Notas de traductor:
Disculpen la tardanza en subir esto, lo estoy haciendo recién terminado. Es que las fiestas y todo eso me consumieron el tiempo… ¡Feliz Navidad y Feliz 2014 increíblemente atrasado! Que Merlín me los bendiga mucho.
Gracias a sinideas, Aberglaubisch, Violet Stwy, xonyaa11, Silvers Astoria Malfoy, toxica666, aneychi, Acantha-27, The darkness princess, Maeliza Malfoy, sailor mercuri o neptune, Adriana11, jessyriddle, my dilema, miredraco y Dandelion's Lollipop por comentar en el capítulo anterior.
¡Capítulo con dedicatoria para sailor mercuri o neptune por ser el review 700! No me la podía creer…
Disfruten, e ignoren mis errores, luego lo checo…
Harry miró el reloj del abuelo, que estaba del otro lado de la habitación. Diez minutos. Nerviosamente, estiró la mano y acomodó los marcos que estaban montados en la pared de la sala de estar.
—Tranquilízate, ¿quieres? —dijo Draco—. Me estás poniendo nervioso.
—No te ves nervioso —dijo Harry, mirando al rubio de reojo. El hombre estaba sentado en el sillón, frente a él. Se había vestido cuidadosamente con una camisa de manga larga negra, de seda, con los primeros botones sin abotonar. Sus largas piernas estaban cubiertas por un pantalón muggle negro de mezclilla. Tenía las piernas estiradas frente a él, con los tobillos cruzados, mostrando las botas de piel de dragón que llevaba.
—Eso es porque no estoy paseándome por el cuarto como un niño de primer año, esperando a ser seleccionado.
—Tú no te paseaste en nuestra selección. Te quedaste ahí, mirándonos con desdén —dijo Harry, haciendo memoria.
—Sí, y tú rechazaste la oportunidad de estar en la misma casa que yo, así que todo es justo —dijo Draco.
—No vas a olvidar que te conté eso, ¿verdad? —dijo Harry riendo. En ese momento, el timbre sonó. Harry miró hacia la puerta y comenzó a caminar hacia ella.
—Deja que Kreacher abra la puerta —dijo Draco—. Nosotros esperaremos aquí. —Harry lo miró con curiosidad pero asintió. Luego, fue a esperar junto al rubio en el sillón. Puso las manos gentilmente sobre sus hombros. Escucharon pasos y, un momento después, Kreacher entró a la sala, con Jessie Hayes detrás de él. La mujer sonrió en cuanto los miró de pie en la habitación.
—La señorita Jessie Hayes —anunció Kreacher. Después, se giró y salió del cuarto.
La mujer caminó hacia delante, con la mano extendida, y estrechó la de Harry.
—Me presentaría, pero nos hemos visto media docena de veces durante la temporada pasada. —Harry asintió e hizo un gesto hacia Draco.
—Jessie, me gustaría presentarte a mi pareja, Draco Malfoy. —Él y Draco habían discutido hasta entrada la noche acerca de cómo deberían describir su relación. Novio sonaba muy infantil; amante, muy íntimo. Draco no veía la necesidad de darle un título oficial, pero Harry había insistido. Quería poner en claro que estaban juntos. El moreno hizo un gesto hacia el sillón individual y él y Draco se sentaron en el sillón, frente a ella.
—A pesar de lo segura que estaba de todos los hechos, seguía sin creerlo, hasta que entré y los vi de pie aquí —dijo Jessie. Movió una mano y se acomodó el cabello rubio rizado detrás de la oreja—. Asumo que estabas usando poción Multijugos el año pasado, ¿no?
Harry negó con la cabeza.
—No, sólo un glamour.
—¿Un glamour? —Hayes alzó una ceja—. ¿Eso era un glamour?
Harry rodó los ojos y cambió, riendo cuando Draco se alejó un poco. Luego, recuperó su cuerpo—. Glamour.
—Correcto. Y uno sin varita. ¿Cómo le hiciste con la voz? ¿Eres así de bueno actuando? —preguntó Hayes mientras sacaba una pluma de tinta incorporada y pergamino y comenzaba a tomar notas.
—El acento australiano lo hice usando un amuleto Nueva Voz, de Sortilegios Weasley. ¿Cómo lo descubriste? —preguntó Harry. Quería saber qué lo había revelado.
—Pasé dos malditos meses en Australia este invierno, buscando a alguien que conociera a Hank Black, y no pude encontrar un alma. Dos meses que corrieron por mi cuenta, debo añadir.
—¿Qué te hizo intentarlo?
—Me molestó desde el principio que Black saliera de la nada —dijo Hayes, tocando el brazo del sillón con sus largas uñas—. Australia no estuvo tan mal, era verano en ese entonces: completamente mejor que un invierno lluvioso en Inglaterra. Después de no haber encontrado a nadie que conociera a Black en Australia, fui a Rumania. La gente sabía de ti, de Hank, pero se rehusaban a decirme algo más, aparte de que habías vivido ahí. Casi me echaron del campamento.
—Deberías tener cuidado cerca de un campamento de dragones. No les gusta que la gente esté preguntando cosas.
—No me digas —respondió secamente. Sus ojos verdes se enfocaban en Harry y luego en Draco, y el moreno no sabía qué era lo que esperaba ver. Miró a Draco, que sólo rodó los ojos. El rubio aún no había dicho nada. Harry podía sentir la tensión recorriendo su cuerpo, por lo que se inclinó un poco hacia él, lo suficiente para que sus hombros se tocaran—. Conseguí algo cuando a una persona se le escapó que tú, Harry, estuviste ahí al mismo tiempo que el elusivo Hank Black.
—No me parece que sea suficiente como para saltar a la conclusión de que éramos el mismo.
