Notas de traductor:

¡Hola, gente! Gracias a SlyfherinCriss, Dolce, Kaith Jackson, Black Amaranthine, kawaiigiirl, Lunatica Dark, MisakiUchiha17, Sayuri, catzeruf, toxica666, Acantha-27, SARAHI, Adriana11, jessyriddle, Spngirl29, Oduvanchik Dandelion, holyhead 21, xonyaa11 y un Guest por comentar en el capítulo anterior… Me encantaron sus reacciones, creo que a todas (os) les gustó el Charlie/Simon (no recuerdo si lo mencionan más en la historia, ya veremos). ¡Y gracias por todas sus palabras, son los mejores lectores del mundo mundial!

Bueno, en este capítulo llega lo que, según yo, hemos estado esperando desde que Harry llegó de Rumania. ¡Necesitaremos un ventilador!

Disfruten...


Aterrizaron en un remolino de color en el callejón. Había una ligera ventisca de nieve en el suelo, y la fría brisa silbaba por el callejón. Harry aflojó su agarre de la cintura del rubio, pero se quedó abrazándolo casualmente.

—¿Por qué no vamos a tomar algo al Cabeza de Puerco, antes de subir al castillo? Le mandaré un patronus a McGonagall, para avisarle que vamos en camino.

—¿El Cabeza de Puerco? —Draco negó con la cabeza—. No, allí no.

—¿Por qué no? —Harry lo miró confundido.

Draco lo miró, como si la respuesta fuera obvia.

—Aberforth Dumbledore.

—Aberforth es un buen hombre.

—¡Fui a juicio por tratar de matar a su hermano, Harry!

—Pero escuchó la verdad, junto con todos nosotros. Además, él sabía que su hermano estaba muriendo…

—Aun así…

—Créeme, estará bien. Aberforth, más que cualquiera, entiende que uno tenga esqueletos en el armario —dijo Harry (1). Sacando su varita, hizo un patronus y el ciervo salió del callejón, galopando hacia el castillo—. Vamos. —caminaron hacia el pub. Draco entró detrás de él, vacilante. Aberforth Dumbledore alzó la mirada cuando entraron.

—Harry. No creí que te vería tan pronto.

—Hola, Aberforth. ¿Recuerdas a Draco?

—Claro. Draco Malfoy —dijo Aberforth, asintiendo—. ¿Cuál es tu veneno?

Draco saltó y habría girado sobre sus talones, dirigiéndose hacia la puerta, pero Harry tomó su mano y no lo dejó irse.

—No es gracioso, Aberforth. Ambos tomaremos whisky de fuego. De Ogden.

Aberforth hizo un gesto hacia los bancos con la cabeza.

—Siéntense, entonces. No se queden parados como si fueran de primer año. —Puso tres vasos en la barra y, con una mano acostumbrada a hacerlo, sirvió tres tragos. Les pasó dos a Harry y Draco y tomó el tercero para él mismo. Alzando el vaso, dijo: —Por una vida normal.

Harry rio y negó con la cabeza.

—Por una vida normal. —Y le dio un trago a su whisky.

Draco los miró.

—¿De qué me estoy perdiendo?

Harry sonrió.

—Unos días después de la batalla, me metí aquí a escondidas, bajo mi capa, para hablar con Aberforth. Me la pasé quejándome de que todo lo que quería era ser normal, vivir una vida normal. Y él —dijo, apuntando al hombre con el vaso—, me dio el sermón que necesitaba. Me dijo que despegara el trasero del suelo, aceptara las cosas y continuara mi camino. —Harry miró a Aberforth—. Habría sido mejor que este año recordara eso más veces.

—Tienes mucha razón, pero por lo que veo, has conseguido entenderlo por fin. —Aberforth los miró a ambos—. Van al castillo, ¿no es cierto?

Harry asintió.

—Acabo de mandarle un patronus a McGonagall, para avisarle.

—¿También irás a ver el retrato de Albus? —preguntó Aberforth, mientras sacaba un trapo, que bien podría haber estado limpio hacía una década o dos, y comenzó a limpiar un vaso (2).

Harry comenzó a repasar el diseño de la madera de la barra con el dedo.

—Quizá no en este viaje. Todavía necesito leer su carta.

—Harry —dijo Aberforth, negando con la cabeza—. No lo retrases demasiado, hijo. Entiendo que éste no es ese tipo de viaje —dijo, mirando a Draco—. Pero, tarde o temprano, tienes que arreglar las cosas con Albus.

Harry asintió.

—Lo sé. Y lo haré, solo no hoy. Deberíamos irnos. Gusto en verte, Aberforth. —Se levantó y se acabó el whiskey de fuego de un trago. Draco dejó el suyo sobre la barra y salió con Harry.

—¿De qué va todo eso? ¿Con Dumbledore?

Harry hizo un gesto.

—Aún tengo algunos asuntos pendientes con él. Pero —Se encogió de hombros—, creo que eso también se resolverá.

Draco dudó y luego estiró los brazos, para acercar a Harry.

—Sabes que yo no tenía idea de que iba a hacerte lo que te hizo, ¿verdad? Traté de convencerlo de que…

Harry se inclinó hacia delante y lo besó.

—Lo sé, está bien. ¿Estás listo para esto?

Draco entrelazó sus dedos y comenzó a caminar por el sendero que llevaba al castillo.

—¿Honestamente? Estoy aterrorizado, ahora que estoy aquí contigo.

—¿A qué te refieres?

—Bueno, he querido hacer esto por mucho tiempo; sólo tengo miedo de arruinarlo todo. Si no puedo hacer que entiendas…

Harry se detuvo. Draco sintió el jalón en su mano y miró hacia atrás. Harry lo miró fijamente.

—Sé que quieres que las cosas sean como lo fueron, pero estoy aquí contigo, ahora, porque me gustas en verdad. Eso va a ser cierto tanto si recupero los recuerdos como si no. Si sólo quieres estar conmigo en tanto las cosas sean como antes, entonces…

Draco ya estaba negando con la cabeza.

—No, lo sé, eso no es a lo que me refería. Sólo quiero que entiendas lo que significas para mí. Al lugar al que vamos es el primero en el que fui capaz de ser quien quería ser. No tenía que ser el títere de mi padre. Y eso fue gracias a ti y a Cedric.

—Pero la otra noche dijiste que no querías una primera cita. Que querías una milésima cita. —Harry no había querido admitirlo, pero eso lo había estado molestando, y suponía que sería mejor expresarlo ahora, antes de que las cosas fueran muy lejos.

Draco asintió.

