Notas de traductor:
¡Hola, gente! Les comento, acabo de abrir un Ask (el link está en mi perfil). En él, pueden hacerme cualquier pregunta y yo la contestaré; esto con el fin de que me conozcan más al que está detrás del monitor… Será divertido, creo…
Gracias a arle21, Silvers Astoria Malfoy, Black Amaranthine, gata89, MisakiUchiha17, Violet Stwy, Acantha-27, xonyaa11, Kuroneko1490, Adriana11, jessyriddle, Kaith Jackson, miredraco, Dandelion's Lollipop y The darkness princess por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores.
Este capítulo está completo. Disfrútenlo…
Mediados de febrero, Grimmauld Place.
Harry miró a Draco, que pretendía estar leyendo un libro en el sillón que estaba cerca de la chimenea. Había estado mirando la misma página por media hora. Harry sabía que estaba preocupado por su siguiente sesión en San Mungo. Ambos habían estado decepcionados por cuán poco habían avanzado con sus primeras sesiones. La primera había sido la peor. La poción necesitaba prevenir cualquier shock, pero también le había evitado ver el recuerdo como si lo estuviera viendo en un pensadero. Había sido desorientador para el moreno, el salir de la sesión con un nuevo recuerdo "viejo". También se había despertado con un dolor de cabeza y la sensación de vértigo no se le fue por varias horas.
Después de esa primera sesión, Watson y McCain trabajaron juntas y modificaron la poción que le estaban dando, para que pudiera estar lo suficientemente consciente de Draco y del recuerdo que estaba compartiendo. Pero el dolor de cabeza y la desorientación seguían siendo un problema. La única solución que encontraron fue alentar las sesiones. Ahora, iban a San Mungo sólo una vez a la semana, para la sesión de recuerdos. Watson esperaba que la mente de Harry se volviera más receptiva a los recuerdos pronto, pero hasta entonces, tenían que tomarse las cosas con calma. Faltaban dos días para la siguiente sesión.
—Draco, salgamos a algún lado.
Draco alzó la mirada del libro al instante.
—¿Te sientes bien?
—Sí, me siento bien —dijo Harry con paciencia. Esas tres palabras comenzaban a volverse sus menos favoritas del idioma—. Es sólo que estoy aburrido. Vayamos al callejón Diagon. Podríamos pasar a Sortilegios Weasley y comprarle algo a Teddy, para sorprenderlo cuando vuelva. —Andrómeda había anunciado repentinamente, hacía unos cuantos días, que ella y Teddy tomarían unas vacaciones en América, para visitar a algunos parientes de su difunto esposo. Harry sospechaba que la mujer sólo intentaba darle a él y Draco tiempo para conocerse el uno al otro, sin tener presente la personalidad curiosa y atolondrada del niño. A pesar de que Draco todavía tenía su espacio en el Centro, ahora pasaba casi todo su tiempo, cuando no estaba trabajando, en Grimmauld Place.
Draco lo miró fijamente y Harry supo lo que estaba pensando. Todavía no habían salido a lugares mágicos como pareja. Sus citas siempre habrían sido en lugares muggles. El Profeta estaba desesperado por fotografías de los dos, juntos, y hacían que sus fotógrafos hicieran guardia cruzando la calle, en el parque, y en la entrada del Centro. Para evitar tener que pasar cerca de ellos cada día cuando iba a visitar a Harry, McCain le había permitido al rubio conectar Grimmauld Place a la Red Flú del Centro.
Draco cerró su libro y lo puso a un lado.
—Vale, vamos.
El punto de aparición más cercano estaba a cuatro cuadras de la tienda de George. Salieron del callejón y entraron a la calle. Era temprano en la tarde, y el débil sol de invierno intentaba brillar a través de las nubes grises. El clima frío parecía haberse deshecho de muchos compradores, pues no se encontraron con muchas personas mientras caminaban por la calle. Harry notó a algunos magos girándose y mirándolos descaradamente, pero nadie dijo nada ni intentó detenerlos. Aun así, dio un suspiro de alivio cuando llegaron a la tienda y Draco abrió la puerta.
George los saludó con la mano cuando los vio entrar, pero eso no evitó que ayudara al cliente que tenía enfrente. Harry le sonrió a Draco, como para inspirarle confianza, y ambos se dirigieron a la sección que tenía juguetes y trucos para niños de la edad de Teddy. Harry se probó un sombrero de mago explosivo y Draco rio cuando el objeto desapareció en una nube de humo morado, dejando sobre su cabeza un patito de hule. Añadieron ése y una docena más de juguetes a sus canastas. Luego, comenzaron a revisar el resto de la tienda.
—¡Eso está mal, ya te digo! ¡No deberían dejar que gente como ésa entre a la tienda! —Harry escuchó la aguda voz de una mujer, desde el otro lado de la tienda. Miró por encima de su hombro y vio que una bruja de mediana edad estaba en la caja, hablando con George. Llevaba una túnica de color amarillo mostaza, que contrastaba violentamente con su cabello rosa, y estaba apuntando directamente a Draco. Harry sintió cómo el rubio se tensaba a su lado, pero no se giró.
—Si no quiere comprar aquí, ya sabe dónde está la puerta —escuchó Harry que George decía, sin emoción alguna en la voz.
—¡¿Qué?! ¿Por qué debería irme yo? ¡Es al mortífago al que deberían echar de aquí! —La mujer había dejado de intentar mantener un volumen bajo, y todos en la tienda se habían girado para mirarla a ella o a Draco.
—Correcto, ya es suficiente —dijo Harry, y se dirigió a la mujer, ignorando la súplica de Draco de que se detuviera—. ¿Tiene algún problema con mi novio? —preguntó el moreno, mientras se detenía a pocos centímetros de la mujer.
—¿Tu novio? No me hagas enfermar. Tú, de toda la gente, deberías saber que sólo te está usando para recuperar su estatus en el mundo mágico.
—Draco probó que estuvo en el lado correcto de la guerra. Se merece ser alabado, no menospreciado. —Harry se obligó a mantener la calma y el tono bajo, pero no había nadie que dudara del enojo que se oía en su voz.
—Es obvio que te ha hecho algún tipo de hechizo. Una poción de amor, quizá. ¡Ya va siendo hora de que alguien te libere de ella! —Harry dio un paso hacia atrás cuando la mujer sacó su varita de repente, apuntándole, para luego lanzar un hechizo. El caos comenzó cuando Harry lo esquivó e hizo un Protego sin varita, al mismo tiempo que George agarraba a la mujer del brazo. Su hechizo rebotó contra el escudo, deshaciéndose en una lluvia de chispas plateadas. George tiró a la mujer al suelo. Harry trató de arrebatarle la varita de la mano, pero Draco lo empujó a un lado. La mujer estaba gritando venenosos comentarios, que nadie estaba escuchando; los clientes en la tienda estaban gritando maldiciones o ánimos, Harry no podía distinguirlos.
