Notas de traductor:
Oopsie, me tardé un poco más… Lo quería subir antes, pero se metieron las fiestas patrias en mi camino *come y come y sigue comiendo*
Gracias a AnnieSly, xonyaa11, toxica666, Silvers Astoria Malfoy, MisakiUchiha17, Meliza Malfoy, Acantha-27, Violet Stwy, Schantten, jessyriddle, Ring Black, mixhii y Oduvanchik Dandelion por comentar en el capítulo anterior.
No está totalmente revisado, pero espero que no sea tan incómodo leerlo recién terminado.
Disfruten…
—Hay una lechuza para ti, Harry —dijo Molly mientras entraba a la casa—. ¿Cómo les fue de compras?
—Bien —dijo, mientras encontraba la carta y la abría—. Van a mandar todas las cosas la semana que viene.
—¿Tan pronto? —preguntó Molly con sorpresa.
Harry asintió, ausente. Draco quería encontrarse con él y McCain mañana en la mañana, para discutir lo de la fuga de información. El moreno garabateó su respuesta y salió para llamar a la lechuza. Teddy estaba en el jardín trasero con Andrómeda. Después de mandar su respuesta, fue a jugar con Teddy hasta la hora de la cena, mientras la mujer se relajaba y leía un libro.
OoOoOoO
Harry golpeó su varita nerviosamente contra su pierna, mientras esperaba a que la puerta se abriera. No podía imaginar lo que Draco había pensado de la fotografía en El Profeta. Sus mejillas ardieron con sólo recordar la expresión que habían capturado en su rostro. La puerta se abrió y el moreno comenzó a caminar hacia el edificio de la administración del Centro. El complejo de edificios era un gran cambio de la vasta estructura imponente que había sido la mansión Malfoy. Ahora, había un grupo de edificios más pequeños, donde el más grande era en el que se alojarían los pacientes, así como las facilidades de tratamiento y terapia.
Harry se registró con la recepcionista. Se dio cuenta de que la mujer guardó en un cajón discretamente la copia de El Profeta que había estado leyendo.
—Señor Potter. La sanadora McCain y el señor Malfoy están listos para recibirlos en la oficina.
El edificio entero hervía de actividad. Los primeros residentes iban a llegar al día siguiente, y era probable que todavía hubiera mucho trabajo por hacer. La puerta de la oficina de McCain estaba abierta, y Harry vio a Draco y la sanadora mirando por la ventana. Tocó mientras entraba y ambos se giraron para mirarlo. El moreno evitó los ojos de Draco y se limitó a saludarlo con un gesto breve. Luego, saludó a McCain.
—Harry, gracias por venir. Sé que ayer estabas tan preocupado como nosotros por la obvia falta de discreción que un miembro del equipo tuvo cuando habló con la prensa acerca de que vinieras aquí la otra noche.
—¿Encontraron quién fue?
Draco, que seguía parado cerca de la ventana, habló por primera vez.
—El hombre que vivía en el cuarto que está cruzando el pasillo. Alcanzó a ver tu patronus y miró desde la ventana.
—¿Y lo despidieron? —preguntó Harry.
—Sí, y tuvimos una reunión con todo el personal esta mañana para repasar las reglas y normas, y así poder asegurarnos de que todos saben que la privacidad y confidencialidad del Centro se extiende no sólo a los clientes y residentes, sino también al personal. —McCain se inclinó sobre su escritorio y miró a Harry, con preocupación en la mirada—. Quería ofrecerles mis sinceras disculpas por la violación de sus privacidades, de ti y de Draco.
Harry le quitó importancia.
—Estoy acostumbrado. Mi preocupación era por los clientes del Centro. Necesitamos asegurarles absoluta privacidad.
—Estoy de acuerdo. Por favor, créeme cuando digo que esto no pasará de nuevo en el Centro. —McCain vaciló y miró a ambos hombres—. Si les sirve, podemos hacer una excepción y conectar la chimenea de Draco a la Red Flú de tu residencia.
—¿Qué? ¿Por qué? —Harry no podía pensar por qué la mujer sugería algo por el estilo, y luego lo entendió. Había creído lo que decía el artículo, pensaba que estaban juntos. Dio la vuelta al escritorio para mirar a Draco—. ¿No le dijiste?
—No. No le dije, Potter —contestó bruscamente el rubio—. No era relevante.
—¿Decirme qué? —McCain miró a ambos hombres—. ¿Qué me estoy perdiendo?
—La razón por la que vine por Draco. —Harry fulminó al rubio con la mirada, mientras éste se recargaba contra el borde de la ventana—. Necesita saberlo, Draco. Si no le dices tú, lo haré yo. —Draco se le quedó mirando e hizo un gesto con la mano, dándole permiso, para luego voltear hacia la ventana.
Harry suspiró.
—No fue porque estemos… saliendo, porque no es así. La madre de Draco y su hermana fueron atacadas hace dos noches por una pandilla que estaba buscando a Draco. Escaparon de la casa con mi ahijado a mitad de la noche. Yo vine por Draco y lo llevé con ellas.
McCain se puso de pie y se acercó al rubio.
—¿Por qué no me contaste esto?