—Eso es cierto. Sí dije eso. Quiero que entiendas todo, pero si continuamos desde donde estamos, también estará bien. Sé que todavía no puedes amarme, y quizá nunca lo harás…

—Creo que nos estamos adelantando un poco —dijo Harry. Mirando a su alrededor, se dio cuenta de que estaban parados a la mitad de Hogsmeade, y las personas del pueblo se habían detenido y los estaban mirando descaradamente—. Vayamos al castillo, se está haciendo tarde… —Tenía miedo de que alguien se opusiera a que Draco estuviera ahí, y ese tipo de problema era lo último que Harry necesitaba en ese momento.

Se dirigieron al castillo. Harry no pudo evitar pensar en cuán diferente era ese viaje, comparándolo con la última vez que había estado ahí, en mayo. Después de ese viaje, fue cuando Draco le mandó al caricatura; la primera señal de una amistad entre ellos. Miró a Draco de reojo.

—¿Por qué hice que George y Fred te convirtieran en canario?

La sombría expresión en el rostro del rubio desapareció, cuando comenzó a reír. Debería reírse más seguido, pensó Harry, sin que viniera al caso.

—Te había estado molestando mucho esa semana. Habíamos estado volando y estudiando abajo. Y temía que los Slytherins estuvieran sospechando algo. Entonces, me porté muy grosero contigo en las clases y los pasillos esa semana. Y me la pagaste como me lo merecía.

—¿Con una tarta de crema de moras adulterada? —preguntó Harry, recordando el dibujo.

—Sí —dijo Draco—. Malditos Gryffindors, se la pasaron trinándome por meses después de eso.

—Pero todo eso desapareció con todos los recuerdos. Uno pensaría que recordaría eso. Sólo recuerdo los, em, chistes de hurones.

Draco lo miró.

—Quizá porque ahí fue cuando entendí que estaba realmente en problemas.

—¿Problemas?

—No podía, bueno, hacer como que ya no me agradabas —dijo Draco—. Así fue antes de que comenzáramos a vernos.

—Es un poco difícil decir "saliendo", cuando en realidad nunca tuvimos una cita, ¿no?

—Más o menos —dijo Draco, encogiéndose de hombros—. Sin embargo, en muchas formas, era más agradable. No tenía que explicarlo o justificarlo. Podíamos estar juntos…

Draco dejó de hablar y Harry alzó la mirada para ver que habían llegado al castillo. McGonagall estaba hasta arriba de la escalera que llevaba al vestíbulo.

—Caballeros —dijo McGonagall, haciendo un gesto con la cabeza. Se veía tan suntuosa como siempre, en su túnica verde oscuro, y el cabello recogido en su chongo usual. Su túnica irradiaba calidez, que contrastaba con el frío que se sentía por el sol poniente—. No puedo decir que esto sea una sorpresa, gracias a la muy explícita muestra en El Profeta.

Harry se sonrojó al pensar en la fotografía que había sido publicada en la primera página de El Profeta, en Año Nuevo.

—Sí, profesora. Quiero decir, directora. Estaba esperando que Draco pudiera mostrarme abajo… Digo, quería ver…

—Sí, Harry, entiendo. Siéntanse libres de recorrer el castillo. Hay algunos estudiantes y profesores que se quedaron durante las vacaciones, así que siéntanse cómodos al saber que su privacidad está segura. No habrá fotografías de su visita en El Profeta, se los aseguro.— McGonagall se giró hacia Draco—. Recordarás que los túneles internos siguen inestables. Necesitarán usar la entrada exterior. —Draco asintió pero no dijo nada. Harry podía sentir la tensión en él, a través de sus manos unidas.

—Gracias, se lo agradezco —dijo Harry.

—Y, si necesitan más tiempo, las nuevas habitaciones para huéspedes están disponibles. Son los antiguos dormitorios de los de octavo, Draco. He puesto protecciones pero les permitirán entrar. Pronto oscurecerá, pueden utilizarlas y ordenar que los elfos les lleven de cenar —añadió la directora—. Es bueno verlos de nuevo, Harry, Draco. —Asintió, se giró y entró al castillo. Draco miró a Harry y comenzó a caminar alrededor del castillo.

—¿A qué se refería con túneles internos?

—Hay, bueno, había unos túneles que llevaban de los vestidores a las cuatros casas, uno llevaba a la cocina y otro a la enfermería —dijo Draco—. Cuando estuvieron reparando el castillo después de la batalla, no se molestaron en repararlos.

—Entonces, ¿tuviste que entrar por afuera el año pasado? —preguntó Harry.

Draco lo miró fijamente y negó con la cabeza.

—No. No he vuelto aquí desde que empezamos sexto año.

Harry se detuvo y lo miró.

—¿No has entrado? ¿Por qué no?

—Porque los vestidores representaban lo que fuimos. Todo lo que está ahí dentro me recordaba a ti. Ya era bastante malo tener que actuar el papel arriba ese año. Tener que fingir que te odiaba, pelear todo el tiempo, ver la mirada de odio en tu rostro. Tuve que entrar al inicio de sexto año para tomar algunas cosas, y nunca regresé.

Draco se detuvo de nuevo y Harry vio que estaban bajo la torre oeste.

—No hay puerta.

—Es como el Caldero Chorreante. —Draco sacó la varita y tocó los ladrillos, revelando la entrada (3).

Harry miró la manija de metal de la puerta.

—¿Estás seguro de que estás listo?

—Merlín, no, pero hagámoslo. —Draco tomó la manija y abrió la puerta. Hubo una ráfaga de aire pesado. Harry abrió un poco más la puerta y entró. Draco se quedó bajo el marco.

Lumos. —Y los candelabros en las paredes se iluminaron—. Parece que nadie ha estado aquí desde que te fuiste —dijo Harry, mientras veía las telarañas que colgaban del techo, el aire pesado y el olor a humedad.

Draco dudó.

—De hecho, los Weasley, Hermione y Luna vinieron aquí el año pasado, con McGonagall y McCain.

Harry se volteó para mirarlo.

—¿Por qué? —Lo dijo más duro de lo que había querido.

—Durante las sesiones de terapia, no me creían, que nos reuníamos aquí, y pensaban que me había inventado todo el asunto. Bueno, Luna no lo pensaba, pero el resto sí. Entonces, vinieron aquí para verlo con sus propios ojos.

—¿Pero tú no viniste con ellos?

—No, y desearía como no tienes una idea que ellos no hubieran venido, pero yo no tenía voz y voto en el asunto. McGonagall y McCain insistieron.

—Nunca me dijeron nada —dijo Harry, girándose de nuevo.

