Notas de traductor:
Gracias a holyhead 21, kawaiigiirl, Adriana11, Violet Stwy, AnnieSly, Lunatica Dark, MisakiUchiha17, Acantha-27, toxica666, mixhii, jessyriddle, The darkness princess, Silvers Astoria Malfoy, SARAHI, Oduvanchik Dandelion, xonyaa11, Meliza Malfoy, my dilema, Guadi-Fic's y un Guest por comentar en el capítulo anterior. (¿Fue récord? Quizás)
Estoy seguro de que los tomó por sorpresa el Harry/Charlie, aunque varias(os) de ustedes ya lo sospechaban; viene una explicación al final…
No quise dejarlos más tiempo sin esta parte, así que está recién salida del horno, con todo y sus detallitos. Nevertheless, disfruten…
Harry salió por la chimenea y miró alrededor de la cocina. Todo seguía oscuro. Subió las escaleras y vio que todas las luces estaban apagadas, menos las del pasillo. Las luces del árbol de Navidad parpadeaban y bailaban en la oscuridad. Mirando bajo el árbol, vio que los regalos de Papá Noel ya habían sido acomodados para Teddy, y que su media, que estaba fijada en la chimenea, estaba llena. Yendo a la alacena, Harry sacó sus propios regalos para Teddy y los acomodó en el montón.
En silencio, subió hasta su cuarto. Al llegar al cuarto de Teddy, hizo un encantamiento para que le avisara cuando Teddy se despertara. Miró sus prendas cuando llegó a su cuarto. No sería buena idea si bajaba usando la misma ropa que el día anterior. Cansinamente, se desvistió y, sin molestarse en ponerse el pijama, cayó sobre la cama, totalmente dormido.
Parecía como si hubieran pasado solo cinco minutos, cuando el encantamiento se activó. Aturdido, se levantó. Se presionó las sienes y sintió alivio al notar que no había señales del dolor de cabeza del día anterior. Se vistió y, rápidamente, bajó para encontrarse con los demás. Entró a la sala de estar y se encontró con que Andrómeda, Narcissa y Draco ya estaban ahí.
—¡Harry! ¡Estás aquí! ¡Papá Noel vino! —gritó Teddy emocionado.
Harry dijo:
—Feliz Navidad, Teddy. —Miró a los adultos—. ¿Qué hora es?
—Será mejor que no lo sepas, hasta que hayas tomado un poco de té —dijo Narcissa con una sonrisa.
Harry se atrevió a mirar a Draco de reojo; el rubio estaba mirando fijamente su taza. Llevaba una bata de seda azul, que cubría su pijama de seda plateada. Se veía elegante, dejando de lado los oscuros círculos bajo sus ojos. Harry se preguntó si había tenido una mala noche de sueño, como él.
—Feliz Navidad, Draco —dijo.
Draco lo miró; su expresión no reflejaba emoción alguna.
—No creímos que estuvieras en casa.
Harry lo miró confundido.
—Oh, claro. Algo pasó anoche, pero no quería perderme a Teddy abriendo sus regalos.
—¿Puedo abrirlos? ¿Puedo?
—Sí, Teddy, puedes abrir tus regales.
Lo que continuó fue un torbellino de papel, como Harry no había visto nunca. El niño pasó de un regalo al otro con alegría; su cabello era una maravilla tecnicolor. Harry deseaba poder compartir su diversión con Draco, pero éste se rehusaba a mirar hacia donde el moreno estaba, y tenía los puños apretados.
Teddy corrió hacia donde estaba Harry y le dio un abrazo cuando abrió su escoba de juguete.
—¿Puedes enseñarme después del desayuno, Harry?
—Podríamos intentarlo… bueno, sólo puedes usarla en la casa cuando la abuela, Draco o yo estemos aquí. ¿Entendido?
Teddy asintió y corrió hacia Draco, para mostrarle su nuevo juguete.
—¡Mira, mira!
—Eso es genial, Teddy. Vas a estar volando tan bien como Harry en muy poco tiempo —dijo Draco, pero su sonrisa no alcanzó sus ojos.
—Bueno, Teddy. Draco tiene un regalo más para ti. Está en tu cuarto. ¿Quieres subir a verlo? —dijo Andrómeda, sonriendo de oreja a oreja. Teddy corrió hacia la puerta y ya había subido antes de que cualquiera se levantara de su asiento.
Harry miró a Draco preocupado.
—¿Pasa algo malo? —le preguntó, mientras subían las escaleras.
—No pasa nada —dijo Draco fríamente.
—¡No lo veo! —gritó Teddy desde su cuarto.
Cuando entraron al cuarto, Teddy estaba metiéndose bajo su cama, buscando el regalo.
—Teddy, ven a mi lado —dijo Andrómeda, hincándose en el suelo y palmeando un punto junto a ella—. Estoy tan emocionada como tú por ver esto. —La mujer aún no había visto nada del mural, Draco había querido que también fuera una sorpresa para ella.
—Vale, Teddy —dijo Draco, sacando su varita—. Cierra los ojos. —El niño obedeció, cubriéndose con las manos para asegurarse de no ver nada—. Cuenta hasta cinco y luego di el hechizo conmigo, di "Revelio".
Teddy contó rápidamente hasta cinco; luego, él y Draco dijeron el hechizo. Con un movimiento de su varita, las paredes se transformaron. Teddy quedó tan sorprendido que se dejó caer en el suelo, con la boca abierta.
—Esto es maravilloso, Draco —dijo su madre—. No tenía idea que fueras tan talentoso.
Harry no había visto el mural desde el día en el que habían trabajado juntos con el papel maché. Miró las paredes, sorprendido. Dragones de todos los tamaños cubrían las montañas pintadas. También había pintado el campamento, con pequeñas figuras de hombres y mujeres, interactuando con las criaturas.
—¡Es Charlie el Domador y los Hocicortos Suecos Bebés! —exclamó Teddy, saltando de la emoción. Harry se acercó y vio que Teddy tenía razón. En el corral pintado estaba la figura de Charlie, bajando con una cuerda a un joven hocicorto.
Mirando a su alrededor, comprendió que las otras historias que le había contado a Teddy estaban representadas en el mural. Se giró hacia Draco.
—¿Cómo hiciste esto? Es increíble.
—Le pedí a Teddy que me contara los cuentos que le cuentas. Pude entender lo suficiente para incluir algunas partes en el mural —dijo Draco encogiéndose de hombros. Harry lo miró fijamente. Prácticamente, estaba temblando, y sus ojos se veían sombríos. No parecía estar compartiendo la emoción por el mural.
Maldijo para sus adentros, al entender que Draco estaba molesto porque no había vuelto a casa.
—Acerca de anoche. No quería quedarme toda la…
—No me debes ninguna explicación —dijo Draco, mirándolo de reojo—. Y no quiero saberlo.
—Necesito hablar contigo acerca de lo que pasó. Es importante.
—Hoy no, Harry. —Por un momento, la máscara de Draco cayó, y Harry pudo ver al rubio devastado—. Terminemos con la Navidad y luego puedes decírmelo.
—Pero, Draco…
—¿Tienes alguna idea de lo difícil que fue pintarlo en el mural, sabiendo lo que significa para ti? —escupió Draco—. No lo empeores. —Y salió del cuarto. Harry se movió para seguirlo, pero fue detenido por Teddy, que estaba balbuceando con emoción, pues quería mostrarle a Harry la cueva de dragón. Mirando por última vez hacia la puerta, Harry se giró y fue con el niño. Ya encontraría a Draco más tarde, y lo haría entender.
Sin embargo, para cuando bajó las escaleras, Draco ya se había ido con Narcissa. Andrómeda lo miró preocupada, mientras le decía:
—Lo siento, querido. Estaba, bueno, molesto anoche, cuando no volviste a casa. Aunque no fue como si no intentara ocultarlo.
—No fue lo que piensa —dijo Harry exasperadamente—. Necesito hablar con él y explicárselo.
—No estoy segura de adónde fueron —dijo Andrómeda—. Pero no te preocupes. Estoy segura de que estará de vuelta en el Centro para mañana; podrás hablar con él entonces. Ha pasado por mucho, así como tú. Si intentas hablar con él hoy, es probable que no esté dispuesto siquiera a oír lo que le digas.
Cuando Luna llegó, Harry la llevó a un lado para ver si sabía dónde estaba Draco.
—No puedo decir que lo sepa —dijo Luna. Llevaba pequeñas hadas en el cabello; sus alas hacían que su cabello flotara alrededor de su cabeza—. Regresará cuando esté listo, Harry. Siempre lo hace.
Harry asintió, pero no podía evitar preguntarse si esta vez no lo haría.
Los Weasley llegaron un rato después. Harry tuvo que contener la frustración y la furia que estaba sintiendo. Charlie lo miró con la ceja alzada, cuando se dio cuenta que Draco no estaba, y la razón por la que se había ido.
—Ustedes dos son realmente idiotas —dijo, negando con la cabeza—. Si simplemente hablaran, en vez de…
—Sí, ya entendí —gruñó Harry—. Y no puedo ir a hablar con él mañana porque tengo que ir al jodido San Mungo.
