Notas de traductor:

¡Diablos! Me tardé de nuevo… Disculpen…

Gracias a Candelaria1, MisakiUchiha17, AnnieSly, xonyaa11, Pau, Sayuri-chan, Melanie Tao de Usui, NUMENEESSE, Silvers Astoria Malfoy, Violet Stwy, bess20, catzeruf, toxica666, kawaiigiirl, Lunatica Dark, Acantha-27, jessyriddle, miredraco, Oduvanchik Dandelion y un Guest por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores.

Si encuentran un error, no duden en decirme, no me enojo (mucho) XD

Disfruten…


El 28 de febrero fue un día deprimente, con aguanieve. Draco estaba parado junto a su madre, mirando la mansión Malfoy a la distancia. Había hecho un encantamiento sombrilla alrededor de ellos, pero el viento seguía alborotando sus túnicas y sus cabellos. Su antigua casa se veía tan gris y aprensiva como el clima. Draco estaba agradecido de que estuvieran haciendo esto al final del invierno, cuando se veía más amenazante. En dos meses, la mansión sería un alboroto de color, con sus elaborados jardines, donde la vida brotaría en primavera. Pasó su brazo por los hombros de su madre.

—¿Estás segura de que no quieres ir al refugio?

—En un minuto. Es difícil creer que viví más de la mitad de mi vida en ese lugar —contestó Narcissa con tristeza.

—Yo no lo diría que viviste, sino sufriste —dijo el rubio en voz baja, sin estar seguro de que ella quisiera oír su opinión.

—Sufrí, sí. Pero también tuve muchas alegrías. Tú naciste aquí, te pusieron en mis brazos por primera vez en este lugar —dijo, sonriendo—. Nunca olvidaré cuán increíblemente feliz estaba en ese momento.

Y de inmediato los elfos me quitaron de tus brazos, porque Padre creía que preocuparse por un infante no era una ocupación digna de una bruja sangre pura, pensó Draco con amargura, aunque no se atrevió a decirlo en voz alta.

—¿Estás segura de que tienes todo lo que quieres? No hay vuelta atrás, una vez que el fuego comience. —Draco apenas podía soportar el recuerdo de la última vez que había visto Fuego Maldito.

—Tengo los álbumes de fotos familiares. Eso es todo lo que quiero o necesito. —Su madre miró el refugio que había sido erigido por el ministerio, para los invitados que habían asistido para ver el evento—. No sé si podré encararlos.

—Recuerda que esto es tanto para ellos como para nosotros —dijo Draco con gentileza—. Entienden que no fuiste tú la que los puso en la bodega.

—Era mi casa. Fueron prisioneros en mi casa.

—Prisioneros de Voldemort y mi padre —dijo Draco con firmeza—. Ven, quiero que te alejes del viento. —Draco deseaba poder quedarse afuera, pero sabía que la necesidad de su madre por estar cómoda era más importante que su propio temor de ver a Harry. Aún no había llegado, pero Draco sabía que llegaría en cualquier minuto.

Entraron al refugio de tres paredes; el último lado daba a la mansión. Draco se sintió agradecido al ver a Luna, caminando lentamente hacia ellos. Garrick se estaba apoyando bastante en el brazo de la rubia. Draco acercó a su madre para que los conociera.

—Garrick. Es bueno verlo. —Estiró la mano hacia el fabricante de varitas.

—Draco. Te ves mucho mejor que la última vez que te vi —dijo Ollivander lentamente—. ¿Puedo decir que la vida fuera de una celda te sienta bien?

—Puedo decir lo mismo de usted —dijo Draco—. Creo que no ha visto a mi madre recientemente.

El hombre se enderezó un poco y besó con gentileza la mano que Narcissa le ofreció.

—Narcissa. Qué tiempos tan difíciles ha tenido que pasar. Espero que éste sea el comienzo de un futuro más prometedor.

Draco vio cómo se llenaban de lágrimas los ojos de su madre.

—Es usted muy amable, Garrick, por hablar de esa manera después de lo que pasó en la mansión.

Garrick negó con la cabeza.

—Ambos fuimos prisioneros en esa monstruosidad. Yo estuve ahí solamente dos años. Usted tuvo una sentencia mucho más larga. Pero no hablemos de eso. ¿Cómo te está funcionando tu varita nueva, Draco?

—Muy bien, es un placer usarla.

—Es muy interesante que hayas pasado de una varita de espino a una de fresno. Dice mucho, en verdad. —Garrick no quiso continuar. En vez de eso, se giró hacia Luna—. ¿Cómo te va, querida?

La triste sonrisa de Luna era aquella a la que Draco ya se había acostumbrado.

—Lista para nuevos comienzos.

Draco alcanzó a ver movimiento por el rabillo del ojo, y esa fue la única advertencia que tuvo antes de que Harry entrara al refugio. Ron y Hermione estaban a su lado, junto con Dean Thomas. Se habían detenido en la entrada, para hablar con un oficial del ministerio. Draco notó que los aurores en la parte de atrás del cuarto se habían movido, no muy sutilmente, hasta llegar a junto a él. ¿En serio pensaron que iba a atacar a Harry? Esperando que su madre no hubiera notado eso, señaló las sillas que estaban acomodadas cerca de ellos.

—Madre, Garrick, vamos a sentarnos.

—No tan deprisa, necesito hablar con Harry —dijo Garrick, haciendo un gesto con la mano. Luna miró a Draco a los ojos.

—Venga a sentarse. Estoy segura de que Harry estará aquí en solo un minuto —dijo, mientras llevaba a Garrick y a su madre hacia las sillas. Draco se dirigió, agradecido, a la parte más alejada del refugio. Los aurores lo siguieron hasta su nueva posición.

Harry miró a Malfoy en cuanto entraron al refugio. Estaba parado junto a Ollivander y Narcissa Malfoy, platicando. Mientras Hermione hablaba de negocios con el burócrata del ministerio, el moreno vio cómo Luna llevaba a Garrick y a Narcissa hacia las sillas, y Malfoy se dirigía a la esquina trasera del lugar. Harry notó, irritado, que Malfoy estaba siendo vigilado de cerca por dos aurores.

Volteó hacia el oficial del ministerio, cuyo nombre no podía recordar.

—¿Por qué hay guardias con Malfoy?

—Sólo estamos vigilándolo, para asegurarnos de que no haya problemas —dijo el oficial con facilidad—. No tiene nada de qué preocuparse, señor Potter.

Harry miró al mago, incrédulo.

