Gracias de nuevo a todos los que leéis y comentáis en la historia. Me apetece mucho seguirla, no sé por qué, no tenía pensamiento de hacerlo a no ser que estuviera muy estresada y no pudiera dormir, pero ya veis.

Agradecería mucho saber qué os parece. Soy nueva en todo este rollo de los fanfics (de hecho no sé como se me ha ocurrido escribir este, pero me gusta tanto la pareja Marceline-Chicle y no hay casi nada de ellas que...) así que no sé si está saliendo bien. En el fondo poco importa porque escribo lo que me da la gana porque me da la gana, pero por curiosidad ;)

* Personajes e Historia propiedad de Pendleton Ward

*Pueden aparecer personajes y lugares inventados por mí.

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-Este hombre tiene un monotema-dijo Finn mientras todos alzaban la vista hacia el gran palacio del Conde Limoncio.

Limoncio había causado estragos en Ooo tiempo atrás, cuando escapó del laboratorio donde la Princesa Chicle lo había creado. Su personalidad malvada y su egoísmo lo convirtieron en una criatura sin escrúpulos capaz de hacer cualquier cosa por conseguir lo que quería. Tras varios intentos fallidos de conquistar todo Ooo y hacer que reinen las criaturas que él mismo había creado, se encerró en su palacio para poder planear algo que le permitiera llevar a cabo sus perversos planes. Y ahora, tenía el Enchiridrión en su poder.

-Me gustaría saber cómo vamos a penetrar en el castillo, ¡está lleno de limones mutantes, tron!-exclamó Jake.

Marceline se quedó pensativa, es cierto que había muchas criaturas-limón custodiando la entrada del palacio pero también era cierto que no tenían muchas luces. Harían lo que fuera por algo que ellos quisieran, como oro o poder.

-¿Habéis traído algo de pasta?-preguntó, sacando su bajo-hacha del soporte que tenía colgado a la espalda.

-Yo tengo dos rubíes y una moneda de chocolate.

-Qué cutre-rió Jake-yo mangué esta cosa del palacio de Chicle, es brillante, miraaaad. Pero bueno, no servirá de nada.

-¡JAKE!-Marceline y Finn chistaron a la vez.

La vampira flotó hasta Jake y le quitó lo que llevaba en la mano. Ignoró sus quejidos mientras lo examinaba detenidamente. Sí, era una esfera de una de las coronas de las princesas de Ooo y aquello significaba que si uno de ellos la usaba, le permitiría teletransportarse al lugar que deseara.

-Vale, pues no sabía que era eso. Habrá que devolvérsela a su princesa.

-No ahora, Jake-dijo Marceline-esto nos ayudará a penetrar en el palacio de Limoncio. Pero solo puede ir uno de nosotros y solo tiene una oportunidad. No hay que meter la pata. Es entrar, coger el Enchiridrión y salir.

-Está bien, iré yo-se ofreció Finn, llevándose una mano a su espalda para coger su espada-Jake es un mete patas y se pone nervioso enseguida. Y tus sentimientos, Marcy, pueden jugarnos una mala pasada en el momento crucial. Yo puedo hacerlo.

No discutieron. Marceline y Jake se mostraron de acuerdo y asintieron a Finn que le quitó la esfera de las manos a la vampira.

-Bien, voy para allá. Si no salgo en una hora, haced de tripas corazón... ¡y liadla parda!

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-¡EH! ¡Vejestorio de hielo y chicle!

Fionna se había escabullido ya y corría hacia los guardias que custodiaban a la Princesa Chicle poseída por la Reina Hielo. Tal y como habían previsto, la Reina se levantó y se enfureció al ver que sus salvaguardas habían sido frustradas. ¿Cómo había conseguido esa mocosa salir de su celda irrompible? Enseguida llamó a toda la guardia para que la persiguieran y se quedó pendiente de que todos iban tras Fionna, que corría todo lo que le daban las piernas.

Mientras tanto, hacia las mazmorras donde se encontraban las chuches iban Marshall, Gumball y Cake. No había moros en la costa por suerte ya que todos estaban tras Fionna, pero Marshall cogió su bajo-hacha por si las dudas. Por fin, y tras sortear una serie de pasillos que parecían no acabar nunca, llegaron hasta las celdas.

-Shhh, callad bichos empalagosos, nos van a descubrir-les advirtió el vampiro-vamos, Cake, ponte en esa ventana y empieza a desplegarte, hay que bajar a todos estos por ahí y quién sabe cuánto vamos a tardar.

-¿Quieres respetar más a la gente, Marshall? Son pobres víctimas de...

-Que sí, que sí, date prisa.

Marshall empezó a hacer añicos la celda pero era imposible. El material era resistente y tampoco podían romper las rocas de azúcar, como ya sabían. Intentó por todos los medios destrozar los barrotes, pero ni se movían.

-Creo que yo puedo ayudarte-dijo una voz al fondo de la celda.

De repente la Princesa Músculos hizo su aparición. Todos se quedaron ensimismados contemplando su corpulencia y su provocador vestido de fiesta que dejaba entrever un escote bastante prominente.

-Haremos palanca. Haz fuerza con tu bajo-hacha aquí y yo intentaré que el barrote ceda por el otro lado, ¿listo?

Marshall asintió y se pusieron a la labor. Aunque les costó, lograron abrir un boquete entre los barrotes los suficientemente grande para que cupieran todas las chuches.

-¿Te ha tenido que ayudar una chica, Marshall?-rió el Príncipe Chicle.

-¿Cómo era eso del respeto?

-¡Callad de una vez y comenzad a bajarlos por mi cuerpo!-les regañó Cake.

