¡FELIZ NAVIDAD A TODOS! La verdad es que en este ambiente familiar y festivo no tenía pensado subir nada, pero estamos tan cansados de la celebración que nos hemos puesto a descansar un rato... así que me he puesto a escribir para evadirme. Gracias a Lulu de nuevo por sus comentarios, ¡qué guay!
* Personajes e historia de Pendleton Ward y Cartoon Network
* Algunos lugares y nombres son inventados
* Escrito en español de España, algunos nombres cambian.
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-Está bien, prueba otra vez-animó Chicle.
Bonnie es una cerebrito insoportable pero tiene un culito... pensó Marceline.
-¡MARCELINE!
-¡Me has escuchado!-exclamó la vampira riendo, y entonces se volvió a poner seria-pero, ¿cómo puede ser? ¿cómo es que de repente podemos oír lo que piensa la otra? ¿Tu laboratorio tiene magia o algo así?
-No seas idiota no es...
La princesa Chicle miró al suelo. Un líquido viscoso y de color verde se hallaba bajo sus pies. Y entonces recordó las pociones que se habían caído de la estantería cuando se golpeó contra ellas, intentando que Marceline no la alcanzara cuando se puso nerviosa. Era eso. Habían aspirado los vapores y la mezcla de esas pociones provocó que ahora les estuviera pasando aquello. Chicle se lo explicó a Marceline apresuradamente, la cual no daba crédito a lo que oía.
-Pero no durará, ¿verdad?-preguntó Marceline-imagina que escuchas cuando pienso que estás sexy... que sería la mayor parte del tiempo.
-¡MARCY!-rió Chicle y se acercó a ella, le dio un suave beso en la mejilla-no creo que dure demasiado, mis pociones no están pensadas para un largo efecto, son solo experimentos. Pero quizá podamos sacarle algún beneficio.
Marceline entendió.
-Sí, en plena guerra es un buen modo de comunicarse-asintió.
-Exacto-convino Chicle-pero ahora no podemos detenernos en esto, debemos hallar la poción.
Justo al terminar de pronunciar la última sílaba, oyeron un estruendo en el pasillo. Era como si una tropa estuviera inundando la estancia y se dirigieran a paso marcial hacia algún punto del castillo. Aquello solo podía significar que los habían descubierto. La puerta se abrió de pronto y una figura alta, vestida con un traje militar penetró en el laboratorio.
-Tú-bramó la Princesa Chicle al ver al Conde Limoncio en la puerta.
Marceline gruñó y sacó los colmillos.
-¿Buscabas algo princesa?-preguntó Limoncio con aquella voz tan irritante-no creas que no sé lo que pretendes.
Del bolsillo de su pantalón sacó una probeta de laboratorio con un líquido amarillo. Marceline sacó aún más los colmillos y la Princesa Chicle suspiró. Ahí estaba. La poción que buscaban la tenía él, ¿cómo pudo dudarlo? La princesa había creado a Limoncio de tal manera que su inteligencia se equiparaba a la suya, así que había logrado averiguar o intuir de algún modo, que existía una poción que le destruiría.
-Sabía de la existencia de esto, ¿acaso lo dudabas? Ya no puedes destruir lo que tú misma has creado-dijo Limoncio con una malvada sonrisa dibujada en el rostro.
-Encontraré el modo, ¡sabes que encontraré el modo!-exclamó la princesa con furia.
-No sé cómo...
Limoncio desenvainó su espada y apuntó con ella a la Princesa Chicle que retrocedió. Marceline flotó hacia el hombre-limón y se abalanzó sobre él echándosele encima. Limoncio perdió el arma pero era lo bastante fuerte para forcejear con Marceline, quién poco a poco iba cambiando de forma.
¡MÁRCHATE!, gritó Marceline en su mente con la esperanza de que la princesa lo escuchara.
No pienso hacerlo, contestó ella y corrió hacia los dos para tratar de ayudar a la vampira.
Marceline adoptó la forma de un murciélago gigante y asestó un puñetazo a Limoncio en la cabeza haciendo que cayera hacia atrás. Justo en ese momento el sonido de unos cristales al romperse hizo que se percataran de lo que había pasado: Limoncio estaba inconsciente, pero la probeta que contenía la poción se había roto.
