Notas de traductor:
¡Hola de nuevo! Pues sí, ya pasamos de los 500. Mil gracias a todas y todos…
Con respecto a mi pregunta en el capítulo anterior: gracias por todas sus opiniones… Hasta Marty (la autora de la historia) se puso en contacto conmigo y me dijo que Simon/Harry nunca se le había ocurrido. Creo que solo a mí me gusta desordenar el mundo.
Así que, no, no se preocupen porque Simon/Harry suceda en la historia… Quizá me arriesgue a intentar hacer algo de ellos por mi cuenta, en un futuro muy lejano, pero no por ahora…
Gracias a Candelaria1, Blacky-Yuuki, BlackLiv, arita, NUMENEESSE, xonyaa11, AnnieSly, Violet Stwy, Silvers Astoria Malfoy, Allison Marie Malfoy-Black, miredraco, Oduvanchik Dandelion, kawaiigiirl, Meliza Malfoy, jessyriddle, toxica666, sailor mercuri o neptune, mixhii, Acantha-27, cassandra, SaoCa, Lunatica Dark y por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores… Creo que hoy rompimos récord de reviewers por capítulo.
Ah, y este capítulo y su segunda parte van dedicados a Acantha-27, ¡la reviewer 500!
¿Alguien pidió algo de peligro?
El ultimo vistazo de Draco que Harry tuvo fue el del rubio recargado contra la puerta de hierro… "Gracias por el baile". Con esas palabras haciendo eco en su cabeza, el moreno giró y se desapareció.
Aterrizó en la entrada de su casa en Devon. El sonido de su llegada sorprendió al perro de su vecino, que comenzó a ladrar porque lo habían perturbado. Harry entró a la casa lo suficiente como para quitarse la túnica de gala y tomar una chaqueta. Se dirigió a la puerta trasera y atravesó el jardín, hasta el camino que llevaba al páramo. Había tantos pensamientos zumbando en la cabeza que no sabía en qué pensar… los primeros momentos cuando había pasado a la pista de baile y Draco hubo puesto sus brazos alrededor del moreno, como si fuera algo que pasara todos los días. Cómo había visto a Harry a los ojos. El calor de la mano de Draco, presionándose contra su espalda. Harry apretó los labios con fuerza; bailar con Draco Malfoy no era, en definitiva, lo que había querido cuando había pensado en asistir a la apertura. Era lo último que necesitaba en ese momento.
El frio aire de la noche lo refrescó, mientras caminaba por el sendero desgastado, pisando raíces y surcos. Había caminado por ese sendero tan seguido que podía caminarlo en la oscuridad con facilidad. Por fin, pudo ver la cima, que brotaba afilada de la tierra del páramo.
Durante el día, escalaba para llegar ahí, pero esta vez se apareció en la cima. Se recargó contra una saliente, que formaba una silla natural, y miró el cielo. En la oscuridad de la luna nueva, pudo ver los millones de estrellas en el cielo y, aun así, lo único que veía eran los ojos de Malfoy, mirándolo fijamente mientras bailaban en la pista.
OoOoOoO
Harry se despertó a la mañana siguiente, frío y tenso por su caminata nocturna. Maldijo y salió de la cama. Preparando el café más cargado que le fue posible, fue a sentarse a la barda de piedra en su jardín, mirando el páramo. El aire frío lo cortaba a través de su jersey, pero no se molestó en hacer un encantamiento calentador; se sentía bien estar afuera. El granjero que estaba al final del camino estaba llevando a sus ovejas por el camino que llevaba a la base, para pastar, y Harry miró los movimientos nerviosos de los pesados animales mientras bebía de su café.
—Harry. —El moreno volteó al oír su nombre, que venía de dentro de la casa, y entendió que la Flú seguía cerrada. Conociendo los hábitos de Hermione, debía haberla abierto de inmediato cuando se levantó, para ahorrarse tiempo. Estirándose, se puso de pie y volvió a entrar a la casa.
—Ya voy —dijo, y fue a servir otra taza de café, llevándola a la sala. La cabeza de Hermione seguía en las llamas, y estaba mirando alrededor del cuarto.
