Hoy directamente no puedo dormir, creo que lo único que hago cuando no puedo dormir es escribir este fanfiction, ¡ay!
Quería darle las gracias a "lulu" por su comentario en el capítulo anterior, me ha hecho mucha ilusión recibir un comentario después de tantísimo tiempo sin publicar.
* Historia y Personajes Propiedad de Pendleton Ward y Cartoon Network
* Algunos nombres y lugares están inventados
* Escrita en español de España algunos nombres pueden cambiar
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Los pasillos estaban llenos de guardias de nieve que aferraban sus armas mientras no dejaban de mover sus enormes ojos vacíos en todas direcciones. Finn abrió con cautela la puerta para echar un vistazo, listo para trazar un plan. A la hora de la verdad, todos podrían defenderse: Marceline contaba con su bajo-hacha el cual siempre llevaba a la espalda y su prioridad en un momento dado sería proteger a la Princesa Chicle, Marshall también contaba con un instrumento letal y Jake cambiaba de forma... la única que estaba sin protección era la Princesa Llama y haría lo que fuera por protegerla. Tenía que trazar un plan que no implicara ponerla en peligro.
-Bien, esta es la idea, Jake y yo les distraeremos mientras vosotros flotáis a ras de techo para buscar a Fionna. Estos seres son tan lerdos que no se les ocurrirá alzar la vista al techo para ver si alguien está pasando. Marcy tú llevarás a Chicle y Marshall a Llama, ¿entendido? Les haremos picadillo y nos encontraremos donde quiera que estén Fionna y los demás.
-Finn...-la Princesa Chicle habló desde detrás de Marceline, que la sostenía con fuerza a su espalda-... hay algo que quiero hacer antes de irnos. Necesito ir a mi laboratorio.
-¿Qué? ¿Por qué?-se extrañó Finn.
-Tengo que recoger algunas cosas para derrotar a Limoncio, es necesario que las tengamos.
-¿Derrotar a Limoncio con cacharros de química?-preguntó Jake.
-Os olvidáis que yo le creé-contestó Chicle-sé cómo destruirle.
Finn y Jake abrieron la boca asombrados y asintieron a la princesa.
-Está bien-convino Finn-Marceline te llevará hasta allí y Marshall y la princesa Llama irán en busca de los demás. ¿Listos? ¡En marcha!
Finn salió de la mazmorra apresuradamente con Jake pisándole los talones, mientras los vampiros alzaban el vuelo con las princesas a cuestas. Marshall se pegó al techo mientras llama se aferraba como podía a su cuello y dobló hacia la derecha por el pasillo en el que ahora Finn y Jake distraían a los guardias de nieve con insultos y pedorretas. Por su parte Marceline viró en el sentido contrario a Marshall siguiendo las indicaciones de la Princesa Chicle. Los guardias de nieve comenzaron a perseguir a Finn y a Jake y la lucha empezó. El humano blandió su espada y destruyó a un par de guardias antes de que pudieran dar la alarma a sus compañeros. Jake estiró sus piernas y las colocó alrededor de algunos guardias para que no pudieran huir.
Marceline y Chicle llegaron a los laboratorios bajando dos pisos por unas escaleras de caracol.
-Bonnie, tienes todo esto hecho un desastre-dijo Marceline mientras colocaba a la princesa en el suelo.
-Oh, perdona, he estado muy ocupada siendo poseída por una bruja de hielo...
Marceline rió cuando la princesa le sacó la lengua.
-¿Por dónde empezamos a buscar?
-No recuerdo dónde puse las pruebas de experimentos de la creación de Limoncio, busca en aquella estantería y yo echaré un vistazo en mis archivos. Fue hace demasiado tiempo.
Marceline flotó hasta unas estanterías llenas de frascos y probetas.
-¿Hiciste una poción del "pretendiente perfecto"?
La vampira sostenía un tubo de ensayo con un líquido color azul, tapado con un corcho.
Chicle se sonrojó al mirarla.
-Menta insistía demasiado en que debía hacerme con un pretendiente, pero ninguno me convencía. Todos los que me había presentado eran horribles, no conseguían llenarme... no me decían nada. Así que si ninguno me satisfacía, debía creármelo yo.
-¿Por qué... no te satisfacían?
La princesa se sonrojó aún más. Le quemaban las orejas, como si toda su sangre se hubiera concentrado en ese punto solamente.
-Marcy...
Marceline tenía los ojos muy abiertos, esperaba la respuesta.
-... ¡porque me gustabas tú! ¿vale? Pero... pero era imposible...
Chicle respiraba entrecortadamente y tenía los puños apretados.
-Nunca me dijiste nada, pensé que me odiabas-Marceline dejó el tubo de ensayo de nuevo en su sitio, y se frotó el brazo.
