Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

Capítulo 5

"Rosas, sorpresas y besos"

Bella POV

— ¡Is! ¿Estás allí dentro?

— ¿Qué pasa querida Jane?

Jane era la hija de Renata, nuestra costurera. Era una pequeña de siete años que parecía un ciclón.

— Dame un minuto Sabrina— ¿Dónde estaría la mamá de Jane? Sabrina en serio me necesitaba con ella. Sin embargo, le abrí a la pequeña. — ¿Qué sucede?

La nena sonriente se encontraba ahí con una rosa negra, cortesía de Edward, por supuesto. Miré hacia el reloj y confirmé que eran las cinco pm en punto. Ya llevaba haciendo esto una semana. Envió rosas blancas, azules, naranjas, rojas, moradas, capullos de fresia y ahora una rosa negra.

— Jane, bonita, llévala al salón y ponla junto a la de ayer ¿sí? ¿Harías eso por mí? — Asintió y se fue corriendo. Con un suspiro, abrí la nota

"Solo regálame treinta minutos y un café

Llámame, Edward"

Tal vez si no supiera que Tanya-botox-Denali había regresado, lo pensaría. Pero no quería verlo para que me dijera cosas lindas de su prometida, tardé dos años en remendar mi maltrecho corazón como para que él con una frase que lo incluyera y también a Tanya y boda, lo desarmara. "Recuerda a Amún" era mi mantra.

Entré de nuevo al salón

— ¿Sabrina? ¿Sabrina? — Otra vez se hallaba sumergida en los pensamientos— ¡oye reacciona!

— Lo siento— se disculpó.

— No importa— sonreí para darle ánimos— anda, cuéntame qué has visto ¿algún familiar? ¿Al padre de Mathias? — Pregunté mientras ponía algo de Mozart. Ella se puso pálida.

Y supe que había visto a ese hombre. De Sabrina solo sabíamos que huyó de casa, su nombre, edad que era diecisiete y el bebé que ahora se encontraba en el refugio, detrás del club. Su nombre era Mathias y tenía cuatro semanas. Sin embargo, a pesar de estar a salvo, las terapias contra el pánico no daban resultados. Sabrina no quería contar su historia, ni decir quién era el padre de su bebé y tampoco daba un número para avisar a alguien de su paradero, y mucho menos daba su apellido. Lo que me lleva a preguntarme ¿qué tan mal la pasó? ¿Qué le hicieron? Por eso Rose la mandó conmigo, para que mediante la música y el baile, ella se abra un poco y nos cuente, para poderla ayudar de verdad. Pero debía nacer de ella, pues no iba a obligarla, era su decisión.

Fingí no haberla visto y la invité a la barra de calentamiento

— Cinco, seis, siete, ocho. Pie derecho arriba— conté— cinco, seis, siete, ocho. Vuelta.

Así durante cuarenta minutos en los que ella se fue abriendo, no era precisa pero sí en su historia.

-o-

— Christofer Santos abusó de ella desde que tenía catorce años y la amenazó con decirle a su madre que se le había ofrecido, aprovechándose por supuesto que la madre es alcohólica al parecer pasiva, que nunca está en casa y que trabaja en un bar llamado "Sandies". El bastardo le dijo que como era menor de edad nadie le creería y ahora que tenía al bebé ha amenazado con quitárselo, pues Sabrina solo tiene diecisiete y nadie podrá ayudarla— le relaté a Jacob que es un ex policía y a Leah, su esposa, una forense retirada. Ambos tenían contactos y conocían a las personas que se harían cargo del desgraciado ese.

— Sabes que te amo ¿no? — Dijo Jake y sonreí— tres semanas lleva Rose tratando de hacerla hablar y whoa. Creo que escogiste mal tu profesión— se levantó a mirar el patio donde se encontraban las chicas con Seth y Paul en clases de defensa personal

— ¿Por qué lo dices? — Pregunté confusa

— ¿En qué? En cuarenta minutos haces que la chica suelte la sopa, deberé aumentarte el sueldo y esconderte de los federales.

— Jake— reí— el baile les da confianza, no me ven como una psicóloga, sino que como una bailarina, aunque creo que debería volver con Rose o Bree, aún le faltan un par de terapias. Ella realmente tiene miedo de que le quiten a Mathias y huyó porque su madre culpó a su amigo Diego de dejarla embarazada y le dijo que tendría que regalar al niño.

— Háblalo con ellas, confío en ti. — Me observó — ¿qué pasó el sábado?

Supongo que ya lo había pospuesto demasiado.

— Me encontré con un viejo conocido y tuve una discreta conversación con él— mientras hablaba, Jake me veía con una ceja alzada y su expresión de "¿con quién crees que hablas?" Resoplé— es el hombre por quién lloraba cuando tú y Leah me encontraron en el aeropuerto de Madrid— le solté la verdad a regañadientes.

