DISCLAIMER: Los personajes de ésta historia NO me pertenecen, solo a Rumiko Takahashi, la historia SÍ es mía. Las canciones mostradas tampoco me pertenecen, solo las pido prestadas ^_^. Todo esto lo hago sin fines de lucro, solo para hechar a volar nuestra imaginación.
RECOMENDACIÓN: Escuchen las canciones que pongo durante la historia, para que sepan un poco de lo que trato de mostrarles, al final del cap. les hablaré de las versiones de las que muestro.
DISFRÚTENLO
CAPÍTULO 1
-¿Por qué no te pusiste nada de lo que te recomendé?, además, ¿no crees que esas canciones tienen un ritmo un poco pasado de moda?- Lo preguntaba Sango con un poco de molestia y algo sorprendida.
-No soy de ése estilo, lo sabes, no quiero aparentar alguien que no soy. Y, realmente, fueron las canciones que más me gustaron para presentarlas.- lo decía con un poco de indiferencia.
La verdad era que Kagome había eligido al azar dos de las canciones que tenía en su reproductor de su computadora. Las canciones de verdad le gustaban, eran unas de tantas que había escuchado cuando vivió un tiempo en Nueva York; quizás no tenía el ritmo de moda, pero sabía que podía 'jugar' bien con ellas.
Sí, Naraku tenía razón, le fascinaba cantar y bailar, además de que ella era más que experta en eso, sin tener estudios de por medio, y bueno, también lo traía en la sangre.
Su fascinación y su brillante habilidad por el canto y el baile, fue la oportunidad perfecta para que Naraku se aprovechara y tuviera su propio beneficio.
-No tienes más remedio que seguir las órdenes de ése señor.- Su subconsciente se lo repetía a cada instante.
-¡Mira!, ya llegamos.- Sango realmente estaba emocionada al observar aquel edificio tipo residencia, su sueño era convertirse en una gran actriz y cantante.
-Sí, ya lo vi… es, es enorme.- Debía admitir que quienes fueran los dueños de aquel sitio eran extremadamente ricos.
Bajaron del taxi justo en la reja de entrada a aquella mansión enorme, como lo había apodado Kagome. Caminaron el trayecto hasta llegar a la entrada del edificio principal donde se encontraba un asistente mandando a todos los aspirantes hacia el auditorio donde se llevaría a cabo la audición.
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-¡Hijo!- Corrió hacia él como si la vida se le fuera en ello.
-Madre.- Sus saludos siempre eran cortantes.
-¡Inuyasha!, sabes muy bien que no me gusta que seas tan serio, frío y formal conmigo.- Lo regañó.
Él agacho la cabeza haciendo una pequeña reverencia en forma de disculpa.
-¿Te cuidaste verdad?- Sin más se lo había preguntado, él solo pudo poner sus ojos en blanco ante la pregunta atrevida de su madre.
-¡Madre!, claro que me he cuidado, que sea un libertino, no significa que sea un irresponsable- Lo dijo con su orgullo herido. Nunca en su vida pondría en riesgo su pellejo.
-Está bien.- Lo tomó del brazo y se encaminaron hacia el auditorio.
-¿Realmente tengo que estar aquí?, es demasiado aburrido ver a niñitos que se creen tener el talento suficiente para conseguir entrar aquí, sabiendo que hacen el ridículo.-
-Sabes muy bien que es indispensable tu presencia, eres el joven más guapo, elegante, talentoso y famoso del país.- Su madre se sentía orgullosa de ver a su hijo cumplir una de las cosas que más le gustaba a él, consiguiendo éxito en cualquier ámbito en el que se desenvolvía. –Además, tienes más talento que un juez, y no sé de qué te quejas, eres el que siempre anda haciendo garabatos en la libreta, y sin mirar las presentaciones, das las más bajas puntuaciones.- Acusó.