-¡NOOOO!-chilló la princesa Chicle.
-No tenemos tiempo, Bonnie, los guardias están por el castillo, debemos largarnos-dijo Marceline-ya está rota.
Chicle asintió apesadumbrada y se colgó de la espalda de Marceline que salió volando del laboratorio. Los guardias de nieve cubrían todos los pasillos y, aunque no las veían flotando como estaban por el techo, sus lanzas puntiagudas casi las rozaban. Un solo ruido y tan solo tendrían que levantarlas para matarlas. Marceline esquivó a los guardias de nieve por los pasillos, virando hacia todas partes. Intentaba encontrar a los demás pero con aquel panorama estaba claro que los habían capturado.
¿Dónde crees que estarán?, pensó Marceline.
Seguramente en las mazmorras, si estos mequetrefes están sueltos es porque los han descubierto y los habrán llevado a las mazmorras, contestó Chicle.
No podemos arriesgarnos a ir..., dijo Marceline.
Justo en ese momento el sonido del filo de una espada cruzó el pasillo y aparecieron Finn y Jake, que liquidaron a todos los guardias del pasillo.
-¡FINN!-chilló Marceline. Los héroes de Ooo lanzaron la vista al techo.
-¡Marcy! ¡Chicle!-dijeron al unísono.
Marceline bajó al suelo con cuidado y Chicle bajó de su espalda para abrazar a Finn y a Jake.
-Creemos que han capturado a Fionna y a los demás-dijo Jake-jo, tío, no hacemos una a derechas...
Marceline gruñó y miró hacia los lados donde más guardias aparecían por el pasillo. Marceline se convirtió en un monstruo lleno de tentáculos que ocupó la mitad del pasillo y extendió sus brazos para atacar a todos los guardias. Finn levantó su espada y partió por la mitad a unos cuantos mientras Jake aplastaba a los que quedaban convirtiendo sus brazos en unos brazos gigantes.
-Vámonos a buscarles, estos guardias son interminables-jadeó Marceline.
-¿Ya te cansas?
La voz de Marshall Lee resonó por el pasillo. Estaba al fondo, cubierto por un montón de nieve y a su lado Fionna, Cake, el príncipe Chicle y la Princesa Llama, lanzando poderosas llamas de fuego en todas direcciones. Finn se quedó mirándola. Parecía un ser de otro mundo envuelta en aquellas llamas, era fuerte, poderosa y decidida... y no podía apartar sus ojos de ella.
-Esta princesita de fuego nos está salvando el culo-dijo Marshall que flotó hasta Marceline quién había recuperado su forma normal-será mejor que nos larguemos.
La princesa Llama encabezó la marcha, lanzando llamaradas a los guardias de nieve que se les acercaban. Estos se derretían enseguida y dejaban un enorme charco de agua y sus armas en el suelo. No tardaron en cruzar las puertas del castillo y huir hasta el claro donde todo había cambiado. Era como si ahora todo fuera más grande y en realidad así era. Los ejércitos de las princesas habían talado algunos árboles para poder agrandar el claro, se habían construido tiendas de campaña y mesas y sillas con las maderas sobrantes, todo era una microsociedad de princesas, chucherías y soldados musculosos y fieros listos para la batalla. Los habitantes de Chuchelandia suspiraron de alivio al ver llegar a su princesa sana y salva y se regocijaron con ella en un fuerte abrazo colectivo. El resto de princesas se inclinaron en señal de respeto, complacidas por su llegada. Vitorearon al resto de héroes y prepararon una fogata, la noche estaba al llegar.
Cuando las estrellas poblaron el cielo los soldados de fuego encendieron una fogata alrededor de la cual todos se congregaron.
-Entonces explicadme algo, por mis bultos-dijo la Princesa del Espacio Bultos-¿existe un Príncipe Bultos igualito a mí por ahí perdido? ¿Y cuándo decís que le conoceré? Porque si es tan genial debo conocerle ahora mismo.
-Sí que existe-rió Fionna-es igual que tú pero con bigote.
-¿Bigote? ¡Bultos! Eso es tener estilo...
Fionna y Cake rieron.