—Y no te vas a saltar esa cita. —Charlie lo miró—. ¿Quieres que vaya contigo?
—No, puedo hacer esto solo. Pondré atención a lo que me digan esta vez.
—Quizá Hermione pueda ir —dijo Charlie—. No eres tan brillante cuando se trata de seguir instrucciones.
—No, no quiero que Hermione vaya conmigo. No necesito que traten de sostener mi mano. Puedo lidiar con esto.
—En cuanto pruebes que puedes hacerlo, vamos a dejar de tratar de sostener tu mano. —Charlie dudó—. Quería hablarte de algo más. Sé que dije que me quedaría aquí esta semana. Pero, como están las cosas, creo que voy a quedarme con George…
Harry asintió lentamente; había temido decir algo, pero después de la reacción de Draco esa mañana, no quería empeorar las cosas.
—Eso tal vez sea lo mejor… Va a ser bastante difícil explicarle a Draco lo que pasó anoche. Tenía que ser yo el que comenzaría esto a lo idiota.
—Pues tienes una forma bastante alocada de entrar y salir de tus relaciones. —Charlie rio—. Pero no te preocupes, todo se arreglará.
—¿Vendrás a la celebración de la víspera de Año Nuevo? —preguntó Harry.
—No me lo perdería. —Charlie miró a su alrededor—. No sé cuánto quede en pie de tu casa, una vez que George termine con ella.
—Ahora mismo, esa es una de mis menores preocupaciones.
Después de la cena, Teddy arrastró a Luna, a la que había escogido como su nueva mejor amiga, a ver el mural. Harry estaba bastante seguro de que las hadas en el cabello de Luna eran la razón de ese nuevo afecto, pero no iba a discutir ahora, dado que eso evitaba que Teddy notara la ausencia de Draco. Luna estudió el mural con una concentración que Harry no se había esperado. Teddy insistió en que Harry les contara la historia de los bebés hocicortos suecos a él y Luna. Avergonzado, Harry contó la historia. Le divirtió notar que Luna se había metido tanto en la historia de los dragones como Teddy.
—En cuanto tú y Draco estén juntos, quiero hablar con ustedes acerca de sus historias —dijo seriamente, sin señal alguna de su espíritu atolondrado.
—¿A qué te refieres con juntos…? No lo estamos; quiero decir, él no lo sabe. O sea, necesito hablar con él. —Harry maldijo por estar tartamudeando.
Luna palmeó su brazo.
—Por supuesto que volverán a estar juntos; es un hecho tan cierto como que los erumpents se aparean durante las Perseidas (1).
Después de que todos se fueron, Harry dio un gran suspiro de alivio. Muchas cosas habían pasado en las últimas 24 horas, y él sólo quería ir a la cama. Desafortunadamente, Teddy escogió ese momento para notar la ausencia de Draco. Cansado y molesto, insistía en que el rubio lo llevara a la cama, como lo había hecho la noche anterior. Cansinamente, Harry trató de explicarle que no estaba en la casa, pero Teddy no podía entender por qué Harry no podía simplemente ir a por él. Finalmente, Andrómeda lo tomó firmemente de la mano y lo llevó a su cuarto. Harry subió hasta el piso superior, aliviado de poder dejar que un adulto más paciente se encargara de Teddy con su humor actual.
Lo primero que vio en cuanto entró a su cuarto fue un paquete envuelto sobre su cama. Supo, sin lugar a duda, que era de parte de Draco. Su regalo para el rubio seguía abajo, esperando.
—Maldición, Draco. ¿Por qué no me dejaste explicarte? —dijo Harry. No podía creer que, una vez que había decidido que tenía que arriesgarse y descubrir lo que sentía por Draco, el jodido idiota se iba. Tomó su regalo y lo llevó a la mesa. Lo abriría hasta después de hablar con Draco. Sin molestarse en cambiarse de ropa, se quedó dormido mirando el regalo, preguntándose qué había dentro.
Se despertó a la mañana siguiente sintiéndose un poco mejor, a pesar de la mala noche. Suspirando, se puso de pie y se puso su ropa deportiva. Correr un rato aclararía su mente y haría que el día que tenía adelante, en San Mungo, fuera más soportable. Se apareció en su parque muggle favorito.
A esa hora de la mañana, en especial en invierno, los turistas no eran un problema. Rápidamente, comenzó a dar zancadas, moviéndose por los caminos familiares a lo largo del Serpentine (2). El frio aire invernal cortaba su rostro, pero él continuaba avanzando. Enfocándose solamente en el sonido de sus pies golpeando el suelo congelado, sintió que su tensión disminuía. No sabía qué esperarse hoy, qué cosas le dirían las sanadoras. El incidente en la Madriguera lo había espantado más de lo que quería admitir. Cuando le habían dicho hacía un mes que podía perder su memoria, había pensado que podría vivir su vida y no preocuparse por ello. Sin embago, después de lo que pasó en Navidad, se dio cuenta de que tenía mucho que perder.
El agudo sonido del claxon de un camión lo sorprendió, y se dio cuenta de que se había pasado de su punto final usual. Girando sobre sus talones, regresó a un ritmo más lento, enfriándose mientras se dirigía de vuelta al punto de aparición. Escondido detrás de una línea de cabinas telefónicas, el punto estaba cerca de un tocón de árbol, de cientos de años de edad, que los muggles habían encerrado y protegido con rejas. Se preguntó cuál sería la reacción de muggles si descubrieran que el tocón era en realidad el hogar de los elfos que ayudaban a mantener las barreras en su lugar, que protegían a la Familia Real muggle.
Se apareció detrás de la casa y bajó las escaleras hasta la cocina, donde encontró a Ron, que estaba disfrutando un gran desayuno frito. Sin duda, había sido preparado por Kreacher, dado que las habilidades para cocinar de Ron terminaban en hacer té.
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿No trabajas hoy?
—Vine para ir contigo a San Mungo —dijo Ron, a través de la tira de tocino que se había metido en la boca.
—Le dije a Charlie que no necesitaba que alguien fuera conmigo —dijo Harry irritado.
—No, le dijiste que no viniera él o Hermione —dijo Ron, encogiéndose de hombros—. Eso te dejaba conmigo o con mamá.
—No necesito…
Ron rio.
—Claro. Además, vienes de una carrera de, ¿qué, siete, ocho kilómetros? ¿Es eso lo que uno llamaría "tomárselo con calma" hasta que hables con las sanadoras?
—No dijeron que no saliera a correr —dijo Harry entre dientes, a la defensiva, mientras se servía un vaso de agua.
—Y ese tipo de pensamiento es la razón por la que decidimos que alguien tenía que ir contigo —dijo Ron, pasándose el tocino con un trago de té—. Así que, soy yo o regreso a casa y le dijo a mamá que te vea en San Mungo.
—Por el gran Godric, qué molesto eres —gruñó Harry, mientras estiraba la mano y tomaba un trozo de tocino del plato de Ron—. Dile a Kreacher que me prepare un plato, voy a tomar una ducha. —Cuando regresó, se sentó a la mesa y miró a Ron—. Entonces, ¿estamos bien?
Ron tenía dos manchas rojas en las mejillas.
—Supongo. Ya tuve una charla con Charlie.
—Quizá debería preguntar si ustedes dos van a estar bien. Nunca quisimos…
—Sólo olvídalo. No me importa que se hayan acostado. Lo que me molesta es que lo ocultaron —dijo Ron, fulminándolo con la mirada—. Ni una palabra de parte de alguno de los dos.
—Ron, acababa de terminar con Ginny. ¿Cómo se habría puesto ella, o incluso tú, de haber sabido que Charlie y yo…?
—Somos familia, Harry. No deberías ocultarme ese tipo de cosas.
—En esta conversación en particular, puede que lo mejor sea no llamarme "familia" —dijo Harry entre dientes.
—Entiendo por qué tú y Charlie lo ocultaron. Pero no me parece cómo manejaron el asunto —dijo Ron—. Vamos, hay que ir a San Mungo.
Una hora después, estaban entrando a la oficina de Watson. La mujer les sonrió e hizo un gesto para que se sentaran.
—Ahora, me gustaría comenzar con…
Ron tosió y la interrumpió.
—Cuando Harry habló con usted en noviembre, ¿le dijo que está jugando en un equipo de Quidditch profesional, como buscador, usando un glamour?
Harry se giró sobre su asiento para mirar a Ron fijamente. No podía creer lo que su amigo acababa de decirle a Watson. Ron simplemente alzó la barbilla, desafiante.
Watson miró a Harry.
—¿Es eso cierto? —Harry quería negarlo, pero sólo se encogió de hombros y asintió—. ¿En qué equipo…? —Watson entrecerró los ojos—. Eres Hank Black, ¿no es cierto? —dijo de repente, sorprendiéndolo.
—¿Cómo lo supo?
—Es mucha coincidencia que Hank Black haya aparecido de la nada —dijo Watson—. Puede que haya salido de Hogwarts, y del equipo de Quidditch de Ravenclaw, hace dos décadas, pero aún sigo las noticias de Quidditch. —Respiró profundamente—. Entiendes que no puedes jugar de nuevo. No después de lo que te dije en noviembre.