—Porque no es importante porqué vino por mí, sólo importa que alguien lo contó a los medios.
—¿En serio crees eso? ¿No crees que el hecho de que una pandilla quiera hacerte daño sea relevante?
—No.
—Bueno, estás equivocado —dijo McCain, negando con la cabeza—. Yo diría que es muy relevante.
—No tiene nada que ver con el Centro.
—Claro que sí. Si tratan de entrar aquí, como directora del Centro tengo todo el derecho de estar preocupada.
Draco apretó la mandíbula y, por primera vez, Harry vio al viejo Malfoy reaparecer: una máscara parecía haber cubierto su rostro.
—¿Me está despidiendo? —Harry miró a McCain, alarmado. Esa no había sido su intención cuando le contó lo que había pasado.
McCain negó con la cabeza y le sonrió para calmarlo.
—Claro que no, Draco. Es sólo que me preocupa tu seguridad y la de los residentes. Necesitamos asegurarnos de que tenemos las protecciones apropiadas en su lugar. Hablaré con Donoghue. Me aseguraré de que él y su equipo de seguridad estén seguros de que las protecciones que tenemos sean suficientes.
Draco asintió tiesamente, pero Harry se percató de que su rostro seguía sin expresión.
—Eso es todo lo que quería, Draco. Es por eso que le conté, no es algo que puedas ignorar. Quiero prevenir que algo como esto pase de nuevo.
Draco lo miró incrédulo; Harry vio cómo bajaba la mano y se levantaba la manga izquierda de la túnica. Draco estiró el brazo para que Harry viera la cicatriz azul oscura que desfiguraba su antebrazo. Harry se le quedó mirando. A pesar de que sabía que Draco tenía la marca, era chirriante verla en su carne.
—Esto es por lo que lo hicieron, Harry. Nada que puedas hacer puede prevenir que pase de nuevo.
Harry apretó los dientes y negó con la cabeza.
—Eso no es cierto. El ataque surgió por la foto que sacaron después de la apertura. Si no hubiera sido porque eras tú el de la foto, dudo que alguien se hubiera molestado. Fue porque éramos tú y yo en la foto. Y después del seguimiento de ayer, es probable que vengan más problemas.
—Si vas a retomar lo que sugeriste ayer, olvídalo. No lo voy a hacer —contestó bruscamente.
—No. Tenías razón, necesitamos algo más sutil. —Harry miró a McCain, que se había sentado de nuevo y estaba mirando la interacción entre ambos con una expresión sagaz en el rostro—. ¿El recorrido para los medios sigue planeado para mañana en la mañana, antes de que los residentes lleguen?
La mujer asintió.
—Sí, a las diez. No estás pensando cancelarlo, ¿verdad? Sería buena publicidad para el Centro.
—No, cancelar no. Déjenos que Draco y yo lo dirijamos, con usted por supuesto. —Harry miró a Draco, que estaba mirándolo—. Necesitamos hacer que la gente vea que no hay problemas, no hay problemas públicos, entre ambos. Si se acostumbran al hecho de que somos…
—¿Que somos qué, Potter? —preguntó Draco. Harry notó que el rubio estaba bastante enojado con él, pues había regresado a ser Potter—. No sé lo que somos.
—No importa cómo lo llamemos, pero no somos enemigos y tampoco somos lo que sea que estaban tratando de describir en ese estúpido artículo. No hay nada que podamos hacer para prevenir que la gente piense lo que quiera. Pero lo que podemos hacer es mostrarles la verdad, que estamos trabajando juntos por el bien del Centro. Y mostrarles que tú eres más que lo que la marca indica. Por eso es que se te ocurrió la idea del Centro en primer lugar, ¿no es cierto? Para mostrarle al mundo mágico que los Malfoy ya no son el enemigo. Es por eso que necesitamos hacer esto.
Harry estaba parado, apretando los puños a cada lado. Miró a Draco de forma desafiante, como retándolo a contradecirlo.
Draco negó con la cabeza.
—Quería que el Centro iniciara para ayudar a la gente, no para comprar apoyo público.
—El Centro no puede funcionar si la gente está distraída por estas historias de las noticias —comentó McCain en voz baja.
—Haz el recorrido conmigo. Mostrémosles cómo podemos ayudar a aquellos que lo necesitan —dijo Harry—. Podría servir y, al menos, no hará ningún daño.
—Vale, te seguiré el juego. No creo que funcione, pero podemos intentarlo —dijo Draco, encogiéndose de hombros—. Necesitas trabajar más en tus habilidades para esquivar bludgers, Harry. Deben haberte derribado muchas veces. Has cambiado de opinión acerca de la prensa por completo.
McCain miró sorprendida a Draco, y luego a Harry.
—No estás jugando Quidditch, ¿verdad, Harry?
Harry la miró curioso.
—Lo juego de vez en cuando, ¿por qué? —dijo, ignorando la risa de Draco cuando lo dijo. Nunca le había mencionado su identidad alterna a la directora del Centro.
McCain le dio la vuelta a su escritorio y se sentó.
