Notas de traductor:

¡Un nuevo capítulo, gente! 19 reviews y llegamos a los 600… Estoy viviendo mi sueño :D

Gracias a Silvers Astoria Malfoy, Violet Stwy, Lunatica Dark, kawaiigiirl, Acantha-27, AnnieSly, jessyriddle y 4 Guests por comentar en el capítulo anterior...

Oigan, casi nunca hago esto (creo que nunca lo he hecho), pero les tengo una recomendación maravillosa: vayan todos a Slasheaven y busquen a Medea, tiene una traducción hermosa de la historia "The Depths of Winter" (o, en castellano, "Las profundidades del Invierno"), de bananacosmicgirl. Quería traducirla yo, pero Medea ya lo hizo.

Y no, no estoy ganando nada por recomendar la historia; mi único deseo es que la amen tanto como yo (y no duerman dos días por terminarla, como yo).

Ya, disfruten…


Harry caminó lentamente por el sendero que llevaba al Centro. Después de pasar la noche en Devon, despierto hasta tarde mientras platicaba con Hermione, se sentía mejor con el hecho de tener que encarar a Draco de nuevo. Llegó hasta los salones de arte y encontró a Draco sentado en la mesa, acompañado de otro mago. Ambos hombres alzaron la vista de los archivos que habían estado estudiando mientras Harry entraba al salón.

—Hola, Draco —dijo Harry un poco nervioso. Draco lo revisó con la mirada e hizo un gesto. El otro mago tenía cabello oscuro y ojos azules y, como Draco, llevaba la túnica con el emblema del Centro en ella.

Ambos hombres se pusieron de pie.

—Harry. Creo que no te he presentado a David Taylor, nuestro terapeuta de arte. David, él es Harry Potter. Está en la junta de la BMP conmigo.

Harry estrechó la mano del otro mago.

—Encantado de conocerlo, señor Taylor.

—Llámame David, por favor —dijo el mago, con una ligera sonrisa—. Es un placer conocerte.

—Soy Harry. ¿Cómo ha sido su estancia aquí? Entiendo que viene de Canadá.

—Sí, soy de la Columbia Británica, pero he estado viviendo en Nueva York por los últimos años, terminando mi entrenamiento.

—Debe ser difícil acostumbrarse a vivir en Wiltshire, habiendo estado en Nueva York.

—En definitiva, esa es una de las cosas positivas de este trabajo. Hay muchas personas agrupadas en un solo lugar, allá en Nueva York. Me encanta lo que he visto de Wiltshire. Un hermoso paisaje; ansío poder explorar durante mi tiempo libre. —Platicaron por unos minutos más, y todo el tiempo Harry fue consciente de que Draco lo estaba estudiando.

El moreno miró al rubio de reojo.

—¿Estás listo para el recorrido? —Draco asintió. Despidiéndose de David, ambos se dirigieron a la puerta. En cuanto estuvieron afuera del cuarto, Harry se giró para mirar a Draco—. Necesito disculparme por lo de ayer, cuando me fui. —Respiró profundamente—. Fue verdaderamente grosero de mi parte.

—Estoy más preocupado por lo que provocó el cambio. Todo parecía estar bien, antes de que fueras a hablar con la sanadora de San Mungo. —Harry miró fijamente a Draco. Claramente, había reconocido la túnica de Watson.

—Sí, em, esa fue Watson. McCain la trajo para que hablara conmigo. Nada realmente importante.

—No fue muy importante, pero sí lo suficiente como para hacer que te enojaras conmigo y salieras corriendo de aquí, como si te estuvieran persiguiendo dementores.

Harry negó con la cabeza.

—Bien. Sí fue importante, pero no tengo ganas de hablar acerca de ello contigo. ¿Así está mejor?

—Más honesto. Eso es lo que quiero y puedo aceptar. —Draco lo miró fijamente—. ¿Aún quieres hacer el recorrido?

—Es por eso que estoy aquí.

—Veo que hasta has aceptado usar túnica para la ocasión —dijo Draco—. ¿Nada de ropa muggle hoy?

—Estamos representando al Centro, entonces la túnica es más apropiada. Al menos, eso es lo que Hermione me dijo —dijo Harry con una risa nerviosa—. Terminemos con esto.

OoOoOoO

Por fin terminaron con el recorrido, y luego regresaron al edificio principal.

—¿Cómo crees que nos fue? —preguntó Harry.

—Tan bien como podíamos esperarlo. No lo sabremos con certeza, hasta que los periódicos escriban sus historias. Sólo Salazar sabe cómo lo distorsionarán.

Harry asintió. Draco lo miró de nuevo.

—Es hora del almuerzo. ¿Quieres venir conmigo y David a la cafetería? (1)

—No, tengo que regresar a la casa. Los pintores están ahí y necesito asegurarme de que Kreacher no les haya dicho que pintaran toda la casa de gris otra vez. Además, estoy seguro de que vas a estar ocupado con las llegadas.

Draco asintió.

—¿Está bien si voy este fin de semana a visitar a Teddy?

—Claro, no necesitas preguntarlo. A los Weasley no les molestará.

—Estaba pensando más en ti. —Draco lo miró detenidamente; sus grises ojos mostraban la preocupación que sentía—. Todavía no entiendo qué es aceptable para ti y qué no lo es. En especial, después de lo de ayer.

Harry respiró profundamente y decidió ser honesto con Draco.

—No sé cómo me siento. A veces algo pasa, como lo de ayer, y me molesta tanto que no puedo soportar verte. Otras veces, no tengo problema con pasar el tiempo contigo. Si puedes vivir con eso, entonces podemos comportarnos como antes.

—No me lo vas a contar, ¿verdad? ¿Lo que te dijeron que te molestó tanto? —Sin pensarlo, Draco se pasó una mano por el cabello rubio. Harry no pudo evitar mirar el movimiento y preguntarse cómo se sentía.

El moreno suspiró y negó con la cabeza.

—No. Porque, a final de cuentas, no hace diferencia alguna.

—Pero, obviamente hice algo. Eso dijiste cuando te estabas yendo.

—Escucha, Draco. Olvídalo. Créeme. Ven a la Madriguera el sábado en la tarde, para la cena. Lo arreglaré con Molly. —Parecía como si Draco quisiera continuar la discusión, pero en ese momento, Taylor se les acercó.

—¿Ya terminaron? Necesitamos acabar de revisar el resto de los perfiles de los pacientes.

Harry asintió.

—Sí, ya terminamos. Te veré este fin de semana, Draco. Un gusto conocerlo, David. —Estrechó las manos de ambos hombres, se giró y se fue.

OoOoOoO

Harry se sintió aliviado al ver, a la mañana siguiente, que El Profeta había elegido enfocarse en el Centro, y no en él y Draco, con la excepción de que publicaron más fotos de ellos dos, dirigiendo el recorrido, que del Centro.

Los siguientes tres días, Harry pasó cada minuto asegurándose de que todo estuviera listo para que Andrómeda y Teddy se mudaran. Afortunadamente, el viernes en la tarde, los pintores guardaron las brochas y las mantas, por lo que todo estaba listo para que los muebles llegaran el lunes. George y Ginny pasaron después de haber cerrado la tienda. Ginny había estado trabajando con George, reemplazando a Ron, que había comenzado su entrenamiento de auror en julio.