-No necesito ver las presentaciones, con tan solo escucharlos me basta, además, soy justo y honesto, no le daré a alguien una puntuación que no merece. Madre en verdad no quiero entrar, habrá niñitas locas que solo vienen a moverse como locas sin ritmo intentando atraer mi mirada.-
-No harás que cambie de opinión.- Se encaminó hacia la entrada.
Molesto por la situación, no le quedó de otra que seguirla y hacer lo de siempre, garabatos en alguna libreta.
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En el auditorio, se escuchaba el bullicio de los chicos que harían la audición, preparando sus mejores armas para atrapar a los jueces, dando una última repasada a las canciones o libretos que interpretarían, o repasando mentalmente los pasos que harían. Pero quedó todo en silencio cuando los jueces entraron y se dispusieron a tomar su respectivo lugar. Entonces fue cuando el mismo asistente que se encontraba en la entrada, tomaba el micrófono y comenzaba la introducción.
-Bienvenidos a la última audición de éste año, la Academia de Artes Escénicas "Shikon", espera darle la bienvenida a sus nuevos integrantes, teniendo la maravillosa oportunidad, si llegan a ser los mejores, de pertenecer a grandes empresas del entretenimiento. También les informamos que ésta audición, como las anteriores, será grabada, para el programa de variedades "New Star". A continuación les presentaremos a los jueces quienes calificarán su desempeño en éste escenario.- Los jueces se encontraban en los primeros asientos, dándoles la espalda a los aspirantes.
El auditorio se llenó de expectación y un poco de nerviosismo.
-Se encuentran ante nosotros, Yui Bunya, experta en canto, Mei Aizawa y Ren Kahaya expertos en baile, Yamato Nagahama, experto en música instrumental, Haru Naito, experto en música moderna y Sora Ikeda experta en expresión corporal y moda…- Cada uno se levantaba y volteaba para ser reconocidos.
-¡¿MODA?! ¡Rayos!-. Pensó Kagome al momento de voltear hacia su lado derecho y mirar a una Sango con una mirada de "Te lo dije".
-Y por último…- Continuó el presentador. –Tenemos la presencia especial de dos de los mejores talentos que ha tenido la academia y el país.- Todos estaban demasiado emocionados ante la presentación, a Kagome solo pudo abrírsele la puerta de la curiosidad.- Con ustedes la señora Izayoi Taisho y su hijo menor Inuyasha Taisho.- Un estallido de aplausos y silbidos se hizo presente.
Kagome tenía conocimiento que la familia Taisho era muy poderosa, eran dueños de la mejor empresa de entretenimiento del país y una de las mejores en Asia, tenían influencia en muchas otras empresas y eran dueños de otras.
Kagome sabía un poco más sobre Izayoi y su esposo, ella, una gran estrella, una carrera larga, siendo en su tiempo una gran cantante, bailarina, actriz y modelo, y aun lo seguía siendo, inspiraba a otras famosas. Era la mujer más hermosa que había visto.
Su esposo, el señor Inu-no Taisho, también había formado parte de la fama de un Idol, llegando a ser ahora, un gran empresario.
-Debe ser cierta aquella leyenda sobre la familia Taisho, porque a pesar de los años, ellos parecen tener la misma edad de cuando eran más jóvenes.- Kagome observaba detenidamente a Izayoi.
Vio cómo ella se levantaba de su asiento volteándose hacia ellos y hacia una reverencia en forma de saludo, siempre con una sonrisa cálida haciéndola ver más hermosa si se podía.
Después, todas las chicas chillaron ante el hijo menor de Izayoi.
-Es todo un galán, ¿no Kagome?- Sango aplaudía entusiasmada.
Mientras que Kagome, admitía para sí, que realmente era un chico extremadamente guapo.
-¡Dios!, su cabello, sus ojos, ¿cómo es que…?- Pensó, estaba sorprendida, no había sabido de la existencia de aquel tipo o de alguien como él, lo observó aun a la distancia; era alto, de un metro ochenta, piel morena clara, cabello largo y con un flequillo perfectamente juvenil y varonil de moda y todo hermosamente plateado.
