Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

Capítulo 13

"Fortaleza"

Bella POV

Entré casi a la carrera a mi cuarto de baño para darme una ducha rápida y salir a mi vestidor. Jamás he sido de las que se paran frente al ropero a decidir, normalmente me visto de acuerdo a mi estado ánimo aunque con Edward me vuelvo diferente; rebusqué y rebusqué hasta que di con lo que sería perfecto. Tomé unos leggins negros, un blusón azul rey y mis botas.

Después que estuve completamente vestida me puse perfume y agarré una cartera pequeña donde coloqué el monedero, labial, celular y me encontraba lista aunque algo nerviosa. Parecerá estúpido pero ¿y si a Edward solo le gusto por como soy ahora? ¿Si solo le gusta el personaje?

No, Bella ¡basta! Me gritó mi conciencia. Debería tener más fe, no porque no fui importante para Charlie y mi madre significa que sea así. Medité.

Respiré hondo para calmar esta angustia, tal vez solo deba decirle a Edward que nos quedemos aquí y hablar todo antes que sea tarde, él debe conocer a mi nueva yo…

— Ding... — sonó el timbre y en cuanto abrí, se me olvidaron todas y cada una de mis decisiones y dudas, pues ahí estaba tan fresco y guapo que robó mi aliento vestido con converse y pantalón negro, remera blanca y chaqueta de cuero negra— ¡Edward!

— ¡Hola hermosa! — Dijo tomándome de la cintura y besándome suavemente los labios. Imagino que así deben sentir las personas a las que les dan choques cuando están a punto de morir. Ya que mi cuerpo que había estado tenso se sentía electrificado y descansado como si mis huesos fueran de algodón— amo besarte— susurró para seguir besándome así de suave, pero una de sus manos subió lentamente por mi espalda hasta llegar a mi cola de caballo y soltarla después. La dejó paseando de arriba a abajo por mi columna.

Me hallaba ida en su beso, respondiéndole con la misma entrega; mis manos puestas en sus bíceps subieron hasta su nuca y hundí mis dedos en sus cabellos.

Así estuvimos largo rato hasta que sentí que era empujada suavemente hasta mi apartamento. Nos separamos cuando cerró la puerta y dejó nuestras frentes unidas

— Te amo— sus ojos verdes secundaban sus palabras— créeme— dijo como si leyera mi mente, pues había estado antes que él llegara pensando de nuevo

— Yo también te amo— pero ya no iba a pensar, iba a decidir tal como esta mañana. Iba a entregarle lo que le correspondía hace años: mi amor— créeme.

— Te creo— tomó mi mano y se sentó en el sofá, tirando de mí hasta que me dejó a horcajadas en su regazo.

— Pensé que íbamos a salir— dije uniendo sus manos a las mías

— Sí, ese era el plan— besó mis nudillos— pero necesito en verdad que aclaremos todo

— ¿Aclarar? — Lo observé fijamente— ¿qué cosas?

— Bueno— respiró hondo y se soltó de mi agarre para tomarme de la cintura— ya sabes que no estoy con Tanya— ¡oh! Entonces quería hablar de mí— pero… ¿qué hay de ti y el hombre del bolso del lunes? — Su cara estaba tan dolida como ese día y mi estómago se revolvió.

— Supuse que preguntarías.

— Sí, Bella porque al fin puedo tenerte— afianzo su agarre en mí— y no quiero pensar que hay alguien allí afuera que vendrá y te llevará nuevamente de mi lado

— Oye— le dije suavemente, agarrando su cara entre mis manos y rozando sus labios— nadie va apartarme de tu lado Edward. Te amo aquí— aseguré poniendo un dedo en mi cabeza— y aquí— poniendo otro dedo en mi corazón— te metiste desde que tenía diez años, Ed. Cuando jugábamos, te he visto en tus mejores días y en los malos, hemos reído y llorado y aunque rompiste mi corazón, tú mismo lo estás reparando. ¡Te amo solo a ti! — Lo último lo dije ya con las lágrimas corriendo por mi rostro.