—Dígales que se vayan. Él no necesita guardias. Y le aseguro que yo no necesito a alguien que me proteja de él. ¿Entendido? —dijo, tan fríamente y con tanta fuerza como pudo. Debió haber funcionado, porque el oficial palideció y se apresuró hasta llegar con los aurores, para susurrarle algo a uno de ellos. El auror miró al oficial y luego a Harry, para después encogerse de hombros. Le hizo un gesto a su compañero y ambos se alejaron. Malfoy notó que se iban y se giró para mirar a Harry. Éste le hizo un gesto breve, antes de girar y caminar hacia el grupo de sillas.

—Qué amable de tu parte, Harry —dijo Luna, sin pretender que no se había dado cuenta.

Harry se encogió de hombros y volteó para ver a Garrick.

—Señor Ollivander. Es bueno verlo con tan buena salud.

—Todo gracias a mis ángeles guardianes: tú, Luna y Draco. No había podido lograrlo sin ustedes tres. —Garrick se puso de pie con dificultad—. Es bueno verte, Harry Potter.

Harry miró a Narcissa Malfoy.

—Narcissa. Un día muy difícil para usted.

—Sí, pero también es uno que he estado esperando con ansias. Me alegra tener a mi hijo aquí, para consolarme. —Harry miró hacia donde Malfoy estaba parado. Pensó, por un breve momento, que debía ir a decirle a Malfoy que fuera a estar junto a su madre, pero sabía que la única razón por la que no estaba ahí era porque Harry estaba junto a ella.

—Necesito checar algo con los aurores afuera; ver cuándo planean comenzar —dijo Hermione.

—Iré contigo —dijo Harry con rapidez.

Narcissa Malfoy asintió.

—Díganles que todos están aquí.

Rápidamente, Harry encontró al auror Baracas. Estaba con el escuadrón de aurores, todos con sus escobas.

—Vale, tomen sus posiciones. Vamos a comenzar en unos diez minutos. —Los aurores asintieron y volaron para resguardar el perímetro de la propiedad—. Señor Potter, qué bueno que haya podido llegar. Tenemos todo preparado.

—¿Y están seguros de que el fuego será contenido? He visto lo que puede hacer —dijo Harry, mirando la mansión.

—Tenemos levantadas cinco barreras. Tres más de las que, en mi opinión, son necesarias. El fuego no debería llegar a las barreras, pero si lo hace, será contenido.

—¿Quién va a comenzarlo? —preguntó Hermione.

—Yo iba a hacerlo, a menos que usted quiera hacerlo, señor Potter.

—No, no quiero, pero creo que deberíamos preguntarle a Draco Malfoy —dijo Harry, mirando de reojo el refugio—. Es su casa. —Baracas se sorprendió por la sugerencia, pero asintió. Harry miró a Hermione, esperando que se ofreciera a ir a hablar con Malfoy, pero la chica estaba estudiando con atención la mansión—. Ahora vuelvo —dijo entre dientes.

Malfoy estaba parado junto a su madre.

—Disculpen la interrupción. ¿Puedo hablar con Malfoy? —dijo el moreno. El rubio lo miró, sorprendido.

—¿Sucede algo, Potter? —dijo, siguiendo a Harry a regañadientes, hasta afuera del refugio. El viento había disminuido un poco, pero aún había aguanieve.

—Están listos para comenzar. Quería saber si querías comenzar el Fuego Maldito. —Harry no estaba mirándolo directamente: sus ojos estaban fijos en un punto por encima del hombro de Draco.

—¿Por qué yo? —dijo Draco bruscamente. Harry volteó para mirarlo.

—Porque es tu casa, Malfoy —dijo lentamente, como si estuviera explicándoselo a un niño—. Pensé que, quizá…

—No. Gracias, pero no, no es necesario. —Draco se obligó a decir las palabras con calma—. Mi madre y yo estamos cómodos con sólo ver.

—¿Les digo que comiencen?

Draco miró el refugio.

—Creo que mi madre quería decir algunas palabras primero.

Harry asintió.

—Se los haré saber. —Caminó hacia Baracas.

Cuando Harry volvió a entrar al refugio, vio que los Malfoy estaban de pie, frente a la pequeña multitud. Ron y Hermione estaban alejados. Harry se dirigió hacia donde estaban.

—Quería agradecerles a todos ustedes por soportar este frío y deprimente día en Wiltshire. Es un día muy difícil para nosotros. Draco y yo sabemos que es incluso más difícil para ustedes. La mansión Malfoy fue su prisión y todos ustedes sufrieron dentro de sus paredes. Ambos esperamos que encuentren consuelo al saber que la magia negra y malvada, que llena los pasillos y bodegas de la mansión Malfoy, será destruida con la caída de sus paredes.

Continuó.

—Desearía poder redimirnos por el dolor que sufrieron aquí, pero no soy tan tonta como para esperar que cualquier cosa que pueda hacer sirva para tales efectos. Solo puedo esperar que el nacimiento del Centro Diggory ayude bastante para comenzar el proceso de sanación.

Narcissa le hizo un gesto a Harry, que hizo lo mismo con Baracas, ubicado afuera. El auror y su compañero levantaron sus escobas y volaron por encima de las barreras hacia la mansión. Ron, Hermione y Harry caminaron hacia la barrera.

—Espero que sean rápidos al regresar —dijo Ron, moviendo la cabeza.

—Nunca pensé que tendría que ver Fuego Maldito de nuevo —dijo Hermione, estremeciéndose. Harry la miró, mientras Ron rodeaba sus hombros con un brazo.

—¿Estás bien? —Ninguno de ellos había olvidado la tortura que Hermione había sufrido bajo la varita de Bellatrix, mientras Harry y Ron estaban atrapados en la bodega.

La chica sonrió ligeramente.

—Sí, es que una cosa es hablar acerca de quemar la mansión, y otra es hacerlo en verdad.

—Ya comenzó —dijo Ron, señalando con un dedo hacia donde una repentina ráfaga naranja había emergido de las piedras grises. Los tres vieron cómo las dos figuras volaban hacia ellos. Los aurores volaron por encima de la barrera y aterrizaron a unos metros de ellos.

—Espero nunca tener que volver a hacer eso en mi vida —dijo Baracas, negando con la cabeza—. Es asqueroso.

—Intenta estar atrapado en un cuarto de Hogwarts con él —dijo Ron—. Yo todavía tengo pesadillas.