—Esto se ve muy bien, Harry. No puedo creer que esta sea la misma casa —dijo Ginny sonriendo—. Sólo piensa, hace cinco años estábamos usando orejas extensibles para tratar de escuchar lo que los adultos estaban discutiendo.

—Y Fred y yo acabábamos de obtener nuestras licencias de aparición, y estábamos tan molestos por no poder ir a ningún lado que solíamos aparecernos de piso en piso —dijo George.

—Eso era realmente molesto —dijo Ginny arrugando la nariz. George rio y asintió.

—Éramos especialistas en molestar, ¿no es cierto?

Harry no pudo evitar recordar cómo George y Fred solían terminar la frase del otro. Siempre sabiendo lo que el otro iba a decir. Ahora que sólo estaba George, no hablaba tanto como antes, y prefería estar presente sin participar en las conversaciones.

—Llamemos a Hermione y Ron y traigamos algo de comida para llevar. Para celebrar que la casa está terminada —dijo Harry de repente, para alejar la melancolía.

—¿También Luna? —preguntó Ginny—. Ya debería haber regresado a casa del trabajo.

—Seguro, ¿por qué no?

Dos horas después, ya habían acabado con el curry para llevar que Hermione y Ron habían traído con ellos, y se lo habían pasado con cerveza de la tienda de licores al final de la calle.

—Ugh. Comí demasiado —dijo Ginny gruñendo—. ¿Por qué me dejaron comerme esa última pieza de naan? (2)

—Sé que más me vale no intentar alejar a un Weasley de la comida —dijo Harry con una sonrisa—. Pero sé que voy a tener que agregar un par de kilómetros a mi rutina mañana.

—Tienes que mantenerte en forma, ¿no es así, Harry? —preguntó George—. No puedes dejar que El Profeta diga que Harry Potter ha dejado de ser el, ¿cómo le dicen? Ah, sí, "el soltero más codiciado del mundo mágico, con un físico escultural y una rara pero radiante sonrisa".

—Parece que has estado leyendo "Corazón de Bruja" —dijo Harry con una sonrisa—. Ahora, ¿por qué será eso? ¿Quizá estás enamorado de mí en secreto?

—¡Me descubriste! —exclamó George riendo—. ¿Quién soy yo para resistir esos encantos que, cómo lo dicen…? Ah, sí, que "harían que un escarbato soltara su oro". ¿Por qué habría de resistirme a un hombre así? (3)

—¿Porque eres hetero? —preguntó Ron—. Por favor, no salgas del armario ahora; que Charlie y Harry bateen para el otro lado es más que suficiente.

—Uno nunca sabe, Ron —le dijo George a su hermano, guiñándole el ojo al moreno—. Quizá ellos saben algo que nosotros no. ¿Nunca te lo has preguntado?

—!NO! —exclamó Ron horrorizado—. Por favor, no me hagas vomitar.

—Vaya, gracias, Ron —dijo Harry riendo—. Como si eso me hiciera sentir mejor.

—Sabes a lo que me refiero… —protestó Ron.

Harry rio.

—Sí, lo sé.

—Además, ¿cuántos "solteros más codiciados" van a estar viviendo con una abuela y su pequeño de tres años? —dijo Ron—. Todos nos hemos mudado, Harry. Parece algo gracioso que tú lo estés haciendo al revés.

Harry sonrió pero se encogió de hombros.

—No me molesta. Es lo correcto. Además, tengo un piso para mí solo. Será como tener mi propio apartamento, pero será lindo saber que, cuando sea que quiera compañía, sólo tendré que bajar las escaleras.

—¿Draco todavía va a hacer el mural? —preguntó Hermione.

—Eso creo, dijo que lo empezaría después de que el Centro estuviera listo. Quizá en un par de semanas.

Luna, que había estado callada durante la cena, miró a Harry.

—Deberías considerar no estar aquí cuando Draco esté aquí.

—Yo, em, ¿cómo? —preguntó Harry.

—A Draco le cuesta mucho pasar tiempo contigo. —Luna lo miró fijamente—. Es como tener un plato de chocolates frente a él, y no ser capaz de comer alguno.

Harry parpadeó sorprendido.

—¿Qué? Nunca dijo algo.

—Claro, siente lo mismo cuando está cerca de los torposolos —dijo Luna con una pequeña sonrisa—. Apenas puede resistir hablar con ellos, pero sabe que no puede hacerlo.

—Lo mantendré en mente —dijo Harry, buscando cambiar el tema—. ¿Cómo van las cosas en el trabajo? ¿Publicaciones Oesed? Llevas ahí seis meses, ¿no es cierto?

—No quieren publicar mi libro de los snorkacks de cuernos arrugados, pero me gusta de todas formas. Creo que los libros de niños son más interesantes que los de los grandes, ¿ustedes no? Ellos aceptan lo que es real sin tontos argumentos.

—Seguro, tiene sentido. —Sorprendido, Harry se dio cuenta de que probablemente la chica tenía razón. Después de pasar todo ese tiempo con Teddy, sabía cuánta imaginación tenía el pequeño, y la facilidad con la que aceptaba las cosas. Luna giró la cabeza para mirar las ventanas, que mostraban la luna sobre el agua en Shell Cottage.

Harry miró a Ginny.

—¿Quieres ir mañana a entrenar un poco? ¿Jugar un poco de Quidditch? Necesito subirme un rato a mi escoba.

Ginny sonrió.

—Me encantaría, Neville pasará el fin de semana en el Centro, para asegurarse de que sus padres se acomoden sin problemas. Aunque no he volado desde el verano, así que estoy un poco oxidada.

—¿En serio crees que deberías hacerlo, Harry? —preguntó Hermione, mirándolo significativamente. Harry sólo negó con la cabeza; no quería que la chica sacara a colación lo que habían estado platicando en el páramo. Ella se mordió el labio y apartó la mirada. Harry sabía que era probable que estuviera esperando para discutir el asunto en privado.

—Claro que debería, no quiero caerme de mi escoba cuando abril llegue y la temporada comience de nuevo. —Harry miró a Ron y George—. De hecho, ¿qué les parece a ustedes? Podríamos jugar dos contra dos.

—No puedo —dijo Ron, negando con la cabeza—. Tengo un ejercicio de entrenamiento mañana.

George respondió.

—Yo tampoco. Aún estoy acomodando nuestro inventario para las compras navideñas, y tengo algunas pociones cocinando, que necesitan ser monitoreadas este fin de semana. De hecho —dijo, mirando a su hermana—, se suponía que me ayudarías, pero supongo que puedo darte la mañana libre.

—Bueno, entonces será un juego de buscadores —dijo Harry sonriendo. No podía evitar sentirse agradecido porque su relación con Ginny hubiera regresado a la fácil amistad que habían disfrutado antes de comenzar a salir.

—¿Y voy a jugar contra Harry o contra Hank? ¿A quién debería buscar en el campo?

—Si no te molesta, jugaré como Harry —dijo el moreno, sonrojándose un poco—. Estoy intentando, em, ser más visible. Para ver si estar afuera ayuda a eliminar todo el alboroto que causo.

—¡Bien por ti, Harry! —exclamó Hermione—. Me estaba preguntando si fue por eso que hiciste el recorrido.

El chico asintió.

—Quizá, si estoy más en las afueras, será menos novedad.

—O podrías solamente sacudirte los drimples, Harry —dijo Luna—. Así, todos dejarían de seguirte por doquier.

