Notas de la autora:
Muchas gracias a Kristine Thorne, Harlie Rayne y Flammae Ignis por sus comentarios de este capítulo. Este capítulo es como un paseo en una gran montaña rusa. Por el amor de Merlín, ¡NO SE BAJEN A LA MITAD!
Notas de traductor:
No tienen ni idea de las ganas que tenía de llegar a este capítulo… Les preparé una pequeña nota al respecto; la pondré al final de la segunda parte (recuerden que esta es la primera).
Gracias a Violet Stwy, mixhii, The darkness princess, Lunatica Dark, Cass, Kuroneko1490, MisakiUchiha17, Acantha-27, Silvers Astoria Malfoy, Adriana11, jessyriddle, toxica666 y xonya11 por comentar en el capítulo anterior…
¡MisakiUchiha17, fuiste la reviewer 600! Si no me fallan las cuentas…
¡Sean fuertes y no dejen de leer!
El sábado siguiente, Andrómeda llevó a Teddy a la Madriguera, para que Harry, Draco y David pudieran trabajar en su habitación, juntos. Harry los llevó al cuarto y David vio lo que el rubio ya había conseguido en el mural.
—Muy impresionante, Draco. —Mirándolo, David agregó—. Sabía que tenías talento, pero esto sí que lo muestra. Deberías considerar reunir un portafolio.
Draco negó con la cabeza.
—Me gusta el Centro.
—No quise decir eso; el Centro y yo te necesitamos, pero podrías hacer proyectos de arte como este, por tu cuenta. Explorar tus talentos. —David dio un paso hacia atrás, para mirar la entrada del nicho—. Creo que se nos ocurrió algo que funcionará, Draco. ¿Por qué no le enseñas el boceto a Harry?
Con rapidez, acomodaron lo que tenían que hacer y Harry y David se pusieron a trabajar, dándole forma a la malla de alambre, mientras Draco mezclaba el pegamento de harina.
—Tú eres el experto en Pociones —dijo Harry con una sonrisa de lado.
Draco rodó los ojos por encima del caldero, donde la desagradable y apestosa mezcla hervía a fuego lento.
—No creo que una mezcla viscosa de harina con agua pueda ser llamada poción.
—Tecnicismo. —Harry se hizo para atrás, para mirar las formas que rodeaban el nicho—. ¿Qué piensas?
Draco y David miraron la figura.
—Se ve bien, y seré capaz de pintar el mural por encima de esta área, para hacer que se vea como parte de un todo. ¿Qué debemos hacer con la mezcla?
—Necesitamos romper el papel en tiras y luego untar la, em, mezcla en las tiras. Después, sólo hay que comenzar a pegarlos en la forma. —Harry se acercó al montón de periódicos que había conseguido de los Weasley—. No puedo pensar en un mejor uso para El Profeta, excepto quizás para forrar la jaula de una lechuza.
Los tres comenzaron a desgarrar el papel y, después de unos minutos, ya tenían una pila pequeña. David dijo:
—¿Por qué no sigo haciendo esto mientras ustedes comienzan?
Harry levitó el caldero hacia la pared. Miró el contenido e hizo una mueca.
—De repente, recuerdo por qué nunca me gustó trabajar con papel maché. —Tomó una tira de papel y la dejó caer en el pegamento; moviendo los dedos como tijera, quitó el pegamento extra. Girando sobre sus talones, pegó la tira húmeda sobre la malla de alambre. Draco lo miró.
—¿Estás seguro de que un hechizo de pegado no sería más fácil?
—No —dijo David con una sonrisa—. No podrías pintarlo y tampoco podrías darle textura, como con esto.
Draco suspiró y se quitó el suéter, enrollándose las mangas de su camisa azul plateado. Copió los movimientos de Harry, arrugando la nariz con disgusto al sentir el pegamento en los dedos.
Pronto, Harry y Draco desarrollaron un ritmo. Estaban cubriendo rápidamente las secciones. Draco estiró la mano para tomar otra tira y notó que ya se las habían acabado.
—¿Tienes más tiras listas, David? —Harry se giró para preguntar. Se detuvo cuando vio a David sentado en el libro, leyendo uno de los periódicos.
David alzó la mirada, sorprendido al escuchar su nombre. Miró a Harry y Draco y luego miró el periódico de nuevo.
—Este artículo habla de ustedes dos.
Harry miró al rubio de reojo.
—No me sorprende, considerando cuán frecuentemente estamos en los periódicos.
—Es acerca de tu juicio, Draco. Sabía acerca de eso, pero… no sabía nada acerca de esto.
Harry miró a Draco, sorprendido.
—¿No le contaste?
Draco frunció el ceño.
—No. No le vi la necesidad, supuse que alguien del Centro le contaría. Supongo que todos están tomándose la regla de cero chismes seriamente.
David negó con la cabeza.
—Nadie me dijo algo. —Harry miró el pálido rostro del otro mago y se preguntó cuál Profeta podría estar leyendo. Sin importarle que aún tuviera pegamento en los dedos, estiró la mano y se lo quitó. Riendo por la primera plana, dijo una mala palabra y se lo pasó a Draco, para que pudiera verlo. Draco miró el periódico. Era un periódico de cuando fue su juicio. La foto de Harry saliendo del Wizengamot, con Ron y Hermione ayudándolo, estaba en la primera plana. Draco lo arrugó.
Harry se encogió de hombros.
—Tú ponlo al día. Yo iré a hacer un poco de té. —Harry preparó una tetera lentamente, queriendo asegurarse de que Draco tuviera tiempo para contar la historia como quisiera que fuera contada. Levitó la bandeja y la llevó al cuarto. Vio que los dos hombres estaban sentados en el suelo; Draco estaba apoyado contra la cama de Teddy y David estaba contra la pared. Ambos dejaron de hablar cuando Harry entró.
El moreno les pasó el té y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, mirando a David. El mago miraba a Draco y luego a Harry.
—No entiendo muy bien cómo es que ustedes dos pueden estar así. ¿Son amigos?
Harry le dio un sorbo a su té y se encogió de hombros.
—No lo fuimos por un largo tiempo. Y aún tenemos nuestros momentos. Estás viendo el final de un año de tratar de acostumbrarse a lo que pasó.
—Pues es mucho para lidiar. —David negó con la cabeza—. Nosotros escuchamos acerca de ti, Harry, allá en Columbia Británica. Lo suficiente como para conocer lo que le habías hecho a ese mago, ¿cómo se llamaba? Volde—alguien…
—Voldemort.
—Exacto. Pero, después de eso, los periódicos dejaron de cubrir tu historia; pasaron a otras noticias —dijo David—. No puedo creer que Draco…
Harry lo interrumpió.
—Fue una época diferente. Una época muy mala. Muchas cosas malas, que no deberían haber pasado, pasaron. Probablemente, Draco no te mencionó que casi lo maté durante sexto año. —Draco lo miró sorprendido.
—¿Por lo del Obliviate?
Harry negó con la cabeza.
—No, eso lo descubrí hasta, ¿cuánto, dos años después? —Draco asintió. Había bajado su té y estaba recargado, con la cabeza contra la cama, con los ojos cerrados. Tenía los brazos doblados sobre el regazo, y su Marca Tenebrosa era visible con claridad—. Lancé un hechizo mientras estábamos luchando, e hice que su pecho s desgarrara. Pudo sobrevivir solamente porque un profesor, que reconoció el hechizo que usé, sabía qué hacer.
—Merlín. ¿Qué más?
—Draco me salvó la vida cuando fuimos capturados y nos encerraron en su casa; y nos permitió salir a mí y a mis amigos —dijo Harry.
—Y Harry me regresó el favor cuando ambos estuvimos atrapados en el Fuego Maldito, durante la batalla final. Regresó para salvarme a mí y a un amigo del fuego.
David negó con la cabeza.
—Y apenas tienen diecinueve años.
Harry se encogió de hombros.
—No creo que nuestras edades importen, simplemente hicimos lo que teníamos que hacer. Ambos. —miró a Draco—. Obviamente, es más complicado que eso, y algunas cosas son más difíciles de aceptar que otras.
Draco se puso de pie.
—Y hablar de estas horribles cosas que nos hicimos el uno al otro no va a cambiar nada. Necesitamos terminar con esto, para Teddy. David, ¿aún quieres ayudar? No serías el primero en alejarse, ahora que sabes lo que pasó.
Draco dudó.
—No, dije que ayudaría, y lo haré. —Se detuvo—. Pero puede que tenga más preguntas después.
Pronto tuvieron la superficie completa cubierta de papel maché, y Harry podía ver que sí había tomado una apariencia de cueva.
—A Teddy va a encantarle esto.
David asintió.
—Déjame hacer un encantamiento para acelerar el proceso de secado, para que podamos poner la segunda capa después del almuerzo.
Harry bajó las escaleras para arreglar la comida; unos minutos después, Draco entró a la cocina. El rubio miró al moreno mientras éste hacía sándwiches, sin decir nada por un momento, y luego habló:
—Lo que dijiste allá arriba, ¿lo dijiste en serio?