-¿Te acuerdas lo que te conté la primera vez que me capturó la Reina Hielo? Me enamoré de ti la primera vez que te vi... después de aquello-Chicle llevó un mechón de su pelo detrás de la oreja y se apoyó en otra de las estanterías. Estaban separadas por varios metros, una a cada punta de la sala, pero aún así estaban cerca. La princesa miraba a la desconcertada vampira con ternura-fue aquel día de verano en que entraste con Finn en su casa del árbol para la pequeña fiesta que íbamos a hacer. No te veía desde la última gira de Marceline and the scream queens así que para mí fue un impacto muy grande porque habían pasado muchos meses. Ibas con una gorra y el pelo recogido en una coleta. Tu camiseta a cuadros flotaba en el aire al compás de tus movimientos y tus vaqueros desgastados te daban un aspecto de rockera genial. No me di cuenta, hasta en ese momento, de que había pensado en ti cada día desde que acabó esa gira. De que había guardado la camiseta que me diste y con la cual me despertaba por las mañanas. No sabía porqué, hasta el día en que apareciste en casa de Finn...
Marceline la miraba desconcertada todavía. Su pecho subía y bajaba al compás de los movimientos acelerados de su corazón.
-... aún recuerdo cuando nos conocimos-siguió Chicle-cuando éramos pequeñas los prósperos reinos de Ooo estaban más unidos y las princesas nos reuníamos cada cierto tiempo para hacer tratados de cara a un futuro, de cara a reinar cuando creciéramos...
-¡Eh!¿Qué bultos haces tú aquí? ¡No eres una princesa!-dijo la Princesa del Espacio Bultos. La pequeña princesa de cinco años se llevaba las manos a las caderas de una forma teatral.
-Sí, mi padre me ha dicho que su padre la perdió y un viejo loco con gafas y corona la encontró en entre unos escombros-aportó la Princesa Desayuno. Tenía la misma edad que la Princesa del Espacio Bultos y su pelo de bacon recogido en dos coletas.
-¡Eso no es cierto! Mi padre no me perdió, ¡fue un accidente! Simon me encontró y me ayudó. ¡Y sí soy princesa! ¡Soy la princesa de la Nochesfera!-exclamó Marceline.
-Eso ni siquiera es un reino-rió la Princesa Músculos-es una especie de infierno que ni aparece en el mapa de Ooo.
-¡Sí es un reino! ¡Es un reino!-a la pequeña vampira se le llenaron los ojos de lágrimas.
-¡Y miradla! Si es más harapienta que yo, ¿eso es un vestido o un estropajo?-preguntó la Princesa Trapos.
A Marceline se le escapó una lágrima y se aferró con fuerza a su oso de peluche para encontrar aliento. Entonces llegó hasta ellas una muchacha de piel rosada y pelo esponjoso. Tenía un vestido color fucsia adornado con ribetes dorados y esbozaba una sonrisa que iluminaba todo su rostro.
-Dejadlo ya-dijo tajantemente-es una princesa, igual que nosotras. Y conocéis la regla: nada de disputas entre princesas. Damos por finalizada la sesión, la próxima reunión espero que vengáis más tranquilas.
Las princesas se marcharon murmurando indignadas. La pequeña niña de color de fresa se sentó frente a la vampira.
-Eres nueva, ¿verdad?-le preguntó. La chica, aún aferrada a su peluche, le asintió levemente-has debido pasarlo muy mal, la Guerra del Champiñón ha hecho mucho daño a nuestro país... algunos han muerto. Menos mal que al final te han encontrado y has podido volver con tu familia.
La chica del pelo rosa cerró los ojos. Había perdido a sus padres en la Guerra del Champinión y ya con cinco años era la gobernante más joven de todo Ooo. Al cuidado de su fiel mayordomo, la princesa era lo único que le quedaba a su reino, Chuchelandia, y debía asumir esa responsabilidad.
-¿Cómo te llamas?
-Marceline Abadeer-contestó la vampira y sonrió por primera vez en toda la tarde.
-Bonnibel Chicle-se presentó la muchacha y le tendió la mano. Ambas la estrecharon durante un rato-aunque todo el mundo me llama Chicle.
La chica rió. Tenía una risa dulce, como las chucherías.
-Me gusta Bonnie-dijo la vampira.
Y ambas sonrieron.
Chicle miró a Marceline con ternura y esta se sonrojó levemente.
