Notas de traductor:
Gracias a MisakiUchiha17, kawaiigiirl, Silvers Astoria Malfoy, Oduvanchik Dandelion, Acantha-27, xonya11, my dilema, Violet Stwy, toxica666, jessyriddle, Lunatica Dark y Kuroneko1490 por comentar en el capítulo anterior…
¡Ya hasta me propusieron matrimonio! XD Pero tendrá que ser en otra vida…
Disfruten…
Dos días después, alguien tocó a la puerta. Harry no se molestó en levantarse; después de todo, tener un elfo doméstico tenía sus ventajas. Un minuto más tarde, Kreacher estaba parado a su lado.
—Harry Potter, una entrega del ministerio de Magia requiere de su firma.
—¿Una entrega? ¿Qué es?
—Kreacher no sabe. No está permitido que Kreacher mire, hasta que usted firme por la entrega.
Harry bajó el libro que había estado leyendo y bajó las escaleras. En la entrada, había tres grandes cajas. Un mago de aspecto burócrata, con túnicas del ministerio, estaba golpeando el suelo con el pie. Miró a Harry mientras éste descendía.
—Ahí está, señor Potter. —El mago le ofreció un pergamino—. El ministro insistió en que le fueran entregadas estas cajas de inmediato. No tiene respeto por el orden de entrega, no señor. Me arruina la ruta al hacerme venir aquí primero.
—¿Qué cosas son? —preguntó Harry, mirando las cajas con sospecha.
—No es mi asunto saberlo. Sólo firme de recibido, por favor.
—Debes llevarte muy bien con Percy Weasley —comentó Harry entre dientes, mientras firmaba hasta abajo del recibo de entrega.
—¿Percy? Claro, es un excelente empleado del ministerio. Tiene mucho respeto por el orden correcto de hacer las cosas. —El mago metió la mano en su bolsillo y sacó un sobre—. El ministro dijo que debía leer esto primero.
Harry tomó la carta; el mago giró sobre sus talones y salió por la puerta, gruñendo sobre la necesidad de respetar los horarios de las personas.
—¿Quiere el amo que Kreacher abra las cajas?
—No, Kreacher. —Harry miró la carta en su mano—. Leeré primero esto. Regresa a hacer lo que estabas haciendo.
Se sentó sobre una de las cajas y miró la carta. La sensación de temor que lo había invadido hacía quince meses, debido a todo lo que se había revelado en el juicio, regresó con fuerza. ¿Qué habría en las cajas? ¿Por qué el ministerio necesitaría mandarle algo de manera tan urgente? Respirando profundamente, abrió el sobre y desdobló una sola hoja de papel.
Querido Harry,
Hermione Granger me visitó ayer, con una solicitud bastante inusual. De inmediato ordené una investigación. Y descubrí que sus sospechas eran ciertas. Al parecer, con el interés de preservar los secretos del mundo mágico, un gran número de elementos fueron retirados de la casa de tus padres, en el valle de Godric, por oficiales del ministerio. Esto fue hecho inmediatamente después de su trágica muerte.
Desde ese entonces, estos objetos han estado guardados en una bodega del ministerio. En cuanto me enteré de este gran abuso de poder ministerial, ordené que todo fuera liberado para ti. Por favor, acepta mis más profundas disculpas, a nombre del Ministerio de Magia. Te aseguro que esta decisión fue hecha antes de mi llegada al ministerio, y tomaremos las medidas necesarias para asegurarnos de que, si hay algunas otras pertenencias tuyas en posesión del ministerio, serán localizadas y regresadas.
Sinceramente,
Kingsley Shacklebolt
Ministro de Magia
Harry se levantó y miró las cajas. Oyó pasos en la escalera y alzó la mirada para ver a Andrómeda, caminando hacia él.
—Teddy ya está acostado para su siesta. Cada día, es una batalla más y más difícil. —Andrómeda miró las cajas—. ¿Más entregas? Pensé que habíamos recibido todo. —Harry le dio la carta sin decir palabra alguna. La mujer la leyó y alzó la mirada para verlo—. Oh, Harry, esto es maravilloso. —El chico asintió, temiendo decir algo—. ¿Te da miedo abrirlas?
Harry rio por su comentario.
—Supongo que sí. No había imaginado que hubiera algo de mis padres. Vi la casa y las condiciones en las que estaba. Nunca se me ocurrió que le habían sacado cosas.
—Bueno, supongo que es algo bueno que lo hicieran, para preservarlo, dado que tú eras muy joven en ese entonces. Pero es obvio que debieron haberte informado que estas cosas existían —dijo Andrómeda resueltamente—. ¿Las llevamos a la sala de estar y vemos qué hay adentro? Estoy segura de que no hay nada qué temer.
Harry se sacudió la sensación de temor. Andrómeda tenía razón. Debería estar emocionado por tener algo de sus padres. Movió su varita y levitó las pesadas cajas hacia la sala de estar. Andrómeda llamó a Kreacher y le pidió una palanca para abrir las tapas.
