Notas de traductor:

¡Disculpen ustedes! Me pasé tres semanas; pero acabo de empezar semestre y hasta ahora pude continuar…

Con respecto al "FIN" del capítulo anterior, tengo varias cosas que decir:

Una: espero no se hayan enojado (mucho). Dos: sí, en un review alguien dijo que era un buen final para la historia, y yo pensé lo mismo, pero el final real es mucho mejor que eso. Y tres: resulta que mis otras historias largas (TWG y SCP) terminaron en el capítulo 33, y no me di cuenta que había puesto "FIN" también en el 33. Fue algo gracioso…

Gracias a Princes-Slash, NUMENEESSE, AnnieSly, toxica666, Lunatica Dark, catzeruf, , SaoCa, Acantha-27, Violet Stwy, miredraco, jessyriddle, Silvers Astoria Malfoy, FanFiker-FanFinal, mixhii, Oduvanchik Dandelion, xonyaa11, Meliza Malfoy, y un Guest por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores… ¡Estamos a solo 5 reviews de los 500! No podría estar más emocionado…

Disfruten… Y si me equivoqué en alguna palabra, perdonen…


5 de junio, 1999

Harry entró al lobby del hotel con el resto del equipo. Estaba exhausto. El juego había durado seis horas, hasta que por fin pudo atrapar la snitch.

—¿Señor Black? Un paquete llegó para usted —dijo el encargado, mientras pasaba junto al escritorio. Harry asintió y se acercó. Tomó el paquete envuelto en papel marrón, amarrado con una cinta. Reconoció la letra de Hermione en la etiqueta—. Felicidades por su victoria, señor.

Harry sonrió y alzó la mirada.

—Gracias, camarada. Aprecio el apoyo. ¿Eres fan de los Cannons?

—No solía serlo, pero éste es un equipo totalmente diferente.

Harry sonrió de nuevo y asintió.

—Gracias por el paquete. —Y le arrojó una moneda de diez sickles.

De vuelta en su habitación, Harry retiró el glamour, agradecido, y se cambió los lentes. Aún no podía creer que Malfoy había notado lo que Hermione y todos los demás habían pasado por alto.

Desató la cuerda y deshizo el fardo de papeles. Revisándolo, vio que se trataba de una carta de Hermione y un montón de documentos de la BMP, como se lo esperaba. Se sentó en la orilla de la cama y se sacó las botas. Acomodando las almohadas, se recostó en el lecho y leyó la carta de su amiga. De pronto, se enderezó y maldijo. Malfoy, de muevo. Maldita sea. Había sido rechazado en San Mungo, para el programa de entrenamiento, debido a su condena. Hermione le había escrito para hacerle saber que McCain quería darle trabajo en el Centro Diggory, cuando abriera. "Puede ayudar con los programas de terapia musical y de arte. Es muy bueno con Teddy, será bueno con los niños del programa".

Harry tenía que darle la razón, incluso mientras maldecía a la administración de San Mungo por evitar que Malfoy entrara. Con Malfoy en el entrenamiento, habría significado que Harry casi no habría tenido que verlo. El entrenamiento duraba cuatro años. Si iba a estar trabajando en el Centro Diggory, Harry lo tendría que ver mucho más. Una cosa era decidirse a dejar atrás sus diferencias, pero había esperado no tener que verlo mucho, para que le fuera más fácil.

Hubo un golpe en la puerta. Con prisa, Harry se puso el glamour y respondió. Los dos golpeadores del equipo, Seth y Clark, estaban en el umbral.

—Vamos a ir por un poco de curry en el lugar que está a la vuelta de la esquina, ¿quieres venir?

Harry bajó la mirada hacia la carta.

—Necesito acabar de leer esto. ¿Los puedo ver allá?

Seth asintió.

—No te tardes mucho.

Harry asintió. Cerró la puerta y se recargó contra ella. Volvió a leer la última parte. Hermione había escrito:

Draco me pidió que te mandara algo. Lo puse en el paquete. Espero que no haya problema.

Harry bajó la carta y miró dentro del paquete. El último papel no era pergamino, sino una hoja doblada para dibujar. Suspirando, Harry la analizó, sin atreverse a desdoblarla.

—Maldición. ¿Ahora me da miedo un pedazo de papel? —Suspiró de nuevo y abrió la hoja.