—Cierto —dijo Hayes, sonriendo con suficiencia, y Harry sabía que estaba orgullosa de haberlo descubierto—. Entonces, regresé a Bulgaria. Entrevisté a Krum, que se rehusó a decir algo más aparte de que los Weasley le habían presentado a Hank Black, y había decidido retarlo a un juego de buscadores. El resto era historia.
—¿Entonces? —Harry comenzaba a desesperarse por la actitud de la reportera—. ¿Qué fue lo que me reveló en verdad?
—Mientras me iba, después de haber entrevistado a Krum, me encontré con uno de los managers de los Vultures de Vratsa, Hans Schmidt. Y él me dijo que tenía unos omniculares que habían grabado el juego de Krum y Black. Conseguí la grabación. Permítanme mostrársela. —Harry vaciló y luego asintió. Hayes metió la mano en su gran bolso y sacó los familiares omniculares Weasley. Harry recordó que Ron había estado usando un par, a pesar de que todavía no los habían puesto a la venta—. Lo genial de los omniculares Weasley es que graban tanto sonido como imagen. —Puso el objeto en la mesa y apretó el botón de "proyectar". Harry sonrió cuando vio la imagen en 3D de Krum, buscando la snitch, con Harry unos cuantos metros detrás de él, inclinado sobre su escoba, tratando de alcanzarlo. Luego, bastante rápido, Krum tenía la snitch. De pronto, se oyó la voz de Ron: "Una, una. Harry atrapará la siguiente". Luego, la voz de Hermione lo interrumpió. "Hank". Ron respondió: "Cierto, Hank".
Hayes lo miró.
—Sabía que te había atrapado. —Estiró la mano y apagó la imagen—. El Quarterly rechazó la historia, pues temían arriesgarse. Pero El Profeta no tuvo reparos, en especial después de que se anunció la semana pasada que Black no iba a jugar este año. —Se recargó contra el respaldo, con un gesto de autosuficiencia.
Harry se movió en su asiento, incómodo.
—Bien, me atrapaste. ¿Qué preguntas tienes?
—¿Por qué el disfraz? ¿Por qué no simplemente jugar como tú mismo?
Harry se inclinó hacia delante. Quería asegurarse de que la mujer entendiera cómo había nacido Hank.
—Mi intención nunca fue engañar a nadie. Originalmente, se me ocurrió el glamour después de la guerra, para escapar de todo el escándalo. Debes de recordar cómo era, no podía caminar por la calle sin que sucediera un alboroto. Cuando estaba en Rumania, quería jugar al Quidditch, sólo en el equipo del campamento de dragones, así que usé a Hank Black para evitar cualquier atención y solamente poder jugar.
—Y, naturalmente, lo usaste en Bulgaria cuando fuiste a visitar a Krum.
Harry asintió.
—Krum y yo habíamos competido en el Torneo de los Tres Magos, hace unos años, y nos invitó a mis amigos y a mí. Usé el glamour para poder disfrutar del juego y hablar con Viktor, sin que saliera en los periódicos.
—Pero luego, aceptaste y jugaste un juego de buscador. Uno de los más sorprendentes que yo haya visto —dijo Hayes, sonriendo al recordarlo—. Pero tomaste la decisión de seguir como Black. En cualquier punto, habrías podido decir: "Hey, en realidad soy Harry Potter".
—Es verdad, podría haberlo hecho, pero para ser honesto, no quería hacerlo. Era agradable ser alguien más, para variar. —Harry miró a Draco, buscando apoyo, y el rubio asintió. Habían hablado de ello y Draco pensaba que eso no significaría que estaba compartiendo mucho—. Desde el momento que entré al Caldero Chorreante por primera vez, cuando tenía once años, me enteré de repente acerca de "Harry Potter", que era famoso por algo completamente fuera de su control. Tenía quince meses cuando mis padres murieron y la leyenda de Harry Potter nació. Como Hank, podía otra vez volverme un tipo regular. Podía salir por una cerveza y algo de comida rápida con mis compañeros de equipo, y sabía que estaban ahí por quien yo era en realidad. Para ellos, yo no era ese mítico Harry Potter, que comparte mi nombre pero que no es quien yo soy en verdad.
—¿Te sientes culpable por ello?
—Honestamente, no. En su momento, no sentí culpa. Estaba disfrutando de la oportunidad de ser normal. Entiendo cómo podría verlo el público que le echó porras a Hank Black. Entiendo que puedan sentirse traicionados. Ayer fue difícil, el pararme frente a mis antiguos compañeros de equipo y contarles la verdad. Cuando juegas y practicas tan duro como lo hicimos el año pasado; cómo conseguimos levantar a un equipo, hasta llegar al tercer lugar... Llegas a conocer a los hombres con los que juegas y ellos pensaban que me conocían, pero yo no estaba siendo honesto con ellos. Espero que sean capaces de perdonarme por eso, en su momento.
—¿Esperas jugar de nuevo? ¿Una vez que tus problemas de salud sean resueltos? —Hayes hizo unas comillas en el aire, con los dedos, cuando dijo "problemas de salud".
Harry miró a Draco de reojo; el hecho de volver a jugar Quidditch, una vez que los injertos fueran terminados, era algo de lo que no se había atrevido a hablar con el rubio.
—Los problemas de salud son reales. Son residuos de la guerra que han regresado y, desafortunadamente, debo lidiar con ellos antes de que se conviertan en una herida permanente. No sé si podré jugar al Quidditch de nuevo; no lo extraño, pero no puedo arriesgarme ahora mismo.
—¿Y te enteraste de estas heridas hasta dieciocho meses después de que la guerra terminara? —Hayes lo miró, escéptica.
—Después de la guerra, ignoré los consejos de las sanadoras y pensé que podría continuar con mi vida. Sin embargo, un incidente la Navidad pasada me hizo ver que la herida no podía ser ignorada por más tiempo.
—Y fue por ese entonces que comenzaste a ver a Draco de nuevo, ¿no es cierto? —Hayes miró a Draco de reojo—. ¿Hay alguna coincidencia en ello?
