Vuelve la época de exámenes, vuelve mi insomnio y vuelve el fanfiction. Agradeceros a todos los que os habéis tomado la molestia de comentar, ¡muchas gracias! Me hace muy feliz escribir el fic cuando me estreso, porque no me permite pensar en nada más, así que bueno... satisface saber que a alguien le gusta a pesar de que yo no le dé importancia. Es decir, solo escribo para desestresarme... pero si además gusta, es un plus :) Gracias de nuevo.
* Historia perteneciente a Pendleton Ward y Cartoon Network
* Algunos personajes, lugares o historias de la trama son inventados por mí.
::::
Ya estaba muy entrada la noche. En el claro del bosque el frío era insoportable y las princesas y las chuches se arrebujaban unos contra otros para darse calor. Todos dormían o lo intentaban, salvo Gumball y Cake que esperaban a que Marshall regresara del castillo con noticias sobre Fionna. La espera se hacía más insoportable que el gélido viento que se colaba entre los árboles. ¿Estaría bien? ¿Le habrían hecho daño? ¿Dónde estaban Finn, Jake y Marceline?
-Fionna es fuerte, Cake-rompió el silencio el Príncipe Chicle-estará bien.
Cake asintió, intentando esbozar una sonrisa sin éxito. El poder de la Reina Hielo era muy fuerte, incluso para una chica tan valiente y decidida como Fionna. Se enfrentaban a un enemigo peor que a cualquiera contra el que hubieran batallado antes.
De pronto un sonido cortó el aire y Marshall apareció de entre las ramas de los árboles.
-¡MARSHALL!-chillaron Gumball y Cake a la vez. Algunas chuches se despertaron.
-F...Fi...Fionna-jadeó el vampiro-¡Han capturado a Fionna! La llevan con la Reina Hielo, dicen que van a...
No pudo terminar su frase, Cake salió corriendo en dirección al castillo pero Marshall la detuvo.
-¿Estás loca? ¡Necesitamos un plan! No puedes presentarte y arrasar con todo, te aniquilarían-bramó el vampiro. Gumball asintió mostrándose de acuerdo.
-¡NO HAY TIEMPO!-exclamó Cake desesperada-en todo este rato bien podrían habérsela cargado, ¡déjame ir!
Marshall y Cake comenzaron a forcejear hasta que el sonido de unas ramas al partirse los alertó y se detuvieron. Todos prestaron el oído para captar mejor qué era lo que provocaba esos crujidos. Volvieron a oírlos con más intensidad al cabo de unos segundos y se prepararon para abalanzarse sobre lo que fuera que estuviera haciendo crujir las ramas. De pronto una pata amarilla apareció detrás de un árbol y enseguida Jake atravesó el claro, con Finn y Marceline pisándoles los talones.
-¡POR FIN!-exclamó Marshall-tenemos problemas.
-Y nosotros, tío-contestó Finn-el Enchiridrión... lo tiene el Conde Limoncio. Y el Conde Limoncio está... con la Reina Hielo. Esto puede ser catastrófico.
-Y peor que se va a poner, ¡han capturado a Fionna!-dijo Gumball. Algunas chuches, ya despiertas, se congregaban alrededor de los seis.
-Esta bien, basta de tonterías, es hora de trazar un plan. Nos dividiremos de nuevo: un equipo irá a rescatar a Fionna y otro irá a por el Enchiridrión-bramó Marceline, desde las alturas-pero no podremos solos. Todo estará muy bien resguardado y si fallamos y nos descubre, la Reina Hielo y su ejército nos harán picadillo.
-¿Qué sugieres, entonces?-dijo Marshall poniéndose a su altura.
Marceline señaló hacia su espalda, dónde aún dormían algunas princesas.
-Necesitaremos a sus ejércitos de nuevo, no hay alternativa... la guerra ha vuelto.
Finn miró a la vampira con cautela.
-Marcy... sabes que... si la Reina Hielo nos amenaza y aún no hemos conseguido el Enchiridrión... no tendremos más remedio que atacarla. Y por consecuente, a la Princesa Chicle.
Marceline apretó los ojos con fuerza y se tomó un minuto para aspirar aire lentamente. Sabía que podría pasar. Que podrían herirla. Pero no quedaba otra salida.
-Haced lo que tengáis que hacer.
::
::
-Oh, por todos mis bultos, ¿podéis ir más despacio?-se quejó la Princesa del Espacio Bultos.
-No, Princesa, no podemos, tenemos muy poco tiempo-le advirtió Finn-debemos reunir a todos los ejércitos de todas las Princesas antes de que descubran a los demás...