—Yo, em, no he tomado una decisión. —Harry se sonrojó profundamente—. Iba a continuar, pero después de lo que pasó la víspera de Navidad, no estoy tan seguro.
—Al menos eso es algo bueno —dijo Ron, fulminando a Harry con la mirada. El moreno aún no podía creer que Ron lo hubiera acusado con la sanadora. De pronto, entendió que ésa era la razón por la que Charlie se había asegurado de que Ron lo acompañara.
—¿Por qué no comenzamos con una revisión completa de tu estado actual? Lo compararé con la que hicimos el mes pasado y partiremos de ahí, ¿vale?
Cuatro horas después, estaban de vuelta en la oficina de la sanadora. Harry se sentó en la silla, intranquilo. Watson puso sobre el escritorio el pergamino con los resultados de la revisión.
—La buena noticia es que no veo diferencia significativa alguna entre la revisión de noviembre y la de hoy. Entonces, el incidente de Nochebuena no causó daño. Sin embargo, justo como en noviembre, me preocupa bastante la estabilidad completa de la tela de memoria.
—En noviembre, usted dijo que tal vez había algunas formas de tratarlo.
—Obviamente, no hay nadie que haya experimentado el mismo tipo de pérdida que tú. Entonces, nuestra habilidad para pensar en un plan de tratamiento está restringida a los esfuerzos históricos. El tratamiento que fue usado con un poco de éxito es el uso de injertos de memoria.
—¿Qué es eso?
—Los recuerdos de otra persona son invocados usando un lazo de unión de memoria, y esto permite que el recuerdo sea visto y retenido por Harry. Mientras estén viendo el recuerdo, te monitorearemos con cuidado, para asegurarnos de que, a la primera señal de shock, podamos actuar con rapidez para prevenir cualquier daño.
—¿Pero esto no ha sido usado con alguien como yo?
—El equivalente más próximo es un caso en el que la tela de memoria del mago se rompió completamente, debido a un Obliviate que rebotó de una varita rota.
Ron y Harry se miraron.
—Lockhart —dijeron al mismo tiempo.
Watson los miró con la ceja alzada.
—Ciertamente, no puedo confirmar la identidad del paciente pero, ¿conocen a Lockhart?
—Fue mi varita rota la que usó —dijo Ron entre dientes.
—Vaya. No tenía idea… De cualquiera forma, los injertos de memoria no funcionaron porque la tela de Lockh..., em, del paciente se había roto por completo. Y había una falta impresionante de personas que quisieran aportar recuerdos. Para asegurarnos de que tendremos éxito, necesitamos intentar los injertos antes de que tu tela se rompa. O sea, nada de Quidditch, señor Potter —dijo, mirándolo severamente.
—¿Jamás? —preguntó Harry débilmente. No podía imaginar su vida sin Quidditch, ya fuera profesional o simplemente jugando con sus amigos.
La sanadora dudó.
—No quiero darte falsas esperanzas. Todo depende de cuánto podamos completar la tela con los injertos. Lo que dependerá de cuán completos sean los recuerdos que vayamos a usar.
—Lo que significa que todo dependerá de Draco Malfoy —declaró Ron gravemente.
—Sí, eso tengo entendido. ¿Está dispuesto a cooperar? —La sanadora miró a Harry.
—Creo que lo estará. No he tenido oportunidad de hablar con él acerca de esto —dijo Harry entre dientes—. Ha querido compartir sus recuerdos antes, así que no creo que haya cambiado de parecer.
—Tiene que ser hecho por voluntad propia. Éste no es un caso en el que los recuerdos puedan ser obtenidos con Legeremancia.
—¿Cuánto tardará el proceso? ¿Cómo van a prevenir lo que pasó cuando Charlie y Harry miraron el pensadero?
—Es probable que este proceso, en el caso del señor Potter, tome varios meses. Esta técnica nunca ha sido usaba para cubrir dos años de recuerdos. Para prevenir el tipo de shock que experimentaste hace dos días, te daremos una poción que te pondrá bajo un trance, que permitirá que tu subconsciente se vuelva receptivo a los recuerdos. Comenzaremos con los recuerdos más tempranos, y haremos pocos injertos a la vez, usando un lazo de unión entre ambos. Hay más detalles y precauciones, claro, pero esperaré hasta que el señor Malfoy esté presente, para entrar en detalles.
—¿Y cree que esto vaya a funcionar? —preguntó Harry.
Watson lo miró.
—Eso creo. Pienso que hay una muy buena posibilidad de que funcione.
—Encontraré a Draco y le preguntaré. Si dice que sí, ¿cuándo podemos comenzar?
—Bueno, me gustaría reunirme con ambos y luego consultarlo con mi equipo, pero no veo razón por la que no podamos comenzar la semana que viene.
—Por lo mientras, ¿qué no debería hacer? —preguntó Ron, mirando a Harry con los ojos entrecerrados cuando éste protestó—. Fue a correr hoy en la mañana.
—¿Quién eres, Percy? —dijo Harry, mirando a su amigo, incrédulo.
—Como has estado corriendo todo este tiempo, no creo que eso sea un problema. Puede que sea sabio ir a correr con un compañero, sólo para estar seguros. —La sanadora le dio a Harry una lista de lo que podía y no podía hacer, y Ron tomó nota cuidadosamente.
Al terminar, Harry y Ron se dirigieron al pub muggle más cercano, para almorzar y tomar una cerveza.
—Suena bien —dijo Ron, dándole un trago a la botella—. Suena como que cree que podría funcionar.
—Si Draco coopera —dijo Harry.
—¿Por qué no habría de hacerlo? Ha estado detrás de ti el último año, para que veas los recuerdos. —Ron miró a Harry con curiosidad.
—Puede que haya malinterpretado por qué no fui a casa en Nochebuena —admitió Harry a regañadientes.
—Quieres decir que él piensa que tú y Charlie… —Ron lo miró, incrédulo.
Harry asintió.
—Iré al Centro después de almorzar, para hablar con él. Explicarle.
Cuando llegó al Centro, se encontró con que el salón de arte estaba vacío, excepto por David. El hombre negó con la cabeza cuando escuchó que Harry estaba buscando a Draco.
—No está aquí. No tendremos sesiones entre Navidad y Año Nuevo. Dejó una nota diciendo que se iba de vacaciones con su madre.
—Si sabes de él, ¿podrías decirle que necesito hablar con él? Dile que lo que él cree que pasó, no pasó —dijo Harry, un poco avergonzado por la expresión que David puso.
—De acuerdo, se lo haré saber.
Al día siguiente, le mandó una lechuza a Simon, para ver si había sabido algo de Draco. El rubio le contestó, diciendo que quería encontrarse con él después del trabajo, para tomar un trago. Harry lo invitó a Grimmauld Place; no estaba de humor para ir a un bar y tener que lidiar con los adoradores fans de Harry o de Hank.
—Entonces, ¿has sabido algo de Draco?
Simon vaciló.
—Sí, de hecho, pero no está de humor para hablar contigo aún.
—En serio necesito hablar con él. Tiene una idea incorrecta en la cabeza.
Simon asintió.
—Trataré de convencerlo de que se ponga en contacto contigo. —Miró a Harry avergonzado—. En realidad, quería verte para hablar de algo más.
—¿Qué cosa?
—Charlie Weasley vino a ver a Bill al banco ayer, y todos terminamos yendo a almorzar juntos. Bueno, para no hacerte el cuento largo, me invitó a cenar. Y yo quería asegurarme de que no había problema contigo.
—¿Tú y Charlie? Creo que es genial —dijo Harry con una sonrisa.
—¿En serio?
—Charlie es un tipo genial. Deberías salir con él.
—Pero, acaban de terminar… —Harry negó con la cabeza.
—No, dejamos de vernos hace más de un año. Además, Charlie y yo… —Se encogió de hombros—. Ambos sabíamos que no era permanente. —Simon lo miró, dudoso—. ¡En serio! O sea, fue mi primer novio. —Harry hizo una mueca y se corrigió—. Vale, es el primer novio que recuerdo, y no cambiaría por nada del mundo el tiempo que pasamos juntos. Él y yo seguimos siendo buenos amigos, simplemente hay razones por las que las cosas no funcionaron entre nosotros. Me haría muy feliz si ustedes dos comenzaran a salir.
—Vive en Rumania —dijo Simon, dándole un trago a su cerveza.
—Y es por eso que Merlín inventó los trasladores —dijo Harry sonriendo—. Se merece a alguien como tú.
—¿Como yo?
—Alguien que esté seguro de sí mismo. Que sepa lo que quiere —dijo Harry, encogiéndose de hombros.
—Quiero pensar que todos nos merecemos alguien así.
—Quizá.
OoOoOoO
Para las once de la noche, Harry ya se había resignado a que Draco no iba a ir a la fiesta de la víspera de Año Nuevo, a pesar de que Luna y Simon le habían asegurado que el rubio había dicho que estaría ahí. Había sido tonto esperar poder comenzar el año nuevo desde cero.