—Sólo me sorprendió. Entonces, los tres dirigiremos el recorrido mañana en la mañana. Draco, sé que tienes mucho trabajo pendiente. Necesito hablar con Harry por unos minutos. Cuando hayamos terminado, quizá pueda ir a buscarte para que repasen el recorrido y se aseguren de que todo vaya mañana sin contratiempos. —Draco asintió, curioso por la abrupta despedida, pero dejó que la puerta se cerrara detrás de él. McCain esperó a que se fuera y luego miró a Harry—. No puedes jugar al Quidditch —dijo firmemente.
—Claro que puedo jugar. Lo he hecho por años —dijo Harry, riendo. Luego, se sentó en la silla frente a ella—. ¿Por qué se preocupa?
—¿Le dijiste a tu sanador que jugabas?
—No tengo un sanador, y le aseguro que no necesito a uno —respondió, mientras trataba de mantener su voz calmada.
—Alguien debe estar tratando tu herida…
—No tengo ninguna herida.
—Por supuesto que sí. —La sanadora lo miró fijamente—. Sé que tuviste una consulta con la sanadora Watson…
—¿Quién? ¿Habla de la sanadora que Hermione llevó para que me examinara? Eso fue hace más de un año —dijo Harry, restándole importancia con un gesto.
—¿No has visto a un profesional en más de un año? De seguro, la sanadora Watson te dijo que necesitabas ser visto por un sanador.
—Preferí no hacerlo, no hay necesidad de que… —Le estaba costando trabajo evitar que su ira afectara su tono.
—Esto no fue una simple herida, Harry. Para ser franca, estoy estupefacta. No tenía idea de que no estuvieras viendo a nadie. Necesito ser muy directa. Nunca te he examinado, sabes eso. Pero sí sé que utilizaron la Amoris Delere contigo. Eso es suficiente para poder entender que necesitas ser monitoreado por un sanador y que no deberías estar jugando al Quidditch, o cualquier otra actividad que pudiera empeorar el daño que has sufrido.
—Eso es ridículo. El daño, como usted lo llama, pasó hace más de tres años. Si se necesitaba realizar algún tipo de curación, ya sucedió.
—Puede tomar décadas curar ese tipo de pérdida. De seguro te mostró tu tela de memoria, el daño causado por el hechizo…
—¿El parque de queso suizo? Sí, me lo mostró —dijo Harry. Se puso de pie—. No hay nada de qué hablar. —Harry suspiró con impaciencia—. Por favor, no se preocupe por mí. Voy a ver a Draco. —Se giró y salió por la puerta.
Draco estaba en el cuarto de provisiones, entre los dos salones de arte, descargando cajones de materiales en gavetas y armarios.
—¿Necesitas ayuda con eso? —preguntó Harry, después de ver el número de cajones que estaban esperando para ser abiertos.
Draco lo miró con sorpresa y luego miró los cajones.
—Me ayudaría, pero no te sientas obligado.
Harry caminó hacia el cajón más cercano, usó su varita para remover los clavos y retiró la tapa. Se asomó adentro.
—Parecen ser paquetes de papel.
—Por allá, las repisas están marcadas por el tipo de papel —dijo Draco, señalando hacia el otro lado del cuarto. Harry asintió y levitó la caja hacia una mesa más cercana, para luego comenzar a sacar los paquetes y ponerlos en la repisa correspondiente. Notó que Draco se había quitado la túnica y la había acomodado con cuidado a un lado. Llevaba unos pantalones negros y un suéter de cuello alto y mangas largas, de color gris claro. Rápidamente, Harry se giró hacia los estantes, antes de que Draco lo atrapara mirándolo.
—Entonces, ¿cuándo crees que la casa esté lista? —preguntó Draco después de un rato.
—Compré los muebles ayer, con Fleur —dijo Harry—. Se supone que los entregarán al principio de la próxima semana. Entonces, espero que podamos mudarnos para el miércoles, tal vez.
—Avísame y podré salir un rato de aquí, para ayudar a mover sus cosas. Probablemente sea mejor no usar al servicio de mudanzas para eso.
Harry asintió.
—Los Weasley también ayudarán. No debería tomarnos mucho tiempo. Oh, no compramos nada para el cuarto de Teddy. Fleur supuso que podemos mover los muebles que ya tiene y, cuando tengas tiempo para planear lo que quieres hacer, ella podrá escoger algo que vaya de acuerdo.
—Es una buena idea. —Draco se detuvo y miró a Harry—. ¿Estás seguro de que me quieres ahí? Tendría que encargarme de pintar durante las noches cuando termine aquí, y probablemente me tomará un par de semanas, trabajando dos o tres horas cada noche.
Harry mantuvo la cabeza baja cuidadosamente, mientras acomodaba los paquetes de papel.
—Lo que importa es Teddy, va a amarlo, y eso es lo que importa. No es problema. Quizá podrás hacer que sea su regalo de Navidad. —Esperaba que sus palabras mostraran más confianza de la que sentía. La idea de tener a Draco Malfoy en su casa cada noche hizo que un escalofrío recorriera su espalda.
