Rin se detuvo antes de abordar el ascensor para responder un mensaje de texto. Había pasado una tarde la mar de divertida con Meiko, incluso en ese momento seguían riendo de un chiste privado que involucraba a Miku y su apio. Soltó una risita y escribió una veloz respuesta mientras el ascensor volvía a subir.
Otra de las razones por las que estaba tan contenta era el auto de Len, que estaba aparcado afuera. ¿Sería que él la estaba esperando ya en el apartamento? ¿Le habría preparado una sorpresa?
Presionó una y otra vez el botón del ascensor hasta que las puertas se abrieron frente a ella. La emoción le provocaba mariposas en el estómago. Esbozó una sonrisa de oreja a oreja cuando salió del ascensor y se enfiló por el pasillo.
Y cuando llegó a la puerta de su apartamento se percató de que ya estaba abierta y el llavero de Len colgaba de la cerradura. Sin borrar su sonrisa, lo retiró y lo guardó en su bolso.
—Ese torpe… —comentó ella con cierto cariño en su voz.
Lanzó su bolso sobre un sofá y volvió a sonreír cuando vio la chaqueta negra de Len en el perchero. Se dirigió a la cocina integral y se sirvió un vaso de agua del grifo.
— ¿Len? —lo llamó.
No obtuvo respuesta. Al menos no la respuesta que esperaba. No era la voz de Len, era una risa. La risa de una mujer.
— ¿Luka? —preguntó Rin en voz baja.
Con el vaso en la mano, avanzó el corto trecho hasta su dormitorio. Por alguna razón, sentía ese vacío en el estómago que todos percibimos cuando tenemos un mal presentimiento. ¿Qué se lo provocaba? ¿La risa de Luka? ¿Saber que Len también estaba en el apartamento?
Abrió lentamente la puerta de su dormitorio y se detuvo en seco.
El tiempo parecía avanzar tan lentamente que era insoportable.
El sonrojo de Luka que hacía juego con su mirada embelesada.
La respiración agitada de Len que se combinaba con su expresión de éxtasis.
Las manos de ambos amantes entrelazados.
Sus cuerpos cubiertos por una sábana que ocultaba estratégicamente el punto en el que se unía su cópula.
Y Rin los miraba desde el marco de la puerta. Sintiendo el gigantesco nudo formarse en su garganta. Con los ojos cubiertos por una capa de lágrimas. Y su corazón, herido, partiéndose en mil pedazos. Intentó articular alguna palabra pero incluso perdió la capacidad de hablar cuando los labios de Len y Luka se conectaron.
Rin dejó caer el vaso cuando algo en su interior se quebró. No podía estar pasando. No ahí. No en su propia casa. No en el mismo sitio donde Len la amaba como nadie antes la había amado. Y las caderas de Len dejaron de moverse cuando ambos escucharon el sonido. Rompieron su unión y Luka cubrió su pecho desnudo con una sábana. Rin salió corriendo en ese momento y dejó una estela de lágrimas a su paso.
Se sentía tan vacía, tan herida, tan traicionada, que fue así como salió a la terraza y se quedó mirando hacia el aparcamiento. Soltó un sollozo sin saber qué hacer en ese preciso momento. ¿Volver y sacar a Luka de su apartamento? ¿Salir del edificio y pretender que no había visto nada? Pero él le había dicho que la amaba, ¿no era cierto?
— ¡Rin!
Len intentó evitarlo pero Rin fue más rápida. Ágilmente subió a la baranda y se dejó caer al vacío. Se escuchó el grito que soltó Luka y, entonces, algo se impactó sobre el elegante auto de Len.
Rin había muerto… Muerto, igual que el amor de Len.