— No llores preciosa, por favor— pidió limpiando mis mejillas con sus labios — Dios, amor fui tan ciego y tan tonto, agradezco que me perdones Bella, mi Bells, te amé, te amo y te amaré siempre, ya no más hermosa, jamás dejaré que nada ni nadie lastime tu corazón. Ahora yo— dijo mirando fijamente mis ojos— voy cuidarte, amarte y mimarte. Siempre has sido tú, solo que yo fui idiota— lo último lo dijo casi rozando mis labios.

— ¡Sí lo fuiste! — Dije sonriendo entre lágrimas.

— ¡Hey! — Beso— tienes razón— después me besó y ya no fue uno tierno, sino que en serio. Sus dos manos agarraron mi cintura y las mías se fueron a su cabello, este roce era pasional, uno donde al menos yo decía olvidemos el pasado.

Sus dedos ya no estaban quietos y su deliciosa lengua se acariciaba con la mía, mis manos bajaron hasta su pecho y las metí entre la chaqueta y acaricié su fuerte y duro pecho.

Una voz me decía: no vayas por allí Bella, pero la otra parte más concisa la parte calenturienta, que ya estaba lista y dispuesta me decía: ¡Has esperado mucho tiempo por esto!

Edward trasladó sus besos a mi cuello y mátenme si no quería solo dejarme llevar y entregarme a él aquí en el mueble o donde fuera ¡Dios sabe que lo deseo!

De repente, me tensé sintiéndome indigna de él pues yo no era virgen ni la Bella tierna que conoció y Edward notó mi tensión, pues subió sus labios a mi oído y con voz ronca y sexy preguntó

— ¿Qué pasa hermosa? — Sus manos dejaron mi cintura y comenzaron hacer círculos en mis muslos— ¿qué pasó?

— Es que…— ¿cómo decirle?

— ¿No me deseas? — Preguntó con voz bajita— sé que tal vez…

— No amor, sí que te deseo ¡créeme! Es solo que ya no soy esa Bella de antes— no me dejó terminar

— Amor, eso no importa— dijo serio y yo hice una mueca— escúchame bien, no importa que no sea el primero, hermosa— su sonrisa se dibujó en su rostro— pero sé que aunque me maten seré el último.

— ¿De verdad? — Él se reía tiernamente mientras que para mí era serio, digo desde que perdí la virginidad pensé en el sexo como un simple acto de necesidades y no era nada remilgada y tímida en cuanto a pedir lo que quería, pero con él me sentía inexperta.

— Bella cielo, yo tampoco he sido un monje— dijo volviendo a llevar sus labios a mi cuello y sus manos grandes apretaron mis muslos. Eso fue como un corrientazo que fue a parar en mi centro y lo humedeció enseguida, lo que me hizo soltar un jadeo y sonrió en mi oído— te deseo a ti justo ahora, Bella. No importa quiénes estuvieron antes, desde ahora solo seremos tú y yo— la última parte la dijo antes de besar mis labios de nuevo en un encuentro salvaje y hambriento y la duda se fue, pues ahora solo quería borrar de sus labios, de su piel cualquiera que haya estado antes. Jadeé cuando sus manos tomaron mis pechos por encima de la ropa y jalé fuerte su cabello provocándole un jadeo.

— Te deseo como el aire Bella— dijo subiendo mi blusa y en sus ojos ya casi no quedaba verde. Estaba decidida a entregarme, pero el teléfono sonó y pegué un brinco tremendo que por poco caigo y Edward solo se reía. Lo alcancé y contesté

— ¡Alo! — Él no se detuvo y sus manos quitaron mi brasier

— ¡Bella! — Gritó Rose— oye voy subiendo ¿estás allí? Es importante.

— S…i...sssí— dije y mordí mi labio pues el desgraciado tenía todo mi pezón en su boca y lo succionaba duro.

— Oye ¿estás bien? — Rose se preocupó.

— Sí ¡ha! — Me levanté lejos de Edward quien me veía con hambre.

— Bella, estoy en el ascensor— y colgó. Comencé a buscar mi brasier.

— ¿Pasó algo?

— Rose, viene subiendo— él se reía y se veía tranquilo— deja de reír— lo acusé mientras terminaba de ponerme mi blusa y sonó el timbre.

Su carcajada se hizo más grande.

— ¡Idiota! — Respiré hondo— ¡Hola Rose!

