Notas de la autora:
¡Tengo una Beta! ¡Muchas, muchas gracias a Kristine Thorne por checar los capítulos! Me ahorró mucho tiempo y me ha permitido actualizar esta noche y trabajar más en el siguiente capítulo.
Notas del traductor:
No tengo perdón de Merlín… ¡DOS semanas sin actualizar! Ustedes disculparán…
Gracias a AnnieSly, Princes-Slash, lm023, , xonyaa11, Patzz75, SARAHI, toxica666, Violet Stwy, catzeruf, Lunatica Dark, Acantha-27, mixhii, Silvers Astoria Malfoy, miredraco, HeartSun, bess20, my dilema, Meliza Malfoy, jessyriddle y Oduvanchik Dandelion por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores…
En este capítulo aparece Fleur; su forma de hablar siempre me ha resultado un poco difícil de comprender al leerla, por lo que al escribirla no fue más sencillo… Espero no les incomode.
Ah, y tengo algo que decir: Acabo de enterarme del accidente que hubo en España… No tengo el gusto de conocer a ningún español personalmente, solo por la red. De corazón, espero que todos los que me honran con leer esto, allá en el viejo continente, se encuentren con bien.
Bueno, eso es todo…
El cielo estaba de un brillante azul cuando Harry caminó por el sendero que llevaba a la casa de los Tonks. Andrómeda abrió la puerta antes de que pudiera tocar, a pesar de que había llegado temprano. El chico se inclinó hacia delante y le dio un beso en la mejilla.
—¿Cómo va con todo? —preguntó con gentileza.
—Tan bien como era de esperarse. Teddy estuvo inquieto toda la noche, lo que fue bueno. Me mantuvo ocupada, en vez pensando en hoy.
Harry asintió, entendiendo, mientras entraba a la casa. Narcissa Malfoy estaba sentada en la cocina, vestida con una túnica formal, así como Harry. El chico se movió hacia ella y besó la mano que la mujer le ofreció, agradecido de que hubiera hecho el gesto. Hoy, de todos los días, no estaba seguro de cómo saludar a la mujer que le había salvado la vida exactamente un año atrás.
—Narcissa, se ve bien. —Por fin había aceptado la invitación de llamarla por su nombre, después de meses de verla en la casa de Andrómeda.
—Amable como siempre, Harry. —Su atención se desvió del otro cuando el pequeño Teddy, de quince meses de edad, entró al cuarto, dando sus primeros pasos. Llevaba el cabello de color verde brillante esta mañana. Se parecía mucho a su madre, pero Harry siempre podía ver una pequeña parte de Lupin en el niño, cuando se concentraba en un juguete o un objeto.
—¡'ARRY, ARRY! —gritó el niño, levantando los brazos. Harry rio y alzó al niño, arrojándolo por los aires y atrapándolo, haciendo que el pequeño soltara una carcajada.
—Claro, reserva sus risas para ti —dijo Andrómeda, negando con la cabeza.
Harry sonrió.
—Estoy seguro de que se ríe para usted; de otro modo, me lo habría mandado a Devon… —Se interrumpió, maldiciendo para sí mismo. Andrómeda sabía dónde vivía Harry, pero el chico no quería que Narcissa se enterara.
Ella le sonrió con tristeza.
—No tienes nada que temer. He estado caminando por la cuerda floja por meses; estoy acostumbrada a ello. —Harry le sonrió con agradecimiento, mientras bajaba a Teddy al suelo.
—Entonces, ¿estamos listos? —preguntó Andrómeda, tomando la pañalera y las provisiones que necesitaría para Teddy. Harry asintió.
—Le dije a los Weasley que nos viéramos en el Cabeza de Puerco, y de ahí todos caminaremos juntos hacia el castillo.
—Está bien, querido —dijo Andrómeda—. ¿Podrías aparecerte con Teddy? —Harry asintió y cargó al niño, cuyo cabello ya era del mismo negro oscuro que el de Harry—. Los veré allá… —Y se desapareció en un flash, seguida de Narcissa.
Harry inhaló profundamente.
—¿Crees que notarían si nos quedáramos en casa? —Teddy asintió con aire de gravedad. Harry rio—. Supongo que sí. Cierra los ojos. — Teddy lo obedeció y Harry, apretándolo con fuerza, se desapareció. Aterrizó con cuidado, feliz de que Teddy ya hubiera superado la fase de "vomitar al aterrizar", que siempre había requerido un cambio de ropa para ambos, cuando iban al parque o al zoológico. De todos los beneficios de estar de vuelta en casa, pasar tiempo con Teddy era lo que le agradaba más.
Harry caminó hacia Andrómeda y Narcissa, que estaban platicando con George, Percy, Bill y Fleur. No se veían los otros Weasley por ningún lado. Harry subió a Teddy a sus hombros y se acercó al grupo. Los ojos de Fleur se iluminaron, con gusto, cuando vio al niño.
—¡Está tan gande! No puedo cgeeg cuánto ha cgecido. Debes llevaglo a Shell Cottage este vegano. Le encantagía jugag en la costa.
Harry estrechó las manos de George y Bill. Todos fingían que era un día como cualquier otro, pero eso estaba muy alejado de la realidad. Harry miró a George con discreción: dejando de lado del temblor en la mano que tenía apoyada contra su túnica, no había señal de que hacía un año había perdido a su hermano gemelo. Un triple crack llenó el ambiente y Arthur, Molly y Charlie aparecieron junto a ellos.
Molly repasó el lugar con la mirada para asegurarse de que todos estuvieran ahí. Ya tenía un pañuelo apretado en la mano.