Alzó la mirada justo para ver a Draco sonreír, sólo por un momento. La sonrisa cambiaba completamente su rostro e hizo que Harry se diera cuenta de lo raro que sucedía. En Hogwarts, Harry lo había visto riendo con sus amigos en la mesa de Slytherin, o dirigiéndole una risa burlona. Respirando profundamente, Harry se recordó que lo que recordaba no era real. Quizá había reído de esa forma cuando habían estado saliendo; se preguntó cómo habría sido…
—¿En qué estás pensando? —La voz de Draco interrumpió sus pensamientos y Harry se dio cuenta, sonrojándose, de que había estado mirando al rubio fijamente, durante todo ese tiempo.
—¿Qué? Oh, disculpa. Me perdí en mis pensamientos por un momento. Em, Fleur se preguntaba si había un color en específico que quisieras que usáramos para pintar las paredes, alguno que pudiera servir para lo que vas a hacer.
Draco alzó una ceja pero pensó en la respuesta por un rato.
—Un tono de azul, supongo. Así podrá ser la base para el cielo. Déjame darte una muestra, para que los pintores puedan reproducirla. —Caminó hacia el otro lado del cuarto, donde había filas y más filas de jarros de pintura, alineados. Tomó sin dudarlo un azul en particular y, sacando un pincel de una gaveta, pintó un trazo de diez centímetros en una hoja de papel. Luego, lo puso sobre la mesa—. Le tomará un rato secarse. Debería estar listo para cuando hayamos terminado con el recorrido.
Habían estado trabajando juntos por alrededor de media hora, cuando Harry notó la varita que Draco estaba usando para levitar algunos materiales hasta la repisa superior.
—Esa no es tu varita.
Draco bajó la mirada, hacia la delgada varita en su mano.
—Te aseguro que sí, la he tenido por más de un año.
—Pero no es la varita de espino.
Draco se le quedó mirando con una expresión casi divertida en el rostro.
—¿En serio crees que podría seguir usando esa?
—No lo sé, no lo había pensado. Te la regresaron, ¿no es así?
—Sí, aún la tengo. —Draco se encogió de hombros y apartó la mirada—. Garrick me hizo una, cuando su tienda reabrió el año pasado.
Harry quería preguntarle por qué no quería usar su vieja varita, pero la expresión del rostro del rubio prohibía cualquier pregunta. Asintió y añadió el cajón que había vaciado a la pila que estaba en una esquina, y luego abrió el siguiente.
—Harry.
—¿Hmmm? —Harry no alzó la mirada del cajón que estaba tratando de acomodar.
—¿Cómo te hiciste las cicatrices? —Harry alzó la mirada con sorpresa y miró fijamente a Draco, que estaba recargado contra el mostrador. El moreno se sonrojó y volvió a mirar el cajón, sacando bultos de cordel.
—Ya te lo dije. Sucedieron en el camino.
—No te haces una cicatriz de medio metro, desde el pecho hasta la espalda, camino al mercado —dijo Draco bruscamente.
—Sí te la haces si eres un poco descuidado, y se encuentra cerca cierto colacuerno húngaro que te tiene rencor —dijo Harry, riendo sin poder evitarlo—. Esa pasó en el campamento de dragones.
—Eres alérgico a los colacuernos.
Harry lo miró con los ojos entrecerrados.
—Claro, tenías que conocer esa debilidad mía —dijo, encogiéndose de hombros—. De hecho, fue el mismo dragón. Resulta que los dragones tienen una buena memoria de olor, y me reconoció en mi primer día. Me atacó en segundos. Charlie dijo que fue lo más rápido que alguien casi moría en el campamento. —Harry sonrió al recordarlo.
—¿Crees que es gracioso?
—Más o menos, si te pones a pensarlo. Derroté a Voldemort y casi soy acabado por un dragón enojado.
—¿Qué tan mala fue la reacción esta vez?
Harry lo miró por un rato. El "esta vez" lo alteró. Sin importar cuántas veces pasara, nunca podría acostumbrarse al hecho de que Draco sabía más cosas acerca de él que cualquier otra persona.
—Algo peor. —Por reflejo, Harry se sobó el costado—. Conforme envejecen los dragones, producen más combustible en la piel, y se vuelve más potente. Me quedé en cama por un tiempo. —Draco lo miró con sospecha, pero Harry se giró y comenzó a descargar el cajón de nuevo. Un rato, no es estirar mucho la verdad, pensó para sí. Había estado tres semanas en la enfermería—. Charlie estaba furioso, y me amenazó con mandarme a casa en cuanto pudiera utilizar un traslador de nuevo.
—Pero no lo hizo.
—Nah, perro que ladra no muerde (1). Le prometí ser más cuidadoso. Y, obviamente, ya no trabajé con los colacuernos. —Levitó el cajón que había vaciado hacia la esquina—. Ése era el último.
Parecía como si Draco no quisiera dejar el tema, pero aun así asintió.
—Gracias por tu ayuda. Iba a hacerlo ayer. El maestro de arte va a llegar hasta mañana, tuvo un problema con el traslador que lo traería desde Canadá.
—¿Ya lo conociste? Oh, claro, estuviste ahí para las entrevistas. —Harry aún había estado jugando al Quidditch cuando la dirección de la BMP había llevado a cabo las entrevistas al personal—. ¿Fue algo raro estar presente mientras entrevistaban a la persona que iba a ser tu jefe?