—Mi relación con Draco es muy importante para mí. No quiero arriesgarme a que la herida me evite ser parte de su vida —dijo Harry, mirando al rubio rápidamente.
—Entonces, ¿ya lo perdonaste por haberte borrado la memoria? ¿En serio confías en él?
Draco se tensó y Harry frotó su muslo, tratando de calmarlo.
—Sí, confío en él. Para protegerme durante la guerra, Draco tuvo que tomar la drástica medida de borrar nuestra relación de mi memoria. Le es, le fue extremadamente difícil hacerlo, pero era necesario.
—¿De qué modo?
—Era necesario porque habíamos estado en una relación. Salimos en secreto por dos años en Hogwarts. Al final de nuestro quinto año, me enteré de que Voldemort tenía una conexión mental conmigo a través de mi cicatriz. Draco sabía que Voldemort estaba planeando usar nuestra relación para obligarme a ir a su lado. Borró los recuerdos para asegurarse de que Voldemort nunca pudiera usar el amor que nos teníamos para lastimarme o destruirme.
—¿Lo consultó contigo antes de hacerlo? ¿Tenía tu permiso?
—Claro que no, yo habría dicho que no. Pero habría sido fatal. Mi padrino ya había sido asesinado porque había creído los mensajes que Voldemort había plantado en mi cabeza. Draco sabía que tenía que tomar la decisión por mí. —Harry se giró para mirar a Draco, que lo veía fijamente. El rubio pasó saliva con dificultad y Harry quiso estirar la mano y acariciar su rostro, para asegurarle que en verdad lo entendía. La voz de Hayes los obligó a mirarla.
—¿No te molesta el hecho de que perdiste dos años de tu vida por el hombre que está sentado junto a ti? No fuiste muy comprensivo al principio. Y aun así, de algún modo, estuviste dispuesto a trabajar con él para formar la fundación juntos.
Harry sonrió un poco, moviendo la pierna para poder tocar la de Draco con ella.
—Obviamente, me tomó un tiempo entender lo que había pasado y por qué. Cuando me enteré de la idea para el Centro Diggory, me sorprendió que se le hubiera ocurrido a él, y me pareció un poco sospechoso. Pero, como huérfano de la primera guerra, entendí lo mucho que se necesitaba un lugar así. No podía rechazar la oportunidad para ayudar. —Le sonrió a Draco—. A pesar de que, en ese entonces, no le hablara directamente, trabajábamos juntos durante reuniones eternas. Y, junto con su madre, creamos la Fundación para hacer del Centro una realidad. Al mismo tiempo que lo veía, que observaba su comportamiento, me resultó sorprendente entender que no reconocía a este Draco. A pesar de todo el tiempo que habíamos pasado en Hogwarts. Juzgándolo por su trabajo con el Centro Diggory, me sentí intrigado. Era alguien que yo quería llegar a conocer mejor.
—¿Y qué hay de ti, Draco? ¿Cómo te sentías mientras todo esto estaba pasando? —Hayes se dirigió a Draco directamente.
Draco se puso tenso pero Harry entrelazó sus dedos, apretándolos ligeramente.
—Dos meses después de mi juicio, estaba muy alterado porque Harry tuvo que enterarse de lo que había pasado como lo hizo. Nunca quise que eso le pasara. Y quería compensarlo por el daño que mi padre y los otros mortífagos habían causado al mundo mágico. De este modo, fue que mi madre y yo comenzamos a hablar acerca de usar el terreno y los fondos de los Malfoy para comenzar la Fundación. Nunca esperé que Harry se nos uniera para comenzar el Centro, pero está en su naturaleza querer ayudar, y así lo hizo, sin importar lo que pensaba acerca de mí en ese momento.
—¿Qué fue lo que cambió las cosas para ti? —preguntó Hayes, mirando al moreno.
—Todo comenzó durante la primera ceremonia de Remembranza en Hogwarts. Me di cuenta que había estado cargando mucho peso en mis hombros, mucho odio que estaba destruyendo quien quería ser. Había estado observando y estudiando a Draco por meses, durante las juntas de la Fundación, y mientras recorrimos el sitio de la construcción del Centro. Finalmente, admití para mí mismo que este Draco no tenía nada que ver con el que yo recordaba. Y me agradaba, así que decidí que tenía que dejar ir la amargura por lo que me había hecho, junto con los recuerdos que tenía de él de la escuela.
—Ustedes dos se odiaban en la escuela.
Harry comenzó a hablar pero Draco lo interrumpió.
—No. Nuestra relación siempre fue volátil, pero en cuanto comenzamos a interactuar con el otro durante cuarto año, nos dimos cuenta rápidamente de que nos agradábamos.
Harry asintió, y Hayes se enfocó inmediatamente en eso.
—Estás asintiendo como si estuvieras de acuerdo, pero no recuerdas nada de su relación en Hogwarts.
—Eso no es verdad. Durante los últimos meses, hemos estado trabajando en mis recuerdos con las sanadoras. Ellas han sido capaces de recuperar varios meses de recuerdos y vamos a continuar hasta que haya recuperado el resto.
—¿El peligro de un desgarre en tu tela de memoria es la razón por la que renunciaste al Quidditch? —preguntó Hayes de golpe, y Harry se hizo para atrás, sorprendido. Esta vez, Draco apretó su mano. El hecho de que hubiera usado las palabras "desgarre" y "tela de memoria" significaba que ya había hecho su investigación.
—Sí. No puedo arriesgarme, por el tipo de heridas en la cabeza que pueden ocurrir en el Quidditch —dijo Harry, asintiendo—. Tenemos plena confianza en que el tratamiento va a prevenir cualquier peligro de un desgarre en la tela.
—¿Y si sí se desgarra?