Harry se detuvo un momento con la palanca en las manos y, suspirando, metió un extremo de la herramienta bajo la tapa, abriéndola con algo de esfuerzo. Una cubierta de material para empaquetar cubría los contenidos, por lo que Harry la retiró. La imagen de sus padres, cargando a un niño, fue lo primero que vio. El bebé gorjeaba y sonría, y sus padres estaban riendo, abrazados y abrazando al bebé.
—Eran encantadores. Una hermosa familia —dijo Andrómeda, parpadeando para retirar las lágrimas.
Harry se sentó en el suelo, cargando la fotografía enmarcada en sus brazos.
—No puedo creerlo. Todos estos años, y nunca supe que había algo de ellos. —Se quedó sentado ahí por lo que pareció una eternidad, estudiando cada movimiento que sus padres hacían, temeroso de soltarla por miedo a que, de algún modo, la imagen fuera a desvanecerse. Alzó la mirada—. Lo único que tenía antes de esto era el álbum fotográfico que Hagrid me dio después de mi primer año. Les había escrito a varias personas que conocían a mis padres, pidiéndoles fotografías.
—Lo recuerdo, querido. Ted y yo nos sentimos muy conmovidos por su solicitud, y nos sentimos muy mal por sólo haber encontrado un par, para añadir a la colección. ¿Listo para ver qué más hay ahí dentro? —preguntó gentilmente.
Lentamente, una por una, Harry sacó más fotografías. Todas estaban enmarcadas, como si el oficial del ministerio que las había tomado las hubiera quitado de la pared y las hubiera puesto directo en la caja. Hasta el fondo, había un álbum fotográfico. Cosido en la cubierta, estaba escrito "James y Lily, 26 de marzo de 1979". Harry abrió la cubierta y entendió que era su álbum de bodas. Los radiantes rostros de sus padres, con sus túnicas de matrimonio, lo miraron. Con suavidad, cerró el álbum.
—Recuerdo ese día; estaban tan enamorados y tan determinados a ser felices, a pesar de todas las horribles cosas que estaban sucediendo, debido a Ya—Sabes—Quién.
—Creo que miraré esto más tarde —dijo Harry, tratando de sacudirse el sentimiento de pérdida que tenía—. Veamos qué hay en la caja siguiente.
La caja siguiente estaba llena de cartas, facturas y un fajo de diarios de cuero. La última caja contenía libros de texto, manuales de pociones y libros escolares de sus tiempos en Hogwarts. Harry se sentó sobre sus talones y miró todo lo que habían sacado de las cajas.
—¿Por qué los del ministerio se habrán llevado estas cosas? ¿Qué hay con todos estos libros de texto?
—Imagino que estaban estudiándolos, buscando códigos o pistas, acerca de porqué Ya—Sabes—Quién había atacado a tu familia, o tal vez preguntándose si había estado buscando algo; es difícil decir. Pero, al menos, los tienes.
Harry asintió.
—Esto me sobrepasa. Siento que estoy viendo el espejo de Oesed, y no sé si esto es real o no.
—A mí me parece que este es un buen momento para tomar algo. ¿Por qué no preparo un poco de té? Luego acomodaremos todo.
Harry apenas la escuchó salir de la habitación, mientras levantaba el álbum de bodas. Respirando profundamente, lo abrió de nuevo y comenzó a pasar sus páginas lentamente. Había sido una reunión pequeña, y parecía haber tenido lugar en la casa de alguien. Unas cuantas docenas de invitados habían ido; Harry reconoció fácilmente a Sirius, Remus Lupin, los Tonks y Molly Weasley. La fotografía que hizo que se detuviera fue en la que estaban bailando, mirándose a los ojos, abrazados mientras se balanceaban al ritmo de la música. Se veían tan enamorados. Harry deseó que la fotografía pudiera decirle la música que estaba sonando. Su corazón dolió porque no podía recordarlos.
—Aquí está —dijo Andrómeda después de un rato, poniendo la bandeja sobre la mesa. Sirvió una taza para Harry y se la ofreció—. Ven a sentarte y tomar el té. Las fotografías no irán a ningún lado, querido.
Harry bajó el álbum y se sentó junto a Andrómeda, en el sofá color chocolate. Le dio un sorbo a su té y miró los montones de cosas en el suelo.
—¿Qué debería hacer con todo esto?
Andrómeda se detuvo.
—Bueno, claramente las fotografías necesitan estar exhibidas en las paredes. Siempre he pensado que tener fotografías e imágenes de tus seres queridos ayuda a convertir una casa en un hogar.
Harry asintió pensativo, recordando el hogar de los Tonks, donde las paredes habían estado cubiertas de fotografías de la hija y el esposo de Andrómeda, así como algunas de Lupin.