—¿Acerca de la mierda que nos hicimos el uno al otro? —preguntó Harry. Draco asintió—. Claro, es la verdad. Fuimos horribles con el otro. —Harry dudó, mirando el cuchillo en su mano—. ¿Qué pensaste? Después de que usé el Sectumsempra contigo. Casi te mate.
—Deseé que lo hubieras hecho. Le grité a Snape por salvarme. Él sabía que yo quería morir, pero no me dejaba —dijo Draco—. Luego, dijo lo único que podría haberme hecho sentir contento por no haber muerto en el suelo de ese baño.
—¿Y qué fue eso?
—Me preguntó cómo te sentirías si yo muriera —dijo Draco, estremeciéndose—. Y entonces supe que no podía hacerte eso. No podía permitir que mi muerte estuviera en tu consciencia.
Harry miró a Draco de reojo. El rubio se había subido las mangas y estaba abrochando las mancuernillas.
—¿Por qué ahora usas ropa muggle bajo tu túnica?
—Es más fácil comprar en las tiendas muggles —dijo Draco después de una pausa.
—¿Cómo puede ser más fácil convertir tus galeones e ir al Londres muggle?
—Es más fácil porque no me maldicen a través de la cortina del probador —dijo Draco haciendo una mueca—. He tenido muchas maldiciones de piernas de gelatina, atrapándome medio desnudo en el probador, para la diversión de los vendedores y los clientes.
—¡No te pueden hacer eso! —exclamó Harry.
—¿Y quién va a detenerlos? —preguntó Draco, riéndose con burla—. ¿Tú?
—Si tengo que hacerlo. Tú lo demostraste, te absolvieron de todos los cargos.
—Excepto uno.
—Tú sabes que no es correcto.
—¿Desde cuándo las cosas tienen algo que ver con lo que es correcto? —Draco golpeó la mesa con la mano—. Yo ya acepté que soy odiado a donde sea que voy, pero eso es que debo quedarme en el Centro o en áreas muggles. Tú eres el que tiene un problema con todo esto.
—¿Por qué me vengo enterando de esto hasta ahora?
—Porque no es asunto tuyo, Harry —dijo Draco—. Puedo cuidarme yo solo. Es mi vida, no la tuya. Si alguna vez decides ser una parte real de mi vida, entonces podemos…
—Supongo que éste es uno de esos momentos de los que estaban hablando, ¿no? —La voz de David hizo que ambos se giraran hacia las escaleras, mientras el hombre entraba a la cocina.
—Si Draco y yo no discutimos de algo cada vez que nos vemos, nos sentimos mal —dijo Harry, fulminando al rubio con la mirada. Se giró y, tomando los platos, los llevó a la mesa—. Sándwiches de rosbif, espero que esté bien. —Después de un momento, Draco lo siguió y se sentó en la mesa, junto al moreno.
—El rosbif está bien. Tengo que decir que se comportan muy muy tranquilos a pesar de lo que pasó entre ustedes. Muy, bueno, "al estilo británico".
Draco asintió.
—Como Harry dijo, tenemos nuestros momentos. Y tenemos suerte de haber salido de la guerra con vida, aunque no siempre apreciemos ese hecho.
David miró a Harry.
—Bueno, ¿y qué más hacen? ¿Aparte de estar en la junta directiva de la BMP? Como sea, ¿qué demonios significan las siglas BMP?
Harry rio.
—¿No lo sabes?
—No, he estado muy ocupado arreglando todo, y cada vez que se me ocurre no hay nadie cerca para preguntarle.
Harry se encogió de hombros.
—Significan Black Malfoy Potter; cuando estábamos pensando en nombres, no pudimos ponernos de acuerdo en cómo ponerle, así que terminamos usando nuestras iniciales en orden alfabético.
David los miró sorprendido.
—¿Quieren decir que ustedes no sólo están en la junta, sino que ustedes son la junta directiva? Pensé que sólo los habían escogido para ser representantes jóvenes. ¿Quién es Black?
Harry rio y señaló al techo.
—Esto es Black. Ésta era la casa de mi padrino, Sirius Black, y la madre de Draco también era una Black.
—Eso me pasa por no investigar quién me va a dar empleo —dijo David, negando con la cabeza—. Aún no puedo creer que puedan estar sentados en la misma mesa, y mucho menos trabajar juntos en un proyecto tan grande como lo es el Centro, o siquiera lo que estamos haciendo allá arriba.
—Hablando del proyecto, será mejor que nos pongamos a trabajar, o nunca terminaremos —dijo Draco, mientras recogía los platos de la mesa.
Dos horas después, terminaron con la segunda capa de papel maché. David tenía que irse, pues estaba esperando una llamada por red flú de su prometida. Juntos, Harry y Draco llevaron los pinceles y suministros a la cocina, para limpiarlos.
—Vamos a tener que dejar que seque toda la noche, y luego puedo comenzar a pintarlo —dijo Draco, mirando al moreno mientras llenaba con agua el caldero que tenía el pegamento—. Pero me está gustando. Si te parece bien, vendré algunas noches esta semana, después del trabajo, para terminarlo.
—No será problema. Tengo algunos eventos de caridad que hacer esta semana. O bueno, Hank los tiene.
—Black se está formando una reputación por estar expuesto tanto. ¿Cuántas apariciones públicas has hecho este mes?
—Unas pocas. Es más fácil ser Hank.
—Eso no cambia el hecho de que eres en realidad Harry Potter. Vas a tener que aceptar eso uno de estos días.
—Hank tiene una vida más fácil. ¿Irás al Baile de Caridad del Ministerio el miércoles?
Draco hizo una mueca.
—Sí, se lo prometí a mi madre. Y McCain dice que será bueno para el Centro que los representantes de la BMP estén presentes.
—No creo que sea tan malo —dijo Harry—. Pero sí, sé cómo te sientes.
—¿Serás Hank o Harry en el baile?
—Ambos, los Cannons harán una gran donación y, por supuesto, estaré ahí para lo de la BMP.
—¿Cómo vas a conseguir hacer eso?
—Me cambiaré de túnica en la oficina de Ron —dijo Harry, encogiéndose de hombros—. Seré como Clark Kent.
Para su sorpresa, Draco rio.
—Si vas a ponerte las medias de Superman bajo la túnica, me aseguraré de no perderme el baile.
—¿Sabes algo acerca de Superman?
Draco alzó la ceja.
—Solías preocuparte mucho porque subiera mi nota en Estudios Muggles.
—Oh —dijo Harry, asintiendo—. Tiene sentido.
—Correcto. Bueno, debo irme. Te mandaré por lechuza qué noche estaré aquí.
—No te preocupes por eso; acomodaré las protecciones para que puedas entrar cuando lo desees —dijo Harry. Draco lo miró de forma rara pero asintió.
Esa noche, fue a su habitación y sacó el montón de cartas de Cedric Diggory. Había pasado casi un año desde que las había leído. Por las partes de información que había aprendido de Draco, algunas de las cartas tuvieron más sentido, pero eso aún lo dejaba con más preguntas que respuestas. Y las cartas solamente cubrían cuarto año. Harry leyó la última carta de nuevo, la que había sido mandada el día que Cedric había muerto.
Recordó la foto de El Profeta que David les había enseñado. Nunca la había visto, pues los Weasley se habían encargado de esconderla. Había pasado mucho desde ese día en la sala de juicio. Quizá, ya era hora de dejarlo todo descansar, para siempre. Había sido honesto con lo que le había dicho a David. Muchas personas se arrepentían de lo que habían hecho, pues habían sido obligados a tomar decisiones que parecieron ser las correctas, porque parecía que no había otra salida. Hermione y sus padres, Ron dejando a Hermione y a él durante la búsqueda, Lupin dejando a Tonks. Lo que él le había hecho a Draco en el baño.
OoOoOoO
El atrio del ministerio estaba iluminado por cientos de candelabros flotando en el aire, y ya parecía como si cientos de personas estuvieran entrando en el salón donde se llevaría a cabo el Baile. Harry se acomodó con nerviosismo la túnica formal que llevaba y miró a Simon de reojo.
—Dime de nuevo por qué tengo que estar aquí.
—Porque debes representar a la BMP en el evento de caridad anual más importante del ministerio. No sería muy bueno que el presidente faltara a un evento que da entrada a miles de galeones.
—Voy a hacerte presidente durante la siguiente reunión.
—No, no hasta abril, cuando te desaparezcas de nuevo en tus cueros. —Simon tosió—. O sea, las protecciones de Quidditch.
—Espero que eso hayas querido decir —dijo alguien detrás de ellos. Harry se giró para mirar a Charlie Weasley parado detrás de él, con una sonrisa en el rostro. Estaba bronceado por el sol, y sus ojos azules mostraban diversión al ver a los otros dos hombres. Harry no lo había visto desde mayo, en Hogwarts. Su cabello había crecido, y ya le llegaba a los hombros.
—Charlie, pensé que ibas a llegar hasta mañana —dijo Harry, estrechando su mano mientras lo jalaba para darle un abrazo.
—Tomé un traslador más temprano. No podía perderme la oportunidad de ver a Harry Potter, la mítica leyenda, haciendo una aparición pública.