—¿Drimples? —Harry miró a la rubia, que había estado callada durante casi toda la cena—. ¿Tengo drimples?

—Por supuesto. Si no, ¿de qué forma los reporteros sabrían dónde estás todo el tiempo? —preguntó Luna con seriedad—. Todos los reporteros les ponen drimples a las personas que quieren seguir.

OoOoOoO

Harry y Ginny se encontraron temprano a la mañana siguiente, esperando llegar al campo de Quidditch público antes que cualquier otro. Cuando llegaron, se encontraron con que ya estaban jugando, así que encontraron lugares en las gradas para esperar su turno. Ginny se recargó en su espalda, dejando que el sol de noviembre la calentara.

—¿Te molesta estar aquí?—preguntó de repente.

—¿Te refieres a Londres? —preguntó Harry, mirándola sorprendido.

—No, Inglaterra. No estaba segura de que fueras a regresar, cuando te fuiste el año pasado.

Harry se encogió de hombros.

—nunca planee irme para siempre.

—temía que te mantuvieras lejos, como Charlie

—No, no creo que podría hacer eso. Los dragones son interesantes pero en realidad no quiero recoger estiércol de dragón toda la vida.

—¿Y por qué Charlie si? Ha estado en Rumania prácticamente mi vida entera—dijo Ginny—. Siento que apenas lo conozco.

—Deberías ir a visitarlo. Ver cómo trabaja con los dragones. Es increíble con ellos. Probablemente tendría más sentido si lo pudieras ver en el campamento. De algún modo, entiende a los dragones. Nadie puede entrenar a uno, pero él consigue comunicarse con ellos y los dragones lo respetan.

—Tal vez —dijo Ginny, encogiéndose de hombros. Dudó por un momento y luego lo miró fijamente—. Harry, ¿acaso tú y él…? —Fue interrumpida cuando uno de los jugadores en el aire hizo un pase bajo y voló en círculos hacia ellos.

—¿Están esperando para jugar? ¿Quieren volar con nosotros? —El rubio que había estado jugando de cazador les habló—. Digan sus posiciones.

Harry miró a Ginny de reojo. La chica asintió.

—Seguro. Yo juego de buscador, y Ginny es cazadora, pero donde quieran ponernos está bien. Sólo queremos pasar un rato sobre las escobas.

El rubio le sonrió e hizo que Harry recordara la sonrisa del rubio. Rápidamente, apartó ese pensamiento.

—Oye, ¿alguna vez te han dicho que te pareces mucho a Harry Potter? —El moreno se sentía aliviado de haberse dejado el cabello suelto. La cicatriz estaba cubierta por su fleco.

Ginny comenzó a reír y Harry solamente sonrió.

—Una que otra vez, deben ser los lentes. Juguemos.

Rápidamente arreglaron los equipos y pasaron la hora siguiente jugando un partido tranquilo de Quidditch. Después de una temporada de jugar para los Cannons, donde cada punto contaba, era genial poder jugar sólo por diversión. Harry se fijó en ajustar sus habilidades para volar a las de los otros jugadores. Por las miradas de reojo que estaba recibiendo de los otros, sospechaba que habían adivinado quién era, pero no le dijeron nada.

Ginny estaba riendo con gusto, divirtiéndose con el otro cazador. Mientras el moreno voló por encima del campo en círculos, alcanzó a ver la snitch volando cerca del suelo. Olvidándose de dónde estaba, bajó en picada de inmediato; pegándose contra su escoba, aceleró y tomó la pequeña pelota en el aire, antes de que el otro buscador tuviera siquiera oportunidad de responder. Todos aterrizaron y Harry le arrojó la snitch al rubio que los había invitado a jugar.

—¡Eso fue increíble! —exclamó el rubio emocionado, mientras el resto de los jugadores se acercaban—. ¡Nunca había visto a nadie, aparte de Krum o Black, lanzándose por la snitch de esa manera!

Harry rio.

—Probablemente fue algo imprudente. Gracias por dejarnos jugar. Deberíamos irnos.

—Seguro. Estamos aquí casi todos los domingos por la mañana. Si alguna vez quieren jugar de nuevo, sólo vengan. Mi nombre es Ren, por cierto —dijo, estirando la mano.

Harry sonrió y la estrechó.

—Gracias por la invitación, tal vez les tomemos la palabra. Yo soy Harry.

—¿Qué coincidencia, no? te pareces a Harry Potter y te llamas… oh, Merlín. —Ren lo miró de nuevo, fijándose en su frente, donde la cicatriz era visible a través del mechón de cabello que estaba colgando—. Soy un completo idiota.

Sus amigos miraron a Ren, sin poder creer que no hubiera reconocido a Harry. El moreno y Ginny se despidieron con velocidad y salieron de la cancha, hacia el punto de aparición. Harry tenía su brazo alrededor de los hombros de Ginny de forma casual, mientras cargaba ambas escobas con el otro.

—Eso fue muy bueno, Harry. Extraño volar.

—Deberíamos hacerlo de nuevo, eres muy buena —dijo Harry—. Fácilmente, eres tan buena cazadora como los que tenemos en el equipo.

Ginny se encogió de hombros.

—Solía soñar con jugar profesionalmente. Aunque, después de la guerra, después de perder a Fred, simplemente no pareció tan importante. Oh, hablando de equipos: papá me pidió que te recordara acerca de los boletos para la temporada de los Cannons que le prometiste, para el baile de caridad del ministerio.

—Me olvidé de ellos, tendré que pasar a la madriguera con ellos esta tarde.

Después de dejar a Ginny, regresó a la casa en Devon, encontró los boletos y se apareció en la madriguera. Sabía que Draco iba a estar ahí, más tarde durante el día. Teddy ya estaba emocionado por su visita. Sería lo suficientemente fácil inventarse una excusa para ya no estar ahí para cuando Draco llegara, pero el moreno se dio cuenta que no quería irse.

Harry estaba en el jardín con Teddy cuando Draco subió por el sendero. Le sorprendió ver que el rubio llevaba prendas muggles: unos vaqueros negros con una camisa blanca de cuello, y un suéter gris acero. Se saludaron con un gesto mientras Teddy corría para saludar a su primo.

—¡La abuela dice que nos mudaremos en cinco días, Draco! —exclamó Teddy, mientras alzaba una mano y contaba con cuidado cinco dedos—. ¡Sólo falta una mano!

—¿Empacaste ya todos tus juguetes?

—Ajá —dijo Teddy con seriedad—. Harry fui a la casa de la abuela y empacó todos mis juguetes. Hasta a Scoundrel (4).

—Bueno, tienes que tener a Scoundrel, ¿no lo crees? No le gustaría ser dejado.

—Ajá. Y Harry lo encontró en las cajas para que pudiera jugar con él aquí.

Harry miró a Draco mientras el niño corría tras un gnomo.

—¿Cómo van las cosas en el Centro?

—Bien. Unos cuantos detalles aquí y allá, pero en general todo va como debe. El siguiente grupo llegará el lunes.

—Vi a Luna anoche, mencionó que su papá es el siguiente en llegar.

Draco asintió.

—Será bueno para ella tenerlo en el Centro. Le recuerda un poco a su casa; ella cree que estará más cómodo ahí.

Harry recordó la extraña forma de la casa de los Lovegood, y no pudo ver cómo podría siquiera parecerse el Centro a ella.