—Entonces no tendré recuerdos, ni un pasado, ni un futuro. Simplemente viviré el momento, sin saber quién soy o quiénes son los demás —admitió Harry a regañadientes. Draco se removió en su asiento y Harry pudo sentir cómo su nivel de enojo aumentaba.
—Pondrás a Harry en peligro si escribes acerca de lo que podría pasarle si se lastima la cabeza. Aún hay varios mortífagos que no han sido capturados y que desearían hacerle daño. Publicar lo fácil que podrían lastimarlo permanentemente sería como poner a Harry en bandeja de plata.
Hayes miró a Draco, con los ojos entrecerrados.
—¿Estás seguro de que no estás tratando de evitar que la gente se entere de la gravedad de los efectos que tuvo el que le borraras la memoria al señor Potter?
—Eres una pe… —Draco comenzó a ponerse de pie, pero Harry lo detuvo.
—Draco. —Harry lo jaló para que volviera a sentarse—. No. Lo que Draco dijo es absolutamente cierto. No queremos que se sepa que algo tan simple como ponerme el pie y hacerme tropezar podría borrar todos mis recuerdos, borrar mi vida. Es por eso que renuncié al Quidditch y que necesito ser cuidadoso.
—¿Y eso no te molesta?
—Claro que sí —dijo Harry con impaciencia—. Pero no puedo vivir con miedo. Estoy tomando las precauciones que debo y eso es lo mejor que podemos hacer. Por lo mientras, al recuperar mis recuerdos, estoy redescubriendo nuestra vieja relación al mismo tiempo que estamos conociéndonos como adultos. De hecho, es una forma encantadora, si bien inusual, de enamorarse de alguien.
Harry sintió la sorpresa en Draco cuando el rubio giró la cabeza para mirar al moreno. Tenía los grises ojos como platos, y un rubor comenzaba a cubrir su rostro. Harry sonrió y alzó sus manos entrelazadas, dándole un ligero beso a los nudillos de Draco.
—¿Y el hecho de que sea un mortífago con la Marca no te importa? —La voz de Hayes interrumpió el momento—. La mujer que fue echada de la tienda de bromas de George Weasley dijo que habías llegado demasiado lejos, al describirlo como "honorable".
Harry respiró profundamente y giró la cabeza para mirar a Hayes.
—Él sí es honorable e increíblemente valiente. ¿Te imaginas qué habrías sentido mientras la Marca Tenebrosa estaba siendo quemada en tu piel, con el conocimiento de que tenías que hacerlo para salvar las vidas de tu madre y de tu novio? ¿Qué habrías sentido al tomar la Marca, sabiendo que ibas a atreverte a enfrentarte a Voldemort, sabiendo que él podía usarla para torturarte? Yo no me imagino atreviéndome a hacerlo. Y Draco tuvo éxito, porque no sólo nos salvó a su madre, a muchos otros y a mí, sino que me dio el instrumento crucial para derrotar a Voldemort.
—No te sentías de ese modo cuando escapaste del país para irte a Rumania, antes de que su juicio siquiera terminara.
Harry negó la cabeza al verla, arrepintiéndose de haber decidido dejarla entrar a su casa.
—Eso es completamente…
—Harry se fue debido a lo que acababa de descubrir acerca de nosotros, por la forma en la que lo descubrió. Fue horrible. Para darle crédito, antes de irse ya había establecido el hecho que se necesitaba para probar que yo me había unido a Voldemort en contra de mi voluntad. Lo hizo después de enterarse de lo que le había hecho.
—¿Por qué lo hiciste?
Harry respiró profundamente.
—En ese momento, pensé que era un patético idiota por seguir ayudándolo. La razón por la que lo hizo era simple: muchas vidas se habían perdido debido a la guerra. No quería que la de Draco estuviera en mis manos. Ya había escuchado bastante, antes de ese momento, durante el juicio, cuando los recuerdos de la varita fueron mostrados, para entender que había mucho más acerca de su historia que sólo la Marca en su brazo. Había visto lo que había pasado en la torre de Astronomía. El hecho de que algo hubiera pasado entre nosotros, algo que yo no sabía, no era relevante para el juicio. Eso era personal, entre Malfoy… Draco y yo. —Harry se sonrojó por la equivocación, aun cuando Draco rió por ello.
—¿Cómo sabes qué recuerdos son reales? Quizá los borrados sean los falsos, y en realidad él era tan malvado como ha sido descrito.
Draco rió pero Harry sólo sonrió. Sus ojos se movieron ligeramente hacia el dibujo enmarcado que estaba colgando en la pared.
—No, quedó evidencia suficiente de nuestra relación. Y aún hay una persona que sigue vida y que fue testigo de ella. Todos los demás, los que lo sabían, murieron en la guerra. Severus Snape, Sirius Black y Dumbledore.
—Albus Dumbledore sabía de tu relación con Draco Malfoy, y aun así te dio la poción de amor que hizo que te enamoraras de Ginevra Weasley.
—Sin comentarios —dijo Harry, negando con la cabeza—. No voy a hablar acerca de mi relación con Ginny.
Hayes apretó los labios y comenzó a escribir furiosamente; su pluma volaba por el rollo de pergamino. Harry la miró, irritado. ¿Cuántas líneas se necesitaban para escribir "sin comentarios"?
—¿Y qué me dices de tu relación con Dumbledore? Según todos, ustedes dos eran muy cercanos.
—Dumbledore era un mago poderoso. Dudo que alguien lo conociera verdaderamente, o lo entendiera. Tuvo que cargar con un peso increíble, él solo. Sé que le pesaba mucho el no poder haber vivido para ver a Voldemort derrotado, el no haber podido ayudar. Creo que esa preocupación lo obligó a tomar decisiones que yo desearía que no hubiera tomado, pero no puedo cambiar lo que sucedió. Al final, él creó el marco para derrotar a Voldemort. Tuve éxito gracias a él. —Harry estaba consciente de que Draco lo estaba estudiando, pero no se atrevía a mirarlo.