Draco se encogió de hombros, levantó su varita e hizo una serie de encantamientos. Harry vio, sorprendido, cómo las telarañas y el polvo que cubría el piso y las paredes desaparecían. El aire olió mejor casi de inmediato.

—Encantamientos de limpieza —dijo Draco, dando unos pasos—. Así está mejor —dijo, casi para sí mismo.

Harry dudó.

—¿Cómo supiste que este lugar existía?

—Mi padre, que lo aprendió de su padre. El campo fue movido justo después de que mi abuelo se graduara. —Draco caminó hacia la hilera de casilleros y repasó la esquina de uno con el dedo, repetidamente—. Solía venir aquí abajo, durante los tres primeros años, para estudiar o practicar pociones. Era agradable, tener un lugar para mí solo, dado que no hay privacidad allá arriba.

Harry asintió y caminó hacia él.

—Pero, luego quisiste aprender a luchar contra la maldición imperius, ¿cierto? —Estiró la mano y tomó la de Draco, jalándolo hacia sí—. Cuéntame.

Draco respiró profundamente y asintió.

—Vayamos a la oficina. —Caminó lentamente entre las hileras de casilleros, hacia una habitación que Harry podía ver en el otro extremo. En las paredes, había colgados tapices, y había seis arcos.

—¿Esos son los túneles? —Draco asintió pero no dijo nada. Llegaron a la entrada y Harry se asomó adentro. Vio un escritorio con tres sillas en el centro de la habitación. A un lado, había una mesa con un laboratorio de pociones, con frascos de ingredientes y un caldero—. Esto es realmente increíble.

Draco asintió. Había llegado al escritorio. Ahí, acomodados a la mitad del mueble, estaban los álbumes que Harry le había dado a Hermione, para que los regresara. Draco tomó el primero y le dio la vuelta.

—Estos fueron tu regalo de Navidad. La primera Navidad que estuvimos juntos. Nos habías contado acerca de lo que hizo tu tío, así que decidí regalarte música en Navidad.

—Lamento habértelos regresado.

Draco bajó el disco y lo miró.

—No, no debería haber hecho que Dobby los pusiera en tu baúl, al final de sexto año. Debió haberte vuelto loco, el simple hecho de querer saber cómo habían llegado ahí.

—¿Dobby sabía acerca de nosotros? —dijo Harry, sintiendo un tirón familiar, al pensar en el valiente elfo doméstico que había dado su vida para rescatar a Harry y los otros.

Draco asintió.

—Siempre le pedías comida; hasta nuestro desayuno de Navidad, la mañana que te di éstos.

—Nunca dijo nada.

—No podría haberlo hecho, ¿o sí? —Draco repasó sus alrededores con la mirada—. Le pedí que no lo hiciera, y creo que aún respetaba el hecho de que había sido nuestro elfo doméstico antes de que lo liberaras; bueno, antes de que engañaras a mi padre para que lo hiciera.

De pronto, Harry notó los dibujos en la pared.

—¿Tú dibujaste todos esos? —preguntó, caminando hacia ellos—. ¿Por qué no te los llevaste?

—Pertenecen aquí. Los dibujé pero tú los enmarcaste y los colgaste en la pared para sorprenderme.

—¿Yo hice eso? —De repente, Harry se sintió mareado. Se dejó caer en una silla—. Esto es demasiado.

Draco llegó a su lado en dos pasos.

—¿Estás bien? ¿Te duele la cabeza? ¿Cómo lo dijo? ¿Un aura, chispas?

—No, no, es solo que… —Harry miró a su alrededor—. No puedo creer cuántas cosas ignoro. Pensé que vendríamos aquí y hablaríamos y que eso sería todo. Pero colgué dibujos en la pared para ti, te conté acerca de mi tío. ¡Incluso comimos aquí! Y…

Draco se hincó frente a él.

—Podemos irnos, si quieres. Deberíamos haber empezado con sólo platicar acerca de esto, en Londres. Esta fue una idea estúpida.

Harry sabía que estaba temblando, pero no podía detenerse.

—Yo quise venir aquí. Tenía que ver este lugar. He soñado con él muchas veces. Pensé que me ayudaría verlo. Pero ahora… —Miró a Draco—. También es mucho para ti, ¿no es cierto?

—No, no lo es. Estoy feliz.

—No te ves feliz —dijo Harry, tratando de reír. Se hizo hacia delante y besó su pálida mejilla.

Draco lo miró sobriamente.

—¿Te das cuenta que teníamos quince años la última vez que estuvimos aquí? Bueno, yo acababa de cumplir dieciséis. Estábamos celebrando mi cumpleaños…

—Y yo te regalé un álbum por tu cumpleaños —dijo Harry, recordando lo que Draco le había dicho durante su baile.

—Pero eso no fue todo, hiciste que Dobby nos preparara la cena en la Torre de Astronomía. Salimos de aquí a escondidas y subimos volando, en cuanto oscureció.

—No suena mucho a algo que yo haría —dijo Harry—. Suena muy…

—En su momento, lo llamaste sensiblero —dijo Draco riendo—. Y lo fue, completamente. Rebasaste los límites de lo romántico y arriesgado, y me encantó. Esa fue una de nuestras últimas veces juntos. Antes de aquel horrible verano. —Bajó la mirada y respiró profundamente—. Trataste de convencerme de que no regresara a la mansión Malfoy. Yo estaba tan seguro de que todo iba a estar bien, porque Padre estaba en Azkabán. Salazar, desearía haberte escuchado. Estaba tan seguro de que todo iba a salir bien.

Harry negó con la cabeza.

—No sigas con eso. No podemos cambiar lo que pasó. —Respiró temblorosamente—. Cuéntame cómo comenzó. Sé que querías aprender cómo repeler la maldición imperius, debió a lo que hacía tu padre. —Draco asintió. Harry miró cómo sus ojos se dirigían a la vieja banca, contra la pared. Vio cómo negaba con la cabeza y movía la otra silla. Se sentó tan cerca que sus rodillas se estaban tocando. Harry estiró la mano y tomó la mano del rubio—. Cuéntame.

—¿Recuerdas cuando colapsaste después de que Ojoloco Moody utilizó la imperius contigo en clase? Te desmayaste en las escaleras…

—Recuerdo eso; Diggory y Hermione me ayudaron a llegar a la enfermería.

—Y yo —dijo Draco—. Cedric me pidió que lo ayudara a moverte.

—¿Y accediste? —preguntó Harry con sorpresa—. Lo siento, pero en cuarto…

—Lo sé, pero había oído que habías repelido la maldición y quería escuchar más, así que los ayudé y Granger me contó cómo lo hiciste. Casi de inmediato, se me ocurrió que quizá tú podías ser la respuesta que había estado buscando, una forma de aprender a pelear contra mi padre. Me tomó casi una semana reunir el valor para preguntártelo. Estaba seguro de que ibas a decir que no, pero tenía que intentarlo. No podía dejar pasar la oportunidad de aprender a repeler la maldición.