Jake asintió. Se había convertido en un perro gigante que transportaba a todas las princesas de Ooo. La primera parada era el Espacio Bultos, un lugar lleno de tonalidades moradas que olía a plástico quemado. La Princesa del Espacio Bultos contaba con una serie de soldados y una escolta que siempre estaban de vacaciones. No tenían muchas luces, según Jake, pero era mejor eso que nada.
Cuando acabaron de reclutar a los soldados, que los siguieron flotando detrás de Jake, corrieron hasta el Reino de la Princesa Desayuno a por los soldados Gofre. El tiempo jugaba en su contra aquella noche, pues mientras Jake hacía todo lo que podía para ir rápidamente recogiendo a los soldados, Gumball, Marshall, Cake y Marceline habían entrado en el palacio para rescatar a Fionna y llevarse el Enchiridrión.
-Bien, iban a llevar a Fionna ante la Reina Hielo. Echaremos un vistazo y en cuanto se descuiden, la liberaremos. Con Fionna será mucho más fácil llevarnos el Enchiridrión-explicó Gumball-solo podremos vencer si somos sigilosos.
-Entonces esta misión no te incluye, principito-rió Marshall. Gumball le taladró con la mirada.
-Callaos de una vez. Subíos a mi lomo, iremos asomándonos por las ventanas hasta verles...
Todos obedecieron deprisa y Cake fue moviéndose alrededor del castillo para intentar encontrares, pero todas las ventanas estaban a oscuras... ¿dónde se reunirían entonces? De pronto, todos contuvieron la respiración al ver a los dos guardias que se habían llevado a Fionna.
-La Reina la despachará mañana por la mañana delante de toda Chuchelandia-rió uno de ellos, con crueldad.
-Pero, ¡si han escapado todas! Cuando vio que la chica esa escapó, reparó en que todas las demás habían desaparecido. ¿Delante de quién la va a matar?
-Ha enviado a varios de los nuestros a buscalas, no pueden ir muy lejos. Y cuando vean como muere, las detendrá de por vida.
Marshall, Gumball, Marceline y Cake se miraron. Los soldados de nieve iban detrás de las chucherías, que se habían escondido en el claro. Si Finn y Jake no llegaban deprisa con refuerzos, no había nada que hacer.
-Debemos dividirnos a prisa, si actuamos ahora, puede que logremos nuestro objetivo-dijo Marshall-Fionna debe estar en las mazmorras y el Enchiridrión estará con la Reina Hielo. ¡Pongámonos en marcha!
Marceline y Marshall flotaron hasta la primera ventana que se alzaba sobre sus cabezas y pasaron para ir a buscar a la Reina Hielo. Cake era la única con suficiente fuerza para abrir las mazmorras en un momento dado, así que fue con Gumball hasta ellas para rescatar a Fionna.
El camino hacia los aposentos de la Reina Hielo se le hizo interminable a Marceline. Era como si el tiempo pasara más lento, pesado, recordándole a cada minuto que Chicle estaba atrapada en algún lugar y no sabía cómo sacarla. La desesperación crecía dentro de ella como crece la hiedra venenosa: rápido y sin pausa. A medida que avanzaban, la angustia galopaba en su interior como un caballo desbocado. Por fin, encontraron la habitación correcta. Ahí estaba la Reina Hielo, durmiendo plácidamente sobre la cama que un día fue de la Princesa Chicle. Sin embargo, externamente, seguía siendo la Princesa. Su largo cabello rosado, su suave piel color fresa, el pecho que subía y bajaba con cada bocanada de aire... y al fondo de la sala, en un atril, el Enchiridrión.
Marshall hizo una señal a Marceline para que supiera que él iba a cogerlo y la vampira asintió. Se quedó mirando a Chicle con la tentación de un niño delante del escaparate de una juguetería. Se acercó más y más, cegada por las ganas de volver a tenerla entre sus brazos. Y entonces, alargó una mano y acarició sus mejillas. Justo cuando Marshall cogía el Enchiridrión, la Princesa abrió los ojos con un fulgor azul en los mismos.
-¿QUÉ?-bramó, levantándose de la cama y agarrando a Marceline por el brazo-¡A MÍ LA GUARDIA!
Marshall forcejeó entre ambas y logró liberar a la vampira al tiempo que asía con fuerza el Enchiridrión.
-¡La has hecho buena!-le regañó Marshall-nos han descubierto, ¿y ahora qué hacemos?
-¡HUYAMOS, NO HAY TIEMPO!-se desesperó Marceline. ¿Qué había hecho? Había puesto en peligro la misión por alguien que no es Chicle. Ya no es ella.
¿Volvería a serlo algún día? Ya no tenía tiempo de pensarlo, de pronto un golpe en su cabeza hizo que dejara de ver a Marshall flotar delante de ella y se volvió todo negro.