—Qué divertido. Charlie, éste es Simon Ward. Simon, él les Charlie Weasley.
Ambos se dieron la mano.
—He escuchado mucho acerca de ti, por Harry —dijo Simon.
—Me pareces familiar. ¿Jugaste Quidditch en Hogwarts?
—Sí. Era el bateador de Ravenclaw, aunque estaba cuatro años antes que tú.
Charlie asintió.
—Es probable que hayamos jugado algunos juegos juntos. Yo era el buscador de Gryffindor.
—Claro que lo eras. —Harry escuchó la voz de Draco detrás de ellos.
El moreno se giró para mirarlo. Antes de que pudiera preguntar a qué se refería Draco, David Taylor se acercó a todos, con una mujer alta y rubia del brazo, vestida elegantemente con una túnica azul. David la presentó como si prometida de Nueva York.
Después de que se presentaron todos, Simon se volteó hacia Charlie.
—¿Qué te hizo convertirte en domador de dragones? Harry me ha contado acerca de los campamentos, y suena extraordinario. —Charlie comenzó a platicar con el otro hombre con facilidad, con David y Leslie participando en la conversación.
—¿Qué quisiste decir con eso del buscador? —le preguntó Harry a Draco.
—Nada, sólo fue una observación. Tiene todas las cualidades necesarias para ser uno, ¿no es verdad? —dijo Draco—. Hablando de buscadores, ¿cuándo vas a transformarte?
—En un rato. No creo que alguien espere que me quede mucho tiempo. Hay beneficios por tener una reputación de recluido. Pero creo que sería mejor entrar al baile, para poder escaparme más pronto. ¿Entramos? —Harry señaló la entrada con un gesto—. Ron y Hermione ya están adentro.
Una hora después, Harry estaba listo para irse. Tenía la sonrisa fija en el rostro. Luchando contra la necesidad de beber un trago más, se apartó del grupo de unos hombres que buscaban tener tratos con él y caminó rápidamente hacia la barra. Buscó a Simon por toda la habitación con la mirada. Poniendo su vaso en la mesa más cercana, se dirigió al rubio.
—Pensé que ya te habías ido —dijo Simon cuando vio al moreno—. Por decirlo de algún modo.
—Estaba a punto de hacerlo, pero quise avisarte antes de cambiarme. —Harry volvió a mirar a su alrededor—. ¿Has visto a Draco o a Charlie por ahí?
—No he visto a Draco en un rato, no desde los primeros diez minutos, más o menos. Creo que está presentando a Taylor con todo el mundo. Charlie y yo estábamos charlando, pero un amigo suyo lo reconoció y se lo llevó.
—¿Estuviste charlando con Charlie todo este tiempo?
—Suenas sorprendido.
—Un poco. Charlie no es siempre el más parlanchín de los Weasley.
—Hmmm —dijo Simon—. No parecía tener problemas para hablar.
—Es un poco gracioso verlo en túnicas formales.
—Imagino que no las necesita en los campamentos.
Harry rio.
—Para nada. En los campamentos, sólo lleva sus pantalones cortos y sus tatuajes. Y a veces una camiseta.
—Eso debe ser digno de ver.
Harry escuchó el tono contemplativo en la voz de Simon y lo miró fijamente.
—¿Interesado?
—Vive en Rumania, Harry —respondió Simon, pero un ligero rubor en sus mejillas lo traicionó.
Media hora después, Harry entró de nuevo a la fiesta como Hank Black. Ron lo había molestado un poco cuando pensó que había olvidado el amuleto que le daba el acento australiano de Black. Afortunadamente, lo encontró en el bolsillo de la túnica. Hermione los encontró y le sonrió de oreja a oreja.
—Te manejas de forma diferente cuando eres Hank, ¿sabes? —dijo, ladeando la cabeza para mirarlo—. Más relajado. Siendo Harry, parece como si estuvieras listo para enfrentarte a cualquiera que se atreva a acercarse a ti. Hank es más amigable. Parece como si cualquiera pudiera acercarse a ti, como si no fuera a molestarte charlar con ellos.
—Eso es porque lo único de lo que quieren charlar conmigo es de Quidditch. No quieren que hable con el ministro de mortífagos, o de Voldemort, o de corregir errores del pasado. Me gusta hablar de Quidditch.
—Acerca de eso, Harry. —Hermione miró a Ron con nerviosismo; el pelirrojo estaba haciendo fila, unos cuantos metros alejado de ellos, esperando ordenar sus bebidas—. No le he contado a Ron acerca de lo que me dijiste.
—Bien —dijo Harry, sin elaborar.
—Tú deberías hacerlo —dijo Hermione con firmeza—. Y, en serio, necesitas pensar en no jugar, Harry —dijo bufando.
—Hermione, no vamos a platicar acerca de esto aquí —dijo Harry molesto—. En especial, no…
—¿Qué pasa? —preguntó Ron, dándole a Harry su cerveza.
—Nada. Hermione estaba pensando que debería ser más Harry aquí, que Hank.
—Voy a buscar a Ginny —dijo Hermione, fulminando con la mirada al moreno.
—¿Qué se le metió?
—No lo sé. —Harry se giró para mirar el lugar—. ¿Deberíamos buscar a tus hermanos?
—Nah, es probable que estén buscando citas para llevar a la fiesta de Año Nuevo.
—¿George no tiene a nadie? —Harry miró a Ron con sorpresa—. Nunca tiene problemas para conseguir una cita.
—Iba a llevar a Estella, de la tienda que está cruzando la calle, pero —Ron hizo una mueca—, le dio viruela de dragón.
—Oh, auch.
Ron lo miró.
—¿Tú tienes una cita? ¿Para Año Nuevo?
Harry negó con la cabeza.
—Esa es la menor de… —Justo entonces, el publicista de los Cannons se les acercó.
—Hank, ¿dónde has estado? Necesitamos que vengas a hablar con la prensa.
Harry gruñó y se despidió de Ron, dejando que el agente lo dirigiera a través de las multitudes, hasta donde estaban reunidos algunos de sus compañeros de equipo, para hablar de manera informal con los reporteros. Al haber ganado la temporada, los Cannons estaban disfrutando del paseo que era el descanso. Harry se había alegrado por cuántas caridades eran ayudadas por los dueños, y siempre le gustaba ayudar. Finalmente, terminó con sus obligaciones y atravesó la multitud con dificultad. La primera persona que vio y reconoció fue Charlie, y un grupo de sus antiguos compañeros de Hogwarts.
—Hank, mi viejo camarada domador de dragones —dijo Charlie, estrechando su mano con entusiasmo.
—No me halagues tanto, compañero —dijo Harry y rio, aprovechándose de su acento australiano más que nunca.
Charlie también rio.
—¿Sabes que hemos tenido reporteros por el campamento? Todos buscando una gran cucharada del misterioso Hank Black.
—Espero que se los hallas dado a Maida como bocadillo.
—Aún no, pero lo he estado pensando. —Charlie lo miró—. Simon me ha estado contando acerca de Grimmauld Place, y suena bastante asombroso.
—Se ve mucho mejor que antes —dijo Harry asintiendo—. Deberías venir mañana, para verla.
—Eso haré. Voy a cenar con Bill y Fleur; pasaré después.
OoOoOoO
Draco entró con cuidado por la puerta delantera. Pasar para trabajar en el cuarto de Teddy era más complicado porque Teddy estaba en casa. Andrómeda le había prometido que lo mantendría ocupado abajo, hasta la hora de dormir.
Harry llegó al pasillo, mientras Draco seguía en los escalones.
—Hey, sólo quería hacerte saber que Charlie Weasley va a venir en un rato, para ver la casa. Ayer le prometí que le daría un recorrido.
Draco asintió.
—Claro, aunque voy a poner una protección en la puerta del cuarto de Teddy; no quiero que me sorprenda mientras sigo trabajando en él.
—Está bien, nos saltaremos su cuarto. ¿Crees terminar esta noche?
—Probablemente; te lo haré saber si no.
—No te preocupes, de cualquier modo.
Draco asintió y subió las escaleras. Entró al cuarto y reveló el mural. Estaba casi completo, pero todavía no añadía las personas y unos cuantos dragones más. Las pinturas y los pinceles estaban escondidos en el nicho, y el rubio los sacó y se puso a pensar en qué iba a pintar primero.
Una hora después, escuchó voces en la puerta. Weasley. Draco apretó los dientes y se mantuvo concentrado en el mural. Estaba usando sus pinceles más finos para pintar los detalles en la gente en el mural. Con una sonrisa adusta, se giró hacia la pequeña figura que acababa de pintar. Tomó el pincel y le pintó unos pequeños cuernos, saliendo de su cabeza. Esperó a que la pintura se secara y luego, a regañadientes, pintó un sombrero sobre los cuernos. Revisó la hora; sólo faltaban unos minutos para que fuera la hora de dormir de Teddy. Rápidamente, ocultó el mural y cerró todas las pinturas. Después de meter la caja de pinturas en el nicho y ocultarlo, tomó los pinceles y trapos y bajó las escaleras. Pasó por la sala de estar justo para escuchar a Andrómeda decirle a Teddy que era hora de dormir.
