Notas de la autora:
Éste es el capítulo final de Twist. Hay un corto epílogo que subiré esta noche.
Notas de traductor:
Bueno, obviamente, no subiré el epílogo aún… Primero acabemos este capítulo, que sí está partido…
Gracias a Shadow Lestrange Potter, Bydanny, Kaith Jackson, Silvers Astoria Malfoy, hondakana, xonyaa11, toxica666, Acantha-27, kawaiigiirl, Adriana11, Dandelion's Lollipop y jessyriddle por comentar en el capítulo anterior.
Disfruten…
Abril, 2000
Draco alzó la mirada de su cuaderno, cuando Harry entró al cuarto.
—¿Cómo te fue? —Harry había ido a San Mungo para una evaluación. Habían decidido tomarse un par de semanas de descanso, para darles oportunidad a ambos de descansar y prepararse mentalmente para los recuerdos que venían. Los siguientes los llevarían por la última prueba del Torneo y la muerte de Cedric. Ninguno de ellos quería revivirlo con el detalle que tendrían los recuerdos. Draco había sugerido que se lo saltaran, pero las sanadoras insistieron en que, para sanar la tela de memoria del moreno, necesitaban tantos recuerdos como fueran posibles.
Harry se encogió de hombros y se sentó en el brazo de la silla de Draco.
—Creen que se ve igual, lo que significa que se ve bien.
—Entonces, ¿seguimos con el plan de comenzar la semana que viene?
—Ajá. —Harry estaba estudiando el dibujo en el que Draco había estado trabajando. Era de Charlie, para en el centro del corral principal, en el campamento de dragones—. ¿Puedo ver? —Draco dudó pero luego le dio a Harry su cuaderno. El moreno lo estudió cuidadosamente—. Esto es realmente increíble. Los detalles son muy acertados.
—Los recuerdos de pensadero que Simon trajo consigo fueron lo que necesitaba para tener bien los detalles.
Harry pasó a uno de los dibujos anteriores, que mostraba a uno de los colacuernos volando, y sólo se veían las puntas de los árboles. Draco estiró la mano y tomó el cuchillo de su caja de arte, para afilar la punta del lápiz que estaba usando. Harry pasó la página de nuevo y contuvo el aliento un poco. Draco supo qué página estaba viendo. Se atrevió a mirar al moreno. Éste estaba estudiando la hoja cuidadosamente.
—No me di cuenta… Debí haberlo sabido —dijo lentamente. Le mostró la página a Draco—. Supongo que no pensé en que tendrías que dibujarlo.
—Bastante difícil de evitar, dado que él es el personaje principal del libro —dijo Draco secamente. Miró la página de reojo. Era su hoja de referencia para Charlie Weasley. Había dibujado una docena, más o menos, de Charlies diferentes, con expresiones variadas, para poder ser consistente durante todo el libro.
—Sí, pero estaba pensando más acerca de los dibujos de dragones. Yo… —Harry miró a Draco y luego de nuevo al cuaderno—. ¿Deberíamos olvidarlo? Podemos decir que no queremos hacerlo.
Draco negó con la cabeza.
—En lo que a mí concierne, sé que estás aquí conmigo. Eso es todo lo que importa.
—¿Estás seguro?
Draco asintió.
—Estoy seguro. No podría haberlo hecho hace tres meses. Cuando tuve que pintarlo en el mural, sentí que moriría. Pero ahora, está bien. —Se inclinó para besar al moreno—. Además, cuando estoy de mal humor, simplemente lo dibujo con granos y cuernos.
Harry rompió el beso, haciéndose para atrás.
—¡No es cierto!
—¿Ah, no? Pasa unas cuantas páginas más.
Regresando al cuaderno, Harry comenzó a pasar las páginas, hasta que llegó a un dibujo de Charlie, que ocupaba la página completa: tenía cuernos, orejas puntiagudas y grandes marcas de granos cubriendo su rostro. Comenzó a reír.
—Eres malvado.