Poco a poco todas las chuches fueron bajando y comenzaron a internarse en el bosque lo más que pudieron. Cake recogió sus cuartos traseros y volvió a su forma original, agotada por el esfuerzo que había tenido que hacer para aguantar el peso de todos. Resopló al ver que Gumball no había bajado de la torre y se había quedado dentro.

-Tendrás que bajarme tú, flotando-se quejó, mirando a Marshall.

-Ni hablar, antes te quedas aquí encerrado-le contestó el vampiro-¿qué pretendes? ¿que te baje en brazos como una damisela? Te pega bastante, todo hay que decirlo, pero paso de tener que hacerlo.

-¿Piensas dejarme aquí de verdad?

Ambos se miraron con intensidad, y luego Marshall frunció el ceño.

-Está bien, principito. Sube a mi espalda, te bajaré.

Gumball puso los ojos en blanco y accedió. Por alguna extraña razón le gustó estar sobre la espalda de Marshall Lee y sentir sus músculos moverse bajo su cuerpo. El vampiro suspiró cuando tuvo que colocar sus brazos bajo el trasero del príncipe para sujetarle, y este enrojeció al sentirle. El corazón le latía con fuerza cuando se pegó a su espalda como medio para protegerse. Pero, ¿por qué?

Ambos bajaron planeando delicadamente sobre el cielo. Marshall lo depositó con cuidado en el suelo.

-Gra...gracias por no dejarme ahí arriba.

-Olvídalo, ¿vale?

Si fuera posible, Gumball hubiera creído que se había puesto colorado. Pero no podía ser. Sin más preámbulos los dos fueron hacia las chuches y se internaron en el bosque para refugiarse. Encontraron un claro y se asentaron allí. Las chuches se miraban preocupadas porque su reino volvía a estar en peligro, las princesas se reunían para planear si debían o no llamar a sus ejércitos de nuevo para salvar a todo Ooo y los guardias plátano se comenzaban a entrenar por si había que defender a todos los que allí estaban.

Pero pasaron los minutos y Fionna no se había reunido con ellos todavía. Y luego pasaron horas. Y más horas. Nada.

-Yo salgo a buscarla-dijo Cake enfurecida-la han capturado seguro, hemos esperado demasiado, quién sabe si...

-No-convino Marshall-les dijimos a Marceline y los demás que mañana estaríamos a las puertas de palacio para reunirnos con ellos. No podemos separarnos y echar a perder el plan, imagina que tenemos que entrar en batalla o que hay un cambio de planes... no te muevas.

-¡No voy a dejar a mi mejor amiga ahí arriba con esos idiotas!

-Sí, Marshall, no podemos dejar a Fionna a su suerte-intervino Gumball.

El vampiro puso los ojos en blanco.

-Está bien, si os tranquiliza iré a ver dónde la tienen. Yo puedo flotar, así que no llamaré tanto la atención que si Cake alarga sus patas convertida en un bicho enorme para llegar hasta las torres. Además, con mi piel gris soy invisible en la oscuridad de la noche. Y ya es de noche, ¿no? Iré a ver.

Todos se convencieron y dejaron a Marshall marchar. El vampiro se internó en el bosque rumbo a la salida que lo llevaría hasta el palacio de la Princesa Chicle. Los guardias habían vuelto a sus puestos en la entrada y alrededor del palacio, pero no le verían si flotaba en el aire. Comenzó a subir y a mirar en cada una de las ventanas. Fionna no estaba en ninguna celda. Solo le quedaba esperanza de encontrarla en la última.

La ventana era muy pequeña, no como la ventana de la celda donde se encontraban las chuches, así que Marshall maldijo para sus adentros no poder pasar. Llamó a Fionna entonces, y se oyó un ruido de cadenas.

-¿Marshall?

-¡Fionna! Estabas aquí. Temí que te hubieran liquidado, empezaba a desesperarme.

Marshall intentó meter la cabeza un poco más por la ventana y la vio. Fionna estaba tirada en el centro de una celda cuyos barrotes eran aún más anchos que los de la celda de la que habían sacado a las chuches. Se la veía herida, magullada y sin energía para apenas moverse. Marshall sintió algo removerse en su interior.

-¿Pero qué bichos te han hecho esos malnacidos?

-Cuando salí corriendo para distraer a los guardias, me cerraron el paso a las puertas de palacio. Eran demasiados, no pude hacer nada. Siento haber jorobado el plan.

-No seas idiota, Fi, nos has salvado a todos. Ahora tenemos que sacarte de aquí.

Fionna se sintió mejor al oír su nombre pronunciado por Marshall. Supo que todo iba a salir bien, pasara lo que pasase.

-No. Tenéis que iros a reunir con Finn, Marceline y Jake mañana. No os hagáis los héroes ahora, ya falta poco.

-¿Y qué? ¿Dejamos que te pudras aquí dentro?

-¡No! Mañana traerán el Enchiridrión y podréis darle una patada en el culo a la Reina Hielo. Y cuando lo hagáis me sacáis de aquí, no hay prisa. No me van a sacar.

Fionna rió y se encogió de hombros.

En ese instante un chasquido se oyó en la puerta de la mazmorra y alguien entró. Marshall se fue hacia atrás para que no lo descubrieran al tiempo que veía como un guardia abría la celda de Fionna.

-Vamos, es hora.

-¿QUÉ?¡Suéltame espantajo de nieve! ¿A dónde me llevas?

-La Reina quiere deshacerse de ti antes de que tus estúpidos amigos intenten rescatarte. Vas a pasar a mejor vida, muñeca. Ahora mismo.

Fionna dirigió una mirada hacia la ventana, pero Marshall ya no estaba allí. Había corrido hacia el bosque listo para saltarse todo lo que Fionna le había dicho que no hiciera. Ahora sí era urgente. Debían sacarla de allí.