Harry estaba platicando con Dean y Oliver cuando alcanzó a ver la rubia cabeza de Draco, que caminaba por el abarrotado cuarto. Antes de poder dirigirse hacia él, vio que el rubio se acercaba al tocadiscos. La música se detuvo abruptamente cuando Draco quitó el álbum que estaba oyéndose, provocando protestas de los que estaban bailando. Draco sacó un disco de la funda que llevaba y lo puso sobre el apartado. Se giró y caminó directo hacia Harry. Parándose frente a él, con la mandíbula apretada, dijo:
—Baila conmigo.
—Draco, ¿dónde has estado? He estado tratando de hablar contigo toda la semana.
Draco ignoró la pregunta; sólo mantuvo la mano extendida y repitió.
—Baila conmigo.
Maldiciendo para sí, Harry asintió y estiró la mano, tomó la del rubio y caminó hacia el centro del cuarto con él. Draco rodeó la cintura de Harry con los brazos y lo acercó hacia él. Automáticamente, Harry rodeó los hombros del rubio con los brazos, al comenzar a bailar al ritmo de la música.
—¿Qué estás tramando, Draco? ¿Te vas toda la semana y ahora simplemente llegas y quieres bailar?
No estaba preparado para lo que Draco hizo a continuación. El rubio apoyó su cabeza contra la de él y susurró a su oído.
—Bailamos esta canción por primera vez en mi decimosexto cumpleaños. Me diste de regalo un álbum de los Hot Cauldrons. Fue en quinto año y no habías podido ir a Hogsmeade para comprarme algo, por lo que conseguiste el álbum al intercambiarlo por un cromo autografiado tuyo. Me encantó que estuvieras dispuesto a hacer eso por mí.
—¿Qué estás haciendo? —Harry trató de alejarse pero Draco apretó el agarre de sus caderas todo el tiempo, sin perder el ritmo de la música. Hizo la cabeza hacia atrás para mirar a Harry a los ojos; sus grises ojos estaban oscuros.
—Entendí algo la semana pasada, al verte con Weasley. No puedo dejarte ir sin una pelea. No voy a dejar que te vayas a los brazos de alguien más sin que sepas lo que significas para mí. Lo que significamos el uno para el otro.
Harry lo miró con los ojos como platos, sin saber que decir. La canción terminó y, cuando trató de apartarse, la siguiente canción comenzó. Draco no lo soltó, apretando sus brazos más. Harry escuchó los acordes de apertura y se quedó quieto, cuando "I'm Happy Just to Dance With You", de los Beatles, comenzó a sonar. Draco cambió su agarre, pasando con facilidad a una posición de baile tradicional. De nuevo, apoyó su cabeza contra la de Harry y murmuró a su oído.
—Bailamos ésta por primera vez la mañana de la víspera de Navidad. Nuestra primera Navidad. Yo te había regalado los álbumes y no quería hacer otra cosa más que pasar todo el día contigo en mis brazos. Pero, claro, no podíamos, tenías que regresar a Gryffindor y yo a Slytherin.
—Draco, ¿tenemos que hacer esto aquí? Vayamos a hablar, necesito contarte lo que pasó el fin de semana pasado —rogó Harry, consciente de que ahora eran el foco de atención de todos en el cuarto. Podía ver que Ron y Hermione los estaban mirando; Hermione sostenía el brazo del pelirrojo, como reteniéndolo en su lugar. Repasó el lugar con la mirada y vio a Charlie, recargado contra la entrada. El moreno vio cómo Charlie se giraba y salía del cuarto. Se giró para mirar a Draco. Sus manos temblaban, contra las del rubio, mientras éste los dirigía por la pista de baile. No podía apartar a mirada, perdido en el gris de sus ojos.
—Vamos a hacerlo aquí, y vamos a hacerlo ahora. Por dos años, nos ocultamos de todos, temerosos de que la gente se enterara de lo que teníamos. Quizás, si no nos hubiéramos escondido, las cosas habrían resultado diferentes. No puedo regresar en el tiempo y cambiar lo que pasó. Pero no estoy dispuesto a ocultar lo que siento por ti. No estoy dispuesto a entregarte a Charlie Weasley sin una pelea.
—Charlie y yo no… —comenzó a decir Harry, pero Draco lo interrumpió, apretando sus manos alrededor de él.
—Sólo déjame decir lo que tengo que decir… No sé cómo pasó en cuarto año. Lo único que sé es que, gracias a algún mágico giro del destino, nos encontramos. Fuimos capaces de obviar todo lo que dictaba que debíamos ser enemigos y no amantes. Puede que no recuerdes nuestros bailes, pero sé que tu cuerpo lo hace, y creo que subconscientemente, también tu mente. Pienso que esto se siente tan correcto para ti como se siente para mí —dijo Draco suave pero firmemente, y Harry no supo qué decir.
La canción cambió de nuevo; era "Satisfaction", de los Rolling Stones.
—Casi nos atrapa Granger en la biblioteca, por esta canción, cuando estábamos estudiando cerca del otro. Estabas tarareándola y yo estaba golpeando el piso al ritmo; nos escondimos en los estantes para vernos y usaste tu capa para escondernos. Sólo pudimos besarlos por unos minutos, antes de que Granger y Weasley fueran a buscarte.
La siguiente canción comenzó y Draco comenzó a moverlos por el piso, cuando los Weird Sisters comenzaron a tocar, deslizándose con facilidad mientras Harry seguía sus pasos.
—Ésta fue la canción que bailabas con Cedric cuando estábamos tratando de enseñarte a bailar para el Baile de Navidad. Llenaban el vestidor con el sonido de sus risas, mientras intentabas seguir los pasos de Cedric. —Harry asintió; ya no peleaba contra él, mientras se movían al ritmo de la música, escuchando el sonido de la voz de Draco en su oído.
Wild Horses comenzó y Harry miró a rubio, que no dijo nada. Draco alentó sus pasos hasta que se quedaron balanceándose en su lugar, al ritmo de la canción.
—Siempre te burlabas de mí por esta canción; me encantaba quedarme en mi lugar y moverme al ritmo de la canción, sintiéndote contra mí. Una vez te dije que los sangrepura nunca bailaban arrastrando los pies. Y lo creía hasta que escuché esta canción. Simplemente quería sentirte contra mí. Como ahora, pero tenemos casi la misma estatura, lo que es muy bueno. Es más fácil sentirte así. —las manos de Draco comenzaron a bajar por la espalda de Harry, juntando sus caderas. Harry gruñó involuntariamente, cuando sus caderas se encontraron y cada uno empujó contra el otro. Apenas fue consciente de que todos los estaban mirando. Sabía que se estaban preguntando qué era lo que Draco le estaba murmurando, y estaba agradecido de que no lo supieran.
La canción terminó y Harry miró a Draco, preguntándose si el álbum había terminado por fin, cuando se dio cuenta de que se oía un latido rítmico, que comenzó suavemente y se volvió gradualmente más alto.
—Éste es el sonido que nuestros corazones hicieron la primera vez que hicimos el amor. Dos chicos torpes e ignorantes que no sabían qué diablos estaban haciendo. Sólo sabíamos que nos amábamos y necesitábamos encontrar una forma de expresarlo. —Los latidos discordantes tomaron una nueva armonía y comenzaron a latir al mismo ritmo; luego, los dos latidos se volvieron uno y, al final, el sonido comenzó a desvanecerse gradualmente, dejando nada más que silencio.
Harry se quedó quieto. Los ojos de Draco estaban fijos en los suyos, y en ese momento supo que el siguiente movimiento tenía que ser suyo. Las manos de Draco, que estaban en su espalda, comenzaron a temblar, y sus hombros se sacudieron. Cuando Draco comenzó a apartarse de Harry, el moreno entendió que, en realidad, no necesitaba tomar decisión alguna. No podía pelear contra lo que había estado deseando, lo que había estado necesitando por lo que parecía una eternidad. Apretó sus brazos alrededor de Draco y, vacilante, se inclinó hacia delante.
Draco se aprovechó del movimiento y sus labios chocaron. Las manos de Draco estaban en el cabello de Harry, acercándolos más. Sus lenguas se buscaron entre sí y todo lo demás se detuvo, cuando se perdió en las sensaciones. Harry gruñó cuando sintió que su cuerpo respondía y se empujó contra Draco. El rubio mordió su labio inferior y Harry repasó la espalda del otro con las manos, deleitándose al sentirlo.
Harry saltó cuando escuchó la voz de George.
—Hey, faltan cinco minutos para la medianoche. Subamos todos al techo para ver el espectáculo. Además, allá arriba está frio. Lo que es bueno, porque creo que la temperatura aquí acaba de subir alrededor de 20 grados. —Hubo algunas risas bien intencionadas, cuando todos se dirigieron a la puerta, para subir las escaleras. Harry y Draco se quedaron en donde estaban; ya no se besaban, pero tenían las frentes juntas y los ojos cerrados. El corazón de Harry latía con fuerza dentro de su pecho, y podía sentir el pulso de Draco latiendo bajo su mano.
Harry se apartó primero. Miró a Draco, que estaba estudiándolo con cautela.
—Qué bueno que George hizo que todos se movieran, porque no es como si pudiera moverme en el estado en el que me encuentro —dijo por fin.
Draco apretó su abrazo.
—¿Querías alejarte?
