Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

Capítulo 2

"Nuevo amanecer"

Bella POV

Había sido más difícil de lo que en un principio creí que sería.

Anoche simplemente estuve en modo automático todo lo que duró la cena, por ello es que hoy apenas despuntó el alba, decidí ir a ver a Rose y a las chicas, que sabía se encontrarían en casa de Leah, conversando acerca de las nuevas coreografías o de las modificaciones del viejo galpón que compró Jacob para realizar el "Nuevo Amanecer".

Subí las escaleras que me dejaron en el segundo piso, el de los Black. Toqué el timbre y esperé pacientemente.

Rose fue quien me abrió, y vestía una pequeña falda.

A veces su belleza me dejaba pasmada.

— ¡Hey Bellis! — Me abrazó y luego me dejó entrar. — Ven, estamos cuadrando los últimos detalles para la inauguración del Nuevo "A". — Me jaló hacia el resto de las muchachas.

— ¡Bella hermosa! — Leah siempre sabía cuando no estaba bien— ven aquí y dile a tu amiga qué ha pasado.

Me limité a sonreír y abrazarla, negando con la cabeza y sin pronunciar palabra respecto a lo que me sucedía.

Lo dejaron estar, por suerte, y me enfrasqué en los detalles del próximo evento, apartando a Edward y todo lo demás. Pues estas chicas; Rose, la belleza rubia de ojos azules apodada Troya, Ángela con su inusual cabellera roja y rosa, conocida también como Candy, Bree con su negro cabello azabache y oscuros ojos llamada Dom, eran mi familia y lo único que me importaba ahora. Y por último, en esta singular agrupación, me encontraba yo, con una piel pálida, con ojos y cabello castaño y era apodada como Is la Grande.

Juntas, éramos el tesoro de Jacob y Leah, lo cual estaba bien para mí.

— Ok, ahora sí Isabella— decía Ángela viéndose el trasero en el espejo, mientras yo acomodaba mi antifaz.

A veces, me asustaba lo rápido que pasaba el tiempo. Puesto que hacía un mes que llegamos de Europa y ya nos encontrábamos casi adaptadas al nuevo ritmo, que en mi caso, era estar atrapada con Edward en la misma ciudad. Le había visto un par de veces más y trataba ser lo más cordial que pudiese en cada uno de esos encuentros, que por lo general eran breves.

Casi siempre, me observaba con sus ojos de color verde intenso y me preguntaba qué era lo sucedía y la razón por la que le odiaba, y mi respuesta era salir de su campo de visión, ósea, rehuirle.

Por otro lado, con Alice y Esme todo marchaba sobre ruedas. Lo único que podría decir como excepción a este buen curso de las cosas, era mi madre que no me atendió y negó conocerme. Sacudí la cabeza. En fin, aquí me encontraba, en el día que el Nuevo "A" abría sus puertas, con muy altas expectativas.

Por lo que tragándome todo, observé a Ángela desde mi posición.

— ¿Me dirás qué significa el tatuaje? — Interrogó mirándome, —dijiste: "cuando estemos en NY, te diré" — hizo una mala imitación de mi voz que me hizo sonreír.

— Nada, no significa nada. Es solo algo lindo que decidí hacer en mi piel blanca como el marfil—le mentí con desenvoltura, pues el tribal en mi cadera se componía de las palabras "amor" en arameo, "no te olvido" en francés y "siempre" en inglés. Y su significado era simple: jamás olvidaría a Edward, y grabarlo en mi piel representaba una declaración jamás pronunciada. Puesto que, evidentemente ha habido otros hombres, y aunque nunca me acosté con Edward, sé que ningún otro ha conseguido meterse bajo mi piel como ese tonto. Supongo que el amor es así: extraño.

Ángela pareció convencida y continuó en lo suyo. Por mi parte, revisé y contemplé mi atuendo en el espejo, el cual consistía en shorts negros y un bra decorado con pedrería de color azul y verde, además se encontraban mis botas negras hasta la rodilla. Todas llevábamos el mismo vestuario, a excepción del calzado que para Bree eran azules de piel, las de Rose de diseño de leopardo y las de Ángela marrones.

— Chicas, ¿están listas? ¡Ya Jake y Jasper las están anunciando! Vamos, ¡vamos! Las están esperando— apuró Leah y la seguimos.

Y de ese modo, con la canción "Crazy Love" de Beyoncé, debutamos en este nuevo club.

