Acabo de modificar el contenido de los capítulos, para agregar estos capítulos que van a aparecer entre medio de cada texto publicado. Espero que al menos parezcan entretenidos :D

Disclaimer: Bleach y sus personajes no me pertencen, ni siquiera ese Eiji, ya que le puse el nombre por un personaje de Bakuman que me encanta xd


Reivindicación

Repercusión I

–¿Y qué le parece el número de hoy, Kuchiki-taicho?

El capitán de la Sexta División se tomó su tiempo para contestar, lo que incomodó a su teniente y le hizo pensar que tal vez su pregunta no había sido apropiada y menos después de que los dos ya habían leído la sección especial que se inauguraba en aquel número. Renji había quedado impactado por las agallas de Hisagi para publicar tal cosa y también las de Hinamori, por ser capaz de escribir eso; el pelirrojo creía que posiblemente ella se ganaría el odio del Seireitei –esperaba que no– pero hablar del traidor más grande de la Sociedad de Almas sin duda traería repercusiones. En los pasillos del escuadrón ya había escuchado a miembros de bajo rango hablando pestes de lo publicado en la revista, más él prefería no decir nada y así no perjudicar a su amiga.

–Es… totalmente fuera de lugar –respondió Kuchiki Byakuya, sin siquiera mirar a su teniente.

–Lo dice por lo publicado por Hinamori-fukutaicho, ¿verdad?

–Claramente –respondió con el ceño arrugado–. Si no tienes nada más que hacer, Renji, puedes retirarte.

–Si, taicho.

Abarai se excusó con una mínima reverencia y se retiró de la oficina de su superior. Su capitán, más allá de su indiferencia hacia todo, se había mostrado un poco molesto con lo publicado. Renji se preguntaba que opinarían los demás capitanes con esto y cómo se lo tomarían, también esperaba que no les trajera demasiados problemas a Hisagi y Hinamori.

...

Hitsugaya Toushirou suspiró con resignación una vez terminada su lectura. No sabía si preocuparse, enojarse o incluso entristecerse con lo que acababa de leer. ¿Cómo pudo Hinamori haber escrito eso? Se preguntaba y no encontraba una respuesta sensata, ella simplemente era demasiado buena. Aizen la había engañado cruelmente, la usó por años y casi la mata haciendo que él mismo le clavara su zanpakuto en medio de su pecho y aún así, ella continuaba hablando bien de él y recordando lo bueno que había sido con ella cuando eso sólo había sido parte de su plan. Se alegraba un poco por eso: Hinamori ya había salido de su autismo, sabía que todo había sido una mentira… pero el hecho que ella siguiera prefiriendo creer una mentira lo enfurecía tanto que estaba tentado de ir hasta la celda donde estaba Aizen y matarlo lenta y dolorosamente, torturarlo sin ningún tipo de compasión, hacerlo rogar por su maldita vida, mientras él sonreía viendo a Hyorinmaru machada de sangre.

El capitán Hitsugaya no solía pensar de esa forma, era un chico calmado, pero el mal que Aizen le había hecho a Hinamori no tenía perdón.

"… por esos buenos años que quizás eran una mentira, pero en ese entonces se sentían muy verdaderos." Esa había sido la última línea escrita en el segmento de la revista. Toushirou la releyó y cerró inmediatamente la revista. "Momo, ¿qué te hizo este hombre? ¿Por qué lo sigues perdonando?" se dijo entre dientes, cerrando sus párpados con fuerza. No entendía la mente de Momo, no entendía cómo podía sacar tantas cosas buenas de Aizen y no quería pensar que aún guardaba algún tipo de sentimiento hacia él.

Cuando su teniente apareció de improvisto en su oficina, fue una de las pocas veces en las cuales realmente se alegró que pasara. Como siempre, ella volvía de dar un paseo y perder el tiempo por ahí y mientras que él ligaba con todo el papeleo del día mas el atrasado de la semana pasada.