—¿Dónde están las fotografías de su casa? —preguntó—. Solía tener muchas.
—Tengo algunas en mi cuarto, y algunas están apartadas para Teddy, para cuando sea mayor —dijo Andrómeda con un suspiro—. Para serte honesta, no quería exhibir muchas, sabiendo que tú no tenías ninguna para mostrar.
—Bueno, supongo que esto cambia un poco las cosas, ¿no es así? —comentó Harry, sonriendo por primera vez desde que vio las cajas—. Mostremos todas nuestras fotografías.
Andrómeda no pudo replicar, por el rugido de llamas en la chimenea.
—¿Harry, estás ahí? —Se oyó la voz de Hermione.
—Aquí estoy —dijo Harry, girándose hacia la chimenea.
—Harry, acabo de recibir la lechuza de Kingsley, ¿ya te…? —preguntó Hermione con preocupación, y con el rostro tenso.
—Ya llegaron, acabamos de abrirlas. ¿Puedes pasar para poder abrazarte? —Harry se hincó frente a la chimenea—. Eres brillante.
Hermione rio con gusto.
—¿Entonces está bien? Le pedí que me informara antes de que las mandara, pero no recibí su lechuza a tiempo.
—Todo está mejor que bien, ven para que puedas ver las fotografías.
—Oh, Harry. —Los ojos de la chica comenzaron a humedecerse—. Estoy tan feliz por ti. No puedo pasar ahora mismo; de hecho, se supone que estoy en una junta. Iré tan pronto como termine el día. —Su cabeza desapareció en las flamas y el fuego se apagó.
Harry se levantó de la alfombra y regresó al montón de fotografías. Tomó la que mostraba a sus padres y a él mismo de bebé.
—Voy a poner ésta aquí. —Regresó a la chimenea y la acomodó sobre la repisa de la chimenea—. Y me encantaría que pusiera junto a ella la fotografía de Remus y Tonks cargando a Teddy.
Andrómeda llegó a su lado. Juntos, miraron las fotografías. Una lágrima bajó lentamente por su mejilla, y la mujer la retiró impacientemente con la mano.
—Discúlpame, Harry, por las lágrimas de una anciana. Es sólo que me siento muy feliz por ti. Y creo que esto será maravilloso para Teddy. Me digo a mí misma que no puedo sufrir más por su pérdida. Que estamos haciendo lo mejor que podemos por él, pero esto será muy bueno para que él lo vea, cuán amado eras. Cuán amado era él por sus padres.
—¿Por qué no va por la fotografía y las acomodamos para cuando se despierte de su siesta? —sugirió Harry—. Y pondré algunas más por aquí. —Andrómeda le dio un abrazo y se apresuró a ir por sus fotografías. Harry se acercó al montón de las suyas; tomando dos, miró alrededor del cuarto y, sonriendo, puso una en un extremo de la mesa, cerca de la lámpara, y la otra se unió a la que estaba en la repisa de la chimenea. Andrómeda regresó con las manos llenas de fotografías. Luego, caminaron por la casa seleccionando lugares para cada una.
Para cuando Teddy despertó de su siesta, ya estaban listos para mostrarle las fotografías. Mientras Harry lo paseaba por los cuartos, señalando las fotografías, Teddy las miraba con los ojos como platos. Llevaba a Scoundrel firmemente agarrado con la mano izquierda, mientras agarraba la mano de Harry con su derecha.
—Esos son tu mami ángel y tu papi ángel —susurró.
—Sí, mi mami y mi papi. Junto a tu mami ángel y tu papi ángel. Creo que ambos están cuidándonos desde arriba y queriéndonos mucho, ¿no lo crees?
Teddy asintió sin decir palabra alguna. Su cabello se puso color púrpura oscuro, que Andrómeda siempre describía como su "color feliz". Harry lo abrazó con fuerza.
—Tenemos suerte por tener unos padres tan amorosos que fueron muy felices porque nosotros fuimos sus hijos, ¿verdad? —Teddy asintió de nuevo.
Después de ver todas las fotografías, Andrómeda le ofreció la mano a Teddy.
—¿Por qué no vamos al parque? —Teddy se alejó con ella alegremente, y Harry suspiró con alivio y cansancio. Se sentía más exhausto que si hubiera jugado Quidditch por seis horas seguidas.
Levitó las otras cajas hasta su cuarto y las acomodó con cuidado en el suelo. Resistiéndose a la tentación de abrir los diarios y comenzar a leerlos, los dejó ahí y se puso su ropa para correr. Necesitaba tiempo para procesar todo y correr era la mejor cura.
Hermione estaba esperándolo en la sala de estar cuando regresó de correr. Bajó el libro que había estado leyendo y corrió hacia él. Rodeándolo con los brazos le dio un fuerte abrazo, a pesar de sus protestas de que estaba todo sudado.