—Lo sé, y por eso te gusto —dijo Draco, sonriendo de lado. Luego, tomó el cuaderno—. Sé bueno, aún no he comenzado a dibujar a Hank. Si quieres que se vea bien, más te vale portarte bien. —Por decisión mutua, habían preferido dejar a Harry fuera del libro. En su lugar, el personaje secundario sería Hank Black. Toda la publicidad que lo rodeaba había mencionado que había trabajado en los campamentos de dragones, así que pensaron que sería divertido incluirlo en el libro.
—Oh, planeo ser muy, muy bueno contigo —dijo Harry con una sonrisa, mientras arrojaba el cuaderno al suelo.
OoOoOoO
Harry bajó rápidamente las escaleras hacia la cocina. Teddy y Andrómeda ya estaban desayunando. Harry le dio un beso al niño en la cabeza.
—Buenos días, ¿qué tienen planeado ustedes dos para el día de hoy?
—¡La abuela dijo que podemos ir a un parque mágico hoy! —exclamó Teddy, emocionado, mientras buscaba más moras azules en su tazón de cereal con la cuchara.
—Buenos días, Harry. Vamos a ir al parque Kingsbury. Eres bienvenido para acompañarnos —dijo Andrómeda con una sonrisa—. Ah, una lechuza llegó para ti, hace unos minutos.
Harry miró el sobre que tenía el escudo de los Cannons en la cera. El entrenador Herr y Bishop habían estado furiosos con él, cuando les entregó a regañadientes su carta de renuncia. Bishop le había acusado de violar los términos de su contrato. Afortunadamente, después de eso, el doctor habló con Watson y estuvo de acuerdo con que Harry no podía arriesgarse a jugar Quidditch.
Una semana antes, el equipo había entregado su lista oficial de jugadores para la liga. La ausencia de Hank Black no fue inmediatamente notada, y Harry supo que los reporteros de deportes estaban frenéticos, tratando de descubrir qué le había pasado. Los Cannons habían declarado que Hank había renunciado al deporte por razones médicas.
Harry se sentó en la mesa y abrió el sobre. Leyó las oraciones y maldijo para sí mismo. Andrómeda lo miró preocupada.
—¿Todo en orden?
—No, no realmente. —Harry le dio la carta—. El Profeta está buscando comentarios acerca de una historia que van a sacar mañana. Acerca de que yo soy Hank Black.
—Oh, Harry —dijo Andrómeda, mirando la carta—. ¿Qué vas a hacer?
Harry negó con la cabeza.
—No lo sé. ¿Decir la verdad, quizá?
—La verdad es buena —dijo Andrómeda.
—La abuela dice que siempre tenemos que decir la verdad —dijo Teddy. Había abandonado la cuchara y ahora estaba buscando las moras con los dedos. Andrómeda suspiró y le limpió la mano con una toalla.
—Tienes razón, Teddy. La verdad siempre es buena. —Harry asintió—. Diviértanse en el parque, me temo que tendrán que ir sin mí. —Tomando una pieza de pan tostado, salió rápidamente por la puerta trasera. Se apareció en el Centro y caminó por el paseo. Podría haber usado la red flú, pero quería tomarse unos minutos para arreglar sus pensamientos, antes de hablar con Draco.
Harry se dirigió al salón de arte, saludando a algunos pacientes y trabajadores que reconoció. Se quedó en la entrada y miró a Draco, mientras el rubio se hincaba junto a un pequeño niño, que estaba parado enfrente de uno de los caballetes.
—Eso se ve genial, Jason. Aunque, quizá sería bueno si intentaras poner un poco más de pintura en el papel y un poco menos en ti… —El moreno miró cómo Draco tomaba la mano del niño gentilmente y la guiaba hacia el papel—. ¿Ves? Funciona mejor si tu pincel toca el papel. —El niño sonrió felizmente y abrazó a Draco. Él rió con ganas cuando el niño consiguió ensuciar de pintura toda la manga de su túnica.
—Draco —dijo Harry en voz baja, desde la puerta. El rubio lo miró—. ¿Tienes unos minutos?