-No hemos tenido tiempo de hablar con vosotros, ¿de dónde venís? ¡Sois iguales que...!-una chuchería color verde vestida con un vestido de seda azul, señalaba al Príncipe Chicle y los demás personajes del cuento del Rey Hielo.
-Venimos de... ¿crees que podrás superarlo, pequeño dulce?-comenzó a decir Marshall-de un libro. Somos unos personajes de ficción, pero ¿mola, eh?
Se señaló la camisa y dio una vuelta teatral sobre sí mismo para mostrar lo lleno de vida que estaba.
-¿Y acaso crees que me parezco a... eso?-apuntó hacia Marceline y la chuchería enrojeció.
-¿QUÉ HAS DICHO?
Marceline, que estaba sentada frente a la hoguera al lado de Finn y Jake, salió hacia Marshall con el bajo hacha en la mano, todos rieron al ver cómo los vampiros, asombrosamente parecidos, se perseguían.
-No tienen remedio-dijo el Príncipe Chicle y la princesa Chicle, a su lado, asintió-y bien, princesa, ahora que vuestro castillo ha sido tomado y vuestro reino amenazado al igual que todo Ooo, ¿cuál es el paso a seguir?
La Princesa Chicle se quedó pensativa. El Mayordomo Menta que había estado observando toda la conversación en silencio al lado de la Princesa Promesa, se levantó.
-Hay una opción que puede hacer que nos salvemos y que, uniendo las fuerzas con los demás ejércitos, hará que destruyamos a la Reina Hielo y a Limoncio para siempre-añadió el mayordomo.
-Menta, si sabes cualquier secreto capaz de ayudarnos, habla-ordenó la Princesa Chicle.
-El castillo de Chuchelandia tiene una magia ancestral que lo rodea, la misma magia que activó a los guardianes chicle en el pasado, solo esa clase de magia...
-¿Cuál es?-preguntó Chicle en un chillido.
Las chucherías y algunas princesas empezaron a hacer un corrillo alrededor de ellos.
-El castillo esconde un secreto de magia ancestal... cuando la Princesa reinante haga la Promesa Real de Matrimonio y una sus fuerzas con su pretendiente, los reinos se unirán bajo el amparo de la Unión Real y el mecanismo del castillo se activará. El castillo... cobrará vida propia, se convertirá en un ser indestructible tan solo uniendo vuestra sangre y la de vuestro pretendiente. Pusimos ese mecanismo de defensa en el castillo cuando este se creó. Vos aún no habíais nacido, princesa.
Marceline había dejado de pelear con Marshall y se había acercado al corrillo. Algunas chucherías se detuvieron a mirarla.
-Espera... ¿qué? ¿matrimonio?
Menta frunció el ceño en su dirección.
-Obviamente este mecanismo está pensado para...-y miró a Chicle-... UN pretendiente.
Marceline gruñó y se acercó a Menta flotando, pero la Princesa Chicle tiró de su bota antes de que llegara hasta él.
-¿Quieres decir que funcionará si me caso... con un príncipe?-preguntó Chicle con un hilo de voz-no... no puedo hacer eso. No estoy enamorada de ningún príncipe.
La princesa Promesa se acercó y la miró con ternura. Ella había estado encerrada con Marceline y Chicle la primera vez que la Reina Hielo se alzó y había visto el amor que se tenían.
-No es seguro, princesa-dijo la Princesa Promesa-Menta está exagerando. Puede que funcione si os casáis...
-Casarme-gruñó la Princesa Chicle y se levantó-¿esa es la única opción para salvar a Ooo? ¿Todo va estar decidido por un matrimonio? ¡Aquí tenemos ejércitos! ¡Guerreros!
La Princesa Promesa y Menta se miraron.
-No es solo eso, princesa-susurró Promesa apesadumbrada-esta vez no es como las otras.
Alguien surgió de las sombras detrás de ellos. Era una muchacha de piel verde y largo pelo color caoba que estaba lleno de ramas y pequeñas hojas silvestres. La Princesa Bosque había hecho su aparición e hizo una reverencia ante la Princesa Chicle.
-Hola, Chicle-saludó con un deje de irritación en la voz-sabía que volveríamos a encontrarnos alguna vez.
