencia:

—¿Por qué no simplemente espera y le pregunta a Hank? Es probable que le pregunte lo mismo, y queremos ver el juego.

Los dos hombres estaban peleándose por la snitch; una y otra vez, estaban a punto de agarrarla, para luego perderla por centímetros. De repente, Harry se dirigió hacia la izquierda, con Krum muy cerca de él. La snitch estaba sólo a unos centímetros. Estiró el brazo y avanzó por la ventaja que Krum estaba ganando. Después, la snitch descendió, guardó las alas y se dirigió hacia el suelo. Krum la persiguió de inmediato; después de un momento, Harry lo siguió.

—¡El amago de Wronski! —Ron agarró el brazo de Hermione. A centímetros de distancia, los dos buscadores se dispararon hacia abajo. Era una carrera para ver quién alcanzaba la snitch antes de que alguno perdiera el aire. Krum tenía la ventaja de unos cuantos segundos, e intentó tomar la snitch primero, tomándola entre sus dedos con dificultad, alzándola. Harry vio la snitch desaparecer en el puño de Krum; se niveló, aterrizó y esperó a que el búlgaro regresara.

Krum aterrizó varios metros lejos de él, arrojándole la pelota a Harry, que la atrapó con facilidad.

—Estamos iguales, amigo mío. Quien atrape la siguiente, gana.

Harry vaciló, mirando el cielo.

—El sol se pone. ¿Deberíamos dejarlo en empate?

Krum lo miró impactado.

—¿¡Qué!? No me había divertido tanto en meses. No podemos parar ahora. ¿Qué dirían todos los que nos están viendo?

Harry miró con sorpresa la multitud que se había juntado en las orillas y en las gradas. Al menos, un centenar de personas estaban repartidas por la arena. Harry miró el cielo oscuro con preocupación.

—¿Estás seguro de que quieres hacer esto, Viktor?

Krum lo miró con sorpresa.

—¿Crees que vas a ganar? Has tenido suerte. Te subestimé con la primera snitch que atrapaste, y te arriesgaste demasiado para atrapar tu segunda. Ésta será mía.

Harry rio.

—No si yo la atrapo primero.

Krum alzó la snitch.

—¿Listo?

Harry asintió y Krum soltó la snitch, que flotó por un momento, batiendo sus alas, y luego voló hacia el cielo.

Harry contó mentalmente hasta veinte y, con un gesto hacia Krum, se lanzó hacia donde había visto por última vez a la snitch. Los juegos de buscador eran diferentes a jugar un partido. Durante el partido, uno tenía que estar constantemente al tanto de los otros jugadores, las bludgers y la quaffle. En un juego de buscador, tus únicas preocupaciones eran el otro buscador y la snitch. Se obligó a concentrarse, a escuchar a la snitch. Con un estadio tan callado como ése, casi pudo oír el batir de sus alas. Ahí. Harry giró lentamente hacia la derecha, para no indicarle a Krum que había sentido la ubicación de la snitch. Sus ojos estaban buscando el orbe dorado mientras sus oídos lo escuchaban.

Después de un rato, oyó el zumbido de abeja, no muy lejos de él. Krum estaba volando en círculos a su izquierda, aun buscando. Harry giró casualmente, dibujando un flojo ocho, mientras seguía el sonido de las alas. Por fin, sus ojos la encontraron, a diez metros de distancia. Harry miró a Krum de reojo, y vio que se dirigía hacia él a toda velocidad. Harry se lanzó hacia la snitch, tomándola en el aire con facilidad, antes de que Krum lo hubiera alcanzado. Las alas comenzaron a moverse en su mano mientras giraba para ver a Krum acercarse.

—Y, una vez más, me has vencido, Harry Potter —dijo Krum, alcanzando al moreno—. Es raro, sorprenderme estos días. Y lo has hecho.

Harry acercó su escoba a la del otro hombre y estiró la mano, para estrechar la del otro.

—Fue un buen juego.

Krum asintió. Fijó sus negros ojos en él, estudiándolo, como si intentara ver a Harry Potter detrás del glamour.