-Sus ojos… sus ojos son realmente hermosos. Dorados- pensó
Vio como hacia una reverencia como saludo y justo cuando se levantó, sus miradas se toparon, se sintió extraña al ver que la miraba penetrantemente, inconscientemente se mordió el labio superior haciendo un puchero, resaltando su labio inferior, miró sus movimientos y su sonrisa de lado. –Sí, definitivamente tiene un gran parecido a su padre, heredando los coquetos gestos de su madre- Pensó mientras se volteaba hacia Sango.
-Debería ser ilegal ser tan guapo- Sango volteo hacia ella con una sonrisa cómplice, sabía que aquel Idol observaba a su amiga. –Pero es un maldito engreído y presumido, que decepción.- Justo era el tipo de persona de la cual ella se alejaba y le desagradaba.
Se cansó de tanto ver y escuchar que las chicas alababan su belleza varonil y a los chicos admirar a un posible prospecto a seguir. Bufó y sacó el libro de su mochila para poder evadir aquel incómodo momento.
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Inuyasha se giró hacia la audiencia que esperaba para poder verle, debía lucirse, después de todo, sabía que todos esperaban eso y que volvería loco a cualquiera, saludó con la común inclinación y al erguirse, vio unas orbes brillantes de color chocolate intenso, por un momento le vinieron recuerdos, pero así como llegaron se fueron.
Deseaba apreciar a quien poseía esas orbes hermosas, era una chica que se encontraba al final de todos los asientos, su piel blanca, rasgos extrañamente finos y perfectos, su nariz pequeña y respingona, no lograba ver el largo de su cabello solo distinguía un color sin igual, azabache. Por último se detuvo en sus labios. El labio superior era un poco menos grueso que el inferior, pero ambos de color rosado. Quedó hipnotizado ante aquel puchero que hacía.
Su cuerpo reaccionó por instinto, se paró un tanto de lado y le dio la mejor sonrisa varonil que podía expresar, era consciente de su atractivo, debía de aprovecharlo. Pero todo lo contrario de lo que pensó, vio como ella rompía el contacto visual y volteaba hacia la chica a su lado y le hablaba. Su oído se agudizó para poder escuchar lo que le decía, tenía que servir de algo la herencia de su padre, pero gracias a los bullicios, no distinguía cual era el sonido de su voz.
De un momento a otro, vio como bufaba y sacaba un libro de su mochila y se ponía a leer. -¿Pero qué demonios…? ¿Cómo es posible que no le haya afectado ni un poco?- Su ceño se frunció y sin más se sentó de nuevo molesto y extrañado ante la actitud de aquella muchachita, era la primer y única mujer que había rechazado su coqueteo de ésa manera.
Aquel gesto no pasó desapercibido por su madre, que lo había visto parado sin hacer nada más que mirar hacia un punto fijo, extrañada por su actitud, volteo y dirigió su mirada hacia donde su hijo la tenía, sonrío al ver a aquella jovencita, tenía un buen presentimiento, rió bajo por la actitud de su hijo.
-Bien, silencio por favor.- El MC esperó a que no hubiese ningún ruido y prosiguió. –Comenzaremos con el orden de las fichas entregadas, así que por favor, que pase…-
Inuyasha por alguna extraña razón, se sentía impaciente por ver la presentación de aquella chica, no se explicaba cómo podía interesarle tanto.
Los participaciones lo estaban aburriendo y el tiempo se le pasaba demasiado lento; veía hacia el escenario cada vez que alguien subía sobre el para volver a ver aquellos ojos tan cautivadores, pero no había tenido suerte. Miro su reloj -2:30 pm.- llevaba 4 horas esperando verla, quería voltear sobre su espalda y asegurarse de que no había visto un fantasma.
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Sango subió al escenario nerviosa y comenzó a hacer su presentación. Kagome se sentía orgullosa de ella, en su actuación y en la pequeña entrevista que le habían hecho, alejó toda señal de nerviosismo, se veía tan profesional, había sido una de las mejores presentaciones que vio durante todo ese tiempo, su amiga debía ser aceptada.