—Continuamente dices que "derrotaste" a Voldemort. No quieres decir que lo mataste.
Harry negó con la cabeza.
—Es una interpretación errónea común. Los que estuvieron ahí podrán contártelo. Draco puede hacerlo. Mi encantamiento de desarme no lo mató de alguna milagrosa forma mágica. Él lanzó la maldición asesina, pero ésta regresó por donde vino. Él se mató a sí mismo.
—Pero, tú…
—Yo estaba ahí. La verdad es que los poderes de Voldemort estaban tan debilitados para entonces que, de no haber sobrevivido, alguien más podría haberlo matado, y lo habría conseguido. No soy el poderoso mago que todos parecen creer que soy. Mis notas en Hogwarts eran nefastas, como mucho.
Hayes miró a Draco.
—¿Tú qué piensas? ¿Está siendo muy modesto?
—¿Está Harry siendo modesto? —Draco se acomodó para poder ver al moreno más fácilmente. Harry lo miró con los ojos entrecerrados, preguntándose qué era lo que iba a decir. Draco le sonrió y volvió a mirar a Hayes—. Desde que Harry tenía once años, ha encarado lo que le han arrojado sin pestañear. Sé lo difícil que fue para él hacer lo que le pedían que hiciera. —Draco volvió a mirar a Harry y sonrió—. Eso fue lo que me atrajo hacia él. Sabía que, a pesar de todo lo que me habían contado sobre él, había mucho más acerca de su persona que lo que El Profeta decía. Quería saber quién era Harry Potter en realidad. Y, cuando lo supe, entendí que era alguien que haría lo que fuera por ayudar al que fuera su enemigo, simplemente porque le pidió su ayuda, y que no se encogería al enfrentar los increíbles retos que harían que cualquier otro se encogiera en una esquina, acobardado. Comprendí que era alguien que mantendría la barbilla alzada, a pesar de estar siendo perseguido por el ministerio y El Profeta, y aun así haría lo correcto. A través de todo eso, ha mantenido su esencia en su centro, humilde y raramente benévolo. ¿Es Harry un mago poderoso? No importa. Él no es una leyenda, ni un encabezado. Simplemente, es Harry.
Harry no pudo resistirse y se inclinó hacia delante, para besar a Draco suavemente en los labios. Luego, se giró para mirar a Hayes.
—No sé cómo hacer que las personas entiendan el mensaje de que yo no soy quien ellos creen que soy. Sólo soy un tipo que quedó atrapado en algo más allá de mi control. Así que, sí, para responder a tu pregunta original: sí escapé de aquí, de Inglaterra, para no lidiar con lo que me había pasado. Y creé esta personalidad alternativa, que era Hank Black. Cuando estuve listo para regresar, seguí usando a Black para poder hacerlo. Extrañaba Inglaterra, quería volver aquí. Jugar al Quidditch era un sueño hecho realidad, y el disfraz de Hank Black me permitió hacer que sucediera. No podía jugar como Harry Potter. Estaba enfermo de toda la atención que él, o sea, yo, estaba recibiendo. Y, por una vez en la vida, quería hacer lo que yo quería. No lo que todos necesitaban que hiciera. No lo que tenía que hacer, sino lo que quería hacer. Lamento haberlos engañado, pero no me arrepiento.
Hayes lo miró fijamente. Sus azules ojos parecían estar revisando su sinceridad. Bajó la mirada hacia sus notas de nuevo y continuó con la pregunta siguiente.
—Escuché un rumor de que ambos están trabajando en un libro, juntos. ¿Van a contar su lado de la guerra, o…?
Harry la interrumpió.
—No. En lo absoluto. Éste no va a ser un libro para que todos conozcan nuestras historias de la guerra. Estamos trabajando en un libro, pero es uno para niños, que trata acerca de los campamentos de dragones. Lo estamos escribiendo juntos, y Draco hace las ilustraciones.
—¿Cómo decidieron escribir un libro para niños?
—Una amiga nos lo sugirió. Al principio, ignoramos la idea, pero luego comenzó a gustarnos. Esperamos que el libro esté terminado, a tiempo para Navidad. Todas las ganancias irán directo a nuestra Fundación, como beneficio para el Centro Diggory.
—Es algo sedentario, estar sentado en un escritorio, escribiendo un libro, después de haber trabajado con dragones y jugado al Quidditch.
Harry asintió.
—Estoy acostumbrado a ser más activo, pero eso tiene que esperar.
—¿Y tú estás trabajando en el Centro Diggory de tiempo completo?
—Sí —respondió Draco en tono cortante. Harry podía notar que el rubio comenzaba a impacientarse con todas las preguntas.
Hayes asintió.
—¿Hay algo más que quieran que el mundo mágico conozca acerca de ustedes dos?
Draco bufó pero Harry respondió:
—Nos gustaría que respetaran nuestra privacidad. El mes que viene, se cumplirán dos años desde la batalla de Hogwarts, y es tiempo de que nos dejen en paz. Quiero poder entrar a un bar mágico con Draco y no tener miedo de que alguien pueda hacerle pasar un mal rato, o de que vayamos a encontrarnos con un fotógrafo acechando. Ambos renunciamos a mucho durante la guerra, sacrificamos bastante. Ahora, sólo queremos poder vivir nuestras vidas fuera de la luz del reflector.
—El editor de El Profeta me amenazó con prohibirme escribir para ellos por siempre si no regresaba con, al menos, una fotografía. —Harry miró a Draco. El rubio se encogió de hombros.
—Si eso hace que no se escondan en los arbustos, seguro.
—¿Dónde quieres tomarla?
Hayes sonrió agradecida y metió la mano en su bolsa, sacando una cámara.
—Frente a los dibujos. Tendrán que aguantarme, usualmente un fotógrafo profesional saca las fotos.