Miraron cómo las lenguas de fuego anaranjadas aumentaban de brillo, mientras serpenteaba por dentro y alrededor de la mansión. El rugir de las llamas y el sonido de los vidrios reventándose llenaron el aire. Harry miró el refugio. Narcissa y su hijo habían salido y estaban mirando las flamas, con los brazos alrededor del otro. Harry se sorprendió cuando vio a Luna Lovegood acercarse a Malfoy por el otro lado. Rodeó con su brazo la cintura del chico, y apoyó la cabeza contra su pecho, mientras veían juntos las llamas.

—¿Qué pasa con eso? —preguntó Harry, confundido por la obvia calma y cercanía que los dos sentían. Ron y Hermione miraron hacia donde Harry miraba.

—Oh, Luna y Draco son muy buenos amigos —dijo Hermione—. Lo han sido todo el año.

—¿Luna Lunática Lovegood y Draco Malfoy son amigos? —Harry la miró, incrédulo.

—Los mejores amigos, yo diría —dijo Ron. Hermione asintió.

—¿Cómo pasó eso? —dijo, incapaz de imaginarse a los dos como amigos; casi tan improbable como una amistad entre él y Malfoy.

—Muchas cosas han pasado y cambiado desde que te fuiste —dijo Hermione—. Tienes que ponerte al corriente, si te atreves a intentarlo.

OoOoOoO

Harry se levantó de la mesa de conferencias, haciendo un esfuerzo concienzudo por no gruñir, cuando sus músculos protestaron por el movimiento. Dos semanas seguidas de práctica con los Cannons habían hecho que se diera cuenta que tendría mucho trabajo por delante para estar tan en forma como los otros miembros del equipo. Una bludger perdida lo había golpeado, mientras la práctica de esa mañana terminaba. Eso tampoco había ayudado a que su dolor mejorara.

La reunión de la junta había salido bien. La junta de la BMP se reunía en la sala de conferencias de Gringotts, hasta que la construcción del Centro Diggory estuviera completa, y acababan de votar y aceptar los bocetos arquitectónicos finales para la primera etapa del Centro.

—Potter. —Harry hizo una mueca y volteó hacia la voz, que solo podía pertenecerle a una persona—. Gracias por hacer que retiraran la orden de restricción —dijo Malfoy, ofreciéndole la mano.

Harry dudó por un momento, pero estiró su mano y estrechó la del rubio.

—Em, no hay problema. Era tonta, dado que vamos a estar juntos en las reuniones y debemos reunirnos para inspeccionar el sitio de la construcción.

—Hace las cosas un poco más fáciles, pero no tenías que hacerlo —dijo Malfoy, con un gesto.

Harry bajó la mirada hacia los papeles frente a él; se tomó su tiempo para guardarlos en su portafolios de cuero. Cuando alzó la mirada de nuevo, Malfoy ya se había ido. Simon Ward estaba caminando hacia Harry. Éste sonrió y estrechó su mano.

—Gracias por acomodar la sala de conferencias. Estoy seguro de que los duendes no estaban ansiosos por recibirme aquí regularmente.

Simon rio.

—Me costó un poco de trabajo pero valió la pena. Se están beneficiando por las donaciones a la BMP, que comienzan a llegar, así que estuvieron dispuestos a entrar en razón.

—Es bueno ver que el mundo mágico está aceptando la idea. Ayuda a garantizar el éxito.

—Bueno, creo que el éxito claramente va a ser gracias por ti y Draco. Creo que todo el mundo está fascinado con ustedes dos.

Harry sintió una oleada de ira, que rápidamente reprimió.

—No hay nada entre nosotros, nada por lo que pudieran estar fascinados. Sólo estamos de acuerdo en que hay una necesidad para el Centro. Esa es la misma razón por la que tú aceptaste estar en la junta directiva.

—No es lo mismo y lo sabes; en especial, después de la fotografía en El Profeta.

Harry hizo una mueca y asintió. De algún modo, un fotógrafo se había colado en el refugio en Wiltshire, y había capturado el breve momento en el que Malfoy y él habían hablado. Se había especulado mucho acerca de ese encuentro.

Harry vio la hora.

—Necesito irme. Gusto en verte, Simon.

OoOoOoO

Harry cerró la puerta de la pequeña casa de campo que había rentado en Devon. La mayoría de los jugadores de los Cannons compartían vivienda, para llegar a fin de mes. Harry sabía que ellos lo creían distante, por no vivir con alguien, pero con su disfraz, no era capaz de tener un compañero de cuarto. Incluso sin esa consideración, después de años de compartir dormitorio con cinco chicos, o de vivir en una tienda con Ron y Hermione o con cuidadores de dragones, el privilegio de relajarse al final del día en un lugar que él podía definir como "suyo" no era algo a lo que iba a renunciar.

Harry miró las casi vacías habitaciones. La casa había venido con solo lo mínimo de muebles. Hermione y Ginny habían rodado los ojos cuando lo vieron por primera vez.

—Tienes que hacer algo con esto, Harry —había dicho Hermione—. Pon una bandera de Gryffindor. Vuélvelo tu hogar.

Harry se había encogido de hombros y no había pensado mucho en ello. Era extraño pensar en ese lugar como su hogar; no era más hogar para él que Grimmauld Place, o la yurta en las montañas. Solo eran paradas temporales, antes de que su vida lo obligara a mudarse.

La madre de Ron había sido más de ayuda.

—Si vas a estar viviendo por tu cuenta, vas a tener que aprender a cocinar. —Había insistido en que el moreno la ayudara en la Madriguera por una semana, antes de permitirle mudarse a Devon. La última noche, él había preparado la cena entera, bajo su mirada vigilante. Cuando se lamentó de ello con George (mientras pelaban patatas), el chico sólo había negado con la cabeza.

—Es el precio que debes pagar por ser un Weasley. Nos hizo lo mismo a Fred y a mí, cuando nos mudamos.

Harry notó que George decía el nombre de su hermano con facilidad, sin la vacilación que había tenido durante su última visita. Fue solo hasta que la mujer estuvo segura de que no moriría de hambre que lo dejó mudarse a la casa de campo. Su regalo de bienvenida fue un conjunto completo de cacerolas y sartenes.