—No me importa; recorrí la casa y vi las fotografías. Son hermosas.
Harry sonrió.
—Déjame asearme un poco y te mostraré qué más había en las cajas.
Una hora después, estaban sentados en la cama de Harry, rodeados por cartas y libros. Hermione se había sorprendido por todo lo que había sido empaquetado por el ministerio. Estaba hojeando un libro de pociones de tercer año.
—Mira, Harry. ¿No se parece a la letra de Snape?
Harry la miró; las instrucciones de la poción habían sido tachadas, y nuevas habían sido escritas. El moreno asintió.
—Al parecer, estaba diciéndole a mi mamá una forma más sencilla de hacer la poción. Esto fue, ¿cuántos?, tres años antes de que reescribiera por completo su libro de pociones de sexto año.
—Entre menos hables acerca de eso, mejor —dijo Hermione—. Aún no puedo creer que hayas seguido a ciegas las inst…
—Creo que ya podemos olvidar eso, ¿no lo crees? —dijo Harry negando con la cabeza—. Como sea, durante tercer año, mi madre y Snape aún eran amigos, así que obviamente la estaba ayudando con Pociones. No fue sino hasta su quinto año que pelearon, y ella dejó de ser su amiga.
Hermione asintió pensativa.
—¿Vas a leer las cartas? —Acababan de abrir sólo unas cuantas, suficientes para confirmar que habían sido escritas por sus padres, dirigidas a la otra persona, durante los meses del verano que no estuvieron en Hogwarts, y después de la graduación, cuando estaban separados por el trabajo que hacían para la Orden.
Harry las miró con cautela.
—No lo sé, ¿tú leerías las cartas que tus padres se mandaron el uno al otro cuando estaban saliendo?
Hermione rio.
—¿Temes descubrir mucho acerca de su relación?
—Sólo piensa en las cartas que tú y Ron se escriben mientras él está fuera, en sus ejercicios de entrenamiento.
—¿Y tú qué sabes acerca de eso? —exclamó Hermione, sonrojándose intensamente.
—He visto la expresión que pones mientras estás leyéndolas. Digamos que no es la misma expresión que pones cuando estás leyendo "Historia de Hogw…" —Hermione lo interrumpió cuando tomó una almohada y lo golpeó con ella—. Bueno, para responder a tu pregunta: no sé si las leeré —dijo Harry, cuando dejaron de reír—. Hay cosas de las que simplemente no necesito enterarme.
—¿Y qué hay de los diarios? —Hermione había leído lo suficiente como para saber que habían sido escritos por su madre.
—Creo. Quizá los leeré —dijo Harry con un suspiro—. Hay muchas preguntas de las que nunca he encontrado respuesta.
Hermione asintió, mientras comenzaba a meter los fajos en la caja. Cuando levantó uno de ellos, frunció el ceño y, desatando el listón, sacó un sobre.
—Harry, estas tienen estampillas postales pegadas —dijo, alzándola para que Harry la viera.
Harry la tomó, levantó la solapa del sobre y sacó la carta.
—Son de mi tía Petunia. —La volvió a meter en el sobre y la regresó al fajo.
—¿Estás bien? —preguntó Hermione, preocupada—. En verdad no tenía idea de qué iban a mandar.
—¿Qué te hizo pensar que podría haber algo de mis padres? —preguntó Harry, recargándose en las almohadas. La chica se tumbó sobre su estómago y lo miró.
—Fue lo que dijiste, acerca de que la casa parecía una galería de arte. Entendí que lo que faltaba eran los toques personales que los hogares tienen. Y luego, recordé cuando recorrí la mansión Malfoy, y vi cómo el ministerio había retirado todo de las paredes.
Harry se enderezó.
—¿A qué te refieres con que viste la mansión Malfoy?
Hermione dudó pero luego hizo un gesto.
—Durante la primavera pasada, antes de que fuera quemada. Draco y yo fuimos y la recorrimos juntos. Necesitaba verla una vez más. —La chica se alzó y se acomodó para recargarse contra Harry.
El moreno la miró sorprendido.
—¿Para qué querrías volver allá?
—Para entender y aceptar lo que había pasado —dijo Hermione suavemente—. Nos ayudó a ambos, a Draco y a mí. Ese día, cuando estuvimos ahí todos juntos… Tenía tanto miedo y estaba segura de que íbamos a morir. Y luego, el… el Crucio.
Harry la rodeó con los brazos y cerró los ojos al recordarlo.
—Entonces, regresaste para darle un cierre… —dijo, entendiendo por fin.
Hermione dio un suspiro y apoyó su cabeza sobre el pecho del chico. Él comenzó a acariciar su cabello con gentileza.
—Sí, y creo que me ayudó tremendamente hablar con Draco. Enterarme de lo que había pasado antes y después de que llegamos, enterarme de las cosas que había tenido que pasar. Nos ayudó a ambos para dejarlo ir y continuar con nuestras vidas.