—¡Ahí estás! ¿Dónde estabas? —dijo malhumorada, mientras Harry apuntaba con la varita a la chimenea, liberando las protecciones. La chica pasó a la sala, limpiándose la ceniza de su cabello y sus prendas. Tomó la taza de café que le ofrecía el chico con una sonrisa.
—Afuera. ¿Quieres estar afuera o adentro hoy? ¿Dónde está Ron?
—Adentro. Puedes hacerme de desayunar, por favor. Ron sigue durmiendo… —Entraron a la cocina y Harry se puso a preparar huevos y salchichas.
—¿Tomó mucho whisky de fuego? —preguntó Harry con una sonrisa de lado.
—Solo un poco, tuve que usar la Aparición conjunta al venir a casa—dijo, arrugando la nariz—. Creo que verte a ti y a Draco bailando fue demasiada realidad para él.
—¡Fue solo un jodido baile!
—Lo sé, pero ya sabes cómo es Ron: la idea de que tú y Draco estén juntos…
—¡No estamos juntos! —Harry golpeó la mesa con la mano, olvidando que estaba sosteniendo un huevo, y éste se estrelló contra la barra.
Hermione sonrió y negó con la cabeza. Sacó su varita y limpió el desastre.
—Lo sé, y él lo sabe. Pero verlos bailando solo hizo que recordara lo que pasó entre ustedes. Por eso, el whisky de fuego.
—¿Y Ginny estuvo bien con ello? —preguntó Harry, preocupado, mientras ponía las salchichas en la sartén.
—Sí, solo quiere que seas feliz. —Hermione rellenó sus tazas de café. Dándole un trago, miró a Harry por encima del borde de su taza. El chico suspiró y bajó la espátula.
—Vale, dámelo. Sé que está en el bolsillo de tu túnica.
La chica asintió y sacó la copia doblada de El Profeta, deslizándola por la mesa hacia el chico. Éste se sentó en la silla y lo abrió. Como Simon había predicho, esa fotografía llenaba la primera plana por completo. "Amantes se reúnen", gritaba el encabezado. Harry estudió la imagen del Harry de la foto en los brazos del Draco de la foto, mientras bailaban sin esfuerzo alrededor de la pista.
—¿Crees que debería cortarme el cabello? —preguntó, curioso.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir? —exclamó Hermione.
—¿Qué más puedo decir? —dijo Harry, encogiéndose de hombros—. Hay una razón por la que ya no recibo esta basura. La única parte buena es la sección de Quidditch, y Ron me aparta esa parte.
—Es importante porque este, y todos los otros periódicos, están siendo leídos por miles de magos por toda Gran Bretaña, Harry. Todo lo que la población mágica en general sabe acerca de ti y de Draco es lo que han escogido publicar; verdades o mentiras, eso no le interesa a El Profeta, porque saben que el público creerá lo que sea que publiquen.
—Exactamente, entonces, ¿por qué debería molestarme en…?
—Porque, si alguna vez decides salir de tu escondite de forma permanente, necesitas…
—No necesito hacer nada, Hermione —dijo Harry, enojado, y se puso de pie, regresándole el periódico. Volteó las salchichas y sacó dos platos.
—Piénsalo, Harry. Han pasado dieciocho meses desde que la guerra terminó, más de un año desde el juicio, y sigues estando en la primera plana, por más inexacta que sea la historia, con Draco. Necesitas controlar el mensaje que se está dando; decir algunas verdades para que la gente deje de leer esta basura inventada.
—No —dijo Harry, y le puso un plato enfrente. Se sentó del otro lado de la mesa y levantó su tenedor—. No arruines el desayuno, ya déjalo.
Parecía como si Hermione estuviera a punto de discutir, pero se encogió de hombros y levantó su tenedor. Miró el periódico una vez más.
—Con lo de tu cabello: no te atrevas a cortarlo. Se ve sexy, muy sexy —dijo, con una sonrisa—. Mucho mejor que cuando estaba más corto y siempre sobre tus ojos.
Harry negó con la cabeza y rio, agradecido de que estuviera dispuesta a dejar el tema y no pasarse la mañana discutiendo.