—¡Todos, cállense! —Le tomó a Harry un minuto darse cuenta de que había sido Draco el que había gritado. El silencio llenó el aire. Draco levantó a la mujer del suelo, y ella se hizo pequeña ante su presencia—. Si tiene un problema conmigo, apúnteme a mí con su varita. No se atreva a apuntar a Harry Potter. —Draco miró a su alrededor—. Lo mismo va para el resto de ustedes.
Harry puso su mano sobre el hombro de Draco y miró a la mujer, que los fulminaba a ambos con la mirada.
—¿En serio cree que yo estaría con alguien que hubiera estado de verdad del lado de Voldemort?
—¡Tiene la Marca! —gritó la mujer, alzando la barbilla retadoramente.
Draco comenzó a hablar pero Harry lo interrumpió.
—Draco tomó la Marca para salvarme. —Harry habló lo suficientemente fuerte como para que todos en la tienda lo escucharan—. La única razón por la que la tomó fue para salvar mi vida. Y la salvó de nuevo cuando me capturaron y estuvieron a punto de invocar a Voldemort. Usted no sabe nada acerca de cuán honorable es Draco Malfoy.
La mujer lo fulminó con la mirada pero se rehusó a contestar. George decidió que ya había tenido suficiente.
—Muy bien. Considérese vetada de por vida de Sortilegios Weasley. Harry, ¿quieres presentar cargos?
—No, no vale la pena la molestia. —Le quitó la varita a Draco y se la dio a George—. Regrésasela una vez que esté afuera. —George asintió y llevó a la mujer a la puerta, jalándola del brazo. Hubo un brote de aplausos cuando la mujer se fue. Una vez afuera, George arrojó su varita a la calle.
Harry tomó a Draco del brazo y ambos se dirigieron al cuarto trasero. Draco levantó un caldero que estaba sobre una mesa de trabajo, y lo arrojó hacia la pared frente a él.
—¡Con un carajo! (1)
—Está bien, nada pasó.
—¿Nada pasó? ¡Te apuntó con su jodida varita!
—¿Y qué? ¿En serio crees que una vieja bruja como esa sería capaz de hacerme algún daño? —Harry rio. Se acercó a Draco y puso su mano sobre el brazo del rubio—. No es tan…
Draco alejó la mano del moreno.
—¿Y si hubiera hecho el hechizo cuando no estabas viendo? ¿Y si alguien más hubiera decidido…?
—Draco, estás haciendo una tormenta en un vaso de agua… —Harry se interrumpió cuando George entró al cuarto. El pelirrojo los miró a ambos, mientras se fulminaban con la mirada el uno al otro.
—Vale. Tranquilicé a los clientes con plumas con auto rellenado para todos. ¿Cómo están ustedes?
—Bien —dijo Harry—. Lamentamos los problemas. —Draco bufó por su comentario y fue a pararse al otro lado del cuarto.
—No te preocupes. Bueno, iré afuera y dejaré que arreglen sus asuntos. —George se giró y salió. Harry rio cuando se dio cuenta de que George estaba silbando "Hay un asunto cocinándose en el caldero esta noche", de Celestina Warbeck, mientras caminaba.
—Me alegra que tengas algo de qué reírte, joder.
—¿En serio vas a dejar que la opinión de una simple bruja, que probablemente pasó la guerra escondiéndose en su bodega y leyendo El Profeta, te moleste? —preguntó Harry—. Su opinión no vale nada.
—No está sola, Harry —escupió Draco—. Recibo el mismo tratamiento cada vez que salgo. ¿En serio crees que…?
—Sólo tenemos que mostrarles que tú…
—No tenemos que hacer nada. Este es mi problema.
—Eso es pura mierda. Es nuestro problema. Ahora soy parte de tu vida. Lo que te pasa a ti, me pasa a mí.
Draco comenzó a formular una respuesta, pero obviamente lo pensó mejor.
—No quiero que salgas lastimado por mi culpa —dijo en voz baja. Sus palabras habían perdido el calor de la ira.
Harry caminó hacia el rubio con cautela, rodeándolo con los brazos.
—Entonces, en eso estamos de acuerdo. Yo tampoco quiero que algo te pase. —Draco se quedó tenso en su abrazo—. Sabes que eres aceptado por aquellos en el mundo mágico que entienden lo que en verdad pasó. Son sólo personas ignorantes, como ésa, que sólo leen El Profeta u otros periodicuchos (2). Ellos no entienden todo lo que nos costó vencer a Voldemort.
—Eso no lo hace mejor, Harry —dijo Draco, rechinando los dientes—. Puedo ir a algún baile del ministerio y no hay problemas, pero no puedo caminar por el callejón Diagon, sin arriesgarme a ser maldecido. No voy a arriesgarme a que resultes herido en el fuego cruzado.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Harry cuidadosamente, aunque por dentro, su estómago estaba removiéndose. ¿Había Draco decidido que no valía la pena estar con él?
—No deberíamos arriesgarnos, saliendo así. Todo está bien si simplemente hacemos lo que hemos hecho. Quedarnos en Grimmauld Place o en lugares muggles, como estábamos antes.
—No. —Harry negó con la cabeza—. Tú mismo lo dijiste, cuando estuvimos en Hogwarts el mes pasado. Quizá las cosas habrían resultado de forma diferente, cuando estuvimos en la escuela, si hubiéramos tenido el valor suficiente para hacer pública nuestra relación. No voy a esconderme en mi casa, como nos escondimos en ese entonces.
—¿Es que no lo entiendes? Soy odiado. Ellos… —dijo, haciendo un gesto hacia la puerta que daba al área principal de la tienda—. Ellos creen que te di algún tipo de poción de amor, o que te tengo bajo la imperius.
—Entonces, probaremos que están equivocados —dijo Harry—. No voy a rendirme contigo, y no me esconderé de tontos en mi casa.
Draco respiró profundamente y Harry pudo notar que estaba tratando de calmarse.
—No puedo dejar que algo te pase.
—Lo sé —le dijo Harry. Tentativamente, puso sus manos en el rostro de Draco y giró su cabeza, para que lo viera—. Vamos a resolver esto. Por lo mientras, salgamos de aquí.
—¿Y cómo se supone que haremos eso? —dijo Draco con gravedad—. Te apuesto a que la acera afuera de la tienda está llena de fotógrafos y reporteros.
—Hay dos formas. Salimos, los encaramos y damos una breve declaración. O, nos vamos por la flú a la Madriguera y desde ahí nos vamos a casa. El departamento de George tiene conectada su chimenea con la de la Madriguera.