–¡Taaaaaaaaicho, bueeenos diiiias! –saludó con voz cantarina Matsumoto apoyando sus enormes senos sobre el escritorio de su capitán.

–Matsumoto…

–¿Cómo estás taicho? Te ves cansado.

–¡Si no me dejaras todo tu trabajo a mí no estaría tan cansado! – se quejó este, como siempre.

–¡Oh, ya leyó la revista de esta semana! –exclamó ella con falsa sorpresa para cambiar de tema, haciendo que al albino se le hinchara una vena de la frente – ¿Qué tal le pareció? Shuuhei me dijo que iba a traer un artículo especial.

–Vaya que es especial –suspiró el capitán –, léelo por ti misma.

Rangiku tomó la revista y buscó en el índice la mención de algo en particular hasta que encontró la página y la leyó. Una vez que concluyó, su semblante había cambiado totalmente. Con total seriedad dejó la revista a un lado y miró desafiante a su capitán que seguía firmando informes fingiendo desinterés. Finalmente se animó a decir: –¿Piensa decirle algo a Momo?

Hitsugaya alzó una ceja y la miró de reojo, con expresión seria y aburrida: –No tengo nada que decirle, ella puede escribir lo que se le da la gana.

–Solo espero que no le traiga problemas, si Yamamoto-soutaicho lo lee…

–Yo intervendré para que no la sancionen –respondió Toushirou enseguida.

La rubia le sonrió complacida y se retiró del lugar enseguida. Sabía que su capitán necesitaba un tiempo a solas para pensar, él podía simular ser frío como el hielo, pero a ella no lo engañaba, por dentro sentía como cualquier persona, o más, si es que se trataba de Hinamori. Volvió a sonreír pícaramente, había llegado a conocer muy bien a su capitán ¿cuántos años hacía que estaba bajo el mando de ese crío? Ya ni lo recordaba, pero habían sido buenos años, bastante divertidos y sabía que Hitsugaya pensaba lo mismo. Podía simular estar enfadado con ella, podía gritarle y decirle que era una vaga, pero aún así no la cambiaría. Incluso se habían conocido bajo una situación hostil, se habían tratado mal desde el primer momento, y aun así Toushirou la re eligió como teniente de la Décima División. Tenían una relación capitán-teniente que no se comparaba con la de ningún otro escuadrón. Algunos capitanes guiaban a sus tenientes, les decían palabras sabias, los cuidaban como hijos o se comportaban como unos desconsiderados, pero la de ellos era distinta: nunca se decían nada serio, las palabras sobraban para comprenderse. Se juraron eterna lealtad y confianza implícitamente y casi sin saberlo, y se apoyaban de maneras extrañas: ella ahora lo dejaba solo, porque comprendía cómo se debía estar sintiendo, decirle algo sería para mal, igual que en los entrenamientos que hacía dentro de esa cueva todos los días desde que Aizen había sido derrotado. Ella sabía la causa de exigirse tanto a sí mismo y él le agradecía que ella nunca le haya hablado al respecto. Claro que nunca se lo dijo abiertamente, solo con una mirada más compasiva y una tímida sonrisa se lo dio a entender. Y eso era lo extraño, porque en los demás escuadrones, el capitán es el que guía al teniente y no es quién necesita apoyo a compasión, pero entre ellos, ese rol se compartía, tal vez porque

ella era una mujer y él un adulto encerrado en el cuerpo de un niño que aún así necesitaba quien lo cuide.

Al seguir caminando por los pasillos, casi se choca con uno de los nuevos, "eso me pasa por andar soñando despierta" se dijo. El shinigami apenas tenía un par de días en el escuadrón, lo conocía porque ella había sido la encargada de mostrarle las instalaciones. También era un niño, de la estatura de su taicho pero de un cabello negro azabache, al igual que sus enormes ojos. Al darse cuenta con quién y contra qué se había chocado, el nuevo se puso colorado como si estuviese a punto de estallar y con un insufrible tartamudeo pidió disculpas. Matsumoto no dio importancia al hecho al ver que el chico sostenía un ejemplar de la Revista Semanal del Seireitei.