La página estaba dividida en seis cuadrados, muy parecida a los cómics de los periódicos muggles del domingo. Hasta arriba, Malfoy había escrito: "Respeto tu deseo de nunca más mirar hacia atrás, pero pensé que te gustaría saber el cómo y el porqué de la historia del canario. Fue algo completamente Slytherin de parte tuya y de los gemelos Weasley".

En el primer cuadro, Malfoy se había dibujado a sí mismo como se había visto en cuarto año. El gesto desdeñoso que Harry recordaba tan bien desfiguraba sus angulosos rasgos. Estaba apuntando con su varita a la figura dibujada de Harry. En el siguiente estaba Malfoy de nuevo, con su prendedor de "Potter Apesta", riéndose de Harry con sus compañeros Slytherin. El siguiente mostraba el Gran Comedor, y a Malfoy estirando una mano con ansias, para tomar una rebanada de postre. Harry rio, sin poder evitarlo, al ver el cuarto cuadro: Malfoy había dibujado un gran canario verde, parado sobre la mesa de Slytherin, con plumas altas y blancas en la cabeza. Luego, estaba Malfoy de vuelta, con el rostro desfigurado por la rabia, mientras las plumas flotaban en el aire. El último cuadro mostraba a Harry, riendo con Fred y George y el resto de los Gryffindors.

Harry soltó el papel y dejó que cayera de la cama hasta el suelo. Con resolución, giró sobre sus talones y se dirigió a la puerta.

OoOoOoO

Noviembre, 1999

Draco no podía evitar mirar las puertas principales, mientras estaba parado junto a Simon, que hablaba con Breedlove y Wentworth. Habían estado platicando con los beneficiarios y los ministros del ministerio por la última hora, y Draco llevaba la calmada y serena máscara Malfoy que usaba tan bien. Todo ese tiempo, su estómago había estado hecho un nudo. En cuanto Breedlove se alejó con su esposa, Simon se inclinó hacia él y le susurró:

—Relájate.

—¿En serio va a venir? —Draco se odio a sí mismo por preguntarlo.

—Sí, va a venir —dijo Simon, negando con la cabeza.

Draco se encogió de hombros y se obligó a tomar una copa de champaña del mesero que pasó a su lado, a pesar de que no podía soportarla. Nunca entendería por qué el insípido vino espumoso era de rigor en este tipo de funciones. Girando para darle la espalda a la entrada, decidió dejar de mirar. Fiel a su palabra, después de la Ceremonia de Remembranza, Harry había desaparecido de nuevo… Había dejado de asistir a las reuniones de la junta, las inspecciones y las reuniones del comité. Cuando necesitaban una respuesta de él, solo lo había hecho mediante lechuzas.

Draco tenía que admitir que los esfuerzos de Harry habían dado sus frutos, mientras miraba el progreso de los Cannons en El Profeta. No le sorprendía que Hank Black hubiese llevado a los Chudley Cannons a su primera temporada victoriosa en 107 años. Habían terminado la temporada hacía dos semanas, quedando en un muy peleado tercer lugar. Draco no tenía duda de que los Cannons serían un serio competidor para la Copa de la Liga el siguiente año si Harry continuaba jugando para ellos.

La ausencia de Harry había hecho que El Profeta y todos los otros periódicos especularan acerca de su paradero con locura. Había habido algunas insinuaciones poco sutiles de que había decidido separarse de la Fundación. Todos habían señalado a Draco, culpándolo por la ruptura.

Draco sintió una punzada cuando Simon lo codeó en el costado. Automáticamente, giró hacia la entrada y vio a Ron y Hermione entrando; Draco podía ver a Harry parado detrás de ellos. Luego, Hermione miró hacia atrás y dijo algo, y Harry se movió hacia delante, con Ginny Weasley a su lado. La chica tenía la mano sobre su brazo y estaba riendo con él, mientras caminaban con la otra pareja.

El rubio se obligó a respirar lentamente. Simon lo miró.

—No puedo decir que estaba esperándome eso. —Draco se obligó a relajar el rostro mientras la mitad de la gente en el cuarto los miraban a él y a Harry. El moreno llevaba la requerida túnica de gala, de color verde oscuro con costuras negras y botones de filigrana plateados. Su cabello seguía largo y lo llevaba suelto, por lo que le llegaba hasta debajo de los hombros. Seis meses de entrenamiento de Quidditch lo habían dejado en forma, pensó Draco. Simon lo miró de reojo—. ¿Listo?

