Insomnio...

* Historia y personajes pertenecientes a Pendleton Ward y Cartoon Network

* Algunos nombres de lugares y personajes son inventados.

* Escrito en español de España, algunos nombres cambian.

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Chicle se internó en el claro donde ya no oía ni un solo murmullo. Se sentó en un tronco de árbol caído y apoyó las manos en las rodillas. ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Ahora de repente todo el destino de Ooo estaba solo en sus manos? ¿Por qué estaba en esa situación? No era justo. El ulular de un búho la tranquilizó. Cómo envidiaba a aquella ave sin responsabilidades...

-No te preocupes, al menos a ti no quieren echarte a la hoguera...

La voz de Marceline la puso alerta y se envaró. Entornó los ojos, intentando acostumbrarlos a la oscuridad de la noche. Y ahí estaba ella, flotando tranquilamente a su alrededor hasta que se sentó a su lado y la miró con dulzura.

-¿Es eso lo que quieren?-preguntó Chicle con una sonrisa.

-Bueno, primero uno de tus súbditos locos empezó a decir que yo era un ser oscuro del inframundo al que las princesas nunca deberían haber aceptado en su círculo y otro que si me exorcizaban y me quitaban toda la oscuridad, igual me aceptaban como nueva reina de Chuchelandia...

Marceline suspiró y Chicle se apoyó en su hombro, riendo. Tenerla a su lado la reconfortaba, en aquella situación o en cualquiera. Con Marceline a su lado todo parecía mucho más fácil.

-Pequeña vampira oscura...

Marceline se incorporó e hizo que Chicle la mirara.

-Escucha... lo de antes... dije que debíamos hacerlo pero realmente yo... yo quiero...

Chicle se mordió el labio. La miró como nunca antes la había mirado. Estaba tan mona...

-... que quiero casarme contigo, Bonnie.

Aquello fue demasiado para Chicle y no pudo contenerse más. Llevó sus manos alrededor del cuello de Marceline y la besó. Por un segundo no existía nada más: ni Menta y su nueva solución, ni la Visión de la Princesa Bosque, ni castillos con poderes mágicos... ni siquiera Reinas Hielo capaz de enturbiar su vida. Solo estaba ella, ella y su precioso rostro de porcelana. Ella y sus enormes ojos llenos de amor y de vida. Ella y su largo cabello negro como la noche.

Tardaron en separarse y al hacerlo, Marceline notó cómo una lágrima había caído de los ojos de su princesa.

-Bonnie...

-¿De verdad... quieres hacerlo?-la cortó Chicle-me da igual esa magia ancestral, Marcy. No puedo obligarte a...

-¿En serio crees que no querría hacerlo?-sonrió la vampira, dejando ver sus perfectos colmillos blancos-nada me gustaría más que unirme a ti para siempre, unir nuestros reinos...

-¿A pesar de que sea una princesa loca a la cual todos sus experimentos le salen terriblemente mal?

-Nunca pensé que llegarías a definirte así, cerebrito orgullosa...-rió Marceline y Chicle le sacó la lengua-... pero sí. Ya te dije que me encanta meterme en problemas.

Marceline acarició el rostro de Chicle y esta se sonrojó.

-Así que... no me van estos rollos, princesa, pero...

La vampira se arrodilló sobre la espesa hierba del bosque y tomó la mano de la princesa, que ahora temblaba.

-¿Quieres... casarte conmigo?

Chicle asintió con ímpetu y se lanzó al cuello de Marceline, tirándola al suelo. Ambas rieron con fuerza, pero... una risa ajena se unió a las suyas de pronto.

Un remolino de viento se alzó frente a ellas, llevándose consigo varias hojas y ramas. Era una espesa humareda gris que comenzó a elevarse cada vez más alto. Chicle se aferró a Marceline que la abrazó con fuerza, pero sin dejar de mirar al remolino. Poco a poco el humo se fue consumiendo dando paso a una figura que la vampira conocía bien.

-¡Papá!

Marceline se levantó al instante y ayudó a Chicle a hacer lo mismo.

-Buenas noches, pequeña-dijo Hudson en tono solemne.