—Oh, Harry. Te ves muy bien. Asegúrate de que los pies de Teddy no te ensucien la túnica, por la forma en la que lo cargas. —Harry se acercó a la mujer y le dio un beso en la mejilla. Se inclinó para que Teddy pudiera hacer lo mismo—. Ginny, Hermione y Ron nos verán en la escuela, claro —continuó.
Narcissa alzó la voz.
—No quiero interrumpir en su reunión familiar. Andrómeda y yo nos adelantaremos a la escuela y nos veremos con Draco.
—No, Narcissa, por favor, camine con nosotros —dijo Molly. Con facilidad, pensó Harry, sintiéndose agradecido. No le gustaba la idea de que Narcissa caminara tanto sólo con Andrómeda. Era seguro que las emociones estarían a tope, y las multitudes podrían hacer una excepción al ver a la esposa de un mortífago en la ceremonia.
—Por favor, me sentiría honrado si caminaran conmigo —dijo Harry, ofreciéndole el brazo. La mujer vaciló por un momento y luego pasó su brazo por el hueco. Todos comenzaron a moverse desde detrás del Cabeza de Puerco. Harry podía ver que la calle principal de Hogsmeade ya estaba llena de gente caminando hacia la escuela. Harry agarró las piernas de Teddy con la mano que tenía libre y se preparó para lo que estaba a punto de pasar. Revisando su alrededor, vio que los Weasley habían formado un cuadrado protector a su alrededor. Charlie, Andrómeda y Molly estaban caminando al frente, George y Bill estaban junto a él y Narcissa, y Percy, Arthur y Fleur estaban en la retaguardia. El moreno se sintió conmovido y un poco apenado de que los Weasley hubieran planeado algo con anterioridad, para protegerlo de las multitudes, cuando debía ser él el que los ayudara a superar el aniversario de la muerte de Fred.
El primer grito se escuchó en cuanto salieron del callejón.
—¡Harry Potter! —Ese grito individual se convirtió en una centena, y Harry escuchó el chillido temeroso de Teddy. Rápidamente, lanzó un muffliato hacia el grupo entero. Narcissa gritó, sorprendida, cuando todos los sonidos desaparecieron.
—Lo siento, debería haberles avisado. No quiero que Teddy se asuste más de lo que debería.
—Claro, es sólo que no vi cuando lo hiciste.
Charlie, que estaba acercándose a la mujer, rio y miró al moreno.
—Sí, es muy rápido para ese tipo de cosas.
Continuaron caminando. Harry sabía que, si se detenían, serían inundados. Afortunadamente, la multitud se estaba dividiendo, para permitirles pasar, y nadie intentaba agarrarlo o tocarlo.
Cuando pasaron las puertas de Hogwarts, Harry vaciló un momento. Narcissa lo miró, inquisitivamente, y el chico se obligó a seguir caminando. A la distancia, el castillo se alzaba con aire amenazador. Teddy estaba removiéndose de la emoción, rebotando en los hombros de Harry y señalando con ansia las torres.
Por fin estaban acercándose al castillo. Harry miró a la mujer a su lado, mientras ésta apretaba su brazo un poco más fuerte. Había cientos de personas en los terrenos y muchos de ellos los estaban mirando.
—¿Dónde dijo Draco que la vería?
—En la entrada de la torre de la directora.
Molly giró.
—Ahí también nos veremos con los demás. —Harry notó que Andrómeda y Molly estaban abrazándose. No podía imaginar el dolor que las dos mujeres estaban sufriendo, pues ambas habían perdido un hijo ese día. Eso fortaleció su determinación para asegurarse de que todo fuera tranquilo ese día.
Harry alzó la mirada y se obligó a pensar en los buenos recuerdos que tenía de Hogwarts, en vez de las cosas malas que habían pasado ahí. Mientras subieron los escalones y entraron al castillo, Harry retiró el encantamiento silenciador y pudo escuchar la emocionada plática de los alumnos, que estaban esperando a sus padres. Todos dejaron de hablar cuando vieron que Harry Potter estaba al centro de su grupo. Harry reconoció algunos rostros familiares y los saludó con un gesto. Era extraño; sólo se había ido por dos años y se sentían como diez.
Narcissa repasó el lugar con la mirada.
—Es difícil creer que se pueda ver igual, después de todo el daño que el edificio sufrió. —Harry asintió pero no dijo nada. Su garganta comenzaba a cerrarse mientras caminaban por el corredor. Pudo ver a Hermione, Ron, Ginny y Malfoy, parados al final del pasillo, esperándolos.
Por fin los alcanzaron y Harry bajó a Teddy, que ya estaba gritando el nombre de Malfoy.
—¡´raco! ¡´raco! —El pequeño corrió, tan rápido como se lo permitían sus inestables piernas, hacia su primo. Malfoy lo levantó y lo arrojó por los aires, justo como Harry lo había hecho hacía una hora. El moreno miró cómo el rostro del rubio, usualmente sin expresión, adquiría una de deleite, mientras reía con el niño.
Narcissa suspiró.
—Draco ama a Teddy. —Harry no pudo evitar asentir; el afecto entre ambos era obvio. Harry nunca los veía juntos, pues sus visitas a la casa de los Tonks estaban planeadas cuidadosamente, para no coincidir. Narcissa retiró su brazo—. Gracias, Harry. Has sido verdaderamente generoso.
Harry negó con la cabeza.
—Prestarle mi brazo no es nada comparado al regalo que me dio hace un año. No estaría aquí de no ser por usted.
—Sabes muy bien que no solo me refiero a tu amable escolta, pero no te avergonzaré. —La mujer sonrió y se acercó a su hijo.
Harry miró a Ron, Ginny y Hermione a su lado, y los abrazó con gusto a cada uno. Los otros Weasley estaban platicando entre sí en silencio.
—¿Cómo les va? Ya casi acaba el año escolar.
Hermione sonrió.