Harry y Draco se pusieron de pie y se pararon frente a los dibujos. Hayes estaba batallando con la cámara. Harry miró a Draco de reojo.
—No estuvo tan mal, ¿no crees?
Draco estiró la mano y le acomodó el cuello al moreno.
—No tan malo como ser desvestidos en público y que todo el mundo lo viera.
Harry rio y, con una mirada de reojo hacia Hayes, que seguía luchando con el aparato, se inclinó hacia delante y besó al rubio.
—Gracias.
—Vale, creo que ya entendí cómo sirve —dijo Hayes sonriendo. Harry y Draco se acomodaron y miraron a la cámara—. ¿Qué les parece si se relajan un poco?
—Esto es relajado —dijo Harry tiesamente. Draco rió, mientras se quedaban en sus lugares, sin tocarse, hasta que la mujer bajó la cámara.
—Bueno, muchísimas gracias por dejarme entrar a su casa —dijo Hayes, mientras apartaba la cámara—. Tengo que decir que estuvieron más dispuestos a escuchar que quería hacer este artículo de lo que esperaba.
Harry se encogió de hombros.
—Es parte de lo que tengo que hacer. No me gusta hablar de mí mismo, pero ya me cansé de todos los rumores que circulan acerca de Draco y de mí. —El moreno la acompañó hasta el pasillo de la entrada y se detuvo de golpe cuando vio un mechón de cabello púrpura por encima del barandal—. Teddy, ¿en qué quedamos? —Hayes se giró para mirar hacia donde el moreno estaba viendo. Teddy estaba sentado en el penúltimo escalón.
—Dijiste que si no bajaba, podíamos ir al zoológico. No he bajado, ¿ves? —El niño movió los pies, que seguían en el escalón—. ¿Ya terminaron?
Harry rió.
—Estás rozando el límite, Teddy. —Miró a Hayes—. Mi ahijado, Teddy. No es parte de la historia.
Hayes asintió, comprendiendo.
—Claro que no. —Estrechó las manos de Harry y de Draco y se fue.
Harry se giró para mirar a Teddy, en cuanto la puerta de enfrente se cerró.
—¿Dónde está la abuela?
—Está hablando con alguien en la chimenea.
—Muy bien, jovencito. La siguiente vez que te diga que te quedes arriba, te quedas HASTA ARRIBA de la escalera. ¿Entendido?
Teddy asintió, con los ojos brillando.
—¿Zoológico?
—Zoológico. Vamos a prepararnos. Recuerda que tienes que llevar el gorro puesto todo el tiempo. —A pesar de que Teddy tenía mejor control del color de su cabello, éste tendía a volverse tecnicolor cuando el niño se emocionaba.
—¿Crees que la serpiente vaya a estar ahí? —preguntó Teddy, mientras subía la escalera brincando.
—Tendremos que verlo, ¿no lo crees? —dijo Harry sonriendo. No tenía idea de cuánto tiempo vivían las boas constrictor. Si seguía ahí, tenía curiosidad por saber si aún lo recordaba. Era poco probable que muchos hablantes pársel visitaran el zoológico, y Harry no estaba seguro de que pudiera hacerlo todavía. El moreno miró a Draco—. ¿Aún tienes ganas de ir de paseo al zoológico?
Draco asintió.
—¿Cómo crees que fue?
—No lo sabremos, hasta ver el periódico mañana. Olvidémonos de ello y vayamos al zoológico.
OoOoOoO
Teddy corrió emocionado por el sendero, queriendo ir directamente al serpentario. Harry rió y lo alcanzó.
—Despacio, Teddy. Vayamos a ver a todos los animales. De acuerdo con el mapa, este camino nos llevará al serpentario. Recuerda que esta es la primera vez de Draco en el zoológico también. Él quiere ver a todos los leones y tigres y panteras, ¡Dios mío!
—¿Dios mío? —preguntó Draco, mientras miraba a su alrededor.
—Es de una película muggle —dijo Harry—. Quizá podríamos conseguir una televisión, para que puedas verla. Te gustará. Tiene brujas y monos voladores.
—¿No tiene magos?
—¡Claro que hay un mago en ella! El mago más poderoso de todos —dijo Harry sonriendo—. El Mago de Oz.
—Nunca había escuchado de él. ¿Es inglés?
—No. Es de Kansas.
Draco se detuvo.
—¿Dónde diablos es Kansas?
—En Estados Unidos.
—Oh. Eso explica todo. Entonces, no lo vi en Historia de la Magia. —Miró con enojo al moreno, que no podía dejar de reír—. Vamos, Teddy, dejemos a este cretino aquí y busquemos a los leones (1).
Finalmente, llegaron al serpentario. Draco miró a Harry con la ceja alzada.
—¿Crees que aún siga ahí?
—Podría ser, creo que las serpientes pueden vivir por mucho tiempo. Mucho más que los perros y gatos. —Harry miró la gran estatua de bronce de una serpiente, que estaba en la entrada, y se estremeció. Draco lo miró desconcertado.
—¿Vas a estar bien ahí dentro? La última serpiente que vimos fue bastante horrible.
Harry volteó para buscar a Teddy, pero el niño estaba ocupado siseando mientras corría en círculos.
—De hecho, creo que estará bien. Ambos tenemos malos recuerdos de esa serpiente. Me gustaría olvidarme de Nagini. Lo que pasó aquí —Hizo un gesto hacia el serpentario—, me hizo pensar, por primera vez, que quizá las cosas que me pasaban no eran raras, sino algo más. Quiero decir, ¿hablar con serpientes? Eso era algo bastante sorprendente.
—A menos que seas un Slytherin de corazón, te lo aseguro.
—Cierto. —Harry sonrió—. Vamos, Teddy. Vayamos a visitar a mi viejo amigo Boa.