Draco dio un suspiro y cerró los ojos.
—¿Pensarás que soy un cobarde si escojo usar la flú?
—No, no eres un cobarde. Todo menos eso. Déjame ir a decirle a George que ya nos vamos —dijo Harry, dándole al rubio un beso rápido. Salió a la tienda y vio que la predicción de Draco era correcta. Había una gran multitud enfrente de la tienda, y George estaba parado en la puerta, evitando que los reporteros entraran.
—Ya nos vamos, George. Vamos a usar tu chimenea —dijo Harry con un dejo de culpa. Odiaba dejar a George para que él solo se encargara de las repercusiones.
George le sonrió descaradamente.
—Adelante, puedo controlar a estos buitres.
Harry asintió y rápidamente regresó a la parte trasera de la tienda. Con Draco, subió las escaleras y entró al departamento de George. Sin detenerse, se dirigió a la chimenea y gritó "La Madriguera".
Molly Weasley lo miró con gusto y confusión al mismo tiempo, cuando ambos hombres salieron de la chimenea y aterrizaron en su cocina.
—Hola, Harry, Draco. ¿Estábamos esperándolos?
—No, Molly. Hubo un pequeño incidente en la tienda, y tuvimos que optar por una salida de emergencia —dijo Harry, mirando de reojo al rubio—. George sólo conecta su chimenea a la Madriguera y a San Mungo.
—Sí, y usa la conexión a San Mungo más que ésta —dijo Molly, riendo con tristeza—. ¿Les gustaría quedarse a cenar?
—No, necesitamos regresar a casa. Quiero decir, a mi casa. En otra ocasión será. —Harry miró a Draco, que estaba mirando insolentemente hacia el otro lado del cuarto, sin fijar la mirada en alguno de los dos. El moreno le ofreció el jarrón de polvos flú y Draco tomó un puñado; luego, desapareció—. Lo lamento, Molly. Me quedaría a explicarte, pero…
—No te preocupes, ya George me lo contará todo —dijo Molly—. Ve a casa y cuida de Draco. —Harry le dio las gracias y desapareció en la chimenea. Cuando salió por la chimenea de su sala de estar, miró a su alrededor, buscando a Draco. No podía verlo por ningún lado. Esperando que el rubio no se hubiera ido, subió las escaleras hacia su habitación. Draco no estaba ahí. Harry miró hacia arriba; sólo quedaba un lugar, así que subió las escaleras que llevaban a la terraza del techo. Draco estaba recargado contra el barandal, mirando hacia el parque y un poco más allá.
Harry se acercó y se paró junto a él.
—Hace frío acá afuera. Temía que te hubieras ido.
—Obviamente, no.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Harry en voz baja.
Draco se encogió de hombros.
—Ella tenía razón. —Se levantó la manga y estiró el brazo, para que Harry pudiera ver la marca—. Todo lo que dijo es verdad.
Harry tomó el brazo de Draco y recorrió las líneas del tatuaje con los dedos.
—Ésta es una marca de valentía para mí. No sé si yo podría haberlo hecho.
—Gracias a Merlín, no tuviste que encararlo —dijo Draco. Sonrió a regañadientes—. Ya tienes que lidiar con suficientes cicatrices de la guerra. —Se giró y volvió a mirar hacia el parque—. Todo mejorará. Sólo ha pasado un año y medio.
Harry podía notar que Draco no lo decía en serio.
—No me voy a rendir. No quiero que te sientas atrapado y no puedas salir. Quizá necesitamos considerar de nuevo la idea de la entrevista.
—No.
—Las cosas son diferentes ahora. Antes, no querías hacerlo porque…
—Todavía no quiero hacerlo. ¿Sentarme y contarle a Rita Skeeter cómo te borré la memoria? Ni de chiste.
—Idiotas como la bruja de hoy sólo creen lo que leen en el periódico. Si conseguimos que El Profeta deje de publicar fotos clandestinas que consiguen sacar de nosotros, y conseguimos que cuente una historia decente…
—Como si Skeeter fuera a contar algo de forma imparcial…
—Lo hizo antes, durante nuestro quinto año —rebatió Harry.
Draco rio.
—Eso fue sólo porque Granger descubrió su secreto y la chantajeó. Algo me dice que eso no funcionaría de nuevo.
Harry asintió, obviando el hecho de que Draco supiera cómo Hermione había logrado que Skeeter escribiera la historia, en esa ocasión, sin sus decoraciones usuales.
—Ginny, Neville y Luna vendrán a cenar esta noche. Hablemos con Luna, puede que tenga algunas ideas de cómo manejar esto, dado que su padre era el dueño de El Quisquilloso.
—No estoy de humor para recibir invitados. Creo que mejor me regreso al Centro.
Harry rio.
—Ni creas que vas a dejarme sólo para cenar con nuestras dos exes, y tenerlas a ambas mirándome y preguntándose qué fue lo que hice para que te fueras. —Harry giró a Draco, para que lo mirara—. Vamos. Haré que Kreacher prepare la cena y tú y yo iremos a tomar un baño.
—Dudo mucho que pueda llamar a Luna "mi ex". Además, ¿en serio crees que puedes ponerme de buen humor, nadando en esa tina tuya? —preguntó Draco, negando con la cabeza.
—Me gustaría intentarlo. —Harry sonrió de forma, según él, seductora—. Vamos, averigüémoslo.
OoOoOoO
Fue una cena incómoda, en la que Draco participó mínimamente en la conversación. Harry se recargó contra el respaldo de su silla con alivio.
—¿Por qué no subimos a la sala de estar? —sugirió Harry, mirando a Draco de reojo. El rubio asintió y se puso de pie.
—De hecho, me gustaría ver el mural que pintó Draco de nuevo —dijo Luna repentinamente.
—Oh. Seguro. —Harry la miró con extrañeza, pero todos subieron al cuarto de Teddy. Luna estudió el mural con cuidado y luego se giró para mirarlos.
—Creo que funcionará. Deberían comenzar ya mismo.
Harry miró a Luna y luego a Draco, que negó con la cabeza.
—¿Qué deberíamos comenzar, Luna?
—Su libro, por supuesto —dijo Luna, asintiendo con felicidad—. Si quieren que sea publicado a tiempo para la temporada navideña.
—¿Y de qué libro estamos hablando? —preguntó Draco, sonriendo a regañadientes, por primera vez desde que se habían ido de Sortilegios Weasley.
—El primero en la serie de libros de "Charlie: el Domador de Dragones" —dijo Luna, mientras se giraba y salía del cuarto, dirigiéndose al piso de abajo—. Mi jefe ya me dio luz verde.
Harry miró a Draco.
—¿Tú sabías de esto? —Draco negó con la cabeza.