—Supongo —dijo con duda.

—Luna asocia las cosas con la energía, en vez de con su aspecto real. Quizá hallas notado que ahora tenemos plantadas ciruelas dirigibles al lado de las casas de invitados. Longbottom y Luna las plantaron —dijo Draco con una sonrisa ligera—. ¿Tú ya empacaste? ¿Listo para la mudanza?

Harry rio.

—No cuesta trabajo mover mis cosas. Aun caben en mi baúl escolar, más o menos. Además, seguiré usando la casa de Devon durante la temporada, cuando esté demasiado cansado como para aparecerme en Londres.

—Me estremezco al pensar en lo que hay en ese baúl —dijo Draco secamente—. Es probable que aún conserves cada pluma que rompiste en la escuela.

Harry recordó cuando él y Hermione se pusieron a revisar el baúl, la noche que la varita de Draco había revelado su secreto. Recordó la desesperación que había sentido al escarbar en él, mientras encontraban pistas que parecían probar lo que habían visto en la pantalla ese día. Se tensó y apartó la mirada del rubio, peleando para calmar esas olas tan familiares de furia y resentimiento.

—¿Qué sucede? —escuchó que Draco decía, y se obligó a mirarlo.

—Nada.

—Te tensaste de pronto —dijo Draco—. ¿Qué hay acerca de tu baúl que pudiera hacer que tú…? —Draco dejó de hablar y miró al moreno, con la mirada intensa.

—Exacto —dijo Harry asintiendo—. Sí lo limpié.

—¿Qué encontraste? —Draco se había puesto más pálido y había enfocado su atención en Teddy, que parecía estar discutiendo con el gnomo que había acorralado junto al cobertizo.

—Los álbumes, una snitch de práctica, la moneda y, em, un dibujo —dijo Harry tenso—. Y unos dulces que Dumbledore había envenenado con poción de amor. Y una parte de una bufanda Slytherin —añadió.

—¿Conservaste la bufanda? —dijo Draco sin poder creerlo.

—Obviamente —dijo Harry—. Dado que estaba hasta el fondo de mi jodido baúl. No tengo idea de por qué.

—Eso fue de cuando tuvimos un castigo con Snape…

—Detente. En verdad no puedo escucharlo, todavía no —dijo Harry—. No me presiones, por favor.

—Tú eres el que lo sacó a colación en primer lugar —dijo Draco con brusquedad, sin poder evitarlo—. Bien. Iré a pasar tiempo con Teddy, que es por lo que vine aquí hoy. No quería causar hostilidades contigo. —Y se alejó sin mirar a Harry de nuevo.

Harry maldijo y regresó a la casa. Odiaba el hecho de que quería que Draco terminara la historia, que le contara acerca de la maldita bufanda. Lo poco que había dicho había hecho, por fin, que el sueño de él y Draco en el salón de pociones, cada uno con una bufanda verde cubriendo sus rostros, tuviera sentido. Castigo. Conociendo a Snape, probablemente había sido algo miserable y apestoso. Pero si dejaba que Draco le contara, sería aceptar todo lo que le había pasado. No estaba listo para eso.

Desde la ventana de la cocina, vio a Draco y Teddy jugando. Las palabras de Luna, de la noche anterior, regresaron a él. Era fácil, muy fácil, enfocarse en lo que le había pasado a él. Trataba de imaginar cómo debía sentirse Draco. A pesar de que odiaba admitirlo, podía ver por qué era tan difícil para Draco estar cerca de él. Se preguntaba si el rubio se arrepentía de esa nueva amistad, en la que estaban trabajando tentativamente.

OoOoOoO

Draco evitó a Harry el resto de la tarde. Luchó contra la ira que sentía por el rechazo de Harry a escuchar su explicación acerca de la bufanda. Y sabía que estaba en todo su derecho. Harry era la parte afectada. Y que Harry se rehusara a escuchar algo acerca de lo que había pasado entre ellos lo hacía enojar mucho, aunque no debía.

Durante la cena, podía sentir que el moreno lo estaba observando, pero Draco evitó mirarlo y se concentró en Teddy. Molly y Andrómeda estaban conversando animadamente, lo que hacía menos obvio el extraño silencio entre Draco y Harry.

Cuando la cena terminó, Harry fue a la esquina más alejada con Arthur, para jugar ajedrez en una vieja mesa desvencijada. Teddy y Draco terminaron sentándose en la alfombra, jugando speed de dragones, riendo y arrojando cartas lo más rápido que podían (5). El reloj dio las ocho en punto, y Andrómeda alzó la mirada de lo que estaba zurciendo, para anunciar que ya era la hora de dormir de Teddy. El niño corrió hacia Harry de inmediato.

—¡Harry, llévame a la cama! ¡Cárgame como dragón! ¡Cárgame como dragón!

—Está bien, dragoncito, vamos —dijo Harry con facilidad, mientras se agachaba y Teddy se trepaba a su espalda, rodeando su cuello con sus pequeños brazos. Pronto, escucharon el ruido de la bañera llenándose y los chillidos y risas del niño, mezcladas con el bajo tono barítono de la voz de Harry.

—A Teddy le encanta que Harry lo lleve a dormir. No le causa tanto problema como a mí. —Draco asintió por lo que su tía decía. El afecto que su primo sentía por Harry era obvio. Mientras había estado jugando con el niño, se había dado cuenta que tenía que hablar con Harry. Tenían que tratar de llegar a algún tipo de arreglo, acerca de qué era aceptable y qué no lo era, si iban a continuar encontrándose como lo habían estado haciendo toda la semana.

—Oh, cielos. Teddy olvidó a Scoundrel —dijo Molly, viendo al desgastado animal de peluche. Apartó su tejido para parase, pero Draco la detuvo.

—Yo se lo subiré —dijo el rubio, mientras levantaba el juguete y subía al cuarto en el que Teddy estaba durmiendo. Antes de entrar por la puerta, se detuvo en seco al ver a Teddy acurrucado en el regazo de Harry, que estaba sentado en la mecedora, con dos dragones de juguete en las manos. El cabello de Teddy aún estaba mojado por su baño, y era de color negro oscuro, idéntico al de Harry; además, llevaba puesto un mameluco (6). Verlo en el regazo de Harry hizo que Draco contuviera el aliento.

—Y ahí fue cuando Charlie… —estaba diciendo Harry.

—¡Charlie el domador! —interrumpió Teddy emocionado (7).

—Correcto. Ahí fue cuando Charlie el domador decidió que, si los traviesos bebés hocicortos suecos no iban a aterrizar y regresar a su cueva, entonces tendría que obligarlos… —Draco vio cómo Harry, con un movimiento de su muñeca, hacía que los dos dragones en las manos de Teddy levitaran. El pequeño aplaudió con gusto.

—¡Haz que vuelen muy alto, Harry! —Harry sonrió y los dragones se elevaron más.

—Charlie el domador hizo un lazo con una cuerda, y lo lanzó por el aire, atrapando la cola del primer travieso hocicorto. Y luego, comenzó a jalar y jalar con toda su fuerza. —Draco vio cómo Harry estiraba los brazos y jalaba, como si tuviera entre las manos una cuerda. Lentamente, uno de los dos dragones flotantes comenzó a descender, moviéndose como si estuviera siendo jalado de la cola—. Y pronto, Charlie el domador tenía al pequeño dragón de regreso en el corral y comiendo su cena. Por supuesto, cuando su hermano, que estaba volando por encima de las copas de los árboles, vio que el otro estaba comiendo, decidió que sería mejor bajar, antes de que su hermano terminara con toda la comida y ya no hubiera algo para él.