—Entonces, ¿simplemente te acercaste y me preguntaste? —dijo Harry, un poco escéptico.

Draco asintió.

—Te esperé después de que acabaste el trabajo de Pociones que no hiciste por estar recuperándote. Te lo pregunté y no podía creerlo cuando dijiste que sí.

—¿Por qué? Quiero decir, tú y yo no éramos… Apenas unos años antes, me engañaste para que me atraparan fuera de la cama a deshoras con ese duelo, ¿y aun así iba a confiar y usar una maldición imperdonable en ti? Eso es…

—Una locura, lo sé. No podía creerlo. Pero sí tuviste una condición para hacerlo…

—Diggory —dijo Harry, entendiendo de pronto cómo se había involucrado el Hufflepuff.

—Sí, él fue el único con el que pudimos quedar de acuerdo —dijo Draco lentamente—. Había algo más. Yo sabía que él era gay. Nunca se me había ocurrido antes que tú pudieras serlo, que tú pudieras ser como yo. Ya me había dado cuenta de que tú y Cedric estaban juntos desde que regresamos a la escuela, y eso me puso a pensar.

—Recuerdo un poco de eso; quiero decir, de cuando hablaba con él —dijo Harry—. Y la Copa del Mundo.

Draco se puso de pie, descolgó un dibujo y se lo llevó al moreno.

—No es correcto que no puedas recordar más acerca de él. —Harry miró el dibujo de él y Cedric, estudiando en la misma mesa. Estaban riendo por algo y los libros estaban abiertos entre ellos. Draco había capturado el espíritu de Cedric, que Harry había logrado conocer a través de las cartas.

Harry asintió.

—¿Y todo tuvo lugar aquí abajo? ¿Aquí es donde estuvimos juntos?

—La mayor parte del tiempo estábamos aquí abajo, aunque luego buscábamos salones vacíos. De hecho, durante quinto año salíamos del castillo, tú bajo tu capa, para vernos en el otro lado del castillo. O tú te ibas corriendo y nos veíamos en nuestro árbol.

—¿Teníamos un árbol? —preguntó Harry incrédulo, haciendo que Draco riera.

—Sí, teníamos un árbol.

Harry sacudió la cabeza.

—Bueno, ¿cuánto te tomó aprender a repeler la maldición?

—Tres sesiones —dijo Draco—. La primera vez fue muy mal. Me alteré porque no tenía idea de que eras capaz de saber lo que estaba sintiendo.

—¿Sintiendo? ¿Como miedo?

—Sí; comprendí que, si tú podías, entonces mi padre también podría haber sabido lo que sentía. Me puse furioso.

—He visto eso —dijo Harry, mirándolo de reojo—. Quiero decir, en mis sueños; te veo a ti gritándonos.

—Sí, probablemente sea eso. Cedric me calmó. Estaba tan enojado porque sabías lo que estaba sintiendo bajo la influencia de la maldición. Y tenía miedo de que supieras mucho acerca de mí. Entonces, Cedric dijo algo que en verdad hizo que las cosas cambiaran.

—¿Qué fue lo que dijo?

—Dijo que debía verte a través de mis propios ojos, y juzgarte solamente por lo que sí hacías. No por lo que otros decían de ti o por cómo te veía mi padre.

—¿Y pudiste hacer eso?

Draco asintió.

—Al principio pensé que era pura mierda, pero me puso a pensar. Luego, vinimos aquí abajo a practicar para Pociones, porque ése fue el trato. Tú me ayudarías con la imperius y yo te ayudaría con Pociones.

—Casi repruebo ese año, bueno, cada año con Snape —dijo Harry, riendo—. No puedes haber sido un maestro tan bueno.

Draco sonrió y miró hacia la mesa con el material de Pociones, en el otro lado del cuarto.

—No había tomado en cuenta cuánto te odiaba Severus Snape. Claro, no lo creía al principio, pensaba que lo estabas inventando. Pero todo se volvió muy obvio, en especial después de que se enteró de que estábamos juntos.

—¿Snape sabía? Quieres decir que sabía que tú y yo…

Draco asintió.

—Lo descubrió, no me preguntes cómo. Al principio lo toleraba, pensaba que podría sacarte de mi sistema. Pero, después del primer año, hizo todo lo que pudo para convencerme de terminar contigo. De hecho, fingimos una pelea para convencerlo.

—¿Y funcionó? —preguntó el moreno, mirando al otro de reojo—. ¿Lo engañamos?

—Lo hicimos, hasta que una de tus lecciones de Oclumancia salió mal, y se enteró de que le habíamos mentido. Quedó lívido.

—Recuerdo esa noche, que se enojó conmigo durante una lección de Oclumancia. Pero fue porque me asomé al pensadero y vi sus recuerdos.

Draco negó con la cabeza.

—Eso también influyó, pero lo hiciste cuando salió corriendo a Slytherin, para encontrarme. Me mandaste un mensaje a través de la moneda para avisarme, y luego miraste en el pensadero.

Harry vaciló.

—Es extraño que recuerde que Snape se enojó, pero no te recuerdo a ti siendo parte de ello. ¿La moneda? Encontramos una en el baúl.

Draco asintió. Metió la mano en el bolsillo y sacó una moneda de oro.

—Fue tu regalo de Navidad para mí, nuestra segunda Navidad.

—¿Aún la tienes? —preguntó Harry sorprendido, estirando la mano para tomarla. Repasó el dragón grabado en la superficie con el dedo. Sintió una ola de culpa al recordar que le había dejado la otra a Hermione, para que se deshiciera de ella cuando se fue del país.

—La he cargado a todos lados desde que regresé, después de que me liberaron —dijo Draco—. Sabía que nunca recibiría un mensaje de nuevo, pero era algo tangible a lo que podía aferrarme, y así saber que, a pesar de que nadie sabía todo lo que había pasado entre nosotros, la moneda me decía que había sido real. Que no lo había soñado todo. Podía ver el último mensaje que me mandaste y recordar.

—¿El último mensaje?

Draco dio un suspiro y tocó la moneda con su varita. "D, te amo" apareció en la superficie metálica.

