Fairy Tail y sus personajes son de Hiro Mashima, alias el gran hentai troll, y por tanto nada me pertenece. Excepto esta historia. Pero los personajes no. Pero la historia es mía. Eso.

Prompt II: Distance

PD: Gracias por los reviews, alerts y favs. Vosotras me dais vida.


Capítulo II: Distancia.

La distancia que lo separaba de Lucy era de cuatro metros y cuarenta y ocho centímetros. Laxus se removió incómodo en su asiento y apartó la mirada de su nakama. Vale, esto se le estaba hiendo de las manos.

Suspiró cansado y le dio un trago a su jarra de cerveza. Trató de contener la respiración todo lo que pudo, pero los pulmones empezaron a abrasarlo demandando oxígeno y tuvo que complacerlos. El coco, el sol y la lavanda llenaron sus fosas nasales ¿Por qué Lucy tenía que oler tan condenadamente bien?

Su cuerpo reaccionó de forma instintiva y alzó la cabeza buscándola disimuladamente de nuevo. Ahora estaba a diez metros y cuatro centímetros hablando animadamente con Levy. Joder, estaba más lejos ¿Por qué se alejaba tanto de él? ¿Y por qué a él le importaba la distancia que los separara?

Se acabó el contenido de su vaso de un solo trago y decidió que por hoy ya había socializado lo suficiente. Se levantó de su silla y se dirigió con paso lento pero seguro hasta la salida del gremio, quería irse de ahí, necesitaba hacerlo, sino…

— ¡Ey Laxus! —escuchó como la luz lo llamaba—. ¿Vas de misión?

Detuvo sus pasos y se giró centrando toda su atención en la maga celestial. Un estremecimiento lo recorrió de arriba abajo al verla levantándose de su silla y acercándose a él reduciendo la distancia que los separaba, nueve metros y medio, siete metros y cuarenta y ocho centímetros, cuatro metros… Lucy se detuvo a un metro y le sonrió.

— No, voy a casa.

— Ah ¿Puedo acompañarte un rato? Necesito ir a la librería.

Se encogió de hombros despreocupadamente y siguió su camino. Por Mavis… ¿Por qué tenía que vivir cerca de la única librería de Magnolia? Respiró hondo y se tranquilizó, sólo lo separaban de Lucy treinta centímetros. Era lo más cerca que habían estado desde aquella vez. Sí, desde su primera misión juntos.

La miró de reojo y sintió como su corazón se saltaba unos cuantos latidos y la sangre empezaba a fluir más rápido por sus venas. El borde de su sujetador asomaba tímidamente por encima de su descarada camiseta. La madre que la parió, ¿Es que quería enseñarle sus pezones a toda la ciudad de Magnolia?

Intentó ahogar un gruñido de enfado y frustración y volvió a enfocar su vista al frente. Sí, todo ese lío había empezado porque sin querer le había visto un pezón. La situación de por sí ya sonaba muy mal, pero no era culpa suya, él no era un pervertido ni la había amenazado con el palacio de rayos sino le enseñaba sus pechos, no. Había sido un accidente… Aunque empezaba a pensar que había sido asaltado (y casi violado) por la rubia.

Yendo por pasos, él no se acordaba muy bien de cómo había acabado durmiendo abrazado a Lucy. No, sabía que después de haber completado su misión en conjunto se había desmayado por usar demasiada magia, se había encontrado en el suelo y ¡pum! Cuando volvió a abrir los ojos estaba tumbado con la maga a su lado, habían hablado y él había vuelto a la inconciencia. Hasta ahí todo bien, pero cuando se despertó al día siguiente, con todas sus capacidades mentales y físicas funcionando al cien por cien, se dio cuenta de que estaba desnudo, y no sólo eso, estaba desnudo al lado de una chica desnuda, y no una chica cualquiera no, una de sus nakamas.

No es que él no hubiera tenido una aventurilla con alguna chica del gremio, o que le importara estar desnudo con una Lucy desnuda en sus brazos, pero eso no estaba bien. No, nada bien.

No le dio tiempo a seguir pensando ya que una dormida maga celestial le dio un guantazo y se removió incómoda entre sus brazos.

— Natsu… Sal de mi cama —murmuró la chica entre sueños.

Él iba a contestarle, iba a despertarla y a decirle que él no era ese estúpido come fuego y que por qué diablos estaban desnudos y abrazados. Y entonces lo vió, un sonrosado y erecto pezón que sobresalía desafiante contra el frío de la mañana. Por la primera magia… Al darle el guantazo y apartarse de él la manta se debería haber escurrido y…

— ¡Achús!

Cerró los ojos rápidamente y se hizo el dormido. No es que tuviera miedo, pero si ella se despertaba y lo encontraba mirando fijamente eso… Bueno, Bikslow había sido muy expresivo al relatar cómo le habían dolido todos los Lucy's kick que había recibido.

Sintió como se estiraba y desperezaba, y olió cuando se quedó paralizada y el miedo empezó a bombearle por la sangre. Él siguió fingiendo estar dormido y contuvo sus ganas de reír al oler como la vergüenza le ganaba al miedo.

— Por el rey espíritu celestial… Suerte que no se ha despertado —era un suave murmullo que en parte ayudó a relajarlo, al parecer no querían violarlo.