Harry hizo que el otro dragón de juguete volara con gracia hacia abajo, aterrizando en las manos de Teddy.

—¡Otra! ¡Otra! ¡Otra historia! —dijo Teddy, alzando los dragones para que Harry los hiciera volar de nuevo.

—No, Teddy, es hora de dormir. Hora de que seas un buen dragoncito y vayas a dormir. ¿dónde está Scoundrel? —Harry buscó a su alrededor al perro de peluche, y se detuvo cuando vio que Draco estaba recargado contra el marco de la puerta (8).

—Aquí está Scoundrel. No quería interrumpir tu historia. —Draco entró al cuarto y le dio el juguete a Teddy.

—Draco, ¿me cuentas una historia? —preguntó Teddy esperanzado.

—Buen intento. Es hora de dormir, jovencito —dijo Draco firmemente. Teddy se metió a las cobijas a regañadientes y Harry lo cubrió hasta la barbilla.

—Buenas noches, Harry. Buenas noches, Draco. Buenas noches, ángeles mami y papi —dijo Teddy adormilado.

—Buenas noches, Teddy —dijo Draco, para luego salir al pasillo. Un minuto después, Harry salió del cuarto y cerró la puerta detrás de él. Se veía sorprendido de que Draco siguiera parado ahí.

—Eso fue muy fácil. Veamos cuánto le toma bajar las escaleras y pedir un vaso de agua. —Harry vaciló y luego dijo—. Acerca de lo de hace rato; no era mi intención enojarme. Yo…

—No debía haber dicho nada —dijo Draco—. No era mi intención hacerte sentir incómodo.

Harry lo miró fijamente,

—¿Qué pasó con el Draco Malfoy mordaz? Creo que eso es lo que más me confunde acerca de ti.

Draco rio suavemente.

—¿Ese idiota? Sigue por ahí, a veces. Lo dejo salir de noche, para que le aúlle a la luna.

Harry rio mientras ambos bajaban las escaleras.

—¿Hace cuánto que puedes hacer magia sin varita? —preguntó Draco mientras lo miraba de reojo.

El pie de Harry se quedó flotando sobre el siguiente escalón, y luego se encogió de hombros.

—Un tiempo; aún estoy aprendiendo. Se necesita mucha concentración para hacer algo más difícil que levitar o hacer un Accio.

—Seguro, porque un Accio sin varita es tan sencillo —dijo Draco secamente, ganándose una risa rápida de Harry—. ¿Cómo descubriste que podías hacerlo? —Estaba fascinado. Siempre había sospechado que Harry sería capaz de hacerlo, pero usualmente tomaba mucho tiempo para dominar la magia sin varita, incluso para los magos más poderosos. Que pudiera hacerlo a los diecinueve era tan típico de Harry. Estaban entrando a la sala y todos los adultos alzaron la mirada.

—Molly, ¿quieres que prepare un poco de té? —preguntó Harry. Molly alzó la mirada de su tejido y sonrió.

—Eso sería encantador, querido. También hay galletas en el frasco. —Harry se dirigió a la cocina y le hizo un gesto a Draco para que lo siguiera. El rubio vio cómo ponía el hervidor y sacaba un plato para las galletas. Después de llenar el plato, lo llevó a la mesa con un gesto de la mano, encogiéndose de hombros al ver a Draco.

—¿Cómo comenzaste a hacerlo? —repitió el rubio.

—En el campamento de dragones. Fue durante mi estancia en la enfermería, gracias al incidente con el colacuerno. Estuve en cama y no podía moverme. Lo que era malo, porque no me gusta estar en la enfermería…

—No me digas —murmuró Draco, para luego reír. Estiró una mano para tomar una galleta.

—Bueno, no me gusta. Lo que empeoraba todo era que seguía muy, muy enojado. Habían pasado un día o dos, desde que me había ido de Inglaterra.

—Enojado conmigo.

—Estaba enojado con todo el mundo, pero más que nada contigo. —Harry se sonrojó—. Había tenido un problema con magia fuera de control durante el juicio, tu juicio. Afortunadamente, nadie salió herido. Sólo hice que unos escritorios explotaran y otras cosas. Y luego, huí a Rumania casi en cuanto recibí la carta de Charlie. Ahí fue cuando la magia fuera de control se volvió un problema real. Los dragones se vuelven locos cuando hay demasiada magia alrededor de ellos, así que no podía estar mandando olas de magia a cada rato.

—¿Cómo pudiste detenerte?

—Charlie comenzó a trabajar conmigo, haciendo que concentrara la magia fuera de control y la dirigiera.

—¿Weasley puede hacer magia sin varita? —preguntó Draco sin poder creerlo.

Harry negó con la cabeza.

—No, sólo lo estudió. Hermione le mandó algunos libros. También comenzó a enseñarme algunas técnicas de relajación, así como ejercicios de respiración. —Harry sonrió, mientras pasaba sus manos para atrás y se desataba el cabello. Pasó sus dedos por los mechones, soltándolo. Draco sintió que su estómago brincaba y tuvo que apartar la mirada—. Para cuando fui dado de alta de la enfermería, era capaz de controlarla lo suficiente como para no hacer que los dragones se volvieran locos. Aún tenía momentos en los que me sobrepasaba, así que me iba al bosque a desahogarme de manera segura.

—¿Y eso funcionó?

—Bueno, entre las técnicas de relajación y cortar suficiente leña como para que no hiciera falta en el campamento por seis meses, dejé que querer regresar a Inglaterra para decapitarte con la espada de Gryffindor, así que supongo que podría decir que estaba mejor.

Draco rio.

—¿Qué otras cosas contemplaste?

—Amarrarte al corral del colacuerno, arrojarte a un lago con inferi, meterte a una celda de Azkabán por toda la eternidad con Umbridge como compañera de celda… —Harry comenzó a enumerarlas, sonriéndole de forma ladina.

—Espera, esa última era simplemente cruel —objetó Draco.

—Para mí lo habría sido, pero tú eras su alumno favorito. Entonces, decidí que ofrecerte como bocadillo a la acromántula que vive en el Bosque Prohibido sería mejor. Una muerte lenta, terrorífica y dolorosa. —Harry se levantó cuando la tetera comenzó a silbar. Llenó la tetera hasta la mitad con agua caliente y tiró un poco. Tomando el hervidor de nuevo, la llenó y añadió el té.

—Aún creo que estar con Umbridge habría sido más terrorífico. La mujer era malvada. Es malvada, se merece cada año de la sentencia que le dieron.

—Pensé que te llevabas bien con ella, dado que estabas en su Brigada Inquisitorial.

Draco se le quedó viendo, preguntándose por un momento si Harry estaba siendo tan obtuso a propósito. Pero sabía que no era así; este Harry no conocía otra cosa.

—Lo que recuerdas no es acertado. —Draco bajó la mirada a sus manos, que estaban en puño sobre la mesa—. Más que nada, desearía poder retractarme de todo, deshacer lo que hice y aún hacer que todo resultara bien, pero no puedo. Desearía que pudieras entender cuánto odio lo que te hice.

Parecía como si Harry fuera a decir algo, pero luego respiró profundamente.