—Sí, los ÉXTASIS son en dos semanas.
Harry la miró.
—¿Servirá decirte que no te preocupes, que lo harás bien?
—No —dijeron Ron y Ginny al unísono. Harry alcanzó a ver un grupo de personas que los estaban mirando.
—¿Hay algún lugar al que podamos ir hasta que la ceremonia vaya a comenzar?
—Pensé que podríamos esperar en la sala común de la torre oeste —dijo Hermione—. O, la profesora McGonagall dijo que podíamos usar su…
—No, la torre oeste está bien. —Harry miró a los Weasley—. ¿Vamos? —No quería quedarse en un espacio abierto.
Andrómeda miró a Malfoy y luego miró a Harry.
—Creo que me quedaré con mi hermana, vamos a ver la ceremonia desde la oficina de McGonagall. ¿Quieres llevarte a Teddy o…?
Harry miró al pequeño, que estaba corriendo con gusto entre sus piernas y las de Draco. No quería que Teddy se asustara con la multitud en la ceremonia; de todas formas, no iba a entender lo que los oradores iban a decir.
—¿Por qué no lo deja aquí por ahora? Luego, podemos caminar alrededor del lago, una vez que la ceremonia termine.
Malfoy se acercó a Harry.
—Gracias por acompañar a mi madre a la escuela. Gracias a todos —dijo, mirando a los Weasley.
—No fue problema, Draco —dijo Molly—. ¿Qué tal si nos vamos juntos al final de la tarde? Sería lindo que lo hiciéramos, ¿no lo creen?
Narcissa dudó por un minuto, pero su hermana sonrió y asintió.
—Gracias por incluirnos, Molly.
Malfoy hizo un gesto de agradecimiento hacia Molly Weasley y dio la vuelta, para decir la contraseña de la gárgola que cuidaba la entrada de la torre. McGonagall les había dicho que podían usar su oficina toda la tarde, para darles algo de privacidad. Harry alzó a Teddy y le dio un beso.
—Ve con ´raco.
—¿En serio, Potter? —Malfoy estiró los brazos hacia Teddy—. Draco —dijo con claridad, enfatizando la "D". Teddy se inclinó con ansiedad para que el rubio lo cargara. Luego, asintió.
—´raco. —De pronto, el cabello de Teddy cambió de negro azabache a blanco. Harry no pudo evitar reír con Malfoy, por el repentino cambio.
—Gracias, Malfoy —dijo el moreno.
—No, gracias a ti. Estaba preocupado por mi madre, viniendo de Hogsmeade —dijo Malfoy en voz baja, mirando de reojo donde los Weasley, su madre y su tía seguían platicando.
—No habría dejado que algo le pasara.
—Lo sé, pero no tenías que hacerlo.
Harry se encogió de hombros y miró por encima de uno, hacia donde Hermione, Charlie y Ginny estaban inmersos en la conversación.
—¿Vas a estar allá arriba durante toda la ceremonia?
Malfoy asintió.
—Será más seguro. Ella quería venir pero, con tanta gente, es fácil que las cosas se salgan de control. —Teddy se movió en sus brazos, inquieto, y Draco lo miró sonriendo. Harry no pudo apartar la mirada; nunca habría pensado que Draco Malfoy estaría contento, feliz incluso, de cargar a un inquieto niño de quince meses en sus brazos.
—Volveremos por Teddy cuando todo termine. —Sabía que estaba repitiendo lo que ya había dicho, pero no sabía qué otra cosa decir.
—Está bien. —Malfoy asintió y dio la vuelta, dirigiéndose a su madre. Murmuró algo a su oído; luego, la mujer estrechó las manos de Arthur y Molly, para subir las escaleras con el rubio. Teddy se despidió de Harry con la mano, mientras las escaleras giraban.
OoOoOoO
Harry suspiró con alivio mientras se alejaban de la torre de Dumbledore. Sabía que ahora era de McGonagall, pero para él, siempre sería la oficina de Dumbledore. El lugar donde, en contra de su voluntad, le habían dado pociones de amor y hecho encantamientos que cambiaron su vida para siempre. Sintió que alguien tomaba su mano y vio que era Ginny, mirándolo con preocupación.
—¿Estás bien?
—Sí —dijo él, con determinación.
—No me convencen mucho tus palabras —dijo, negando con la cabeza—. Sé que esto es difícil para ti.
Harry rio con amargura, pero se detuvo en cuanto Arthur y Molly lo miraron con preocupación.
—No, en serio, estoy bien. Es mejor ver que el hoy esté aquí, en vez de pensar que está a la vuelta de la esquina. ¿Cómo te sientes tú?
—Estaré más que aliviada cuando los ÉXTASIS hayan pasado y podamos graduarnos y salir —dijo Ginny, encogiéndose de hombros. Miró el cielo abovedado—. Cuando era pequeña, solía soñar con ir a Hogwarts. Solía rogarle a mi madre que me dejara subir al Expreso de Hogwarts. Nunca podría haber imaginado cómo terminaría siendo.
Harry sonrió y puso una mano sobre las de ella.
—Creo que ambos tomamos la pajilla más corta en cuanto se refiere a experiencias en Hogwarts.
Ginny se detuvo. Harry dejó de hablar, mirándola mientras su familia continuaba caminando.
—Sin embargo, no cambiaría nada de lo que pasó. Sé que lo que tú y yo tuvimos no era real, pero eso fue lo mejor que me pudo haber pasado durante mi tiempo aquí —dijo en voz baja.
Harry la jaló hacia sí, apoyando su cabeza contra el pecho, acariciando su cabello con la mano.
—¿Sabes? A veces recuerdo ese primer beso, y me pregunto cómo pudo no haber sido real.