—Merlín, ¿desapareces por una semana y regresar así? —preguntó Harry—. Fue como si me desnudara frente a un ciento de personas mirándome.
—Una vez bromeaste diciendo que pensabas que debíamos revelar nuestra relación entrando al Gran Comedor y dándonos un beso frente a todos. Fue lo mejor que se me ocurrió. No puedo creer que en verdad haya funcionado —murmuró Draco—. Estaba tan seguro de que te había perdido por Weasley. Cuando pasaste la noche con él, sabía que tendría que irme. No podía soportar la idea de verlos juntos. Pero no iba a irme sin al menos decirte que aún te amo.
—Eso es lo que he estado tratando de decirte. No pasé la noche con él, no de ese modo. No nos hemos acostado en más de un año. Charlie y yo sólo somos amigos. Le dije en Nochebuena que tenía que ver cómo resultaban las cosas contigo.
—Pasaste toda la noche con él. Volviste a casa hasta el amanecer. —Draco se hizo para atrás, con los ojos brillando.
—Tuve que pasar la noche en la Madriguera. Algo pasó, y no pude volver a casa de inmediato. —Draco negó con la cabeza con duda. Harry dijo apresuradamente: —No quiero entrar en detalles ahora. Sólo quiero que sepas que ya había decidido ver si podíamos hacer que esto funcione.
—Pero sé cuánto quieres ser parte de los Weasley, y con él lo tienes todo: él y su familia. Pasé toda la noche pensando que estabas con él. Estaba seguro de que lo deseabas a él y no a mí.
—¿Y aun así hiciste todo esto? —preguntó Harry, señalando el tocadiscos.
Draco asintió.
—No podía dejar que te ganara así como así. Esperaba que, tal vez… La música jugó un rol importante durante el tiempo que estuvimos juntos. Incluso si no querías escucharme, pensé que, si podía conseguir que escucharas la música, entenderías que en verdad teníamos algo, que no fue solamente un enamoramiento de escuela. Me escondí de ti toda la semana. Todo ese tiempo, lo pasé pensando en una forma de convencerte de que me dieras una oportunidad, y ahí fue cuando se me ocurrió todo esto.
Harry dio un suspiro y apoyó su frente contra la del rubio.
—Quiero que compartas tus recuerdos de lo que fuimos. Quiero saberlo. Luego, veremos a dónde nos lleva.
Sintió cómo los hombros de Draco temblaban.
—Salazar, sólo dame un minuto. —Harry se hizo para atrás para mirar a Draco. Su piel era tan pálida que parecía transparente. Las lágrimas habían llenado sus ojos, amenazando con derramarse—. ¿Tienes idea de cuánto tiempo he esperado para escucharte decir eso? Nunca pensé que alguna vez lo hicieras.
Harry dudó y luego se inclinó hacia delante, para besarlo con gentileza.
—Daré un paso más. Quiero ir a Hogwarts contigo. Muéstrame dónde estuvimos juntos. Cuéntame todo.
—¿Estás seguro? —preguntó Draco.
—Estoy seguro, quiero hacer esto. He huido de ello el tiempo suficiente; es hora de que lo enfrente, y quiero hacerlo contigo.
—¡Harry! ¡Dejen de besuquearse y suban! Falta un minuto para medianoche —dijo George desde arriba de las escaleras.
Draco rodeó los hombros de Harry con el brazo y ambos salieron por la puerta, dirigiéndose hacia las escaleras. Llegaron al techo justo cuando llegó la medianoche, y el cielo se llenó de repente de brillantes colores, cuando los juegos pirotécnicos muggles iluminaron la oscuridad de la noche.
OoOoOoO
Draco se recargó contra la pared, lejos del resto de la multitud que estaba en el techo, celebrando. Miró cómo Harry reía con sus compañeros Gryffindor. Estaba contento por saber que habría bastante tiempo para hablar al día siguiente, cuando la casa estuviera en silencio y sólo estuvieran él y Harry.
Alguien se acercó y Draco se giró para ver a Charlie Weasley parado frente a él. Maldiciendo para sí mismo, se enderezó, apretando los hombros mientras respondía a la mirada del pelirrojo.
—Malfoy —dijo Weasley con un gesto.
—Weasley. —Draco miró de reojo hacia donde estaba Harry, y se alegró al ver que seguía entretenido en una conversación con Hermione y Ron.
—¿Ya te dijo Harry por qué él y yo dejamos de salir?
—Me contó una historia de mierda acerca de que no quería lastimar los sentimientos de Ginny y Ron —dijo Draco, mirando a Charlie—. ¿Cuál fue la razón verdadera?
—Habla mientras duerme —dijo Charlie.
Draco rio.
—Dime algo que no sepa.
—Soy un tipo bastante tranquilo, pero hay un límite de cuántas veces puedes escuchar a tu amante decir el nombre de alguien más mientras duerme. —Draco lo miró fijamente—. Sabía que no era su culpa, no podía controlar lo que estaba pasando en esa cabeza suya que tú jodiste. Pero se sentía culpable y no sabía qué hacer. Decidimos que se debía tomar un año para arreglar todo en su mente. Para entender lo que en verdad quería. —Charlie le dio un trago a su cerveza y puso la botella sobre la barandilla.
Draco pasó saliva con dificultad.
—¿Cuándo terminó el año?
—La semana pasada. —Charlie miró por encima de su hombro, hacia donde Harry seguía platicando—. Creo que es bastante obvio a quién desea.
—Es su elec… —comenzó Draco, poniéndose a la defensiva, pero fue interrumpido cuando los dedos de Charlie apretaron su garganta de repente. Luchó para liberarse, pero los dedos se apretaron, ahorcándolo.
—Sólo quiero dejarlo perfectamente claro —susurró Charlie a su oído—. Si le das a Harry la más mínima razón para dudar de su decisión, si lo lastimas, vendré por ti y nadie encontrará tu cuerpo cuando termine contigo. Luego, recogeré las piezas rotas y volveré a armar a Harry como lo hice el año pasado. Le haré el amor día y noche hasta que el único nombre que recuerde sea el mío. ¿Entendido? —Draco asintió; no podía hacer otra cosa. Charlie soltó su cuello y palmeó su hombro. Levantando su cerveza, sonrió: la sonrisa amplia de los Weasley—. Un placer haber tenido esta pequeña plática. —Se alejó de Draco y desapareció en la casa.
Harry se acercó a Draco un rato después; estiró la mano y sonrió.
—Ven aquí. —Y juntos bajaron la escalera en espiral, hacia su habitación. Aliviado por estar lejos del ruido de la multitud y la música, Draco miró a Harry. Su rostro estaba tenso y el rubio se preguntó qué iba a decir a continuación. Harry se sentó con las piernas cruzadas sobre la mesa. Después de un rato, Draco se le unió. Harry estiró la mano de nuevo y tomó la del rubio con fuerza—. Necesito contarte lo que pasó la víspera de Navidad.
Draco retiró su mano.
—No, no lo hagas. Comencemos…
—Tengo que hacerlo… Charlie me regaló un pensadero para Navidad. Fue su no muy sutil forma de decirme que dejara de ser tan idiota y viera los recuerdos.
—Te regaló un pensadero —dijo Draco sin poder creerlo.
Harry rio.
—Sí. Y un recuerdo. Del Torneo de los Tres Magos, el día de los dragones.
Draco lo miró confundido.
—¿Y qué tenía él que pudieras haber perdido?
—No sabría decirte porque, mientras estábamos mirando el recuerdo, tuve una especie de convulsión. Me desmayé. Él tuvo que sacarme de ahí.
Draco sintió que la sangre abandonaba su cabeza.
—¿A qué diablos te refieres con una convulsión?
—El recuerdo activó algo que había sido eliminado. Los Weasley llamaron a la sanadora a la Madriguera, y ella se aseguró de que no hubiera daño alguno. Pero parecía una mejor idea quedarme allá y descansar, en vez de venir acá a la mitad de la noche. De haber sabido lo que ibas a pensar, nunca lo habría hecho.
—Por Circe —dijo Draco, mirándolo sin expresión—. Entonces, ¿no podrás ver los recuerdos? —Respiró profundamente—. No hay problema, podemos…
—Espera, hay más. Al día siguiente, fui a San Mungo… —Draco escuchó mientras Harry le explicaba lo que la sanadora le había dicho acerca de los injertos de memoria—. Entonces, necesitamos ir a ver a las sanadoras, juntos. Ver qué podemos hacer —concluyó Harry.
—Pero si hay algún riesgo, no lo vamos a hacer —dijo Draco con determinación.
—Por lo que Watson me dijo, hay más riesgo si no lo hago. —Harry se sonrojó ligeramente—. En tanto estés dispuesto, el injerto es la mejor oportunidad de prevenir una, em, ruptura de tela.
Draco cerró los ojos, frotándoselos con las palmas de las manos.
—¿Y qué, por Salazar Slytherin, es una ruptura de tela?
—Es algo malo. Podría terminar como Lockhart.
De inmediato, Draco recordó al ex profesor de Hogwarts, en el cuarto de arte en el Centro, tratando infantilmente de pintar un retrato de sí mismo en el papel, con líneas de pintura amarilla que apenas podían llamarse un rostro.