Harry fue a la cocina y sacó los ingredientes para la cena. No le había dicho a Molly, mientras le daba lecciones, que él, en otra vida, había cocinado muchas veces para los Dursley. Molly le enseñó hechizos y atajos que nunca habría imaginado a los diez años. Se encontró a sí mismo usando preparaciones muggles y mágicas, y la cocina era, fácilmente, el mejor cuarto en la casa. En especial, ahora que los narcisos comenzaban a florecer, pensó, mientras miraba hacia el pequeño jardín por la ventana. Más allá, podía ver la vasta naturaleza del Parque Nacional Dartmoor. Aún había puntos con nieve por el suelo y cubriendo los altos páramos. Neville le había prometido que iría a visitarlo, para ayudarlo con los jardines, durante las vacaciones de Pascua.

Por ahora, tenía que enfocarse en el siguiente juego, que estaba a sólo una semana. Como todos los miembros del equipo eran nuevos, todavía estaban aprendiendo a trabajar juntos como equipo. Harry esperaba que comenzaran a hacer clic, o los Chudley Cannons estaban condenados a continuar su racha de pérdidas.

OoOoOoO

Marzo se volvió abril, y la construcción del Centro Diggory iba la mar de bien. La junta de la Fundación estaba visitando el sitio de construcción para checar el progreso. Harry nunca había visto cómo se construía un edificio usando métodos mágicos, y estaba fascinado. Las paredes ya habían sido erigidas y el techo estaría completo para el fin de semana. El encargado, un mago grande y corpulento de York, esperaba tener las paredes interiores terminadas para fin de mes. Además, los cuatro edificios adicionales estaban siendo construidos. Éstos darían alojamiento para el personal y los huéspedes: las familias que visitarían a los residentes de largo plazo.

Harry se encontró a sí mismo mirando a Malfoy. Se había alejado del grupo y estaba parado junto a un gran roble, mirando el campo. Maldiciéndose mientras lo hacía, no pudo evitar dirigirse hacia él. Malfoy lo miró pero no dijo nada, cuando Harry se detuvo junto a él. Harry vaciló; necesitaba, quería hacerle la pregunta que había estado molestándolo desde enero.

Murmurando blasfemias, Harry decidió terminar con ello de una vez.

—Leí las cartas de Diggory. —Malfoy se sorprendió un poco pero no dijo nada, solo asintió y siguió mirando hacia el campo—. Hermione dijo que tú también las habías leído.

—Sí, me las prestó el semestre pasado —dijo Malfoy, por fin. Su voz se oía plana y sin emociones.

Harry no sabía qué pensar de la reticencia del rubio a hablar, pero ahora que finalmente había reunido el valor para preguntar, no iba a detenerse.

—Ahora tiene más sentido, lo del Centro. Quiero decir, el aprender más acerca de Cedric Diggory, el tipo de hombre que era, hace que el Centro tenga más sentido.

—Era un buen hombre, un buen amigo. —Malfoy miró a Harry, obviamente preguntándose qué quería.

—Ya sabía eso, por hablar con Simon, pero es diferente leer sus cartas. Se puede ver cuánto se preocupaba por… las personas. —Harry casi dijo "nosotros", pero se detuvo a tiempo—. Se puede ver con facilidad cómo habría querido ser parte del Centro, de haber vivido.

—Quería ser un sanador de la mente; ayudar a otros.

Harry asintió. Estaba haciendo tiempo; aún no había preguntado lo que quería, pero sabía que si lo hacía, abriría una puerta que quería dejar firmemente cerrada. Pero solo había una persona que le diría la respuesta. Hermione y Ron se habían rehusado.

Se giró, dispuesto a irse, pero se forzó a detenerse.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Malfoy giró para encararlo. Sus grises ojos estaban oscuros, y su rostro, cuidadosamente quieto.

—Si puedo contestarla, lo haré.

—Diggory escribió que tú me pediste hacer algo, ayudarte con algo que era arriesgado. No dice qué era.

El rubio lo miró y luego apartó la mirada.

—No lo puso por escrito porque lo que te pedí hacer era ilegal.

Harry no se había esperado eso.

—¿¡Qué!? ¿A qué te refieres con ilegal?

—No fue robar huevos de dragón o algo por el estilo. —Malfoy respiró profundamente—. Necesitaba ayuda para aprender a repeler la maldición imperius. Tú accediste a ayudarme. Cedric aceptó supervisarnos para que no te metieras en problemas.

Harry no estaba seguro de cómo reaccionar. Ninguna de las posibles cosas que había pensado había involucrado alguna maldición imperdonable.

—¿Te refieres a que… en verdad utilicé la imperius contigo?

Malfoy asintió.

—Tres veces en total, en tres sesiones diferentes, durante seis semanas, más o menos.

—¿Por qué necesitabas saber cómo repeler la maldición y por qué dije que sí? —Harry aún intentaba procesar la idea—. La única razón por la que podrías haber necesitado saberlo es si alguien estaba usándola contigo.

—Ésa es más de una pregunta. —La voz de Malfoy se había vuelto dura. Harry lo miró con los ojos entrecerrados.

—Discúlpame por querer saber qué jodidos hice con mi propia vida —dijo Harry, enojado, y dio la vuelta.

Escuchó a Malfoy maldecir pero siguió caminando. Malfoy lo agarró del brazo, lo detuvo y comenzó a hablar, apurado.

—Lo lamento. Eso fue injustificable de mi parte. Tienes razón. Pregunta lo que quieras. —Respiró profundamente—. No es algo de lo que pueda hablar con facilidad. Necesitaba aprender a repeler la maldición imperius porque mi padre la usaba conmigo mientras estaba en casa, cuando estaba aquí… —Hizo un gesto hacia donde había estado la mansión—. Lo había hecho por años. Yo tenía catorce años y estaba desesperado por detenerlo. Después de tu demostración en la clase de Moody, te pedí que me ayudaras. —Malfoy estaba hablando con prisa, obviamente temeroso de que Harry se alejara antes de terminar—. Tú ya eras amigo de Cedric y así es como él se involucró. ¿Por qué accediste a hacerlo? Lo único que puedo decirte es lo que tú nos dijiste, a Cedric y a mí, cuando él te lo preguntó. Dijiste que sí porque, si yo estaba dispuesto a pedir tu ayuda, debía significar que necesitaba saberlo por una razón muy buena, o no lo habría considerado.

—En la oficina de Kingsley, mencionaste a dos personas ese día. ¿Éramos Cedric y yo?

—Sí.

Harry asintió y se alejó con velocidad, sin decir otra palabra.