—Lo fue, pero no lo fue —dijo Ginny, con la voz amortiguada por el pecho del moreno.
—Supongo que esa es la mejor forma de decirlo. —Harry le dio un beso en la cabeza y rio un poco—. ¿Estás consciente de que, al decir que el que estuviéramos juntos fue lo mejor que te ha pasado, quieres decir que fue un poco mejor que ser poseída por Ryddle, casi ser comida por el basilisco y ser torturada por los mortífagos? Eso no suena como una buena referencia para mí.
Ginny contuvo la risa y se alejó del moreno. Alzó la mirada, con los ojos brillosos y el pelirrojo cabello enmarcando su rostro.
—Es cuestión de perspectiva, ¿no crees?
—Eso es lo que estoy aprendiendo. —El chico rodeó sus hombros con un brazo y ambos comenzaron a caminar hacia los demás.
—¿Supiste que ahora estoy saliendo con Neville? —preguntó Ginny.
—Es un buen chico —dijo Harry—. Y tiene suerte de tenerte.
—Pasamos juntos por muchas cosas el año pasado —dijo Ginny—. Ya veremos. Estamos yendo lento.
—¿Dónde está hoy?
—Afuera, en los terrenos, con su abuela. Nos sentaremos con ellos durante la ceremonia.
—¿Sigue planeando llevar a sus padres al Centro Diggory cuando abra?
—Sí, en definitiva —dijo Ginny, asintiendo con énfasis—. Siempre ha odiado ir a San Mungo. Y sus padres no han estado fuera desde que entraron a la sala Thickey. Es horrible.
—Me lo puedo imaginar —dijo Harry—. De hecho, no, no quiero imaginármelo.
Habían subido la escalera y Ron y Hermione los dirigieron a la entrada de la torre oeste. Harry entró por el umbral y miró la sala común con sorpresa. No tenía el sentido de cómodo lujo que Gryffindor había tenido, con sus tapices y sillones y sillas rojas y mullidas. Los muebles ahí eran más variados; claramente, los habían juntado para el dormitorio temporal. Además, no había tapices en las paredes. En vez de eso, la pared frente a ellos tenía pintado un mural, que cubría todo el cuarto. Harry se detuvo y lo miró. Las palabras "Ocho Años de Hogwarts 1991-1999" estaban pintadas hasta arriba.
Sin decir una palabra, se acercó y lo miró detenidamente. El mural mostraba escenas de cada año, desde el primero. El trol, él mismo como buscador en primer año, Gryffindor ganando la Copa de las Casas. El club de duelo de segundo año, con él y Malfoy enfrentándose. Se incluyeron algunos juegos de Quidditch, así como el Gran Comedor con Dumbledore al frente de los alumnos. Miró la longitud de la pared. Luego, giró y miró a Hermione y Ron, que estaban a la mitad de la sala, mirándolo con aprehensión.
—¿Quién hizo esto? —preguntó sorprendido. Arthur y Molly, junto con los demás Weasley, también lo estaban mirando.
—Bueno, todos trabajamos en él, pero Draco es el que delineó todo e hizo los detalles —dijo Ron—. Deberíamos haberte advertido, pero…
—Comenzó como un proyecto de la terapia de grupo, Harry. El cuarto se veía tan simple y queríamos hacerlo más interesante, pero no nos parecía correcto poner todos los colores de nuestras casas, así que se nos ocurrió esto —dijo Hermione, mordiéndose el labio. Harry podía ver que temían que estuviera molesto por ello.
—Creo que es fantástico —dijo Harry, con seguridad—. ¿En serio Malfoy dibujó todo esto?
—Todos votamos para ver qué queríamos que se incluyera. Él dibujo los contornos y, después, todos coloreamos las secciones.
Harry asintió y comenzó a caminar lentamente junto a la pared, revisando todas las imágenes.
—¿De qué trata esta? —dijo, señalando el retrato de una grande y verde… ave, posada sobre la mesa de Slytherin.
—¡Ese es Malfoy! —exclamó George—. ¿Cómo pude olvidar…? —Miró a Harry, horrorizado—. Maldición, lo lamento.
Harry negó con la cabeza.
—"Maldición" es ahora la historia de mi vida. —Apartó su mirada del mural y la fijó en George, Ron y Hermione—. ¿Convirtieron a Malfoy en ave?
—Tú nos lo pediste. Fue una de las más grandes hazañas de Fred y mías —dijo George, sonriendo con tristeza—. Nos pediste que pusiéramos las cremas canarias en el postre de Malfoy. Nos tomó un poco de sobornos para convencer a los elfos de que cooperaran.
—Claro. —Harry volvió a mirar el mural, ignorando deliberadamente la imagen de Malfoy como ave—. Aparezco aquí mucho —dijo secamente, mientras veía la imagen de él, sobre su Saeta de Fuego, volando por encima del dragón en el Torneo de los Tres Magos.
—Bueno, no mantuviste un perfil precisamente bajo cuando estuviste aquí, Harry. —La voz de Luna se oyó desde la ventana. Harry giró para mirarla. Llevaba una túnica amarilla tenue. El contraste entre ésta y la última vez que la había visto era aturdidor—. Quería incluir todas las cacerías de nargles que teníamos en Ravenclaw —dijo Luna con una sonrisa, mientras se ponía de pie y se unía al grupo, frente al mural—. Pero no tuvo suficientes votos. De todas formas, Draco dibujó uno para mí, aquí. —Señaló una criatura entre sombras, asomándose por detrás de la imagen de una de las gárgolas.
—¿Qué estás haciendo aquí, Luna? No eres de octavo año —dijo Harry con curiosidad.
—Pedí serlo —dijo con una sonrisa—. ¿Cómo estás, Harry?