—¿Por qué Snape nunca me dijo todo esto? —exclamó Draco—. ¿Cómo pudo enseñarme el hechizo y dejarme usarlo?
—Estoy seguro de que pensaba que el fin justifica los medios. Así como dejó que Voldemort matara a Burbage. —Draco se estremeció por las palabras del moreno. Aún podía ver a la profesora, gritando por su vida—. Quizá no sabía lo que en verdad hacía, pero lo más probable es que simplemente aceptara el riesgo —dijo Harry. Draco, conociendo el odio que su padrino le tenía a Harry, pensé que lo más probable era que no le había importado.
Harry se levantó y caminó hacia el clóset. Lo abrió y sacó un gran regalo envuelto.
—No quería abrirlo hasta que regresaras.
Draco sonrió.
—No tenías que esperar.
—Sí tenía que hacerlo. Porque quiero que esto sea un nuevo comienzo para ambos. —Harry le dio a Draco un pequeño regalo—. Abre el mío primero. —Draco desenvolvió el regalo con cuidado y retiró la tapa de la caja. Descansando en fieltro negro, estaba una snitch dorada de práctica. Alzó la mirada con curiosidad, para ver al moreno—. Volví a leer las cartas de Cedric. Escribió algo acerca de que nos escapábamos para jugar al buscador por las noches, antes de que fuéramos siquiera amigos. Pensé que podría ser un buen lugar para comenzar de nuevo.
Draco sonrió cuando tomó la snitch y sintió que batía sus alas contra su mano.
—Gané el primer juego que jugamos.
El rubio estaba feliz por poder decirle a Harry algo que había pasado, y no estar preocupado por cómo reaccionaría.
Harry rio.
—Bueno, en cuanto me dejen volar de nuevo, veré si puedo redimirme.
—No es muy justo que digamos, dado que no he jugado desde quinto.
—Bien. Eso quiere decir que tendremos que jugar mucho para que puedas llegar a mi nivel. —Draco rio y luego le dio a Harry su regalo.
El moreno rompió el papel. Por la textura del paquete, había adivinado que iba a ser un dibujo o algo enmarcado. Contuvo el aliento cuando vio la pintura. Draco lo había pintado, sentado en la mecedora, en una habitación de la Madriguera, con Teddy acurrucado en su regazo. Los ojos de Teddy bailaban con emoción. Harry estaba sonriendo sólo un poco, mientras hacía que los dragones se elevaran de las manos de Teddy. A diferencia del dibujo que Harry había visto, en el que estaban bailando los dos, hecho con simples líneas de tinta, éste estaba hecho con pinturas acrílicas. El rico color y textura hacían que la pintura cobrara vida. Draco se removió en su asiento, incómodo, mientras Harry estudiaba su regalo. Finalmente, el moreno lo miró.
—Esto es extraordinario.
Draco sintió cómo se sonrojaba.
—Lo comencé antes de que el ministerio te regresara todas las fotos. Quería que tuvieras algo para poner en las paredes, que hiciera que este espacio fuera más tuyo.
—Gracias. Me encanta. —Harry lo miró de reojo—. En verdad lamento lo que tuviste que pasar esta semana, por culpa mía. En cuanto…
Draco negó con la cabeza.
—No importa. No fue nada, comparado con el año pasado, o incluso el anterior a ése. —Tuvo que controlar el escalofrío que recorrió su cuerpo. Harry lo miró—. En serio, Harry. El hecho de que haya una oportunidad de que comencemos de nuevo, hace que valgan la pena unas cuantas noches sin poder dormir. —Miró fijamente al moreno—. Sólo para estar seguro, ¿tú y yo estamos juntos, como, em, saliendo? ¿O simplemente quieres ver si, em, si quizás tú…?
—Merlín, tartamudeas tanto como yo —dijo Harry riendo—. ¿Qué es lo que tú quieres?
—Lo quiero todo, pero estoy dispuesto a ir tan lento como tú lo necesites, para que te sientas cómodo con esto —dijo Draco sin dudarlo.
Harry tomó la snitch de la mano de Draco, juntó sus dedos y apretó.
—Creo que hemos estado dirigiéndonos a esto por mucho tiempo. De hecho, desde que regresé en noviembre. En ese entonces, le conté a Hermione que, si nos hubiéramos acabado de conocer, si no tuviéramos toda esta historia detrás de nosotros, habría querido invitarte a salir. Me gustas. —Draco vio cómo un intenso sonrojo cubría las mejillas de Harry—. Quiero que salgamos, pero también sé que tengo que entender todas las cosas extrañas que están en mi cabeza. —Draco lo miró confuso, por lo que Harry explicó—. Tengo muchos sueños. Acerca de nosotros dos. Necesito acomodar en mi cabeza lo que es real y lo que son sólo sueños.
—Puedo ayudar con eso —dijo Draco.
Harry asintió.
—Más te vale, porque la mitad del tiempo que te veo, me llegan recuerdos y me vuelve loco no saber lo que significa todo eso.
—¿Por qué esperaste tanto? —preguntó Draco—. Habría contestado cualquier pregunta, te habría contado lo que necesitaras saber.
Harry se mordió el labio y Draco estiró una temblorosa mano, para repasar los labios del moreno con el pulgar, acunando mandíbula.
—¿Porque soy un estúpido y testarudo idiota? —ofreció Harry, sin respiración. Draco estaba temblando por el trabajo que le costaba no empujar a Harry contra la cama y hacerle el amor. Cuando Harry giró la cabeza y besó la palma de su mano, Draco gruñó.
—Yo, oh dioses, Harry… Necesito… —Draco se inclinó hacia delante y lo besó. Para su alivio, Harry se hizo para atrás, hundiéndose en la cama, jalando a Draco consigo. Draco gruñó por el esfuerzo que significaba no restregarse contra él. Lo último que quería era espantar a Harry. Recorrió el cuello del moreno con besos, y lamió el rápido latido del pulso del moreno.
—Definitivamente, esto era parte de los sueños —dijo Harry, sin poder respirar, cuando Draco se enderezó para tomar aire. El rubio se obligó a apartarse del moreno.
—Deberíamos esperar. Quiero que estés seguro…
Harry rio.
—Piensa que soy un fácil para una primera cita; estoy seguro de que quiero esto… —Trató de abrazar el cuerpo de Draco con sus piernas, para mantenerlo cerca, pero Draco se alejó de él. Harry lo miró; su cabello había caído hacia delante y el rubio lo retiraba de sus ojos con impaciencia.
Draco negó con la cabeza, con la respiración agitada.
—Quiero que vengas conmigo a Hogwarts primero —dijo—. Quiero que sepas lo que tuvimos. Es importante para mí. No quiero que esta sea nuestra primera cita, quiero que sea nuestra milésima cita.
Harry se enderezó y Draco lo miró. Su resolución flanqueó un poco cuando vio que la camisa de Harry, de algún modo, había sido desabotonada. No recordaba haberlo hecho.
—¿Y si los injertos no funcionan? ¿Y si no puedo recuperar la memoria?
—Aún podré contarte todo. Puedo mostrarte los dibujos, podemos leer los diarios juntos, puedo mostrarte abajo. —Cuando Harry lo miró confundido, continuó—. Solíamos llamar "abajo" al lugar donde nos veíamos. Era en la base de la torre oeste, en los viejos vestidores de Quidditch.
Harry asintió.
—Tiene sentido, porque veo vestidores en mis sueños. Siempre me confundieron, dado que no se parecían a los que recuerdo, en el campo de Quidditch. —Fijó su mirada en el rubio, dirigiendo sus dedos hacia los botones de la camisa de Draco. Éste puso su mano sobre la del moreno—. Me estás matando, ¿lo sabes?
Draco negó con la cabeza. No podía creer que estaba deteniendo a Harry.
—La otra razón por la que deberíamos esperar es porque, allá afuera, hay probablemente un ciento de personas en tu casa. Y lo más seguro es que estén apostando con lo que estamos haciendo ahora mismo.
—Déjalos —dijo Harry riendo—. Van a hacerlo de todas formas.
—Sí, bueno, no estoy dispuesto a que una pandilla de Gryffindors haga dinero aprovechándose de mi vida sexual. —A regañadientes, se levantó y, después de un rato, Harry lo siguió. Draco estiró los brazos y comenzó a abotonar la camisa de Harry. Se detuvo y la volvió a desabotonar.
Harry rio.
—¿Cambiaste de opinión? —Estiró los brazos para hacer lo mismo, pero Draco negó con la cabeza. Cuando la camisa cayó al suelo, Draco repasó la larga cicatriz que recorría el torso de Harry, de atrás para adelante, con su mano.
—¿Ésta es la del colacuerno? —Harry asintió—. ¿Y ésta? —Draco tocó el hombro de Harry, en la telaraña de tejido cicatrizado que resaltaba en su bronceada piel.
Harry la miró.
—El Fuego Maldito.
—De cuando… —Draco vaciló. Aún tenía pesadillas, en las que estaba atrapado en esas llamas. Harry asintió—. ¿Y ésta? —Draco tocó la cicatriz irregular en el centro de su pecho.