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-Número 16, por favor venga al escenario-
Estaba desesperado y aburrido, se tomó de su cabeza con las dos manos enterrando algunos dedos en su cabellera y se recargo sobre la mesa. –No sé si podré soportar más.- dirigió su mirada hacia las escaleras y vio como unos converse negros subían por las tarimas. -¿Quién rayos usa converse para esto?, Sora debe estar furiosa-
No podía explicarse el hecho de que alguien pudiera vestirse así para ésa audición en particular, a todos los aspirantes que vio por un instante, habían ido vestidos como si fueran estrellas de pop; exceptuando a la muchacha que se había sentado al lado de la joven a quien esperaba ver; esa chica había adicionado para actuación y canto, ella supo cómo debía vestirse para ésa audición y ser bien calificada. Ahora, ¿converse?, debía ser una broma. Su mirada se dirigió a aquel que se atrevía a hacer una audición de ésa manera.
-¡Oh!- era lo único coherente que pudo decir al ver una hermosa y brillante melena azabache, que llegaba un poco más abajo de aquella cintura. Era liso hasta llegar a sus puntas que se ondeaban.
Izayoi observó discretamente a su hijo, el mirar fijamente a ésa muchacha solo significaba una cosa. Definitivamente sus suposiciones debían ser ciertas.
Cuando por fin pudo ver de nuevo esos orbes chocolates tan brillantes y hermosos. Agudizó todos sus sentidos, al hacerlo, captó de inmediato el sonido de su respiración y el latido calmado de su corazón, pero todo eso quedo a un lado al poder olerla. – ¡Dios Santo!- jazmines, olía a jazmines, un aroma único, sencillo y poderoso, dulce y fresco, recatado y sensual, frío y cálido, era una combinación perfectamente peligrosa.
La miró con más detalle, no vestía atrevida, más bien casual y natural, combinaba perfectamente a su cuerpo esbelto. Inuyasha no podía dejar de observarla, calculaba que medía 1.60. Usaba ropa perfectamente holgada y larga que no lo dejaba volar su imaginación, lo que le frustro un tanto. Puso toda la atención en ella, quería escuchar su voz.
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-Debes hacer tu mejor esfuerzo, tienes que ser admitida… recuerda aquellos tiempos, DISFRUTA, DIVIÉRTETE.- Su Kagome interior se lo repetía una y otra vez. –De acuerdo, estoy lista.- respiró y dejó que todo fluyera.
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-Bien, preséntate.- dijo el MC apartándose de su lado.
-Hola, mi nombre es Kagome Higurashi, tengo 17 años, nací y sigo viviendo en Tokio, vengo a hacer audición de canto y baile.- Sonrió y lo menciono con su entusiasta alegría.
Con una actitud demasiada y extrañamente calmada, demostrando como si no estuviese afectado por esa sonrisa, Inuyasha apoyo su codo derecho sobre la mesa y recargo su mentón sobre la palma de su mano, no apartando su vista de enfrente. –Kagome.- Lo repitió dos veces más y suspiró entre sí -Dulce y sensual voz, Kagome.- Sonrió sin apartar su vista de ella.
Mientras que Izayoi, la miraba igual o más penetrante que su hijo, trataba de recordar el parecido a alguien a quien conocía, pero no logró tener éxito.
Sora, quien no podía ocultar su ceño fruncido, fue la primera en comenzar la pequeña entrevista.
-Bien Higurashi, la primera impresión que nos dan los jóvenes de las audiciones, es muy importante, así que dime, ¿por qué rayos te viniste vestida así?- En efecto, Sora era demasiado exigente era notable su molestia. Nunca, en todas las audiciones que habían hecho, alguien se había presentado como Kagome lo hacía.
Inuyasha se encontraba más que interesado en su respuesta.
