Tabla: Colores
Porque cada personaje es un color, y cada color tiene un significado. BL.
Libertad, fidelidad y Progreso
Color: Azul.
La vida no siempre era fácil, eso lo sabe perfectamente Nathaniel. No culpa a su madre ni a su hermana de las palizas que suele darle su padre, mucho menos lo hará con la de ayer.
Se siente sofocado entre el montón de papeleos, poco a poco la tranquilidad que le brindaba se esfuma, con el pasar del tiempo, los nervios y la angustia del tic-tac del reloj marcan su sentencia.
Es hora de volver a casa.
Cuando Nathaniel sale de la sala de delegados, asegurándose de dejarla pulcra y ordenada, cierra con llave la puerta. No esperaba encontrarse con ese pelirrojo que últimamente le daba más dolores de cabeza de las usuales.
Mucho menos ver una mirada de reproche en sus orbes como el plomo, así de grises y profundos.
Habían pasado días desde que le estaba evitando, inclusive podía decir que rezo una que otra vez, todos los días he de decir, para no toparse con el chico que, en esos mismos instantes, se encontraba frente a él.
—¿Qué quieres? — uso toda la energía que le quedaba, que no era mucha, para que sus palabras no le salieran a trompicones.
—¿Se puede saber dónde carajos te metes? Ahora si le creo a la tabla de planchar eso de que eres un maldito ninja.— el rubio frunce el ceñó, esta seguro que Lynn nunca le ha tachado de maldito y, espera que, tampoco de ninja.
—Si vienes a decirme eso, mejor ahorrate tus palabras.
—Mierda, solo quería decirte que lo que paso del jodido beso era solo un maldito reto.
Y claro que la cagó. Castiel Palabras Sutiles es algo que nunca va a existir.
—Claro.
Y así mis queridos amigos, es como Nathaniel le estampo un fuerte golpe en la mejilla del pelirrojo.
—Y esto es para que aprendas a buscarte otra víctima.
Y el rubio salió a prisa.
—Joder…
No sabía porque andaba corriendo tras el rubio, bien podía dejarlo por la paz. ¿Quizá quería cobrarle el golpe?
Le vio la espalda y acelero el paso.
—¿Se puede saber que cojones te sucede?
Y le devolvió el golpe.
Así es como volvieron a la rutina diaria, unos cuantos puñetazos en la cara del otro hasta más no poder. Y está vez no estaba una Lynn Darcy para separarles.
—Serás maldito… — usando toda la fuerza que le quedaba, Castiel le empujo hacia los casilleros.
—Tsk… serás una nenita.
—¿Cómo dices, delegaducho?
No, Castiel, no lo estás haciendo nada bien.
—Lo que has oído. — volteo los ojos evitando hacer el más mínimo contacto.
—Mierda, mírame.
Hizo lo que no pensó volver a hacer, y también juró.
Lo juró por todos los dioses que conocía, pero que no eran muchos. Lo juró porque era un maldito orgulloso, pero se trago sus palabras.
¡En tu cara!
Y le beso. Así de arrebatador, impulsivo… Así de él.
Y Nathaniel se sintió libre, libre de las ataduras de su padre, de los papeleos diarios, los gritos de la directora, del chismorreo del instituto.
Y podía jurar que se sintió en el paraíso, ¡El paraíso!... Aunque era algo que se iba a callar a la tumba. Y entonces, entre saliva, besos y calor, Nathaniel descubrió que era libre entre el arrebato extremo, fiel a sí mismo y seguir adelante como siempre.
Con ese estúpido de Castiel pisándole los talones.
N/A: perdonen la tardanza, sinceramente me bloquee... así que aquí esta. Intentaré no tardar con las próximas. Saludos y dejen comentarios.
Atte. Ukime