—No lo sabía en ese momento. No me habían rechazado de San Mungo aún, pero no creo que vaya a ser un problema. Es un artista talentoso, así como un buen terapeuta. Y como nunca tomé lecciones, espero aprender mucho de él —dijo Draco en voz baja.
—¿Nunca tomaste lecciones?
—Mi padre no creía que hacer pinturas fuera una ocupación apropiada. Entonces, fui autodidacta, usando libros y practicando.
—Eres bueno. Vi el mural que hiciste en Hogwarts. Era muy bueno. —Harry se sonrojó, pensando en el dibujo que aún tenía, el de ambos bailando. No se atrevió a mencionarlo, pero se preguntó si Draco sabía que lo tenía. Lo había sacado la noche anterior, para estudiarlo mientras pensaba en el baile que habían compartido, preguntándose cómo había sido en comparación a todos los otros bailes que, ahora sabía, no podía recordar.
La voz de Draco interrumpió sus pensamientos.
—Deberíamos hacer el recorrido. Revisar qué va a decir cada uno. Gracias por ayudarme con esto.
—No fue problema —dijo Harry—. Espero que puedan encontrar dónde puse las cosas.
—Para eso está el Accio —dijo Draco riendo.
El rubio dirigió a Harry por todos los edificios y le dio un repaso de sus usos, así como otras estadísticas que necesitaría el día siguiente. Casi una hora después, mientras estaban caminando hacia el edificio principal para recoger la muestra de pintura, Harry se detuvo de golpe. McCain estaba esperando en los escalones de la entrada, con otra mujer que llevaba la túnica verde de San Mungo. Negando con la cabeza, sin poder creerlo, Harry entendió que era la sanadora Watson. ¿Qué podía ser tan serio como para que McCain la hiciera venir hasta Wiltshire? Draco lo miró con curiosidad.
—¿Qué sucede? —preguntó.
Harry miró las dos expresiones serias en los rostros de las mujeres.
—No lo sé. —Pero no se ve bien, pensó. Luego, miró a Draco con rapidez—. Al rato de alcanzo. Creo que están esperándome.
McCain pareció sentirse aliviada cuando Harry se acercó.
—¿Qué está pasando? —preguntó de forma un poco brusca, mientras Draco seguía su camino hacia el edificio, mirándolos con curiosidad, por encima del hombro, mientras entraba.
La sanadora Watson dio un paso hacia delante.
—Señor Potter, cuando la sanadora McCain me llamó por la Red Flú hace una hora y me contó que nunca había buscado tratamiento, bueno…
—Vayamos a mi oficina —dijo McCain, repasando su alrededor con la mirada.
OoOoOoO
Dos horas después, Harry salió, por fin, del edificio. El sol ya se había puesto en el cielo, y el moreno giró hacia el sendero que daba a la salida, pensando solamente en escapar de ahí, estar solo lo más pronto posible. No escuchó que lo llamaban, hasta que sintió una mano en su hombro. Por reflejo, trató de tomar su varita.
Draco se hizo para atrás, alzando las manos.
—Sólo quería darte esto. —Le mostró el papel pintado de azul—. Pensé que ya te habías ido, cuando no viniste por él. ¿Todo en orden?
—Sí, todo está bien.
—¿Estás seguro? No te ves muy bien. Si hay algo, lo que sea, en lo que pueda ayudar…
Harry se volteó hacia él con enojo.
—De hecho, Malfoy, ya hiciste bastante. —Se giró de nuevo y se obligó a no correr el tramo que faltaba para llegar a la puerta. En cuanto ésta se abrió, el moreno la atravesó y se desapareció.
Aterrizó en el jardín de su casa en Devon. El aliento que había estado conteniendo por fin salió de su cuerpo. Se obligó a no moverse, respirando profundamente, como Charlie le había enseñado, para calmarse. La ira que había amenazado con sobrepasarlo comenzaba a bajar.
—Piensa en prioridades —se dijo a sí mismo entre dientes—. Teddy. —Revisó la hora y se dio cuenta de que Ron ya debía haber vuelto del apartamento de George. Se dirigió a la chimenea y arrojó un puñado de polvos flú.
—¡Ron!
—¿Qué pasa, Harry?
—¿Puedes pasar la noche con tus padres? Algo pasó acá en la casa. Solo quiero que estés ahí para protección, en caso de que la necesiten.
—Seguro, no hay problema. ¿Estás bien?
—Sí, todo está bien. Regresaré mañana. —Rápidamente, se alejó del fuego antes de que Ron pudiera preguntarle algo más. Cerró la Red Flú y se dirigió a su dormitorio, para ponerse la ropa que usaba para caminar en el páramo. Media hora después, estaba sentado en la cima del casquete. ¿En serio habían pasado tres noches desde que había ido ahí, después de bailar con Draco? Todo se había complicado tan rápido. Apoyó la cabeza contra la roca y deseó intentar entender lo que acababa de aprender gracias a las dos sanadoras, así como decidir qué hacer ahora.