—No pude evitar mandarte un mensaje en tu cumpleaños. Estabas frenético, porque no me había puesto en contacto contigo todo el verano. Fue un error ponerme en contacto contigo. Fue mucho más difícil pasar por todo lo que pasé, después de recibir esto. Tenía la Marca y sabía que nunca podríamos estar juntos de nuevo. Al verte de nuevo en la tienda de Madame Malkin, y luego cuando me seguiste al callejón Knockturn… Tuve que usar todo mi autocontrol para no correr hacia ti. Pero la vida de mi madre estaba en riesgo, y no podía hacerlo.

Harry movió la cabeza, tratando de mantenerse derecho; podía notar un ligero dolor comenzando en su sien.

—Regresemos al principio… Todo comienza a liarse.

—Tienes razón, no debería estar saltando en la historia. —Draco respiró profundamente—. Un día, practicamos pociones aquí abajo, y luego pensé que simplemente regresarías a Gryffindor. En vez de eso, sacaste una jodida snitch y me invitaste a volar contigo.

Harry rio.

—Suena a algo que yo haría. Odié no poder volar durante cuarto año.

Draco se hizo para atrás y cerró los ojos.

—Volamos por encima del lago y no pude evitar notar cuán emocionado te pusiste por haber salido a volar. A pesar de que afuera estaba como boca de lobo, y hacía un frío de los mil demonios (4).

—Suena perfecto —dijo Harry encogiéndose de hombros.

—Es exactamente lo que dijiste esa noche —dijo Draco riendo—. Atrapé la snitch porque casi hice que cayeras al lago.

—Típico.

—Lo sé, y ni siquiera pareció que te molestara mucho. Simplemente juraste que la recuperarías en la siguiente oportunidad. —Draco lo miró—. Y no pude evitar pensar en cuánto ansiaba poder volar contigo de nuevo. Sin las multitudes gritando, sin nuestros compañeros de equipo. Sólo tú y yo. Creo que ahí fue cuando en verdad quise llegar a conocerte. Entendí que había estado equivocado todo este tiempo. El único momento en el que te enojabas conmigo era cuando reaccionabas a algo que yo hacía. Nunca cargabas contra mí sin provocación.

—¿Qué pasó después?

—Tuvimos otra práctica con la imperius. No lo hice bien, pero tú fuiste muy alentador. Querías que aprendiera a hacerlo. —El rubio lo miró de reojo—. Eso me bajó los humos. Te había tratado como mierda por tres años y aun así estabas apoyándome. Luego, te engañé para que me contaras algunas cosas de ti mismo.

—¿Cómo hiciste eso?

—No importa, pero nos contaste a Cedric y a mí que habías dormido en una alacena. Y que no te alimentaban… —Draco negó con la cabeza—. Sé cómo puede ser un mal padre, pero lo que tú describiste fue mucho peor.

—No es tan malo como ser torturado por tu padre —objetó Harry.

—Pero yo tenía el amor de mi madre. Tú fuiste abusado y descuidado por diez años. Te trataron cual elfo doméstico.

—No hagamos de esto una competencia. ¿Luego qué pasó?

—Ahí fue cuando nos contaste acerca de la serpiente en el zoológico. —Draco se sonrojó—. Y hablaste en pársel.

—Eso ya lo sabías, desde segundo.

—Sólo me recordó que te había tratado muy mal ese año; y ahí estabas, ayudándome. Me hizo pensar en que no eran ciertas, las cosas que yo pensaba de ti. Comencé a ponerte atención en verdad. Cómo manejaste la presión del Torneo de los Tres Magos, todo lo que tuviste que pasar. No podía culparte por ello.

Harry asintió. Se puso de pie y fue a mirar los dibujos en la pared. Estiró la mano y tomó uno de él mismo, en el Gran Comedor, caminando junto a Ron y Hermione. Draco se acercó por detrás y, vacilando, rodeó su cintura con los brazos. Luego, apoyó su cabeza en el hombro del moreno y miró el dibujo.

—Estaba celoso de ellos —dijo suavemente—. Desde antes, estaba celoso porque ellos podían ir a donde fuera contigo. Lo único que yo podía hacer era actuar el papel que se suponía debía actuar. Pelear contigo. Mofarme de ti.

Harry repasó el rostro del dibujo con el dedo. Debía haber sido hecho durante cuarto año, hacía sólo cinco años, pero se veía como un jovencito con ropa de talla más grande y cabello desordenado.

—No me lo tomes a mal, pero desearía poder saber qué estaba pensando cuando esto estaba sucediendo. O sea, sí suena a algo que yo haría. Querer ayudarte a pelear contra la imperius, pero no debe haber sido así de simple. Debí haber estado preocupado o atemorizado o atraído hacia ti. Algo. Tú sabes, con exactitud, lo que estabas sintiendo. Cómo cambiaron tus sentimientos hacia mí. Me gustaría saber cuándo fue que los míos cambiaron.

Draco hizo que Harry se girara sobre sus talones y le quitó el dibujo de las manos, poniéndolo sobre el escritorio.

—Lo sé. Lamento… —Inclinándose contra el escritorio, jaló a Harry hacia él.

—No tienes que disculparte. No quiero que cargues contigo más culpa —dijo Harry, negando con la cabeza—. No puedes hacer nada al respecto. Es lo que es, pero… Que te contara acerca de la alacena, o del zoológico. Esas son cosas que me tomó años contarles a Ron y Hermione. ¿Y se las conté a Cedric y a ti, sólo unas veces después de vernos aquí abajo? Nunca les mencioné el tocadiscos; lo hice hasta después del juicio, pero tú lo sabías.

Draco sonrió ligeramente.

—Recuerdo que, en ese momento, también deseaba saber lo que estabas pensando. Cuando comenzamos a encontrarnos aquí, para la imperius y las sesiones de pociones, todavía no tenía idea de si eras gay. Mi única pista era tu amistad con Cedric, y él no me quería decir nada acerca de si eras hetero o no. Y créeme, intenté cada truco Slytherin que se me ocurrió para conseguir que metiera la pata y me dijera. La primera pista de que quizá sí lo eras la conseguí cuando tuvimos castigo con Snape.

—Lo mencionaste antes —dijo Harry—. La bufanda.

Los ojos de Draco se iluminaron.

—Sí, la bufanda. Tuvimos que destripar unos gusanos asquerosos, y el hedor era horrible. Corté mi bufanda a la mitad y amarré una mitad alrededor de mi cara, y luego te di la otra mitad. Pero no podías levantar los brazos para amarrarla, porque fue después de la competencia del dragón. Así que lo hice por ti. Y tú jadeaste ligeramente, o algo, mientras lo estaba haciendo. Pensé que eso había sido bastante interesante, así que hice esto cuando terminé. —Repasó ligeramente el hombro de Harry con una mano. El moreno se tensó y se estremeció al sentir los dedos de Draco, repasando sus omóplatos. Draco sonrió—. Eso fue lo mismo que hiciste esa noche.