—Lamento no haber estado ahí para ti —dijo Harry—. Debí haber sido más fuerte…
—Esto no se trataba de ti, y has tenido suficiente con qué lidiar, como para que cargaras con mis propios traumas.
—Somos amigos, Hermione. Tus traumas son mis traumas —dijo Harry riendo—. ¿De qué hablaban tú y Draco? ¿Qué pasó después de que me fui?
—No me corresponde contarte eso —dijo Hermione suavemente—. Tendrás que preguntarle a Draco. Pero, Harry, hay algo más. Algo de lo que nunca hemos hablado.
—¿A qué te refieres?
Hermione respiró profundamente.
—Cuando estábamos preparándonos para buscar los horrocruxes… No quería que mis padres fueran heridos por los mortífagos. Quería que estuvieran a salvo.
—Lo sé, entonces tú… —Harry se detuvo y se le quedó viendo.
Los ojos de Hermione estaban llenos de lágrimas.
—Hice lo que Draco hizo, a mis propios padres. Lo hice por su propio bien. Me mató por dentro pero sabía que era mejor que estuvieran a salvo en Australia, y que nunca se irían si me recordaban.
—Pero eso es diferente…
—No, Harry. La única diferencia es que McGonagall consiguió bloquear mi hechizo. Y nunca lo supe, hasta después de que la guerra terminara. Y yo tuve que vivir con esa culpa. Sé lo que se siente, sé cómo se siente Draco. Es por eso que me fue tan fácil entender por qué lo había hecho. Tan fácil querer ayudarlo. Pero he sido muy cobarde como para expresarlo, antes de hoy. También lo discutimos en febrero.
—Hermione… —dijo Harry, abrazándola con fuerza. No sabía qué decir. Recordaba cuán angustiaba había estado, cuando habían estado ocultos. Apenas y podía hablar acerca de su familia, sin comenzar a llorar. Cómo había escogido los lugares en los que acampaban, porque había estado en ellos con sus padres.
—Si platicas con mis padres, sabrás cuán heridos se sintieron por lo que hice. Pero me perdonaron porque me quieren. —La chica miró a Harry—. Pero, ¿y si sus recuerdos hubieran sido borrados? ¿Y si hubiera tenido que ir a Australia para intentar explicarles que yo era su hija? Ellos no habrían tenido idea de quién era esa persona parada frente a ellos, contándoles esas ridículas historias de mortífagos y reliquias. ¿Crees que habrían sido capaces de perdonar a esta persona que no conocían? ¿Crees que me habrían aceptado?
—Me gustaría pensar que lo habrían hecho —dijo Harry tensamente.
—Entonces, necesitas hablar con Draco acerca de esto. Escucharlo. Recordar que lo estaba haciendo por todas las razones correctas.
—¿Le contaste acerca de lo de tus padres en febrero? —Hermione asintió—. ¿Y qué pensó de ello?
—Que la guerra hace que la gente tenga que tomar decisiones horribles —dijo Hermione—. Y que es difícil saber cuáles son las decisiones correctas. Habla con él, Harry.
—¿Alguna vez te he mencionado cuán agradecido estoy de que hayas entrado en nuestro compartimiento del tren, ese primer día? —dijo Harry—. ¿Qué haría sin ti?
Hermione sonrió y le regresó el abrazo.
—Por más que odie dejarte así, mañana tengo una reunión a las ocho en punto. Necesito ir a casa y repasar mis notas.
—¿Una reunión a las ocho un domingo por la mañana? —preguntó Harry con sorpresa.
—Duendes —dijo ella con una mueca—. Les encantan las reuniones en tiempos extraños, para confundir a todos. Pero no van a ganar esta ronda. —La chica sonrió mientras se ponía de pie y se acomodaba la túnica—. ¿Estás seguro de que estás bien?
—Por supuesto. Que tengas una buena reunión; acaba con esos duendes.
OoOoOoO
—¿Listo para jugar billar? —preguntó Ron desde la puerta de la biblioteca, donde Harry estaba sentado en su silla favorita, leyendo una carta—. ¿Qué es eso?
—Una carta de Charlie. Vendrá para Navidad. Va a quedarse por una semana en la Madriguera, y luego se quedará aquí entre Navidad y Año Nuevo. Así podrá visitar a sus amigos que viven en Londres. —Harry dobló las páginas de la carta y las guardó en el cajón del escritorio.
—¿Charlie te escribió una carta tan larga? Mamá se vuelve loca por lo cortas que son las lechuzas que le manda. Dice que tiene suerte si recibe un párrafo.
—Oh, bueno, sólo escribió acerca de cómo van las cosas en el campamento, y con todos los domadores que conocí —dijo Harry, encogiéndose de hombros, sonrojándose ligeramente—. Juguemos.
—¿Cómo va lo del mural con Draco? —preguntó Ron, mientras caminaban por el pasillo.