—Llevaré el té al otro cuarto, ahora regreso. —Sirvió dos tazas de té y las dejó en la mesa. Luego, salió de la cocina con la bandeja de té y Draco se quedó ahí sentado, contemplando cuán rápido las cosas cambiaban con Harry. Su estómago estaba hecho un nudo.

Harry regresó al cuarto y se sentó de nuevo, entrelazando los dedos alrededor de la taza. Draco alzó la mirada.

—¿Cómo puedes sentarte a mi lado y hablar conmigo? Merezco ser el bocadillo del colacuerno. No entiendo por qué no me odias.

Harry rio estruendosamente.

—No tengo idea. Creo que se remonta a lo que discutimos en la tumba de Dumbledore. Ya ha habido suficiente odio. Todo esto comenzó con Tom Ryddle odiando a su padre, hijo de muggles. Es un sentimiento horrible, el odio. Carcome tu alma. No quería vivir así, no quiero. Así que solo estoy tratando de concentrarme en el presente, el futuro. Y me está funcionando muy bien, excepto por ti, ya que eres un recordatorio constante de que he perdido ese tiempo. Esa es la razón por la que aún no estoy listo para escucharlo. Tengo miedo de perder el balance que tengo ahora; me tomó mucho tiempo llegar a donde estoy.

—No es mi intención, en serio. Es sólo que resulta extraño. Se me olvida… O sea, hablar contigo de esta forma de nuevo; así es como solíamos llevarnos. Pero —Respiró profundamente, esperando no estar a punto de arruinarlo todo—. Esta semana es la primera vez que en verdad hemos hablado a solas, y no en una junta de la fundación. Y hemos pasado toda la semana disculpándonos el uno con el otro por lo que hemos dicho incorrectamente. No sé qué esperas de mí, o en qué terreno estamos parados.

—¿Te serviría saber que yo tampoco? No sé cómo manejar esto —dijo Harry tenso—. La mitad de mi quiere ser tu amigo, y la otra mitad sigue enojada. Sé que estoy revolviendo todo, pero sólo estoy tratando de ordenar todo…

—Supongo que sería mucho sugerir que veas a un sanador mental, ¿verdad?

—No, ya llegué muy lejos. No necesito uno.

—¿Te das cuenta de que hay cierta ironía en que el director del hospital mental privado más grande de Inglaterra se rehúse a consultar a un sanador mental?

—Sólo dame tiempo. Si esto es demasiado y sólo quieres evitar esto, podemos arreglarnos para que veas a Teddy y yo no esté cerca.

—Yo no quiero eso —dijo Draco, negando con la cabeza—. Me basta con que tengas en mente que voy a equivocarme, dado que no sé dónde están los límites.

Harry asintió, pero no quería mirar a Draco.

—Me estaba preguntando, con lo del mural. Si quieres mantenerlo como sorpresa para Teddy. Podría llevarlo a pasear al parque, o al zoológico, mientras tú trabajas en la casa. Si le haces un encantamiento desilusionador a las paredes, no lo verá hasta que estés listo para mostrárselo.

Draco estuvo de acuerdo.

—Esa es una buena idea. Y, quizá, si no estamos tropezándonos al interactuar el uno con el otro, como lo hemos hecho esta semana, será más fácil.

Harry sonrió ligeramente.

—Tienes razón. Hazme saber cuándo quieres comenzar.

Draco asintió.

—Tengo algunas ideas que voy a dibujar, entonces es probable que esté listo para la semana que viene. Si trabajo en él cada fin de semana, estará terminado para Navidad.

OoOoOoO

A la mañana siguiente, Harry no se sorprendió cuando encontró una fotografía de Ginny y él en El Profeta. Notó con ironía que habían decidido publicarla en la cubierta interior. Sabía que, si hubieran sido él y Draco en la fotografía, habría sido impresa en primera plana. No se molestó en leer la historia. Por el encabezado, pudo adivinar el enfoque que habían tomado… "Harry Potter regresa con su verdadero amor". Quien fuera que había tomado la fotografía, los había atrapado alejándose del campo, con los brazos entrelazados y charlando.

Molly cortó la fotografía, sin el encabezado, y la fijó a la alacena de la cocina.

—Es una foto muy buena de ti y de Ginny. —El chico rio y asintió. Molly dudó y luego se sentó junto a Harry—. Necesito hablar contigo acerca de lo que haremos en Navidad, Harry.

—¿Qué hay con eso?

—Sé que aún faltan semanas, pero debería comenzar a planearlo. Todos van a venir a casa para las fiestas, claro. Hermione estará aquí y Ginny invitó a Luna, dado que ya son compañeras de piso. También invitó a Neville y su abuela. Me preguntaba si Andrómeda y Teddy, ahora que van a estar viviendo contigo…

Harry sonrió al entender lo que Molly estaba tratando de decirle.

—¿Te preguntas si deberías invitar a Narcissa y Draco? Claro, no te preocupes por mí. Sería raro invitar a Andrómeda y no a su hermana o su sobrino.

—Qué buen gesto de tu parte, Harry. Pensé que no habría problema, dado que tú y Draco parecen estar llevándose tan bien, pero quería estar segura. —Molly sonrió aliviada—. Veamos, así somos dieciocho. Y creo que Luna podría querer invitar a Garrick Ollivander; pasaron la Navidad pasada juntos, entonces somos diecinueve. E invitaré a los padres de Hermione. Fueron tan gentiles cuando nos invitaron el verano pasado. Claro, tendremos que usar la tienda…

—Molly, solo di no si no te gusta la idea, pero, ¿no sería más fácil celebrar la Navidad en Grimmauld Place? Aún podrías ser la anfitriona, pero de ese modo no tendrías que preocuparte por el clima y los hechizos calentadores para la tienda. Quien quiera quedarse a dormir puede hacerlo, y el resto puede regresar aquí.

—¿Estás seguro, Harry? Tendrías que recibir a mucha gente.

—¿Qué sentido tiene tener una casa tan grande como Grimmauld Place si uno no la llena de vez en cuando? Creo que sería una forma excelente de estrenar la casa y darles a todos la oportunidad de verla. Aunque tendrás que ayudarme con la comida; la Navidad no sería lo mismo sin tu pudín.

—¡Por supuesto! Yo prepararé todo y será bueno poder hacerlo en esa encantadora cocina tuya, Harry. Bueno, ya está arreglado. El día de Navidad, la cena con todos será en tu casa. Haré una cena la víspera de Navidad aquí, sólo para la familia, y podemos abrir los regalos entonces. Sacaremos nombres durante la cena del domingo que viene.

Harry sonrió por ello. Como la familia Weasley había crecido tanto, sacaban nombres para que ninguno tuviera que comprar regalos para todos.

—Em, Molly, ¿podrías arreglar que yo obtenga el nombre de Ginny? —preguntó—. Tengo algo en mente para ella.

—¡Harry James Potter! ¿Estás insinuando que espío? Te aseguro que no tengo absoluta idea de qué nombre es el que saco. —Le guiñó el ojo mientras se levantaba de la mesa—. Veré lo que puedo hacer.

OoOoOoO

Harry respiró profundamente y salió de la callejuela en la que se había aparecido, para dirigirse hacia el callejón Diagon. Llevaba una túnica oscura y no se había disfrazado. Estaba a cinco cuadras de Sortilegios Weasley. Todavía no era tan tarde, y las calles ya estaban abarrotadas de compradores navideños.

