DISCLAIMER: Los personajes de ésta historia NO me pertenecen, solo a Rumiko Takahashi, la historia SÍ es mía. Las canciones mostradas durante la historia tampoco me pertenecen, solo las pido prestadas ^_^. Todo esto lo hago sin fines de lucro, solo para hechar a volar nuestra imaginación.

DISFRÚTENLO


CAPÍTULO 2

-Estúpidos noticieros.- Susurraba quedamente mientras su flequillo escondía un rostro de pocos amigos.

- Es realmente sorprendente como alguien pueda tener aquel talento ¿no lo crees Daichi?- Era lo único que se escuchaba en aquel lugar poco concurrido aquella noche.

-¡Ah!, como molestan.-Caminaba de un lado a otro sin prestar atención a lo que mencionaban en televisión, continuando así con sus labores.

-¿Acaso nadie piensa apagar ésa chatarra?, ¡nadie la está viendo!- Estaba furiosa. Caminó hacia la mesa donde se encontraba el control remoto.

-¿Qué crees que estás haciendo?- Susurro.

Kagome dio un pequeño brinco al sentir que respiraban cerca de su oído, sabía quién era, reconocería aquella voz en cualquier lugar. Volteó para poder enfrentarlo.

-Yo solo…- Sus manos quedaron vacías cuando aquel individuo le quitaba el control.

-Sé muy bien que odias ser el centro de atención, lo que no acabo de entender es por qué hiciste todo lo contrario, además, los lentes hipster…- Se inclinó un tanto para estar a la altura de una Kagome que comenzaba a sonrojarse al ver que él se acercaba a su rostro. Con su dedo índice dio pequeños toques a sus lentes. -¿Piensas que así pasaras desapercibida?- Al instante se irguió y empezó a reírse.

-¡Ash!, no molestes Hojo.- Paso por su lado, aparentando no estar nerviosa por haberla descubierto, además de su cercanía. – ¿Qué tienen de malo mis lentes? Además, sabes bien que necesito usar lentes, que no los utilice siempre no significa que…-

-Está bien Kagome...- Caminó unos cuantos pasos para quedar de nuevo frente a ella posando una de sus manos sobre su hombro. –… no tienes por qué darme explicaciones, ah, y tus lentes hipster te hacen ver muy bien.- Terminó dedicándole uno de sus guiños que tanto le gustaban a Kagome, haciendo que se sonrojara por lo último que le había dicho.

Hojo, un chico de diecinueve años, media aproximadamente 1.75 metros de alto, cabello castaño y piel blanca, y aunque no poseía un cuerpo de atleta, lo tenía muy bien desarrollado, era elegante y limpio, incluso en su forma de caminar. Eso enamoraba a más de una.

Kagome llevaba nueve meses conociéndolo, él había entrado a aquel restaurante pidiendo trabajo de lo que fuese ya que no sabía hacer absolutamente nada, esto dejó sorprendido al personal que al principio no podía aceptar la falta de profesionalidad.

Con el tiempo fue adquiriendo experiencia con ayuda de Kagome, puesto que ella sabía bien lo que era pedir trabajo sin tener experiencia, solo que en su caso, a ella nadie la apoyo. Hojo terminó por ser el único mesero de sexo masculino del que todas sus compañeras estaban enamoradas, incluyéndola, pero siendo para él solamente más que una amiga, o eso era lo que pensaba.

Le había platicado a Sango de su existencia, llevándola a conocerlo. A Sango no le caía mal aquel chico, pero siempre le advertía que había algo en él que no le gustaba, aunque sabía que aun diciéndoselo, Kagome no haría caso a sus advertencias.

-¡Mesera!- Despertó de su ensueño al ver a un señor con su familia, agitando su mano llamándola.

Kagome tomó la libreta de su mandil y se dirigió a aquella mesa, miró hacia una de las paredes. -8:30 pm.- Suspiró y con su sonrisa alegre, ocultando todo malestar y enojo, continuó con su trabajo.

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- Así es Yuuki, es la primera vez que vemos algo así en mucho tiempo. Un aspirante alcanzó el nivel más alto y eso quiere decir que no tendrá que pasar por las etapas iniciales. Prácticamente, tiene el mismo nivel que el de los alumnos que están por debutar, realmente nos tiene sorprendidos a todos.

-¿Qué les parece si vemos el siguiente reportaje de…?-

Desde que había terminado la audición, los noticieros de espectáculos no dejaban de dar la nota del momento. En cualquier canal de espectáculos al que le cambiaba, hablaban de ella.