-En aquel momento ya me habías parecido especial. Entonces crecimos... al principio estábamos muy unidas, pero nuestros reinos y nuestras responsabilidades eran distintos y aquello nos terminó por separar. Yo era lo único que tenía Chuchelandia y tu padre siempre te reclamaba para enseñarte a reinar en la Nochesfera. Pero seguías pareciéndome especial. Cuando hacías trampas en nuestros juegos, cuando te reías por cualquier cosa, cuando me enseñabas que a veces no todo eran responsabilidades... me fuiste ganando con cada gesto. Éramos la contraposición perfecta, la pieza que le faltaba a la otra. Pero era imposible. Éramos chicas, éramos de reinos distintos...-continuó contando Chicle-... y entonces, después de separarnos del todo, nos volvimos a encontrar. En aquel momento ambas nos dimos cuenta de lo diferente que éramos y así nació el pique entre nosotras. Nos empezamos a meter la una con la otra y a veces nos pasábamos tanto que nos heríamos... por eso siempre te habías pensado que te odiaba, que yo había cambiado, que me había convertido en otra princesa cabeza hueca para la que todo tenía que ser perfecto y que rechazaba a la vampira de la Nochesfera. Y no era así. Te formaste una idea equivocada de mí pero dejé que lo hicieras, y todo porque no podríamos estar juntas jamás. Yo ya sentía cosas por ti, pero era imposible, así que nos seguimos metiendo la una con la otra como siempre y realmente eso era lo que en cierto modo me mantenía cerca de ti. Entonces formaste tu grupo de rock y me fui contigo. Y volví a darme cuenta de lo que eras para mí. ¡Por eso abandoné!
A Marceline le dio un vuelco el corazón.
-Lo siento, tenía miedo-se excusó Chicle con los ojos bañados en lágrimas-estaba empezando a sentir cosas que no podían ser y no pude mantenerme más tiempo cerca de ti. Pero no salías de mi mente, era imposible sacarte. Y cuando volvimos a vernos aquella primera vez en casa de Finn... sentí que era inútil seguir luchando contra lo que sentía. No imaginas la de veces que deseé sacarte de mi mente. Intenté que me gustara alguno de mis pretendientes pero en cuanto cerraba los ojos te imaginaba a ti en su lugar. Intenté por todos los medios apartarte y no podía, nunca te ibas. Sufrí en silencio cada día, pensando en que no era posible... hasta el día en que la Reina Hielo nos encerró y no pude resistirlo más. No sabes lo que significó para mí aquel beso.
Marceline no pudo contenerse más y voló hasta la Princesa Chicle para estrecharla entre sus brazos. La princesa se aferró a ella con fuerza, aspirando su aroma, sintiéndose aliviada por tenerla, por arriesgarse... Marceline se separó unos centímetros y alzó el rostro de la princesa colocando un par de dedos bajo su barbilla.
-Ya estamos juntas, Bonnie, ya está...
Y la besó. Marceline sintió el sabor salado de las lágrimas que ahora recorrían el rostro de la princesa y que se mezclaban con el sabor dulce de sus labios. Colocó las manos sobre la cintura de Chicle y ella las puso alrededor del cuello de la vampira. Todo el sentimiento contenido estaba siendo plasmado en un solo beso.
-Te quiero-susurró Marceline contra su oído y la princesa se apretó más contra ella-algún día te contaré lo que sentía yo y verás que nuestras historias no son tan distintas.
Chicle se separó de ella y asintió, esbozando una sonrisa. Se secó las lágrimas torpemente y balbuceó que deberían seguir buscando la poción. Les quedaba poco tiempo.
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Marshall había encontrado por fin la celda donde estaba Fionna después de recorrer gran parte del castillo con la Princesa Llama a su espalda. La entrada de la celda estaba custodiada por guardianes de nieve que no los vieron pasar y lograron abrir la puerta cuando se colocaron justo detrás de ellos. La cerraron con sigilo y penetraron en la estancia, entonces vieron a Fionna, Chicle y Cake en el fondo de una celda y corrieron hasta ellos. Marshall dejó a la Princesa Llama en el suelo y se acercaron a la celda.
-¡Eh, principito remilgado!-llamó.
El príncipe Chicle achinó los ojos y visualizó a Marshall al lado de una chica con la tez de color naranja.
-¡Marshall!
Su grito puso en alerta a Cake y a Fionna que también lo miraron.
-Shhh, ¿quieres que nos convirtamos en puré de hielo? ¡Eh, Cake, Fi! ¿todo bien?
Las amigas sonrieron y asintieron.
-Hay que salir de aquí, pero con Fionna en este estado no creo que logremos mucho-dijo Cake.
-Además del ruido-convino Marshall-hay dos guardianes de nieve en la puerta, si hacemos ruido nos liquidarán e irán también a por Finn y los demás.
-Tengo un plan-dijo la Princesa Llama. Todos la miraron-pero no os va a gustar...