-¿Qué es lo que haces aquí?

-Bueno, no es un secreto que todo Ooo está siendo amenazado. He recibido noticias de todas partes, los reinos empiezan a movilizarse...

-No has venido a protegerme, papá, ¿qué pasa?

Hudson miró a la princesa Chicle de hito en hito. Ya la conocía bien, era la misma muchacha de color rosa y vestido de dulces que iba de un lado a otro con su hija desde que eran muy pequeñas. La misma que había invitado a su hija a una fiesta de pijamas de princesas con ocho años y la que luego invitó al baile de primavera a su pequeña vampirita cuando tenían catorce. La que una vez intentó cruzar la Nochesfera para visitarla o de la que Marceline hablaba a menudo, la misma.

-Has pronunciado las palabras.

-¿Las qué?-preguntó Marceline.

-Eres la heredera de la Nochesfera, monstruito-explicó Hudson-la conexión que tengo contigo me permite saber cuando estás... a punto de prometerte. Tu reino demanda saber con quién vas a casarte y con quién se va a unir, así que por eso estoy aquí.

-Si vas a tratar de impedírmelo, ahórratelo-gruñó Marceline, y cogió la mano de la Princesa Chicle.

-No va por ahí-dijo-puedes estar con quién quieras, de hecho me gusta tu elección. Siempre es un placer verte, Bonnibel.

-G...gracias, señor Abadeer-saludó Chicle-entiendo que si está aquí es por el papeleo, ¿me equivoco?

-Exacto-sonrió Hudson-siempre he admirado tu suspicacia, princesa-y se volvió hacia Marceline-El papeleo, monstruito. Al casarte con alguien, los reinos se unen mediante un lazo vinculante. La Promesa Real de Matrimonio es una especie de contrato... la Nochesfera y Chuchelandia serían como un mismo reino y eso cambiaría muchas cosas en el País de Ooo.

-¡PAPÁ!-exclamó Marceline exasperada-todo Ooo está en peligro, hay dos psicópatas que intentan liquidarnos, ¿y a ti te preocupa la unión de nuestros reinos?

-Como comprenderás las responsabilidades que tengo como alto dignatario de la Nochesfera me obligan a preocuparme por estos asuntos pese a la situación actual-añadió Hudson-y con lo cual, y ya que vais a hacerlo de verdad y suponiendo que Ooo se salve gracias a todo esto... es mi deber poner las cartas sobre la mesa. Bien, princesa... ¿qué tienes pensado?

Marceline no entendía nada de esos asuntos protocolarios, así que soltó a Chicle que se acercó a Hudson para hablar del futuro de los reinos. Tras unos largos minutos de deliberación se convino que: ambas, Marceline y Chicle reinarían como reinas (y Chicle dejaría de ostentar el título de princesa gracias a su matrimonio) de Chuchelandia y la Nochesfera a conjunto y los súbditos de ambos reinos estarían bajo su mandato. En el plano de Ooo, habría una nueva reina más y al unir dos reinos, sería el mayor poder del país con lo cual las demás princesas deberían contar con ellas primero en cualquier reunión decisiva para Ooo y los votos en cualquier propuesta contarían como doble y no como uno. Ambas deberían hacerse cargo de todas las tareas de la Nochesfera y Hudson pasaría a ser Rey regente. Tanto Chuchelandia como la Nochesfera cedería la totalidad de sus beneficios al otro reino, a saber riquezas y ejército. Hudson siguió negociando con Chicle hasta que finalmente todo llegó a un consenso.

-Desde el momento en que se haga la Promesa Real de Matrimonio, dejaré de hacerme cargo de la Nochesfera, Marceline-explicó Hudson-espero que tengas muy claros cuales son tus deberes.

-Lo sé, papá-gruñó Marceline-¿algo más?

-Nada más, pero tenlo presente-advirtió su padre-todas las responsabilidades de la Nochesfera ahora son vuestras y no son fáciles. Seréis el reino más poderoso de todo Ooo, usad bien ese poder.

-¿Y tú no sacarás nada de todo esto, no es así?-preguntó Marceline.

Hudson se acercó a su hija.