—No lo veo tan seguido. Hoy, llevé a Teddy a ver los adornos de Navidad en Oxford Street, para que Draco pudiera trabajar sin que Teddy se enterara. Regresará mañana para trabajar un poco más.
—¿Llevaste a Teddy al Londres muggle? ¿Y cómo le hiciste con los cambios de color del cabello de Teddy? Pensé que todavía no tenía control sobre eso.
—Un gorro —dijo Harry con una sonrisa—. Lo que fue una buena idea; cuando se lo quitó para almorzar, su cabello era rojo con verde. La mesera no podía dejar de reír.
—Hablando de adornos de Navidad, ¿qué vas a hacer aquí? —preguntó el pelirrojo, mirando a su alrededor.
Harry alcanzó su taco y comenzó a acomodar las bolas.
—Andrómeda se ofreció a encargarse de la decoración. Yo no tendría idea alguna de por dónde empezar; mi única experiencia es ver a Hagrid llenando el Gran Comedor con esos árboles flotantes.
—¿Tus tíos no decoraban para Navidad?
Harry negó con la cabeza.
—No, usualmente se iban a Majorca durante las vacaciones, o la casa de la hermana de mi tío Vernon. Yo tenía que pasar cada Navidad con la señora loca de los gatos, en la casa de al lado. —Arrugó la nariz al recordar los árboles de Navidad tejidos que adornaban la casa de la señora Figg, cada Navidad. Había sido un alivio cuando comenzó a ir a Hogwarts, y pudo quedarse ahí durante las festividades.
—Sí que fue una niñez muy retorcida la que tuviste, Harry —dijo Ron incrédulo, negando con la cabeza.
—Otros la han tenido peor —dijo Harry encogiéndose de hombros.
—¿Cómo van los planes para la celebración de Año Nuevo?
—Esa es una historia completamente diferente. Siguen llegando paquetes, y George hace que Kreacher los esconda de mí. No sé si la casa vaya a seguir en pie para cuando George termine con todos los fuegos artificiales que están siendo mandados.
—¿Cuántas personas?
—Creo que será toda la casa de Gryffindor, desde que Bill estaba en la escuela hasta Ginny, todos los que trabajan en la tienda… No sé dónde vamos a poner a todos. A juzgar por las cajas que vienen de Baratas de Tragos, tendremos que invocar el encantamiento "Los amigos no dejan que sus amigos se aparezcan ebrios", y hacer que todos los que fallen en el encantamiento se queden a dormir aquí (1).
—¿Y qué hay de Draco? ¿Está invitado? —preguntó Ron, mientras Harry tiraba.
La bola blanca rebotó cuando el taco de Harry se sacudió. El chico fulminó a su amigo con la mirada.
—Sí, y Luna. —Miró cómo Ron hacía su tiro—. Le pregunté a Draco si quería invitar a alguien, pero me dijo que no.
—No me sorprende. Los Slytherins se separaron durante octavo año. Lo único en lo que estaban de acuerdo era en odiar a Draco.
—¿En serio? ¿Por qué?
—Bueno, por todo eso de traidor de la sangre. Por traicionar a la casa. El hecho de que ustedes salieran en secreto por dos años, mientras les seguía la corriente en el odio que sentían hacia ti, no le ayudó mucho.
Harry se le quedó viendo a Ron.
—Nadie mencionó eso antes.
—¿En serio? Bueno, supongo que fue porque todo pasó mientras tú no estuviste. Habría pensado que Hermione lo habría mencionado.
—Puede que lo haya intentado. Supongo que no estaba muy dispuesto a hablar acerca de Draco cuando regresé (2).
—No me digas —dijo Ron riendo—. Estabas más sensible que un hipogrifo.
OoOoOoO
Harry abrió la puerta cuando Draco tocó el timbre al día siguiente. El rubio lo miró sorprendido.
—Pensé que ibas a ir con Teddy a ver el show.
Negando con la cabeza, Harry cerró la puerta una vez que el rubio entró.
—No, Andrómeda y tu madre lo llevaron ellas solas. Los Cannons me mandaron el nuevo libro de jugadas; necesito darle mis notas acerca de qué cambios quiero hacer al entrenador Herr, antes de Navidad.
Draco asintió.
—Bueno, me iré al cuarto de Teddy para comenzar; trataré de mantenerme fuera de tu camino.
Harry asintió.
—Estaré en la biblioteca si necesitas algo; Kreacher está descansando hoy. —Draco arqueó una ceja, haciendo que el moreno riera—. Estoy seguro que has oído acerca de la nueva legislación de criaturas mágicas, en la que Hermione ha estado trabajando, ¿no? Los elfos domésticos tienen días libres obligatorios.
—Sí escuché algo acerca de ello, pero no pensé que Kreacher estuviera dispuesto a aceptarlo.