-Buenas tardes, Leaf-saludó Chicle y se cruzó de brazos-yo no tenía la esperanza de volver a verte.
-No mereces que te ayude, arpía-gruñó la Princesa Bosque-tú me desterraste a mí y a los míos a vivir en los bosques como burdos salvajes, y ahora que he tenido La Visión, debería habérmela callado para mí.
-Amenazábais mi reino-contestó Chicle-hice lo que tenía que hacer para protegerles. ¿Y qué es eso de la Visión?
La Princesa Bosque rió.
-Un poder que tenemos todas las criaturas del bosque y que nos viene de herencia por las ninfas de nuestro pasado-explicó Leaf-he visto como tu reino ardía, como todas tus chucherías huían de la ventisca y del hielo, como los sicarios de Limoncio y la Reina Hielo ganaban la batalla y se hacían con Ooo mientras las princesas eran encerradas y esclavizadas. Pero la Visión me permitió ver otra cosa, y eras tú, alzándote con la victoria gracias a un guerrero poderoso, gracias a tu castillo y la magia antigua que encierra. Gracias a sus indestructibles paredes de azúcar...
Chicle suspiró, sí, eran indestructibles y se dieron cuenta en el pasado cuando solo pudieron salir de allí con el ácido de la baba de aquel caracol malvado. La princesa volvió a suspirar y posó sus ojos en los de la princesa Bosque, negros como el ébano.
-¿Cómo sé que no me estás mintiendo?
-Porque no gano nada con ello. También he visto mis bosques destruidos, mis súbditos masacrados... todo depende de ti, Chicle. Quizá con lo que disfruto es con la situación, ¿no crees que estás bajo la espada y la pared?
Chicle miró a Marceline, que tenía el rostro desencajado incapaz de dar crédito a lo que oía y luego miró al Mayordomo Menta y al Princesa Promesa, que la contemplaban con atención.
-¿Es muy poderosa esa promesa?-preguntó la princesa Chicle, derrotada.
-La más poderosa-contestó Promesa-pensadlo bien, princesa.
-Tampoco me queda otra opción-suspiró-pero jamás haría algo que... ella no quisiera.
Miró a Marceline, que asintió.
-... debemos hacerlo.
Un murmullo se alzó en todo el bosque, proveniente de las chucherías y las princesas. Un matrimonio entre la Princesa de Chuchelandia y la Reina de la Nochesfera, podría cambiar el destino de Ooo para siempre.
-No quiero que hagamos esto solo porque "es necesario", Marceline-dijo la Princesa Chicle-quiero que sea porque queremos.
-Por mis bultos, no te ofendas, Marceline, eres una tía enrollada y todo eso, pero... ¿cómo nos deja eso a las demás princesas? ¿seréis las super reinas cañeras o qué? ¿Cómo será la cosa? ¿No deberíamos debatirlo?
Muchas princesas comenzaron a cuchichear.
-¡Y las chuches! Tenemos opinión en todo esto, la Princesa Chicle es nuestra princesa, ¿estamos de acuerdo con su matrimonio?-dijo un pastelillo de nata.
Algunas chucherías hablaron. Unas asentían y otras negaban.
-Deberíamos conocer a su pretendiente... que en este caso, ¡es una chica! ¡Y la reina de la Nochesfera, nada menos!-exclamó un caramelo anciano.
-Siempre pensé que se casaría con un príncipe de un reino lejano, el Príncipe Pasta de Azúcar siempre ha sido mi favorito-convino una fresa con chocolate.
-¡Oh! ¿Por qué no se ha podido enamorar de un príncipe? Una reina... ¡y vampira! ¡Chuchelandia no tendrá herederos!-bufó un flan con caramelo.
Todas las chucherías y las princesas comenzaron a exclamar sus opiniones a voz en grito. Algunas se mostraban de acuerdo, otras se negaban a seguir con todo aquello adelante.
-¡BASTAAAAAA YA!
Chicle no pudo contenerse más. Apretó los puños y se internó en el bosque. El silencio se hizo en todo el claro del bosque, roto solamente por el crepitar del fuego en la hoguera.
-Será mejor que la dejemos pensar un poco a solas-dijo la Princesa Promesa-... aunque esperemos que no tarde demasiado.
