Brandon, iluso por la cerveza y de las caderas de la mujer, cogía de la mano fuertemente pero delicadamente a Ashara. Ésta no se me puede escapar. Ella, reía risueña, con una melodía de mil ángeles. Brandon sólo se paró para girarse y agarrarla por esa estrecha cintura que los Dioses la han dado. Ella estaba apoyada en la pared, esperando caricias y palabras que una dama siempre espera de caballeros. Los dedos de Brandon peinaron el pelo oscuro de Lady Dayne mientras esperaba a que sus labios la embrujase.
—Aquí no —dijo Ashara con una voz que enamoró a Brandon—. Pueden vernos, y no que creo que fuera de agrado.
Brandon intentó llevarla a sus aposentos, pero luego pensó en su hermano. Ned reside al lado de mí, y no nos puede ver. Pero el deseo salvaje de Brandon le daba pocas ideas. La condujo fuera de la gente, de la fiesta, para ir a una torre abandonada. Era de noche pero no era muy fría, por lo cual parecía casi perfecto. Nosotros iremos calentando el lugar si no se calienta.
Ashara vio el lugar cubierto de paja y decidió que ahí sería el lugar. Brandon tocaba ansiosamente todas las partes de su cuerpo como si fuera la última vez que tenía manos, y sus labios se fundieron mientras la lujuria iba aumentando. Ashara deshizo los lazos del jubón y los calzones de Brandon, y lo tiró al suelo. Ashara se iba quitando su vestido con tal arte que Brandon creía que era una Diosa, la luna besando su blanca piel, su pelo largo oscuro y esos ojos, siempre desafiantes y siempre sonriendo.
—No te escuché regresando a tu habitación anoche —dijo Ned, mirando sospechosamente a su hermano—.
Estaban en la Sala de las Cien Chimeneas, desayunando, preparándose el día. Brandon no recordaba nada de la noche anterior, excepto el amor que intercambiaron Ashara y él. Era una diosa para mí.
—Te habrás dormido antes de que yo llegase —Brandon escondió la mentira con su tono indiferente de voz—.
—La cama estaba igual cuando llegaste —Ned levantó una ceja—.
—Bueno, bueno, me has cogido —Brandon sonrió—. Estuve pasando la noche haciendo cosas divertidas.
Ned suspiró y luego sonrió.
—Se ve que no has cambiado nada, siempre metiéndote en problemas— Ned movió la cabeza de un lado a otro con una media sonrisa—.
—Eh, Ned —una voz grave se escuchaba tras sus espaldas—, ¿no me vas a presentar a ese hermano tuyo quién es mucho más guapo y listo que tú?
Brandon se giró para ver quien quería conocerlo y conoció a un medio gigante. Quizá era medio exagerado, pero era más alto que Brandon, y él ya sobrepasaba a casi todos. Alto y robusto, con el pelo negro azabache corto y ojos alegres del color del mar, con rasgos duros y atractivos. Es una montaña de hombre.
Ned parecía divertido y tímido a la vez.
—Brandon, éste es Lord Robert de la Casa Baratheon, otro pupilo de…
—Déjate de cortesías, Ned —Robert sonrió— déjaselo a los Lords y my ladys y las putas a las que los acompaña. Soy el prometido de vuestra hermana menor Lyanna, y amigo de este pequeño hombre.
—Yo soy Brandon, hermano mayor de Eddard —Brandon se negó a ponerse de pie por su propia dignidad— ¿así que vos sois el granuja que se casará con mi hermana?
Robert rió con tal estruendo que Brandon juraría que se movió la sala.
—¡Ah, Ned! Me va a gustar este hermano tuyo, aunque tendría que gustarme de todas maneras. Por cierto, el torneo va a empezar. ¿Dónde está esa mujer hermosa como las rosas de invierno a quien juras que es tu hermana? Me gustaría ir con ella al torneo.
—¿Lyanna? —Ned pensó, dubitativo—. Debió marcharse hace poco, porque no la he visto desde entonces. Estará ya en el torneo.