—Vayamos a ver a Ron después de comer, quiero despertarlo y llevarlo a Grimmauld Place. Pueden decirme qué piensan del avance.
—He estado muriéndome por ir a ver la casa, ¿cuándo crees que esté lista?
—Otras dos semanas, más o menos, y creo que estará terminada —dijo Harry, con una sonrisa—. A tiempo para Navidad.
OoOoOoO
La noche siguiente, Harry fue despertado de golpe por la voz de Arthur Weasley, gritando su nombre desde la chimenea en la sala de estar. Movió el sillón y casi cayó por la entrada para salir del dormitorio. Checando la hora mientras caminaba, vio que era la una y media de la mañana.
—¿Qué sucede? —preguntó, ansioso, temiendo que algo le hubiera pasado a uno de los Weasley.
La cabeza de Arthur giró hacia el sonido de su voz.
—Ahí estás, Harry. Ve por Draco Malfoy y vengan a la Madriguera tan rápido como puedan.
Harry podía escuchar el sonido de un niño gritando, en el fondo.
—¿Ése es Teddy? ¿Qué pasó? ¿Narcissa está ahí?
Arthur se veía desesperado.
—Sí, aquí están, y están a salvo, pero ve por Draco y vengan para acá. Manténganse alerta. Aparézcanse, cerraré la Red Flú.
—¡Qué! ¿Pasó algo malo? —gritó Harry, pero Arthur ya había salido de la chimenea. Maldiciendo, Harry regresó a su cuarto y tomó su varita de la mesita de noche. Aún estaba poniéndose un suéter mientras se aparecía en las puertas del Centro. Los edificios del Centro eran visibles a la distancia, pero no había ninguna luz encendida. Las puertas estaban cerradas y Harry sabía que las protecciones evitarían que entrara hasta la mañana.
Mandó su patronus galopando por el camino. Con suerte, el ciervo podría atravesar cualquier protección personal que Draco hubiese acomodado en su habitación. Mientras el viento se colaba por sus pantalones del pijama y el suéter, y él caminaba de acá para allá enfrente de las puertas, deseó que el mundo mágico adoptara un poco de la tecnología muggle, el teléfono. Mantuvo la varita afuera, checando el campo para asegurarse de que nadie se acercara. Arthur había dicho que se mantuvieran alertas, pero no había dicho por qué. De repente, las puertas comenzaron a abrirse y Harry entró por el espacio, en cuanto pudo hacerlo. Corriendo por el camino hacia los dormitorios del personal, se dirigió a la única luz que se había encendido en el edificio.
Draco tenía la puerta abierta y estaba abotonándose la camisa cuando Harry entró, apresurado. El rubio lo miró y puso los ojos como platos, por el miedo.
—¿Qué pasó?
—No lo sé. Teddy y tu madre están en la Madriguera. Arthur no tuvo tiempo para decirme por qué. Vamos. —Sin decir más, Harry giró y comenzó a correr de regreso por el camino, con Draco a su lado.
—¿Por qué fueron a la Madriguera? —gritó Draco mientras corrían.
—¡No lo sé! —dijo Harry, con el miedo apretando su estómago. Podía pensar en algunas razones por las que ambas mujeres podrían haber sido obligadas a huir de su hogar a la mitad de la noche, y ninguna de ellas era buena. Por fin, llegaron a las puertas. Mientras esperaban a que se abrieran, el moreno miró a Draco—. Puedo usar la aparición conjunta, y llegar al patio directamente. —Draco asintió y, en cuanto las puertas les permitieron pasar, tomó el brazo de Harry, desapareciendo sin decir una palabra.
Todas las luces estaban encendidas en la Madriguera, y Arthur estaba parado en el porche con la varita en ristre.
—Bien, ya están aquí. Ellas están adentro. —Draco pasó junto a él, entrando a la casa, sin decir nada. Arthur gritó hacia el patio: —¡Adelante, George! —Harry miró hacia atrás y vio que George estaba en el jardín, poniendo las protecciones que sellarían a la Madriguera y evitarían el acceso. Arthur bajó la varita cuando la pantalla protectora cubrió todo. Se sentó en los escalones, con los hombros temblando.