Draco asintió. No podía evitar preguntarse si Harry había cambiado de opinión acerca de estar dispuesto a olvidar todo. Juntos, se acercaron al cuarteto, que seguía parado en el umbral, revisando el lugar con la mirada. La recepción se llevaría a cabo en el salón de recreación del Centro Diggory, el cielo abovedado ayudaba al luminoso y liviano ambiente del lugar. El salón daba hacia el jardín, y una pared estaba hecha de ventanas francesas, que permitían salir. A través del cristal, uno podía ver los jardines iluminados por focos de colores. Draco había notado que muchos de los invitados se enfrentaban al frío para atreverse a explorar afuera.

Draco sintió el momento cuando Harry fijó sus ojos en él. Puso una simple sonrisa forzada en su rostro mientras se acercaban al grupo. El rubio dudó un momento y luego saludó a Hermione, inclinándose hacia delante y dándole un beso en la mejilla.

—Es difícil creer que este día ya llegó. —Estiró la mano y estrechó la de Ron, y luego la de Harry. Miró a Ginny sin saber cómo saludarla. Habían llegado a un mutuo acuerdo en la escuela, pero ninguno se sentía cómodo en la compañía del otro. Afortunadamente, Simon dio un paso hacia delante y enfocó su atención en Ginny.

—Creo que no nos han presentado… —dijo, mientras le ofrecía la mano.

—Oh, claro. Em, Simon, ella es Ginny Weasley. Ginny, él es Simon Ward —dijo Harry.

—Encantada de conocerte por fin —dijo Ginny con tranquilidad.

—Todo se ve genial —dijo Hermione, repasando el lugar con la mirada—. Si no hubieras estado en el sitio, dudo que hubiese estado terminado a tiempo.

—Costó un poco de trabajo al final, pero conseguimos terminarlo —admitió Draco. Se había mudado a los terrenos en junio, después de que su solicitud a San Mungo fuera rechazada. De golpe, se encontró a sí mismo en posición para revisar el proyecto cuando el edificio principal fue completado y los detalles finales estaban en proceso.

—Hiciste un buen trabajo, Malfoy —dijo Harry. En ese momento, Neville Longbottom entró apresuradamente al salón.

—Lamento la tardanza. Me tardé más de lo esperado en replantar las mandrágoras. —Sonrió cuando pasó su brazo por la cintura de Ginny—. Este lugar se ve muy bien.

—¿Tienes tiempo para darnos un recorrido, Draco? ¿O necesitas quedarte aquí? —preguntó Hermione.

Draco se encogió de hombros.

—Puedo mostrarles el lugar. Tenemos tiempo antes de los discursos. —Estaba consciente del hecho de que casi todas las conversaciones en el salón habían parado para que todos miraran la interacción entre él y Harry—. ¿Comenzamos por aquí? —Alzó la mano y los guió a uno de los cuartos de terapia, afuera del salón de recreación.

La puerta se cerró detrás de ellos, silenciando la emocionada plática que había surgido en cuanto salieron del salón. Draco escuchó que Harry suspiraba de alivio. Ginny lo miró y rio, palmeando su brazo.

—¿Ves? No estuvo tan mal.

Hermione asintió.

—No entiendo cómo puedes soportar estar media hora, firmando autógrafos para tus fans del Quidditch, y tener un ataque de pánico al entrar a un cuarto como tú mismo, Harry.

—Porque no cree que se ha ganado la adoración por ser Harry Potter, pero sí se la ha ganado por ser Hank Black —respondió Draco sin pensarlo. Sintió que todos giraban para mirarlo.

—Em, bien expresado, Draco. Entonces, ¿este es el cuarto de terapia con arte? —dijo Simon, viendo el lugar.

Hermione sonrió y asintió, captando la señal de Simon.

—Sí, hay dos cuartos de terapia con arte y uno con música, ¿no es cierto?

—Sí, así es —dijo Draco—. Éste es para los niños más pequeños, y tenemos un segundo cuarto equipado para los pacientes más grandes y adultos. —Harry asintió y se alejó con Ginny, para mirar el cuarto. Draco vio cómo los dos abrían las alacenas y platicaban.

—¿Todo está preparado para la semana que viene? —preguntó Ginny, mientras regresaban con Draco.