—Pues venga Ned, no me quiero perder ni un solo segundo de esa belleza. Y a lo mejor incluso el torneo se pone interesante —Robert rió de nuevo y atrajo a Ned hasta ponerse de pie, yéndose a las fueras del castillo.
Brandon hizo además de levantarse también para irse, pero de nuevo esa hada tan bella y graciosa como la Vieja Tata relataba en sus historias lo visitó de nuevo.
—Lord Brandon —Ashara hizo una pequeña reverencia con su brillante sonrisa—.
—Lady Dayne —Brandon asintió la cabeza en modo de aprobación—.
—¿Le importaría dar un paseo conmigo, mi señor? —los ojos de la bella mujer eran dos lagos lilas para Brandon.
Brandon cogió el brazo de ella y fueron a fuera.
Era una tarde soleada y vívida, con un arcoiris de colores. Se escuchaba las canciones de los pájaros y los ríos, cantando silenciosamente al sol, alegre y bienvenido, flores y animales viviendo de las melodías. Aunque para Brandon el único sol era Ashara.
Iba magnífica esa tarde; se había puesto un vestido blanco con decorados violetas, acentuando sus caderas y un escote demasiado bajo para muchos, pero nunca para Brandon. La luz del sol hacía que sus ojos fueran casi cristales, transparentes y coloridos.
—La primavera ha llegado para admirar su belleza, mi señora —Brandon no pudo decir más con semejante diosa.
Ashara rió de forma coqueta, y cuando se calmó, se acercó lentamente a Brandon, desquiciándolo por cada momento que sus labios no están juntos. Justo cuando se iban a besar, Ashara, alta y fuerte como ella es, le dio un empujón a Brandon a lo que hizo que éste cayese al suelo, mientras ésta huía riendo como una niña pequeña. Inocente y pequeña.
Brandon se levantó al instante, pero Ashara había desaparecido. Brandon se adentró más en el bosque, escuchando una voz cantando. Era mejor que cualquier melodía que Brandon había escuchado nunca, la mejor versión de 'El Oso y la Doncella', y él siguió la voz, guía infernalmente celestial.
Estaba a la orilla de un río cuando vio a Ashara mirándole desde unas varas más adelante de él. Iba desnuda; la piel parecía mármol con la luz de sol acompañándola. Asara le sonrió y se metió lentamente en las tranquilas aguas del río, dejando ver su joven y perfecto trasero. Brandon no dudó en desnudarse y unirse a ella.
Aquella tarde compartieron risas, pensamientos y besos. Era una tarde de primavera que Brandon jamás cambiaría.
Esa misma noche algo cambió; todo el mundo estaba enfurecido, preocupado, asustado. Un caballero misterioso había aparecido.
—¡Esto no es más que un acto de rebeldía ante el torneo, riéndose de todos nosotros como si fuéramos idiotas quien lo admiramos! —el rey Aerys protestó, causando murmullos por alrededor—.
—Es típico que haya caballeros misteriosos en los torneos, Padre —su hijo Rhaegar Targaryen tuvo que intervenir—. No es más que un acto de estupidez, pero nadie quiere atentar contra vos.
Aerys ignoró la respuesta de su hijo, dándole sólo una mirada de desconfianza.
—¡Ese hombre es peligroso! ¿Por qué se tuvo que esconder tras esa armadura? Seguramente porque nadie quiere que sepa cuál es su identidad para así para matar a alguien de entre nosotros. Ese hombre matará a vuestros hijos o violará a sus esposas si no hacemos nada al respecto —Aerys temblaba por una mezcla de furia y miedo—.
Los murmullos y la desesperación corría como la espuma por la sala.
—¡Ningún cobarde matará a nadie! —Robert Baratheon intervino, con una copa en la mano—. ¡Ese maldito bastardo será descubierto antes de que anochezca mañana! Lo atragantaré con mis propias manos.
Gritos de júbilo animaban a Robert y pronto todo el mundo lo aplaudía. No es más que un patético intento de atraer la atención de mi hermana. Brandon buscó a la multitud para encontrar a su hermana. Estaba sentada al lado de Ben, con la preocupación tallado en su rostro. Brandon se extrañó. Es demasiado lista como para creer en las bobadas del rey. Estará aún así preocupada, como todas las mujeres. Brandon se levantó para salir un momento a fuera, pero no antes de saludar a la joven dorniense, quien estaba esperando de pie, cerca de la puerta.