David lo escuchó y le hizo un gesto a Draco.
—Ve, ya sólo faltan unos cuantos minutos. Luego, este grupo irá afuera a jugar con sus terapeutas.
Harry esperó afuera, en el corredor, y Draco salió después de haberse lavado y desvanecido la pintura.
—¿Qué sucede?
Harry le dio la carta. Draco la leyó y maldijo.
—Siempre pasa algo, ¿no es así? Vayamos a mi cuarto. —Caminaron a través del campus, a donde estaban las habitaciones del personal. Harry deseaba que Draco simplemente se mudara con él, pero el rubio aún insistía en quedarse en el Centro durante la semana, excepto cuando tenían una sesión en San Mungo—. ¿Qué vas a hacer? —preguntó el rubio, en cuanto la puerta se cerró. Harry paseó por el cuarto.
—Quería hablar contigo al respecto —dijo Harry, mirando al rubio—. Esto también te afecta.
Draco negó con la cabeza.
—No realmente…
—Sí lo hace, si decido confirmar la historia y sale a la luz cuál es la razón médica por la que no puedo jugar.
—¿Vas a hacer eso?
—Citando a Teddy, "Siempre es bueno decir la verdad". —Harry se encogió de hombros—. No tiene mucho sentido negarlo. Obviamente, han investigado lo suficiente como para saber que era yo. Esto no es una simple suposición a ciegas.
—Podría ser.
—No lo es. Lo sabes. Estoy cansado de estar esquivando constantemente a los reporteros, esperando lo siguiente que vayan a exponer. Quiero sincerarme.
Draco rió.
—¿Por qué ahora?
—Porque quiero poder opinar acerca de lo que van a escribir. Me rehúso continuamente a decir algo, y aun así siguen escribiendo artículos, llenándolos con sandeces. Esta vez, quiero darles mi lado de la historia, para que la gente no crea lo peor de mí, por haber pretendido que era Hank. Y porque es Jessie Hayes la que hizo la investigación. Hablé con ella muchas veces, acerca de los Cannons y del Quidditch, cuando fui Hank. Ella no es como Skeeter. Siempre me han gustado sus artículos en el Quidditch Quarterly (1). El hecho de que esté escribiendo este artículo para El Profeta no debería cambiar nada. Tienes que admitir que su forma de escribir es mucho mejor que la de la mayoría, y no escribe historias sólo para vender más ejemplares.
—Bueno, me suena como que ya tomaste la decisión.
Harry asintió.
—Voy a hablar con ella. Pero espero que quieras hacerlo conmigo. Ambos hablamos con ella, no sólo yo. Hagámoslo esta vez y veamos si ayuda. Quiero que nuestra historia salga a la luz. No quiero tener que temer por tu seguridad, cuando camines por el callejón Diagon. Ya no quiero ocultarme tras disfraces.
Draco se giró, alejándose del moreno. Se quedó mirando por la ventana.
—Ya hemos hablado de esto antes.
—Lo sé. Y va a seguir regresando. Puede que haya algunas represalias por un tiempo, pero quizá, finalmente, nos dejarán en paz.
—¿En serio crees que alimentar a los perros es mejor que hacerlos buscar moronas?
Harry se encogió de hombros.
—No lo sé. Pero tengo que ir a hablar con Bishop, para arreglar eso ya mismo. Cuando firmé con él, le dije que si alguna vez salía a la luz que yo era Black, no iba a dejarlo solo para lidiar con el asunto.
—Entonces, tienes que hacer algo.
Harry asintió. Draco lo miró. Había una gran diferencia entre su rostro y el del Draco joven, al que Harry se había acostumbrado por los recuerdos de cada mes. Ahora se veía más grande, claro. Más suave. Y, a veces, como ahora, estirado hasta el límite. Ambos habían visto demasiado horror. Algunas veces él sentía que tenía cien años, en vez de sólo veinte, y sabía que Draco sentía lo mismo.
—Vale.