Ginny los miró sonriendo.
—Ya conocen a Luna. No deja que cosas como comentar sus ideas eviten que las ponga en acción. Algo así como tú y mi prueba con las Harpies, Harry.
—Bueno, pero eso funcionó muy bien, ¿no es así? —contestó el moreno, sonriéndole. Ginny había sido contratada como cazadora sustituta, y Harry no dudaba que pronto formara parte de la alineación principal—. Eso no tiene mucho en común con que yo escriba un libro.
Todos bajaron y se encontraron a Luna cómodamente sentada en la sala de estar.
—¿Qué le prometiste a tu editor, con exactitud? —le preguntó Harry con curiosidad.
—Un libro infantil escrito por Harry Potter e ilustrado por Draco Malfoy —dijo Luna—. Ni siquiera me pidió que le llevara muestras del trabajo.
Neville rio.
—Con sus nombres en la cubierta, se acabará incluso antes de que llegue a los estantes.
—No —dijo Draco, rechinando los dientes—. No lo haré.
Ginny miró a ambos.
—No es una mala idea, de hecho. Tus dibujos son increíbles, Draco, y Harry siempre ha podido contar una historia de forma que todos mantengan la atención fija en él.
Harry rio por ello.
—¿Yo? Tartamudeo cada que hablo.
—No, no lo haces. No cuando estás contándole cuentos a Teddy o cuando estás conversando con alguien normal. Creo que tartamudeas sólo cuando estás nervioso. Además, necesitas algo que hacer ahora que no puedes jugar al Quidditch. —Harry hizo una mueca pero no respondió. Haber tenido que renunciar a su lugar en el equipo de los Cannons aún le hacía sentir mal. Sabía que no podía arriesgarse a jugar, pero era difícil dejar algo que amaba tanto como el Quidditch. Se acercó a donde estaba el licor y sirvió vasos de vino para todos, mandándolos levitando hacia Ginny, Luna y Neville. Llevó su vaso y el de Draco hasta donde el rubio estaba sentado. Luego, tomó el lugar junto a él, lo suficientemente cerca como para que sus muslos se tocaran, pero no tanto como para irritarlo en su mal humor. Draco aceptó el vino y, con su mano libre, tomó la de Harry ligeramente.
—Además, te ayudaría con tus problemas de relaciones públicas, Draco —dijo Luna, mientras levantaba su vaso y miraba el fuego a través del líquido.
—¿A qué te refieres?
—La manera en la que todos en la calle te odian. Escribir un libro de niños ayudaría.
—O les daría algo para quemar. —Draco negó con la cabeza—. Deberías haberlo discutido con nosotros primero, Luna.
—Habrías dicho que no —dijo Luna, guiñándole un ojo—. Y ambos sabemos que sólo te estás negando por la infestación de wrackspurts. —Draco rio un poco. No por primera vez, desde que se había enterado de la relación de Luna y Draco en la mansión, Harry observó esos pequeños intercambios. Ambos conocían un lado del otro que nadie más conocía. Se sentía como la relación que él tenía con Hermione, y Harry se sintió feliz de que Draco tuviera a alguien tan cercano, aparte de él.
—No sé si Charlie vaya a querer ser un personaje en un libro, Luna —dijo Harry.
—Pregúntale —dijo Ginny—. En serio, yo pienso que es una genial idea.
Harry podía sentir la frustración de Draco creciendo y, prontamente, cambió de tema. Después de que todos se fueron, se fueron a la biblioteca. Draco miraba el fuego intensamente.
—¿En serio no quieres escribir un libro?
Draco lo miró de reojo y se encogió de hombros.
—No quiero que la gente compre un libro sólo porque tiene nuestros nombres en la portada.
—¿Por qué no?
—¡Porque no somos un jodido acto de circo! No voy a hacer trucos y hacer que la gente lo compre, así como lo hacen con El Profeta.
—Entonces, usaremos pseudónimos, o —Harry dudó—, lo hacemos con nuestros nombres y donamos las ganancias a la Fundación.
Draco lo miró fijamente.
—¿En verdad quieres hacer esto?
—Ginny tenía razón, necesito algo que hacer. Además —añadió como quien no quiere la cosa—, podría ayudarme a distraerme de las sesiones de San Mungo.
Draco se giró.
—Van a volverse más fáciles…
—Lo sé, ya van mucho mejor que antes, pero esto me daría algo qué hacer, y así tú podrías preguntarme algo más cuando llegues a casa del trabajo, aparte de "¿Te sientes bien?"
Draco sonrió a regañadientes.
—Pero me interesa saber cómo te sientes.
—Lo sé. —Harry lo miro fijamente—. A Teddy le encantaría si escribiéramos un libro.
—Cierto.
—Antes de ponernos a pensar en ello, necesitaríamos preguntarle a Charlie si quiere estar en un libro —dijo Harry, dudando—. ¿Debería preguntarle en mi siguiente carta? —Sabía que Draco aún se sentía celoso de Charlie, pero no intentaba evitar que el moreno intercambiara lechuzas con el pelirrojo. Draco se encogió de hombros y Harry supo que eso era lo mejor que podía esperar.
OoOoOoO
En El Profeta de la mañana siguiente, apareció una entrevista con la mujer que había atacado a Harry. La única respuesta publicada fue el firme comentario de George: "Sin comentarios", y un "fuimos incapaces de contactar a Harry Potter y Draco Malfoy". Harry hizo una mueca cuando leyó el artículo. Iban a tener que hacer algo, pero no sabía qué.
—¿Cómo es que recibes esa basura? —gruñó Draco cuando entró a la cocina. Llevaba puesta su túnica del Centro.
—No lo recibo yo, Andrómeda está suscrita. No puedo evitar leerlo si está aquí en la mesa —dijo, señalando el artículo—. Esto es precisamente por lo que necesitamos mostrar nuestro lado de la historia. Casi toda la gente lee eso y piensa que tiene razón.
—¿Y qué te hace pensar que un artículo con nuestra versión de la historia vaya a hacerlos cambiar de opinión?
—Quizá no funcione, pero al menos estaríamos intentándolo.
Draco se encogió de hombros.
—Podemos discutirlo, luego. Necesito ir a trabajar.
—¿No tienes tiempo para desayunar? —preguntó Harry sorprendido.
—No, quiero salir temprano, para poder prepararnos para mañana. —Draco miró a Harry—. ¿Qué vas a hacer hoy?
Harry se encogió de hombros.
—Quizá vaya a la casa de Devon, a correr por el páramo. —Odiaba lo estacionaria que se había vuelto su vida. Sin la expectación del próximo juego de Quidditch, sin la emoción que sentía al entrar a las cuevas de los dragones. Sin contar a Draco, todo parecía estar en un limbo, esperando a que las sanadoras declararan que su tela de memoria había sanado lo suficiente como para comenzar a ser activo de nuevo.