Caminó por el pasillo que lo llevaba a la escalera del sótano y comenzó a bajar por ella. Justo cuando su pie estaba tocando el último escalón, casi entrando a la cocina, alzó la mirada y se detuvo de golpe, mientras veía a Harry y Charlie besándose sobre la mesa. El pelirrojo tenía la mano enterrada en el cabello de Harry y el moreno estaba dejándose llevar por el beso. Draco se quedó congelado, incapaz de apartar la mirada. Se oyó un vidrio rompiéndose y el rubio bajó la mirada para ver que había dejado caer el frasco de pinceles. Harry se separó de Charlie y ambos miraron a Draco. Charlie sonrió tranquilamente y se volteó para mirar a Harry.
—Hablamos en Nochebuena. —Harry se sonrojó y asintió—. Será mejor que regrese a casa, con mamá y papá.
Charlie se levantó de la mesa y caminó hacia la entrada trasera que llevaba al callejón. Mientras pasaba junto a Draco, hizo un gesto simpático.
—Malfoy.
—Weasley —replicó Draco. Esperó a que la puerta se cerrara detrás de Weasley para moverse. Bajando la mirada hacia el vidrio roto en el suelo, sacó su varita y lo desvaneció. Una vez que lo hizo, se dio cuenta que acababa de desvanecer sus pinceles favoritos. No importa, pensó, mientras guardaba su varita, algunas cosas son más fáciles de reemplazar que otras.
—¿Quieres un poco de café? Aún está caliente —dijo Harry, después de una larga pausa. Estaba sentado en la mesa, apretando con fuerza su taza.
Draco negó con la cabeza y se dirigió al lavabo para limpiarse. Se alegró al ver que sus manos no estaban temblando, al abrir la llave del agua. Apoyó sus brazos en la barra y se obligó a controlar las emociones que se arremolinaban en su cabeza. El silencio en la habitación creció.
—No voy a disculparme por besar a alguien en mi propia cocina —dijo Harry por fin, moviéndose incómodo sobre su asiento.
Draco respiró de forma temblorosa.
—No espero que lo hagas. Es sólo que no me había dado cuenta de que aún estaban juntos.
—Y no lo estamos. Simplemente me estaba informando que, em, la opción está disponible. Espera, ¿a qué te refieres con que aún estábamos juntos?
—No se necesita una "E" en Adivinación para entender que algo más, aparte del amor por los dragones, te estaba reteniendo en Rumania, durante el invierno mortal el año pasado. Es un tipo bien parecido, si te gustan pelirrojos. Y es obvio que te gustan. —Draco regresó a la mesa y se sentó frente a Harry—. No me equivoco, ¿verdad? ¿Estuvieron juntos?
—Así fue por un rato, pero decidimos que las cosas eran demasiado complicadas. Dejamos de vernos antes de la Navidad del año pasado. No queríamos molestar a nadie aquí, así que simplemente no le contamos a nadie.
—Por lo que veo, no te incomodaría mucho la idea de que regresaran.
Harry se sonrojó.
—Besa muy bien. Claro, no tengo con qué compararlo, pero no, las razones por las que no deberíamos estar juntos siguen ahí.
—¿Qué razones?
Harry vaciló y luego se encogió de hombros.
—Ginny y Ron.
—No creo que esos dos sean razones muy válidas, si en verdad se gustan. —Draco se obligó a mirar al moreno.
Harry lo miró con la ceja levantada.
—Lo estás tomando muy bien, considerando todas las cosas.
—Siempre he sabido que sólo era cuestión de tiempo para que comenzaras a salir con alguien —admitió Draco—. Si no era Weasley, entonces alguien más.
Harry negó con la cabeza.
—A decir verdad, necesito arreglar algunas cosas primero.
—¿Qué cosas?
Harry ignoró la pregunta. Draco lo dejó. Le daba mucho miedo saber cuál sería la respuesta.
—¿Y qué hay de ti? ¿Estás saliendo con alguien? —Harry se puso de pie y tomó la jarra de café, para rellenar su taza y pasarle una a Draco, sin preguntarle.
Draco rio.
—Sorprendentemente, no hay muchas personas que estén interesadas en salir con mortífagos homosexuales que le borraron la memoria a sus novios.
—Desearía que no hablaras de ti mismo de esa forma. Esa marca no define quién eres, y lo sabes. —Harry lo miró—. ¿Quieres decir que no ha habido nadie más? ¿Desde sexto?
Draco dudó y luego se encogió de hombros.
—Hubo alguien más, pero eso fue más… bajo circunstancias singulares.
—¿En serio? ¿Quién? —preguntó Harry.
Draco rio de nuevo y negó con la cabeza.
—Luna, de hecho.
Harry se ahogó con su café.
—¿Tú y Luna Lovegood? Pensé, quiero decir, ¿no eres…? No sabía que eras…
—No en realidad, no. Como dije, fue bajo circunstancias singulares. En la mansión. Ambos estábamos solitarios y aterrorizados. No creíamos sobrevivir, así que encontramos consuelo en el otro y, de algún modo, sí sobrevivimos a todo.
Harry se le quedó viendo.
—Eso es, bueno, no sé qué sea. —Se puso de pie y dejó su taza en la tarja. Se recargó contra el mostrador, mirando a Draco—. ¿Y siguen…?
Draco rio.
—No, eso fue, en definitiva, un ligue del estilo "vamos a morir mañana". Ninguno de los dos nos arrepentimos, pero preferimos quedar como amigos.
—Tú y Luna, nunca habría pensado que ustedes dos quedarían juntos —dijo Harry, con un tono curioso en su voz.
—Eso hace que me pregunte con quién has pensado que podría estar. —Draco lo miró fijamente. Poniéndose de pie, caminó hacia el moreno. Con cuidado, puso la taza sobre el mostrador, rozando con su brazo el de Harry, mientras se estiraba frente a él. Miró al moreno y, deliberadamente, estiró el brazo y puso su mano en la nuca de Harry. Harry se hizo hacia atrás por reflejo, pero Draco bajó la cabeza y puso su boca sobre los labios del otro, besándolo con ganas. Sabía a café y dulces. Se entregó con todo al beso, amando la sensación del cuerpo del moreno contra el suyo de nuevo, la sensación de la suavidad del cabello en su mano. Pudo sentir el cuerpo de Harry, tensándose por la impresión, y dio un paso hacia atrás—. Ahora puedes comparar los besos de Weasley con los de alguien más. —Giró sobre sus talones y salió de la cocina.
OoOoOoO
—¿Está segura de que estará bien aquí? podría quedarme…
—¡Tonterías, querido! Vamos a tener una encantadora cena de Nochebuena aquí. Ve a disfrutar con los Weasley. Y después de que Teddy se vaya a la cama, Narcissa, Draco y yo nos aseguraremos de que todo esté preparado para mañana —dijo Andrómeda con firmeza—. Disfruta la fecha con tu familia.
Harry asintió, agradecido.
—Lo haré, ustedes también. —Se sentía un poco culpable, al irse antes de que Draco llegara. Había estado evitando al rubio desde la otra noche, cuando lo había besado. Había algo que tenía que hacer antes de verlo de nuevo, algo que debía haber hecho una semana antes.
Salió a trompicones de la chimenea, en la cocina de la Madriguera. Ginny le sonrió mientras las llamas se apagaban.
—Nunca has conseguido aterrizar bien, ¿verdad?
—Me temo que no —dijo Harry con una sonrisa—. Al menos, suelo llegar a la chimenea correcta estos días, y no a la de algún extraño, o al callejón Knockturn.
—Gracias al cielo por ello. Ahora, sal de la cocina, querido. Ya casi tengo todo listo para la cena —dijo Molly con una sonrisa.
—¿Podrías ir a rescatar a Neville? Papá está con él en el cobertizo, mostrándose su nueva espiradora.
—¿No querrás decir aspiradora?
Ginny rodó los ojos.
—¡Ve!
Harry rio y salió por la puerta. Se detuvo de golpe cuando vio a Charlie, sentado en los escalones de atrás.
—No me di cuenta de que estabas aquí afuera.
Charlie levantó la botella de cerveza que estaba en el escalón y se movió un poco, dejándole espacio al moreno para que se sentara.
—Sólo necesitaba un momento de silencio, antes de unirse al festival amoroso que es nuestra familia.
—Ginny me mandó a rescatar a Neville de tu papá.
Charlie rio.
—Creo que Neville se está divirtiendo, y papá ama tener una nueva víctima, a la que puede mostrarle todos sus artilugios. —Le dio un trago a su cerveza y le ofreció la botella al moreno. Harry la tomó y le dio un trago, para luego regresársela. Charlie miró a Harry de reojo—. Ya pasó un año.
Harry asintió.
—Lo sé.
—¿Y qué piensas?
El moreno respiró profundamente.
—Voy a ver cómo pueden ir las cosas con Draco. Veré los recuerdos.
Charlie asintió.
—No puedo decir que me sorprende, sólo quería escucharte decirlo. —Estiró la mano y la puso sobre la de Harry.
