Como la nata

Por: Jenny Anderson

Disclaimer: Veamos, no soy inglesa, no tengo miles de euros en una cuenta en algún banco, jamás he visto a la reina, no tengo el cabello rubio, creo que es obvio que Harry Potter no me pertenece le pertenece a Rowling y a la Warner, esto es sin fines de lucro, ningún personaje me pertenece pero la situación si es mía, y agradecería que respetaras eso.

Para: Aleganohyuuga

Beta:. Orientis Dea

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Si alguien le preguntara a Crabbe qué le gustaba de ella… él no habría estado seguro de cómo responder. Era sabido por todo Slytherin -y por todo Hogwarts- que las palabras no eran precisamente su fuerte, que él se comunicaba mejor con los puños, y que para él todo tenía sentido con la comida.

Y para Vincent Crabbe, Daphne Greengrass era como la nata.

Tan bella con la piel lechosa, que bien podía combinarse con el azúcar o comerse sola; pero sobre todo porque era la perfecta combinación de los panecillos que él simplemente adoraba. Para Crabbe, Daphne era eso y más… aunque no sabía exactamente cómo hacérselo saber a la chica, sobre todo porque ésta siempre pasaba de él a favor de Draco, Theodore, y recientemente Zabini.

Greengrass era diferente, y al mismo tiempo igual a los Sly; pues era firme creyente de las teorías más descabelladas… todavía recordaba la vez en que ella declaró que Nott era un vampiro… Claro, cosas como ésas bien podían salir de la mente de Daphne; pero ella era más que ideas extrañas, y él se sabía haber sido el primero en notar esa melena rojiza, mas no el primero en hablar con su dueña…

No. Había sido aquel ravenclaw, ése que chocó con ella de camino al Gran Comedor porque al parecer iba tarde; y Daphne había sonreído, y él nunca la había visto con tal luz en su rostro… porque sí, él la observaba siempre. Sabía también, que entre Malfoy y Nott se ocupaba todo el tiempo de la chica, y que era la única quien lograba sacarle al críptico de Theodore más de dos frases seguidas.

Reconocía, con la misma fuerza, que Pansy era su mejor amiga y que Daphne no perdonaría jamás al que se atreviese a lastimar a alguno de sus allegados; recordaba claramente lo bien que se le daban las maldiciones a ella… e igualmente de las extrañas mañas que tenía: Daphne dormía con ese níveo conejo de peluche, se acomodaba el cabello tras la oreja si estaba nerviosa, entornaba los ojos al momento de maquinar algún complejo plan junto a la cabeza platina de Draco, y solía hablar de corrido y sin interrupciones cuando deseaba algo.

Se delineaba los ojos de negro y nunca usaba otros colores que no fueran éste, plata o verde; le tenía miedo a la oscuridad… en más de una ocasión había despertado acurrucada en el pecho de Malfoy o Nott.

Pero ella casi nunca lo miraba a él, lo veía cuando estaba junto a Draco, pero no era como si lo estuviera observando realmente; tampoco platicaban porque ella parecía mas interesada en fastidiar a Nott o hablar con Pansy sobre lo que tanto repudiaban… y entre todas esas cosas que Daphne hacía, había una, sólo una que -estaba seguro- nadie, nunca había visto más que él.

Y cada vez que eso sucedía, se sentía extraño y abatido; como si hubiera comido demasiado caramelo y su estómago lo resintiera, sólo que la incomodidad no estaba en su abdomen, sino en su pecho. El dolor pasaba todos los días, y había sido capaz de relacionarlo con lo que ella siempre hacía. Cuando Él llegaba al Gran Comedor para el desayuno, Daphne ya estaba ahí; a veces sola, a veces acompañada de Pansy e incluso de Blaise… pero no, eso no era lo importante.

Era aquella fugaz e imperceptible mirada que siempre lanzaba a la mesa de Ravenclaw, la sonrisa que apenas se apreciaba en la comisura de sus labios -porque la chica aparentemente no había cambiado de expresión-, la manera discreta en que seguía los pasos del mismo ravenclaw mientras éste salía del Gran Comedor… Era la manera en que apretaba los labios si el mismo chico salía del lugar con compañía femenina… la forma en cómo ese ritual parecía repetirse tres veces al día, y la increíble habilidad con que ella lograba que nadie en la mesa de Slytherin se percatase del hecho, echando un suspiro aburrido luego de que él se hubiese ido.

Y Crabbe también miraba al ravenclaw… pero no hallaba razón por la que pudiera entender la actitud de Greengass en él; no era elegante, ni parecía tener clase; de hecho, luego de la sangre sucia gryffindor, ése era el ser más vulgar de todo Hogwarts; aunque Greengass parecía encontrar algo en el ravenclaw.

Tal vez, era sólo cuestión de gustos; que entre sus ideas ella prefiriera las cosas más simples, alejadas de lo que su ostentosa vida pudiera brindarle... podría ser que aquéllo fuera con la misma intensidad con la que a él le gustaba tanto la nata…