Miró cómo el rostro de Draco mostraba el hecho de que no le gustaba que Harry corriera solo por Dartmoor. Ya lo habían discutido bastantes veces. Sabía que Draco no trataría de convencerlo de que no lo hiciera. El rubio bajó la mano y le robó un trozo de pan tostado.
—Sólo ten cuidado —dijo, mientras se giraba hacia la chimenea. Miró por encima del hombro, en el último momento—. Si quieres escribirle a Weasley, puedes hacerlo. Consigue su permiso para lo del libro. Lo haré si en verdad quieres escribirlo.
—¿Estás seguro?
Draco asintió.
—Si te mantiene lo suficientemente ocupado como para que no te vayas a correr a ese jodido páramo a la mitad del invierno, valdrá la pena.
Después de mandarle una lechuza a Charlie, Harry sí fue a la casa de campo que todavía rentaba en Devon. Él y Draco habían pasado varias noches ahí. Era agradable poder escaparse tan seguido. Como un compromiso silencioso hacia el rubio, caminó por su ruta usual, en lugar de correr. Había una ligera capa de nieve en la tierra, y el viento se sentía bien después de haber pasado tanto tiempo en Londres. Mientras caminaba hacia el casquete, se encontró a sí mismo planeando una historia, preguntándose si sí podría escribir un libro. Pronto, se perdió en la idea, tratando de imaginar qué cosas funcionarían.
Para cuando regresó a Grimmauld Place, Draco ya había regresado del trabajo. Su cabello seguía húmedo por la ducha que había tomado, y se había vestido con unos pantalones muggles usados, lo que hizo que Harry caminara hacia él de inmediato y lo besara, mientras pasaba las manos detrás del rubio y las metía en los bolsillos traseros de la prenda, para acercarlo aún más.
—No traes la ropa con la que corres —comentó Draco en voz baja.
Harry sonrió y negó con la cabeza.
—Sólo di una caminata. —Draco dio un suspiro de alivio y Harry se inclinó hacia delante, para besarlo de nuevo. Draco metió las manos por debajo de la camiseta de Harry, y así se mantuvieron por un rato, hasta que los murmullos de Kreacher lograron captar la atención del moreno. Mirando a su alrededor, se dio cuenta de que seguían en la cocina. Le sonrió al rubio cuando Kreacher anunció en voz alta que, si esperaban que hiciera la cena, podrían salir de su, murmullo, murmullo, cocina (3).
Ambos hombres subieron hasta el cuarto de Harry, que lo consideraba ya como el cuarto de ambos. Draco ya había encendido las velas. El cuarto se llenó de un brillo dorado ligero.
—Ve a tomar un baño, yo prepararé lo demás.
Harry asintió y fue al baño, donde se encontró con que Draco ya había llenado la tina, y el agua estaba tibia y olía bien. Harry se desvistió y se deslizó en el jacuzzi. Cuando tuvo problemas durante las primeras sesiones de los injertos, Watson sugirió que tomara una poción sedante la noche anterior, para que lo ayudara a relajarse. Harry se había negado rotundamente, y Draco había estado de acuerdo con él. Juntos, pensaron en una rutina para la noche anterior a la sesión, que ayudaría a que Harry estuviera relajado y preparado. Un baño, la cena servida en su cuarto, horas de plática tranquila y lectura con Draco, acerca de su tiempo en Hogwarts. Terminaban la noche en los brazos del otro, siendo la unión física la liberación final del deseo que, inevitablemente, se acumulaba durante toda la velada.
A regañadientes, Harry salió de la tina cuando el agua se enfrió, pues el hechizo calentador comenzaba a desaparecer. Se puso unos pantalones vaqueros y una camisa verde gastada, que no se fajó. Regresó a la habitación, para encontrarse con que Kreacher ya había dejado la cena. En la mesa que estaba cerca de las ventanas, había más velas que iluminaban las cubiertas plateadas que cubrían la comida. Draco estaba cerca del tocadiscos, mirando los álbumes. Harry caminó hasta quedar detrás de él, metiendo sus manos en los bolsillos delanteros del rubio.
—¿Alguna vez te he dicho lo mucho que me encanta cómo se te ven estos pantalones?
—Creo que has mostrado tu aprecio por ellos una vez o dos. —Draco le mostró un álbum y Harry asintió, mostrando que estaba de acuerdo. En uno de sus viajes semanales a lugares muggles, llegaron a la tienda Reckless Records, en Soho, donde pasaron horas revisando los álbumes (4). Juntaron las cabezas cuando tuvieron que compartir los audífonos, escuchando los grupos que Harry había conocido sólo en la oscuridad de su alacena. Con los discos en casa, se quedaban hasta tarde escuchándolos. Esa noche, sin embargo, Draco escogió el álbum de los Beatles que le había regalado a Harry en cuarto año. Al día siguiente, en la sesión de San Mungo, revisarían los recuerdos de Navidad y el Baile.
Cuando la música comenzó a sonar, los brazos de Draco lo envolvieron y ambos bailaron lentamente. Harry se perdió en las sensaciones, como si fueran las dos únicas personas en el mundo. Sin ganas de hacerlo, Draco dio un paso hacia atrás.
—Deberíamos comer…
Se sentaron a la mesa. Cuando levantaron las tapas de la comida, Harry no pudo evitar apreciar el hecho de que Grimmauld Place había venido con un elfo. Hermione podría estar molesta, pero era muy agradable que alguien les preparara cosas deliciosas cuando no sentían ganas de cocinar. Se sirvió un poco de estofado de cordero y miró a Draco, que estaba jugando con su copa de vino. Bajó la cuchara y estiró el brazo, cubriendo la mano del rubio con la suya.
—Recuerda, no pienses en ello. Hagamos esto, un paso a la vez.
Draco le sonrió débilmente y Harry lo miró obligarse a apartar su mente de la sesión del día siguiente.
—No te he contado lo que pasó cuando intentamos hacer que los niños de cinco años hicieran un autorretrato… —Draco comenzó a contarle lo que había pasado en el Centro, y Harry le compartió qué animales salvajes había visto en el páramo. Por fin terminaron de cenar, y Harry hizo un hechizo que mandó los platos de vuelta a la cocina, mientras Draco ponía otro álbum. Éste se escuchó suavemente en el fondo, mientras ambos se dirigían a la cama de Harry.