Un paso a la vez, pensó para sí. Una cosa era decidir que necesitaba dejar de esconderse y simplemente hacer sus cosas, dejando que las personas se acostumbraran a verlo afuera. Era otra completamente diferente acercarse a una multitud siendo él mismo. No había hecho esto en meses, así que no estaba seguro de qué esperar.

Los primeros susurros emocionados comenzaron a unos cuantos metros de él. Se dio cuenta de que las personas comenzaban a seguirlo, pero nadie estaba tratando de agarrarlo o tocarlo, como lo habían hecho en la Ceremonia de Remembranza. Hay muchos murmullos y dedos señalando, pero nadie se empuja o intenta acercarse a él.

Estaba a dos cuadras de la tienda de bromas cuando el sonido de la aparición llenó el aire. Les tomó a los reporteros y fotógrafos unos cuantos segundos para orientarse y encontrar a Harry, caminando en la banqueta.

—¡Señor Potter! ¿Qué lo trae al callejón Diagon?

—¡Harry, mira para acá!

—¿Podría darnos una declaración acerca de su relación con Draco Malfoy?

—¿Es cierto que están viviendo juntos?

Hubo más cracks y más reporteros aparecieron, empujándose hacia él. Los fotógrafos estaban golpeándole el rostro con sus cámaras, por lo que tuvo que empujarse para pasar entre ellos. Finalmente, llegó a la tienda de George. Entró rápidamente y cerró la puerta detrás de él, con todo y cerrojo. Los reporteros comenzaron a golpear la puerta y las ventanas, exigiendo que se les permitiera entrar.

—¡Hey! ¡Seguimos abiertos por otras cuatro horas, Harry! —gritó George desde el mostrador, desde donde estaba llamando a los clientes.

—Sí, sólo necesito hablar contigo un minuto. —El moreno le hizo un gesto a los clientes que estaban mirándolo, sorprendidos—. ¿A alguno le incomodaría quedarse aquí por unos minutos extra? Necesito hablar con George, y luego quizá algunos de ustedes puedan ayudarme a escapar de la turba de allá afuera. —Los clientes, que eran alrededor de doce, comenzaron a reír y asintieron.

Ginny bajó por la escalera en la que estaba trepada, pues estaba acomodando unas cajas.

—¿Qué te trae al callejón Diagon, de todos los lugares posibles?

Harry sonrió y le dio un beso en la mejilla.

—Sólo intento mostrar que no soy un ermitaño viviendo en la cima de una montaña.

—Relevaré a George en la caja registradora, para que puedas hablar con él. —Harry fue al cuarto trasero y George lo siguió de inmediato.

—¿Qué sucede, Harry?

—Estaba platicando con Molly y ya arreglamos lo de Navidad; tendremos la cena de Navidad en Grimmauld Place. Y me preguntaba qué estabas planeando para Año Nuevo.

George se recargó contra la barra y rio.

—A ver, ¿qué te hace pensar que yo pueda estar planeando algo?

—¿Que eres George Weasley y no puedes dejarnos entrar al siglo veintiuno sin una explosión?

George sonrió ligeramente y se acercó a su escritorio, que estaba retacado de órdenes, facturas y propaganda. Abrió un cajón y sacó un rollo de pergamino.

—¿Qué es esto? —preguntó Harry. Lo desenrolló y, por un momento, su corazón se detuvo. Miró a George, que se había movido hasta llegar a su lado, para ver el papel por encima del hombro del moreno—. ¿Cuándo hicieron esto, ustedes dos? –Harry no podía apartar los ojos del título hasta arriba del pergamino: "¡La Extravaganza Milenaria Mágica de Fred y George!". Decía: "Recibe al 2000 con un beso de un Weasley o dos"; "Ingredientes necesarios", seguido de una larga lista de juguetes y bromas Weasley, juegos pirotécnicos y personas por invitar. Algunas recetas para cocteles estaban escritas a un lado, con el título "¿Por qué preocuparse por Ya—Sabes—Quién, cuando puedes beber y ser feliz?". Había dibujos de Fred y George, risueños y mezclando cocteles en un gran caldero. Uno mostraba a Fred como el Padre Tiempo, con una larga barba, y a George (¿o era Fred de nuevo?) como el bebé Año Nuevo, con un pañal y chillando.

—El último invierno, cuando estuvimos en aprietos aquí, tratando de mantener la tienda abierta. Todo parecía estar derrumbándose a nuestro alrededor. —George se encogió de hombros—. Habíamos estado en la Madriguera para Año Nuevo, y fue deprimente como no tienes una idea, a pesar de que tratamos de hacer que fuera divertido. Entonces, a Fred se le ocurrió esto, dijo que quería comenzar a planear el Año Nuevo del milenio, porque iba a ser el mejor de nuestras vidas (9).

—Diablos, George. Lo siento. No lo habría mencionado de haberlo sabido.

George negó con la cabeza y sonrió. Tomó el pergamino de la mano de Harry y sacó la varita. Con un movimiento, lo pegó a la pared junto a su escritorio.

—No, me alegra que lo hayas hecho. Ese rollo ha estado en ese cajón por casi dos años, burlándose de mí, retándome a sacarlo. Fred tenía razón. No podemos dejar que el siglo termine sin una enorme celebración.

—¿Estás seguro?

Pareció como si George se estuviera sacudiendo a sí mismo.

—¡Claro, maldición! Y sólo tenemos cinco semanas para planearlo. Obviamente, necesitaremos un lugar, y conozco uno perfecto.

—¿En serio? –preguntó Harry con sorpresa.

—¡Por supuesto! ¡Tu casa! —exclamó George con una sonrisa—. Comenzaré a hacer las invitaciones y las órdenes de suministros. Tú y Ginny y el resto pueden trabajar en la lista de invitados.

Harry comenzó a reír.

—Trato hecho.

Ginny se asomó por el borde de la puerta.

—Harry, ya comenzaron a golpear la puerta con fuerza, y nuestros clientes pensaban que les gustaría salir en algún momento hoy.

—Merlín, me olvidé de ellos. Después seguimos hablando. —Harry miró a George—. ¿Tienes esos "Nuevo Tú" listos para usarse?

—Claro que sí. —Por la sonrisa de gusto de George, Harry supo que se los estaba imaginando volando de los anaqueles, cuando les añadiera el slogan "Como lo usa Harry Potter" a la propaganda. George invocó uno de los medallones "Nuevo Tú" en los que, Harry sabía, había estado trabajando, inspirado por el glamour del moreno como Hank Black.

—Ginny, ¿podrías oscurecer las ventanas, para que no puedan asomarse adentro? –preguntó Harry, mientras él y George regresaban a la tienda con rapidez—. ¡Una disculpa a todos! Tenía que comprar un disfraz de George. —Harry se puso el medallón "Nuevo Tú" alrededor del cuello y lo tocó con la varita. Así, se transformó en un mago de cabello rizado y castaño, con pecas.

—¡Damas y caballeros! ¡Medallones "Nuevo Tú", a sólo diez galeones, y pueden salir por la puerta sin que los noten, como Harry Potter! —gritó George. Hubo un espontáneo estallido de aplausos. Harry se cambió los lentes regulares por los de Hank Black, que llevaba en el bolsillo.