—Bien —contestó, encogiéndose de hombros, mientras seguía estudiando el mural—. Esto es algo impresionante.
—Cuenta una historia —dijo Luna, mirando la pared—, y no sólo la que ves en los dibujos.
Antes de que Harry pudiera preguntarle qué quería decir con ello, Arthur alzó la voz.
—La ceremonia va a comenzar pronto. —Harry miró por encima de su hombro, hacia donde los otros Weasley estaban esperando. El moreno asintió y miró a Luna.
—¿Quieres bajar con nosotros?
La chica sonrió y negó con la cabeza.
—Voy a verme con Draco. —Harry asintió, pero siguió preguntándose cómo se había formado tan inusual pareja. Miró por última vez el mural.
—Deberían traer a Narcissa aquí, para que vea esto.
Luna asintió.
—Lo haremos… Él no quería estar aquí cuando lo vieras.
—Oh —fue lo único que Harry dijo, mirando el mural del reojo—. No sé qué decir a eso.
—Lo sé. —Luna regresó a su asiento cerca de la ventana, mientras los demás abandonaban la sala.
—Luna ya se parece más a su yo ausente —le señaló Harry a Hermione, mientras salían del castillo.
—Es más normal. Bueno, debería decir "normal" para Luna —señaló Hermione, y Ginny hizo un gesto de aprobación.
—Creo que se está recuperando de lo que le pasó el año pasado. Es casi como si ese peso que la estaba manteniendo abajo hubiera sido retirado —dijo Ginny—. Además, creo que está aliviada. Consiguió un trabajo como asistente del editor en Oesed Press, la compañía editorial. Con su padre en San Mungo y El Quisquilloso cerrado, no estaba segura de qué cosa debía hacer.
Los Weasley, Harry y Hermione caminaron a paso lento por los terrenos del castillo, hacia el campo de Quidditch. Casi toda la gente estaba dentro. Los Weasley caminaban con los brazos entrelazados. La pérdida de Fred era más evidente que nunca ahora, como pudo entenderlo Harry cuando los miró. George abrazaba con fuerza a su madre por los hombros. Harry no estaba seguro de a quién estaba apoyando. A pesar de que sabía que lo consideraban parte de la familia, aún se sentía como un intruso en un momento increíblemente privado, mientras él y Hermione caminaban a su lado.
Cientos de sillas estaban acomodadas en filas en el campo, todas acomodadas hacia donde los dignatarios ya estaban sentados. Una vez más, las pancartas de los que habían caído colgaban alrededor del estadio. Nueve sillas para la familia Weasley estaban reservadas al frente del estadio. Harry escuchó los murmullos apagados mientras caminaban hacia la sección del frente. Neville Longbottom y su abuela estaban sentados junto a las sillas vacías. Harry estrechó la mano de Neville y dejó que Ginny pasara a su lado, para que pudiera sentarse junto a él.
El moreno miró la tarima, aliviado de no tener que estar parado enfrente de los cientos de brujas y magos que estaban reunidos. Era anormal que hubiera podido hacerlo el año anterior. Claro, la única razón por la que no se había caído enfrente de todos había sido porque Ginny le había dado un poco de Felix Felicis, justo antes de que diera su discurso. Sentía como si cada par de ojos en el estadio estuviera enfocado en él. Hermione estiró la mano y tomó la suya con fuerza; el chico respondió apretándola ligeramente.
La ceremonia comenzó cuando McGonagall se puso de pie y le dio la bienvenida a todos, pero Harry no prestó atención a los oradores. Al mirarlos, se encontró a sí mismo reviviendo cada paso que había tomado el año anterior. Cuando aterrizaron en Hogsmeade. La pelea por encontrar la diadema. Cuando vio a Snape a los ojos mientras moría. Cuando miró los recuerdos de Snape en el pensadero. La caminata hacia el Bosque Prohibido. Al final, pensó en esa última conversación con Dumbledore. En todo lo que había pasado ese año. Malfoy. Las imagines del Malfoy que recordaba de Hogwarts contra la imagen de Malfoy arrojando a Teddy por los aires, con una sonrisa de gusto.
Fue interrumpido bruscamente por el sonido de cientos de personas poniéndose de pie y aplaudiendo. Ya había terminado. Harry se puso de pie y miró hacia donde estaban Arthur y Molly Weasley. Estaban hablando con George, que estaba negando firmemente con la cabeza. Charlie se acercó a Harry.
—George se rehúsa a ir a ver la tumba de Fred. —Harry miró el rostro de George, pálido y tenso—. Mamá y papá necesitan ir, ¿podrías llevar a George y…?
—Sí, por supuesto. —Harry se acercó a George—. ¿Quieres ir a dar un paseo? —George asintió bruscamente y comenzó a alejarse. Harry es apresuró a alcanzarlo, para no perderlo mientras comenzaban a pasar entre la multitud. Harry se tensó cuando sintió que las manos empezaban a estirarse para tocarlo. Peleó contra la sensación de nausea y apoyó la mano en la espalda de George—. Ve más rápido. Sin importar nada, no te detengas.
Sorprendido, George automáticamente bajó la velocidad, para mirarlo, y Harry lo empujó más. Maldijo cuando sintió el dolor que le causó que alguien lo agarrara del cabello. La persona gritó, emocionada, y más y más manos se movieron para agarrarlo. Los gritos de la excitada turba alertaron a los que estaban frente a Harry y George, que seguían tratando de atravesar la multitud. Bajando la cabeza, continuó avanzando, obligando a los que se ponían en su camino a moverse. Sintió que George le ayudaba por detrás, quitando las manos de aquellos que no querían soltarlo. Por fin, se hallaron fuera del estado y Harry se enderezó, acelerando el paso hacia el bosque prohibido. George iba detrás de él. Dejaron a las multitudes atrás al escapar.