Draco había puesto el diario y los dibujos sobre el cobertor. Se sentó, apoyándose contra la cabecera, y Harry se acomodó frente a él. El rubio lo abrazó y puso las piernas a sus costados. Draco cerró los ojos. Retrocediendo seis años en su mente, comenzó a contarle acerca de la semana antes de Navidad. Le contó de cómo habían reído él y Cedric, cuando Harry reveló que no había conseguido invitar a Cho al Baile. Le contó de cómo había ordenado los álbumes, sus conversaciones nerviosas con Cedric, preguntándose si sería bueno para Harry recibirlos de regalo. La emoción que sintió cuando vio a Harry entrar a los vestidores, la mañana de Nochebuena.
Draco apretó la mano del moreno.
—Aún no podía creer que estuvieras caminando hacia mí, con una sonrisa en tu rostro. No entendía cómo habíamos pasado de ser enemigos a ser amigos en tan poco tiempo. Ahí estabas, dándome un beso de buenos días, y yo no sabía cómo había pasado, pero no quería dejar de sentirme así nunca. Sin embargo, lo escondí actuando como si estuviera molesto por haber tenido que levantarme al amanecer, para pasar un poco de tiempo contigo ese día.
Harry miró sus manos entrelazadas.
—Sí pasó muy rápido, ¿verdad? Así como ahora. Hace dos meses, me daba miedo hablar contigo. Ahora, odio el hecho de que te vayas y regreses a tu casa.
Draco se movió para poder besarlo.
—No entiendo cómo pasó tan rápido en ese entonces, pero, ¿ahora? Creo que es porque nos conocemos desde hace tanto tiempo. Y regreso al Centro porque quiero darte tu tiempo. Porque esto está yendo rápido para ti.
—No tienes que…
—Un paso a la vez, ¿recuerdas? —dijo Draco—. Enfoquémonos en esta noche, ¿vale? —Harry asintió. Draco cerró los ojos de nuevo mientras Harry apoyaba la cabeza en su hombro, escuchando el rubio decir que él, Harry, había llevado una canasta con el desayuno—. No recuerdo qué comimos, sólo sé que nos detuvimos y nos besamos por lo que pareció una hora. Luego, me diste mi regalo. —Draco se enderezó abruptamente y se bajó de la cama. Harry lo miró mientras caminaba hacia la cómoda y regresaba con una caja de madera que el moreno no había visto anteriormente—. Me diste esto.
Harry estiró la mano, vacilante, y abrió las tapas. Vio que era un estuche de arte, lleno de material.
—Entonces, ¿yo ya sabía que eras un artista? —preguntó, mientras tocaba los bordes desgastados del estuche.
—No te lo había dicho. Lo adivinaste por algo que viste en la clase de Binns. Vamos a tener que pedir los recuerdos de Hermione y de Weasley para eso. —Draco rio, un bajo gruñido que hizo que la entrepierna de Harry se moviera—. Decir que estaba sorprendido es quedarse corto. Fue muy Slytherin la forma en la que lo descubriste todo, y cómo me sorprendiste con esto. —Draco levantó un lápiz del estuche y, concentrado, probó su punta—. Cuando regresé en sexto año, después… —Su voz tembló.
Harry asintió.
—Después del Delere.
Draco se puso tenso al oír la palabra pero asintió.
—Regresé por esto. No podía dejarlo atrás. No me había atrevido a llevármelo a la mansión ese verano, así que seguía en los vestidores. —Regresó el lápiz al estuche y lo cerró—. Ya usé dos o tres paquetes de repuestos, pero nunca podría dibujar una línea en una hoja de papel sin pensar en tu regalo.
—Me alegra —dijo Harry—. Y luego, me regalaste los álbumes.
Draco miró el tocadiscos, que desde hacía rato había dejado de sonar. Asintió.
—Al principio, temí haber cometido un error, pero luego me dijiste que era perfecto y mi corazón comenzó a latir de nuevo.
—Y bailamos.
Draco negó con la cabeza.
—No, al principio sólo escuchamos la música. Sentados en el suelo, abrazados. Sentados como estamos ahora, de hecho. Y podía sentir que temblabas. Supe que estabas tratando de mantener la calma, pero yo tenía miedo de haber arruinado tu Navidad. Entonces, hice que te pusieras de pie y bailaras y, Salazar, en ese momento supe que estaba en peligro de enamorarme perdidamente de ti.
—Puedo imaginarme cómo se sintió para mí —dijo Harry suavemente—. Poder escuchar la música de nuevo.
Draco asintió.
—Creo que dijiste algo así como que nunca habías escuchado la música en volumen alto. Siempre con audífonos. Sonaba diferente. Y luego, tuvimos que regresar para desayunar con los de nuestras casas. Después, fue el Baile de Navidad. —Draco rio. Estiró la mano y tocó el brazo de Harry con los dedos.
Harry hizo un sonido de gusto.
—Sí, el Baile de Navidad, donde hice el ridículo en la pista de baile.
—Bueno, no me culpes a mí. Hice lo que pude para enseñarte —dijo Draco con suficiencia—. Creo que simplemente querías bailar conmigo.
—O con Cedric —bromeó Harry, recordando el breve recuerdo que tenía de haber bailado con Cedric.
—Cierto. Cedric bailaba muy bien —dijo Draco—. Fueron buenos días, los que estuvimos abajo con él.
Harry asintió y Draco apretó su abrazo. Se quedaron sentados así por un rato. Perdido en sus propios pensamientos, Harry intentó imaginar qué habría estado pensando en esos momentos; al ir al Baile con Parvati y tener que ver a Draco bailar con alguien más.
—Tú fuiste con Pansy, ¿no es cierto? ¿Al Baile? —Repasó el muslo de Draco con una mano, disfrutando el escalofrío que le provocó. El rubio bajó la mano y detuvo la de Harry. Tenían toda la noche, lo sabía, así que se recargó contra el pecho del rubio con un suspiro satisfecho.
—Sí, Pansy era mi cita de ley, cuando necesitaba una para algún evento en la mansión o en Hogwarts —dijo Draco, encogiéndose de hombros—. Nos besamos unas cuantas veces en segundo año, pero pronto se volvió claro que mis intereses estaban en otro lado. En ese entonces, era una buena amiga. —La última parte la dijo en voz baja. Harry se movió para poder ver el rostro de Draco.
—La extrañas. Quiero decir, a todos los Slytherins —afirmó.
—Extraño el compañerismo; ser un Slytherin y estar con aquellos que pensaban como yo… —Se detuvo—. Pero esa no es conversación para esta noche.
Harry lo aceptó.
—¿Cuánto durarán los recuerdos mañana? ¿Navidad, el Baile…?
—Creo que unas cuatro o cinco horas —dijo Draco, suspirando—. Es difícil identificar el tiempo…
—Lo sé, está bien. —Una vez que estaban bajo el hechizo, Draco tenía la difícil tarea de tratar de pasarle los recuerdos a Harry, mientras intentaba darle seguimiento al tiempo. Sólo podía estar bajo el hechizo por seis horas, porque sabían que, de otro modo, habría problemas.