-Kagome, Kagome, Kagome.- Terminó por aventar con fuerza el control remoto hacia el sillón de al lado, se tomó la cabeza son sus dos manos, desesperado.

Habían pasado solamente dos días desde que la había conocido y ya quería volver a verla. Cada vez que cerraba los ojos, allí estaban aquellos orbes chocolate intenso, con ésa mirada brillante y llena de alegría, una alegría que le contagiaba por alguna extraña razón.

No lograba borrar de su mente aquella figura perfecta, ese pequeño ombligo que estaba a la vista de todos, lo había dejado sin armas y a pesar de que había visto muchos de esos, era justo el de ella el que lo volvía completamente loco.

Su sentido del olfato no había dejado de buscar por todos lados aquel olor tan único y delicioso. Desde que la vio salir del auditorio, su aroma fue atenuándose poco a poco hasta desaparecer. La había dejado ir, arrepintiéndose por haberlo hecho.

Aquel comportamiento que comenzaba a tener no se lo explicaba, no tenía ni idea de qué era lo que le estaba sucediendo, buscaba la manera para poder calmarse, pero los recuerdos y las imágenes en la televisión no se lo hacían fácil.

-Toc, toc.- Levantó su mirada hacia la puerta de su habitación dirigiéndose a ella con pasos largos y seguros, al abrirla se encontró con su mayordomo.

-Joven Inuyasha, el señor Totosai me ha dejado éste paquete para usted, mencionándome que fue lo único que ha podido encontrar hasta el momento.- Le entregó un sobre bolsa.

-Gracias Myoga, puedes retirarte.- Tomando el sobre, comenzaba a cerrar la puerta, cuando se detuvo al ver que Myoga seguía parado. Le miró y percibió un rostro lleno de sorpresa. – ¿Sucede algo?-

-No, no es nada, con su permiso.- Se inclinó y se retiró.

-¡Keh!, al parecer no soy el único loco aquí.- Sonrío con ironía cerrando al fin la puerta.

Con rapidez abrió aquel sobre, dentro se encontraban tres hojas que comenzó a mirar:

DATOS PERSONALES

Kagome Higurashi, 17 años

Fecha de nacimiento: 21 de Septiembre

Lugar de nacimiento: Tokio, Japón

Estado civil: Soltera

Relaciones anteriores: Ninguna

Lugares de residencia (por edad):

1-9 años - Tokio, Japón.

9-11 años - Nueva York, USA.

11-14 años - Seúl, Corea del Sur.

14-actualmente - Tokio, Japón.

FAMILIA

Padres divorciados: Higurashi Taiga y Daisuke Sonomi

Hija única, un medio hermano

ESCOLARIDAD

(Actual): Segundo año de preparatoria.

Preparatoria: Sengoku

Promedio: Sobresaliente

TRABAJO

Actual: Royal Host (2 años)

Inuyasha leía aquella información como cuando solía repasar una canción que debía aprenderse; la parte más importante, o la que más le importaba y no dejaba de leer una y otra vez, era el estado civil, no podía creer que una chica como ella no hubiese tenido novio alguno, suponía que era por los viajes que había hecho.

Comenzaba a sentirse como un acosador, sin embargo no lo podía evitar, quería saber más de ella.

Tomo la siguiente hoja y la leyó, contenía información de todas sus escuelas y promedios, datos que le eran irrelevantes. Al pasar a la última de las hojas, no despego su mirada sobre ella, leyó la leyenda que se encontraba en la parte inferior "Kagome - 14 años".

Era una fotografía de Kagome de medio cuerpo, vestía un uniforme de falda verde y camisa blanca con un moño rojo atado. Observaba como su cabello ondeaba por el viento, de fondo estaba un árbol de Sakura del cual sus hojas caían sobre ella.

-Debe ser photoshop.- No creía que fuera una captura común, volteo aquella hoja y leyó las líneas que la describían.

Fotografía ampliada, tomada por una cámara instantánea.

Era la única referencia que tenía de ésa maravillosa captura, volvió a voltear la hoja, ahora mirándola solamente a ella, sus facciones eran un poco más juveniles, pero igualmente perfectos, se detuvo en aquellos orbes que lo dejaron cautivado, a pesar de la sonrisa que mostraba, pudo detectar tristeza en aquella mirada que mostraba.

-Está decidido.- Dejó los papeles en su mesa, levantándose de su asiento, se dirigió hacia la puerta tomando la chamarra que colgaba del perchero y miró su reloj. -8:30 pm.-

La información que le había pedido a Totosai, estaba completa para haber sido sacada de una base de datos, pero no era todo lo que quería saber.