—Debo admitirlo, tenía esperanzas de que pudiéramos vernos un poco más. Aunque parece que estamos destinados a encontrarnos en el campo de batalla, así que no puede ser.

—Lo siento, no entiendo —dijo Harry confundido, mirando al otro hombre.

—Ya lo verás. Debes regresar y aceptar los elogios de tus amigos; te los has ganado —dijo Krum, palmeando la espalda del otro.

En el suelo, había un silencio sepulcral. La gente que había ido a ver el juego no aplaudió ni festejó. Ron estaba de pie, con la boca abierta y negando con la cabeza, mientras veía a los dos buscadores, charlando sobre sus escobas.

—En verdad venció a Viktor Krum.

sabes que Hank es bueno, Ron. ¿Por qué estás tan sorprendido?

—Porque Viktor Krum, que ganó la Copa Europea cuatro años seguidos, acaba de ser superado por un cuidador de dragones de Rumania —dijo la reportera—. Eso no pasa diario.

—Así es Hank —dijo Charlie—. No hace las cosas a medias. Ahí vienen.

Krum y Harry aterrizaron a unos cuantos metros de ellos con facilidad. Harry estiró la mano y palmeó el hombro de Krum.

—Gracias por el juego. Sé que debe haber sido extenuante, después de haber competido hoy.

Krum rio y negó con la cabeza.

—No estarás tratando de inventarme excusas, ¿verdad? Ganaste limpiamente.

Hermione y Ron corrieron hacia Harry y la chica lo abrazó.

—¡No puedo creer que ganaras! —Ron estiró la mano y le quitó la escoba de la mano.

—Bien hecho, compañero.

Harry sintió que alguien tocaba su hombro. Dos magos estaban frente a él.

—¿Tengo entendido que te llamas Hank Black? —uno preguntó. Harry asintió—. Me gustaría presentarte a Darren Catchop. Es un cazatalentos de los Chudley Cannons.

Se oyó un grito ahogado y Harry volteó para ver a Ron, que puso los ojos en blanco, antes de caer el suelo, desmayado.

OoOoOoO

Harry aún no podía creer cuán rápido su vida había dado otro giro. Estaba sentado en una mesa, frente a Tom Bishop, el dueño de los Cannons, y Ben Herr, el entrenador. El contrato descansaba sobre la mesa, frente a él. Bill Weasley estaba sentado a su lado. Harry llevaba su glamour y un amuleto NuevaVoz.

Bishop había estado hablando por los últimos quince minutos acerca de cómo él y Herr estaban planeando dar un giro al siglo de derrotas que los Cannons habían sufrido. El equipo entero iba a ser sustituido, así como el personal de entrenamiento.

—Después de que el Quidditch Quarterly dijera, al final de la temporada del año pasado, que los Cannons solo podrían tener una temporada victoriosa si reemplazaban a todo el equipo y bebían un caldero de Felix Felicis, decidí hacer justo eso. Bueno, saltándonos lo del caldero, claro. Bueno, la posición de buscador es la última que tenemos que llenar. Tengo que decir que tu actuación contra Krum fue más que impresionante. Y estamos complacidos de que hayas aceptado firmar con nosotros.

Bill lo miró y asintió. Ahora era el momento. Harry cruzó mentalmente los dedos y esperó no estar cometiendo el peor error de su vida.

—Tengo que decirles que la oportunidad de jugar Quidditch profesional es un sueño que tuve por años, pero nunca pensé que llegaría a tener la oportunidad de cumplirlo.

—Para ser honesto, me sorprende que no estés jugando profesionalmente. Tus talentos se desperdiciaban con los dragones, debo decir —dijo Herr.

—Bueno, antes de firmar, necesito decirles algo, y eso requerirá un cambio en el contrato.

Bishop lo miró de mala manera.

—No estarás esperando más dinero. Tu agente negoció un buen paquete para ti.

Harry rio por la expresión. Bill había superado las expectativas, cada vez más, como su agente. El pelirrojo negó con la cabeza y sacó un nuevo contrato de su bolsillo.