—Charlie…
—No te preocupes. Yo voy a regresar a donde pertenezco, y creo que ambos sabíamos que esto —apretó la mano de Harry—, no iba a durar para siempre.
—Pero fue bueno mientras duró.
Charlie rio; la risa emanando de lo más profundo de su pecho.
—No puedo discutirte eso. —Soltó la mano de Harry—. ¿Qué dijo Malfoy después de que me fui el otro día?
—Ya había adivinado que algo había pasado entre nosotros.
—Supongo que no me sorprende. ¿Qué más pasó?
Harry se encogió de hombros y decidió ser honesto.
—Me besó.
Charlie rio de nuevo.
—Maldición. Bueno, esa es una buena forma de llegar al fondo del asunto. —Se detuvo—. O hasta arriba (2).
—¿Qué? ¡No! Sólo me besó. Te aseguro que me tomó desprevenido, joder. No estoy seguro de estar listo para algo así. Si está dispuesto, sólo quiero comenzar con los recuerdos.
—Odio decirlo, pero bien por él. —Charlie se terminó su cerveza—. Ya era tiempo de que uno de ustedes dejara de evitar el tema.
—¿Por eso lo hiciste? ¿Por eso me besaste, cuando sabías que él estaba ahí? ¿Para sacarnos del carrusel en el que hemos estado montados?
—Quizá, pero tú no eres el único que ha estado en ascuas por un año. —Charlie se puso de pie, jalando a Harry consigo. Se recargó contra el moreno—. Pero no me arrepiento de lo que pasó, ni un minuto. Incluso si lo que pasó en Făgăraş se queda en Făgăraş. —Besó a Harry gentilmente, y luego se giró y entró de vuelta a la casa.
Harry suspiró y se sentó de nuevo en los escalones. Levantando la botella vacía, la hizo rodas en las palmas de sus manos. Había sido un alivio decir en voz alta, por fin, lo que por un tiempo había sabido que era inevitable. Cualquiera que fuera la conexión entre él y Draco no iba a desaparecer. Tenía que revisar las cosas con Draco, a donde fuera que los llevara. Harry maldijo para sí, mientras recordaba el beso que Draco le había dado en la cocina. Había sido tan inesperado que no había reaccionado. No fue sino hasta que Draco se había ido, que Harry quiso llamarlo para que volviera y corresponder al beso. Sabía que, en ese momento, había entendido que quería ser más que amigos con Draco. El sonido de pasos en la gravilla hizo que alzara la mirada, para ver a Neville y Arthur caminando hacia él. Se obligó a sonreír.
—Feliz Navidad.
OoOoOoO
Por fin, la cena terminó. Harry no podía evitar mirar a Charlie mientras éste reía y bromeaba con su familia. Se veía tan tranquilo. Harry aún sentía que lo había traicionado. Charlie lo había recogido, literalmente, y lo había salvado dos veces. Primero, cuando el colacuerno lo atacó en el corral, Charlie había llegado a su lado en segundos, y lo había aparecido directamente en la enfermería, salvando su vida. La segunda vez, había sido al ayudar a Harry a encontrar una forma de expresar su ira y depresión, que amenazaba con destruirlo. Charlie lo atrapó mirándolo y le guiñó el ojo, antes de girarse hacia Percy, bromeando sin piedad acerca de su necesidad por hacerse un tatuaje.
—¿Estás bien, Harry? —preguntó Ginny suavemente—. Parece que estás en otro lugar.
—No, para nada. Estoy aquí. —Harry sonrió—. Sólo me preguntaba quién sacó mi nombre para el intercambio de regales.
—Harry —dijo Ginny, negando con la cabeza—. Como si fuera a creer eso.
Harry la miró.
—Sólo me preguntaba por qué las cosas pasan como lo hacen, qué hace que una persona sea correcta para ti y otra persona no lo sea.
Ginny asintió.
—Esa es una pregunta interesante, ¿a qué se debe? —Miró de reojo a su hermano—. Se está dejando crecer el cabello de nuevo.
—¿Por qué tú y Hermione están tan preocupadas por cuán largo trae Charlie el cabello? —preguntó Harry exasperado.
—Porque un hombre no se corta el cabello que ha estado dejándose crecer por más de una década como si nada —dijo Ginny—. ¿Es por eso que regresaste? ¿Las cosas no funcionaron…?
—Hoy no, Ginny —dijo Harry, negando con la cabeza—. Es navidad, no quiero hablar de ello. —No sabía cómo había adivinado Ginny, pero no podía hablar de eso con ella.
Se reunieron en la sala de estar. Cada lugar estaba ocupado, por lo que Harry, Ron y Ginny terminaron sentados en el suelo, mientras los Weasley más grandes les decían que era lo apropiado, pues eran los más jóvenes.
—Veamos, ¿quién empieza? —preguntó Molly, una vez que todos estuvieron sentados.
—Los más jóvenes primero —dijo Ginny en voz alta, con una sonrisa en el rostro.
—Correcto —dijo Arthur—. Ve a buscar tu regalo.
Ginny se paró de un salto y corrió al árbol; con una risa de felicidad, sacó la caja que Harry había escondido detrás del tronco. Era una caja larga y angosta.
—¡No me imagino qué es! —dijo George—. Hmmm, metro y medio de largo, angosta. Pensemos todo, ¿qué podría haber allí dentro?
—Oh, calla, George. ¿Sabes cuánto tiempo he estado usando la vieja Barredora de Ron? —dijo Ginny—. La vi hoy en la mañana, y no vas a arruinarme el momento. —Harry miró cómo la chica retiraba con cuidado el listón rojo y rompía el papel. Alzando la tapa, deshizo el paquete y se llevó una mano al pecho, cuando vio la Bola de Fuego en su estuche—. ¿Una Bola de Fuego? ¿Quién…? —Ginny se giró y saltó hacia Harry—. ¡TÚ! —Le dio un abrazo de oso—. ¡No puedo creer que me hayas regalado una Bola de Fuego!
Harry le sonrió.
—Bueno, supuse que la necesitarías —dijo, mientras la chica regresaba a la caja y sacaba la escoba con cuidado.
—¿Necesitarla? ¿Por qué? —murmuró Ginny, cuando el sobre verde brillante y dorado, debajo de la escoba, llamó su atención. Con manos temblorosas, levantó el sobre. El emblema de las Holyhead Harpies era claramente visible.
—¿Qué es eso? —preguntó Molly, haciéndose para delante.
Ginny miró a Harry.
—Léela —dijo el moreno. La chica sacó la carta y la leyó tres veces, negando con la cabeza cada vez. Alzó la mirada hacia el moreno, sin poder creer lo que estaba leyendo. Harry asintió—. NO es una garantía, solo una oportunidad. Pero creo que puedes hacerlo.
—¿Hacer qué? —gritó ron impacientemente. Se hizo hacia delante y agarró la carta de la mano de Ginny. Leyéndola con rapidez, miró a su mejor amigo, negando con la cabeza—. Eres un perro, lo sabes, ¿verdad? Por mantener esto en secreto. —Ron alzó la mirada—. Ginny tiene una prueba para las Holyhead Harpies en enero.
La habitación estalló en una emocionada plática. Ginny caminó hasta llegar a Harry y lo abrazó de nuevo.
—Gracias.
—No, gracias a ti. —Le dio un beso en la mejilla—. No creas que no aprecio cuán increíble y comprensiva has sido con todo lo que ha pasado.
—Harry, si vas a costarme otro ayudante de la tienda, una que acabo de terminar de entrenar, voy a comenzar a sacarlo de tu porcentaje… —dijo George.
—Bueno, ¿quién sigue…? —preguntó Molly, después de que la emoción se apagara.
Finalmente, todos los regalos fueron abiertos y admirados y todos se relajaron y se esparcieron por la casa. Harry mantuvo su atención en Charlie y, cuando vio que se dirigía a las escaleras, lo siguió unos minutos más tarde.
Charlie estaba recostado sobre su cama, con los brazos doblados bajo su cabeza, en la almohada. Sonrió cuando Harry entró.
—Bien hecho con el regalo de Ginny.
Harry se recargó contra el marco de la puerta.
—Deberías haberla visto cuando jugamos, hace un par de semanas; es realmente buena. Creo que tiene una muy buena oportunidad de conseguirlo. —Se encogió de hombros—. Se merece la oportunidad. Tu regalo está bajo la cama.
—Idiota, ¿cuándo lo pusiste ahí? —preguntó Charlie con una sonrisa, mientras se ponía boca abajo y miraba bajo la cama, sacando una caja cuadrada y plana—. ¿Qué, no hay Bola de Fuego para mí?
—Tú y tu escoba han tenido una relación tan larga e íntima que sabía que no podrías considerar otra —dijo Harry secamente.
—Tienes razón en ello —dijo Charlie. Puso la caja sobre la cama y se dirigió a su baúl, para sacar una caja grande y luego ponerla sobre el escritorio, con dificultad. Harry se acercó y se sentó junto a Charlie en la cama.
—Abre el tuyo primero.
Charlie rompió el papel y alzó la tapa. En la caja, había un chaleco negro, con dragones bordados en intricado detalle por todos lados, un torbellino de hocicos y alas cubriendo la superficie.