-¡Hijo!, la cena ya está…- Izayoi miró a su hijo que bajaba las escaleras rápidamente. – ¿Piensas salir?- No pudo evitar preocuparse por el lugar al que sabía que iría. –Hoy es martes.- Sabía que algo no concordaba.

-No te preocupes madre, no pienso ir a donde estas pensando.- Se detuvo un momento al ver la preocupación de su madre.

-Entonces ¿a dónde vas a ésta hora?- Miró el reloj de su mano.

-No es tan tarde madre. Y lo único que puedo decirte es que no puedo quedarme sentado sin hacer nada, si quiero saber y encontrarlo todo, tengo que ir en su búsqueda.- Había sido muy extraño lo que decía, sin embargo era una verdad que en su interior existía.

-No llegues tan tarde, ¿de acuerdo?- Le regalo la sonrisa más cálida que una madre le puede otorgar a un hijo, lo apoyaría.

-De acuerdo, pero tampoco me esperes.- Tomo una de las manos de su madre dándole un pequeño beso, diciéndole un gracias con el gesto.

-Recuerdo que así me comportaba cuando te conocí.- Inu-no Taisho abrazaba a su esposa por su espalda mientras veía como su hijo cerraba la puerta principal. Se acercó más a ella, dándole un beso entre su cuello y hombro, saboreando aquel lugar donde se escondía el secreto familiar.

-La chica de la que te hablé al terminar las audiciones…- Izayoi comenzó a entenderlo. –Debe ser ella.-

-Él debe sentirlo en éstos momentos.- Aferrando la mano de su esposa a la suya, caminó con ella hacia el comedor.

-Los instintos que tiene deben estarlo guiando, aunque…- Aun dudaba de una posibilidad. -… han tardado en conocerse. Él nunca debió haber conocido primero a aquella mujer que solo le trajo un mal.- Su rostro se transformó en furia al recordar lo sucedido hace tres años atrás.

-Lo sé cariño, no te angusties demasiado.- Acarició sus nudillos. –A pesar de que él es el siguiente, las situaciones no suelen suceder de la misma manera como la generación anterior, además, ¿no has visto el cambio que está teniendo?- Sonrío al recordar pequeñas actitudes que estaba teniendo su hijo. –Ya no maldice al personal como lo solía hacer cada vez que los veía pasar al frente suyo, eso es una buena señal ¿no lo crees?-

-Sí, tienes razón.- Rió acordándose de ello.

Inu-no paró su caminar para poder verla a los ojos, acercándola a él y tomando su rostro delicadamente entre sus manos, la besó con vehemencia.

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La academia "Shikon" se hallaba repleta de los jóvenes elegidos por la misma, estando en las afueras del edificio principal conociéndose unos a otros.

-10:30 am.- Le dio un vistazo a su reloj mientras caminaba hacia el mismo edificio, miraba a sus lados buscando a alguien que la viera si huía, para su desgracia vio a uno de los secuaces de Naraku, definitivamente no tenía escapatoria. Estaba por entrar al edificio sintiéndose incómoda al ver que todas las miradas se encontraban sobre ella, lo cual debía ser lo más normal, ella había logrado lo que nadie, solo estaría un año preparándose en la academia en vez de estar los cuatro años correspondientes, después de haber dejado a todos sorprendidos con su audición, los jueces tomaron la decisión de colocarla en el último nivel. Debía ser un momento de alegría, pero ella no lo sentía, sus planes habían sido destruidos y todo por una deuda que no le correspondía pagar. No obstante varios de los comentarios que le eran lanzados, contenían envidia, sabía que debía acostumbrarse a eso.

-¿Con quién te acostaste para poder alcanzar ése nivel?- Una rubia teñida como de 1.70 metros de altura y con cuerpo plástico se acercaba a ella con pasos presumidos.

Decidió restarle importancia dejándola atrás cerrando la puerta del edificio al entrar. A pesar de que afuera había demasiados jóvenes, en la recepción solo se encontraban cinco. Cuando le tocó su turno, se sintió rara, una extraña sensación comenzaba a deslizarse por su columna.

-Aquí tiene, el horario del turno que eligió y su credencial, las clases comienzan en la primera semana de agosto, eso sería todo, bienvenida a la academia "Shikon".- La recepcionista le sonreía.

