¡Wow! Hacía tiempo que no escribía un capítulo del fanfic pero como estoy de vacaciones y me apetece desconectar, ¡vamos a ello!

*Historia perteneciente a Pendleton Ward y Cartoon Network

* Escrita en español de España, algunos nombres pueden cambiar.

* Algunos nombres y personajes pueden ser inventados.

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El tiempo avanzaba demasiado deprisa. Quedaban pocas horas para que se cumpliera la amenaza de la Reina Hielo si no llevaban a la Princesa Chicle hasta su presencia, así que debían correr. La noche cubría todo el bosque y los soldados del reino de fuego se encargaron iluminarlo con antorchas improvisadas. Si no fuera por la constante amenaza, el ambiente sería cálido y tranquilo, con el cielo oscuro cubierto de estrellas, los árboles rodeándolos y el fuego crepitando apaciblemente.

Las princesas se habían llevado a la Princesa Chicle a un rincón apartado para prepararla. Todas habían aportado su granito de arena para hacer la ceremonia lo más normal posible, pese a lo precipitado que había sido todo. La Princesa Trapos hizo un vestido de bodas improvisado con las telas que llevaba consigo y un poco de aguja e hilo. La Princesa Desayuno le recogió el pelo en un moño, la Princesa Músculos dobló un par de metales a modo de anillos y las demás se encargaron de lo más esencial y tradicional en las bodas de Ooo: darle algo azul, algo mágico, algo viejo y algo dulce.

-Oye...-comenzó a decir la Princesa Desayuno-... lo de antes... está claro que tú y ella os... bueno que...

-No pasa nada-sonrió Chicle.

-No la fastidies, ¿quieres?-espetó Desayuno-además parte de este embrollo es para salvar Ooo, así que después de la boda no os evadáis mucho.

Chicle rió. Aunque todo esto en parte era por lo que decía la Princesa Desayuno, estaba feliz. Iba a casarse e iba a ser con Marceline. No le importaba que no fuera un príncipe como mandaba el protocolo o que no fuera lo que los demás esperaban, estaba bien para ella. Era más que suficiente. Era a quién amaba de verdad, a quién siempre había amado.

Finn avisó a las princesas para que se dieran prisa y estas se adelantaron a Chicle para ocupar sus asientos: unos cuantos árboles caídos que habían colocado en fila el ejército de la Princesa Músculos. Ya era la hora. Chicle suspiró y comenzó a caminar mientras de algún punto del bosque alguien (imaginó que Jake) tocaba el violín. Entonces la vio. Estaba al final del camino entre los troncos de árbol, con una camisa diferente que seguramente también le hubiera hecho la Princesa Trapos. Le sonreía ampliamente, con esa sonrisa suya tan despreocupada y familiar que la hacía sentirse como en casa. Eso era Marceline, casa. Hogar. Un sitio en el que siempre querer estar y sentirse segura.

Las manos le temblaban, todo era demasiado perfecto, iba a pasar de verdad. Sentía que iba a desmayarse de felicidad porque iba hacia el altar a unirse finalmente a su vampira. Cuando por fin llegó, la miró con ternura, no quería dejar de hacerlo.

-Estamos aquí para unir a la Princesa Bonnibel Chicle de Chuchelandia y Marceline Abadeer de la Nochesfera con la Promesa Real de Matrimonio que las juntará como una sola persona, para siempre-comenzó a anunciar la Princesa Promesa-daos la mano.

Marceline sonrió a Chicle y le tendió la mano, que esta estrechó enseguida.

-Desde hoy y bajo esta promesa...-la Princesa Promesa extendió la mano y alguien le tendió los anillos-... yo declaro que vuestras vidas hoy se unen y que ni vosotras, ni vuestros reinos se pueden separar.

Les puso los anillos y colocó sus manos sobre las de ellas, suaves y temblorosas.

-Repetid conmigo: juro promesa-indicó y las dos hicieron lo que les había pedido-felicidades, la promesa se ha cumplido.

Casi de inmediato los vítores y los aplausos ahogaron el silencio del bosque mientras Marceline y Chicle se acercaban aún más a la otra.

-Vaya, princesa, creo que te has casado con una vampira. ¿No te da miedo?-preguntó Marceline con una sonrisa de lado en el rostro.

-No podría haber elegido mejor-contestó Chicle y se puso de puntillas para poder llegar hasta sus labios y besarla.

Marceline llevó sus manos hasta la cintura de Chicle, que se pegó aún más a ella. Como si quisiera que todo lo que estorbaba desapareciera y poder estar solo piel contra piel. El beso se había tornado frenético y pronto escucharon silbidos y grititos a sus espaldas, lo que provocó que se separaran.

-Estoy besando a mi esposa, ¡meteos en vuestros asuntos!-gruñó Marceline sacando los colmillos, visiblemente colorada. Todos rieron.

De repente el violín comenzó a tocar una melodía de baile y todos se apartaron para poder celebrar, riendo y bailando a la luz de las antorchas. El mayordomo Menta que había estado observando todo desde un rincón, se acercó a ellas.

-Tenéis poco más de dos minutos hasta que se active el protocolo de la Promesa Real de matrimonio, si se activa. Esperemos que funcione.

-Funcionará, Menta-dijo Chicle-me he casado, a mi castillo no le debe preocupar con quién.

Menta frunció el ceño y se alejó a buen paso. Chicle suspiró, deseando creerse sus propias palabras y que su castillo reaccionara se hubiera casado con quién se hubiera casado. Solo les habían concedido dos minutos, se giró hacia Marceline y pasó sus brazos alrededor de su cuello.

-Marcy... esto es muy importante. Ahora estamos unidas, y nuestros reinos. De hecho tengo que hablarte del protocolo a seguir con la unión de reinos, verás...

-¿De verdad vas a darme una charla científica acerca de nuestros reinos, Bonnibel?-sonrió Marceline-es lo que menos me importa. De hecho jamás le he prestado mucha atención. Solo me importa esta unión.

Llevó una mano a su pecho y luego al pecho de la Princesa, el cual subía y bajaba a toda velocidad.

-Idiota...-sonrió Chicle, colorada-... pero es necesario que sepas que...

Marceline no le dejó hablar, se inclinó sobre ella y la besó. La princesa Chicle cerró los ojos y se dejó llevar, era suya. Ahora era suya para siempre y no iba a dejarla escapar de nuevo. No iba a ser tan tonta de perderla otra vez. Chicle comenzó a mover su lengua dentro de la boca de Marceline, agitada. Deseaba todo de ella, era poco, quería más. Quería que todo el mundo desapareciera y poder dejar rienda suelta al deseo que sentía. Sin embargo algo provocó que se separaran, un temblor que comenzó a azotar la tierra bajo sus pies.

-¿Qué es eso?-preguntó Marceline, atrayendo a la Princesa hacia sí para protegerla.

-Creo que es el castillo-contestó Chicle-se ha levantado. La guerra acaba de comenzar.