—¿Vale? —preguntó Harry con cuidado, mientras caminaba hacia el rubio. rodeó su cintura con los brazos y lo miró a los ojos—. ¿Qué estás aceptando exactamente?
Draco se encogió de hombros.
—Podemos dar una entrevista. Con esa mujer, Hayes. No con Skeeter.
—¿Estás seguro?
—Diablos, no. Pero estoy dispuesto a hacerlo, si tú en verdad quieres hacerlo.
—Si no quieres, entonces sólo puedo hablar acerca de lo de Hank, hacer algo así como una conferencia de prensa, o algo…
—¿Tú, hacer una conferencia de prensa? Eso sería un desastre. Daremos una entrevista. Y eso es todo.
Harry asintió.
—Vale. Iré a decirle a Bishop. Veré si pueden hacer que El Profeta retrase la historia, con la promesa de una entrevista. Intentaré que sea mañana.
Harry se apareció directamente en el estadio. Fue sólo cuando Erika, la recepcionista de Bishop, lo miró con la boca abierta mientras se acercaba a su escritorio, que se dio cuenta de que había olvidado ponerse el glamour.
—Harry Potter, para ver al señor Bishop. —La mujer asintió débilmente y entró a la oficina. Salió de inmediato.
—Puede pasar.
Bishop lo fulminó con la mirada.
—Ya era hora que vinieras, Potter —gruñó. El entrenador Herr estaba sentado en la silla frente al escritorio de Bishop. Harry se dirigió a la otra y se sentó—. Dado que no llevas el glamour, asumo que vas a revelarte ante el público, ¿no es así?
Harry asintió.
—¿Cómo lo descubrió?
—No lo sé. No mandó el artículo. Sólo nos mandó la lechuza y pidió un comentario oficial.
—¿Cuánto tiempo tenemos para responder? —preguntó Harry.
Herr lo miró.
—Hasta las dos en punto. Te advertí que si todo este asunto de Hank Black se iba al carajo, tú tendrías que admitir la culpa.
—Lo sé. Mándale una lechuza a EL Profeta. Dile a Hayes que puede entrevistarnos a Draco y a mí mañana. Y asegúrate de que sepan que solamente tiene que ser Hayes, Skeeter no puede venir con ella.
—¿Crees que vayan a estar dispuestos a esperar?
Harry se encogió de hombros.
—Honestamente, por la forma en la que nos siguen, estoy seguro de que cualquier reportero vendería a su primogénito por la oportunidad. Detendrán la historia si hay una oportunidad de tener una entrevista con nosotros. —Miró a Herr—. Me gustaría hablar con el equipo. Decírselos antes de que vean el artículo.
Herr asintió.
—No te sorprendas si hay resentimientos. Muchos están enojados porque no volverás. Descubrir quién eres en realidad sólo va a empeorar las cosas.
Harry se acercó a la ventana, desde donde pudo ver al equipo practicando en el campo.
—Lo sé. Parecía algo tan simple, la primavera pasada, cuando firmé. El engaño de haber ocultado quién soy no parecía ser un problema tan grande, hasta que pude conocer realmente a todos en el equipo.
—¿Quieres que llame al equipo? Bien podrías acabar con esto de una vez.
—Vale, lo haré ahora —dijo Harry. Miró a Bishop—. ¿Mandarás la lechuza?
—Lo haré. ¿Cuándo y dónde quieres verte con Hayes?
—En mi casa. El 12 de Grimmauld Place. Arréglalo para las nueve, mañana.
Herr salió e hizo sonar su silbato, haciendo que todo el equipo aterrizara y caminara hacia él. Harry se sentó en la banca que estaba en un costado y vio a sus antiguos compañeros. Escuchó que Herr hablaba con ellos acerca de las jugadas que habían estado practicando. Luego, el hombre hizo un gesto hacia donde el moreno estaba sentado y, por primera vez, los otros hombres lo miraron ahí. Nervioso, Harry se puso de pie para encararlos. Podía ver sus rostros emocionados, por estar viendo a "el famoso Harry Potter" caminando hacia ellos.