El rubio asintió.

—El primer grupo de residentes a largo plazo llegarán de San Mungo el martes, y deberíamos tener a todos acomodados para antes de Navidad.

Neville asintió.

—No puedo esperar a que mis padres se muden para acá.

—¿Te gustaría ver dónde van a quedarse? —le preguntó Draco, y Neville asintió. Los llevó al segundo piso, donde los residentes se quedarían. Los cuartos eran cómodos y estaban preparados para encargarse de las necesidades especiales y la seguridad de los que habitarían ahí.

—Me encanta que van a tener su propio cuarto, en vez de vivir en un piso de hospital —dijo Neville—. ¿Puedo traer plantes para hacerlo más acogedor?

—Por supuesto, y vamos a darle a los residentes permanentes la opción de pintar sus cuartos. Para que la familia pueda decorarlo y hacer que se vea más como una casa real, en vez de un hospital. —Draco checó la hora—. Deberíamos bajar. Es hora de la apertura oficial.

Los otros comenzaron a salir por la puerta, pero Harry se quedó atrás, esperando. Draco lo miró, vacilante, y Harry esperó a que todos los demás hubieran salido.

—Solo quería decir que lamento que no entraras al programa de San Mungo. No deberían haberte excluido de él.

Draco lo miró, sorprendido.

—De hecho no me sorprendió. Desde el principio, ya sabía que iba a ser casi imposible; además, resultó que me necesitaban aquí, así que todo resultó para bien.

—Ahora es un poco tarde, pero si quieres puedo ir con ellos y decirles…

Draco negó con la cabeza.

—No. No tiene caso. Incluso si me admitieran en el programa, seamos realistas: ¿quién querría ser tratado por el sanador mental qué le borró la memoria al Salvador del Mundo Mágico? —Repasó el lugar donde estaban con la mirada—. Tal vez, en algunos años, todo será diferente, pero por ahora, creo que puedo hacer más bien aquí.

—¿Estás seguro? —preguntó Harry. Draco asintió.

—Vamos, van a preguntarse si te escapaste para no dar tu discurso.

OoOoOoO

Harry miró secretamente a Draco mientras bajaban las escaleras. Había decidido dejar de pensar en él como Malfoy. El hombre que estaba caminando a su lado no se parecía en nada, hablando de actitud y de apariencia, a su rival de escuela que solamente conocía como Malfoy. Que solamente recordaba como Malfoy, se corrigió mentalmente. Después de su conversación la primavera pasada, se había preguntado si en verdad era posible simplemente superarlo, pero estaba resuelto a seguir tratando. Se limpió las manos con nerviosismo en la túnica y Draco lo miró, con curiosidad.

—Entonces, ¿por qué aceptaste venir y hablar ante todos si es obvio que odias hacerlo?

Harry rio, retirando un mechón de cabello de su rostro con una mano nerviosa.

—¿Tú por qué crees que lo estoy haciendo?

—¿Para hacer que todos esos jodidos periódicos se callen acerca de que te separaste de la Fundación?

—Acertaste —dijo Harry, mirándolo—. Te preguntaría cómo es que puedes saber lo que estoy pensando tan bien, pero probablemente no me gustaría la respuesta.

Draco rio.

—Estoy seguro de que no te gustaría la respuesta.

Juntos bajaron las escaleras y volvieron a donde estaba el cúmulo de gente. El tamaño de la multitud parecía haberse duplicado mientras estuvieron arriba. Draco lo llevó a donde Narcissa Malfoy, Doris y Amos Diggory y Kingsley Shacklebolt estaban sentados, cerca de la porción de pared cubierta con una cortina. Harry los saludó nerviosamente.

—¿Listo? —preguntó Kingsley, y Harry asintió. Kingsley les hizo un gesto a los músicos para que dejaran de tocar y les dio la bienvenida a todos a la apertura del Centro. Presentó a Narcissa y la mujer dio un paso hacia delante para hablar. Se dirigió con facilidad a la multitud, que se había acercado.