-Soy un malvado chupa almas, lo admito-suspiró-pero si se trata de ti... solo quiero tu felicidad. Me da igual con quién, solo tu felicidad y el bien del reino que tanto me costó construir, monstruito. No lo olvides.

Marceline sonrió.

-Cuídala bien, princesa-dijo Hudson-te llevas a mi pequeño tesoro y para mí no es fácil dejarla marchar.

-No se preocupe, señor Abadeer, está en buenas manos.

-Eso espero...

-¡PAPÁ!-chilló Marceline-¡vete ya!

-¿Estarás bien? Debo preparar el reino para... ya sabes. ¿Necesitáis ayuda?

-Creo que después de esto la que necesitará ayuda es la bruja de hielo-contestó su hija y entonces Hudson asintió en su dirección, y desapareció.

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-¡Ahí están!-dijo Finn y se acercó a Marceline y la princesa Chicle que por fin aparecieron en el claro del bosque-la Reina Hielo nos ha enviado esto.

Tendió a la princesa un pergamino arrugado, que Marceline leyó por encima de su hombro.

"Tenéis veinticuatro horas para traer a la Princesa Chicle ante mi presencia o todo Ooo será destruido. Mis ejércitos saldrán en vuestra búsqueda y comenzará la guerra. Si queréis detenerla, ya sabéis lo que hay que hacer.

Reina Hielo."

-Quiere hacer la Promesa Real, no va a parar hasta que jure esa promesa y Chuchelandia sea suya-suspiró Chicle.

-Ya, pero si ahora te casas con Marceline, Chuchelandia ya no sería solo tuya, sería de las dos. Y hacer una promesa Real con las dos ya va a ser más complicado para ella. ¡Debéis hacerlo ya! En cuanto el castillo se levante con esa magia, no tendrá nada que hacer.

-Tenemos que reunirnos con las princesas-sentenció Chicle.

Marceline y Finn asintieron y reunieron a las princesas de Ooo con rapidez. La Princesa Llama miraba a Chicle con suspicacia y se cruzó de brazos en cuanto se sentó en un viejo tronco entre la Princesa Desayuno y la Princesa Músculos. Todas miraban expectantes hacia la Princesa Chicle. Algunas de sus chuches también habían acudido a la reunión.

-Bien... os hemos reunido aquí porque...

-Dinos algo, princesa-espetó la Princesa Desayuno con crueldad-¿los príncipes de nuestro País de Ooo no son suficientes para ti? ¿Desde cuándo estás con... con esta...

-¿Con esta qué, princesa?-rugió Marceline. Finn, que también había acudido a la reunión junto con Jake, la calmó.

-Solo digo que me parece sospechoso que Chicle se haya enamorado de ti. ¿No será que queréis unir vuestros reinos en un super reino poderoso y hacernos sombra a las demás?-preguntó Desayuno con enfado.

Chicle suspiró.

-¿Cómo voy a fingir esto?-exclamó Chicle desesperada y abarcó con sus brazos un círculo invisible-tal y como están las cosas, ¿habría tiempo siquiera en pensar en ser el reino más poderoso de Ooo? ¡Me estáis tratando como a la Reina Hielo. No me interesa tener poder en Ooo. Esta es la única solución que nos queda para salvarnos.

-¿Y desde cuándo estás tan enamorada de ella? ¡De una chica!-dijo la Princesa Salchicha-que yo sepa siempre os habéis llevado a matar. En todas nuestras reuniones os fulminábais con la mirada, ¿y ahora tenemos que creer que es amor?

Marceline miró a Chicle y ambas se quedaron así durante unos segundos. La princesa Chicle suspiró.

-¿Tampoco podéis entenderlo?-contestó Marceline esta vez, ofuscada-uf... ¡era todo una pose! No me suele gustar contar mi vida privada, princesa, pero si así vais a creerlo lo haré. Fingía odiarla cuando en realidad la amaba, ¿te vale con eso?

Todas las princesas comenzaron a murmurar por la sorpresa, mientras Marceline notaba como toda su cara enrojecía.