—Merlín —dijo George, jadeando, cuando Harry se detuvo dentro del bosque, ocultándose detrás de un árbol. Miró con horror al moreno—. ¿Eso pasa cada vez que sales?
—Es por eso que nunca salgo —dijo Harry, cerrando los ojos y respirando con dificultad—. Todos quieren algo de mí. Sin embargo, no suele ser tan malo. Claro, nunca entro a una multitud tan grande sin un disfraz.
—Ron dijo algo acerca de que te acosaban, pero eso no es ser acosado. Te atacaron. —George negó con la cabeza—. Supongo que hay muchas cosas a las que no les he puesto atención este año.
Harry miró su túnica: una manga estaba rota, los bolsillos habían sido arrancados. Tocó su rostro y el hilillo de sangre le hizo entender que había sido rasguñado. Su cabello estaba suelto, pues habían roto su banda para la cola de caballo.
—Esto me recuerda a los inferí. La forma en la que se movían, lo único que veía eran sus brazos dirigiéndose hacia mí, sus manos tocándome. Es por eso que ya no me gusta usar túnicas; es muy fácil que me agarren si llevo una.
George repasó el lugar con la mirada; a pesar de que estaban en el borde del bosque, el aire estaba lleno de sonidos de cosas que se movían por el bosque. Harry revisó los árboles pero no vio nada moverse.
—¿Crees que estemos a salvo aquí?
Harry se encogió de hombros.
—Probablemente. Aunque yo no entraría más. Si esperamos un rato, podremos salir. Casi todas las personas van a regresar a Hogsmeade.
—No habría hecho una escena, de haber sabido que esto pasaría.
Harry negó con la cabeza.
—Ni siquiera lo digas. —Miró al otro mago, que seguía mirando el bosque con aprehensión—. ¿No querías ver la tumba de Fred?
George se estremeció.
—No, no hoy, no con todos mirándome y preocupándose por mí.
—Puedo entender eso —dijo Harry lentamente—. No sé cómo has podido sobrellevar esto. Superar este último año.
—Tampoco yo —contestó el otro—. Por un rato, me mantuve ocupado en la tienda. Hacía como que Fred sólo había salido, que entraría en cualquier momento por la puerta.
—¿Y después?
—Pasé los últimos seis meses haciendo todo para no pensar en ello. Alcohol. Sexo. Pociones —dijo George, negando con la cabeza—. Todo lo que podía para dejar de pensar. Ron ha estado cubriéndome en la tienda. Y me ayuda a estar sobrio para las cenas de domingo con mamá y papá.
—No me había contado nada. Pero yo puedo decirte algo: huir de ello no ayuda.
—Eso lo entendí después de haber despertado en demasiadas camas que no reconocía. Finalmente, entendí que Fred se ha ido y que yo sigo aquí, y él odiaría saber lo que he estado haciendo. —George respiró profundamente y miró a su alrededor—. Él siempre pensó que sería genial acampar en el bosque por una noche, para ver por qué había tanto alboroto.
Harry lo miró, sorprendido.
—Considerando todos los lugares que descubrieron en Hogwarts, me sorprende que no lo hicieran.
—Esa fue la única vez en que me rehusé. Nada acerca de este lugar es divertido.
—Tienes razón en eso. Nada bueno me ha pasado aquí. —Harry se asomó por un lado del árbol, hacia el campo abierto—. Creo que ya es seguro salir. ¿Quieres tratar de encontrar a todos?
George hizo una mueca.
—No sé si ya pueda encarar a mamá.
—Bueno, si me equivoco y la turba sigue ahí, no tendrás que preocuparte por ello. Te pisotearán mientras intentan alcanzarme.
—Me sentiría orgulloso de ser el tapete para el Elegido —dijo George, riendo. Salieron del bosque y regresaron al castillo, donde encontraron al resto de los Weasley y a Malfoy, en los escalones.
—¡Ahí están! —dijo Molly, aliviada—. No sabíamos qué les había pasado.
—Ya estaba organizando un grupo de rescate, para que fueran a buscarlos —dijo Charlie—. Vimos que se quedaban atrapados en la multitud, pero estaban demasiado lejos como para poder ayudarlos.
Malfoy lo miró de pies a cabeza.
—¿Qué te pasó?
—Solo mis adoradores fans —dijo Harry, mientras se quitaba la túnica rota y se la daba a Hermione. Debajo, llevaba una camiseta negra ajustada y unos pantalones negros con un grueso cinturón negro, que tenía la hebilla en forma de un gran dragón plateado. Molly curó los rasguños en su rostro y el chico revisó sus bolsillos para ver si traía algo para sujetarse el cabello. Sin encontrar nada, alzó la mirada y vio que Charlie había transformado una ramita en una pieza de cuero para él. Harry usó sus dedos para acomodar su cabello en una cola de caballo floja.
—¿Por qué no simplemente les arrojaste una maldición? —Malfoy lo veía sin dar crédito a sus ojos, por la forma en la que los Weasley lidiaban con el desarreglado estado de Harry, como si fuera algo normal.
Harry rio.
—¿Y eso no maravillaría a El Profeta, si yo hechizara a cualquiera que tratara de agarrarme? Me pondrían una camisa de fuerza antes de que el día terminara.
—¿Una qué? —preguntó Ron, confundido.
—Es la versión muggle de una maldición paralizadora —dijo Hermione, mientras encogía la túnica de Harry para que cupiera en su bolsillo—. Haré que te la arreglen, de nuevo.
—Bueno, ahora que sabemos que están a salvo, ¿vamos por Teddy y damos un paseo? Estoy segura de que le encantaría ver al calamar —dijo Molly.
—¿Dónde está? —preguntó Harry, mirando a su alrededor.