El movimiento de un ave en el cielo llamó su atención. Era un halcón, aprovechando la corriente que venía de las tierras más bajas del páramo. Harry estudió su vuelo cuidadosamente, mirando cómo montaba el viento y luego se retorcía y se giraba hacia abajo, mientras alcanzaba a ver a una presa en el suelo, para después volar hacia arriba y recuperar su altura. Inconscientemente, estaba moviendo su cuerpo al unísono con el ave, preguntándose cómo podría hacer los mismos movimientos sobre una escoba. Imaginándose cómo se sentiría moverse tan libremente por el aire.
Para cuando el halcón descendió por última vez, con las garras extendidas, agarrando a una ardilla de tierra, y subiendo de nuevo, mientras sus alas trabajaban duro para soportar el peso de la presa que había capturado, Harry entendió que, en verdad, no había nada qué decidir.
El sonido de un pie resbalándose en el camino rocoso fue la primera alerta de que alguien se estaba acercando. Con cuidado, sacó su varita de la manga. Inclinándose hacia delante, miró por el borde del casquete hacia el camino que se hallaba abajo. Hermione. Estaba parada, con una mano cubriéndole los ojos, mientras miraba a su alrededor, tratando de encontrarlo.
—Acá arriba, Hermione —dijo suspirando, mientras agitaba la mano. La chica se sorprendió. Mirando a su alrededor, vio de dónde venía la voz. Finalmente, alzó la mirada y lo vio. Sonrió mientras negaba con la cabeza.
—¿Voy a subir o vas a bajar? —Harry notó que no le había dado otra opción.
—Voy a bajar. No hay mucho espacio aquí. —Guardando la varita, bajó con cuidado de la roca, hasta que llegó a su lado—. ¿Ron te llamó?
Hermione asintió.
—Estaba preocupado, dijo que algo estaba mal. —Lo miró de cerca—. Y por tu aspecto, yo diría que tenía razón.
—Algo surgió —dijo Harry, dudando si debía decir más. Hermione pasó su brazo por el del chico mientras caminaban por el sendero, encontrando con cuidado su camino por la rocosa ruta. El sol estaba poniéndose, y la temperatura estaba bajando con él, el viento soplaba frío contra sus rostros. Esa hora de la tarde era la que le encantaba: oír al viento silbar contra el pasto seco y tojo; casi sonaba como el mar. Girándose para mirarla, le agradeció mentalmente que no estuviera tratando de decir algo. Unos años antes, habría estado molestándolo con preguntas; ahora, esperaba pacientemente hasta que estuviera listo para hablar. El chico dejó de caminar y respiró profundamente—. Estuve en el Centro. Hablé con Draco y McCain. Los tres vamos a dirigir el recorrido con los medios mañana.
—Esa es una buena idea —dijo la chica con una sonrisa—, pero dudo que eso sea por lo que estás molesto.
—No. Sí. Eso no es todo. —Harry volvió a mirarla—. De algún modo, mientras estaba hablando con ellos, salió a relucir que nunca había ido a ver a un sanador. Y ella… —Respiró profundamente—. McCain estaba, digamos que alarmada. Yo no me preocupé por ello y me fui con Draco. Cuando regresé del recorrido, ya había llamado a Watson, la sanadora de San Mungo. Regresamos a su oficina y me obligaron a escucharlas. Me hablaron acerca de todo lo de la pérdida de memoria. —Dejó de hablar, pues no quería seguir contándole.
—¿Qué te dijeron?
—Me dijeron cosas que no sabía. —Trató de calmarse y le contó lo peor—. Resulta que, debido a lo que ellas llaman "el daño", cualquier tipo de trauma, aun cuando sea resbalarme en el hielo y golpearme la cabeza, podría causar que pierda todos mis recuerdos.
—Oh, Harry. —Hermione apretó su brazo con fuerza. Dejó de caminar y se volteó para mirarlo.
—Sí. Oh, Harry —dijo el moreno, imitándola—. Y no puedo dejar de pensar en ello. Perder todos mis recuerdos, ser como Lockhart. Entonces, vine aquí a pensar. Y decidí que no puedo tener miedo de lo que podría pasar. De algo que quizá nunca pase.
—Pero, Harry, ¿no hay nada que puedas hacer? —preguntó Hermione—. De seguro, debe haber algo.
—Hay tratamientos potenciales, pero no hay garantía que de no vaya a ser peor de lo que tengo ahora —dijo Harry con amargura—. Hay una razón por la que la Amoris Delere no se usaba en más de un siglo. Es demasiado inestable.
—¡Pero eso significa que no puedes jugar al Quidditch! Siempre te golpean otros jugadores o las bludgers…
—No voy a dejar de jugar. No puedo dejarlo. No tienes idea de lo bien que me sentí todo el verano. Poder salir a volar cada día. Que nadie me mirara fijamente. Simplemente salir y ser un tipo regular.
—Aún podrías ser Hank, sólo no juegues al Quidditch. Por favor, Harry, si lo que dicen es cierto, entonces no vale la pena arriesgarse.
—Para mí, sí. ¿Cada cuándo he podido hacer lo que me gusta y simplemente divertirme al hacerlo? No voy a renunciar a ello. Hay riesgos en todo. Quizá me golpee en la cabeza con una rama, mientras doy un paseo. No puedo no vivir mi vida, Hermione. Además, si sí pasa, la belleza del asunto es que yo no lo sabré.