-Lo que sí está claro-habló la Princesa Llama, y los murmullos cesaron-es que Bonnibel Chicle siempre ha sido la princesa más ambiciosa.

Todas miraron a Llama, incluso Finn, que parecía decepcionado con ella. Llama lo miró, pero sonrió al instante.

-Siempre coleccionaba cachivaches raros para sus experimentos, haría lo que sea por su reino y el poder la llama, como a toda princesa... sin embargo...-el silencio era sepulcral-... yo las he visto. Y jamás había visto tanto amor en mi vida.

Chicle suspiró y miró agradecida a la Princesa Llama, que esbozó una sonrisa de lado hacia ella. Todas las princesa volvieron a alzar la voz y a comentar lo sucedido, hasta que la Princesa del Espacio Bultos se levantó.

-O sea, por mis bultos, no voy a creer solo lo que esta princesa de fuego me diga, necesito pruebas.

-¿Pruebas?-preguntó Chicle-pero, ¡si tú nos viste desde el principio! Y aunque todas vosotras también y no nos creáis ahora, esto es real.

-¡Pues demuéstralo, bultos!-exclamó la princesa.

Marceline flotó hasta la princesa Chicle y se colocó a su lado. Chicle gruñía, no quería hacer aquello por obligación, no se podía creer que sus propias compañeras la trataran así y dudaran de su amor. Pero...

-Está bien, princesa Bultos, si es eso lo que queréis...-dijo Marceline con una sonrisa pícara-... no me hago responsable de que os escandalicéis un poco.

Marceline cogió el rostro de Chicle con las dos manos y recorrió con sus ojos la cara de esta, quién la miraba con urgencia. ¿Qué pretendía...? Entonces la vampira la besó. Era un beso dulce, tierno, como todos los que se habían dado, cargados de un amor que por fin podían sentir abiertamente. Pero como siempre que Marceline la besaba, Chicle se olvidó de dónde estaba o con quién y llevó sus manos alrededor del cuello de la vampira y se apretó contra ella. No escuchó los murmullos o a Finn diciéndole que ya podían parar, tan solo prolongó el beso que de pronto se tornó enfurecido. Por fin, haciéndose hueco entre sus labios, sintió la lengua bífida de Marceline sobre la suya y jugó con ella hasta que finalmente las separaron.

-¡Ya está, chicas!-exclamó Finn, avergonzado.

Chicle y Marceline tomaron el aliento que les faltaba y miraron a las princesas, que las contemplaban enmudecidas. Aquello hizo que las dos enrojecieran, pero no se separaron la una de la otra.

-Es... está bien-aceptó la Princesa Bultos-... por todos los bultos, está clarísimo.

Finn, Jake y Chicle rieron mientras Marceline enrojecía aún más y enseñaba los colmillos.

-Entonces no se hable más-añadió la Princesa Desayuno-id, casaos y unid vuestros reinos. Salvad a Ooo. Pero os lo advierto, actuad con prudencia a partir de ahora o no habrá piedad.

Todas las princesas asintieron y volvieron al claro del bosque con sus ejércitos. Finn, Jake y la Princesa Llama se quedaron con Marceline y la Princesa Chicle.

-Entonces... ¿lo vais a hacer?-preguntó Finn. Chicle asintió con una sonrisa, mientras Marceline, a su lado, miraba hacia otra parte, avergonzada.

-¡Jo, colega! Jamás creíamos que... ¡que fuera posible! Dos de nuestras mejores coleguis se casan-dijo Jake.

-Y pensar que se odiaban, ¿te acuedas, tío?

-Ya te digo, tron, yo me lo pasaba genial-rió Jake.

-Aún puedes seguir pasándotelo genial, Bonnibel nunca aprende...-rió Marceline, que comenzó a flotar por encima de la princesa.

-¿Eso crees? A lo mejor la que no aprende eres tú, vampira. ¿Cómo era eso del exorcismo? Tal vez te haga falta...

-Oh, sí... estoy poseíiiiiida...-Marceline enseñó los colmillos y sus ojos se agrandaron.

Todos rieron.

-Será mejor que nos demos prisa-comentó Chicle-ya es hora de entrar en acción.