OoOoOoO

Draco vio cómo Harry se alejaba, y solo hasta que el moreno hubo desaparecido al dar la vuelta al edificio parcialmente construido, se permitió apoyarse contra el árbol y dejarse caer sobre el suelo, pues sus piernas ya no lo sostenían. Harry haciendo preguntas, hablando con él acerca de lo que había pasado, lo había tomado tan desprevenido que apenas había sido capaz de respirar. Y luego, casi lo arruinaba, sin querer hacerlo. La necesidad de proteger sus secretos más oscuros era tan automática que le había contestado con brusquedad sin pensarlo.

Se había separado del grupo para alejarse de Harry. Draco no sabía cómo iba a poder pasar las siguientes reuniones y los recorridos por el sitio, cuando lo único que quería era quitar la tira de cuero del cabello de Harry y ver si era tan suave como lo recordaba. Lo he ayudaba el hecho de que Harry estuviera haciendo quien sabe qué cosa para mantenerse increíblemente en forma. Hoy, llevaba una camisa de mezclilla, que no había abotonado por completo, o siquiera metido en sus pantalones muggles. Y las mismas botas de piel de dragón que había llevado en Navidad. Draco había deseado que se hubiera puesto una túnica de mago, como todos los demás, para no haber tratado de mirar el trasero del Elegido, mientras el encargado señalaba el progreso que había habido desde la última visita.

Y luego, que Harry lo buscara y comenzara a preguntar acerca de Cedric y cómo habían comenzado a verse… nunca pensó que Harry le llegara a hablar por voluntad propia, mucho menos hacer preguntas. El rubio apoyó su cabeza contra el tronco, mirando sin ver hacia el campo de Wiltshire. Tendría que hablar con McCain, para saber qué debía hacer, cómo debía manejar ese nuevo progreso. Por más reticente que había estado al comenzar las sesiones de terapia, había llegado a apoyarse en ellas. No estaba seguro de cómo habría logrado salir adelante los últimos siete meses sin ellas.

OoOoOoO

Harry se apareció en el cuarto frontal de la casa de campo e inmediatamente buscó algo para romper. Maldito. Imbécil. Idiota. Los ojos de Harry se posaron en el florero que Ginny le había regalado al mudarse y, con un movimiento de su dedo, se elevó y se estrelló contra la pared. Miró alrededor, buscando algo más, y maldijo. El lugar estaba tan vacío que ni siquiera podía romper algo. Abrió la puerta, dispuesto a salir, a hacer algo. Chocó con alguien con un "umpff". Se fijó y vio a Simon Ward, retrocediendo.

Harry se obligó a cerrar los ojos y contar hasta diez, antes de decir algo de lo que podría arrepentirse. Cuando los abrió, Simon seguía ahí, alzando las manos en posición defensiva.

—Solo hazme saber si quieres que me vaya.

—¿Qué estás haciendo aquí, Simon? ¿Cómo supiste…?

—Hermione sugirió; bueno, me pidió que viniera. Tenía que regresar a Hogwarts.

Harry entrecerró los ojos. Seguían en la entrada; aún no había invitado al otro mago a entrar.

—¿Por qué quería que vinieras?

—Ella te vio, bueno, ambos te vimos hablando con Draco; luego, te fuiste. Temía que tú fueras a… —La voz del mago se apagó. Claramente, estaba avergonzado y no sabía qué debía decir.

—Que Merlín me salve de esa bruja. Me alegra tanto que sea de Ron y no mía —dijo Harry, quitándose los lentes y apretándose el puente de la nariz—. ¿Te dijo dónde vivo?

—Me temo que sí —dijo Simon—. No te preocupes, tengo una muy mala memoria. Me iré.

—No, quédate. Nos haré algo de comer. —Harry giró abruptamente y volvió a entrar a la casa, dejando la puerta abierta. Simon dudó por un momento, para luego entrar, cerrando la puerta detrás de él. Siguió el sonido de las puertas de la alacena, siendo manipuladas con brusquedad, en la cocina.

Se quedó en el umbral. Harry ya había sacado huevos, mantequilla, champiñones y cebollas.

—No tienes que cocinar.

—De hecho, sí tengo. No hay ningún árbol por aquí. ¿Te gustan los omelets?

Simon miró al moreno, mientras éste comenzaba a romper los huevos y los vaciaba en un tazón; era obvio que no esperaba una respuesta.

—Los omelets están bien. ¿Me puedes explicar el comentario de los árboles?

Harry rio. Miró a Simon, mientras se sonrojaba un poco.

—Iba a salir y cortar un árbol, pero olvidé donde estaba. Hay muy pocos árboles por aquí, como para desperdiciarlos al cortar uno.

Simon sonrió y negó con la cabeza.

—Intuyo que así descargabas tu ira en Rumania.

Harry asintió, sin molestarse en contestar, mientras elegía un cuchillo y comenzaba a rebanar los champiñones y las cebollas.

—No hay árboles. No hay cosas para romper. Entonces, la siguiente mejor opción en Devon es cocinar.

—¿Quieres hablar mientras cocinas? —Simon preguntó, dudoso—. Es obvio que hablar con Draco te molestó bastante.

—¿Qué tan bueno eres con el Reparo? —preguntó Harry, mientras ponía mantequilla en una sartén.

—Lo suficiente como para salirme con la mía al soltar una bludger en casa, sin que mi abuela supiera que había roto su preciada porcelana.

—¿Podrías reparar el florero que rompí en el otro cuarto? Ginny me lo dio. No quiero que se lo tome personal si llega a venir. —Simon rio y fue al otro cuarto, para hacer lo que le pedía.

Al regresar a la cocina, Simon dijo:

—Deberías juntar muchas cosas para romper, así no te desquitarías con las cosas que en verdad te gustan.

—Esa es una buena idea —dijo Harry, sorprendido. Estaba salteando los vegetales en la mantequilla, moviéndolos con una espátula—. Hay vino por allá, sírvete. —El otro mago localizó la botella y sacó dos copas. Al servir el vino, puso una de ellas junto a Harry.

—¿Siempre cocinas muggle? —preguntó con curiosidad.

Harry miró la espátula en su mano.

—Más y más. Supongo que sí. Excepto al fregar ollas y al hacer tareas desastrosas. Así es como aprendí a cocinar. Molly, la mamá de Ron, me enseñó cocina mágica, pero creo que es más fácil hacer lo que siempre he sabido, en vez de pensar cómo hacerlo con magia.

Harry sacó los vegetales de la sartén y tomó el tazón con los huevos batidos. Checando la temperatura de la sartén, vertió la mitad de la mezcla.

—¿No vas a preguntarme acerca de Malfoy?