—¿Y lo supiste? —preguntó Harry—. ¿Sólo por eso?

—No estaba del todo seguro, pero pasé mucho tiempo contemplándolo. Y contemplándote —añadió Draco—. Aún tenías la mitad de bufanda en tu baúl.

—Cierto —dijo Harry, asintiendo—. No había razón para que me atraparan con una bufanda Slytherin en el dormitorio, a menos que la tuviera por algo significativo. ¿Por qué nos castigaron?

—Fue Snape. Hechicé a Ron en clase y tú llegaste tarde al salón, así que nos castigaron juntos.

—¿Y por qué hechizaste a Ron?

—Estaba molesto con él —dijo Draco, encogiéndose de hombros—. Te había tratado como mierda hasta un día anterior, y luego entraste al Gran Comedor con él, un día después de haber luchado con el dragón, como si nada hubiera pasado.

—¿Y por eso lo hechizaste? —Harry rio—. Eso no tiene sentido.

—Bueno, en su momento pareció tenerlo —dijo Draco, con una sonrisa reacia—. Estaba mal que él pudiera ser un completo idiota por todo un mes y que luego tú actuaras como si no hubiera hecho nada.

—Estaba feliz de que Ron estuviera hablándome de nuevo —dijo Harry—. Y fue un gran alivio pasar la primera prueba. —Harry puso el dibujo sobre el escritorio. La tensión en su cabeza comenzaba a aumentar, por lo que ya no podía ignorarla—. Creo que necesito tomar un descanso.

—¿Te sientes bien? —preguntó Draco, mirándolo con preocupación.

—Sí, sólo estoy algo cansado. Es mucho para procesar. ¿Deberíamos tomarle la palabra a McGonagall y usar los cuartos de invitados?

Draco vaciló.

—¿Estás seguro de que quieres quedarte? Podríamos hablar en Grimmauld Place.

—Teddy y Andrómeda nos distraerían mucho. —Harry se frotó la nuca lentamente—. Será mejor sólo enfocarnos en esto; además, se siente bien estar de vuelta en Hogwarts. Sé que no tiene mucho que tú saliste, pero aparte de la Ceremonia de Remembranza, yo no he regresado.

—De acuerdo —dijo Draco—. Vayamos arriba y veamos qué podemos pedir para cenar. Pero primero, necesito ir por algo. —Regresó al escritorio y tomó un fajo de papeles. Harry lo miró con curiosidad pero no preguntó qué eran. Sabía que Draco se lo diría cuando estuviera listo.

Se dirigieron a la puerta y Harry repasó el lugar con la mirada, por última vez. Era extraño estar en un lugar donde había pasado tanto tiempo y no poder recordarlo. Draco se veía tan exhausto como él se sentía, y Harry sabía que a él también le estaba costando trabajo hacer eso. Estiró la mano para tomar la de Draco.

—Vamos, me muero de hambre y necesito algo de aire fresco.

Para alivio de Harry, no se encontraron a nadie mientras caminaba por la parte exterior del castillo, en dirección a la entrada principal, y pasando por los pasillos. Incluso parecía que los fantasmas se ocultaban de ellos. Draco se detuvo enfrente de la puerta que llevaba a su viejo dormitorio.

—¿Esto estará bien? —preguntó Harry vacilante—. Sé que el año pasado no fue el más sencillo para ti.

—Los he tenido peores —dijo Draco de golpe. Abrió la puerta y entraron. Subiendo las escaleras, llegaron a la sala común. Draco notó, sorprendido, que el mural seguía ahí. Se quedó mirándolo mientras Harry caminaba hacia la pared para verlo más de cerca.

—Luna me contó que había unas cuantas cosas ocultas en el mural —dijo Harry—, cuando estuve aquí el mayo pasado.

—Me imagino que lo hizo —dijo Draco, negando con la cabeza. Caminó hasta llegar junto al moreno. Señaló con un dedo hacia donde el mural mostraba el exterior del castillo. Harry apretó los ojos para ver el punto que Draco señalaba. La pared de la torre oeste estaba pintada de gris, pero Harry se dio cuenta que tenía un patrón. Fijándose de cerca…

—¿Pusiste nuestras iniciales en los ladrillos? —Lo que parecía ser piedra erosionada era en realidad las letras HPDM. Draco asintió.

—Creo que me gustó la idea de crear algo que tuviera una parte de nosotros en él. A pesar de que tú y yo ya no estuviéramos juntos.

—¿Hay algo más? —preguntó Harry, mirando los detalles más detenidamente.

—Quizá. ¿Por qué no comemos primero? —sugirió Draco, lo que hizo que Harry quisiera estudiar más la pintura. Hubo un fuerte crack en el piso de arriba y, casi de inmediato, el olor a comida llenó el aire. Harry tuvo que reír por la eficiencia de los elfos de la escuela. Subieron las escaleras y se encontraron en un cuarto con una mesa acomodada para dos—. Éste era el cuarto de Weasley y Longbottom, el año pasado —comentó Draco. No había señal alguna de que el cuarto hubiera sido una recámara, por la mesa y los tapices que colgaban de las paredes.

—¿Tú tenías un compañero? —preguntó Harry mientras se sentaban.

Draco negó con la cabeza.

—Tenía el cuarto de hasta arriba, sin compañeros. —Harry recordó la poca información que Ron y Hermione habían compartido acerca de ese año, y sabía que no debía hacer más preguntas.

—Los elfos domésticos deben mantener registros de lo que les gusta a los alumnos; creo que todos mis platillos favoritos están aquí —dijo Harry riendo—. Ni en una semana podremos acabarnos todo esto.

—Es bueno ser Harry Potter —dijo Draco—. Amigo de los elfos domésticos en cualquier lugar.

—Dobby me salvó la vida más de una vez —dijo Harry, mirando al rubio con seriedad—. Incluso murió por mí.

—Lo sé, lo siento— dijo Draco—. No debí haberlo dicho con esa ligereza. Sé que Dobby murió después de rescatarte de la mansión.

Harry asintió.

—Lo enterramos en la casa de Bill Weasley.

—Sabía que alguien había sido lastimado por el cuchillo de Bellatrix. Había sangre en el piso cuando todos ustedes se fueron. No sabía quién había sido herido —dijo Draco, mirando su plato—. Fue hasta mayo que supe que habías sobrevivido.

—¿Qué pasó después de que nos fuimos?

Draco negó con la cabeza.

—No es una conversación adecuada para la hora de la cena.

Harry alzó la mirada y asintió.

—Pero voy a querer saber.