Pasaron de largo frente a las demás jaulas, hasta que llegaron a la que tenía una placa que decía "Boa Constrictor. Brasil". La serpiente estaba enrollada en la parte de atrás de la jaula, ignorando a las personas que estaban mirándola.
—¿Es ésa, Harry? —susurró fuertemente Teddy.
Harry se encogió de hombros.
—No lo sé. La placa es la misma.
—¡Pues pregúntale! —exclamó Teddy lastimeramente.
—Shush, ya lo hará. Sólo necesitamos que esas personas sigan caminando —le dijo Draco a Teddy en voz baja, poniéndose de cuclillas para llegar a su nivel—. ¿Qué crees que Harry debería preguntarle?
—¡Si lo recuerda, claro! —exclamó Teddy—. Y luego, debería hacer que el vidrio desapareciera, para poder llevárnoslo a casa como mascota.
—¿Le contaste la historia completa? —le preguntó Draco a Harry.
—Bueno, sí —contestó el moreno, sonriendo tímidamente.
—¿No pensaste que le daría pesadillas acerca de serpientes de seis metros rondando por Londres?
—Em, no. No lo pensé. De todos modos, no tuvo pesadillas, ¿verdad, Teddy?
—No —dijo el niño sonriendo—. ¡Las personas ya se fueron! ¡Pregúntale!
Draco se levantó y se puso a su lado.
—Adelante, pregúntale.
—Correcto. —Harry cerró los ojos y trató de recordar la sensación de hablar lengua pársel. No lo había hecho en años—. Hola, ¿puedes oírme? —Abrió los ojos y miró a la serpiente enrollada. No se había movido.
Draco se acercó más y Harry pudo notar que estaba tentado a tocar el vidrio.
—Inténtalo de nuevo.
Harry se encogió de hombros.
—Hola. ¿Eres tú la misma serpiente que estaba aquí hace diez años? —Hubo una pausa y luego, lenta, muy lentamente, la serpiente levantó la cabeza y la giró hacia el vidrio—. Perdón por molestarte en su siesta. Mis amigos querían conocerte.
—Más fuerte. El vidrio es muy grueso. No quieren que me escape de nuevo. —La serpiente comenzó a desenrollarse y a moverse sinuosamente hacia ellos. Al mismo tiempo, los tres dieron un paso hacia atrás. Draco puso las manos en los hombros de Teddy, con gesto protector—. Nunca regresaste.
—Sí, lo siento. Me metí en muchos problemas por lo que pasó —siseó Harry más fuerte, a sabiendas de que estaba recibiendo miradas curiosas de los otros visitantes.
—Yo también. —La serpiente tenía su lengua presionada contra el vidrio y los ojos fijos en ellos—. La ardilla es muy sabrosa.
Harry rió.
—Lo recordaré.
—Has cambiado.
—¿En serio?
—Te noto más… ligero.
—¿Cómo dices?
—Tu espíritu estaba afligido. Has sido liberado, ¿verdad?
—Sí —dijo Harry con sobriedad—. Soy libre.
—Eso es bueno. Me alegra que uno de nosotros haya escapado.
—Desearía poder liberarte…
—He aceptado mi destino, pero quizá podrías visitarme de nuevo. —Con eso, la serpiente bajó su cabeza lentamente y se deslizó hacia el árbol falso que estaba en su jaula. Lentamente, ascendió por él—. Adiós.
—Adiós —siseó Harry suavemente. Se quedó en su lugar, mirando a la serpiente, hasta que sintió que Draco pasaba su brazo por su cintura.
—Estás bien.
—Sssssí. Quiero decir, sí. —Harry miró a Teddy y sonrió—. Vayamos afuera, para poder contarles lo que dijo.
Se dirigieron al puesto de helados y Harry se divirtió ordenándole a Teddy el sundae más grande del menú. Mientras el niño enterraba la cuchara en la dulce delicia, Draco miró a Harry con preocupación.
—¿Qué te dijo? Te ves molesto.
—No. Bueno, no en realidad. Me dijo que yo había cambiado. Que era libre.
—¿Que eres libre? ¿A qué se refería?
—No lo sé. Quizá, ¿libre del horrocrux? —El moreno miró a Teddy de reojo, para asegurarse de que no los estuviera oyendo—. ¿Crees que haya podido sentir la parte de Voldemort que estaba dentro de mí?
Draco estiró la mano y frotó la del moreno gentilmente.
—No lo sé. Pero, de todas formas, sabemos que eres finalmente libre. Y eso es algo que me pone muy feliz.
—También a mí.
OoOoOoO
A la mañana siguiente, Harry despertó con la pierna de Draco sobre él, a modo de gesto posesivo, y el distintivo y desagradable recuerdo de los placeres de la noche anterior. Golpeó al rubio.
—Oye, era tu turno de hacer los encantamientos de limpieza.
—Mmupphh —dijo Draco contra la almohada.
—¿Disculpa?
Draco se giró malhumorado.
—Dije "tú eres el señor 'Hago magia sin varita', tú deberías hacerlo". No pude encontrar mi varita.
—Más bien, no te molestaste en buscarla —dijo Harry riendo.
—Bueno, más o menos. —Draco repasó el brazo de Harry con la mano—. Apuesto a que puedo compensarte por ello en la ducha.
Ya había pasado la hora del desayuno cuando por fin consiguieron bajar las escaleras. Se detuvieron en el rellano cuando vieron a Andrómeda en la sala de estar. Teddy estaba jugando felizmente con sus dragones de juguete en la alfombra.
—Ya era hora que ustedes dos bajaran —dijo Andrómeda con una sonrisa—. Me sorprende que no hayan bajado más temprano, para ver El Profeta.
—Teníamos mejores cosas qué hacer —dijo Draco, soltando un gritito cuando Harry lo pellizcó.
—Em, él quiso decir que leerlo antes no habría cambiado nada —dijo Harry, fulminando al rubio con la mirada—. ¿Qué tan malo estuvo?