— Sí, lo sospeché— se acarició la barbilla— ahora, dos cosas; primera, nunca trates de mentirme niña, te conozco— y esta es la faceta del poli Jake— y segunda, ¿por qué no me lo dijiste para patearle su blanco culo? — Vale, ya se terminó.

No pude evitar el reírme

— Jacob— lo abracé y salí de su despacho directo a mi departamento. Mi humor estaba bien, realmente me encontraba feliz de que ahora sí podíamos hacer algo por Sabrina, por lo que quizá llamaría a Alice para quedar más tarde. Eso iba pensando cuando estacioné el carro. Tan ensimismada en mis planes me hallaba que prescindiendo de amabilidad y modales, comencé a enviarle mensajes.

"Hey enana hermosa, ¿podemos vernos hoy?

Bella."

"¿A qué hora?

Alice"

"Ocho en la Bella Italia, yo invito.

Bella"

— Hola señorita, hay alguien esperándola.

— ¿Quién? — Se me hacía extraño, pues todos lo que me conocían sabían que a esta hora aún no volvía del refugio. Y no quería creer que se trataba de Edward, aunque irremediablemente mi corazón se aceleró y mi pulso se disparó.

— Yo. — Esa voz me heló la sangre y con ello los anteriores síntomas y deseé que en vez de esta persona fuera Edward. ¿Qué estaba haciendo aquí?

Como sabía que no le gustaban los espectáculos, busqué mi voz neutral y le dije que me siguiera.

El trayecto en ascensor fue tenso, pues yo no quería hablar ya que aún me intimidaba, cosa ridícula teniendo en cuenta que cada dos semanas bailo frente a muchas personas. Sin embargo, eso era algo ensayado y él no vino a hablar con Is, sino que con Isabella y todos sabemos que ella es una cobarde.

Al llegar a mi piso, le hice señas para que tomara asiento.

— Déjate de atenciones y siéntate Isabella— su voz me hacía temblar.

— Claro pa…digo, Charlie— obedecí y esperé que hablara

— ¿A qué volviste? — Su pregunta me dejó fría. — Sé que estás en esa nueva obra, Nuevo Amanecer ¿no?

— Sí, Charlie. ¿Qué haces en mi casa si no quieres verme? — Me armé de algo de coraje y hablé en su mismo tono. — No tenías que venir, total, ya me dejaste claro que yo ya no era tu hija— le solté todo sin respirar y sentí una ligera descarga en mi cuerpo.

— Bueno, ya que has vuelto deberías servir para— continuó hablando como si yo no le hubiese dicho nada, hizo una pausa y siguió con aquel tono que emplea para tratar a un desconocido— para algo mejor que ayudar a prostitutas y drogadictas.

— ¿A qué te refieres exactamente? — Le seguí la corriente. Como si fuera a cambiar Amanecer por algo.

— Dimitri. Aún está soltero y tal vez quiera casarse contigo— esto era sencillamente increíble.

— ¡Deberías irte de mi casa ahora mismo! No puedo creer que pienses que haré algo que antes no quise hacer— abrí la puerta y le hice señas de que podía largarse— hasta luego, Charlie. — Cuando salió ni me preocupé de ver si se había ido, simplemente cerré con fuerza.

¡De verdad parece que no tiene mente! No voy a casarme con alguien por conveniencia ¿qué mierdas le pasa? Respiré profundo diez veces de camino a la cocina y justo entonces la puerta sonó.

Maldije por lo bajo antes de verificar de quién se trataba.

— ¡Ya te dije que no voy a…!— Y debí ver— ¿Edward? ¿Qué haces aquí? — Él solo curvó sus labios en esa sonrisa que desintegra mis piernas.

— ¿Puedo pasar? — No sé que vio en mi cara, pues agregó con desespero— Por favor, Bella— y joder, lo dejé entrar. — Gracias.

Le ofrecí sentarse mientras iba a la cocina a preparar café.

Dios, solo espero que no venga con una ridícula frase sobre Tanya porque si es así, voy a patearle las bolas.

— ¿Necesitas ayuda? — Brinqué del susto.

— Jesús Edward— me volteé a seguir con lo mío. Y lo sentí caminar hasta que se paró a mi lado.

— Quiero que hablemos, por favor no te comportes distante— ¡Ah! Grité en mi mente por su cercanía que afectaba todas mis hormonas en primer lugar y en segundo por su tono de voz lastimero que no podía resistir.

Como estaba incapacitada para hablar, él me tomó de los hombros hasta colocarme frente suyo y luego acunó mi rostro entre sus manos.