Draco asintió.

—Pensé que sexto año había sido lo peor, y luego… Al fin y al cabo, sobrevivimos. Más o menos intacto.

—¿Cómo fueron las cosas el año pasado? Aquí. —dijo Harry—. Ron dijo algo acerca de Zabini atacándote.

Draco levantó su tenedor y comenzó a comer.

—La primera noche que regresamos.

—¿Y qué hay de los otros Slytherins? ¿Cómo manejaron las cosas?

—Todos los Slytherins me evitaban, pero Greengrass y Nott fueron los únicos de nuestra clase que regresaron. No trataron de hacer nada, después de que expulsaron a Zabini.

—¿Cómo sentiste eso? Ser evitado…

Draco se encogió de hombros y alejó su plato.

—Casi tan malo como te lo esperarías si Gryffindor se pusiera en tu contra, pero yo había puesto en vergüenza a la casa.

—Pero… Eran tus amigos —dijo Harry—. ¿Qué hay de Parkinson? ¿O Goyle?

—Después de mi juicio, no tuve contacto alguno con ellos. —Draco lo miró—. Sabía lo que estaba haciendo, cuando nos involucramos. No me arrepiento. Aún me considero un Slytherin. Y, si lo piensas, lo que hicimos por dos años fue muy Slytherin. Debería haberte nombrado Slytherin honorario.

—Bueno, tiene sentido, dado que casi quedo en Slytherin —dijo Harry riendo, mientras continuaba comiendo.

—¿Qué? —preguntó Draco, con una expresión de sorpresa en el rostro.

—¿Nunca te lo conté?

—No. ¿De qué estás hablando? ¿Qué quieres decir con que casi quedas en Slytherin?

—El Sombrero Seleccionador quería ponerme en Slytherin. Yo le dije que me pusiera en cualquier otra casa, menos Slytherin. —Harry lo miró confundido—. ¿Cómo es que no sabes eso?

—No lo sé, pero estoy seguro de que lo recordaría si me lo hubieras dicho antes. ¿Por qué no querías ir a Slytherin?

—Por ti —dijo Harry con una sonrisa—. Ese primer día, cuando nos conocimos, me recordaste a mi primo: un matón presumido.

—Al diablo si crees que puedes compararme con un Dursley —escupió Draco—. Yo…

—Me refería al Draco Malfoy que conocí por primera vez en el callejón Diagon y en el tren. Habías insultado a las dos primeras personas que habían sido amables conmigo: Hagrid y Ron. Entonces, le pedí al Sombrero Seleccionador que no me pusiera en Slytherin. Por eso, me puso en Gryffindor.

—¿Por qué nunca antes mencionaste esto?

Harry rio.

—¿Cómo se supone que sepa la respuesta a ello? Desapareció, junto con todo lo demás. ¿Por qué habría de contarte del tocadiscos y no de la vez que casi quedo en Slytherin?

Draco lo miró con sobriedad.

—Porque si hubiéramos estado en la misma casa, habría cambiado todo.

Harry asintió.

—Cierto. ¿Alguna vez hablamos de ello? ¿De qué pasaría si la gente se enteraba?

Draco asintió.

—Esquivamos el tema por mucho tiempo, pero seguía saliendo a relucir de vez en cuando.

—¿Cómo?

—Lo verás en los recuerdos. Pero, de hecho, dejamos de vernos por un mes, más o menos, por lo que hice. Con el artículo de Skeeter, el que decía que Hagrid era un gigante.

—Es verdad. Dijiste cosas muy asquerosas. ¿Fue cuando estábamos viéndonos?

Draco asintió.

—Y terminaste conmigo por ello. No podías estar con alguien que pensara de esa manera. Y tenías razón.

—Me alegra ver que no estaba completamente idiotizado por tu apariencia, como para no pensar correctamente —dijo Harry, sin prestar atención—. Pero, ¿cuándo fue que…?

—La segunda prueba. La forma en la que te desenvolviste. La forma en la que te mantuviste bajo el agua, para asegurarte de que todos estuvieran a salvo. Y todos a mi alrededor, mis amigos, mis amigos Slytherin, esperaban que te ahogaras. Que no volvieras a la superficie. Y yo estaba muriendo por dentro, con miedo que de algo te hubiera pasado bajo el agua. Eras la persona más honorable que conocía y me paralizó el pensar que no tendría otra oportunidad de tenerte entre mis brazos de nuevo, de ser tu amigo de nuevo. Ahí fue cuando tomé una decisión. Entre tú y Slytherin, te escogí a ti. Entonces, esa noche, me acerqué a Hagrid durante la cena y me disculpé.

Harry se atragantó con la comida que acababa de tragar.

—¿Hiciste qué?

—Me disculpé por lo que había dicho en el artículo.

—¿Enfrente de todo el Gran Comedor? —Harry bajó el tenedor—. Eso no pudo haber ido muy bien con los de Slytherin.

—No. Pero funcionó, porque fuiste a buscarme después, y hablamos por primera vez en un mes.

—Esto es demasiado, ¿no es verdad? Todo lo que tengo que aprender —dijo Harry con cansancio.

Draco asintió.

—No podemos cubrir dos años en unas cuentas horas, ni siquiera días. —Se levantó de la mesa y le ofreció la mano al moreno—. Ven aquí. —Con la otra mano, tomó los papeles que había recogido en los vestidores. Llevó a Harry por la escalera, hasta el último piso, y empujó la puerta.

—¿Tu habitación? —preguntó Harry mientras entraban. Draco asintió. El cuarto sólo tenía una cama y un escritorio. Draco sacó su varita y apuntó hacia la cama.

Engorgio. —Y la cama duplicó su tamaño.

—Pensé que querías esperar. —Harry no fingió que no sabía lo que Draco tenía en mente. Miró curiosamente de la cama a Draco. Notó con diversión que un rubor comenzaba a cubrir las pálidas mejillas del rubio.

—Dos cosas me hicieron cambiar de opinión. —Draco lo miró fijamente—. La primera, fue hablar con Watson esta tarde. Si algo sale mal, si tu tela de memoria se rompe, me odiaré por haber perdido la oportunidad de estar contigo. —Dio un paso hacia Harry, rodeando su cintura con los brazos.

—¿Y la segunda?