—Las heridas físicas han sanado en los dieciocho meses desde que la guerra terminó, pero hay muchas otras heridas que siguen abiertas. Heridas que no pueden ser curadas por hechizos, esencia de díctamo o crecehuesos. Estas heridas, que nadie más puede ver, afectan a los que queremos, a nuestros vecinos o compañeros. Es nuestra esperanza, con la apertura del Centro de Sanación Cedric Diggory, que estas heridas también puedan comenzar a sanar. —Miró a Harry y a Doris Diggory, que estaban parados junto a la cortina que cubría la pared. Juntos, jalando un listón, Harry y la madre de Cedric revelaron la placa de bronce, que dedicaba el Centro a la memoria de Cedric Diggory. Luego, miró a Harry, esperando. El chico miró la multitud y, tosiendo con nerviosismo, comenzó a hablar.

—Me honra poder darles la bienvenida al Centro Diggory y me honra haber tenido la oportunidad de ser parte de la creación del Centro. Me siento afortunado de poder decir que Cedric Diggory fue amigo mío. No sólo fue un compañero estudiante, o jugador de Quidditch, o competidor. Cedric y yo nos volvimos amigos durante la Copa del Mundo de Quidditch. No pasó mucho para que dejara de ser más que un amigo, volviéndose mi confidente. Alguien en quien pude apoyarme durante un momento muy difícil en mi vida. Entrenado en terapia con jóvenes, Cedric me ayudó y me dio la fuerza para superar esos momentos de duda personal.

—Mucho se ha dicho acerca del Torneo de los Tres Magos. Cedric probó ser un digno adversario en la competencia. Dice mucho acerca de su carácter que insistiera en que ambos agarráramos la Copa de los Tres Magos al mismo tiempo, a pesar de que tenía todo el derecho de tomarla él mismo. Ninguno de los dos podría haber previsto las consecuencias de esa simple acción.

—Me parece perfecto que hoy estemos dedicándole este Centro a su memoria. Él, que fue el primero en caer cuando Voldemort regresó. A través de este Centro, esperamos darles sanación, terapia y comodidad a las familias y los seres queridos de todos los que fueron afectados por Voldemort y sus fieles seguidores.

—En esta placa están las palabras que Cedric le escribió en una carta a su novio, Simon Ward, durante la víspera de ese último día de la competencia: "El valor es más estimulante que el miedo. No nos volvemos héroes o vencedores de un día para otro. Con cada paso que damos, cuando nos enfrentamos a lo imposible, cuando vemos y no escapamos, podemos descubrir que tenemos la fuerza para seguir luchando".

—Él vivió esas palabras al siguiente día, mientras atravesaba el laberinto y salía victorioso, solo para ser asesinado por alguien que no comprendía el significado del valor. Espero que los residentes de estas instalaciones tomen fuerza de sus palabras y sigan luchando.

Mientras la multitud comenzó a aplaudir, Harry se acercó a los Diggory y a Simon, para hablar con ellos. Dio un suspiro de alivio cuando la música comenzó a sonar de nuevo y la multitud se dispersó hacia la pista de baile, y sus alrededores.

—Muy buenas palabras, hijo mío —dijo Amos Diggory, sonándose la nariz con un pañuelo sonoramente, mientras su esposa tomaba la mano de Harry. Doris Diggory estaba secándose los ojos y solamente asintió. Simon miró a Harry y sonrió.

—Cedric habría estado orgulloso de ti, de cómo estás encarando las cosas ahora.

—Em, bueno, gracias… —dijo Harry.

—Si nos disculpas, creo que es hora de que nos vayamos. Una maravillosa noche, pero aun así fue agotadora —dijo Doris Diggory. Amos asintió y la llevó hacia la salida.

Simon miró a Harry.

—Ese fue un discurso extraordinario.

—Sentí que se lo debía —dijo Harry, encogiéndose de hombros—. Durante el año pasado, en especial desde que leí las cartas, más recuerdos de Cedric regresaron. Por muy estúpido que parezca, me siento culpable por no recordar más acerca de él.

Una voz se oyó de atrás y Harry giró para ver que Draco estaba frente a él.

—¿Recuerdas que te decía una y otra vez que no tomaras responsabilidad por cosas que no eran culpa tuya? —Harry negó con la cabeza—. Era algo muy común, porque siempre lo haces —continuó el rubio—. Ambos sabemos que no tienes nada de lo que sentirte culpable.

Harry se encogió de hombros y miró la placa.

—Me alegra poder recordar lo suficiente de él como para decir esas palabras de forma honesta. Lo dije en serio.

Simon asintió.

—No dudo que lo hicieras. ¿Deberíamos regresar con los demás?