—Y no lo está. Se encerró en su compartimiento para dormir, enfurruñado y hablando entre dientes acerca de, em, hijos de muggles entrometidos. —Harry rio—. Pero eso es mejor que el acoso que sufriría de parte de Hermione, si no hago que tome su descanso.
Harry caminó por el pasillo hacia la biblioteca, mientras Draco subía un piso más hacia el cuarto de Teddy. Se sentó en su silla y abrió el libro de jugadas. Los jugadores alados en los dibujos volaban siguiendo los patrones especificados, y Harry trataba de concentrarse en los movimientos y escribir sus críticas. Inevitablemente, su mente divagaba a lo que fuera que Draco estuviera haciendo y lo que Hermione le había dicho el día anterior. Después de dos horas, se rindió y arrojó el libro al escritorio. Para tener una excusa para inmiscuirse, preparó dos tazas de té y subió al segundo piso. Se detuvo en la entrada del cuarto del niño. Podía ver la alta figura de Draco en el centro del cuarto. Estaba golpeando el mango del pincel contra su mejilla, contemplativamente, mientras estudiaba la pared. Se había quitado la túnica en la que había llegado y Harry se sorprendió al ver que llevaba, de nuevo, ropa muggle: una camiseta de manga larga con pantalones vaqueros color gris carbón. El rubio se había subido las mangas por completo, y la Marca Tenebrosa era claramente visible.
—Te traje un poco de té, pensé que te vendría bien un descanso. —Draco se giró para mirarlo mientras entraba al cuarto—. Esto se ve muy bien. No puedo creer cuánto has avanzado. —La mitad inferior de la pared había sido transformada en una ladera cubierta de árboles. La mitad superior era color azul cielo, y tenía nubes esponjosas.
—Ya casi termino con el fondo. Después, pintaré los dragones, la gente y los detalles —dijo Draco.
—Hiciste un muy buen trabajo al hacer que se viera como Rumania. —Harry miró al rubio—. En especial, dado que nunca has estado ahí.
—Se les llama libros, Potter. Los libros de viajes tienen muchas fotografías —dijo Draco, sonriendo mientras hablaba—. Pensé en pintar sólo grandes dragones por todos lados, pero supuse que los superaría muy pronto. Y puede que le dé algo de miedo dormir en un cuarto con cuatro dragones gigantes pintados en las paredes. De este modo, puedo cambiarlo y pintar lo que sea que le interese después, ya que sea mayor: gigantes, gnomos o lo que sea que le gusta a los niños estos días. Aunque aún no estoy seguro de cómo hacer la cueva de dragón que quería.
—Las rocas son demasiado pesadas, aún con un encantamiento de aligeramiento permanente. —Harry se acercó al nicho—. Podríamos hacer rocas con papel maché.
—¿Papel qué? —preguntó Draco.
—Ya sabes, tiras de papel con engrudo. ¿No? Quizá eso nunca llegó al mundo mágico. Podrías hacer la forma de rocas con algo como malla de alambre, y luego poner tiras de papel llenas del adhesivo; cuando se seque, lo pintas con colores de roca. Podría ser como la entrada a una cueva. Tal vez Andrómeda podría hacer unas cortinas para cerrarla, y que él pudiera jugar adentro.
—Me perdiste con lo del alambre. ¿Qué tiene que ver eso con hacer una cueva de roca?
Harry rio.
—Malla de alambre; es lo que los muggles usan para hacer jaulas y evitar que sus gallinas se paseen por ahí. El papel maché es una técnica bastante sencilla. La parte difícil sería hacer las formas de roca.
—Suena como que podría funcionar. Podría preguntarle a David si lo ha hecho. Fue a una escuela de arte muggle, así que quizá ya esté familiarizado con eso.
—Seguro, ve si quiere ayudar. Conseguiré las cosas que necesitaremos en la tienda de bricolaje, para tenerlo listo el fin de semana que viene. —Las palabras salieron de la boca de Harry, antes de que pudiera detenerlas—. Claro, si quieres mi ayuda. Es tu proyecto.
—Y ésta es tu casa —dijo Draco, levantando la ceja con aire divertido—. Dado que nunca lo he hecho, entre más personas que sepan qué están haciendo, mejor.
—Genial. —Harry se detuvo y respiró profundamente—. Hermione me contó anoche que ustedes recorrieron la mansión, antes de que fuera incendiada.
Draco se enderezó en donde estaba; se había inclinado para limpiar una gota de pintura.
—¿Qué te contó?
—No mucho, sólo que necesitaba verla de nuevo, antes de que acabaran con ella.
—Creo que ambos lo necesitábamos. Me ayudó recorrerla junto con ella. —Draco estaba hablando en un volumen tan bajo que Harry apenas pudo escucharlo—. Aún tengo pesadillas; te veo ahí, en el centro del salón de la mansión.
—¿En serio?
—Sí. —Draco se giró—. ¿Qué sacó el tema a colación?