—¿La segunda? —Draco acercó a Harry hacia sí, frotando sus entrepiernas—. He estado así por la última hora, y creo que estoy a punto de volverme loco del deseo. Los principios son bueno y todo eso, pero…

—Gracias a Merlín —murmuró Harry, besándolo mientras se movía hacia delante, obligando a Draco a caminar hacia atrás, hasta que chocó contra el escritorio. Las manos de uno comenzaron a quitar la camisa del otro, mientras sus dedos se encargaban de desabotonarla. Con impaciencia, Harry se hizo para atrás y se sacó su propia camisa por encima de la cabeza; Draco hizo lo mismo con la suya—. Más —dijo sin respiración, mientras Draco besaba su cuello, enredando los dedos en su cabello, haciendo su cabeza para atrás para tener un mejor acceso.

Harry peleó con el cinturón de Draco para desabrocharlo, oyendo los jadeos del rubio cuando por fin bajó el cierre.

—Cama —consiguió decir Draco—. Ahora.

Se quitaron los zapatos y los pantalones fueron echados a un lado, mientras se movían dando pasos desesperados hacia la cama. Terminaron cayendo en un remolino de extremidades, ninguno dispuesto a separarse. Harry gruñó cuando sus erecciones se frotaron. Cuando Draco comenzó a hacerse para atrás de repente, Harry se enderezó sorprendido.

—Oh, jodido Salazar —maldijo Draco.

—¿Qué sucede? —dijo Harry, mientras se hacía hacia delante para besar su pecho.

—Lubricante, no tenemos ningún jodido lubricante.

—¿Quién dice que no? —dijo Harry—. Algunos vinimos preparados.

—¿Trajiste lubricante de San Mungo? —Draco lo miró incrédulo.

—El viaje a Hogwarts puede no haber sido tan espontáneo como hice que pareciera —dijo Harry sonriendo, mientras repasaba el pecho del rubio con un dedo—. Y puede que haya esperado que pudieras ser persuadido para reconsiderar tus ganas de esperar —dijo, mientras su mano izquierda bajaba un poco más.

—Gracias a Merlín. —Draco gimió por el toque de la mano de Harry—. No te molestes en esperar una invitación escrita, siéntete libre de tomarlo cuando quieras.

—Ya lo hice —dijo Harry con una sonrisa, alzando la otra mano para mostrar un pequeño frasco—. La magia sin varita resulta útil. —Dudó por un momento—. ¿Qué prefieres…?

Draco lo interrumpió.

—Necesito sentirte. —Harry asintió sin decir más, sabiendo que ambos ya estaban al borde. Su mano estaba temblando mientras abría el frasco. Draco alzó las rodillas y Harry se congeló por la vista—. Harry —gruñó el rubio, y Harry se obligó a concentrarse en lo que era necesario hacer. Cubriendo el cuerpo de Draco con el suyo, lo besó, al mismo tiempo que comenzaba a prepararlo con cuidado. Draco arqueó la espalda al sentir las manos de Harry por su cuerpo—. Salazar.

—Está bien —susurró Harry contra su boca, tranquilizándolo, esperando a que el rubio se relajara—. Te deseo tanto, he querido haber esto por mucho tiempo. —Draco se movió contra él y Harry se perdió en la necesidad de dar más, de sentir más. El tiempo se detuvo mientras se movían juntos, en una danza que ninguno de sus cuerpos había olvidado. Hubo promesas murmuradas, caricias y gemidos mutuos. Harry se dejó ir al sentir que Draco lo hacía. Luchó contra el deseo de colapsar sobre Draco, mientras las últimas embestidas, por reflejo, disminuían. Soportó su peso sobre los codos.

Miró a Draco, con los ojos aún cerrados, con el fleco empapado de sudor, pegándose a su frente, con los labios hinchados y rojos. Nunca se había visto tan hermoso. La frialdad del cuarto enfrió sus cuerpos acalorados. Harry se estremeció, estirando el brazo para cubrir a ambos con el edredón. Invocó su varita y encendió el fuego en la chimenea. Luego, arrojó su varita al suelo. Draco lo jaló hacia sí y el moreno se recostó de nuevo, poniendo la cabeza sobre el pecho del rubio.

—Eso fue extraordinario —murmuró Harry por fin, sintiendo la necesidad de romper el silencio.

—Eso fue más que extraordinario. Creo que necesitamos inventar una nueva palabra para describirlo. —Draco sonrió mientras se movía, estirando las piernas contra Harry—. ¿Te sientes bien? ¿No tuviste recuerdos o algo por el estilo?

Harry negó con la cabeza.

—¿Así es como solía ser? —preguntó vacilante. No sabía por qué se sentía obligado a preguntar. Pero tenía que saberlo.

—No —dijo Draco lentamente—. Por varias razones.

—¿Como cuáles?

—Bueno, primero: estamos en una cama. No en el suelo, o contra un escritorio, o sobre un sofá bastante angosto —dijo Draco—. Además, esto se siente bien. Sabiendo que no estamos escondiendo lo que estamos haciendo. Podemos salir de la habitación, tomados de la mano, sin temer que alguien nos viera. —Dudó—. Y tú, tú eres diferente. Tienes mucha más confianza. Estás más seguro de ti mismo. —Miró a Harry—. Y eso está bien.

—Draco. —Harry sabía exactamente de qué estaba hablando—. ¿Te molesta? ¿El hecho de que él…?

—Si fuera completamente honesto, un poco. Pero también sé que te ayudó. Para superar lo que pasó. Lo entiendo.

—Así fue. No sé dónde estaría ahora mismo de no ser por Charlie. —Harry suspiró—. Pero siempre sentí que algo faltaba. Esto se siente entero, completo. Estar contigo es como regresar a casa. —La última palabra la dijo bostezando, incapaz de luchar contra el cansancio que comenzaba a sentir.

Draco sonrió.

—Duerme. Ya hemos hablado suficiente por esta noche. —Harry asintió cansinamente. No podía recordar haber estado más cansado. Se rindió al sueño con el brazo sobre el pecho de Draco, sintiendo el firme latido de su corazón contra la mano.

OoOoOoO


(1) "Esqueletos en el armario" lo traduje literalmente; al parecer, sí se utiliza la expresión en español… Significa que alguien tiene secretos vergonzosos, que no querría hacer públicos.

(2) Decisión de traductor: en el original, Aberforth pregunta si Harry irá a ver el "retrato de Dumbledore", pero él también se apellida así. A mi parecer, uno no llamaría a sus hermanos por el apellido, sino por el nombre. Por eso, le puse "Albus".

(3) Fe de traductor fijado (XD): Para entrar a los vestidores y/o pasar por los túneles, se usaba el hechizo "Apariens". Aquí Draco no lo dice, (quizá se le pasó a Marty), así que vamos a suponer que el rubio hizo el hechizo de manera no verbal.

(4) Expresión usada por mí (y según yo, conocida en todo el mundo hispano); significa que estaba muy oscuro…


Hasta la próxima...

Adigium21