Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, les pertenecen a Tadatoshi Fujimaki. Cualquier modificación a su idea original es para el abuso del entretenimiento mío y el de ustedes lectores.

Sean bienvenidos/as Criaturitas marvadas a este proyecto. Espero que les guste y no sé, no lanzarme tomatazos en caso de que no, whatever, gracias por apoyar. *Se inclina en una reverencia como Sebastian Michaelis*

Bueno, menos bla bla bla y disfruten del fic c:.


Aunque él no volvió esa noche a darme mi "merecido", es lo que nos lleva a mi situación actual. Vestida con el uniforme de Rakuzan apoyada en la pared de mi habitación, con mis piernas enredadas en la cintura de Akashi mientras él me tocaba y besaba. Según él, este era mi castigo por tener la falda más corta de lo normal, no creo que sea necesario decir que fue él quien consiguió el uniforme.

-No entiendo porque te gusta torturarme, andando por ahí con faldas provocativas que hacen lucir tus deliciosas piernas –dijo mientras besaba mi cuello. Mi "relación" con Akashi esta cada vez más cerca de llegar a su fin, eso algo que siempre digo pero no soy capaz de realizar.

-Pensé que te gustaría –mentí. En ocasiones es mejor estar en su lado bueno.

-Estas siendo una chica mala –dijo acariciando mis mejillas- debes de comportarte mejor y evitar ser castigada, pero parece que te gusta que te castiguen –sólo ha pasado unos poco días y ya espero que lleguen mis padres. Escuché unos pequeños toques en la puerta y con eso Akashi comenzó a bajarme. Observé su rostro, tenía una pequeña mueca de desaprobación en él. Vi como revisaba su bolsillo y sacaba unas tijeras rojas. La observo de arriba abajo mientras caminaba hacia la puerta. Comencé a acomodar mi cabello y mi uniforme, aún con el paso del tiempo el uniforme de Teiko sigue siendo mi favorito solo por como "él" se veía en el. Escuché como se abría la puerta y una de las mucamas estaba tras ella, Akashi guardo sus tijeras tras su espalda y actuaba como si nada pasara. Las palabras "su padre lo espera en su despacho" no pasaron desapercibidas por mis oídos, el porte de Akashi se mantenía igual.

Despachó a la mucama y cerró la puerta, sus ojos se clavaron en mí e instintivamente bajé la mirada. Escuchaba como empezaba a acercarse, pasos lentos y refinados. Su mano toco mi mejilla y le dio pequeñas caricias.

-Ve a desayunar y espérame en el comedor –dijo y depositó un beso en mis labios. Se retiro y salió de la habitación sin mirar atrás. Terminé de preparar mis cosas y bajé hacia el comedor. El despacho del señor Akashi estaba cerca, observaba la puerta y algo dentro de mí me decía que tenía que acercarme. Caminé dos pasos y me detuve, no puedo ir en contra de las órdenes de Akashi, de una u otra manera él se entera de todo.

En el comedor, el desayuno ya estaba sobre la mesa, un típico desayuno japonés preparado por la señora Fujusaki, eso siempre me ponía de buen humor. Comía en silencio y tranquilidad sólo esperando a que Akashi llegara, es algo extraño por parte de su padre llamarlo a su estudio tan temprano en la mañana. Comencé a desayunar sin darle más vueltas al asunto. Mi padre me ha enseñado que un desayuno es lo que hace el día, sin desayuno el día perderá su sentido. Akashi entró al comedor con un rostro neutral luego de algunos diez minutos de estar con su padre. A pesar de haber terminado de desayunar seguía sentada en el comedor, esperándolo a él, justo como me ordenó. Patético.

Terminó su desayuno y me observó, "nos vamos" fueron sus palabras, no más, no menos. Se puso de pie y salió, sin importarle si me había puesto de pie o no. Me despedí de la señora Fujisaki, la cual estaba en la entrada con mi bolso y caminé hasta la limusina. Nunca me gustó ir a la escuela en una, es muy ostentoso. Me alegra que alegra que a Akashi le guste quedarse una calle antes de la escuela, un viejo habito de él.

El camino a la escuela estuvo en silencio, pero no era uno incomodo, era uno que ya estaba acostumbrada. Me mantenía sentada en mi lugar, mis ojos hacia el frente mientras me concentraba en eso, mirar al frente. Sentía curiosidad sobre que habían hablado Akashi y su padre, debido a eso Akashi estaba más callado y serio de lo normal, digo, si eso es posible. Solté un suspiro inconscientemente, el rostro de Akashi volteo en mi dirección automáticamente, y esa sonrisa se encontraba en su rostro.