— ¿En qué estabas? — Vio tras de mí— oh ¡lo siento! — También sonrió, pero no dijo nada más. Por ahora.

— Hola Rosalie.

— Hola Edward— luego se puso seria— Bella llegó un paquete para ti en el refugio.

— ¿Qué era? ¿Por qué no esperaste hasta mañana? — En mi mente completé, estaba a punto de entregarme a Edward.

— Porque Leah lo recibió, ya que no tenía remitente y temió que fuera de algún cliente, ya sabes— asentí, pues sabía que si era de un cliente Leah lo devolvería— pero no tenía remitente Bella era... — su cara estaba seria y daba asco

— Dios Rosalie ¡habla de una vez! — Edward se acercó y me abrazó por la espalda.

— Eran gusanos Bella

— ¿Qué? — Quedé en shock y Edward preguntó por mí.

— ¿Gusanos?

— Sí, pero lo más alarmante fue la nota. Decía: morirás y ellos te comerán.

— Pero… Rose— logré decir— ¿quién…? ¿Por qué no me llamó Leah? —Edward me rodeó con sus brazos.

— Iban a esperar hasta mañana, pero yo venía a quedarme contigo— me retiró suavemente de los brazos de Edward y me abrazó — tuve miedo, eres mi hermana Bella.

— ¿No sabes quién podría mandarte algo así? — Preguntó Edward

— No, yo…— Bree, dijo mi mente, pero yo negué— ¿por qué?

— Bueno, venía a eso— dijo Rose— pero supongo que te quedarás con ella, ¿verdad?

— Sí— yo no podía hablar. En mi mente no había nada, no sentí cuando Rose se fue. Y solo reaccioné cuando sentí a Edward quitar mis zapatos

— ¿Qué haces? — Sonrió un poco y besó mi frente

— Cuidarte— dijo encogiéndose de hombros— ¿quieres que me salga mientras te cambias? — Preguntó, pero por su cara sabía que no quería salir.

— ¡No! No, está bien— me levanté hasta el clóset y quité mi blusa— ¿puedes quedarte? — Le pregunté

— ¡Uhm! — Asintió con sus ojos volviéndose negros— ¿te importa si duermo aquí en bóxers? — Podrías quitarte todo, dijo mi yo caliente y como no me confiaba de mi voz solo asentí y me encogí de hombros siguiendo en lo mío.

Me puse una franelilla de tirantes azul rey y después quité mis pantalones...

Estaba buscando el short cuando lo sentí; sus manos en mis caderas y su aliento a la misma altura.

— Esto es caliente— dijo y con su lengua delineó las letras de mi tatuaje— y hermoso— se levantó y su boca iba dejando besos a lo largo de mi columna, mientras yo me sostenía con fuerza a la puerta del clóset para no caer— ¿qué significa? — Me dio la vuelta

— Significa "amor no te olvido, siempre"— mi voz era áspera y baja, mi respiración trabajosa— ¿te gusta?

— Sí— se alejó y se sentó al borde de la cama con su vista perdida, me puse el short y me paré frente a él preguntándole con la mirada qué le pasaba— ¿lo hiciste para alguien?

Era eso. Celos, Dios Edward qué tonto. Dijo mi mente.

— Sí, lo hice cuando creí que jamás corresponderías mi amor— me senté a su lado.

Su sonrisa iluminó su rostro.

— ¡Gracias! — Dijo antes de besarme— ahora sí ¡a dormir! — Nos metimos bajo las mantas y me acosté en su hombro y una de sus manos acariciaba mi espalda y la otra la tenía yo entre las mías— un día— dijo con voz soñadora— voy adorar tu cuerpo con mis labios y con mi lengua, voy a disfrutar de ese tatuaje— juró como si estuviera hablando del tiempo mientras yo era casi un fogón ardiendo. Tragué y suspiré, luego le contesté.

— Cuando quieras— hasta me encogí de hombros. Sentí, mas no vi su risa y su suspiro. Besó mi cabello.

— Duérmete amor. Mañana hablamos— y así entre sus brazos me entregué a Morfeo sin temor, a pesar del extraño paquete. Con él a mi lado me sentía fuerte.


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