—Genial. ¿Cómo lo encontraste?
—Lo mandé hacer —dijo Harry—. No podía encontrar algo que me gustara para ti, y luego vi algo como esto con snitches, pero pensé que dragones estarían mejor.
—Voy a verme muy bien cuando vaya a los clubes con esto, gracias. —Charlie miró a Harry—. Antes de que abras el tuyo: debes saber que te lo compré antes de que tomaras cualquier decisión.
Harry lo miró nerviosamente.
—Lo lamento mucho, Ch…
—Hey, no hay nada que lamentar. Yo no me arrepiento de nada. Abre tu regalo.
Harry se puso de pie y caminó hacia el escritorio. Lo que fuera que hubiera en la caja, era muy pesado. Rompió el papel y abrió la caja. Un contenedor de piedra poco profundo estaba dentro; diseños de runas adornaban el borde de la suave piedra. Respiró con dificultad y miró a Charlie.
—¿Este es un…?
—Pensadero. —Charlie se puso de pie y caminó hasta llegar a su lado, rodeando su cuerpo con los brazos—. Para poder llegar a superar esto, necesitas aceptar lo que te sucedió. Necesitas los recuerdos de pensadero de Malfoy. Va a continuar atormentándote hasta que lo hagas. Y nunca podrás tener relación alguna, con Malfoy o con alguien más, hasta que te decidas a hacerlo.
Harry se apoyó contra Charlie. Sentía culpa por el confort que sentía ahí. Esperaba que a Charlie no le molestara.
—Lo sé. Ya me decidí a hacerlo. Hablaré con Draco acerca de esto después de Navidad.
—Bien. —Charlie abrió su mano y Harry bajó la mirada para ver un pequeño frasco, lleno de un líquido plateado demasiado familiar. Se giró en los brazos de Charlie y lo miró—. ¿Me permitirías ser el primero en mostrarte un recuerdo?
Harry bajó la mirada hacia el frasco.
—¿Qué recuerdo tienes tú?
—Es de la primera prueba. No es mucho, pero en su momento llamó mi atención. Déjame mostrarte. —Harry respiró profundamente y asintió. Charlie rio—. No tienes que poner esa cara… Estará bien, lo prometo. —Charlie sacó la vasija de la caja y abrió un cajón de su cómoda, para sacar un frasco de solución para pensadero. Con cuidado, le vertió en la vasija y esperó a que el líquido dejara de dar vueltas. Charlie le dio el frasco del recuerdo a Harry—. Tú viértelo.
Harry tomó el frasco y le quitó la tapa.
—Tú lo vas a ver conmigo, ¿cierto? —Charlie asintió. Harry vertió el contenido en el pensadero y estiró la mano para tomar la de Charlie. Ambos se inclinaron sobre la vasija y entraron a un torbellino de colores. Cuando la imagen se estabilizó, Harry se vio a sí mismo volando en línea recta hacia arriba, haciendo una voltereta, tratando de alejar al colacuerno de sus huevos. Miró a su alrededor, por la arena. Charlie estaba sentado en la cerca, con una expresión tensa en su rostro.
—Lo único en lo que podía pensar era en cómo iba a reaccionar mamá si uno de mis dragones lastimaba a su Harry —murmuró Charlie en su oído. Harry miró al pelirrojo; se veía unos cuantos años más grande que el Charlie del recuerdo, pero seguía siendo el mismo; excepto, quizá, por el cabello, que estaba más corto.
Harry hizo una mueca y se frotó, involuntariamente, la cicatriz en su pecho, de cuando el dragón, que ahora sabía que se llamaba Maida, lo golpeó con la cola. El Charlie del recuerdo se puso de pie de un salto, cubriéndose los ojos, tratando de ver si Harry estaba herido.
El Harry del recuerdo tomó el huevo y se fue volando. De inmediato, el Charlie del recuerdo estaba de pie, tomando los pesos para las alas y corriendo hacia la arena, con los otros domadores. Capturaron a Maida y comenzaron a luchar para que entrara a su jaula de nuevo. El sonido en las gradas era ensordecedor. Harry vio cómo la señora Pomfrey y la profesora McGonagall se apresuraban a llegar a su lado y lo llevaban a la tienda enfermería.
El Charlie del recuerdo miró a su alrededor, en cuanto la puerta de la jaula se cerró de golpe, dando un salto habilidosamente hacia atrás, para esquivar la flama que Maida escupió por haber sido capturada.
—Voy a revisar a Harry —les dijo a los otros domadores; uno de ellos era Russ, se dio cuenta Harry, sorprendido. El otro domador nunca había mencionado haber visto el torneo.
Harry y Charlie caminaron con el Charlie del recuerdo, mientras éste se dirigía a las tiendas blancas.
—Aquí es donde comienza —le dijo Charlie a Harry. Señaló con un dedo y Harry vio la rubia cabeza de Draco Malfoy, moviéndose por entre la multitud que se había reunido alrededor de la entrada de la tienda. Con una mirada furtiva, vieron que Draco caminaba hacia la parte trasera de la tienda. Harry pudo ver que el Charlie del recuerdo miraba la multitud y luego se giraba para seguir a Malfoy. Juntos, Charlie y Harry se deslizaron por la parte trasera de la tienda, con el Charlie del recuerdo, para verlo parado en el pasillo, tratando de limpiarse la suciedad de la ropa. Mirando a su alrededor, se metió a un cubículo vacío, formado por las cortinas, sacó su varita y comenzó a limpiar sus pantalones cortos.
Harry miró a Charlie. El pelirrojo sonrió.
—Sabía que Pomfrey tendría un ataque si me aparecía cubierto de mierda. —Harry rio y asintió. Su cabeza giró cuando escuchó que alguien decía su nombre. El Charlie del recuerdo también giró su cabeza con curiosidad.
—¿Viste a Harry? ¿Cómo le fue? —escuchó que Cedric Diggory decía. El Charlie del recuerdo puso expresión curiosa y se acercó a la cortina. Era claro que trataba de escuchar sin ser notado.
—Era un bastardo entrometido —dijo Charlie, guiñándole el ojo.
Harry escuchó la respuesta de Draco.
—El tipo es un loco sobre la escoba. Fue brillante. La cola lo alcanzó, al muy idiota. Pero no pude ver qué tan mal… No es como si pudiera ir a checar. —Para oídos de Harry, era claro ahora que Draco quería saber cómo le estaba yendo. Se preguntó en qué etapa de su amistad se encontraban; tenía que ser en una etapa temprana. Escucharon la respuesta de Cedric.
—¿Te gustaría hacerlo? Olvida que dije algo. ¿Por qué no voy yo a ver?
El Charlie del recuerdo se fue al pasillo y, un segundo después, Cedric salió de detrás de la cortina, con el cabello chamuscado y una pasta naranja en un lado de su rostro. El Charlie del recuerdo miró a Cedric y lo saludó. Platicaron por un momento y luego ambos se giraron para caminar por el pasillo. Cedric movió una cortina, para revelar al Harry del recuerdo. Harry hizo una mueca al verse a sí mismo, flaco y sin camiseta, con un tajo color rosa cruzando su pecho. Pomfrey acababa de usar el díctamo. Alzó la mirada y vio a Cedric y al Charlie del recuerdo. El Charlie del recuerdo platicó con Harry por un minuto y luego llevó a Pomfrey aparte, para comenzar a contarle acerca de las reacciones alérgicas a los colacuernos. Harry escuchó mientras Cedric y el Harry del recuerdo platicaban, y luego Cedric miró por el rabillo del ojo a los dos adultos, que estaban parados en un extremo. Luego, se inclinó para susurrarle algo al oído. De pronto, hubo un destello de dolor y todo se puso negro.
Harry era consciente de los gritos y de un profundo dolor de cabeza. Trató de abrir los ojos pero las luces brillantes lo cegaban, por lo que los cerró. Con alivio, volvió a caer en la inconsciencia. Cuando despertó de nuevo, se sintió aliviado al notar que el ruido se había ido. Con duda, abrió los ojos. Estaba recostado en la cama de Charlie en la Madriguera, y los rostros ansiosos de Hermione, Ron, Arthur y Molly estaban volteados hacia él. Charlie estaba parado a los pies de la cama, con el rostro pálido y tenso bajo la bronceada piel.
—¿Qué pasó? —preguntó atontado.
—Eso es lo que nos gustaría saber —dijo Molly.
—¿Nos reconoces? ¿Sabes quién soy? —preguntó Hermione tensamente.
—Claro, Hermione, ¿por qué no habría de hacerlo? —Harry la miró confundido. Hubo un colectivo suspiro de alivio, de todos en el cuarto.
—Te desmayaste mientras estabas mirando en el pensadero con Charlie. Pensé que, quizá, tu tela de memoria se había roto, como las sanadoras dijeron que podía pasar —dijo Hermione, parpadeando para retirar las lágrimas—. En verdad temí que te hubiéramos perdido.
Harry la miró y luego a todos los demás.
—¿Les contaste?
Hermione asintió, usando sus manos para quitarse las lágrimas.
