#8 ¿Se dan cuenta? Todo me favorece con este número, en sí ya es mi número favorito, algo así. Estoy encima de uno de los transportes de Hartford, un mini tren eléctrico, que me llevará a mi nueva preparatoria. El transporte se vuelve mi preferido, puedo bajarme cuando quiera, de todos modos no va muy rápido. Estoy con auriculares, All This Time de OneRepublic comienza y me dejo llevar, ¿Por qué será que cuando escuchamos música y viajamos creemos que es nuestro video musical? Bah, mi estudio psicológico es muy minucioso.

Al querer estudiar esto, me doy cuenta y enfoco mi mirada en un callejón, no tan cerca de donde estoy pero me es visible… están golpeando a alguien. Lo veo, el chico que está siendo golpeado está en el suelo, solo dejándose golpear y no lo entiendo. Paso mi lengua por mis labios, tomo una respiración y salto directo al pavimento, mis pies al tocar el suelo, el pie derecho se me torció un poco, no duele mucho pero si deja dolor. Aun así continuo, voy corriendo y me ubico de lado del callejón, así los abusadores no me verán. Pongo pause la música y me quito los auriculares; agradezco haber traído conmigo mi mini parlante, en un abrir y cerrar de ojos conecto mi USB, busco con urgencia el sonido de la sirena policial.

¡Bingo!

Le doy por continuar y le subo el volumen, dejándolo escondido en un pequeño cartón que hay por allí. Instantáneamente me volteo y corro unos pasos lejos de ese lugar, así los abusadores no sabrán que los estuve viendo.

¡Yeah!

Los bastardos efectivamente huyen, creen que es la policía.

Si solo supieran, si supieran.

Empiezo a reír mentalmente, pasan por mi lado alocados por huir, finjo estar curiosa del porque corren al igual que muchos de los que les quedan mirando por la calle, ellos siguen pisoteándose los talones entre sí. Cuando ya no los veo más, voy rápido al callejón y lo veo.

Él sigue en el suelo con las palmas sosteniéndose, me acerco a él. Su cabello está hecho un lío por sus rulos que brotan hasta su frente, él sigue sin mirarme.

"¿Estás bien?" le pregunto, mientras trato de ponerme a su altura para ver su estado.

Solamente me ignora y se levanta, me mira y mis ojos se agrandan al ver el color de sus ojos, son iguales a los míos, chocolates. Bajo mi mirada y lo examino, está muerto en vida. Su estado no está bueno, está sangrando por la nariz y su labio está partido así como me imagino que algunos de sus huesos también.

"No sabía que la policía reclutara a niñas"

No. Lo. Dijo.

Me enciendo rápido y me parece que veo una pequeña línea en sus labios aflorar hacia arriba, él sabe que me ofendió y lo está disfrutando.

Bastardo.

"No soy parte de la policía, te ayudé. Mi parlante está sonando por allá" le indico con mi cabeza, me siento con autosuficiencia, sé que le di y lo sé porque cambió su rostro de esa arrogancia a una perdida.

Él no dice nada, solo se hace espacio para sobrepasar por mi costado, chocando mi hombro.

Bastardo.

¿Esto pasa cuando ayudas a alguien? Lo dudo.

Noto su cojera y el enojo se me va. "Necesitas que te lleve a un hospital"

Él sigue caminando, sin decir nada.

Terco.

"Necesitas ayuda" y al fin se gira, se olvida de su cojera porque llega a toda velocidad a mí, deteniéndose de golpe a unos centímetros de mi nariz. Al parecer encendí la chispa de una dinamita porque así lo veo en sus ojos y siento un poco de pavor.

¿Yo, pavor? Había visto las caras más horrendas de mis hermanos pero este si me caldo hasta la médula.

"No la necesito y no te hagas la interesada " dijo, sentí su aliento chocar mi rostro y noté un olor peculiar en su aliento, había estado fumando.

"No estoy interesada pero si no querías ayuda no te hubieses dejado golpear por unos abusadores" Contraataqué.

Nunca daría un pie atrás. Con este tipo, nunca.

Me da una sonrisa media, "¿Crees que no podía defenderme?" vuelve a burlarse de mí, noto su mirada abajo y la sigo. Mi piel se vuelve de gallina.

"¡Por los mocos escondidos!"

Este suelta una risilla grotesca, "¿Sabes lo que es?"

Yo asiento con detenimiento.

"No es una simple arma, es una Seven Five, Mi. Favorita." dice dando énfasis en las últimas palabras, mirando su arma que está escondida en su tobillo, continua, "Si me vuelves a ayudar por fin la utilizaré en una persona viva" da pasos lejos de mí, cubriendo su tobillo con la manga su pantalón y sale por completo del callejón.

¿Qué ocurrió?

Nunca nadie me habían amenazado con una Seven Five o mejor dicho con un arma, ¡Nunca!

¿Qué rayos centellares les pasaba a las personas de esta ciudad?

Todos son agresivos, primero ese tonto de la bicicleta y luego esto, ¿Les dan dosis de violencia? Eso me pasa por querer ayudar. ¡Ay, Señor!

No importa, imaginariamente recojo mi dignidad y voy por mi parlante para apagarlo.

Estoy bien loca por querer ayudar a alguien. No importa, es lo que tengo que decir continuamente.

Estoy un poco lejos de la preparatoria, pero aun así, camino. Sigo las vías del tren para así poder llegar. Lo vuelvo a ver. Sí, al chico, que ahora está por subirse a un carro. Él también nota que lo observo y con mayor razón sube rápidamente.

Que extraño. ¿Soy Chucky o qué?

Hago sonar mis dientes delanteros, lo hacía cuando estaba pensando. Y quería saber porque este chico se dejó golpear si tenía un arma que podía usar contra ellos.

¡Hombres ¿Quién los entiende?!

Me puse los auriculares y seguí escuchando el resto de la canción. Mi madre me había dicho que utilizara otra cosa como vestimenta y no le hice caso, como es primer día podemos ir con ropa sport, el verdadero uniforme se utilizaría dentro de una semana. Y odiaba eso.

¿Porque? ¡El uniforme era muy feo!

Pero eso no cambia mi pensar con aquel chico. Oraré para que ese chico medio bastardo esté estudiando conmigo, mínimo en una clase para así poder verlo.

Sí, ni yo misma sé porque quiero verlo después de la amenaza que me dio.

Creo que será mejor que no lo encuentre, será mejor que no lo tenga en ninguna clase, odiaría que me volviera a amenazar o advertir o como rayos lo quiera tomar.

"¡Oye, tía!"

Mis ojos se abren en círculos enormes. ¡Esa voz! trago saliva y volteo, lo veo allí. El chico de la bicicleta.

El engreído barato.

Definitivamente, este día, número ocho, aquí en esta ciudad, se estaba volviendo cada vez mejor.

Puag