Cuando Harry le contó acerca de la entrega del ministerio, Draco lo miró sorprendido.
—¿Te lo ocultaron todos estos años? ¿Puedo ver las fotografías? —Harry asintió y lo llevó de cuarto en cuarto, para mostrarle las fotografías—. ¿Y hay más?
—Cartas y diarios; aún no los he leído.
Draco vaciló.
—¿No estás enojado? Te robaron estas cosas y las sólo las recuperaste gracias a Hermione. —Harry se quedó quieto mirándolo. Le tomó un minuto al rubio darse cuenta de lo que había dicho—. Joder, siempre consigo arruinar las cosas.
Harry negó con la cabeza.
—No, de hecho, estoy intentando hallarle sentido, hallar cuál es la diferencia entre esto y nosotros. Porque no estoy enojado porque me hayan quitado las fotografías y todo lo demás. Es más, estoy agradecido por haberlas recuperado. Entonces, ¿por qué no puedo aceptar los recuerdos que quieres regresarme?
—Porque soy Draco Malfoy, tu enemigo por seis años —dijo Draco amargamente.
Harry negó con la cabeza.
—No creo que sea eso. Nunca pensé en ti como un enemigo. Eras más que nada un dolor en el trasero; siempre presente e imposible de ser mitigado.
—Borré dos años de tu vida, deliberadamente. El ministerio no estaba tratando de robar tu vida, solamente estaba haciendo lo que siempre hace.
—¿Estás tratando de hacer que esto suene peor para ti a propósito? —preguntó Harry riendo.
—No, sólo quiero asegurarme de que no hagas o digas algo de lo que puedas arrepentirte después. —Draco señaló las fotografías en la chimenea—. No quiero que pases de lo que sientes porque el ministerio te haya devuelto las cosas a lo que sientes por lo que pasó entre nosotros. Hace dos semanas, casi me arrancas la cabeza cuando sugerí regresarte nuestros recuerdos usando un pensadero.
—Tus recuerdos, no nuestros —dijo Harry automáticamente; luego, rio para sí—. Quizá tengas razón. Ni siquiera te mostré todas las otras cosas que me devolvieron. Pasé de tener un solo baúl de cosas a tener una casa completa con recuerdos familiares, en cuestión de un par de semanas.
—La Navidad ya está a la vuelta de la esquina, ¿por qué no mejor evitas pensar en todo eso y sólo te preparas para recibir a todos aquí para la cena? Podemos platicar acerca de lo que todo esto significa, más tarde. Regresemos arriba, tengo que cerrar mis pinturas antes de que se sequen. —Mientras subían las escaleras, Harry miró a Draco.
—Respecto a Navidad. —Harry pasó saliva con incomodidad—. Si quieres pasar la noche aquí, durante la víspera, para que puedas estar aquí cuando Teddy abra sus regalos en la mañana, y sorprenderlo con los dragones, eres más que bienvenido. —Había estado preguntándose toda la semana si debía hacerlo o no, pero parecía ser lo correcto. De esa forma, Narcissa también podría quedarse, sin preocuparse por no saber dónde estaba pasando Draco la Navidad—. Y tu madre también, claro (3).
—Mi madre y yo estábamos pensando en pasar la víspera en el Centro —dijo Draco, mientras entraba al cuarto de Teddy.
—Estoy seguro de que a tu madre le encantaría estar con su hermana, como lo ha estado los dos últimos años, y no querrá que tú estés solo. Entonces, de este modo, ella podría verlos a los dos.
Draco se acercó a la colección de frascos de pintura y pinceles, en la mesa que estaba usando al centro del cuarto. Levantó una tela y comenzó a limpiar las bocas de los frascos, antes de ponerles las tapas.
—¿No crees que sería demasiado extraño, el que yo pase la noche aquí?
—No más extraño de lo que esto es —dijo Harry con un suspiro—. Creo que ambos nos hemos acostumbrado a la situación lo suficiente como para ser capaces de manejarlo por un par de días durante Navidad. Y, como sea, ya planeabas estar aquí para la cena de Navidad.
—Lo checaré con mi madre, pero estoy seguro de que estará encantada. Muchas gracias por la invitación —dijo Draco con formalidad, aun dándole la espalda al moreno.
(1) Supongo que eso debe ser como un alcoholímetro mágico…
(2) Y Adigium21 dice: "¡El eufemismo del milenio, Potter!"
(3) Acá en México, le decimos Nochebuena a la víspera de Navidad; aquí le dejé "víspera" pero lo usaré invariantemente.
Notas finales:
Díganme si no aman a Hermione tanto como yo…
Ahora, en una idea loca de las mías, (spoiler not spoiler), les diré el nombre del siguiente capítulo: "Baila conmigo". Estoy seguro de que les va a encantar, y querrán secuestrarme para tenerlo listo en poco tiempo…
Adigium21