—Cicatriz de maldición —dijo Harry en voz baja. Cerró su mano sobre la de Draco—. Tengo muchas cicatrices, Draco. Podríamos estar aquí toda la noche.
—Cicatriz de maldición. ¿Te refieres a una cicatriz del Avada Kedavra? —preguntó Draco. Miró la frente de Harry y luego su pecho—. Ésta es mucho más grande y accidentada.
—¿Accidentada? Eso no aplica —dijo Harry entre dientes. Estiró la mano y repasó el cabello del rubio.
—Contesta la pregunta.
—Sí, fue culpa de Voldemort, y sí, es más grande. Supongo que la cicatriz crece con la persona. Tenía sólo un año cuando me hizo la primera cicatriz. —Draco repasó la cicatriz con la punta de sus dedos, y Harry contuvo el aliento.
—Ya no te duele, ¿verdad? —preguntó Draco, alarmado.
—No, pero no estás ayudando a la causa de querer esperar —murmuró Harry. Rodeó la cintura del rubio con los brazos, juntando sus caderas—. Podría mostrarte todas mis cicatrices.
Draco se apartó cuidadosamente.
—Si comenzamos eso, definitivamente no vamos a salir de aquí en días.
Harry asintió.
—Cierto. —Comenzó a abotonarse la camisa—. Supongo que debería mostrar algo de interés en lo que está sucediendo en la casa.
—Confiaste mucho en George Weasley, como para darle control total de tu casa y de la fiesta.
—Me puse de acuerdo con él para promocionar los "Nuevo Tú" —dijo Harry con una sonrisa—. Ya vendió todo lo que tenía guardado, y tiene una lista de espera de seis meses. Creo que ya está planeando qué otros productos puedo ayudarle a promocionar.
Draco miró el techo, al escuchar los sonidos de una larga ovación.
—Entonces, ¿quieres regresar allá arriba?
Harry hizo una mueca.
—No, vayamos abajo, quiero escuchar ese álbum de nuevo. —Mientras salían por la puerta, Harry lo miró con curiosidad—. ¿Cómo juntaste todas esas canciones en un álbum?
—Se llama magia, Potter —dijo Draco con una sonrisa—. Me dio mucho gusto cuando supe que ya tenías un tocadiscos.
—¿Andrómeda te contó?
Draco asintió.
—¿Cuándo la compraste?
—El día que fui con Fleur a comprar muebles. La vi en la ventana de una tienda y supe que tenía que tenerla. Quizás ahí fue cuando comencé a entender que regresar a ti era tan inevitable como respirar.
—Gracias a Merlín por eso —susurró Draco contra su boca, mientras acercaba al moreno para besarlo otra vez.
OoOoOoO
Harry se despertó en la mañana y se estiró. La luz del sol que entraba por la ventana le indicó que había dormido hasta más tarde de lo que lo había hecho en mucho tiempo. Aunque, era probable que fuera de los primeros que se habían levantado, de entre toda la gente que se quedó. Había deseado que Draco estuviera dispuesto a quedarse, pero el rubio había insistido en regresar al Centro. Se iban a ver después del almuerzo.
Harry se vistió y bajó las escaleras. La sala de estar estaba llena de cuerpos dormidos. Cubrían cada superficie, y sabía que los cuartos de invitados también estaban llenos. Harry rio en voz baja cuando vio una mesa que estaba al centro del cuarto, con un pequeño anuncio rotante que decía "poción para la resaca". George sí había pensado en todo. Harry se dirigió a la cocina. Kreacher lo miró por encima del hombro, desde donde estaba friendo salchichas en varias sartenes. Harry se sirvió una taza de café.
—¿Harry Potter quiere desayunar ahora?
—No, Kreacher, esperaré a que algunos de los otros se despierten. —Se giró y ya iba a regresar arriba, cuando vio a Hermione bajando las escaleras. La chica lo miró con una sonrisa—. ¿Lista para un poco de té, o café?
—Té, por favor —dijo Hermione—. Así que, ¿la cabeza no te duele esta mañana? Puede que tú y yo seamos los únicos que no estemos aprovechando la poción para resaca de George. —Kreacher puso una taza de té frente a Hermione, antes de que Harry pudiera alcanzarla. Ambos se sentaron a la mesa, el uno junto al otro.
Harry sonrió.
—No, no bebí mucho. Quería estar lo suficientemente sobrio para hablar con Draco, si se presentaba. Después… bueno, no bebí mucho.
—Bueno, tú y Draco… —Hermione sonrió de oreja a oreja.
Harry asintió.
—No puede sorprenderte.
—No, ustedes son buenos el uno para el otro. Sólo necesitabas estar listo, y creo que ahora lo estás. Pero, ¿lo del baile de anoche? Eso fue una sorpresa.
—Ni me lo digas. —Harry sabía que se estaba sonrojando.
—Probablemente, es lo más sexy que he visto en mi vida —dijo Hermione, mientras una sombra rosa cubría su rostro—. Y apuesto a que no vas a decirme lo que te estaba susurrando al oído.
—Ni aunque me amarraras con Lazo del Diablo y me encerraras en un cuarto con un escreguto de cola explosiva.
—¿Y las canciones que escogió?
—Siguiente pregunta.
—¿Dónde está Draco ahora? —Hermione alzó la mirada—. ¿Arriba? Para ser honesta, no pensé que alguno de los dos fuera a salir en algún momento del día.
—Regresó a sus habitaciones en el Centro, como a las 3 —dijo Harry—. Nos veremos más tarde.
—Hmmm. —Hermione le dio un trago a su té y lo estudió por encima del borde de la taza—. ¿En serio? Los dos parecían estar atrapados en la mirada del otro —dijo, sonriéndole con dulzura.
—Estás tratando de hacer que esto me resulte lo más incómodo posible, ¿verdad?
—Lo tienes bien merecido, por el susto que nos diste la semana pasada. —Hermione lo miró—. Vas a contarle, ¿no es cierto?
Harry asintió.
—Ya lo hice. Bueno, casi todo. Iremos a ver a Watson juntos, y pensaremos en un plan.
—Si necesitan ayuda, sólo díganme —dijo Hermione—. Probablemente tenga unos cuantos recuerdos para agregarlos, una vez que Draco haya compartido los suyos.
—¿En serio?
—Sólo unos momentos que el Ad Credo había ocultado de mi consciencia. Una vez te vi escondido, debajo de tu capa, en la biblioteca con él. Pude ver sus pies.
Harry se le quedó viendo.
—Mencionó eso anoche, dijo que casi nos atrapas.
Hermione se inclinó hacia delante y cantó suavemente.
—I can't get no satisfaction…
—¡Hermione! —Harry se hizo para atrás—. ¿Cómo supiste acerca de eso?
—¡Lo sabía! ¡En cuanto la canción comenzó anoche, recordé que la estabas tarareando en la biblioteca!
—Sí, bueno. Las canciones son de cosas diferentes que pasaron.
Hermione estiró los brazos y lo abrazó de la nada.
—Estoy muy feliz por ti, Harry. Y me sentiré tan aliviada una vez que comiencen con los injertos. Entre más pronto estés estable, mejor.
—Si se puede hacer —dijo Harry. No quería pensar en lo que podría pasar si los injertos no servían, o si empeoraban las cosas.
—Sí servirá —dijo Hermione con determinación.
OoOoOoO
Harry estaba en el lobby del Centro, esperando a que Draco saliera de su última sesión grupal del día. Finalmente, vio al rubio caminando hacia él, vistiendo ropa muggle. Draco se detuvo frente el moreno, con la cara seria.
—¿Todo en orden?
—Sólo estoy nervioso; más que nervioso, para ser honesto. Aterrorizado. Pero no hay opción —dijo Draco. Miró a Harry—. ¿No te disfrazarás?
Harry negó con la cabeza.
—Sólo si tú me pides que lo haga. Pasaremos a la oficina de McCain directamente desde la de Watson, así que nadie nos verá. Además, el secreto ya fue revelado. —Harry no sabía quién, pero alguien en la multitud de la fiesta había conseguido sacar fotografías de Harry y Draco mientras bailaban y se besaban en la fiesta. El tabloide había estado publicando historias toda la semana acerca de la fiesta y lo que había pasado entre ambos. George se había disculpado profundamente. Se suponía que nadie iba a llevar cámaras, pero no le sorprendió a Harry que uno o más de esos aparatos hubieran pasado la puerta.
Draco asintió.
—De acuerdo, vamos.
Diez minutos después, estaban esperando en la oficina de Watson. La mujer los saludó con una cálida sonrisa.
—Un gusto conocerlo, señor Malfoy.
Draco hizo un gesto pero no dijo nada. Miró a la sanadora expectante.
—¿Cuánto le ha contado Harry?
—Me contó acerca de lo que pasó cuando miró en el pensadero. Y lo de la tela de memoria. Y que ustedes piensan que se pueden hacer injertos de memoria.
—Muy cierto. ¿Y usted entiende que necesitamos que esté dispuesto a compartir los recuerdos?
—Eso no será un problema —dijo Draco rápidamente—. ¿Cómo se hace, con exactitud?