—¿Qué sucedió? —preguntó Harry, dividido entre entrar y asegurarse de que Teddy estuviera bien, y averiguar qué había causado tal estado de alarma.
—Un grupo de magos ebrios apareció en su puerta, exigiendo saber dónde estaba Draco. Trataron de maldecir a Narcissa y Andrómeda cuando no les dijeron nada.
—Oh, Dios. ¿Y Teddy? ¿Lastimaron a Teddy? —Harry se dirigió a la puerta pero la voz de Arthur lo detuvo.
—No, no le alcanzó nada. Esas dos hermanas. —Arthur negó sorprendido—. Pelearon contra todos ellos y se aparecieron aquí tan rápido como les fue posible.
George entró al porche, aún en pijama.
—No pensé que necesitaría poner esas protecciones de nuevo.
Harry giró y atravesó la entrada. Siguió los gritos para encontrar a Ginny, cargando a Teddy que pateaba y gritaba. El cabello del niño estaba cambiando de color en una sucesión rápida, con cada grito. Harry miró a Narcissa en un sillón individual, y Draco de rodillas a su lado, hablándole ansiosamente. Andrómeda estaba sentada junto a Molly en el sofá, con las manos entrelazadas fuertemente. Suspirando de alivio, se acercó a Ginny, que le sonrió brevemente cuando el chico le quitó a Teddy de los brazos.
—Gracias a Merlín que estás aquí. Ha estado frenético por Draco.
Teddy dejó de gritar cuando sintió los brazos de Harry alrededor de él, colapsando sobre su pecho mientras lloraba.
—Draco… —dijo, entre sollozos e hipos.
—Shhhhh. Ve, Draco está aquí, está a salvo. Está asegurándose de que su mamá esté bien. —Harry giró a Teddy para que el niño pudiera ver a Draco, en el otro lado del cuarto. El rubio estaba de rodillas frente a la mujer, abrazándola; ambos tenían las cabezas juntas mientras ella murmuraba en francés.
Teddy respiró mientras sollozaba y se limpió la nariz en el pijama de Harry.
—Hombres malos. Los hombres malos querían lastimar a Draco.
Harry apretó al niño y habló tan tranquilizador como pudo.
—Pero no lo hicieron. La abuela y tía Cissy fueron valientes y nadie lastimó a Draco. Tú no te lastimaste, ¿verdad? ¿Los hombres malos trataron de hacerte daño?
Teddy negó de nuevo, mientras Harry le limpiaba las lágrimas de sus enrojecidas mejillas.
—No. Jugué a las escondidas calladas, así como 'raco dijo (1)…
—¿A las escondidas calladas? —preguntó Harry, confundido—. ¿De qué estás hablando? —Teddy rio un poco.
—¡Sí, calladas! —dijo Teddy, alzando un dedo, poniéndolo contra sus labios y soplando—. Shhhhh…
—¿Y cómo se juega a las escondidas calladas? —preguntó Harry.
—Si gente mala viene, corro y me escondo bajo mi cama y Shhhhh, hasta que Draco o Cissy o la abuela o tú vengan por mí. —El niño miró a Harry con los ojos como platos, ansioso porque Harry entendiera el juego—. Draco me enseñó a jugar.
Harry sintió el apretado puño del terror apretando su estómago de nuevo.
—¿Y gente mala ha venido antes? ¿Has tenido que jugar a las escondidas calladas antes?
—Solo con 'raco. Él hace de hombre malo y Cissy me encuentra. Luego comemos galletas. ¿Puedo comer una galleta? —Teddy miró a Harry, esperanzado. El moreno lo estaba mirando, apenas capaz de comprender lo que el niño acababa de decirle.
—Claro que puedes comer una galleta. —Harry escuchó la voz ronca de Draco y giró, para ver al rubio parado a su lado.
—¡Lo hice bien! ¿Verdad, 'raco? —Teddy le sonrió con felicidad al rubio. Draco estiró los brazos para tomar al niño y Harry sonrió cuando el pequeño se pasó a los brazos de Draco. Éste le dio un abrazo muy fuerte que hizo que Teddy chillara de gusto.