—Velo por ti mismo —dijo Andrómeda, mientras señalaba el periódico, que estaba en el extremo de la mesa.
Draco alcanzó el periódico y Harry giró la cabeza cuando escuchó a Teddy cantar.
—Harry y Draco, sentados en un árbol, B-E-S-A-N-D-O-S-E, primero el amor… (2)
El moreno miró a Andrómeda.
—¿Y quién le enseñó esa tonada?
Andrómeda rio.
—Debe haberla escuchado de sus primos estadounidenses.
Draco le enterró el codo en el costado y Harry bajó la mirada hacia el papel, para luego decir una palabrota.
—¡Harry tiene que dar un knut! —exclamó Teddy emocionado.
—Sí, así es —dijo Andrómeda—. En serio, chicos, es una foto muy buena.
—Seguro, excepto que la reportera estaba fingiendo que la cámara no servía. No supimos que estaba tomándola —dijo Draco bruscamente.
—Aunque es una fotografía buena. —Harry tuvo que admitir que lo era—. No tenemos fotografías buenas de nosotros, las únicas que tenemos son las de nosotros mirando con mala cara a la cámara, cuando nos la toman de sorpresa. —Hayes los había capturado cuando estuvieron parados de cerca. El Draco de la foto estaba acomodando el cuello del Harry de la foto, y el Harry de la foto se inclinaba para besar a Draco.
—Cierto —dijo Draco—. ¿Y qué dices del encabezado?
—¿Hmmm? —dijo Harry, mientras veía su beso repitiéndose una vez más.
—El encabezado, Potter. —Harry ajustó su mirada y jadeó.
—"Harry Potter lo revela todo". Merlín, hacen que suene como si me tuvieran desnudo allí dentro. —Miró a Andrómeda—. No es así, ¿verdad?
Andrómeda rió con gusto.
—¿Qué? ¿Crees que te tienen en las páginas centrales, como si fueras una chica de revistas para adultos? Será mejor que des la vuelta a la página y lo descubras.
—¿Revistas para adultos? —dijo Draco entre dientes, mientras batallaba para abrir el periódico.
—No importa, no te interesaría —dijo Harry riendo. Dio un suspiro de alivio cuando vio que las fotografías de adentro eran de Hank Black y de él mismo, lado a lado. La foto de Black era una de él usando las gafas de Harry. Habían conseguido dos fotografías donde el moreno estaba haciendo el mismo gesto. "Harry Potter busca un escape como Hank Black", gritaba el encabezado. Harry gruñó—. Busca. Buscador. Qué inteligentes.
—De hecho, es un artículo muy bueno —dijo Andrómeda—. Y ya ordené una copia de la fotografía.
—¡No es cierto! —Harry miró a la mujer mientras Draco se dirigía al sillón, leyendo el artículo.
—Te aseguro que sí.
—¿Cómo se verá cuando la entreguen aquí…?
—Oh, tranquilo —dijo Andrómeda—. Tú mismo lo dijiste. No hay fotos buenas de ti y de Draco. Ya es hora de que haya una aquí. Voy a ponerla sobre la chimenea, con el resto.
Harry negó con la cabeza y fue a sentarse junto al rubio. Ni siquiera se molestó en leer el artículo.
—¿Qué piensas? —preguntó, cuando Draco finalmente dobló el papel y lo puso en el suelo.
—No estaba tan mal, en realidad. Hayes es una buena escritora. Deberías leerlo.
—Luego, ahora mismo estoy bastante hambriento. —Harry miró a Draco con intención—. No me imagino por qué. —Draco y Andrómeda bufaron—. Bueno, lo estoy. Y por eso, tú puedes hacer el desayuno.
Draco se puso de pie y se estiró.
—Seguro, puedo ordenarle el desayuno a Kreacher tan bien como tú.
—Mis omelets son mejores que los suyos —dijo Harry, mientras tomaba la mano de Draco y lo llevaba afuera de la habitación y por el pasillo.
—Pensé que no ibas a hacer el desayuno.
—Podría ser persuadido —dijo Harry, mirando de reojo al rubio—. Tienes todo el día libre, ¿no?
—Cierto. Y podría persuadirte mucho —dijo Draco, jalando a Harry hacia sí—. Sin embargo, sí trabajé duro en la ducha hace sólo unos momentos.
—Cierto, pero eso fue más de dar. Yo estaba pensando en una persuasión que fuera más de recibir. —Acto seguido, repasó las caderas del rubio con las manos.
—Entonces, omelets por Harry Potter serán —dijo Draco, sonriendo mientras besaba al moreno.
OoOoOoO
(1) No sé ustedes, pero nunca tuve la oportunidad de ver "El Mago de Oz"… ¡Pero hice mi investigación! En el original, Harry dice "lions and tigers and bears, oh my", que se traduciría como "leones y tigres y osos, oh cielos" (el "oh cielos" puede variar). Esta frase la repiten Dorothy, el Espantapájaros y el Hombre de Hojalata mientras van por el camino amarillo, momentos antes de encontrarse al león. Me fui a buscar la película y sólo la encontré en español de España, en el que la frase que dicen es "leones y tigres y panteras, ¡Dios mío!" (De dónde cambiaron panteras por osos, no lo sé…) No sé cómo lo digan en español latino, pero no tiene mucha relevancia. Les recomiendo que vean la película, yo lo haré cuando tenga tiempo...
(2) Ehhhh… No, no encontré una equivalente en español, así que la traduje directamente. Hasta eso, no se oye mal.
Notas finales:
Bueno, esto fue todo de ToF. Sólo nos falta el epílogo… Hay algunas cosas extra; Marty escribió dos one-shots mostrando algunas cartas perdidas. Aún no le pido permiso para comenzar a traducirlas, pero estamos en eso…
Y no, no me he olvidado de mis agradecimientos... Esos vienen en el epílogo.
Adigium21