Todo paso muy rápido, un momento estaba viendo la sonrisa de Akashi luego de que soltara un suspiro inconscientemente y al otro estoy en el piso de la limusina medio desnuda con Akashi sobre mí.

-Todavía no se cómo eres capaz de tener tanto control sobre mi –mis manos estaban por encima de mi cabeza siendo prisioneras de las de Akashi, el besaba mi cuello procurando dejar marca –quiero marcarte, que todos vean que eres mía y así ningún tonto pueda verte sin saber a quién perteneces –sus palabras por mas vacías que sonaran me hacían feliz, mucho. Me concentre tanto en los besos y caricias que me daba que no sentí cuando terminó de desnudarme, ahora estábamos ambos desnudos en el vehículo. Acarició mi mejilla y me observó directo a los ojos, pidiéndome permiso para entrar dentro de mí; tome sus mejillas en mis manos y lo besé.

-Sei-chan…-dije al separar nuestro labios para tomar un suspiro, el me observó a expectante, a lo cual solo le sonreí, dándole a entender que podía continuar –quiero que me hagas tuya sin pensar en las consecuencias después.

-Cómo ordene, mi emperatriz –sus palabras me llenaban de felicidad. Sentía como entraba en mí, lento y despacio, no podía evitar que pequeños gemidos salieran de mí. Sus estocadas eran lentas pero fuertes y yo simplemente me dejaba llevar por la pasión. Me sentía cerca y sabía que él lo podía sentir también. Ambos logramos convertirnos en uno y así llegar juntos al más profundo de los éxtasis del erotismo: el orgasmo.

Nuestras respiraciones estaban agitadas, el aun seguía dentro de mí y por lo que parece no tenía ningún plan de salir. Tomo mi barbilla con una de sus manos y me besó. Un beso lento y apasionado, luego beso mi frente y me sonrió, salió de mi e inmediatamente pude sentir el vacío. Akashi comenzó a ponerse sus ropas sin prisa alguna, cuando estaba por abotonar su camisa volteo en mi dirección y me extendió su mano con un pañuelo, entendiendo lo que significaba tome el pañuelo húmedo y comencé a limpiarme. Una vez que termine Akashi se acerco a mí y comenzó a vestirme, no desaprovechaba la oportunidad y me tocaba en mis lugares más sensibles en ocasiones. Terminó de vestirme y me sentó en sus piernas para peinarme, cepilló mi cabello y luego lo trenzó, lo que significaba que tendríamos la segunda ronda más tarde. Me bajé de sus piernas y me senté a su lado, fue ahí donde sentí que algo primordial estaba faltando, comencé a buscar con la mirada en el suelo del auto, no podía encontrarlas.

-Buscas esto –dijo Akashi con un pedazo de tela en sus manos, más específicamente, mis bragas –Tu castigo de hoy será andar sin ellas, te las daré cuando empiecen las actividades del club, así que tendrás que pasar a buscarlas-dijo guardándolas en el bolsillo de su pantalón –no por andar sin bragas significa que le abrirás las piernas a cualquiera, solo tienes derecho para abrírmelas a mí y recuerda, mis órdenes son absolutas –dijo a escasos centímetros de mis labios para luego besarme. Nuestros labios se separaron y la limusina se detuvo, dándome a entender que habíamos llegado a nuestro destino, el bajo primero y me extendió su mano para que la tomara.

Se despidió del chofer y comenzamos a caminar el camino que faltaba, no me sentía incomoda al andar sin bragas, de hecho ya estaba acostumbrada. La primera vez que me había hecho andar sin ellas fue en una fiesta a la cual nuestras familias estaban invitadas, no obedecí una de sus órdenes y ese fue mi castigo. Llegamos a la entrada de la escuela y todo era igual a como me lo había imaginado: una escuela llena de niños caprichosos y mimados. Caminaba a la par con Akashi y note como varios de los estudiantes se nos quedaron mirando, bueno, mas especifico a Akashi.

-Este será tu horario, compartiremos salón y todo eso –dijo entregándome un pedazo de papel. Los pasillos de esta escuela son sorprendentes, todo es sorprendente; ya veo porque la llaman una de las escuelas más prestigiosas – y este será tu salón a partir de hoy –no puedo creer que en estos momentos estoy nerviosa de volver a clases, esto es patético. Entramos y solo habían unos cuantos en el salón, menos de la mitad, podía escuchar murmullos pero decidí ignorarlos –Este será tu asiento, justo a mi lado, así puedo vigilarte mejor.