—Tuve que hacerlo, Harry.
—¡Y deberías habérnoslo contado hace semanas! —exclamó Molly—. Y pensar que…
—Ahora no es el momento —dijo Arthur con impaciencia—. ¿Cómo te sientes, Harry?
—Tengo un terrible dolor de cabeza.
—Por poco te llevamos a San Mungo, pero teníamos miedo de empeorar las cosas al moverte. Llamé a McCain por la red flú, pero no estaba en casa. Percy está abajo, tratando de ponerse en contacto con Watson.
Harry negó con la cabeza. Luego se arrepintió, pues chispas azules y doradas nublaron su visión.
—No, estaré bien. Sólo necesito cerrar los ojos, hasta que este dolor de cabeza desaparezca.
Se quedó dormido casi tan pronto como cerró los ojos. La siguiente vez que se despertó, fue para ver a la sanadora Watson, inclinándose sobre él, con la varita extendida. Rayos brillantes de luz llenaban el cuarto. Hizo una mueca por la luz.
—Cierra los ojos, ya casi termino —dijo gentilmente la mujer.
—Lamento haber arruinado su Nochebuena —dijo Harry mientras cerraba los ojos y, unos minutos después, la mujer le dijo que podía abrirlos. El moreno los abrió tentativamente y, con alivio, vio que la brillante luz ya no estaba.
—¿Cómo te sientes? ¿Algún dolor de cabeza? ¿Ves algún punto brillante o algún aura? —preguntó la sanadora. Se había sentado junto a la cama en la que Charlie había estado sentado. Harry miró a su alrededor y vio que Charlie estaba recargado contra la puerta cerrada, con los brazos cruzados y la mandíbula apretada.
—No. Hace rato sí, pero ahora ya no me duele.
—Bien, muy bien. ¿Por qué no intentas enderezarte? Lentamente. —Harry se levantó y se recargó contra la cabecera—. ¿Sigues bien? ¿Nada de dolores de cabeza?
—No, estoy bien.
—Bien —dijo la sanadora, guardando la varita—. Les diste un buen susto a todos.
—¿Qué pasó? Recuerdo que estábamos mirando el pensadero, y que vimos al colacuerno, y ya no recuerdo más.
Charlie habló tensamente.
—Te desvaneciste, justo al final del recuerdo. Te saqué de ahí y tú estabas teniendo algún tipo de ataque. Pedí ayuda y luego reaccionaste, para desmayarte casi al instante.
—Creo que tu mente tuvo un shock cuando reconoció una parte de tu memoria que había sido borrada, y no pudo manejar la situación, por lo que se apagó para evitar que algo sucediera —le explicó la sanadora.
—¿A qué se refiere con shock?
—A lo que te pasó esta noche, para ser precisos.
—¿Esto es típico? No me advirtió que esto podría pasar.
—Nada acerca de su caso es especial, señor Potter —dijo la sanadora, negando con la cabeza—. A nadie le han borrado tantos recuerdos de golpe. La reacción en el pensadero no es inesperada, de hecho. Y sí le dije, la última vez que hablamos, que debería hacerlo bajo circunstancias controladas.
—¿Usted le dijo qué? —preguntó Charlie incrédulo. Miró a Harry—. ¿Sabías que no debías hacerlo y aun así me dejaste mostrarte el recuerdo?
—Pensé que estaba portándose como Pomfrey, y no quería que yo hiciera algo por mí —dijo Harry, un poco hosco. Miró a la sanadora—. Si me hubiera dicho que me iba a desmayar, probablemente la habría escuchado.
—Eres un completo idiota, Harry —dijo Charlie, con los dientes apretados—. ´Pero, ¿por qué esto no había pasado antes, cuando le platicaron acerca de las cosas que pasaron, o cuando leyó las cartas de Diggory, o cuando vio los recuerdos de la varita? —le preguntó a la sanadora.
—Las palabras tienen una conexión diferente al cerebro, y los recuerdos del pensadero son recuerdos verdaderos, visuales y con sonido, entonces su cerebro intentó de inmediato hacer la conexión —dijo Watson—. Los recuerdos de la varita son un punto interesante. Creí que habrían activado algo.
—Apenas recuerdo algo, entre que vis los recuerdos hasta cuando Ron y Hermione me llevaron de vuelta a Grimmauld Place. Supuse que había sido el impacto —dijo Harry entre dientes.
—Y obviamente no pensaste que fuera lo suficientemente importante como para mencionárselo a alguien, ¿no? —dijo Charlie—. Te lo juro, Harry, si no estuvieras haciendo un trabajo tan bueno en tratar de matarte, yo lo haría por ti.
—Las buenas noticias son que no parece haber ningún daño. Me gustaría que no hicieras nada brusco mañana, y el día después de Navidad deberías venir a San Mungo para una revisión completa.
—¿Tengo que hacerlo?
—Sí —dijeron Charlie y la sanadora al mismo tiempo. Harry miró al pelirrojo en la puerta.
—¿Por qué te dejaron estar aquí dentro? Bueno, no es que me moleste.
—La sanadora Watson dejó quedarse a sólo uno de nosotros. Utilicé la carta de "Yo he follado con él, yo puedo estar a su lado" —dijo Charlie, sonriendo de lado a regañadientes—. Eso fue bastante bien.
—Oh, Merlín —dijo Harry. Luego, miró a la sanadora—. Pensándolo mejor, tal vez debería aparecerme en San Mungo ahora.
La sanadora rio.
—No lo creo. Me gustaría regresar con mi familia.
—Teddy —dijo Harry alarmado—. Necesito regresar a Grimmauld Place. No quiero perderme a Teddy cuando abra sus presentes mañana.
—No veo razón por la cual no puedas usar la Red Flú o aparecerte en casa, en una hora o dos, en tanto el dolor de cabeza no regrese. A la primera señal de un dolor, necesitarás ir a San Mungo directamente. Y no te sobrecargues de actividad mañana —añadió severamente.
—Nos aseguraremos de tenerlo vigilado —dijo Charlie.
—Muy bien. ¿Te parece bien si aviso al resto de la familia mientras descansas?
—Sí, por favor —dijo Harry, agradecido de no tener que hacerlo él mismo. Ya se sentía como todo un idiota, y no quería escuchar lo que los otros Weasley tenían que decir.
—La acompaño —le dijo Charlie a la sanadora—. Harry, trataré de mantener a Ron y Hermione afuera por un rato más, pero están que muerden por entrar aquí. Traté de explicarles lo que pasó entre nosotros, pero… —Se encogió de hombros—. Ya sabes cómo es Ron.
Harry suspiró y cerró los ojos. ¿Por qué su vida siempre se jodía tanto?
La puerta se abrió tentativamente un rato después, y Ron y Hermione se detuvieron en la entrada. El moreno se giró para verlos y les hizo un gesto para que entraran, mientras se enderezaba.
—Entren —dijo. —Hermione se sentó en la silla, con el rostro aún pálido por la tensión—. Oye, relájate. Dijo que estoy bien. No hay daño alguno.
—Oh, Harry. Pero podría haber sido mucho peor —dijo Hermione, negando con la cabeza—. No puedo creer que…
—Sí, bueno, todos sabemos que soy un idiota.
—Y sí que lo eres —dijo Ron seriamente. Harry lo miró. Su amigo seguía parado en medio de la habitación. Tenía las manos en la cadera y estaba fulminando al moreno con la mirada—. No sé por qué estoy más enojado contigo, por el hecho de que no me contaste todo lo que estaba pasando en tu cabeza, o porque no me contaste acerca de lo que pasó entre Charlie y tú.
—Estaba cansado de que todos estuvieran haciendo un alboroto por lo de mi memoria, así que no lo mencioné. Y, acerca de Charlie, ¿habrías querido que te contara? —preguntó Harry—. Te cubres los oídos con las manos cada que sale a colación el hecho de que soy gay. Además, estoy seguro de que Charlie te dijo que ya no estamos juntos. Dejamos de, em, salir antes de la Navidad del año pasado.
—¿La Navidad pasada? Cuando te pregunté directamente si estaban o no juntos —gruñó Ron—. Y tú dijiste que no.
—Claro, porque ya nos habíamos separado. No te mentí.
—Ron, suficiente. Ahora no es el momento —dijo Hermione—. Al menos, no hay daño. —Miró el pensadero, que seguía en el escritorio.
—Es algo irónico que esto me pase, ahora que finalmente me decidí a mirar los recuerdos —dijo Harry, siguiendo su mirada.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión? —preguntó Hermione.
Harry dudó. No quería decir nada, hasta que hubiera hablado con Draco.
—Parecía ser el momento correcto.
—Eso es algo bueno, pero no hasta que las sanadoras encuentren qué pasó y cómo evitar que suceda de nuevo.
Harry la miró.
—¿No crees que sea una señal de que no debería hacerlo?
—¿Y quién eres, Sybill Trelawney? De lo único que esto es señal es de que no escuchas a las personas cuando te dicen qué hacer.
Harry miró a Ron.
—¿Estamos bien?
El chico negó con la cabeza.