—Gracias a todos por esperar. ¿Alguien le gustaría salir conmigo, para que los buitres no sospechen? —Todos en la tienda alzaron las manos. Harry sonrió y escogió a una familia, cerca de la puerta—. ¿Qué les parece si salimos juntos?

El padre comenzó a reír.

—Con ese disfraz, no creo que haya oportunidad de que sospechen algo. Pero nos encanta ayudar. —Los niños se le quedaron viendo con asombro.

Harry apuntó a la puerta con su varita y quitó el cerrojo. De inmediato, los reporteros y fotógrafos se empujaron para entrar a la tienda. Harry se despidió de George y, en cuanto la entrada estuvo libre, salió con la familia. El padre, la madre y Harry fueron los adultos hostigados que se empujaron a través de la multitud que se había juntado afuera.

Una cuadra después, Harry se detuvo.

—Gracias por ayudarme. —Mirando a los niños, dijo—: ¡Hicieron un excelente trabajo! Ahora, pueden regresar a Sortilegios Weasley y decirle a George que yo dije que pueden tomar cualquier cosa que quieran, ¿vale?

—Cuando guste, señor Potter. Fue un placer conocerlo. —El moreno estrechó la mano del hombre y se alejó

OoOoOoO

Los muebles fueron entregados durante los siguientes tres días, y Harry sintió alivio cuando Fleur fue a supervisar a los tipo de la mudanza. Era difícil creer cuántos muebles se necesitaban para llenar una casa del tamaño de Grimmauld Place, hasta que los vio siendo levitados por la puerta principal.

Con la ayuda de los Weasley y Draco, las cosas de Andrómeda y Teddy fueron cargadas en un par de horas. A pesar de su confianza en que eso era lo que quería, Harry aún se sentía un poco nervioso con la idea de vivir en la misma casa que Andrómeda Tonks. Habían llegado a conocerse durante los últimos años, pero eso era muy diferente a compartir la casa con alguien.

Después de un día andando con cuidado el uno cerca del otro, Andrómeda le dio su taza de café de la mañana y se sentó frente a él. Mirándolo por encima de la orilla de su propia taza, le dijo:

—Vamos a poner algunas reglas, ¿te parece? —La mujer sonrió—. De ese modo, ambos sabremos qué esperar del otro.

—Eso suena bien —dijo Harry, suspirando de alivio.

—Bueno, no me molesta que Kreacher haga el aseo, pero a ti y a mí nos encanta cocinar. ¿Por qué no cada quien se encarga de su propio desayuno? ¿Y nos turnamos para la cena? Y, si no vas a estar en casa, sólo manda una lechuza. Yo haré lo mismo por ti si Teddy y yo vamos a estar fuera. No espero que seas como un segundo padre para Teddy, pero cuando quieras tenerlo contigo para jugar aquí, o para ir de paseo, me parece bien. No quiero que sientas que eres el niñero. Puede llegar a ser mucho, incluso para mí en ocasiones. Es más difícil criar a un niño de nuevo, después de tantos años —añadió Andrómeda con un parpadeo—. Y si tienes compañía nocturna, bueno, estoy segura de que tendrás a Teddy en mente y sabrás qué es lo correcto.

Harry se puso pálido por la franca forma de hablar de la mujer.

—Oh, bueno…

—Eres un varón de diecinueve años, Harry —dijo Andrómeda secamente—. Y yo no nací precisamente ayer.

Harry se sonrojó, tratando de imaginarse a su tía Petunia, teniendo esa conversación con él y fallando.

—Em, gracias, creo.

Ron y Hermione lo visitaron la noche siguiente; después de disfrutar de la comida preparada por Andrómeda y de llevar a Teddy a dormir, se retiraron a la biblioteca, donde cada uno se acurrucó cómodamente en su silla favorita. Harry encendió el fuego de la chimenea y los tres comenzaron a platicar acerca de las festividades y los prospectos de los Cannons para el año siguiente.

Hermione miró a su alrededor.

—Siempre te retiras a este cuarto, Harry. ¿Qué piensas del resto de la casa?

Harry se encogió de hombros.

—Está bien. Obviamente es maravillosa, pero no se siente mucho como un hogar, ¿sabes? Todos los muebles que compramos son tan nuevos y es como si el lugar pareciera más la galería de arte de los Chaplins que un lugar para vivir. Supongo que sólo me tomará un tiempo acostumbrarme. —Miró los libreros que iban del suelo al techo—. Creo que es por eso que me gusta más este cuarto, se siente cómodo.

—Dale tiempo al tiempo, compañero —dijo Ron—. A mí me encantaría tener una casa así. Además, a juzgar por las payasadas de Teddy durante la cena, es probable que rompa algo en cada cuarto para cuando termine el mes.

—En tanto no sea su cabeza —dijo Harry riendo. Miró de reojo a Hermione, que estaba perdida en sus pensamientos—. ¿Estás planeando qué leerás después, Hermione?

—¿Qué? No. Sólo estaba pensando. —La chica se puso de pie y se alisó la túnica—. Supongo que será mejor que me vaya, el día en el ministerio comienza temprano. —Ron checó la hora y también se puso de pie.

—Tengo que irme, vamos a salir en nuestra primera misión lejos mañana. Tres días y noches acampando en terreno hostil —dijo Ron con una sonrisa.

—Antes tú que yo —dijo Harry con una mueca—. Tuve más que suficiente cuando estuvimos buscando los horrocruxes.

—Uno pensaría que yo también, pero es diferente escoger estar afuera, que ser obligado a hacerlo —dijo Ron—. Y hay un plus, pues empacamos comida de verdad, en vez de estar teniendo que robar huevos de granjas para sobrevivir.

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(1) En inglés, la palabra era "canteen", que se traduce también como "cantina". Acá en México, una cantina es un bar de dudosa calidad, así que mejor escribí "cafetería".

(2) El naan es un pan plano, elaborado de harina de trigo, sin levadura.

(3) El escarbato es un insecto que escarba y encuentra oro. En inglés, lo llaman "Niffler".

(4) Scoundler es "bribón" en inglés.

(5) En inglés, Marty le puso "Spitting Dragons", que significaría "dragones que escupen". Pero, por la forma en que lo describe, el juego es uno de cartas llamado "speed", donde uno debe deshacerse de todas las cartas. Le puse el "dragón" para recuperar algo del nombre original.

(6) No sé cómo le digan ustedes; yo recuerdo que de pequeño tuve un mameluco, que es como un pijama, pero es de cuerpo completo y en los pies tiene una especie de suela, como pantufla, para poder caminar con él.

(7) En inglés, "wrangler" significa vaquero, o aquel que maneja a los caballos. Pero sentí que sonaba mejor "domador de dragones".

(8) Había pensado que Scoundrel era otro dragón de peluche, pero cuando lo vemos por primera vez nunca se menciona qué tipo de animal es. Entonces, vayamos con la corriente y aceptemos que Scoundrel es un perro de peluche.

(9) Cuando dice "El ultimo invierno", creo que George quiere decir "el invierno antes de que Fred muriera", porque ya estamos ubicados en 1999, y el invierno anterior vendría siendo el invierno de 1998; sin embargo, para entonces Fred ya está muerto. O sea, los gemelos planearon la celebración el invierno de 1997. Vaya, digo esto para que podamos ubicarnos en la línea temporal de Marty.


Notas finales:

Creo que este es el capítulo con más notas que le he puesto…

Adigium21