—Lo hiciste perfecto. —Draco le sonrió débilmente—. Ve con Ginny. Estoy seguro de que puede encontrar algunas de las galletas de su madre para ti. —Bajó al niño y éste corrió, con ansias, hacia Ginny, que lo llevó a la cocina. Draco respiró temblorosamente y cerró los ojos. Harry estiró la mano y tocó su brazo.
—¿Estás bien?
—¿Tú qué crees? —dijo Draco con seriedad, abriendo los ojos—. Mi madre, mi familia fue atacada. ¿Crees que estoy bien?
—Pero estamos a salvo, Draco —dijo Narcissa, desde el sillón.
—Por ahora, esta vez. ¿Qué hay de la vez siguiente? —Draco expresó toda su ira con la voz. Giró hacia su madre—. ¿Y qué si no pueden escapar la vez siguiente?
—No habrá una siguiente —dijo Harry, seriamente—. Nos aseguraremos de eso.
—¿Cómo, San Potter? ¿Cómo vas a prevenir que esto pase de nuevo? —dijo Draco, girándose para verlo.
Harry alzó las manos y dijo con calma.
—Espera. Cálmate. Antes de que hablemos de cómo podemos prevenirlo, necesitamos saber qué diablos pasó. Lo único que sé es que, hace quince minutos, estaba durmiendo. De repente, todo el infierno se desató.
—A mí también me gustaría saber qué pasó. Me desperté porque papá nos estaba gritando a Ron y a mí desde la chimenea, para que viniéramos lo más pronto posible e hiciéramos guardia —dijo George desde el asiento bajo la ventana.
—¿Ron? ¿Ron está aquí? —preguntó Harry, curioso.
—Em, no —dijo George, mirando de reojo a su madre—. No había llegado a casa todavía.
—Oh —dijo Harry, entendiendo dónde podría estar Ron a la una de la mañana, si no estaba en el departamento sobre la tienda de George—. Narcissa, ¿cree que podría contarnos lo que pasó?
—Por supuesto, lo mejor que pueda —dijo Narcissa.
—¿Por qué no nos sentamos todos? —dijo Molly, parándose de donde estaba sentada, junto a Andrómeda—. Iré a hacer un poco de té. Siempre es más fácil pensar claramente cuando tienes una taza de té. —Salió de la habitación mientras Draco iba a sentarse junto a su madre. George y Harry buscaron por la habitación y se sentaron en dos sillas junto a la chimenea.
—Lindas pijamas, Harry.
El chico bajó la mirada para ver sus pantalones de tela roja, con snitches doradas por todos lados.
—Em, sí, bueno… No me dio tiempo de vestirme… —Su cabeza aún estaba dando vueltas por la rapidez con la que todo había pasado.
—Andrómeda, ¿puedes contarnos lo que pasó?
—Estábamos en nuestras camas, cuando escuché la alarma que indicaba que las protecciones estaban siendo retiradas. Las ponemos cada noche, sin falta —dijo, mirando a su hermana para que lo confirmara. Narcissa asintió.
—No sé cómo las quitaron, pero lo siguiente que supimos fue que entraron por la puerta de enfrente. Llamando a gritos a Draco. Estaban ebrios y seguros de que él estaba en la casa.
—¿Por qué querían a Draco? —preguntó Harry—. ¿Lo dijeron? —Ignoró el bufido incrédulo que Draco hizo.
—Después de la foto que cubrió la primera plana de El Profeta, ¿aún puedes molestarte en preguntar? —preguntó Draco salvajemente—. Me atreví a tocar al Chico Dorado.
—Eso es ridículo… —comenzó el moreno, y miró a Draco. Luego, entendió que el rubio debía tener razón.
Andrómeda asintió con el rostro pálido.
—Tenían copias de El Profeta, y estaban molestos por la fotografía. Pero no te culpamos a ti, Harry, o a Draco. No es culpa de ninguno de los dos.
Harry negó con la cabeza, sin poder creerlo.
—Entonces, ¿solo querían ponerle las manos encima a Draco para enseñarle una lección? ¿Quién diablos se creían que eran para pensar que era asunto de ellos?