-Gracias.- Correspondiendo a su sonrisa, tomo la hoja y su credencial, se dispuso a retirarse hasta que quedó paralizada, la sensación anterior había aumentado, escuchó con atención a su alrededor, una hermosa melodía sonaba cerca, sin explicárselo supo de dónde provenía. Salió del edificio principal y como si la llamara corrió hacia ella.

Al entrar a un edifico que en su entrada decía "MÚSICA", buscó por las aulas el origen de aquella melodía, se detuvo al llegar a la correcta, con la respiración entrecortada, deslizó despacio la puerta, observó el interior y quedándose sin palabras, disfruto del momento.

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Aquella noche había buscado como loco por toda la cuidad un Royal Host donde tuvieran a una Kagome trabajando, pero no tuvo éxito. Siguió buscándola los siguientes días sin poder encontrarla, estaba desesperado.

Aquellos día cada vez que llegaba a su casa los del servicio se alejaban de él y trataban de hacer las cosas tal y cual él las pedía, ya que últimamente tenía un carácter de los mil demonios. Su padre sin preguntarle lo que le sucedía se burlaba de él, lo único que podía hacer era defenderse y cuando no tenía algún argumento, su buen aliado "¡Keh!" acababa cualquier conversación.

Aquel sábado, eran las inscripciones de la academia, había decidido poner en práctica la idea que su madre sin querer le había dado. Si no podía ir a ella, trataría de que ella fuera a él. Sin que nadie más lo viera, entró al aula de instrumentos del edificio de música, pensó en una melodía que le gustara a cualquier mujer, pero al instante las descartó, -Ella no es cualquier mujer.- Su Inuyasha interior se lo recordó.

Comenzó a tocar el piano, no sabía si saldría como esperaba o que fuese cierta aquella leyenda. La melodía que interpretaba no existía en partituras, solo en su interior, expresaba lo que en esos momentos deseaba, saber si ella era lo que su instinto buscaba aun sin comprenderlo por completo.

Sus sentidos se agudizaron al escuchar el desliz de la puertecilla, dudó en voltear; si no era quien esperaba, no sabría que más hacer. Antes de mirar hacia ésa dirección, siguió tocando acordes perfectamente sincronizados y a tiempo, con un significado más allá de su concepto. -¿Eres tú?-

Al volverse hacia la puerta, de nuevo se topó con aquellos orbes chocolate intenso que lo miraban, incrédulos. La vio dar unos pasos hacia él.

Kagome estaba tan absorta en esa mirada dorada que no se dio cuenta del pequeño escalón que tenía enfrente.

-¡Ah! ¡Joder!- Se había caído de bruces, gracias a que puso sus manos para amortiguar el golpe, no se había lastimado gravemente.

Maldita sea, que vergüenza. Pero que estúpida eres Kagome.- Antes de levantarse para huir de ahí, dejo de escuchar la melodía que era remplazada por pasos acercándose a ella, miró con el rabillo del ojo unos "Jimmy Choo Tennis Shoes" color café, estaba delante de ella.

-¡Auch!- Se quejó al intentar pararse rápidamente. Al momento, sintió que la tomaba del brazo y la levantaba lentamente. Por fin se decidió a mirarle, volviendo a perderse en ése color tan brillante y llamativo.

-¿Te encuentras bien?- La examinó en busca de daños graves.

Desde que la había visto entrar, no la había perdido de vista, incluso cuando cayó al suelo; le dio gracia el escucharla maldecir. Dejó de tocar para poder auxiliarla rápidamente. Notó un quejido de su parte al verla que intentaba pararse rápidamente. Tomándola por el brazo la levanto lentamente, sin lastimarla.

No dejaba de mirarlo, tanto o más como lo hacia él, el roce que le daba en su brazo la desconcertaba.

-¡INUYASHA!… ¡Oh!, aquí estabas.- Se paró en la entrada del aula.

Tanto Inuyasha como Kagome voltearon al mismo tiempo hacia la puerta, descubriendo a un chico que los miraba de manera cómplice.

Kagome actuó rápidamente, avergonzada, rompió todo contacto con Inuyasha, retirándose del lugar sin mirar atrás.

-¿Quién es aquella belleza?- No dejó de acechar a la chica que había salido del aula.

-Estúpido.- Bufó –No te atrevas a…- Se acercaba peligrosamente a él.

-Oye, tranquilo, veo que tú la has visto primero querido primo.- Sonrío con burla.

-Maldito… Miroku.- Volvió hacia el asiento en el que minutos antes se encontraba sentado.

-Dime, ¿por qué no apareciste anoche en la fiesta de Hilary?, estuvo fabulosa, las rubias estaban pero si…- Lo decía mientras movía sus manos haciendo curvas imaginarias.