La gente aplaudía, algunos reían y otros bailaban. Pero, las "emperatrices", como Leah nos llamaba, no mostrábamos emoción alguna, pues solo nos movíamos al ritmo de la música en una coreografía, que a pesar de ser nueva, la representábamos con precisa sincronización, tal como un reloj. Y todo marchaba bien, hasta que la canción comenzó su final e hice mi giro hacia atrás y de vuelta para caer sobre mis rodillas y noté un par de ojos verdes que me contemplaban con interés y un sentimiento similar a la lujuria. La sangré martilleó en mis venas al ser consciente de ello y mi piel sufrió un repentino calentamiento. ¡Por Dios Isabella! ¡Esto es enfermo, solo te está viendo! Me regañé con dureza y me obligué a cumplir con el paso, quedando entre Rose y Bree, quienes con un látigo produjeron un eco y las luces se apagaron.

Ya en los vestidores todas eufóricas y exaltadas, comentamos cómo nos sentíamos.

— ¡No puedo creerlo! Bueno, sí. Somos unas perras con suerte y jodidamente buenas en lo que hacemos— decía Rose mientras se quitaba las botas.

Entonces, entró Bree con una botella de champagne de fresa y cuatro copas.

— Hemos estado excelentes y debemos brindar, ¿no creen? — Nos fue dando un vaso a cada una y luego de llenarlos, aclaró su garganta y alzó su copa rebosante de bebida— ¡por nosotras! ¡Las Reinas de la noche! ¡Las emperatrices dominantes!

— ¡Salud! —Dijimos a coro

— ¡Y por Isabella que captó la atención de cierto caballero de mirada verde! — Molestó riéndose ruidosamente Bree. ¿Qué? Oh, por Dios. ¡Por supuesto que esta loca lo vio! Era obvio. —Ahora, picarona, cuéntanos.

Mi cara ardía y seguramente se hallaba roja. Joder, ellas me tenían.

— No sé de quién hablas— traté de que mi voz saliera monótona y apuré mi trago con indiferencia. — ¡No vi a nadie especial allí fuera! —Exclamé quitándome por fin el antifaz.

— Claro, lo que digas— batió la mano Rose— vamos afuera, ¿sí? Quiero ver a ese amigo grandote tuyo— dijo con voz de sexo puro y calzándose unas sandalias, abandonó el lugar.

Aquí vamos, me dije colocándome de nueva cuenta la máscara.

-o-

Mientras avanzaba la noche, anduve con Jake conociendo nuevos clientes y personas importantes. No me esforcé en ir con Alice y Emmett, ya que Edward andaba con ellos y no me apetecía unirme a ese grupo.

Jake se acercó a unos hombres en la zona V.I.P. Y en un principio solo reconocí a Dimitri Storkc, hijo de Aro, socio de Carlisle y mi padre. Luego, mis ojos repararon en una espalda ancha y definí un cabello color bronce en varias direcciones. Al darse la vuelta, me topé con unos ojos verdes que me observaban con algo que no supe definir.

— Caballeros—saludó Jacob y todos se voltearon— ¿cómo la están pasando? ¿Todo es de su agrado? — Preguntó de forma profesional

— ¡Oh, vamos hombre! ¿Quién la va a pasar mal? — Respondió un tipo de cabello color arena atado en una coleta y con unos ojos azules como el cielo que se dirigieron a mí, a la misma vez que sostenía mi mano derecha. Jake no aflojó su agarre en mi cintura

— James Smith, preciosa Is la Grande— se presentó y algo en su forma de hablar y mirar me dio escalofríos, aunque como era parte del espectáculo, le di una sonrisa cordial y me soltó por fin. — Hey, Edward ¿no crees que es lo más grande que hayas visto? — Interrogó, provocándome una tensión involuntaria.

— Oh, sí. Sí que lo es— su mirada era intensa en el momento que me vio y contestó.

— ¿Será que podemos ver tu hermoso rostro, querida Is? —Pidió James y Jake me observó, esperando mi decisión, ya que jamás nos quitábamos el antifaz. Yo ya sabía que solo quería confirmar que se trataba de mí, así que ¿para qué decir no? Sonreí, asintiendo.

Desaté el collar y me lo quité. Fui consciente de Edward y su cara, que corroboró el hecho de que ya conocía mi identidad.

Y también noté cómo sus ojos parecían oscurecerse y sus puños tensos al punto de estar blancos.

— Vaya—sonrió James, al igual que Dimitri. — Viejo Ed, al parecer Tanya no ha conseguido quitarte tus mañas— le palmeó la espalda y me ofreció sentarme con ellos.

