Uno de los compromisos que Len debía atender aquél día era ir a la joyería.

Tras haber pasado más de una hora en el negocio intentando decidir cuál sería un mejor obsequio, entre una sortija de oro y una gargantilla con incrustaciones de diamantes, terminó por elegir un conjunto que contenía ambas cosas. Iba conduciendo su automóvil y la caja de regalo, envuelta con un papel celofán de color rosa y decorada con un moño rojo, iba en el asiento del copiloto. Tamborileaba con los dedos en el volante mientras tarareaba una canción. Le emocionaba llegar pronto al sitio a donde se dirigía. Lo había estado esperando con ansias durante toda la mañana.

Aparcó finalmente el auto cuando llegó a aquél parque. Ella lo estaba esperando bajo la sombra de un frondoso árbol. Lo saludó agitando vigorosamente la mano y corrió hacia el vehículo. Len sonrió, le encantaba ver la forma en la que esa cabellera rosada volaba cada vez que ella corría.

— ¡Ya quería verte!

Envolvió a Len en un fuerte abrazo. Era considerablemente más alta que él, cosa que a Len le encantaba. Especialmente a la hora de dar abrazos. Se paró de puntillas para besar los labios de la chica y ella respondió el gesto tomándolo por ambas mejillas para evitar que escapara.

—Tardaste mucho —se quejó ella—. Tuve que esperarte durante horas.

—Tenía que encargarme de algunos asuntos —dijo Len encogiéndose de hombros.

—Déjame adivinar —comentó ella con indiferencia—. ¿Tu hermana sigue mudándose y tú has tenido que ayudarla con más y más cajas para desembalar?

Len ahogó una carcajada.

—Luka Megurine, ¿estás celosa de mi hermana? —preguntó él con una sonrisa burlona.

Ella respondió dándole un juguetón golpe en la cabeza.

—Te compré algo —dijo Len y metió una mano por la ventanilla del auto para sacar la caja de regalo envuelta en papel celofán—. Espero que te guste.

Luka tomó la caja en sus manos y sus ojos brillaron con infantil emoción. Quitó ceremoniosamente el papel celofán y lo dejó caer en el suelo para dejar al descubierto la caja de cristal que contenía sus nuevas joyas protegidas con una almohada de algodón blanco. Soltó un grito agudo y envolvió a Len en un fuerte abrazo. Le besó ambas mejillas y sacó la gargantilla de su empaque para ponérsela ahí mismo.

Era una joya preciosa. Tomó su largo cabello rosa y lo pasó sobre su hombro derecho para que Len pudiera atarla. Al hacerlo, acarició la espalda descubierta de Luka con una mano y le plantó un delicado beso en el cuello.

—Se ve hermosa —dijo el muchacho en susurros—. Igual que tú.

Luka se giró y sus labios volvieron a conectarse.

— ¿Qué planes hay para hoy? —preguntó Len una vez que rompieron el beso y entrelazaron sus dedos para echar a caminar por el parque.

La imagen resultaba curiosa pues Luka era quizá quince o veinte centímetros más alta que Len. Eso no le impedía al muchacho abrazarla por la cintura y pararse de puntillas para besarla de vez en vez.

—Iré a ver películas con Rin —respondió Luka.

—Es una lástima —dijo Len esbozando media sonrisa—. Justo tenía pensado invitarte al cine y a tomar un trago, pero ya que tienes otros planes…

Todo ocurrió rápidamente.

Luka se abalanzó sobre él para abrazarlo y pronto sacó su teléfono celular para hacer una llamada. Se escucharon dos tonos antes de que obtuviera respuesta.

—Hola, Luka.

Era Rin quien hablaba al otro lado de la línea.

— ¡Rin! ¡Tengo que hablar contigo! —dijo Luka y colocó el dedo índice sobre los labios de Len para evitar que el muchacho emitiera un solo sonido.

— ¿Qué pasa? —preguntó Rin.

—Sucede que… Recordé que tenía ya un compromiso —dijo Luka intentando sonar realmente arrepentida.

— ¿Qué compromiso? —preguntó Rin.

—Le prometí a Kaito que saldría con él —mintió Luka—. En realidad, justo lo recordé por un mensaje de texto que me envió.

Cerró los ojos en espera de una respuesta que no se demoró.

—Entiendo —dijo Rin y Luka pudo escuchar su sonrisa—. Supongo que podemos ver las películas en otra ocasión. Iré a casa de Meiko, entonces.

—De verdad lo lamento —dijo Luka—. Te quiero, Rin.

—Y yo a ti —sonrió la chica.

Terminaron la llamada y la feliz pareja intercambió una sonrisa antes de enredarse en un fuerte abrazo.

Los planes de Len y Luka salieron a la perfección. Por esa misma razón se encontraban llegando al complejo de apartamentos, tambaleándose y soltando risitas estúpidas. Ese trago sugerido por Len los había encendido bastante, tanto era así que bien pudieron haberse quitado la ropa en el ascensor.

— ¿Qué hacemos aquí? —Preguntó Luka arrastrando las palabras mientras Len buscaba su manojo de llaves en el bolsillo—. ¿Rin nos dejará usar su apartamento? —remató con una risilla.

—Dijo que iría con Meiko, ¿no es así? —preguntó Len y abrió finalmente la puerta.

Volvieron a enredarse en un abrazo. Volaron las prendas, se escucharon sus risas, y ninguno de ellos siquiera imaginó que Rin estaba abordando el ascensor precisamente en ese momento.