—¿Listo para el diario? —Harry asintió y Draco lo tomó, abriéndolo en la página que había marcado. Harry se hizo para atrás y mantuvo el cuaderno abierto, mientras leía. Draco no leyó con él. Se quedó sentado ahí, peinando el cabello de Harry con los dedos. El cuarto estaba en silencio, excepto por los sonidos que emitían las llamas de la chimenea y el sonido del moreno, pasando las páginas lentamente.
El diario le permitía echar un vistazo fascinante a los pensamientos más profundos de Draco. Harry se había negado la primera vez que había comenzado a leerlos, pero Draco había insistido.
—No tienes tus recuerdos y tampoco sabes lo que pensabas. Lo menos que puedo hacer compartir lo que yo pensaba.
Entonces, había leído los diarios y había reído por una de las primeras páginas, donde Draco había enlistado lo que Harry había desayunado, almorzado y cenado. "¿Tartas de melaza? ¿Por qué alguien comería las enfermizas cosas que ofrecen aquí, cuando hay unas mucho mejores en la pastelería del callejón Diagon?", se había preguntado el Draco de catorce años.
La lectura de esa noche fue casi todo lo que Draco le había contado, pero estaba ilustrada con pequeños garabatos graciosos. Dibujos de ellos sentados sobre una manta, en los vestidores, el desayuno olvidado mientras se besaban. Harry bailando con una Parvati de expresión ligeramente amarga. Harry sentado en la mesa principal, en el Baile de Navidad, con los otros campeones y sus citas. Un exagerado retrato de Pansy con su túnica rosa. Un autorretrato de Draco, con aspecto serio y malfoyezco (5).
Por fin, cerró el cuaderno y se perdió en la sensación de Draco, apoyado contra él, sus dedos masajeando gentilmente sus hombros, su aliento contra su piel mientras besaba su nuca.
—¿Esto está bien?
—Hmmm —murmuró Harry. Puso el cuaderno a un lado y estiró las manos para tomar las de Draco. Con calma, besó las palmas de ambas y pudo sentir que Draco se movía contra él. Notó la dureza que hacía presión contra su espalda baja. Tomó la mano del rubio y presionó su propia erección con ella. Draco protestó, apartando la mano.
—Deberíamos terminar. Si…
Harry lo calló girando sobre él y montándolo, besándolo mientras lo hacía.
—Está bien. No necesito algo más que sentirte dentro de mí.
Draco gruñó y jaló a Harry hacía sí.
—Eso puedo hacerlo, definitivamente.
A la mañana siguiente fueron a la oficina de Watson. La sanadora los saludó con una sonrisa.
—Buenos días. ¿Alguna pregunta antes de que comencemos? —Ambos negaron con la cabeza; el único signo de tensión era la forma en la que sus dedos estaban entrelazados con fuerza. Watson ya estaba familiarizada con lo que les funcionaba. Entre más pronto comenzaran las sesiones, mejor. La mujer se movió hacia el frasco de poción que estaba esperando sobre su escritorio—. La poción está lista. Vayan a la sala de tratamiento y empiecen. Estaré con ustedes cuando sea hora.
Draco tomó el frasco y ambos atravesaron la entrada hacia el cuarto que estaba a un lado de la oficina, donde la sesión tenía lugar. Las paredes estaban pintadas de color azul oscuro, que al principio había incomodado a Harry, pero luego había aprendido a apreciar la calmada oscuridad del cuarto. Había un sillón y dos sillas, y una gran alfombra en el suelo. Se sentaron en el sillón y Draco destapó el frasco, dándoselo al moreno. Éste hizo una mueca y miró el frasco.
—Hasta el fondo —dijo entre dientes, para después beber el amargo líquido, tan rápido como lo pudo soportar. Limpiándose la boca con el dorso de la mano, puso el frasco en el suelo y se giró, para recostarse sobre el sillón, con la cabeza en el regazo del rubio. Sabía que la poción haría efecto rápidamente, así que estiró la mano y acunó el rostro de Draco con ella—. Estaré bien.
Draco asintió bruscamente, pero la tensión en su rostro no desapareció, mientras Harry sentía que la poción obligaba a su mente a perder concentración, y todo se ponía borroso. Apenas se dio cuenta de que Draco le decía "Te amo", mientras se le iba la consciencia.
OoOoOoO
Draco estiró la mano y le quitó los lentes al moreno, para después ponerlos sobre la mesa. Se quedó ahí sentado, viendo cómo Harry reposaba, inconsciente, sobre su regazo. Le tomaba una hora a la poción relajar completamente la tela de memoria que se esparcía dentro de la cabeza de Harry. El rubio miró la quietud de su rostro, una quietud que nunca estaba ahí cuando dormía naturalmente. Lo único que le aseguraba que seguía respirando era la forma en la que su pecho se elevaba y bajaba. Draco alzó la mirada, sorprendido, cuando Watson y su asistente entraron a la habitación. La mujer señaló el reloj en la pared y Draco asintió. Con gentileza, sacudió a Harry, esperando que la nueva fórmula de la poción continuara trabajando y le permitiera entrar en un estado de trance.
—Harry, ya es hora —dijo suavemente, y luego con más fuerza cuando Harry no respondió. Por fin, el moreno abrió los ojos, con expresión atontada, y le sonrió a Draco.
—Hola, guapo —dijo, arrastrando las palabras.
Draco rio.
—Hola a ti. —No se molestó en preguntar si estaba listo. En este estado relajado, Harry no era capaz de pensar—. Es hora de despertar.
—Estoy despierto —contestó Harry—. ¿Ves? —Y luego, abrió sus hermosos ojos verdes de forma exagerada. Lentamente, Harry pudo enderezarse con el apoyo del rubio. Sus ojos mostraron un poco más de concentración, pero no pidió que le dieran sus lentes. Nunca lo hacía bajo la influencia de la poción.
Watson esperó pacientemente y, cuando Draco sintió que Harry estaba listo para ponerse de pie, el asistente de Watson se acercó y, entre ambos, lo ayudaron a llegar a una alfombra azul, donde lo sentaron. Draco se sentó detrás de él, empujando al moreno para que se recargara contra él. Las piernas y los brazos del rubio rodeaban a Harry una vez más.
—¿Listo para comenzar? —preguntó Watson. Draco apretó a Harry con un brazo, mientras sacaba la varita con la otra mano—. Haré los encantamientos de estabilidad, y luego tú harás el hechizo de memoria. —Draco asintió. A pesar de que ya habían hecho esto una docena de veces, era tranquilizante escuchar la voz de la sanadora, diciéndole qué hacer después.