—Lady Ashara, me gustaría decirle lo hermosa que está esta noche —le susurró al oído—.
Lady Ashara sonrió de forma tímida y de repente fijó los ojos por encima del hombro de Brandon, a la vez que una voz suave y amablemente falsa sonó por su lado derecho.
—Le eché de menos en el torneo, Lord Brandon —la voz tenía un tono de malicia que a Brandon le puso nervioso—. ¿Dónde pudo estar para perderse semejante evento?
Brandon se giró sólo para encontrarse a un sol andante, reluciente como el verano. Estaba encima de tu hermana.
Ser Arthur Dayne, miembro de la Guardia Real, miraba con una sospechosa ingenuidad al joven Stark, sin parar de sonreír. Era tan agraciado como su hermana; pelo dorado le caía por sus hombros, la capa y la armadura le hacían brillar de formal envidiosamente bella y tenía los mismos ojos violetas de su hermana, pero éstos eran fríos y crueles.
—Lady Ashara, Princesa Elia pide su ayuda —una de las ayudantes llamó a Ashara—.
Ashara escapó en un suspiro, dejando solos a Ser Arthur y Brandon.
—Iré sin rodeos, Stark —la sonrisa de Ser Arthur desapareció como el sol en el atardecer—; aquella mujer es mi hermana, y no un coño andante. No juegue con ella, porque no es para usted. Ella merece algo mejor.
—¿Y vos cómo lo sabéis? —Brandon se mostró desafiante—.
—Porque conozco a los imbéciles como vos. Se comprometen y después las abandonan para irse con otras más atractivas. Me da mucha pena ahora mismo de Lady Catelyn —Ser Arthur no era tan alto como Brandon lo era, pero aún así lo miraba por encima del hombro—.
Ah, Cat. La última vez que vio a su prometida le pidió que no matase al pequeño muchacho que tanto la deseaba. Meñique. Pude haberlo matado si quería, pero Cat era mi prometida y tenía que escucharla y protegerla. Aún así, se arrepiente de no haberle dado otra patada.
—Lady Ashara y yo nos hemos encontrado por casualidad un par de veces, si eso es lo que le preocupa, mi señor —no puedo enfrentarme contra un miembro de la Guardia Real—. Ahora, si está todo arreglado, me disculpa para dejar esta molesta conversación —con gesto enfadado, Brandon se alejó de ahí lo antes posible—.
Cuando Brandon jugaba con los mechones de pelo de Ashara, ésta se movió, tumbada encima suya, para empezar una conversación.
—No creas mal de mi hermano, no es un mal hombre—Ashara lo miró con desconsuelo—, sólo quiere protegerme.
—¿De quién, si se puede saber? —Brandon sonrió de forma pícara—.
—De los monstruos como tú —Ashara sonrió mientras se mordía el labio inferior—.
Parece una cosa tan pequeña y delicada, como una rosa con el rocío del amanecer. Aunque Ashara era bien alta y hermosa, para Brandon era una pieza de porcelana que en cualquier momento va a romperse. No dejaré que te rompas. Allí estaba, desnuda bajo el firme agarre de sus brazos, riendo como una niña que parece ser. Pero no lo es. Parece inocente, pero es más lista que todos Los Siete Reinos juntos.
—El torneo se está acabando —Ashara miró al suelo, seria y probablemente triste.
—Eh —alzó ligeramente la barbilla de la dorniense—, no te entristezcas. Hemos sentido lo que dos jóvenes deberíamos de sentir, hemos sentido nuestro calor, nuestro amor, la primavera… No te entristezcas por los buenos momentos.
—Pero temo que ya no volverá a pasar —en su rostro se leía tristeza—. Tú te casarás con esa chiquilla y yo volveré a Dorne… Y no volveremos a vernos.
Desgraciadamente no, pequeña estrella.