—Sigue con Andrómeda y mi madre, allá arriba —dijo Malfoy—. Vimos desde la torre que te perseguían, así que bajé para ver si podía ayudar.
—Oh —dijo Harry, mirando al rubio—. Gracias.
—Iré por él. —Malfoy dio la vuelta y se alejó.
OoOoOoO
Draco bajó los escalones del castillo, mientras el sol comenzaba a ocultarse. Por fin, los terrenos estaban vacíos. Dio un suspiro de alivio porque el día hubiese acabado por fin, mientras seguía el camino que llevaba al lago. En dos semanas, podría ser capaz de dejar a Hogwarts atrás, junto con todos los recuerdos que lo atormentaban. Ver a Harry ahí había sido casi más de lo que podía soportar. Solo había querido arrastrarlo a los vestidores de Quidditch y, de algún modo, obligarlo a recordarlo, recordar lo que tuvieron juntos.
Como burlándose de sus pensamientos, miró la tumba de Dumbledore y vio una figura familiar, con la cabeza gacha y una mano tocando el mármol. Draco se congeló, sin saber qué debía hacer. A regañadientes, caminó hacia la tumba, desde el otro lado, y se quedó ahí.
—Sé que estás aquí —dijo Harry en voz baja, a pesar de que no había levantado la cabeza.
—¿Quieres que me vaya?
—No hace mucha diferencia —dijo Harry. Encogiéndose de hombros, miró al rubio—. De todas formas, no debería estar aquí.
—Pensé que te habías ido. —Draco trató de no mirar a Harry, que aún llevaba la camiseta y los pantalones negros. No había un gramo extra en él, pero llenaba la camiseta a la perfección, con sus bíceps estirando las mangas.
—Regresé —dijo Harry—. Estúpidamente, buscando respuestas que nunca encontraré.
Draco señaló la cabeza de la tumba con un gesto.
—Creo que estaba desesperado, ese último año. Temía no haber hecho lo suficiente para ayudarte. Sabía que estaba muriendo y…
—Nunca confió en mí. Nunca me contó la historia complete. Cada año, revelaba un poco más, me daba sólo las piezas que él creía que yo debía saber. La profecía, los horrocruxes. —Harry respiró profundamente y se enderezó. Dando la vuelta, caminó hacia el camino del lago. Dudando por un momento, Draco lo siguió.
—Confiaba en ti, pero tenía miedo de que, si te enteraba de todo de golpe, sería mucho más de lo que podrías soportar. Siempre tuvo la esperanza de que hubiera otra forma de detener a Voldemort.
—Me dijo eso después de que Sirius muriera —dijo Harry, mirando al rubio con los ojos entrecerrados.
Draco asintió.
—Lo sé.
—Yo te lo conté —afirmó Harry.
—Sí. —Draco no pudo evitar comenzar a sacudirse. Era la primera vez que hablaba tanto con Harry, desde antes del Delere. Puso sus manos en puño, pues la urgencia de estirarlas y tocarlo era apabullante. Solamente la idea que terminaría mal era lo que lo detenía. Ése no era su Harry, ya no.
—¿Qué te hace creer que estaba desesperado?
—Traté de convencerlo de que no te diera las pociones. Regresé al día siguiente e incluso semanas después. —Draco negó con la cabeza—. Me dijo que no podía arriesgarse. Que tenía que hacerlo. Se la pasaba diciéndome eso. Podía ver que estaba preocupado. Creo que sabía que no le quedaba mucho tiempo.
—A final de cuentas, no importa —dijo Harry, negando con la cabeza—. Ambos hicieron lo que hicieron y yo voy a tener que vivir el resto de mi vida, siendo atacado por mi lado ciego por personas que me dicen cosas que creen que sabré. George acaba de contarme acerca del asunto del canario.
Draco soltó una risotada.
—Me merecía eso completamente. Me comporté como todo un imbécil contigo esa semana.
Harry lo miró con los ojos oscurecidos.
—Y nunca conoceré la historia completa.
Draco vaciló.
—Hay formas. Tengo diarios, uno por cada año. Si quieres leerlos, para descubrir…
—No. —Harry negó con rapidez—. He pensado en lo que podría hacer para recuperar los recuerdos. Podría usar recuerdos de pensadero, o algo por el estilo. No sabía que tenías un diario, pero al final resulta lo mismo. Serán tus recuerdos, no míos. Nunca sabré lo que estaba pensando cuando todo esto estaba sucediendo. Y, sin ofender, no creo que pueda confiar en tu interpretación de lo que pasó.
—Lo sé, pero es todo lo que puedo…
—Y, desafortunadamente, nunca será lo suficientemente bueno —dijo Harry en voz baja, sin molestia—. Ya ni siquiera estoy tan enojado por ello. Finalmente, he aceptado que sólo voy a tener que vivir mi vida, desde este punto hacia delante.
Draco asintió, a pesar de que la mitad de él gritaba en protesta. Quería que Harry supiera lo que habían tenido.
—Si llegas a cambiar de parecer, haré lo que sea que necesites: hablar, hacer recuerdos de pensadero para ti…
—No creo hacerlo, pero gracias, supongo. —Harry checó la hora y maldijo—. Debo irme. Saldré de viaje mañana.
Draco sonrió de lado.
—Buena suerte en el camino. ¿Cuántos juegos? ¿Cinco?
Harry volteó para mirarlo.
—¿De qué estás hablando? ¿Qué sabes?
—Los Cannons. Hank Black.
—¿Cómo lo…? ¿Quién te lo dijo? —El tono de Harry se elevó por la ira.