-Me gusta demostrar quién realmente soy, quiero que vean mi rostro natural, no necesito ponerme una máscara en el rostro, ya que eso demostraría lo insegura que estoy de mí misma y lo falsa que sería- Suspiró -Sobre mi ropa, me gusta vestirme así porque me hace sentir cómoda.-
La forma tan honesta y simple en haber dicho todo aquello, había sorprendido a todos en el lugar, sus palabras fueron un golpe bajo para todos los asistentes, por lo que provocó disgusto en algunos.
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La admiraba, Inuyasha realmente admiraba su honestidad, sencillez y seguridad. Pensaban de la misma manera, ella había actuado tal y como él lo haría, bueno, sabía que lo haría de una forma un tanto engreída y presumida.
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-Eso quiere decir que ¿te gusta ser diferente a los demás?- Sora continuó
-No, quiere decir que me gusta ser única.- Su respuesta dejó satisfecha a Sora que sonreía al hacer sus anotaciones.
-¿Tocas algún instrumento?, si es así, dinos por qué te gusta.- Fue el turno de Yamato.
-Sí, toco el violín, piano y un poco la guitarra, me gusta porque es una forma eficiente de relajación y porque me gustan las melodías que se pueden crear con ellos.- Su forma tan calmada y sonriente, era la confirmación de que decía la verdad.
Yamato hizo sus anotaciones y los jueces estaban entusiasmados en conocer un poco más de ella. Yui fue la siguiente en preguntar.
-¿Qué idiomas hablas y con qué fluidez?-
-Hablo japonés, coreano e inglés fluido, estoy aprendiendo un poco el español-
Todos los jueces se sorprendieron ante tal capacidad.
-Si llegaras a formar parte de una de las mejores empresas del entretenimiento de Japón, te harían viajar a otro país y prepararte para cantar en el idioma nativo, ¿estarías dispuesta a aprender otro idioma?-
Kagome se paró un poco de lado y pensó un momento su respuesta.
-Aun cuando no estuviese dispuesta, creo que me obligarían.- rió acompañada por los jueces, ellos más que nadie sabían de ello. –Pero, sí, estaría dispuesta, se los haría menos complicado.- Sonrío.
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Su mirada aún seguía sobre ella, sonreía levemente cuando ella lo hacía, tenía un sentido del humor muy agradable.
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-Bueno, bueno, es hora de la mejor parte, Kagome, cuéntanos, ¿qué canciones vienes a presentar?- Ren era quien se lo preguntaba recargando sus brazos levemente cruzados sobre la mesa. Después de lo que había dicho, todos los jueces estaban más que ansiosos de ver su presentación.
-Para canto presentaré "Ángel" de Robbie Williams y para baile, "Crazy in Love" de Beyoncé.- Se creó un silencio ante la respuesta, eran canciones que no se escuchaban tan seguido en una audición.
-Dinos ¿por qué esas canciones?- Haru se atrevió a preguntarle.
-En diferentes épocas de mi vida, estuve un tiempo en Nueva York y otro en Seúl, en ése entonces escuchaba muchas canciones en inglés y coreano, para poder aprender mejor cada idioma, cuando escuche éstas canciones, además de la letra, tienen un ritmo que me gustó mucho, así que me estoy atreviendo a jugar un poco con éstas canciones-
-Una cosa más.- Sora habló antes que Ren –Me gustaría que también jugaras un poco con tu ropa.- Y mandándole una sonrisa, termino el reto que le había puesto discretamente.
-Bien, pues, no esperemos más, adelanté.- El MC le señalo el escenario. –Es todo tuyo-
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Mientras la veía prepararse, se acomodó para poder admirarla mejor, escuchaba murmullos sobre ella, 'presume demasiado', 'está sobrevalorándose', 'no creo que sea tan buena como lo trata de transmitir'. De cierta manera y extrañamente, estaba molesto por aquellos comentarios, pero tenía un buen presentimiento, estaba ansioso.
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Kagome tomó aquel reto que la asesora de moda le había hecho, se quitó su chamarra de mezclilla aventándola a un lado, tomó de un lado de su camisa y la enrollo para poder hacer un moño, quedando finalmente a la vista de todos, su pequeño ombligo, exhibiendo por fin su perfecto cuerpo y transformándose en una modelo sexy
.