Encontraron a Hermione, Ron, Ginny y Neville cerca de la pista de baile, donde la banda estaba tocando.

—Harry, eso fue maravilloso —dijo Hermione—. Y yo estaba preocupada porque no me dejaste leerlo o arreglarlo.

—El último discurso que escribiste para mí estaba lleno de citas de "Historia de Hogwarts", Hermione. No iba a dejar que leyeras éste.

—Fue un discurso muy bueno, Harry —dijo Neville—. No me había dado cuenta cuánto conocías a Dig… —Se interrumpió cuando Ginny le enterró el codo en el costado.

Harry no pudo evitar reír.

—Está bien. Nunca lo mencioné, pero Draco y yo accedimos, el mayo pasado, a dejar de evitar el asunto, fingiendo que nada había pasado, y superarlo.

—¿En serio? —dijo Hermione, sorprendida, mirándolos a los dos—. ¿Qué quieres decir con eso exactamente? ¿Y por qué no habías dicho algo antes?

Harry se sonrojó un poco cuando todos lo miraron.

—Es solo que me pareció obvio que no podría estar evitándolo, o esperar a que todos los demás lo hicieran. Y estaba gastando mucha energía preocupándome por ello. Así que decidimos comenzar desde cero, tan bien como nos sea posible.

—Eso es verdaderamente… algo —dijo Ron, negando con la cabeza mientras miraba a Draco.

—Y eso algo bueno —dijo Hermione—. Estoy orgullosa de ti. Pero, ¿no crees que sería mejor hablar acerca de…?

—Déjalo, Granger —dijo Draco bruscamente, mirándola a los ojos—. Esto es entre Harry y yo, y nadie más.

Parecía como si Hermione estuviera a punto de protestar, pero Ron solo negó con la cabeza.

—Tiene razón, Hermione —dijo Harry, asintiendo.

—Bueno, te daré algo de crédito. Me alegra ver que ambos se pusieron de acuerdo en hacer algo —dijo Simon—. Y también me alegra que Hermione no se sentirá obligada a mandarme a que evite que destruyas cosas después de cada vez que ustedes dos hablen con el otro. —Harry comenzó a reír, mientras Draco los miraba, confundido.

—¿Me estoy perdiendo algo?

Justo cuando la banda comenzó a tocar una nueva canción, Hermione se giró hacia Ron.

—Prometiste que ibas a bailar conmigo si tocaban esta canción.

Ron protestó mientras la chica lo llevaba a la pista de baile.

—¡No sabía que sí la iban a tocar!

Antes de que Harry se diera cuenta, Neville llevó a Ginny a la pista de baile, dejándolo a él, Malfoy y Simon, juntos e incómodos.

Simon giró hacia Harry y alzó una ceja.

—Bueno, como el mundo mágico ya sabe que eres gay, ¿me concederías esta pieza? —preguntó.

Harry rio y negó con la cabeza.

—Me temo que no puedo bailar. Solo pregúntale a Malfoy, solo bailé una vez en el Baile de Navidad, y lo hice terrible.

Malfoy giró y lo miró; sus pupilas se habían agrandado.

—De hecho, eres un muy buen bailarín. —Harry sintió que el tiempo y el espacio se detenían, mientras miraba a Malfoy.

—¿De qué estás hablando? —dijo, con dificultad.

—No podías bailar pero aprendiste. Aún sabes cómo bailar. —Malfoy lo miró con cautela; era claro que no estaba seguro de cómo iba a reaccionar.

Harry sintió que la sangre abandonaba su rostro pero no le importó, pues la gente comenzó a mirarlos. Miró a Malfoy, obligándose a recordar algo acerca del hecho al que el rubio hacía referencia, de su pasado perdido. Simon silbó en volumen bajo pero no dijo nada.

Harry negó con la cabeza.

—No te creo.

—Entonces, ¿te lo muestro? —dijo Malfoy, señalando la pista de baile con un gesto.

—¿Bailar contigo? Debes estar bromeando, joder.

—¿Acaso no te paraste frente a toda esa gente y dijiste que los valientes encuentran valor a cada paso que dan? Pruébalo. —Harry se le quedó mirando el rubio, que respondió al gesto, con la mandíbula apretada pero sin dar otra señal de estrés.

—Bien. Probaré que te equivocas. —Harry le ofreció la mano a Draco.