—Los términos son los mismos, pero hemos cambiado la sección de privacidad y confidencialidad. Además, notarán que ahora dice "el jugador conocido como Hank Black".

Herr y Bishop estudiaron el documento.

—¿A qué te refieres con "conocido como"? ¿No eres realmente Hank Black?

Harry respiró hondo y negó con la cabeza.

—No, soy Harry Potter.

Con un movimiento de su varita, retiró su glamour. El contrato cayó de las manos de Bishop y se enrolló sobre la mesa. Ambos hombres miraron a Harry, incrédulos. Herr fue el primero en romper el silencio.

—Por las barbas de Merlín, ¿cómo…? ¿Por qué? Eres Hank Black, ¿pero él es Harry Potter? No lo entiendo… ¿Por qué el disfraz?

Harry rio por sus expresiones de sorpresa.

—Uso el glamour para mantener mi privacidad. —Se dio cuenta que aún llevaba el amuleto, así que se lo retiró, para poder hablar con su voz normal—. Llevaba esto puesto en el juego de los Vultures; habría sido el caos si me hubieran visto volando con Krum. Nunca esperé que me ofrecieran un contrato. Como Harry Potter, no puedo estar en el equipo. Estoy dispuesto a jugar, quiero hacerlo, pero solo como Hank Black.

—¿Pero, por qué no como Harry Potter? ¡Solo piensa en cuánta gente vendría…!

Bill interrumpió.

—Eso es exactamente por lo que Harry no quiere competir como Harry Potter. Preferiría que la gente lo reconociera por su forma de jugar, por su contribución genuina al equipo, en vez de por su nombre.

Harry asintió.

—Para poder llevarme bien con los otros compañeros, y prevenir que se rieguen los rumores, me gustaría que solo ustedes dos estuvieran al tanto de mi verdadera identidad.

—Tu glamour, ¿puedes jugar con él? ¿No desaparecerá? —preguntó Herr.

Harry asintió.

—No hay ningún problema. No me cuesta proyectarlo. No afecta mi habilidad para jugar. El único momento en el que desaparecerá es si estoy inconsciente. Y ese es un riesgo que estoy dispuesto a correr.

—¿Cuantas veces has quedado inconsciente mientras juegas? —preguntó Herr, mirándolo con los ojos entrecerrados.

—Más de las que me gustaría admitir, cuando jugaba en Hogwarts, pero siempre fueron por razones relacionadas al ser Harry Potter, no a mi forma de jugar.

Ambos hombres se miraron.

—Vale, pero si esto se sale de control, tendrás que asumir la culpa por ello.

—De acuerdo —dijo Harry. Levantó la pluma y firmó "Hank Black" en la línea de abajo del contrato.

OoOoOoO

El desayuno en el Gran Comedor fue interrumpido por los gritos salvajes de Ron Weasley, mientras saltaba de la mesa de los de octavo, agitando El Profeta.

—¡Los Cannons tienen nuevo buscador! —El mago pelirrojo bailó con júbilo alrededor de la mesa dos veces, antes de ser obligado a sentarse por Hermione.

Draco miró al chico y negó con la cabeza. Nunca entendería a Weasley.

OoOoOoO

—¿Draco? —Hermione Granger estaba sentada en la mesa de la biblioteca, estudiando con él—. Quiero advertirte; bueno, no advertirte, sino hacerte saber que Harry va a estar presente el veintiocho.

Draco la miró por un momento y luego regresó la mirada a la pluma en sus manos.

—¿Qué le hizo cambiar de opinión? —preguntó, moviendo la pluma de cuervo por sus dedos.

Hermione negó con la cabeza.

—No lo sé, solo escribió y dijo que iba a poder llegar.

—Eso complica las cosas. Solo podía estar cerca de él durante las reuniones en Navidad.

—El ministro ya lo consintió. No quería decir nada, hasta estar segura de que estaba bien.

Draco la miró fijamente.

—No tenías por qué hacer eso.

—Lo sé, solo quería asegurarme de que todo se hiciera sin problemas. No quería que te sorprendieras al verlo llegar. Además, va a comenzar a venir a algunas de las reuniones de la junta directiva de la Fundación.

