—Ly… Lyanna Stark. Ha desaparecido —uno de los soldados comunicó rápidamente a Elia Martell—. Y… Rhaegar también.
La cara de Elia se oscureció, pero no se dignó a llorar. Es la futura reina de Poniente, Ashara pensó, debe de ser fuerte y regia siempre, aunque su esposo no esté con ella. Pero al igual que Elia, Ashara sabía que nada bueno iba a pasar tras la desaparición.
Todas las doncellas se fueron del coche para dejar privacidad a su joven princesa.
—Lady Ashara, quédese conmigo. Necesito el consuelo de una amiga —Elia no desvió la mirada del suelo—.
Ashara dejó pasar a la última doncella que quedaba por salir y se sentó en frente de su amiga. El silencio reinaba con una tranquilidad inquietante.
—El día que me dijeron que iría a casarme con el príncipe y ser en un futuro reina, mi hermano Oberyn maldijo a nuestro padre por haberlo hecho —sonrió Elia dulcemente—. 'Esa corona no merece ser nada de Elia', dijo Oberyn, 'los reyes vienen y caen, y con ellos sus esposas e hijos' —la sonrisa desapareció—. El día en que mi padre me entregó a ese hombre tan inhumanamente hermoso con pelo plata y ojos lilas creería que sería la mujer más feliz de los Siete Reinos. Me trataba bien, escuchaba mis consejos, me regalaba vestidos y joyas, fue un buen padre para Aegon y Rhaenys. Pero no me amaba. Lo veía en sus ojos. Me miraba como mi hermano me mira a mí. Un cariño de amigos, hermanos, pero nunca de amantes. Sabía que no me sería infiel por su carácter, pero también sabía que nunca me amaría. En cambio, en el torneo, cuando Rhaegar pasó de mi lado para entregarle esa flor azul a la joven Stark, por primera vez vi en su mirada algo que jamás había visto en él; amor. —miró a Ashara—. Algo viene, amiga mía. Algo muy malo. No sé qué habrá hecho Lyanna con Rhaegar o Rhaegar con Lyanna. No sé nada, pero sé qué va a pasar. Robert es el prometido de Lyanna, y se enfadará muchísimo al oír la noticia, y los Starks lo ayudarán. El Rey Aerys… Los Dioses saben qué hará el Rey Aerys, pero Rhaegar y yo sabíamos perfectamente que últimamente está… raro. El Reino va a sangrar —Elia tragó fuerte y cogió la mano de su amiga—. Se acercan tiempos turbios, y debes de irte. De Desembarco del Rey. Regresa a Dorne, donde allí estarás a salvo. Regresa a Campoestrella, a tu hogar, allí nadie te hará daño. Allí nadie os hará daño —Elia miró al vientre de Ashara—.
—Cómo… ¿Cómo lo sabe? —Ashara estaba sorprendida—. No se lo he contado a nadie, y lo sabía desde hace media luna, no más.
—No se necesita palabras para saberlo. Veía como mirabas al hijo de Lord Stark, y simplemente lo sé.
—Venga conmigo —Ashara se acercó más a Elia y la agarró de la mano—. Por favor. No estará a salvo en Desembarco del Rey, con el rey Aerys ni con nadie. Traiga a sus hijos y vaya con sus hermanos a Lanza del Sol o si quiere, venga a Campoestrella conmigo. Le esconderé como una de mis doncellas hasta que todo pase.
—No puedo hacerlo, Ashara —Elia bajó la mirada al igual que soltó sus manos de las de Ashara—. Aunque esté en mi peligro por las acciones de mi marido, debo de quedarme a afrontar las consecuencias. Soy su esposa, y sobretodo, princesa de los Siete Reinos. Si algo le pasase al rey Aerys, sería reina, y si algo le pasase a Rhaegar… —se rostro se endureció— Tendría que regir en nombre de Aegon.
No es reina, pero se comporta como tal. No había mujer que más admirase Ashara que Elia Martell.
—Entonces… Supongo que esto es un adiós —Ashara dijo tristemente—.
—No es un adiós, sólo un hasta pronto —una pequeña sonrisa iluminó en el rostro de Elia—.
Y sin necesidad de palabras, las dos amigas se abrazaron mientras escondían sus amargas lágrimas.
Ashara salió del coche para dirigirse a coger un caballo. Al salir por la pequeña puerte, miró una última vez a Elia, quien estaba sonriéndola y Ashara le devolvió una tierna sonrisa. Y esa fue la última vez que vio a la princesa Elia Martell.
Fue un largo y duro viaje a Campoestrella, por lo que cuando llegó, su vientre había crecido bastante. Su padre, al verla, se asustó, pero no pidió ninguna explicación. Sólo pidió un momento a solas con ella.
—Ashara, hija, no sé quién te ha hecho eso… Lo siento hija… ¿Necesitas ayuda para quitarte a ese montruo?
—¿Qué? —Ashara se indignó—. No es ningún monstruo, es mi hijo. Sabes que aquí, en Dorne, los hijos fueran del matrimonio son bien recibidos. Lo sabes, padre.