Según pasaba el tiempo más estudiantes llegaban, me mantuve quieta en espera de que comenzaran las clases y mi deseo parece haberse hecho realidad. El profesor entro al salón haciendo que todos se callaran y tomaran sus asientos, su vista se posó en la mía, luego asintió con una sonrisa en su rostro.

-Muy bien jóvenes, hoy tenemos una nueva estudiante, señorita por favor –dijo señalándome para presentarme, la peor parte de todo. Me puse de pie y camine hasta quedar en medio del pizarrón, ahora todos los ojos estaban en mi.

-Mi nombre es Haru Yagami. Es un gusto de conocerlos, a pesar de haberme transferido a mitad de año, por favor sean buenos conmigo –dije haciendo una pequeña reverencia

-Muy bien señorita Yagami, puede volver a su asiento –no dudé mucho y caminé hacia mi lugar, nunca me gusto presentarme ante otras personas. Las clases pasaron rápido y ya era hora del almuerzo, no podía estar más agradecida.

-Haru, sígueme –dijo Akashi caminando fuera del salón haciendo que lo siguiera. Caminábamos por los pasillos hasta llegar a lo que a mi parecer era la cafetería, la cual es bastante grande, creo que esto solo es el tamaño del multiusos de una escuela a la que asistí en los estados. Akashi siguió caminado hasta detenerse en una mesa, pensaba que estaríamos solos, pero me equivoqué. Al parecer esta es la mesa de los titulares del equipo de baloncesto, ya que solo están ellos. Nos acercamos y todas las miradas estuvieron en mi, unas incomodas, unas molestas y una única sonrisa por parte de Reo, creo que el sujeto me caerá bien.

-Haru-chan, es un gusto verte de nuevo –dijo Reo poniéndose de pie y llegando a donde estábamos. Lo que no esperaba es que me abrasara y comenzara a darme vueltas; recordando que no tenía bragas le grité un poco haciendo que me bajara, acomode mi uniforme y observé a Akashi, este sólo me ignoro y me hizo señas para que me sentara con los demás del equipo. Nadie decía nada y al silencio ya estaba acostumbrada, por lo que no me sentía incomoda.

-Oi tú–sentí una mano un poco brusca en mi hombro, una mano de hombre definitivamente. Volteé y mis sospechas eran correctas, el típico chico atlético de la escuela, pero que tiene una actitud de porquería –te reto –dijo simple y llanamente. Lo observé con calma y sin alterarme, no quería causar problemas en mi primer día de escuela.

-No estoy interesada –dije y volví a darle la espalda, esa clase de chicos realmente me sacan de mis casillas. Volvió a girarme más bruscamente esta vez, estaba haciendo lo posible para no golpearlo

-No me importa si estas interesada o no, yo soy Souta Shiranui, el numero uno de karate en esta escuela, y yo te reto Haru Yagami –dijo cruzando sus brazos sobre su pecho, si antes no me caía bien, ahora estoy comenzando a odiarlo

-Quieres un reto bien, acepto, pero esto deberá ser resuelto en el Dōjō* bajo la supervisión del maestro a cargo –dije para callarlo, el sujeto me estaba comenzando a irritar.

-Muy bien estoy de acuerdo, pero, tienes que saber que el reto viene con condiciones y como ya aceptaste no puedes retroceder en tus palabras –dijo con esa tonta mueca en su rostro

-¿Cuáles son esas condiciones de las que hablas? –dije cansada, este tipo terminara sin unos cuantos dientes

-Si tu ganas, no volveré a molestarte o a retarte nunca, pero, si yo gano las cosas son diferentes –dijo haciendo una sonrisa lasciva, esto no me daba un buen presentimiento –si yo gano debes entregarte a mí y volverte mi novia.


*Dōjō: es el término empleado en Japón para designar un espacio destinado a la práctica y enseñanza de la meditación y/o las artes marciales tradicionales modernas.


Lamento tanto la tardanza, lo sé, soy una persona horrible.

Gracias por haber perdido su tiempo dándole una oportunidad este fic y espero que les haya gustado. Gracias por sus lindos reviews, eso me me hace muy feliz.

Lo sé, apesto escribiendo agradecimientos, nunca fui muy buena en esa parte.

Estoy favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo." O/ Los reviews son lo que inspiran al escritor para seguir con su proyecto, los favoritos y seguir la historia es alentador pero que te digan "Sigue, vas muy bien" es la verdadera inspiración. Sin quitarles más tiempo me despido (^.^)/ Sayonara y hasta la próxima~