¡Hola!
Sinceramente, este cap. junto con el siguiente eran uno solo...pero, creo que están mejor así.
Los Jóvenes Titanes no me pertenecen.
4
¿Casualidad?
Vivimos de esperanzas, de asperezas, de descuidos y corremos el riesgo de ser atrapados. A veces nos damos cuenta de cuando necesitamos y amamos las cosas, cuando las dejamos ir.
— ¿Kory? … — chasquea sus dedos frente a mí para traerme de mi ensoñación.
— Sí, sí… — le sonrío a modo de disculpa y por un segundo, por primera vez, durante todas estas semanas atisbo una imperceptible sonrisa que desaparece tan rápido como llegó.
— ¿Te encuentras bien?
Jugué con mis dedos, no me gustaba mentir pero no me quedaba otra—No he dormido bien…— evité su mirada e intenté parecer casual—te ofrezco disculpas, ¿qué decías?
— Ah, sí, el violín se coloca de este modo— hizo una demostración de forma rápida. — ¿Conoces los acordes?
— Algunos.
— Ya veo, debes colocar la mano derecha aquí y — por un momento dejé de prestar atención a lo que decía, su voz me hacía cosquillas en el oído. Pero no fue nada en comparación a la corriente eléctrica que sentí en mi mano, cuando la rozó. — Esta es la cuerda de Sol, es la más gruesa por lo tanto…
Intenté ocultar mi sonrisa durante los treinta minutos restantes del receso.
Tenía una manera singular de fruncir el ceño mientras tocaba. Era imponente, casi perfecto, la nariz respingada, la suavidad de sus pómulos, las líneas rectas que se juntaban creando una mandíbula, las hileras entretejidas formando un sedoso cabello, brillante que tenía un toque irreal debido al gel; y la mueca desproporcional que a vista de cualquiera era una simple sonrisa, única al tocar, de una manera despreocupada que escondía el brillo de sus ojos tras la máscara. Era todo un acontecimiento verlo sonreír de esa manera, dejándose llevar, mostrando su felicidad con cada nota, la sinceridad era reflejada cada que sus ásperas manos arrancaban gentilmente una nota de aquel instrumento.
Los días pasaban rápido y a decir verdad, él no era tan mal maestro. Incluso me atrevería a decir que era algo más que un maestro. Quizás me atrevería a decir que podía llamarlo amigo.
— ¿Y tú máscara?— pregunté un día, su máscara había sido reemplazada por unos lentes oscuros.
— La perdí. — mentía.
— No te creo.
— No tienes porque hacerlo. — ¿Por qué no puede confiar en mí? Y por más que quise no pude ocultar mi desilusión — De acuerdo…— suspiró con cansancio.
— Descuida no debes darme explicaciones, está bien. — me agradeció con la mirada, no voy a presionarlo, detesto ver a las personas incomodas. Algún día, quizás me confié un secreto sin que se lo pida. Algún día. Sonreí ante la idea, no lo notó, pero como siempre, estaba ahí, la esperanza ridícula que no tenía lugar.
En los últimos días, un par de meses antes de culminar el año, me he descubierto haciendo cosas impensables, sonriendo más de lo común y contando pestañas en lugar de aprender acordes e incluso llegando a manipular a mi cerebro para que preste atención.
Con el pasar de los meses, me había encariñado con él. Y la incomodidad que sentía cuando se sentaba frente a mí, había desaparecido para dar lugar a un inusual vértigo en el estómago cuando él aparecía.
Era interesante como un partido de vóley se había vuelto algo interesante, había disfrutado tanto los niveles de dopamina en mi cerebro y más aún cuando él sonreía, incluso llegué a levantar los brazos para celebrar el triunfo de su equipo.
Había descubierto que a pesar de mantener un rictus de seriedad impasible, era muy divertido y agradable y aunque a veces su voz gruesa hacia que las palabras sonaran más duras, era divertido escucharlo susurrar, tarareando una canción o gritando de emoción.
Un día cuando caminábamos por el campus descubrí que me enamoré aún más de mi canción favorita, y que teníamos algo más en común.
— ¿Has escuchado esa canción?
— ¡Sí!
— ¿En serio? ¡Es una de mis favoritas!
— ¿Cuál es tu parte favorita?
— Hmm, difícil de decir, supongo que toda la canción. — dijo conteniendo la risa— ¿y la tuya?
— Hmmm I´m gonna hide, hide, hide my wings tonight….
— ¡Esa parte es increíble! ... Supongo que mi parte favorita es…
Incluso a Ryan le caía bien, cuando venía a mi casa los fines de semana solían hacerme reír sin parar con sus chistes pasados de moda y sin sentido, Ryan lo consideraba como un hermano mayor o al menos eso dijo una vez. A veces llegaban a ser una molestia cuando tocaban en el garaje y como no podía vencerlos, tal como decía la frase me unía a ellos.
Durante la graduación, me sentí muy afortunada; era un día triste pero a la vez esperanzador. Era una mezcla infinita de emociones, que no sabría cómo explicar y aunque pudiese no quería hacerlo.
¡Al fin! Cada uno de nosotros haría su camino, cualquiera que haya escogido. En la mayoría de los casos mas no en el mío. Pero no había tiempo para pensar en eso, era un día demasiado importante y no iba a desperdiciarlo en pensamientos ridículos.
Todos sonreíamos conformes y un poco asustados por lo que nos deparaba el futuro. No podía pedir nada más, se encontraban las personas que más quería en este mundo y con eso me bastaba. Lo demás vendría después.
¡Kory! ¡Ven, o no saldrás en la fotografía! gritó Víctor, con el tiempo nos habíamos hecho buenos amigos.
Corrí emocionada y en el camino tropecé con Dick.
— ¡Hey! ¿Por qué tanta prisa?
Le sonreí, él iba en la dirección contraria. Lo jalé de la mano y lo arrastré conmigo.
El día no podía ser más perfecto. Realmente extrañaría a todos. Y aunque en el último año me había comportado un poco extraña, al principio, con el pasar de los días todo lo demás fue llevadero. Todo fue mejor luego de que conocí a Dick. Por cosas de la vida, había encontrado un amigo.
Sin más, sonreí como nunca antes cuando el flash salió disparado. Porque graduarse no es el final…sino un nuevo comienzo.
Durante las vacaciones, veía a Dick muy seguido—lo cual era maravilloso— y cuando no estábamos pescando o jugando con Ryan, nos tomábamos fotos o comíamos helado.
Pero lo que más disfrutaba era nuestra música.
Siempre me preguntaba si era tan solo una melodía o realmente era algo más que eso. Sus ojos se habían vuelto mi mayor tesoro eso sin contar cuando me sonreía sinceramente, muchas veces me impactaban las miradas que le dedicaba a sus diferentes actividades, cuando la nieve caía y parecía perdido en sus lagunas mentales o cuando jugaba al ajedrez. Pero mi favorita era la que me dedicaba cuando acariciaba mi cabello y empezaba a tararear una canción cuyo nombre desconocía.