—Viktor Krum perdió contra un buscador desconocido australiano, descubierto por Charlie Weasley en los campos de dragones de Rumania. Y dicho buscador usa las gafas de Harry Potter, vuela como Harry Potter y lleva el apellido Black… Te reconocí desde la primera fotografía en El Profeta. Necesitas otro par de gafas para usarlas cuando te transformes en Black.
—Maldición. Nunca pensé en mis gafas con el glamour. —Harry miró al rubio—. No vas a decir nada, ¿verdad?
—Claro que no. Y dudo mucho que la mayoría de las personas puedan descubrirlo como lo hice yo, pero en algún momento alguien lo hará, si no arreglas lo de las gafas. ¿En serio crees poder darle la vuelta a las cosas con el equipo?
Harry asintió.
—Por fin comenzamos a estar en sintonía. Esperemos conseguir algunas victorias más.
—Contigo como buscador, tienen una mejor oportunidad que las que han tenido en el último siglo —dijo Draco.
Harry se le quedó viendo.
—¿Qué le pasó al viejo Malfoy? Él nunca habría dicho algo como eso.
—El viejo Draco Malfoy ya no está. Desapareció hace mucho tiempo. Nunca fue real, en principio…
—¿Por qué?
—Tú sabes por qué, incluso si te rehúsas a creerlo.
—Estás en lo correcto, no quiero creerlo. —Harry miró a Malfoy como si lo estuviera haciendo por primera vez—. Es una pena que, de hecho, me agradas. Me agrada este nuevo tú. Si nos estuviéramos conociendo por primera vez, no dudaría en volverme tu amigo.
Malfoy contuvo el aliento.
—Sé que no hay posibilidad de que llegues a considerarme tu amigo.
Harry se encogió de hombros.
—He estado tratando de entender las cosas desde que hablamos en el sitio de la construcción. Estoy cansado de estar enojado. Quiero mirar hacia el futuro, no el pasado. Y, me guste o no, vamos a estar cerca el uno del otro, debido al Centro y a Teddy.
Estaban parados a la orilla de lago. La luna que se elevaba se reflejaba en el agua. Draco no se atrevía a mirar a Harry.
—Entonces, ¿qué estás diciendo, con exactitud?
—Que estoy cansado de intentar evitarte. Cansado de hacer que todos los demás sientan que deben andarse con cuidado a nuestro alrededor. Necesito enfocarme en el Quidditch. —El moreno volteó hacia el rubio—. Entonces, he decidido que voy a jugar esta temporada y trabajar en olvidar toda la mala historia entre nosotros. Me distrae demasiado. Cuando la temporada termine, podemos empezar de nuevo.
—¿En serio crees poder hacer eso? ¿Simplemente olvidarlo?
—Puedo intentarlo —dijo Harry, encogiéndose de hombros—. No puedo perdonarte o a Dumbledore por lo que me hicieron, pero no quiero desperdiciar mi vida tratando de odiarte por ello.
Draco asintió.
—Estoy más que dispuesto a intentarlo.
Harry miró hacia donde estaba la tumba de Dumbledore, a unos cuantos metros.
—Supongo que por eso regresé esta noche. Es hora de que deje atrás todas las cosas que sucedieron aquí en Hogwarts. Si tú y yo somos capaces de superar las cosas, entonces también tendré que trabajar en superar el resentimiento que siento hacia Dumbledore.
Draco dudó, temiendo arruinar el compromiso que Harry acababa de ofrecer tentativamente.
—Dumbledore vivió y murió pensando que había hecho lo que creyó era mejor para ti. De la misma forma en la que hice lo que hice.
—Ambos estuvieron mal.
—Desde tu punto de vista, lo sé…
—¿Sabes qué fue lo último que me dijo Dumbledore? Que no tuviera pena de los muertos, sino de los vivos. No sabía qué había querido decir cuando me lo hubo dicho el año pasado. Ahora, lo entiendo.
—Querrás decir "hace dos años"… —Draco no sabía por qué se molestaba en corregirlo.
Harry giró y lo miró.
—No. Exactamente, hace un año y unas cuantas horas. Después de que Voldemort me derribara, yo… fui a algún lugar, y Dumbledore estaba ahí. Me dijo que tenía la opción de regresar y, con suerte, terminar con Voldemort, o podía irme con él, con Dumbledore. —Draco se le quedó viendo, horrorizado—. Escogí regresar. Hice lo que se suponía tenía que hacer y, al día de hoy, no sé si tomé la decisión correcta.
—Merlín, Harry. —Draco no podía creer lo que estaba oyendo. Se preguntaba si alguien más lo sabía.
—Habría muerto sin saber algo de esto, sin saber lo que alguien, que supuestamente me quería, me había hecho. Lo que dos personas, supongo… —Enfocó su mirada en Malfoy.
—Pero regresaste. Salvaste cientos de vidas.
—Si no lo hubiera hecho, alguien más habría dado un paso al frente. Neville. Ron. Ginny. Quizás hasta tú. Voldemort ya no tenía poderes. No era más que una concha vacía cuando murió —dijo Harry, restándole importancia.
—Pensé que solo habías quedado inconsciente. Eso es lo que mi madre dijo.
—No todo es como se ve. —Harry se enderezó—. Y así, escogí estar aquí. Necesito comenzar a vivir mi vida de nuevo. Sin mirar atrás.
El moreno miró el castillo por última vez. Luego, giró para ver a Draco de nuevo.
—Nombré a Simon presidente temporal de la junta, dado que voy a estar muy ocupado como para asistir a las reuniones. Cuando la temporada de Quidditch termine, regresaré y veremos qué sucede. —Estiró la mano y Draco la estrechó—. Ten un buen verano, Draco.
—Tú también, Harry. —Draco hizo un gesto con la cabeza mientras el moreno se alejaba.
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FIN
…
...
Nah, ¿qué se creen?
Nos vemos en el próximo capítulo
Adigium21