—No. Supuse que, si querías hacerlo, me contarías. De otro modo, Hermione me ordenó asegurarme de que no hicieras estallar nada.

Harry rio mientras movía la sartén, esparciendo uniformemente la mezcla.

—¿Y cómo, exactamente, planeabas detenerme?

—No estaba muy seguro. De hecho, esperaba esperando que lo hubiera dicho figurativamente, en vez de literalmente. —Miró cómo Harry ponía los vegetales salteados en el centro del omelet—. Pero, después de ver tu expresión al salir de la casa, entendí que lo había dicho en serio.

—Sí, es probable —murmuró Harry. Metió la espátula debajo del omelet y movió los lados cuidadosamente, hacia el centro. Después, deslizó el omelet terminado en un plato templado, para luego comenzar a preparar el siguiente.

—Me conocen por despotricar mucho —dijo Harry, levantando su copa y dándole un trago—. Pero me he vuelto mejor para controlarme.

—¿De qué modo? —Simon lo miró, con la cabeza de lado.

—Tuve que hacerlo en Rumania. Cuando me molesto en verdad, mi magia comienza a elevarse y las cosas, em, explotan. Eso puede ser realmente malo cuando estás trabajando con dragones. La magia los altera, y la magia descontrolada los vuelve locos. No deseaba matar a mis compañeros, así que tuve que aprender a controlarla. Charlie me ayudó mucho con ello.

Harry tomó una hogaza de pan, que estaba en la caja de la barra, y cortó dos rebanadas gruesas, untándoles mantequilla. Terminó el segundo omelet y lo puso en otro plato, acomodó el pan y le dio un plato a Simon. Tomó su copa y señaló con la cabeza hacia la puerta de atrás. Ésta se abrió y el moreno salió, esperando que Simon lo siguiera.

Simon se encontró sentándose en una pequeña mesa en el jardín. Había una barda de piedra rodeando el jardín, con vista a Dartmoor. El páramo era de un vibrante verde, pues la primavera hacía que el suelo cobrara vida. A la distancia, las ovejas adornaban el paisaje.

—Gracias por cocinar.

Harry le restó importancia con un gesto y dijo:

—Es lo menos que podía hacer, considerando que estabas dispuesto a soportarme. —Tomó un pedazo del omelet—. Supongo que te debo una explicación.

Simon negó con la cabeza.

—No te sientas obligado, pero si quieres hablar estaré encantado de escucharte.

—Le pregunté a Malfoy acerca de algo en las cartas. Necesitaba saber qué favor me había pedido, al principio de cuarto año. Cedric no dijo qué era.

—¿Te respondió?

Harry dudó pero asintió.

—Me contó acerca de la maldición imperius. Que quería repelerla.

—¿Y eso te molestó?

Harry aventó su tenedor hacia el plato, sin pretender que comía. Levantó su copa de vino, girándola entre sus dedos.

—Respondió mis preguntas. Fue un poco imbécil al principio, pero supongo que eso fue porque estaba en shock, porque le estaba hablando. Estoy molesto conmigo mismo, más que con él. No debería haber hablado con él.

—¿Por qué no?

—Pensé que si podía entender esa pieza, sería suficiente y podría continuar mi camino. Pero solo me lleva a más preguntas. No quería saber nada, pero no puedo evitar obsesionarme por ello.

—Y, ahora que Draco contestó tu pregunta, ¿puedes dejar de obsesionarte? ¿Estás satisfecho?

Harry se apoyó contra el respaldo de la silla.

—Ese es el problema. No lo estoy. Ahora sé qué me pidió hacer, y de hecho puedo verme a mí mismo accediendo a algo como eso. Estúpido y de catorce años, usando la imperius con un compañero. Habría tomado ese riesgo.

—¿Pero ahora quieres saber cómo llegaste de un punto a otro? —Harry asintió. Simon dudó, para luego hablar—. Hay algo que no está en las cartas. Cedric me lo dijo en persona. Cuando usas la imperius con alguien, puedes sentir las emociones del sujeto.

—¿En serio? ¿Puedes saber lo que están pensando?

—No, sólo lo que están sintiendo. Hambre, miedo, felicidad, etcétera. —Simon miró a Harry.

—¿Y otras emociones? —dijo el moreno—. Entonces, estás sugiriendo… Cuando la utilicé con Malfoy, pude haber captado algo que estuviera pensando…

—Sólo estoy adivinando. Tratar de adivinar si alguien está interesado en ti ya es difícil, en especial si tienes catorce y no sabes si ese alguien es gay. Es posible que la conexión de la imperius hiciera que te dieras cuenta de que Draco era gay y estaba… interesado.

—Sabía que no debía haber hablado con él hoy. —Harry negó con la cabeza—. Todo esto está demasiado jodido.

—¿Qué temes que suceda si aprendes más?

—La mitad de mí quiere saber exactamente lo que pasó, todo. Pero estoy aterrado al mismo tiempo. No nos conociste en la escuela. Nos odiábamos. Y descubrir que en realidad no nos odiábamos, que por dos años todo había sido un acto… No es como si hubiera estado en un accidente y hubiera despertado sin recuerdos. Él decidió eliminar esos recuerdos. Él me hizo esto.

—Bajo una gran presión.

—Vale, acepto eso.

—¿Se te ha ocurrido que intentar entender esto es más de lo que puedes hacer por ti mismo? —preguntó Simon.

—¿Qué quieres decir?

—Lo que quiero decir es: ¿para qué crees que estamos construyendo el Centro Diggory? Para ayudar a la gente a recuperarse de la guerra. ¿En serio crees que deberías ser capaz de superar semejante trauma tú solo?

—No puedo ver a un terapeuta —dijo Harry rotundamente.

—¿Por qué no?

—Porque me encerrarían en la sala Thickey antes de que tuviera tiempo para exhalar —dijo Harry, moviendo la cabeza—. ¿Tienes idea de lo fregado que estoy?

Simon rio.

—Si eres capaz de hacer esa pregunta, no puede ser tan malo como crees.

Harry rio de nuevo.

—Mi novio me borró la memoria y el hombre en el que más confiaba en el mundo me dio una poción de amor. Quedé perdidamente enamorado de una chica genial, solo para enterarme que todo fue una mentira. Y me enviaron a morir por el bien mayor. Además, soy responsable de haber matado al mago más tenebroso del último siglo.

—Tienes razón, te encerrarían al instante.

Harry echó la cabeza para atrás y soltó una risotada.