–Dime…

–S-soy Niizuma Ei-Eiji, fuk-fukutaicho.

–Bien, Eiji-kun, ¿me podrías decir –preguntó con vos provocativa– qué te pareció lo que publicaron hoy en la revista?

El chico luchaba por dejar de ver los prominentes pechos de su teniente y para que no comenzara a sangrar por la nariz en cualquier momento. Se paró como pudo e intentó enfocarse en su cara. Sus labios… bueno, era imposible no derretirse, los movía de una manera muy provocativa, así que cerró los ojos, y casi con miedo respondió:

–Todos hablan… de lo que escribió Hinamori-fukutaicho. Yo siento lástima por ella.

–Si, yo también. Pero por favor, no hables mal de ella y no dejes que nadie en el Décimo Escuadrón lo haga, ¿sí?

Eiji asintió, aún incomodado por la presencia de su superior y pidió permiso para retirarse. Ella sonrió melancólicamente y siguió camino mientras miraba el pequeño patio que había en el terreno del escuadrón. Pensó que le vendrían bien unos arreglos florales, parecía tan desanimado sin casi ningún elemento decorativo. Extrañamente, se comparó con el patio a medida que lo recorría. Estaba vacío, como ella.

Se sentía vacía desde que Gin se había ido, esta vez, para siempre.

Rangiku era una de las pocas personas que realmente sabía las intenciones que había tenido el ex capitán Ichimaru para 'traicionar' a Soul Society. Se había estado preguntando si era posible hacerlas públicas desde hacía tiempo, y lo que leyó hoy le dio esperanza. Si ella lograba escribir un texto donde contara lo que había sucedido, posiblemente Shuuhei se lo publicaría. Sonrió, al igual que a Momo, poner su firma le traería problemas, pero lo haría por Gin, así que no importaba.

...

–¡Momo-chaaaaan! ¿Dónde estás Momo-chaaaan? –gritó el capitán del Quinto Escuadrón, en un intento de que su voz se escuchar por sobre el volumen de la música.

Al parecer, su teniente había escuchado el tremendo grito que probablemente resonó en todo el escuadrón –al igual que resonaba el jazz de Glenn Miller– y acudió enseguida. Se paró, nerviosa, con las manos fuertemente enlazadas entre sí y la cabeza baja, como esperando una reprimenda. Se sentía mal, porque ya sabía por qué su nuevo capitán la estaba llamando.

Hirako Shinji, aunque parecía un irresponsable, frívolo y despreocupado, en realidad era un capitán bastante trabajador, más de lo que Momo hubiese especulado. Desde el primer día, ya sus subordinados de la división empezaron a adorarlo y él parecía muy contento con volver a trabajar en esos pasillos, lo ponían nostálgico, lo hacían recordar los buenos tiempos de hace 110 años atrás, así era como le había dicho a Hinamori Momo. Hirako-taicho se levantaba temprano, se acomodaba su corbata y su haori de capitán, se peinaba y salía a recorrer el terreno del escuadrón y luego todo el Seireitei en general, sin rumbo fijo aparentemente, hasta las 11 de la mañana, que volvía para controlar cómo iban las actividades del escuadrón y para hacer un trabajo o llenar papeles. No era tan meticuloso como Aizen, pero sabía llevar muy bien las cosas dentro de la división. Terminado eso, volvía a salir a encontrarse con sus dos amigos, los capitanes Muguruma y Ootoribashi y más tarde regresaba, cada tanto hacía unas llamadas al mundo humano y acto seguido prendía su reproductor de música del mundo de los humanos, a veces usaba el moderno en el que insertaba discos finitos y de lindos colores o a veces usaba otro más viejo en donde ponía otros discos más grandes y de color negro. Pero siempre, siempre, la música estaba a un volumen que les rompía los oídos a todos.

–¿Me necesitaba, Hirako-taicho? –preguntó en un hilo de voz, temiendo una reprimenda.