— ¡Jefe! ¡Hay algo que debería ver! — Exclamó acelerado Seth al llegar a Jacob.

— Espérame un minuto aquí, querida. Caballeros, ya regreso— y diciendo esto se largó con Seth, dejándome sola con los presentes y sin posibilidad de negarme, puesto que ya habían asentido.

Entonces, Edward se me acercó y tomó mi mano.

— Ven, Is la grande, acompáñame— sabía lo que estaba haciendo; jugando su papel de cliente para que de ese modo no pudiese rechazarlo.

— ¿Qué quieres y qué pretendes con todo esto? — Le pregunté con los dientes apretados

— ¿Quiero? Bueno, digamos que quiero disfrutar de la estrella de la noche— su voz destilaba sarcasmo.

Me jaló hacia la parte de los privados y comencé a sudar, al igual que mi corazón golpeaba en mi caja torácica como si en cualquier instante fuera a salirse.

— Señorita Is— dijo Walter y abrió la puerta.

El privado consistía en una habitación de paredes, alfombra y luces blancas, con un sofá en color negro y un bar de cristal.

— Así que…—decía Edward mientras se sentaba— ¿no hay una cama? — ¿Qué creía que era? ¿Un motel? — vamos, no seas tímida, porque ciertamente no lo eras hace apenas un rato cuando te contoneabas en esa tarima frente a todos— su voz se volvió dura y armándome de valor, me senté a su lado.

— No sé qué clase de mierdas pervertidas cree tu mente pero…

— ¡Mierdas pervertidas! — Interrumpió, explotando— ¿soy yo un pervertido de mierda acaso? — Lo observé y pareció reaccionar, pues suavizó su voz— ¿por esto te fuiste? ¿Esta fue la razón? Explícame, porque por Dios que no entiendo qué fue de ti durante este tiempo ¿por qué nunca más supe de ti? — Le permití descargarse, total, ya estaba aquí. Y aunque lo niegue, sus palabras me afectaban— ¿por qué me ignoras? ¿Por qué no podemos ser amigos como antes? ¿Por qué? — El final fue un simple susurro y sus manos tomaron mi rostro, obligándome a verlo— dime qué te hice para que me odies y me desprecies

— No te odio— era la verdad y mejor se la decía mientras tenía voz— tampoco te desprecio— eso, si usaba palabras cortas era más sencillo controlar mis expresiones faciales y concentrarme en no expresarlas.

Aparté sus manos y me levanté

— No tienes permitido tocarme— Dios, Edward, tú eres quien más puede hacerlo, dije mentalmente— NADIE me toca, a menos que yo lo decida. — Espeté en tono duro, y en el fondo era completamente cierto, puesto que ningún individuo me rozaba siquiera si yo no lo quería. — Pero, ¿sabes? Ahora que quieres saber, te diré por qué ya no te tengo aprecio— una blasfemia, ya que todo mi ser lo ama.

Su cuello se irguió y sus ojos me siguieron por el cuarto

— Edward, simplemente tú jamás me viste, eso fue lo que hiciste. Decías ser "mi mejor amigo", pero ¿sabes qué? — Negó con la cabeza e iba hablar, mas lo impedí— lo peor fue que tú, al final de cuentas, eras quién menos me conocía. — Y lo dejé ahí, pues de nada servía decirle que mi corazón le pertenecía, porque eso no cambiaría las cosas.

Abrí la puerta, dejándolo solo y le dije a Walter que se encargara de que nadie molestara al señor Cullen y que tampoco le permitiera seguirme, cuando éste asintió, me dirigí afuera y le pedí a Brian mi coche y que además, le informara a Jake que mañana le llamaría.

Me monté en el carro y arranqué de inmediato, dejando atrás el club y me puse en marcha sin demora a mi nuevo apartamento, en donde tomé un relajante baño de agua caliente y luego me acosté, tratando con todas mis fuerzas no llorar por causa de Edward. Sin embargo, como siempre, fracasé miserablemente.


¡Hola!

¿Qué les pareció el capítulo? Espero les haya gustado :P

Quiero darles las gracias por los Reviews y favoritos, ¡me hacen muy feliz!

Un saludo para todas aquellas personas que se tomaron la molestia de comentar, espero que este capítulo también les guste, y con respecto a Edward, sí, es un ciego pero ya iremos descubriendo su historia ;)

Bien, esperando leerlas pronto, me despido.