-No tuve ganas.- Mostraba indiferencia, haciendo que Miroku abriera sus párpados como platos.

-¡¿QUÉ?! El galán más codiciado; además de mí; libertino y mujeriego de todo Japón ¿no tuvo ganas? ¿Qué pasa contigo?, si eres tú el que nunca falta a las fiestas donde hay modelos sexys y listas para…- Saboreaba sus palabras.

-Ya cállate, pareces un depravado.- Cerró la tapa del teclado y caminó hacia la entrada parándose a un lado de Miroku. –Si te lo dijera, no me lo creerías.- Salió del lugar, perseguido por un Miroku curioso.

Con aquel contacto entee Kagome u él, había ocurrido lo que no se pudo haber imaginado.

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-Pero ¿qué demonios fue eso?, no puedo creer que sea tan estúpida.- Negaba con la cabeza. –Me dejé llevar por aquella melodía, caí de bruces delante de un desconocido y lo miré como si fuera…- Recapitulaba lo sucedido. –Esperen.- Detuvo su caminar. –Él… ése chico, ¡ése chico estaba en la audición!- Abrió sus ojos ante la sorpresa.

-¡KAGOME!- Giró su cabeza hacia quien la llamaba, viendo que corría hacia ella.

-¡Hojo!, ¿qué estás haciendo aquí?- Lo dijo al ver a Hojo parado frente a ella.

-Sango me dijo que estarías aquí. Quiero invitarte a almorzar, ¿estás libre?-

-¿Eh?, sí, sí.- Le sorprendía el hecho de que la fuera a buscar solo para invitarla a almorzar. –No debiste haberte molestado, podrías haberme llamado.-

-Lo quise hacer personalmente. ¿Nos vamos?- Le sonrío mientras cruzaba su brazo de forma que Kagome metiera su mano entre el.

-Sí.- Devolviéndole la sonrisa, caminaron juntos hacia la salida.

Kagome se sentía extraña, a pesar de haberse sentido atraída por un dorado cautivador, no podía dejar de querer a Hojo, se estaba ilusionando cada día más con él, percibía que él comenzaba a sentir algo por ella, últimamente se comportaba muy atento.

-Creo que ya te la ganaron.- Se alejaba poco a poco de su lado, previniendo cualquier ataque.

-Cállate.- Su mano se cerró fuertemente en un puño.

Al salir del edificio de música divisó a Kagome caminar y hablando con ella misma, un extraño impulso de ir hacia ella lo invadió. Escucho que alguien más gritaba su nombre, miró con recelo a aquel tipo que se acercaba a ella. Su furia se hizo presente al ver que caminaban juntos y sonriéndose mutuamente.

-No es algo que me concierne.- Reanudo su camino, dirigiéndose a una dirección opuesta de la que tomo aquel par.

-Ah.- Suspiró. –Ahora piensa hacerse el desinteresado- Negando con la cabeza siguió a Inuyasha que caminaba rápidamente.

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-Tu cumpleaños está próximo, ¿qué quieres que te dé como regalo?- Tomó un poco de su limonada. Un silencio incómodo se hizo presente. Kagome dejo de comer su hamburguesa, esperando una respuesta.

-Mis padres quieren que regrese.- Lo soltó sin más, dando una mordida a su hamburguesa despreocupadamente.

-Ah.- No supo qué decir, quería estar con él ése día. –¿Regresarás?.- Le angustiaba que fuese la última vez que lo vería.

-No… no lo sé.- Siguió comiendo su hamburguesa.

Se creó un ambiente de tensión, terminando de comer en silencio. Salieron del lugar e igualmente caminaron sin decir ninguna palabra.

Kagome sabía que era ése momento o nunca se lo diría. Dejó de caminar, haciendo que él también lo hiciera; avergonzada miró a Hojo, estaba decidida.

-Hojo, yo…- Sintió un dedo posarse sobre sus labios.

-No lo digas.- Se acercó lentamente y reemplazando a su dedo, cerró sus labios sobre los de ella. –Perdóname... perdóname Kagome.-


2015-03-03 / 04:40 pm

N/A: ¿qué les pareció?, intenté narrar diferente,, así que no sé como haya quedado. GRACIAS POR LEER.

MUCHAS, MUCHAS GRACIAS a todas las que han comentado, espero que me sigan apoyando con sus comentarios.

Quisiera saber también sus opiniones, inquietudes, etc. sobre la historia y/o la forma en que estoy narrándola.

(^o^)/° Nos vemos la siguiente semana