Ella lo había visto paseando hoy en la mañana, Shinji había visitado al capitán Muguruma Kensei y para cuando lo cruzó, él salía de las instalaciones del Noveno Escuadrón. No parecía algo relevante, excepto que vio que llevaba bajo el brazo la revista que acababa de salir de la imprenta ese mismo día. De repente se puso dura como una estatua y sudó en frío. Seguro ya la había leído. No tuvo plan mejor que esconderse de su capitán para que no la viera. Ella sabía que corría ese riesgo al escribir sobre Aizen, mucha gente iba a disgustarse. Y seguro que Hirako-taicho estaría molesto, al igual que los otros dos capitanes reintegrados y bueno, todo el Seireitei en general. Finalmente comprendió la envergadura de lo que había hecho, posiblemente ya se había ganado el odio de todo el Gotei 13, y el de su capitán también. Él había sido muy afectado por los planes de Aizen, ella ya conocía la historia (muy por arriba) de cuando eran capitán y teniente y de cómo se decidió su exilio y del poder de hollowficación que poseía, y también lo que pasó en la falsa Karakura. Hirako estaba en todo el derecho de aborrecerlo, pero ella temía más por sí misma. No sabía que podía llegar a decirle el capitán que siempre se había comportado tan amablemente con ella pero que a veces era tan impredeciblemente serio.

Apenas la vio, Hirako bajó el volumen de su stereo y le mostró su mejor sonrisa de piano: –Lo siento, no pude escucharte Momo-chan. ¿Qué decías?

–Si necesitaba que hiciera algo por usted.

–¡Ya Momo! Te pedí que no me trataras tan formalmente, me haces sentir viejo… –se quejó suspirando. Ella pidió disculpas y luego sólo se escucho un poco de jazz de fondo a un volumen, afortunadamente, bajo.

–¿Sabes una cosa, Momo-chan? –comenzó a decir Shinji – Creo que tienes razón. Yo siempre supe que había algo raro con Sousuke. Pero…. Bah… ¡No te puedo mentir! Era un teniente bastante trabajador, hacía todo el papeleo sin chistar. Supongo que como capitán no te habrá dado mucho trabajo para hacer…

Ella levantó la cabeza y lanzó una mirada lastimosa a su superior. Hirako la miró de reojo, aún seguía tensa. "Niña torpe… ¿Qué se piensa, que la vamos a matar por lo que hizo?"

–Si es lo que esperas escuchar: no, no estoy enojado. La verdad, me da igual…

–¿De… verdad, Hirako-taicho?

–Sí, y al parecer varios capitanes se lo tomaron a la ligera, así que despreocúpate o deja de escribir esas cosas, porque ahí si me molestaré –puntualizó, en un tono frío y duro, sin dejar en duda de que hablaba en serio.

–Gracias, muchas gracias Hirako-taicho.

Ella hizo un gesto de agradecimiento y sonrío complacida de que no había pasado nada malo. No quería terminar arrepintiéndose de lo que escribió sobre Aizen (porque realmente lo sentía y necesitaba liberarlo) pero tampoco quería que todo el mundo la odiara y menos su capitán, con quién estaba obligada a convivir todos los días en su trabajo. Hirako se dio la vuelta y enfiló para su escritorio, volvió a subirle el volumen a su música y Momo entendió eso como una señal que la charla había terminado, así que también se dirigió fuera del cuarto de su capitán.

–¡Ah, Momo-chan, espera! –le gritó su capitán antes que se fuese, volviendo a bajar el volumen del stereo – ¿Ya hablaste con Hitsugaya-taicho?

Hitsugaya-taicho, ¡Shiro-chan! ¡Qué tonta, aún no lo había hecho! Le agradeció a su capitán por recordarle, al fin y al cabo, él parecía preocuparse por ella cada tanto. Y salió corriendo para la Décima División, mientras pensaba en que le diría Toushirou, en caso de que estuviese disgustado con ella.