—Eres el idiota más grande. —Apartó la mirada—. Sí, estaremos bien. Quizá necesites comprarme una cerveza o dos.
Charlie regresó al cuarto.
—Mamá y papá siguen hablando con Watson. Tendrás suerte si mamá te deja irte de nuevo.
Harry se sentó y bajó las piernas de la cama.
—Necesito regresar a…
—¿Qué diablos crees que estás haciendo?
—Necesito regresar a Grimmauld Place. Watson dijo que podía irme cuando quisiera.
—Dijo que podías irte en una hora o dos, si el dolor de cabeza no regresa —gruñó Charlie.
—No tengo dolor de cabeza, te lo juro. Siento que he dormido por una semana. —Miró por la ventana—. ¿Qué hora es?
—Pasa de la medianoche.
Harry se puso de pie y se alegró cuando no sintió mareo alguno.
—Vale, necesito irme. No quiero perderme la primera Navidad de Teddy en Grimmauld Place.
Charlie negó con la cabeza.
—Necesitas esperar una hora, al menos. ¿Por qué no te quedas a dormir aquí y te despierto a tiempo?
—¿Y si Teddy se despierta más temprano? —preguntó Harry tercamente.
—Te despertaré en cuando amanezca, por el amor de Merlín, si eso es lo que quieres. —Charlie lo miró fijamente y Harry supo que iba a poder hacerlo cambiar de parecer. Miró a Ron, que estaba mirando a uno y luego al otro, con una expresión de molestia en el rostro. Harry no tenía duda de que Ron iba a decir muchas cosas acerca de él, en cuando Hermione no estuviera cerca.
—Ron ya llamó a Kreacher por la Red Flú, y le dijo que te ibas a quedar aquí —dijo Hermione. Al ver su expresión de alarma, añadió rápidamente—. No dijo por qué, sólo que te ibas a quedar. —Harry asintió. No quería que Andrómeda o Narcissa se preocuparan por él.
—Vale, pero despiértame temprano —dijo Harry—. Iré a mi habitación. —Comenzó a caminar hacia la puerta, pero Charlie lo tomó del brazo.
—Podrías quedarte aquí, dado que el proverbial gato ya salió de la bolsa (2). —Harry abrió la boca para protestar, pero Charlie sólo lo miró y dijo: —Por favor.
Harry miró a Ron, que se encogió de hombros y salió de la habitación sin mirar atrás. Sería mejor dormir abajo, que tener que subir las escaleras hacia el cuarto de él y Ron y lidiar con la furia de su amigo.
—Vale —dijo, sentándose de nuevo. Hermione les deseó buenas noches y cerró la puerta detrás de ella.
Charlie se dejó caer en la vieja cama de Bill.
—Casi se me va la magia por el susto que me diste, ¿sabes? Pensé que te había matado.
—Lo siento —dijo Harry—. Parece que te hago eso muchas veces.
—Demasiadas, joder. Al menos, esta vez no hubo sangre. —Charlie suspiró—. Ve a dormir, te despertaré en la mañana.
Harry asintió y se durmió de nuevo. Se removió y se giró toda la noche, y los destellos de los recuerdos eran como un caleidoscopio. Una mano comenzó a sacudirlo, y él trató de alejarla.
—¡Harry, despierta!
Harry peleó para estar consciente y parpadeó lentamente, hasta abrir los ojos. Vio que Charlie estaba inclinado sobre él.
—Sí, sí, estoy despierto.
—¿Estás seguro?
—Seguro —dijo, enderezándose—. Diablos, no habían sido tan malas en un tiempo. —Miró a Charlie, que se veía pálido y extenuado—. ¿Acaso…?
—Sí. Justo como los viejos tiempos —dijo Charlie, sentándose en la cama junto a él—. No quería usar un Silencio, en caso de que tuvieras otra convulsión. ¿Fue peor? ¿Tienes dolor de cabeza?
—No, sólo me siento como mierda. Espero no verme tan mal como tú. ¿No dormiste nada?
—Sólo un poco. —Charlie se puso de pie y se estiró—. ¿Por qué no voy contigo a Grimmauld Place? Podría…
—No, en serio, Charlie. Estoy bien. —Harry bajó las piernas. Se dio cuenta de que aún llevaba la ropa de la noche anterior. Eso me ahorra un paso.
—¿Te sientes bien?
—No te la vas a pasar preguntándome eso cada cinco minutos, todo el día, ¿verdad?
Los ojos de Charlie brillaron por la furia.
—Más te vale creer que voy a preguntártelo tantas veces como crea que necesito hacerlo, con un demonio. Mi jodido regalo de Navidad casi te mata. —Cruzó el cuarto y levantó el pensadero, que seguía sobre el escritorio. Harry envolvió su pecho con los brazos, pegando los brazos del pelirrojo a su cuerpo, antes de que pudiera arrojar la vasija.
—No lo hagas. No es tu culpa. Debería haber recordado lo que las sanadoras dijeron.
Charlie se estremeció en sus brazos, mientras su ira se disipaba.
—Claro que deberías haberlo hecho, joder.
Harry apoyó su cabeza en el hombro de Charlie.
—¿Aún estás bien con todo?
—Necesitas hacer lo que sea correcto para ti. Y ambos sabemos lo que esto es. Solamente ten cuidado. Ve a San Mungo a primera hora, el día después de Navidad. Llévate al idiota de Malfoy, para que sepa lo que las sanadoras vayan a decirte, porque ambos sabemos que vas a olvidar o ignorar la mitad de las cosas que digan.
—Vale, se lo contaré esta noche, después de que todos se vayan.
Charlie asintió.
—Haré que todos prometan no decir nada. Pero no puedo prometer que mamá no comience a llorar cada cinco minutos.
Harry miró por la ventana, viendo los rosados destellos del amanecer cubriendo el cielo.
—Debería irme.
—Vale. —Se miraron entre sí con incomodidad. Charlie habló entre dientes—. Al diablo. —Se hizo hacia delante y besó a Harry—. Una última vez.
Harry asintió y salió de la habitación a prisa.
Se dirigió hacia la cocina, tratando de llegar a la flú y llegar a casa, antes de que alguien despertara en Grimmauld Place. Se detuvo de golpe cuando vio a Molly. La mujer estaba reclinada sobre una tabla enharinada, manipulando una bola de masa. Alzó la mirada cuando Harry entró a la habitación.
—Oh, Harry. —Los ojos de Molly estaban rojos.
Harry se acercó a la mujer con prisa.
—Estoy bien, en serio —dijo, rodeando sus hombros con un brazo.
—Nos diste un susto de muerte. Pensé… Bueno, no importa qué fue lo que pensé. ¿Te sientes bien? ¿Qué estás haciendo levantado? ¿Tienes hambre?
—Voy a regresar a Grimmauld Place. Quiero ver a Teddy abriendo sus regalos.
—¿Estás seguro, querido? ¿Por qué no te quedas? Podemos decirles a los demás que vamos a pasar una Navidad tranquila aquí.
Harry negó con la cabeza.
—No. Quiero que todos vayan a Grimmauld Place. No hay razón por la que no deban ir. Iré a San Mungo a primera hora mañana, ya se lo prometí a Charlie.
Molly asintió.
—Charlie y tú debieron habernos dicho…
Harry cerró los ojos. Nos sabía qué decirle.
—Bueno, era complicado, Molly. Acababa de…
—Siempre es complicado, Harry. Para eso está la familia, para ayudarte a superarlo.
—Lo sé. No fue nuestra intención ocultártelo. —Harry sabía que eso era una mentira—. Las cosas terminaron antes de la Navidad del año pasado, así que no parecía necesario alterar a todos.
—No nos habríamos alterado —dijo Molly, negando con la cabeza—. Y cuando comiences a salir con Draco, yo tampoco me alteraré.
—¿Cómo supiste…?
—Soy una madre, Harry. Nosotras sabemos estas cosas. Justo como supe lo de tú y Charlie. Sólo estaba esperando a que ustedes nos lo contaran. Ahora, ve a casa y dile a Teddy que le deseo una feliz Navidad. Iré en cuanto el pan esté horneado, para comenzar a preparar la cena. Y tú no me vas a ayudar. Tendré a Andrómeda en la cocina conmigo. Quiero que descanses.
Harry asintió.
—Te quiero, Molly.
—Yo también te quiero. Eres un Weasley en todo menos el apellido. —Le dio un beso en la mejilla—. Ahora vete, o nunca terminaré este pan.
OoOoOoO
(1) Aquí Charlie hace un doble sentido en inglés: "llegar al fondo de las cosas" se dice "get to the bottom of things", y "O hasta arriba" es mi interpretación de "Or the top". Bottom y top son las clasificaciones para los roles en una relación sexual: bottom sería el pasivo y top, el activo. O uke y seme, como los conozcan mejor…
(2) No encontré una equivalencia en español; sacar al gato de la bolsa, en inglés, da el significado de que un secreto se reveló.
Notas finales:
¿Siguen conmigo? ¿Creen poder aguantar?
Atención, el siguiente capítulo va a demorar un poco; estoy hasta el cuello de trabajo… Pero de que llega, llega.
Adigium21