Herr miró al equipo.
—Harry Potter quería decirles algo.
—Correcto. —Harry miró los familiares rostros de los hombres con los que había estado conviviendo por seis meses, el año anterior—. Hola a todos, soy Harry Potter. —Hubo algunas risas en el grupo, pero también miradas de evidente curiosidad, para saber por qué estaba aquí—. Estoy aquí porque necesito decirles algo. Va a estar en los periódicos mañana, o pasado mañana, y, em, quería que lo escucharan de mí, primero. —Harry se detuvo y, nerviosamente, se pasó las manos por los vaqueros.
—¿Escuchar, qué? —dijo uno de los golpeadores, Seth.
—¿Por qué no mejor se los muestras? —sugirió Herr.
Harry asintió.
—Necesitaba hacerles saber esto. —Cerró los ojos y sintió cómo el glamour lo cubría. Abriendo los ojos, vio las expresiones de sorpresa en todos los jugadores. Esperó por un momento y luego regresó a ser él mismo. Hubo un momento de estupefacto silencio—. Me convertí en Hank Black mientras vivía en Rumania. Sólo quería jugar Quidditch en el equipo amateur, sin que alguien hiciera alboroto. Y luego, de pronto, me encontré con que me ofrecían un contrato con los Cannons, y no quería perderme la oportunidad de jugar, entonces firmé y jugué como Hank Black.
—Tú eres Hank —dijo Clark, el otro golpeador, empujando a sus compañeros para llegar al frente.
—Yo soy Hank. Hank soy yo. —Harry asintió—. No era mi intención engañarlos. Es que…
—Joder, pero eso fue lo que hiciste, ¿no es así? —Ahora, Clark estaba junto a Seth.
—Clark, sólo quería jugar al Quidditch. No podía jugar como yo mismo. Habría sido una pesa…
—Entonces, ¿por qué nos lo dices ahora? ¿Por qué te molestas en contárnoslo?
—Hayes, la reportera del Quidditch Quarterly, lo descubrió.
—Nunca te habrías molestado en decírnoslo, ¿verdad? —lo acusó Seth—. ¿Inventaste la excusa médica de Black? ¿Te divertiste jugando al Quidditch por un año, y luego ya no te dieron ganas de…?
—No, la razón médica es legítima —intervino Herr—. Harry tiene heridas de la guerra, de las que no tenía conocimiento. Lo descubrió después de que la temporada terminara.
Harry asintió.
—Créanme. Me encantaría estar allá arriba volando con ustedes, esta temporada. Pero sé que Samuel va a ser un buscador genial.
—Harry Potter está acostándose con un mortífago.
—No es verdad. Estoy saliendo con Draco Malfoy, pero él nunca fue un mortífago en realidad —dijo Harry pacientemente. Sabía, por todas las conversaciones nocturnas que había tenido con Seth, que el hombre había sufrido durante la guerra porque su madre era nacida de muggles—. Escuchen, sé que es difícil, pero quería que lo supieran primero. Me gustaría invitar al equipo a mi casa, el sábado. Vengan a comer.
—¿Estará ahí el mortífago?
—Puede que Draco esté ahí, será su decisión. Pero si lo llamas mortífago de nuevo, nunca verás el interior de mi casa —dijo Harry tan firmemente como pudo.
Herr miró a su alrededor.
—Correcto. Ahora lo saben. Y, si están preguntándose cuándo me enteré yo, fue justo antes de que Harry firmara su contrato. Nos contó la verdad a Bishop y a mí. No quería jugar como Harry Potter, y tienen que admitir que eso habría sido una gran distracción. Decidimos que tener las habilidades de buscador de Harry valía lo suficiente como para quedarnos callados. Además, nos fue muy bien con él como buscador el año pasado.
Hubo varios gruñidos, pero Harry pudo ver a algunos jugadores asintiendo. Sabía que les debía más que una explicación, pero eso era lo único que podía hacer ahora.