Eso sí sorprendió a Draco.

—¿En serio? ¿Cómo podrá hacerlo? Quiero decir, ¿qué no sigue fuera del país?

—No puedo decirte dónde está. —Hermione dudó—. Y no va a poder venir a cada reunión, pero sí a unas cuantas. Y sabe que tú estarás en ellas.

Draco asintió y regresó su atención al problema de Aritmancia que se suponía debía resolver. Había sabido, desde que Harry se había involucrado con el Centro, que era una posibilidad. Él y su madre habían hablado de esto por horas. Cuando llegaban a ello, sabían que, para que el Centro fuera un éxito, necesitaban que Harry apoyara el proyecto. Ambos habían quedado impactados cuando el moreno no sólo había aceptado a apoyarlos, sino que también había igualado su contribución. Eso había hecho que el proyecto pasara de ser un sueño a ser una realidad, pero también significaba que Draco tendría que encontrar una forma de lidiar con el hecho de verlo.

Cuando Harry se había rehusado a tenerlo en las reuniones de diciembre, sus emociones habían sido mezcladas. Había sentido enojo, porque todo había sido su idea. ¿Cómo se atrevían a excluirlo de las reuniones? Pero también había sentido un alivio tremendo, porque cuando había visto a Harry en la casa de Andrómeda, le había dolido más de lo que podría haber imaginado.

Cuando Harry había cedido, (bajo presión de Hermione, Draco sospechaba), a dejarlo asistir, lo había hecho con inquietud. Cada reunión, había sentido los verdes ojos de Harry estudiándolo. No fue sino hasta la conferencia de prensa, cuando Harry lo había defendido en verdad, que sintió una ola de esperanza, que suprimió rápidamente. El hecho de que Harry hubiese estado dispuesto a apoyarlo, a pesar de que lo odiaba, solo probaba que estaban trabajando hacia algo más grande que simplemente los problemas entre dos personas.

Draco miró su pergamino; había estado dibujando a Harry de nuevo. Rápidamente, desvaneció el papel, esperando que Hermione no se hubiera dado cuenta. Sin pensar en por qué Harry quería asistir a las reuniones, se preguntó qué significaría eso. ¿Había dejado Rumania? Era lo más seguro; era imposible que quisiera viajar desde los remotos campos rumanos de dragones hacia Londres, para las reuniones mensuales.

—Draco. —El rubio alzó la mirada. Hermione estaba mirándolo, y en sus ojos se veía la preocupación que sentía—. ¿Estás bien?

—Sí, estoy bien —dijo, pasando la página de su libro de texto.

—No has hecho nada más que mirar tu pluma, con el ceño fruncido, por los últimos quince minutos.

—Todo está bien. Doy a dar un paseo. —Se puso de pie y guardó sus cosas.

—Estás enterado de que está nevando allá afuera, ¿verdad? —dijo Hermione, señalando la ventana con la cabeza. Draco miró la nieve, sin prestar atención, preguntándose por qué habría de ser un problema. Claro, porque acababa de decir que iba a dar un paseo.

—No te preocupes por mí, Granger. —Se despidió con un gesto y salió de la biblioteca.

OoOoOoO


(1) Vulture significa "Buitre". Vratsa es una ciudad en el noroeste de Bulgaria. Espero no les incomode, pero le dejaré Vultures de Vratsa, para no cambias las V's.

(2) Una yurta es una tienda de campaña utilizada por los nómadas de las estepas de Asia Central.

(3) Creí que la frase no existía, pero "ha corrido mucha agua bajo el puente" significa que ha pasado mucho tiempo. Krum se equivoca, al decir "bote".

(4) El "Quidditch Quarterly" es una publicación trimestral acerca de Quidditch. Lo prefiero dejar como está, porque la expresión no viene del Potterverso. Sin embargo, como "dato curioso", sí existe el Quidditch Quarterly en nuestro mundo; es una revista que habla del deporte real (una versión adaptada de lo que Rowling escribió). Les sugiero que busquen Quidditch en su buscador de preferencia, para que se sorprendan.


Hasta la próxima…

Adigium21