Hermione tenía los ojos llenos de lágrimas, por lo que se las quitó con el dorso de la mano.
—Nosotros lo sabríamos. No quiero perderte, Harry. Por favor, piénsalo un poco más. Déjame hablar con las sanadoras, descubrir si hay algo más que puedan hacer. No tomes ninguna decisión apresurada, habla con Ron.
Harry se encogió de hombros.
—Las sanadoras también podrían estar equivocadas. Ya he recibido golpes de bludgers, y nada ha pasado. Sin mencionar todos los golpes que recibí durante la guerra. Nada pasó. Es probable que McCain y Watson estén haciendo una tormenta en un vaso de agua. Lo pensaré, pero no voy a hacer ninguna promesa.
Después de una pausa, comenzaron a caminar de nuevo, hasta que llegaron a la cresta de la colina, y pudieron ver a kilómetros de distancia. Harry se sentó y Hermione se acomodó a su lado, abrazados. La cabeza de Hermione estaba apoyada sobre el hombro del moreno. Como lo habían hecho mientras había estado huyendo, y Ron los había abandonado. Ambos buscando consuelo en el otro, sin preocuparse porque su afecto se malentendiera.
—¿Draco estaba ahí? ¿Qué dijo por lo que te dijeron?
—No lo sabe. No estuvo ahí para esa parte. Trabajamos juntos por un rato, arreglando el cuarto de provisiones. Me fui en cuanto terminé de hablar con las sanadoras, ni siquiera podía mirarlo. —El chico respiró dolorosamente—. Y lo que me mata, Hermione, es que me agrada. Trabajamos por un par de horas, acomodando los materiales, y se sintió bien. Me gustó hablar con él, a pesar de que fue un poco raro —dijo, en voz baja. De hecho, era un alivio decir las palabras. Hermione apretó su brazo de nuevo, pero siguió sin decir nada—. La maldita foto de El Profeta, sé que todos pueden verlo en mi rostro. Me le quedo viendo como un tonto enamorado.
Hermione rio gentilmente.
—No, no te ves enamorado. Sólo… arrepentido, triste incluso.
—Y así es. O sea, sí me arrepiento. —Levantó una piedra y la arrojó por la colina, mirando cómo descendía—. Desearía que las cosas fueran diferentes. Que no tuviéramos todo esto entre nosotros. Desearía que fuera sólo un chico al que acabo de conocer por primera vez. Así, podría invitarlo a salir y ver si podemos ser algo más que amigos.
—Pero no puedes hacer eso, ¿verdad?
El moreno negó con la cabeza.
—No puedo olvidar lo que pasó. Lo que vuelve peores las cosas son los sueños que tengo cada noche, Hermione. Recuerdos al azar de lo que pasó entre nosotros. No lo sé, tal vez sea por eso que lo encuentro tan interesante. Veo estos pequeños retazos de nuestro tiempo juntos, riendo, bailando, haciendo otras cosas… —Se sonrojó pero no pudo dejar de hablar, ahora que ya había comenzado—. Pero, lo que hizo… Lo que me hizo, lo que nos hizo. ¿Quién podría hacerle eso a otra persona?
—Alguien que te amaba más de lo que se amaba a sí mismo. Alguien que estaba dispuesto a sacrificar todo para tratar de asegurarse de que vivieras. Y, ciertamente, alguien que no sabía cuán dañino era el hechizo. Es posible que Snape lo supiera, pero Draco no. No creo que, de haberlo sabido, hubiera continuado con el plan.
—Snape. —Harry rio amargamente—. Por fin obtuvo su venganza, ¿no es así? Me odió por todos esos años y fue capaz de convencer a Draco de hacer esto y destruir mi vida. Snape lo hizo bien. Ayudó a nuestro lado, hizo posible derrotar a Voldemort. Pero no creo que alguna vez haya dejado de odiarme.
—No era tan directo, lo sabes.
Harry la ignoró.
—Y Draco, durante sexto año. Todas las peleas. Los gritos y las maldiciones. Todo el tiempo estuvo fingiendo el odio. O quizá no, no hay forma de que yo pueda saberlo. ¿Cómo puedo llegar a confiar en que lo que dice es real? Eso es lo que hace que todo esto sea imposible para mí.
—Tuvo que pasar su vida entera teniendo que esconder quién era realmente. Conociste a su padre. Sabes qué cosas tan malvadas era capaz de hacer. ¿Puedes imaginar ser criado por un hombre como ése, y tener que hacer todo lo que decía o enfrentarse a las consecuencias? Usaba la maldición imperius con Draco. Lo torturaba, Harry.
—Lo sé, lo sé. Pero Draco tenía opciones. Podría haber ido con Dumbledore, podría haber…
—Tenía miedo por su madre. No la habría dejado para que enfrentara a Lucius ella sola.
Harry asintió, tensando la mandíbula mientras apretaba los ojos, para ver el sol ponerse.
—¿Piensas que estoy equivocado? Por no estar dispuesto a…
—¿Equivocado? Claro que no, lo que estás sintiendo es honesto y legítimo. Es impresionante que hayas sido capaz de llegar tan lejos. Todas las cosas por las que has pasado; no sólo durante el año pasado, sino también desde que viniste a Hogwarts. Siempre manejabas todo lo que se te arrojaba sin dificultades. Pero esto es diferente, no es un mago insano que decidió que tenías que morir debido a una tonta profecía. No, esto es personal, extremadamente personal. No creo que muchos pudieran perdonarlo.