El cuarto se llenó con una luz dorada cuando el hechizo sacó las líneas de estabilidad y, luego, la tela de memoria de Harry apareció, rodeándolos a él y a Draco. Era una prueba visual de lo que Draco había hecho. La primera vez que la había visto, había caído de rodillas y había vomitado.
Watson le hizo un gesto y el rubio llevó su varita a su propia frente, para hacer el hechizo. Se obligó a sí mismo a concentrarse en los recuerdos precisos que necesitaba compartir esta vez. Una línea de líquido plateado, con destellos azules, se adhirió a su varita. Respiró profundamente e hizo la siguiente parte del hechizo: el líquido se deshizo en millones de gotas que flotaron junto a él por un momento, pero luego, lentamente al principio y más rápido después, comenzaron a girar a su alrededor, formando una banda de unión que daba vueltas sin alentarse. Draco podía sentir la frialdad de la banda, mientras se apretaba alrededor de ambos hombres.
—Qué bonito —dijo Harry. Draco se tensó, temiendo que Harry no estuviera lo suficientemente despierto, pero el moreno palmeó su brazo—. Siempre es bonito cuando haces eso —terminó. Draco dio un suspiro de alivio.
—Muy bien. Voy a hacer la última parte. ¿Estás listo? —Harry asintió y Draco dijo las últimas palabras del hechizo. El tiempo pareció no existir, cuando ambos cayeron en el recuerdo. A diferencia de un recuerdo de pensadero, no podían hablar o moverse. Era más como estar en un tren y ver los recuerdos pasar lentamente junto a ellos. Sabía que Harry podía sentirlo, que Harry sabía lo que estaba pasando. Aun así, se sentía raro revivir los recuerdos con tanto detalle. Se estudió a sí mismo, preguntándose cómo era que había sido tan joven, Harry, tan parecido y tan diferente al hombre que era ahora. Miró los toques vacilantes que a veces compartían. Ninguno de ellos completamente seguros de sí mismo, en esa etapa tan temprana de su relación.
Las horas pasaron y, por fin, el último recuerdo se desvaneció. La banda de unión brilló y luego cayó; ambos suspiraron de alivio cuando se sintieron libres de su fuerte agarre. El rubio se removió, incómodo en el suelo.
—Espera sólo un momento, mientras los reviso —escuchó Draco que Watson decía suavemente. Sintió el susurro de sus hechizos repasándolos. Después de un rato, dijo que todo estaba bien y ambos hombres se levantaron juntos. Sus cuerpos protestaron por el movimiento, después de haber estado quietos por tanto rato. Watson le preguntó a Harry lo rutinario, y el moreno contestó debidamente. Draco dio un suspiro de alivio cuando Harry reportó que no sentía dolor de cabeza ni veía auras.
—Todo se ve bien. Los dejaré para que descansen. Toquen en mi puerta cuando estén listos. —La mujer salió del cuarto y Draco y Harry se quedaron ahí, con los brazos alrededor del otro.
—Me encantaron los bailes —susurró Harry por fin. Estiró la mano y tocó el cabello de Draco—. Y me encanta tu cabello así, en vez de peinado para atrás con gomina.
—Hmmm. ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
—Pansy se veía horrible de rosa —añadió Harry con una sonrisa.
—Eso es cierto. Si alguna vez la vuelves a ver, asegúrate de decirle eso —dijo Draco—. ¿Quieres sentarte?
—No, estoy muy tenso. Esa fue una sesión muy larga.
—Lo sé, la siguiente será más corta. Es sólo que quería…
—Está bien. Estuvo bien. Bueno, extraño. Es como si estuviera saliendo con dos personas a la vez. Gano recuerdos del viejo tú y del nuevo tú al mismo tiempo. —Harry bostezó y, a pesar de sus protestas, Draco lo llevó al sillón, donde ambos se recostaron, de forma parecida a como solían hacerlo en el de los vestidores, y Harry se quedó dormido. Esta vez, de forma natural, lo que hizo que el rubio no se preocupara.
Cuando regresaron a la oficina de Watson, la sanadora les sonrió para tranquilizarlos.
—Creo que por fin hemos encontrado la fórmula correcta de la poción. Duró todo el tiempo y aun así te permitió saber lo que estaba pasando.
Harry asintió.
—Funcionó bien.
—Bien. Entonces, nos veremos el próximo jueves. Si todo continúa yendo así de bien, podemos volver a considerar dos sesiones a la semana.
Harry miró a Draco, que negó con la cabeza.
—No, una vez a la semana está bien. Nos tomará más tiempo pero es mejor.
—Está bien. Llámenme si tienen alguna preocupación o algún problema —dijo Watson.
OoOoOoO
Llegaron a Grimmauld Place y fueron directamente al cuarto de Harry. El rostro del moreno ya mostraba señales de cansancio, a pesar de que había tomado una siesta después de la sesión.
—Prepararé el baño —dijo Draco y se dirigió a llenar la tina. Añadió los aceites aromáticos e hizo un encantamiento calentador, para asegurarse de que, en su estado debilitado, Harry no sintiera mucho frío.
Draco salió del baño y se encontró a Harry sentado junto al estuche de arte, que estaba sobre la cómoda. Estaba repasando su tapa con los dedos.
—El recuerdo de hoy fue uno muy lindo.
Draco asintió.
—Uno de mis favoritos. Tomemos nuestro baño.
—Nunca mencionaste lo brillante que fui al poner una tina lo suficientemente grande para dos personas en mi baño.
—¿Recuerdas la primera vez que recorrimos la casa, con mi madre y todos los demás, para ver qué habías hecho con el lugar? —preguntó Draco.
Harry asintió.
—No entraste a ver la tina.
—Claro que no lo iba a hacer. Lo último que necesitaba en ese momento era ver dónde ibas a estar bañándote. Mi imaginación ya era más de lo que podía manejar; verla de verdad me la habría puesto dura permanentemente.
—Bueno, ya no tienes que imaginarlo —dijo Harry con una sonrisa, mientras llevaba a Draco al baño.
(1) Frase con posibilidad de ser cambiada a como ustedes gusten: alguna más grosera o menos grosera… :D
(2) Periodicucho: una publicación que carece de calidad. ¿Esa palabra es usada en otros lados de habla hispana?
(3) Quiero creer que el "murmullo, murmullo" son algunas malas palabras élficas.
(4) Sí, sí existe la tienda. Venden vinilos y CDs.
(5) Dos cosas: en el original, dice que Harry está bailando con Cho, pero recuerden que Harry va al baile con Parvati. Entonces, pues le puse Parvati. Segunda: malfoyezco no existe, pero siento que es un buen término, ¿no lo creen? Es como cuando dicen que algo es quijotesco, hablando del Quijote de la Mancha.
Y ya...
Adigium21