—Magos enojados y ebrios con whiskey de fuego barato no se comportan lógicamente. Probablemente se dejaron llevar y alguno dijo "Hey, vayamos a por él", y eso hicieron —dijo Narcissa—. Lo que no entiendo es cómo pudieron quitar las protecciones. Fueron puestas por aurores.
—Encontraremos esas respuestas mañana —dijo Harry con seriedad—. ¿Qué pasó después de que entraron a la casa?
—Comenzaron a lanzar maldiciones pero, por fortuna, la mayoría estaba demasiado ebrio como para acertar alguna —dijo Narcissa, sonriendo ligeramente—. Fuimos capaces de deshacernos de ellos rápidamente…
—Cuando dices "deshacernos de ellos, ¿qué quieres decir?
—Que utilizamos la maldición inmovilizadora, por supuesto. ¿Qué más querría decir? —preguntó Narcissa con inocencia—. Cuando los aurores lleguen, los encontrarán muy bien alineados en el salón principal. En cuanto pudimos, tomamos a Teddy y vinimos aquí. No podíamos pensar en otro lugar al que ir. Temíamos que fueran a llegar más agresores, buscando a Draco. Espero que lo les moleste. No queríamos causar muchos problemas.
—Hicieron lo correcto al venir aquí, totalmente —dijo Molly, mientras entraba por la puerta, levitando una bandeja de té delante de ella—. Todos pasarán la noche aquí, hay mucho espacio y podemos resolver todo en la mañana. —Se sentó en su silla y sirvió el té en las tazas.
—¿Teddy está bien? —preguntó Andrómeda, preocupada.
—Oh, sí, Ginny lo está atiborrando de galletas, está emocionado por estar levantado a la mitad de la noche —dijo Molly, mientras pasaba las tazas. Harry notó que la mano de Draco estaba temblando, cuando tomó la taza, pues ésta se movía sobre el plato.
—¿Reconocieron a alguno de ellos?
—No, pero todo sucedió tan rápido que no nos quedamos para ver sus caras de cerca.
—Bueno, me alegra que estén a salvo. Voy a llamar al ministro por la chimenea y hacer que los aurores vayan a revisar la casa, antes de que alguno de ellos pueda escaparse —dijo Arthur, poniéndose de pie y entrando a la cocina.
Harry miró a Draco.
—¿Esperabas que esto pasara? Le enseñaste a Teddy qué hacer, así que es obvio…
Draco se encogió de hombros.
—Por supuesto que he estado esperando esto. Soy un mortífago marcado. Gracias al juicio, todo mundo sabe que la forma más fácil de llegar a mí es a través de mi madre.
—Ambos sabemos que, con marca o no, eres tan mortífago como yo. ¿Ha habido algún otro intento?
—Lechuzas, vociferadores, maldiciones si salgo a la calle, lo usual. Nuestro correo es revisado antes de que llegue. Kingsley lo arregló —dijo Andrómeda—. Hemos sido muy cuidadosas en la casa, con los vecinos, y cuando vamos al pueblo.
—Bueno, no pueden quedarse ahí ahora. Si un grupo pudo entrar, entonces más lo intentarán —le dijo Harry a Andrómeda con seriedad—. Quizá no tengan tanta suerte para la siguiente —dijo, mirando a ambas mujeres. Las hermanas asintieron.
—Se supone que yo iré a vivir al Centro, como parte del personal residente, como bien sabes. Pero lo he estado retrasando porque no me gusta la idea de que Andrómeda y Teddy estén solos en la casa.
—Tú y Teddy siempre serán bienvenidos aquí, Andrómeda —dijo Molly—. Merlín sabe que, con todos los hijos fuera, menos Ginny, hay espacio más que suficiente.
Harry dudó pero luego dijo:
—Hay otra opción. —El chico sintió todos los ojos de la habitación sobre él—. He estado esperando que consideren… —Dejó de hablar, inseguro de su idea.
—¿Qué cosa, Harry? —preguntó Andrómeda.
—Grimmauld Place. Esperaba invitarla a usted y a Teddy a que se quedaran conmigo. A mí tampoco me gusta la idea de que esté usted sola en el campo.