—El proceso es diferente que sólo ver en un pensadero. Y tomará semanas, meses posiblemente, dependiendo de cuánto tiempo sean capaces de dedicarle a esto, y cuán receptiva sea la mente del señor Potter a los nuevos, o bueno, viejos recuerdos. Comenzaremos dándole al señor Pott…
—Llámeme Harry, por favor —dijo el moreno, removiéndose incómodo—. Lo prefiero así, en especial si vamos a estar haciendo esto por meses.
Draco vaciló y luego se encogió de hombros.
—Draco.
Watson miró a Harry.
—Muy bien, Harry. Para prevenir que el shock que tuviste antes vuelva a suceder, prepararemos una poción que tomarás antes de cada sesión. Te pondrá bajo una especie de trance.
—¿Cuáles son los ingredientes activos en la poción? —preguntó Draco con aspereza.
—Valeriana, lavanda y asfódelo —dijo Watson.
—¿Asfódelo? —Draco alzó las cejas al mirar a la sanadora. Harry recordó que Draco había sido, usualmente, el mejor alumno en la clase de Snape.
—Sí, un ingrediente peligroso pero necesario. Le aseguro que la poción será preparada con el mayor de los cuidados.
—¿Cuánto tardan en preparar la poción?
—Tres días, y tiene una estabilidad en anaquel de un mes —dijo Watson—. Permítanme explicarles el resto del proceso y, si deseas ver las instrucciones de preparación y la lista completa de ingredientes, con gusto las compartiré contigo.
La sanadora siguió hablando.
—Harry tomará la poción. Una vez que comience a trabajar y esté relajado, se sentarán el uno al lado del otro, agarrados de las manos, o al menos tocándose. Yo formaré con un hechizo unos lazos temporales entre ustedes dos. Esto nos dará la estabilidad que necesitamos para prevenir cualquier shock. Luego, Draco, sacarás un recuerdo, como si lo fueras a utilizar en un pensadero, pero luego harás un lazo de unión con el hechizo Insitionis Memoria, lo que permitirá que ambos sean capaces de ver y escuchar el recuerdo. Una vez que se termine el recuerdo, Draco podrá terminar el lazo Memoria y nosotras revisaremos la tela de memoria, para asegurarnos de que todo esté funcionando como esperamos. Ante cualquier señal de problema, terminaremos la sesión y reevaluaremos el proceso.
Draco palideció un poco.
—¿Ustedes verán los recuerdos con nosotros?
—No, claro que no. —Watson le sonrió—. Sólo serán tú y Harry. Si sucede algún problema, puedes sacarlo del recuerdo y nosotras estaremos aquí, esperando.
—Vale. No suena tan mal. ¿Harry?
Harry sólo asintió.
—No tenemos elección, así que estoy más que dispuesto a intentarlo.
—Muy bien. Comenzaré a realizar la poción mañana, así que podremos comenzar el lunes que viene.
Harry miró a Draco.
—¿Podrás salirte de trabajar otra vez?
Draco asintió.
—McCain y David me dijeron que me tomara todo el tiempo que necesitara para hacer esto. —Miró a la sanadora—. ¿Podría llevar a Harry a Hogwarts, para mostrarle el lugar donde solíamos vernos? ¿O deberíamos esperar…?
—No, de hecho, pasar los siguientes días así sería una muy sabia decisión. Creo que ayudaría a que Harry sea más receptivo a los injertos. —La sanadora miró a moreno—. No he visto ningún anuncio de que Hank Black no jugará durante la temporada que viene.
Harry se movió incómodo en su asiento.
—No, no le he dicho a los Cannons aún.
—¿Por qué no?
—Porque espero que esto funcione y aún sea capaz de volar.
—Aunque tuviéramos éxito, le tomará meses a tu memoria ser estable de nuevo. Le debes al equipo el avisarles que no podrás jugar con ellos al inicio de la temporada.
Draco y Harry salieron de la oficina de la sanadora. Harry miró a su alrededor y señaló hacia una pequeña sala de espera.
—¿Qué piensas?
—No estoy seguro. —Draco se pasó una mano por el cabello. Harry siguió el movimiento con la mirada. El recuerdo que tenía de Draco Malfoy en la escuela siempre incluía el cabello perfectamente peinado hacia atrás. Ahora, Draco llevaba el cabello corto, por lo que caía naturalmente alrededor de su rostro. Un mechón cayó hacia delante, sobre su frente. Vacilando, Harry estiró la mano y lo acomodó detrás de su oreja. Draco lo miró y tomó su mano. Bajando la mirada, repasó los nudillos de Harry con el pulgar—. He estado esperando demasiado tiempo para compartir los recuerdos, pero no pensaba que fuera a ser tan complicado.
—¿Cuántas horas de recuerdos crees que sean? —preguntó Harry. Se había estado preguntando cuánto tiempo habían pasado en verdad, juntos. No podía imaginar cómo habían conseguido alejarse de sus amigos para encontrarse. Draco negó con la cabeza.
—No lo sé. ¿Cientos, tal vez?
—¿Tantas? —dijo Harry, mirándolo sorprendido—. ¿Cómo fue posible que nos viéramos tanto?
—En cuarto fue más fácil, porque le decías a tus amigos que estabas estudiando con Cedric, o entrenando para el Torneo. En quinto fue más complicado. Había veces en las que no nos veíamos en una semana. Muchas veces, nos íbamos a escondidas abajo, a través de los túneles, después del toque de queda.
—¿Túneles?
—Te los mostraré. ¿Cuándo deberíamos ir a Hogwarts? —preguntó Draco.
—¿Mañana? —preguntó Harry—. ¿O deberíamos ir ahora mismo?
Draco rio.
—Son casi las tres. El sol se pondrá en una hora, más o menos.
—¿Qué importa? Los alumnos regresarán el día después de mañana. Preferiría hacer esto antes de que el Expreso llegue a Hogsmeade.
Draco asintió lentamente.
—Supongo que no hay razón para no ir ahora —dijo, para luego mirar a Harry—. ¿No te preocupa que esto esté yendo tan rápido?
—¿Rápido? He estado obsesionado con esto por un año, más de un año. Ahora que hay una oportunidad de obtener respuestas, quiero hacerlo.
—De acuerdo —dijo Draco—. Vayamos a Hogsmeade.
Se dirigieron al punto de aparición en San Mungo, ignorantes de las curiosas y evidentes miradas que estaban obteniendo de los que pasaban. Harry miró al rubio.
—¿Nos vemos detrás del Cabeza de Puerco?
Draco negó con la cabeza.
—Llévame contigo. —Harry asintió ligeramente y rodeó a Draco con los brazos. Lo último que vio fueron las sorprendidas miradas de los que estaban a su alrededor, cuando se desaparecieron.
(1) Las Perseidas son una lluvia de meteoritos de actividad alta; es la más popular en el hemisferio norte, dado que ocurre en agosto.
(2) El lago Serpentine (Serpentino, en español) está en el Hyde Park en el centro de Londres, Inglaterra. Se creó en 1730 cuando la Reina Carolina, esposa de Jorge II, ordenó que se construyera una represa en el río Westbourne. Actualmente, el lago es provisto de agua bombeada desde el Támesis, ya que debido a la contaminación del río Westbourne, éste cesó de proveer agua al lago en 1834. El lago adquiere su nombre por su forma curvada, parecida a la de una serpiente. Se ve muy bonito; les recomiendo buscar una imagen…
**En este capítulo ya tenemos los títulos de las canciones, por si quieren buscarlas…
Notas de la autora:
Correcto. Entonces, lo amaron o lo odiaron. Háganmelo saber.
Para ahorrarme algunas preguntas de antemano: no puse advertencia del HP/CW al inicio de la historia por obvias razones, pero sí, era parte del plan desde el inicio. La fecha de nacimiento de Charlie, según la Wiki HP, es el 12 de diciembre de 1972. De ese modo, tendría 25 cuando Harry tenía 18, durante su relación. Planeo escribir una historia paralela acerca del tiempo de Harry en Rumania. Siento que faltan sólo tres capítulos más de Twist. Me emociona escribir el siguiente capítulo, ambientado en Hogwarts. Es como regresar a casa, el volver a los vestidores (para Draco y para mí misma).
Nota especial:
Este capítulo marca un parte aguas en mi experiencia como lector y, subsecuentemente, como traductor. Para cuando llegué por primera vez a este capítulo, estaba preparado para maldecir a la autora (sorry, Marty! :D ) por todo lo que estaba haciendo, que no me estaba agradando mucho. Digamos que se redimió totalmente cuando leí el discurso de Draco, cada palabra que dijo. Entonces, créanme cuando les digo que este discurso fue uno de los más significativos, para mí, que he tenido el placer de traducir.
Como lector consumado, me he formado una hipótesis: dentro de la historia, X historia, cuando encuentras la razón para el título, encuentras la mejor parte. Y eso me pasó con el discurso de Draco, cuando le dice a Harry que por un giro del destino se juntaron… Para mí, fue lo más intenso.
Y, sí, como todo lo bueno también termina, entramos ya a la recta final de la historia. Veremos qué pasa ahora que han decidido hacer algo con los recuerdos.
Bueno, eso es todo de mi parte por hoy; espero sus comentarios.
Adigium21