—Sigues siendo un jodido Gryffindor, Harry. —Draco tomó su mano y ambos caminaron hacia la pista de baile, juntos. Incluso el cantante de la banda dejó de cantar por un momento, cuando todos en el salón dejaron de hacer lo que estaban haciendo para mirar al par, parado a la mitad de la pista de baile.

—No puedo creer que estemos haciendo esto —susurró Harry furiosamente.

—Bailar es una habilidad, así como el Quidditch, no es un recuerdo. Lo único que tienes que hacer es intentarlo —susurró Draco en su oído, cuando rodeó la cintura de Harry con un brazo—. Pon tu mano en mi hombro y mírame, sólo sígueme.

—No puedo… —Harry volteó para mirar a Draco, incrédulo, cuando el rubio comenzó a moverse y Harry sintió que su cuerpo daba un paso hacia atrás, automáticamente, para responder al paso hacia delante de Draco. El rubio lo estaba sosteniendo con firmeza; al menos los separaban veinte centímetros, pero Harry podía sentir el brazo de Draco en su cintura, el calor de su mano derecha tocando su espalda, su mano izquierda sosteniendo ligeramente la derecha del moreno.

Sus grises ojos estaban fijos en los de Harry y todo lo demás se detuvo. Harry se encontró a sí mismo obligado a seguir cada paso mientras Draco los hacía girar; tenía que moverse alrededor de las otras parejas en la pista, que habían dejado de bailar. La canción continuó y ellos continuaron bailando; Harry alcanzó a ver a Ron y Hermione, y a Neville y Ginny, bailando también. Ron estaba girando la cabeza, tropezándose para verlos, y Hermione lo regañaba para que pusiera atención a lo que estaba haciendo.

—Respira, Harry —susurró Draco en su oído, y Harry respiró por reflejo—. La canción ya casi acaba. Haznos un favor a los dos y no corras en cuanto la música… —Draco dejó de hablar y Harry rompió el contacto visual, para fijar su atención en Simon, parado junto a ellos.

—¿Puedo interrumpir? —Draco asintió y Harry, de pronto, se encontró a sí mismo bailando con Simon. Draco se alejó de la pista de baile sin decir una palabra.

—Por favor, dime que todo esto es una pesadilla y que me voy a despertar pronto —le dijo Harry entre dientes a Simon, que echó la cabeza hacia atrás y rio.

—Sí que te pones en situaciones difíciles —dijo Simon—. Pero tienes que admitir que Draco tenía razón, sí puedes bailar.

—Un vistazo más a los años perdidos —dijo Harry, temblando. Simon rio y los dirigió con facilidad por la pista de baile. Harry vio que, lentamente, el salón estaba regresando a la normalidad: la gente estaba conversando y bailando de nuevo—. Ahora que lo pienso: durante el juicio, los recuerdos de la varita mostraron a Cedric y Malfoy bailando, y hay un dibujo que encontré de nosotros dos bailando. Aunque Cedric no escribió nada acerca de ello en las cartas.

—Probablemente porque sabía que me encanta bailar, y me habría puesto celoso si él hubiera escrito acerca de ello. —Simon miró alrededor. La canción estaba terminando—. ¿Listo para detenerte?

Harry asintió.

—Más que listo.

—Tengo que decir que estás manejando todo esto muy bien.

—No te preocupes, estoy planeando un lindo colapso nervioso en cuanto pueda alejarme de aquí —dijo Harry—. No lo haré aquí, no ahora. No quiero darles la satisfacción. —Señaló con un gesto hacia los fotógrafos de los periódicos, que estaban ocupados tomando sus fotografías—. Espero que no te moleste aparecer en todos los periódicos.

—No me molesta, pero también sé que es casi imposible que mi fotografía aparezca. Predigo una fotografía en primera plana, donde tú y Draco estarán bailando y mirándose a los ojos.

—Oh, Dios. Eso hicimos, ¿no es cierto?

—Me temo que sí.

Cruzaron la pista hasta llegar adonde Ron y el resto estaban esperándolos. No había señal de Draco, cuando Harry miró la multitud. Ron le dio un vaso de whisky de fuego al moreno, y éste lo aceptó con gratitud, dándole un largo trago. Nadie dijo nada, y Harry sintió un arrebato de agradecimiento hacia sus amigos.

—Bueno, ¿cuánto tiempo necesito quedarme, para que no parezca que estoy huyendo? —preguntó casualmente, mirando a Hermione y luego a Simon.