—¿La vieja casa Black? —dijo Draco, mirando al moreno con sorpresa. Narcissa y Andrómeda intercambiaron miradas.
—Es muy lindo de tu parte, Harry pero, bueno, hemos estado en Grimmauld Place antes, cuando nuestros tíos vivían ahí. ¿No crees que sea…?
—¿Más deprimente que la sonrisa de Snape? —intervino George—. No hay nada como una pared cubierta de cabezas de elfos para quitarte las ganas de tomar el té de la mañana.
—No es como lo habría dicho, pero sirve —dijo Narcissa.
—Ya no, hice que un grupo de constructores trabajaron en ella por casi dos meses. Ya casi está lista, solo necesita los muebles y las cortinas y cosas así.
—¡Harry! No habías dicho nada acerca de ello —exclamó Molly, sorprendida.
—Bueno, no quería decir nada, hasta que estuviera lista. Luego, les dejaría decidir. Estaba bastante horrible antes, y no quería que dijeran no sin haberla visto arreglada.
—Eso arreglaría muchos problemas —dijo Andrómeda—. Narcissa necesita estar en el Centro para hacer su trabajo, en vez de estar viajando de un lado al otro todo el tiempo.
—Vengan a verla mañana, o bueno, más tarde hoy —dijo Harry, checando la hora—. Y luego deciden…
—Bueno, creo que ya fue suficiente plática para una noche —dijo Molly, cuando Ginny entró al cuarto cargando a Teddy, dormido. Draco se acercó a la chica y, con cuidado, pasó al niño a sus brazos—. ¿Por qué no subimos todos y arreglamos las cosas en la mañana? Ahora, ¿cómo los acomodamos a todos? —Molly revisó al grupo—. Narcissa y Andrómeda, las llevaré al cuarto de Bill y Charlie y, Draco, ¿puedo ponerte a ti y a Teddy en el cuarto de Percy? Harry puede mostrarte dónde está todo. Harry, cariño, tu cuarto está arreglado, pero el ghoul ha estado bajando y durmiendo en la cama de Ron, así que no te alarmes si te despiertas y escuchas a alguien respirando en la habitación. —Con eso, Molly subió las escaleras con piras. Draco giró hacia Harry y articuló: "¿El ghoul?"
Harry rio y negó con la cabeza. Por primera vez, desde que todo había pasado, comprendió que Draco Malfoy estaba en la Madriguera. Repasó el lugar con la mirada, viendo el cuarto disparejo con todo el desorden acogedor. Era tan diferente de la mansión Malfoy como era posible. Éste era el mismo Draco Malfoy, que solía burlarse de Ron y Ginny por sus padres y el "chiquero" en el que vivían. Y ahí se había sentado por la última hora, sin alguna indicación de incomodidad, y ahora estaba subiendo las escaleras con un niño dormido en los brazos, como si nada inusual estuviera sucediendo.
—¿Ya has estado aquí antes? —le preguntó a Draco, con curiosidad, mientras subían las escaleras detrás de todos los demás.
—El verano pasado, Molly nos invitó a todos a un día de campo. Teddy se divirtió mucho. —Harry asintió y se acercó a la puerta de la derecha.
—Este es el cuarto de Percy.
Draco entró y miró la habitación.
—Se nota que es de Percy. —Harry rio y asintió. A diferencia de los otros cuartos, que eran un caos y estaban llenos de posters de equipos de Quidditch y otras cosas, Percy había dejado el suyo en absoluto orden. Todos sus libros de texto de Hogwarts estaban perfectamente acomodados en las repisas, y sus insignias de prefecto y delegado estaban exhibidas con orgullo. Todo estaba en cuidadoso orden. Había dos camas gemelas en el cuarto—. ¿En cuál dormía? —Harry señaló la cama más alejada. Draco acomodó con cuidado a Teddy sobre ella—. No voy a dormir en alguna cama en la que Percy Weasley haya dormido.
—Bueno, si quieres yo podría dormir aquí, y tú y Teddy pueden dormir arriba y arriesgarse con el ghoul —dijo Harry con ligereza—. Iré por algo de ropa de George, para que te cambies. Parece que ambos son de la misma talla.