Sabía un poco de gimnasia, era realmente flexible y como lo había dicho anteriormente, estaba jugando con el ritmo de la música junto con sus habilidades.
Olvidó que todos la veían, desapareciéndolos mentalmente. Desde muy pequeña amaba bailar, ahora que no tenía a nadie que se lo prohibiera, se dejó llevar.
Si la canción en sí tenía un ritmo sensual, Kagome sobrepasaba todo término de sensualidad, sin notarse vulgar.
Llegaba la última parte de la canción y para terminar, se dejó caer abriéndose de piernas, haciendo que todos, incluyendo los jueces se quedaran con la boca abierta.
Después de calmarse rápidamente, se levantó y caminó hacia el banco cerca del piano, sentándose y preparándose para cantar su propia versión de "Ángel".
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-¡Por Dios!, su voz.-Se sentía extraño, una sensación de emoción le llego al estómago, no despegaba su mirada de ella, no sabía cómo explicar lo que sentía, pero algo cercano a la atracción podía describir esos momentos. El tono de su voz era suave y potente al mismo tiempo.
Su madre se encontraba casi en la misma situación. –Ésa voz… ésa voz no cualquiera la puede tener, ella debe ser...- No estaba segura si sus suposiciones eran ciertas, así que volteo hacia su hijo y sus párpados se abrieron a más no poder al verlo de esa manera, la mirada que tenía en ésos instantes… a Inuyasha nunca le había visto mirar así a una mujer, sus ojos brillaban con una felicidad secreta. No era su imaginación, tenía que contárselo a su marido lo más pronto posible.
Después de que Kagome dejara de tocar en la primera parte, Inuyasha la observó, la forma en la que dejó de tocar, parándose con elegancia y profesionalidad lo sorprendió. Al momento que la canción cambió de ritmo, miró cada movimiento que hacía, estaba perdiendo el juicio, ella debía ser una Idol haciéndose pasar por una chica común y corriente.
No estaba teniendo ninguna desafinación, todo lo contrario, realmente estaba jugando con la canción, ahora entendía a lo que se refería, sus altos y bajos eran perfectos. Cuando pensó que había visto y escuchado lo mejor, su sorpresa se expandió al escuchar el cambio que ella le había hecho a la canción, cantando notas más altas sin desafinación, sintió un hormigueo poderoso y agradable por todo su cuerpo, su piel se erizó de la emoción que lo inundaba, era perfecta.
Kagome había hecho lo que nadie, ni las mejores cantantes femeninas en Japón habían podido lograr lo que ella estaba alcanzando, había hecho ésa canción suya, transmitiendo los sentimientos de la misma.
Despertó de la impresión al escuchar el ruido de los estruendosos aplausos cuando finalizó su interpretación, se giró hacia el público. No había sido el único en notar en lo perfecta que había sido su presentación, sin embargo, estaba seguro de ser el único en haberse sentido tan extraño al verla y escucharla.
Como acto reflejo tocó su rostro, y se sorprendió a más no poder, estaba sonriendo, pero no era su sonrisa engreída y presumida como la solía hacer, era la sonrisa más idiota que había puesto en su vida, significando una sola cosa.
-No puede ser… ella, ella...- Aun sorprendido, volvió a posar su mirada en Kagome. -¿La he encontrado?-
2015-02-22 / 09:20 pm
N/A: ¿qué les pareció?, espero sus comentarios. GRACIAS POR LEER.
La versión original de "Ángel" es de Robbie Williams, la versión que me gusta más es la de Yuridia (en español), en la historia se supone que canta ésta versión pero en inglés.
La de Beyoncé es la original, la de baile sexy (no busquen la de 50 sombras de Grey XD jejeje)
GRACIAS a todas las que han comentado, espero que me sigan apoyando con comentarios constructivos sobre mi escritura, me ayudarán muchísimo. Prometo mejorar.
(^o^)/° Nos vemos la siguiente semana