Dejó que ella saliera de entre sus brazos y saliera de debajo de la manta. La escuchó temblar de frío y se obligó a quedarse quieto. Casi pudo sentir en su propia piel como la ropa cubría la caliente piel femenina. Suspiró aliviado. Interpretó su farsa muy bien, incluso cuando ella se acercó y le puso una mano en la frente para comprobar que estaba bien.

Tan buen punto la chica salió de la cabaña se levantó como un resorte y se apresuró a ponerse la ropa. La atmósfera olía a lluvia, y sus ropas estaban un poco húmedas. Su cerebro no tardó en atar cabos y dedujo que ambos estaban desnudos por una cuestión básica: mantener el calor.

— ¡Laxus! —La voz sorprendida de Lucy hizo que se girara y la mirara directamente a los ojos—. Yo… Esto… Em… —alzó una ceja divertido al ver como la chica se sonrojaba y miraba a todos lados menos a él nerviosa—. Ayer por la noche… Tú estabas inconsciente y… Y llovía mucho… Y… Bueno… Hacía frío y… Y el calor…

— Lucy —la cortó mirándola directamente—. No ha pasado nada. Yo estaba en un aprieto y tú me ayudaste —hizo una pequeña pausa y continuó—. Nadie en el gremio tiene por qué saberlo.

Vio a la chica asentir nerviosa y pasarse un mechón de pelo detrás de la oreja. Con pasos largos y firmes salió del sitio donde se resguardaban e intentó orientarse a través del olfato. Ella lo siguió callada y sin hacer ningún ruido y no intercambiaron ninguna palabra durante el resto de la misión. Llegaron a Magnolia, dieron parte al maestro Makarov de lo que habían hecho y se fueron para sus respectivas casas.

Después de eso él estaba un poco confundido, no acababa de entender la relación que habían establecido. Al principio ella se mostraba un poco distante y temerosa en su presencia. Nunca admitiría que eso le había dolido, pero a ver, al menos una sonrisa y un asentimiento de "buenas" cada vez que se vieran era suficiente para él. A ver, eran nakamas, y después de esa misión él esperaba una mejora de su relación.

Pasó un mes así y de la nada la rubia parecía querer su aprobación para todo. Le informaba de todas las misiones que iba a tomar, de cómo le iban y los progresos que hacía entrenando. ¿Y a él qué mierda le importaba? ¿Que él se había sentido mal al principio con su rechazo? Nunca, lo prefería antes que eso.

Estaba muy incómodo, ella se sentaba en su mesa y se ponía a parlotear durante horas sobre un montón de cosas y encima esperaba que él le respondiera ¡Que él respondiera! Eso sí que era descabellado. Lo peor era cuando se sentaba con él y se ponía a leer un libro y se quedaba en completo silencio. ¿Si no iba a hablarle por qué mierda se sentaba con él?

Él esperó que sus amigos lo ayudaran a librarse de esa situación, lástima que las cosas no salieron como las planeó. Bikslow estaba encantado con la rubia, siempre la estaba molestando y haciéndola reír. ¡Incluso se sacaba ese ridículo casco para mirarla directamente a los ojos! Evergreen no tardó en abandonarlo, un par de charlas sobre cosméticos y ropa y ya la tenía en el bolsillo. Freed se resistió más, resistió como un campeón, pero también cayó. ¿Cómo coño podían pasar tanto tiempo discutiendo sobre libros?

— Laxus- sama —le había dicho Freed una tarde—. Lucy- san es una chica asombrosa. Pare de intentar alejarla y hágase su amigo.

Evergreen y Bikslow asintieron conforme a esas palabras y a Laxus no le quedó otra opción que resignarse. Y al resignarse y aceptar la situación empezó a disfrutar pasar tiempo con Lucy. Hablaba más, a veces iniciaba él la conversación y salían por ahí de misiones y a tomar algo.

Y así, sin darse cuenta, un día se sorprendió contando los metros que lo separaban de ella. Contando la distancia que había de sus labios a los de ella. Contando si su corazón latía tan fuerte como el de él. Se pasaba las horas contando sobre Lucy.

— Laxus —la voz firme de Lucy lo sacó de sus pensamientos y se paró para despedirse. Ya habían llegado a su destino—. Nos vemos por el gremio —él asintió en respuesta y se dispuso a irse—. ¡Laxus! —alzó una ceja y la miró sorprendido, parecía molesta por algo…—. Estoy harta ya de esta situación —le dijo alzando el tono de voz y apuntándolo con un dedo—. Si no vas a hacer nada para de mirarme así.

— ¿Así? ¿Así cómo?

— ¡Oh por Mavis! —Chilló exasperada mirando al cielo—. ¡¿Así cómo?! —Frunció los labios y lo fulminó con su cálida mirada—. ¡Así como si me fueras a estampar contra una pared y darme el mejor polvo de mi vida!

No pudo replicar ya que la chica se dio la vuelta indignada y entró a la librería sin mirar atrás. ¿Él? ¿Mirar? ¿Polvo? Las palabras poco a poco se iban incrustando en su cabeza y su cerebro reaccionaba a ellas. Sonrió y siguió su camino. Bueno, si a Lucy le molestaba tanto como a él la distancia que los separaba no había razón para que ambos continuaran sufriendo así ¿No?