—No te preocupes, puedo arreglármelas —dijo Draco apresuradamente. Harry se miró, con el suéter y los pantalones de pijama que llevaba puestos. Draco también bajó la mirada e hizo una mueca—. Supongo que no. —Se estiró al bostezar y el borde de su camisa se alzó. Harry se maldijo a sí mismo cuando entendió que estaba mirando fijamente el vientre del rubio.
—No creo que le moleste. Además, es probable que haya aurores por todo el lugar en la mañana. —El moreno mantuvo la voz calmada, mientras giraba y salía del cuarto. Subiendo, se encontró con George, que estaba bajando con una pila de ropa doblada—. Oh, em, gracias. Justo iba a subir para tomar algo para él.
—Eso supuse. Dulces sueños, Harry —dijo George, riendo y guiñándole el ojo. Harry no quería adivinar qué era lo que estaba pensando.
—Aquí tienes —le dijo Harry a Draco, mientras ponía la ropa sobre la cómoda—. ¿Necesitas algo más?
—Solo dormir. —Harry asintió y se giró para salir. La voz de Draco lo detuvo en la puerta—. Gracias por venir por mí. No sé qué habría hecho…
Harry volvió a girar y le sonrió.
—No te preocupes, camarada —dijo, en su mejor imitación de Hank Black. Draco rio y Harry salió. Luego, subió con rapidez al cuarto de él y Ron. La puerta estaba cerrada y el moreno, con cuidado, tocó con fuerza antes de entrar. Alcanzó a ver al ghoul huyendo por la trampilla que llevaba al ático. Con prisa, llegó hasta ella y la cerró, esperando que la criatura se mantuviera quita. Sus sueños ya eran lo suficientemente molestos, como para agregar a la lista el ghoul de los Weasley.
Harry abrió la cómoda y sacó un par de pantalones de pijama. Él y Ron aún dejaban ropa en la Madriguera, para cuando les tocaba pasar la noche aquí. Harry repasó el lugar con la mirada. El cuarto de Ron, ahora considerado por todos los Weasley como el cuarto de Ron y Harry, se veía casi igual que como se había visto hacía diez años, cuando había ido de visita por primera vez. Ron odiaba dormir en su vieja cama, pues sus pies prácticamente colgaban por un extremo, como un personaje de un viejo libro de Seuss (2). Harry encontraba al cuarto reconfortante; tenía tan pocas constantes en su vida que era lindo tener algo cómodo que había sido suyo por tanto tiempo.
Harry se arrojó sobre su cama. A pesar de que ya era tarde, aún estaba alterado por todo lo que había pasado. Se estremeció al pensar en que algo podría haberle pasado a Teddy, o a su tía o a su abuela. El siguiente reto era ver qué hacer para evitar que algo así pasara de nuevo. Se cubrió los ojos con los brazos, tratando de bloquear la imagen de Teddy, describiéndole cómo Malfoy le había enseñado a jugar a las escondidas calladas. Draco Malfoy había sabido que el pequeño estaba en peligro, y había tomado medidas para mantenerlo a salvo. ¿Cómo se había metido tanto en sus propios problemas y en su propia vida, que no había pensado en ello? No iba a cometer el mismo error de nuevo. Teddy tenía que ser su prioridad número uno.
OoOoOoO
(1) Les seré completamente honesto: sigue sin convencerme el "escondidas calladas", pero no se me ocurría otra forma de expresarlo… En inglés, las escondidas se llaman "Hide and Seek" (Esconderse y Buscar), y el juego que Teddy aprende es "Hide and Shhh" (Esconderse y 'silencio'). Por eso lo de "calladas". Espero no les incomode…
(2) Seuss fue un autor de libros infantiles. Busqué por todo Internet y nunca encontré a qué personaje hace referencia Harry en su pensamiento. Intentaré dar con él y comentárselos…
Notas finales:
Como me gusta joderles la vida un poco, ahí va otra… ¿Qué dicen de Simon/Draco? Dos rubios en pareja… :3
Hasta la próxima,
Adigium21