—Merlín, ¿puedes imaginártelo? Soy el sueño húmedo de cualquier terapeuta; podrían escribir tesis acerca de mí por décadas.

—¿Cómo es que sigues de pie y caminando por ahí?

—Es por ello que me fui en septiembre. Gracias a Godric por Charlie Weasley. No lo habría logrado sin él.

Simon lo miró con atención.

—Lo mencionaste antes. ¿Te ayudó?

Harry asintió.

—Charlie me ayudó a superarlo, pero no se lo puse fácil. Peleé con él a cada paso.

—¿Pelearon? —Simon lo miró con sorpresa.

—Diablos, sí. No me dejaba salirme con la mía. Me obligó a dejar de sentir lástima por mí mismo. Y el campamento de dragones no es para los débiles de espíritu. Yo no era el único que tenía problemas. Casi todos allá tienen una historia, algo que están tratando de evitar, o una realidad de la que están tratando de escapar. Peleé con Charlie y con cualquier otro solamente para dejar de pensar en todo lo que había pasado.

—¿Qué te hizo regresar?

—Ya era tiempo. Él lo sabía, yo lo sabía. Cuando me ofrecieron jugar, parecía que el destino me estaba llevando de vuelta a Inglaterra —dijo Harry.

—¿Te ofrecieron jugar? —preguntó Simon—. ¿Jugar a qué? —Preguntó mientras jugaba con su copa de vino, sin mirar a Harry a los ojos.

—¿No sigues el Quidditch?

Simon rio, sonrojándose un poco.

—Puede que haya notado que el nuevo buscador de los Cannons se parece mucho al glamour que llevabas en Navidad. No quería decir nada, supuse que querrías que se mantuviera en secreto.

Harry se encogió de hombros.

—Muy poca gente lo sabe. Supuse que reconocerías mi glamour.

—Tu secreto está a salvo conmigo. Pero no nos desviemos del tema de la noche. ¿Qué es lo peor que podría pasar si te sentaras y hablaras con Draco acerca de su relación?

—Descubriría todo lo que perdí. Quiero odiar a Malfoy. No puedo bajar la guardia.

—¿Por qué no?

—¿Llegaste a conocer a Ojoloco Moody? —Simon negó con la cabeza—. Tenía un dicho: "Alerta permanente". Una y otra vez, nos lo recordaba. Y mira lo que pasó cuando yo no estuve alerta.

—Eran tiempos de guerra. Y todo terminó, gracias a ti. Necesitas encontrar la forma de superar lo que pasó.

Harry negó con la cabeza.

—Veo a Malfoy durante las reuniones, lo escucho. No es el mismo que conocí en la escuela. No es el mismo que recuerdo. Este Malfoy es tranquilo, respeta a los otros, los escucha y hace preguntas. Quiero saber lo que le pasó al bastardo arrogante.

—Tienes que preguntarle eso a él, volver a aprender quién es…

—Nunca.

—¿Por qué no?

—¿Y si me agrada? ¿Y si este nuevo Malfoy me agrada? —dijo Harry en voz baja. Se puso de pie, movió la mano y los platos levitaron y lo siguieron, mientras entraba a la casa. Simon suspiró y se puso de pie, para seguirlo.

—¿Te agrada? —preguntó, mientras entraban a la sala de estar. Harry señaló el sillón, mientras él se sentaba en uno de butaca. Apuntó a la chimenea con la varita y el fuego rugió, quitando lentamente el frío del cuarto.

—No importa. Nunca podré confiar en él.

—Comenzaste el Centro Diggory con él. Puedes confiar en él cuando se trata de eso.

Harry negó con la cabeza.

—Eso es diferente. El Centro, lo entiendo. Se trata de ayudar a otros. Confío en Narcissa. Tenemos un buen grupo en la junta. No confío en Malfoy a nivel personal.

—Te traicionó una vez, y no puedes tomar ese riesgo de nuevo, ¿verdad?

—Exacto.

—Hablar con él no implica que estés obligado. No necesitas…

—No confío en mí mismo. Claramente, soy un idiota cuando se trata de juzgar a las personas…

—Eso no es verdad. Mira a Ron y Hermione, o a todos los Weasley. Son buenas personas.

—Cierto. Y casi destruyo a la familia completa. Fred ya no está y Bill tendrá cicatrices de por vida.

—Y Ron me dijo que salvaste las vidas de su padre y de Ginny.

Harry se encogió de hombros.

—De no haber sido por mí, sus vidas nunca habrían estado en riesgo.

—Parece que necesitamos que Charlie vuelva y te obligue a dejar de sentir lástima. —Simon puso su mano en puño—. Me temo que yo nunca fui tan bueno para pelear.

Harry sonrió y negó con la cabeza.

—En definitiva, necesito algo. Además, el aniversario está a la vuelta de la esquina. He estado obsesionándome mucho con eso. Necesito enfocarme en el entrenamiento, en algo más aparte del dos de mayo.

—¿Vas a ir a la Ceremonia de Remembranza?

Harry suspiró.

—No quiero hacerlo, pero se los debo a los Weasley. Y a Teddy, mi ahijado. La simple idea de poner un pie en Hogwarts hace que mi estómago se revuelva.

—¿Vas a ir disfrazado?

—No. Hermione me regañó cuando lo sugerí. "El mundo mágico" —Hizo comillas en el aire—. "Necesita verme".

—Eso es verdad —dijo Simon—. Cuando hablaste el año pasado tuviste un gran impacto.

—Pero fueron solo mentiras. Lo creía en ese momento, pero eran mentiras. ¿Qué dije? Algo acerca de que Dumbledore sabía que el arma más poderosa que yo tenía era el amor. El amor había vencido a Voldemort. Cuánta mierda fue eso. No fue amor, fue suerte que Voldemort muriera y yo no.

Simon negó con la cabeza.

—Yo estuve ahí. Escuché tu discurso. Recuerdo que pensé cuán orgulloso de ti habría estado Cedric. No fue suerte. Y no creo que puedas decir que no fue por el amor. Dumbledore te amaba. Quería proveerte de cada arma posible, incluso si estuvo mal que te diera la poción. Draco te amaba. Intentó salvarte, haciendo que tu amor por él no fuera utilizado como un arma. Fue su amor por ti lo que…

—Destruyó todo lo que yo creía que era verdad —dijo Harry amargamente.

Simon asintió.