—Espero verlos el sábado. Es el 12 de Grimmauld Place, en caso de que no lo sepan ya. Sólo busquen a la multitud de reporteros, esperando enfrente de la casa, y háganlos a un lado para llegar a la puerta.
Hubo varias risas sinceras por ello. Harry se despidió y regresó a la oficina de Bishop. Erika lo miró con los ojos entrecerrados, mientras entraba a la antesala.
—Supongo que ya lo sabes.
La mujer lo miró, negando con la cabeza.
—Y pensar en todas las veces que desperdicié mi tiempo, coqueteando con Hank. Es una pena —dijo.
Harry sonrió.
—Me alegra que lo estés tomando mejor que ellos —dijo, haciendo un gesto hacia el campo.
Erika le restó importancia con un gesto.
—Ya entrarán en razón. Imagino que fue un gran impacto para ellos.
—¿Ya recibió Bishop respuesta de El Profeta?
—Sí, su lechuza llegó hace unos minutos. Pasa.
OoOoOoO
Cuando Harry llegó a casa del estadio de los Cannons, Draco estaba ahí. Estaba en la sala de juegos, jugando billar. Harry se recargó contra el marco de la puerta y lo miró por un par de minutos, antes de hablar. Se había quitado su túnica del trabajo y se había puesto un par de vaqueros muggles, que le colgaban de las caderas. Sus omóplatos estiraban la apretada camiseta azul, mientras se inclinaba para golpear la bola.
—Si sólo vas a quedarte ahí y mirar, sería mejor que tomaras un taco, para que yo también pueda mirar un poco —dijo Draco sin girarse.
—Suena justo. —Harry sonrió y caminó hasta el otro lado del cuarto, donde estaba el conjunto de tacos, montados en la pared—. Le conté al equipo.
Draco hizo su tiro y miró al moreno.
—¿Cómo fue eso?
—La mayoría no sabía qué decir. Los dos tipos con los que me llevaba mejor el año pasado estaban bastante enojados.
—¿Los golpeadores? ¿Seth Ryan y Clark Neuchiller?
—Sí. —Harry comenzó a acomodar las bolas dentro del triángulo—. Y es entendible. Los invité a la casa el sábado.
—¿Crees que eso pueda compensar todo?
—No, pero es un comienzo. Nunca me gustó engañarlos, pero al mismo tiempo, fui lo suficientemente ingenuo al pensar que podría salirme con la mía. Tú rompes.
Draco rió.
—Sólo te gusta mirarme inclinándome sobre la mesa.
—Definitivamente, eso es un beneficio. —Draco se acomodó para tirar y agitó un poco su cadera al hacerlo. Harry se acercó por detrás y se apoyó sobre él, metiendo las manos por debajo de su camiseta—. ¿Sabes? Si te mudaras aquí, podríamos jugar al billar cada noche.
—¿Por qué tengo la sensación de que no estás hablando de este juego?
Harry le susurró al oído.
—Porque no lo hago. Prácticamente vives aquí. ¿Por qué no hacerlo oficial?
Draco suspiró y puso el taco sobre la mesa. Girando en los brazos de Harry, se recargó contra la mesa y lo besó. Fue uno de esos besos lentos y largos, que hacían que todas sus terminaciones nerviosas se pusieran alertas y lo notaran. Draco metió sus dedos en el cabello del moreno, mientras lo jalaba para devorarlo. Harry estaba ocupado calculando mentalmente a qué hora era probable que Teddy y Andrómeda llegaran, y si era posible o no que los encontraran in fraganti sobre la mesa de billar. Pero Draco se alejó de él, bajando las manos para ponerlas sobre las caderas de Harry. El moreno se inclinó hacia delante para besarlo otra vez, pero el rubio hizo la cabeza para atrás.
—No quiero hablar acerca de mudarme aquí, no hasta que los injertos de memoria estén completos.
—¡Eso podría ser en un año! —Harry dio un paso para atrás, sorprendido—. No puedes estar diciéndolo en serio.