—Desearía que las cosas fueran diferentes, pero luego recuerdo estar sentado en el juicio, viendo la pantalla. Viéndome a mí mismo en esa pantalla. Veo las mismas cosas en los sueños. Trato de entenderlos, de juntar las piezas. Quiero aferrarme a ellos. Son todo lo que tengo para tratar de entender lo que pasó…
—Eso no es cierto. Puedes hablar con Draco acerca de ello. Quiere ayudar.
—¿Él te dijo eso?
—No desde que intentó darme su diario, el abril pasado. Le dije que debía dártelo a ti.
—Lo intentó, pero lo rechacé —dijo Harry, haciendo una mueca—. Son sus diarios. Sus recuerdos. Quiero los míos.
Parecía como si Hermione estuviera a punto de argumentar más, pero decidió respirar profundamente y detenerse.
—Pero, a pesar de todo, te agrada.
Harry rio; una risa corta y amarga que lastimó su garganta.
—Me agrada. Y no sé qué diablos debería hacer al respecto. La mitad de mí quiere empacar y regresar a Rumania. Montañas. Dragones. Charlie. Era simple. No había ningún jodido fotógrafo siguiéndome. Era más fácil estar lejos de aquí.
—¿Por qué regresaste? —Harry miró a su amiga de reojo. Amaba la forma en la que lo dirigía gentilmente durante la conversación. Hacía que notara cosas que ni siquiera se había admitido a sí mismo.
—Los extrañaba, a ti y a Ron. Y porque sabía que, si quería ser parte de la vida de Teddy, tenía que estar aquí. —Luego, vaciló—. Charlie siempre insistía que debía regresar, lidiar con todo. Sabía acerca de los sueños que estaba teniendo. Entonces, incluso si el Quidditch no me hubiera regresado, probablemente lo habría hecho después de un tiempo.
—Esas cosas siguen siendo verdaderas. Son buenas razones para quedarte aquí. No te diré que no regreses. Quiero lo mejor para ti. Quiero que tengas una oportunidad de ser feliz.
Harry asintió.
—Por muy loca que mi vida haya sido, todo parece suceder por una razón. ¿Recuerdas segundo año, cuando Ron y yo perdimos el Expreso de Hogwarts? Tomamos el carro volador y la varita de Ron se rompió cuando chocamos con el sauce boxeador. Su varita rota es la única razón por la que el Obliviate de Lockhart falló y borró su memoria, en lugar de las nuestras. Fuimos a ver un partido de Quidditch en Bulgaria, y ahora estoy jugando para los Cannons. Hay una razón por la que las cosas suceden. Creo que simplemente tengo que dejar que lo que vaya a suceder, suceda.
—¿Sin importar a dónde te lleve? —preguntó Hermione suavemente. Harry asintió. Se quedaron sentados por varios minutos, hasta que la atención de Harry fue atrapada por una nube gigante de aves que volaban y se movían contra el sol que se ponía. Hizo un gesto para que Hermione las viera y ambos miraron el grupo de cientos de pájaros mientras volaban al mismo tiempo; una nube ondulante de alas y viento que llenaba el cielo con olas de movimiento. El aire estaba lleno de los sonidos y las imágenes del baile que estaban presenciando.
—¿Qué están haciendo? —susurró Harry, temiendo hablar con fuerza y perturbar la magia de lo que estaban mirando.
—Son estorninos. Están en grupo, se les llama "murmullo". Hacen ese ruido cuando encuentran un lugar para pasar la noche.
—¿Hay algo que no sepas?
—No sé cómo ayudarte —contestó Hermione con una sonrisa triste—. Desearía poder hacer que todo esto mejorara. Quiero que tú, de entre todas las personas, sea feliz. Te lo has ganado.
—Soy feliz allí arriba —dijo Harry, haciendo un gesto hacia el cielo—. Volando. Siento como si todo se apartara y sólo fuéramos el viento y yo. Y no voy a dejar que alguien me diga que ya no lo haga más.
—Esperaba que también pudieras ser feliz en la tierra —dijo Hermione riendo—. Pero, en serio, con lo de Draco. Sólo dale tiempo. Y, si en verdad no puedes verte a ti mismo con Draco, quizá conocerás a alguien más. Recuerda, tenemos diecinueve años, por el amor de Merlín. No tienes por qué apresurarte a involucrarte con alguien.
—Es fácil para ti decirlo, tienes a Ron.
—Sí, así es. Y quizá, algún día, tu tendrás a un Ron, o un Josh, o un Stephen, o…
Hermione comenzó a reír cuando Harry la empujó amistosamente y se ponía de pie. Negando con la cabeza, el chico estiró la mano y la ayudó a levantarse.
OoOoOoO
(1) No estoy seguro de si esta expresión es usada en todos los países de habla hispana o sólo en México, pero significa que una persona no suele cumplir lo que dice (o amenaza).
Hasta la próxima...
Adigium21