—Sí, pero no puedes estar seguro de que no funcionó. No tenemos un giratiempo para regresar y hacer que todas esas cosas no te ocurran, y así ver cuál habría sido el resultado.

—No puedes estar diciendo que estaban justificados. —Harry estaba hablando lenta y deliberadamente. Simon podía sentir su ira. Las llamas en la chimenea rugieron, subiendo por el conducto superior.

—Claro que no. Pero…

—¿Pero estuvo bien porque estábamos en guerra y la vida de muchas personas estaba en peligro? —Harry negó con la cabeza. Respiró profundamente varias veces, calmándose—. No me lo creo. Podré gemir y llorar todo lo que quiera, pero a final de cuentas no importa. Lo que se hizo no puede deshacerse.

—Es verdad —dijo Simon, aliviado de que el fuego comenzara a calmarse—. ¿Qué quieres para tu futuro?

Harry rio.

—Recuerdo que durante ese mayo, justo después de que todo hubo pasado, me quejé con Aberforth Dumbledore acerca de que quería una vida normal. Me dijo que debía poner los pies en la tierra. Nuestras vidas son lo que nosotros hacemos con ellas. Y eso ha sido lo que he estado intentando hacer: crearme una nueva vida.

—¿Puedes crear una nueva vida sin entender la anterior?

—No lo sé. Pero va a atormentarme de un modo u otro, ¿no es cierto?

OoOoOoO

Fue el último día de abril cuando Hermione fue sorprendida por Draco, cuando éste puso un delgado cuaderno de cuero junto a ella.

—¿Qué es eso?

Draco miró alrededor, para asegurarse de que nadie pudiera escucharlos.

—Mi diario de cuarto año.

Hermione lo miró con sorpresa.

—¿Y por qué me lo estás mostrando?

—Harry me preguntó algo acerca de las cartas de Diggory. Pensé, y McCain lo pensó también, que quizá necesite saber más, que quiera saber más.

—¿En serio te preguntó? —preguntó Hermione—. Ha estado intentando hacer que le cuente por los últimos dos meses.

—¿En serio? ¿Y te rehusaste? —Fue el turno de Draco de sorprenderse.

Hermione asintió.

—Pensé que, si en verdad quería saber, te preguntaría.

—Gryffindors, nunca los entenderé —dijo Draco, negando con la cabeza. Empujó el cuaderno hacia ella—. Saca tu varita.

Hermione lo miró y una expresión de comprensión cubrió su rostro. Juntos tocaron el cuaderno, y el delgado objeto triplicó su volumen; las páginas estaban desgastadas y la cubierta mostraba que había sido usado bastante.

—Ya está acomodado para la varita de Harry, y ahora la tuya. Si sientes la necesidad de leerlo para asegurarte de que está bien que él lo lea, lo entenderé. Pero… —Un fuerte rubor cubrió las mejillas de Draco, contrastando con su palidez.

—¿Pero es el diario de un chico de catorce años a la mitad de su primera relación? —dijo Hermione, riendo.

—Bueno, en definitiva eso, y me temo que era bastante liberal con mis opiniones acerca de los nacidos de muggles, por lo que no era tan…

—Ah, ya veo. Creo que nos ahorraré la vergüenza de leerlo a ambos. —Miró el diario y se lo regresó a Draco con lentitud—. ¿Por qué no se lo das tú? Estará aquí para la Ceremonia de Remembranza.

—No puedo, él no… —Draco balbuceó, algo raro en él, mientras las ideas pasaban con rapidez por su cabeza—. ¿En verdad va a venir para la ceremonia?

Hermione asintió.

—No se ha decidido aún, pero creo que sí, vendrá. Por el bien de Teddy y los Weasley. No hablará en la ceremonia. Shacklebolt ha tratado de convencerlo, pero no quiere considerarlo.

—Pero habló el año pasado. —Draco ya había sido arrestado para entonces, pero había leído el discurso de Harry en El Profeta. Se había sorprendido al ver que Harry, que siempre tenía problemas para encontrar las palabras correctas, había sido capaz de dar un discurso tan conmovedor.

—Sí, así es. Pero mucho ha cambiado desde entonces. —Hermione se mordió el labio—. Dice que el discurso del año pasado estaba basado en las mentiras de Dumbledore. Puede que haya tenido progresos al procesar lo que pasó entre ustedes, pero no ha dicho siquiera una palabra acerca de Dumbledore.

Draco la miró.

—¿A qué te refieres? ¿No ha hablado acerca de él para nada?

Hermione asintió.

—Se negó a leer la carta que Dumbledore le dejó, se negó a hablar con su retrato. Incluso venir a Hogwarts va a ser muy difícil para él. —La chica suspiró—. Es por eso que me alegro que cambie de opinión acerca de ti, aunque sea lentamente.

Draco entrecerró los ojos.

—¿A qué te refieres con "cambiar de opinión"?

—Bueno, hace seis meses no habría sugerido que le dieras el diario, lo habría quemado sin parpadear. Ahora, ya puede mencionarte sin hacer una mueca, y ha dejado de llamarte "el Slytherin". Y habló contigo la semana pasada en Wiltshire.

—Yo no llamaría a eso un avance —dijo Draco—. ¿Cómo sabes que no quemará el diario ahora?

—Porque su curiosidad comienza a afectarle; quiere saber más. No puedes obligarlo a hablar contigo. El que le des el diario puede ayudar a que por fin se abra. A que esté dispuesto a hablar acerca de esto.

Draco negó con la cabeza, con el rostro tenso.

—Creo que, al final, nada puede ayudar. Siempre me odiará. Cuando estuvimos hablando en Wiltshire, dijo algo acerca de querer entender lo que había pasado con su propia vida. Si esto le ayuda a entender lo que pasó, entonces quiero que lo tenga.

OoOoOoO

¡Háganme saber qué les pareció el capítulo! Si quieren leer el discurso completo de Harry, del que él y Simon hablan, está en el último capítulo de mi historia "Day After" (el capítulo se llama "Last Dragon") (1)


(1) "Day After" es "Día Después"; "Last Dragon" es "Último Dragón"


Notas finales:

Disculpen ustedes, pero este Harry tan necio y testarudo comienza a desesperarme… Lo hizo cuando lo leí por primera vez y vuelve a hacerlo ahora… Pero no se preocupen, pronto lo volveremos a amar.

Y, bueno, me desesperé un poco con los "¿Por qué no?"… ¡O sea, Simon lo dice 4 veces! Pero qué se le va a hacer…

Vale, ya, los leo luego…

Adigium21