Draco lo jaló hacia sí.
—Sí es en serio. Quiero que estés completamente consciente de todo. De toda nuestra historia. Entonces, podré sentirme lo suficientemente seguro como para avanzar.
—No tienes nada que temer… Yo… En verdad me gustas. Esto es acerca de nosotros ahora, no acerca de nosotros en ese entonces.
—Es acerca de nosotros en ese entonces y ahora. Somos el paquete completo. Sé que aún es difícil para ti verlo…
Harry dio un paso para atrás y, esta vez, Draco se lo permitió.
—No sé a qué le tienes tanto miedo. ¿Hay algo que no me estás diciendo?
—¿Qué, como otra gran ruptura? —Draco negó con la cabeza—. No. La que pasó antes de la segunda prueba fue la única vez que sucedió.
Harry asintió. Las sesiones que habían tratado de la pelea que habían tenido, fueron las más difíciles hasta ahora. Más que nada porque, a pesar de que estaba viendo el lado de Draco de la pelea, podía ver fácilmente la devastación en su propio rostro. Draco había incluido algunos recuerdos de ellos pasando por los pasillos, sin hablarse. Las curiosas miradas de sus amigos, mientras se ignoraban intencionalmente. Para Draco, había sido como revivirlo, y Harry sabía que el rubio había tenido miedo por su reacción. Estiró la mano y acunó el rostro de Draco.
—¿Por qué esperar?
—Sólo quiero que lo sepas todo. Si me mudara aquí y las cosas fallaran después, sería…
—Lo haces sonar como si fuera inevitable que algo fuera a pasar —objetó Harry—. ¿Por qué no te arriesgas y…?
—Sé lo que es perderte. Ya lo pasé dos veces, y no es algo que quiera tener que pasar de nuevo. El no querer mudarme es una forma de autopreservación.
—Draco…
—¡Harry! ¡Draco! —El grito de Teddy precedió el sonido de sus pies, golpeando en las escaleras—. ¿Dónde están?
—¿Ves? Teddy ya piensa que vives aquí —dijo Harry con una sonrisa, justo cuando Teddy irrumpió en la sala.
—¡Vimos un partido de Quidditch! ¡Quiero volar mi escoba! —exclamó Teddy mientras los saludaba con la mano, y luego salió corriendo. Regresó diez segundos después—. ¡Vamos!
Draco rió.
—¿Y quién le compró de Navidad una escoba de juguete?
—Culpable. Me pareció una buena idea en su momento —dijo Harry, negando con la cabeza—. Bajaré a jugar con él.
Draco negó con la cabeza.
—¿Por qué no le damos a Andrómeda la noche libre? Mi madre no hará nada esta noche, y estoy seguro de que les gustaría tener la oportunidad de pasar un rato juntas sin las interrupciones de Teddy, cada cinco minutos.
—Vale. Pero necesitamos hablar acerca de la entrevista, después de que se vaya a la cama.
Draco frunció el ceño.
—No habías dicho nada. Esperaba que no se pudiera hacer.
Harry negó con la cabeza.
—Hayes vendrá aquí mañana en la mañana, a las nueve en punto.
—¡Aquí! —Draco lo miró incrédulo—. ¿Por qué aquí?
—Si tengo que hacer esto, quiero hacerlo en nuestro lado del campo —dijo Harry—. O mi lado del campo, dado que te rehúsas a llamarlo tuyo.
—¡HAARRRYYYY! —La voz de Teddy se oyó desde arriba—. ¡Estoy ESPERAAAAANDOOOO!
—Mocoso demandante —dijo Draco, suspirando.
—Debe haberlo sacado del lado Black de su familia —dijo Harry sonriendo. Pasó su brazo alrededor de la cintura de Draco y ambos caminaron hacia la puerta.
OoOoOoO
(1) Quidditch Quarterly; no se me ocurrió cómo traducirlo. Es una publicación trimestral, pero no me habría gustado ponerle "Quidditch Trimestral". Se oye raro.
Y ya…
Adigium21