—Está bien hija. Escúchame hija: noticias han llegado de Desembarco del Rey. Hay una guerra por hacer. Lord Stark y su hijo mayor han muerto por intentar pedir venganza al rey Aerys. Las casas Baratheon, Stark, Arryn y Tully han declarado la guerra. Debemos de ayudar al rey ha ganar esta guerra. Me tengo que ir, hija mía, pero volveré con la sangre de traidores en mis manos, aclamando victoria…
Ashara no escuchó más. Brandon… Muerto. Hace unas lunas estábamos haciendo el amor en el agua, y ahora está muerto. Elia tenía razón. Una guerra va a empezar.
Estuvo esperando meses y meses con noticias a medio contar de su familia, o de la guerra. Los mensajes no eran seguros y muchas veces se contradecían. 'Baratheon ha ganado, pero el príncipe Rhaegar lo mató' o 'los Starks están ahora en el Trono de Hierro', incluso los más bizarros, 'el rey Aerys se ha convertido en dragón y a volado a Levante'. Todo lo que podía hacer Ashara era esperar.
Brandon estaba en la sala del Trono, su cuello encadenado a una cuerda que no tenía fin, mientras veía a su padre hervirse en su propia armadura. El fuego era dolorosamente verde. Fuego valyrio. El fuego que nunca se apaga. Brandon intentaba coger una espada, la única en toda la Sala, que estaba a media vara de él. Intentaba e intentaba alcanzarla, pero no llegaba, mientras que poco a poco se alejaba de la espada. Se escuchaba por toda la Sala los pensamientos de Brandon, gritando de dolor. Mi hermana desaparecida, no matéis a mi padre. No matéis a las personas a las que amo, gritaba con sinceridad. Hasta que un pensamiento egoísta de Ashara surgió en su mente. No pensó en ti. Nunca te quiso. Sólo te deseaba. Brandon murió ahogado.
Ashara se despertó, gritando y muerta de dolor. Brandon. Brandon. Mi amado Brandon, muerto. El dolor seguía, más fuerte que nunca, el peor dolor que haya sufrido Ashara jamás. Intentó relajarse, pero cada vez aumentaba. Estaba de parto.
El parto fue horrible, inhumano, el peor de los dolores. Ashara no sabía si el parto había durado minutos, horas, días o años, pero nunca acababa. El maestre estaba preocupado, pero eso no le importaba a Ashara. Pronto estaría con su hijo. Si es niño, lo llamaré Arthur y si es niña, Branda. Tras horas y horas de sufrimiento, Ashara se durmió, sin esperar a escuchar los llantos de su hijo.
—Mi hijo… ¿Dónde está mi hijo? —Ashara no había escuchado ningún bebé hasta ahora. ¿Y si todo ha sido un sueño?—.
—Lady Ashara, su bebé ha sido niña. Una niña de pelo oscuro —el maestre dijo en un tono que a Ashara no le gustaba—. No ha abierto los ojos. Ni ha respirado. Había muerto antes de venir al mundo-.
Ashara no daba crédito a lo que decía. No, muerta no… No puede morir antes de nacer. Imposible. No puede morir como su padre. Era una criatura libre de toda maldad. La muerte no puede habérsela llevado tan pronto. Luego pensó en las bebidas de sabor extraño que su padre la dio. Él era su muerte. Quería asesinar a la sangre de su sangre. Maldito él está. Furia y lamento se mezclaba en el cuerpo de Ashara. Y por primera vez en años, Ashara se echó a llorar.
Vio como Eddard Stark marchaba con su amigo bajito y un precioso niño de pelo oscuro en sus brazos. Pudieron ser primos, su hijo y la mía. Pero Ashara ya no tenía familia.
Noticias habían llegado de la caída de su padre en Vado Rubí y la muerte de su hermano Arthur gracias a Eddard Stark, ya no tenía amor en su alma. Su corazón fue sustituido por un agujero negro. Ashara sostenía el saco donde estaba los huesos de su quiero hermano. La espada del Amanecer… Muerto ahora.
Los días pasaron y los entierros también. Enterró los huesos de su hermano y su padre juntos, y al lado puso los de su hija no viva. Era el final de Ashara. Ya no tenía a nadie por quien vivir.
Como todas las mañanas, Ashara salía del castillo para dar un paseo. Era invierno, pero en Dorne siempre era más cálido que en los otros lugares. Recuerdo ir con Brandon paseando también, enamorados como nunca. Pero ahora él estaba muerto, y ella en realidad también. A pesar de vivir, nunca me he sentido más muerta.
Miró al océano que la separaba del infinito mundo, pensando lo despreciablemente pequeña que ella era en comparación con el resto. Pero eso era el mundo, y a ella le importaba su mundo.
Se acercó lentamente al barranco que la esperaba ese mar tan hambriento, tan bello. Estaba en el borde, admirando lo hermoso y peligroso que es. Como yo. Y vio entonces, algo que no esperaba; su hermano Arthur estaba al otro lado del barranco, donde no hay nada más que aire. También vio a su padre, a Elia y su marido con sus hijos, a Brandon con una hermosa niña de pelo oscuro en sus brazos. Todos la sonreían. Todos a los que amo. No están muertos, estaban siempre a mi lado. Pero ella debe de volver a estar con ellos, en su lado. Andó unos pocos pasos masos, tímidos y asustados, hasta que dio el paso más grande de todos; el paso que no esperaba tierra que pisar.