— Me estás matando— y tú a mí, quise decir— tu trato está acabando conmigo. Escúchame y déjame escucharte— cerré los ojos tratando de contener las lágrimas y pegó su frente a la mía— te necesito— susurró

— Edward— sentí sus labios rozando los míos y no pude seguir hablando, ya que, una descarga que recorrió toda mi espina dorsal me impidió esa función básica. Y pues la calenturienta que había en mi interior anheló besarlo más profundo y mi cuerpo me urgió a entregarme… sin embargo "recuerda a Amún" logró traerme de vuelta y en cuanto logré hacer que mi decisión pasara por sobre mis deseos carnales, traté de apartarme, pero en cuanto me volteé apenas unos milímetros él me agarró de la cadera y lo siguiente que sentí fueron sus labios deliciosos moviéndose con insistencia tierna, tomando primero mi labio inferior y luego el superior. Me encontraba en trance, completamente petrificada

— Vamos hermosa— alentó con voz ronca y sexy— sabes que puedes hacerlo mejor— apretó mi cadera y volvió a besarme con algo más de fuerza y no pude resistirlo más. Le devolví el beso con todo lo que sentía por él durante estos años. Por lo que para cuando su lengua pidió entrar en mi boca yo ya ardía.

Sentí mis pezones tensarse al momento en que nuestras lenguas se tocaron. No se trataba de una lucha, sino que de algo mágico, pues yo cedía y él mandaba, y así. Era simplemente perfecto, como subir sin que nada te detenga y era obvio, también, que a él nuestro beso lo estaba tentando, su deseo era palpable, ya que, podía sentir su duro miembro clavado en mi vientre y sus manos que habían estado quietas ahora subían por mis costados, llegando a casi tocar mis senos, pero sin hacerlo. Al mismo tiempo, las mías ascendían por su espalda hasta encontrar su cabello, el cual jalé con algo de fuerza y oí un delicioso "joder" seguido de un gruñido que me puso más húmeda. Dios, lo quería.

Poco a poco subió mi franela blanca y sus manos acunaron mis pechos por sobre el sostén. Mierda, yo estaba lista para que me lo hiciera justo aquí, en la cocina… hasta que a lo lejos escuché una puerta abrirse y cerrarse en el preciso momento en que Edward deslizó su tacto a mi trasero alzándome para montarme al mostrador.

— Oye Bells te tengo una sorpresa… ¡whoa! — Nos separamos de un brinco y sentí que el calor de su tacto me abandonaba.

Bree y Ángela nos veían como esperando una explicación.

— Chicas— mi voz salió gruesa y aclaré mi garganta — espérenme en la habitación, por favor

— Está bien— dijeron al mismo tiempo y una vez que se fueron, me volteé a Edward.

— Creo que debes irte— por su rostro supe que no estaba esperando eso así que hablé rápido de nuevo— ¿por favor? ¿Sí? — Asintió un par de veces y comenzó a andar hacia la salida y solté el aire suavemente, sin embargo, de la nada se materializó frente a mí y tomó mi rostro entre sus dedos y volvió a besarme con más fuerza si cabe decir. Y luego, muy pronto para lo que yo hubiese querido, ¿qué? Soy honesta, se apartó y rozando mis labios dijo

— Me voy, pero que no te quepa duda que volveré— me besó una última vez y se marchó.

Me quedé ahí como una verdadera tonta parada en la cocina, y pensando que debía y necesitaba volver a protegerme de Edward.

-o-

En mi habitación una de las chicas estaba al teléfono con alguien divertido supuse, pues no dejaba de verme y sonreír.

— Está bien, sí, claro, el lunes estaré a las 2 pm ahí. Bye — y luego de colgar Bree se acercó a mí, que estaba en el closet buscando ropa para la cena con Alice. — No vi a nadie especial allí ¿cierto? — Preguntó la desgraciada usando mis palabras del sábado para preguntar. — ¿Quién es ese guaperrimo hombre?

— Ok, creo que merecen saber que es el hombre que…

— Sí, ya sé— interrumpió Ángela

— Entonces si ya saben no veo el caso de volver a explicarles.

— ¿Tengo que traer a Rose? — Amenazó Bree— ¡casi estabas tirándote al hombre en la cocina Bella! — Cierto, si ellas no hubieran llegado probablemente estaría con Edward dentro de mí de cualquier forma.

— Chicas, soy débil… es él, no pude resistirme, de verdad— de casualidad vi la hora y tan solo me quedaban sesenta minutos para encontrarme con Alice. — ahora tengo una cena con Al, así es que voy a prepararme— cierren al salir— no sabía si iban a hacerme caso, pero con ellas aquí no podía mentalizarme con tranquilidad para poderme mantener impasible durante la comida en el caso de que se mencionara a Edward.

Por lo que empujé todo lo sucedido hoy al fondo de mi cerebro y salí del baño ya vestida. Las chicas se habían ido, pero dejaron una nota en el espejo.

"Ve a tu cena, nos vemos mañana y hablaremos."

Sí, lo haríamos…

Tomé mis llaves y salí cerrando tras de mí.


Ely querida, ya vemos lo de la oportunidad de Ed, es necesario que ella trate de mantenerse cuerda, espero te guste este cap!

Besos, lean y disfruten de mi pasatiempo.

Gracias por leer y agregar mi historia como favorita, se les quiere, besitos…