—¿Quince minutos? —dijo la chica, y Simon asintió.

—¿Podrías decirme cómo pasó eso? —preguntó Ron—. Lo único que sé es que volteé para verte y Malfoy estaba llevándote a la pista de baile.

—Simon me invitó a bailar, pero le dije que no podía —dijo Harry—. Draco dijo que sí podía y me retó cuando le dije que estaba equivocado.

Ginny asintió.

—Siempre dijiste que no podías y, bueno, tu baile en el Baile de Navidad fue un desastre.

—Aparentemente, aprendí —dijo Harry—. Para citar a Draco: "bailar es una habilidad, no un recuerdo". Así que, a pesar de que no recuerdo haber aprendido, aún puedo hacerlo. —Se terminó el whisky de fuego y resistió la tentación de pedir otro.

—Eso es fascinante —dijo Hermione, mirando a su amigo—. Los recuerdos están almacenados en una parte diferente del cerebro, y las cosas como poder tocar música, la habilidad artística y el lenguaje están en otra. Me pregunto qué otras cosas puedes hacer y no sabes que puedes hacerlas…

—¡Hey! ¡Ni siquiera digas eso! —dijo Ron horrorizado, mirando a Hermione.

—¿Qué? —preguntó ella, confundida. Neville estaba tosiendo en su mando y Simon estaba mirando fijamente un punto a la distancia.

Ginny miró a Hermione y negó con la cabeza.

—No creo que Harry quiera discutir qué "habilidades" pudo haber aprendido mientras salí con Malfoy.

—¿Por qué no…? Oh. Lo siento, Harry.

Ignorándola, el moreno revisó la hora.

—Catorce minutos, suficiente para mí. Buenas noches. —Con rapidez, se movió por el salón y se dirigió a la salida. Caminó hacia el camino que llevaba a las puertas, donde se podría desaparecer. Se sintió agradecido de que los fotógrafos no lo hubieran seguido. Llegó a las puertas de hierro y alzó una mano para abrirla.

—Harry. —El chico giró sobre sus talones y sacó la varita. Draco estaba recargado contra el pilar de piedra, en la cerca. Alzó las manos de manera defensiva—. Solo quería disculparme. No sé cómo fue que pasó todo eso.

—Solo querías probar tu punto —dijo Harry, metiendo la varita en su manga. Ahora que estaba alejado de todas las miradas sobre él, se sorprendió al darse cuenta que ni siquiera estaba enojado.

—No debería haber intentado probar nada. Me tomaste por sorpresa. Es sólo que asumí que sabrías que sabías cómo bailar, incluso si no sabías cómo era que sabías.

—Supongo que bailábamos, ¿no es cierto?

—Bailábamos mucho. Servía muy bien como un descanso del estudio. —Harry pudo detectar el ligero quiebre en la voz de Malfoy cuando lo dijo.

—Hazme un favor. La próxima vez que sientas la necesidad de informarme acerca de una parte de nuestro pasado, no lo hagas frente a 200 personas y la prensa. Mándame una carta o uno de esos dibujos.

—De acuerdo. Y lamento haberte puesto en esa posición. Y espero que esto no arruine la tregua entre nosotros.

—No, nada está arruinado. Yo no tenía que hacerlo —admitió Harry—. Podría haber rechazado tu reto.

—¿Cuándo has rechazado un reto directo? —dijo Draco, riendo—. Será mejor que regrese, o comenzarán a preguntarse dónde nos desaparecimos los dos.

Harry vaciló pero asintió. Giró y ya casi había pasado las puertas cuando Draco lo detuvo.

—Harry. —El chico volteó para verlo—. Gracias por el baile.

OoOoOoO

La cita de Cedric Diggory en el discurso de Harry es una modificación mía de una cita de Eleanor Roosevelt: "El valor es más estimulante que el miedo y, a la larga, es más sencillo. No tenemos que volvernos héroes de un día para otro. Con un paso a la vez, enfrentándonos a cada cosa que surge, viendo que no es tan espantoso como parece, descubriendo que tenemos la fuerza para hacerle frente".

¡Se aprecian los reviews!


Notas finales:

Les haré una pregunta, ya que me gustaría conocer sus opiniones…

¿Creen que Simon y Harry tendrán algo? Se me acaba de ocurrir.

Adigium21