Antes que nada quiero agradecerle a "Dancing Señorita" que publicó un review en la vieja versión del FanFic. Ahora debo empezar de 0 mi record de reviews. Sí, perdí mi record de reviews. Pero sobreviviré.
Ninguno de los personajes de Phineas y Ferb me pertenece y este es sólo un FanFiction.
En el último capítulo:
"-¿Quién quiere pedir un deseo primero?-preguntó Phineas- ¿Creen que entienda los deseos que piden los ornitorrincos? Iré a traer a Perry. Oigan, ¿y Perry?"
Capítulo II:
El semi-acuático animal subido a las ramas del árbol del patio bajo el cual solían descansar Phineas y Ferb, saltó un par de veces utilizando una rama como trampolín para darse el impulso necesario para dar un salto aún mayor. Una vez en el aire su deslizador con forma de ornitorrinco lo atrapó y en la pequeña pantalla incorporada la imagen de Mayor Monograma se pudo distinguir con claridad.
- Buen día, agente P. -dijo la voz del Mayor- Doofenshmirtz planea algo, no estamos seguros de qué sea.
-¡Pero sabemos lo de la hija! -interrumpió Carl.
-Carl, iba a decírselo, no interrumpas. -respondió el hombre
-Lo siento, señor.-dijo el interno.
-Como sea. Recapitulando, no sabemos exactamente lo que Doofenshmirtz planea, pero sabemos que puede estar relacionado con su hija. Faltan todos los CDs de bandas de rock para adolescentes. Tu misión es averiguar qué planea y detenerlo.
Perry se limitó a mover su pequeña patita de ornitorrinco dándole a Mayor Monograma la pauta de que había entendido. El deslizador se alejó directo al edificio de "Doofenshmirtz malvados y asociados".
Mientras tanto en el jardín de Danville los chicos aún no sabían quién sería el primero en probar la famosa máquina que volvía los deseos realidad.
-Como tú nos diste la idea, creo que deberías ser la primera en usarlo. –dijo Phineas refiriéndose a Isabella.
-¿Tú crees? –preguntó halagada.
-¡Claro! No tengas miedo. –contestó el pelirrojo con una gran sonrisa en su rostro triangular.
-De acuerdo. ¿Cómo funciona? –aceptó la jovencita.
-Es muy sencillo,-explicó el chico- sólo acércate a este micrófono y pide tu deseo. Intenta algo sencillo para empezar.
-Claro.
Se acercó al micrófono y un poco dubitativa pensó su deseo. Sabía cuál era el deseo más profundo, un deseo que había tenido desde hacía mucho, pero no podía pedirlo allí, frente a todos. ¿Qué pasaba si la máquina no funcionaba? La haría quedar como una tonta, lo mejor sería pedir algo que también había deseado, pero que no la involucraba sentimentalmente con ninguno de los chicos presentes.
-Deseo un unicornio.- dijo con voz clara.
La máquina hizo un par de soniditos y al cabo de unos instantes despidió un haz de luz de uno de los tubos que tenía incorporados. Frente a los ojos de los chicos un unicornio se materializó. Era un hermoso caballo blanco con un cuerno en su cabeza del mismo color. Parecía sacado de un cuento de hadas.
-Es hermoso.-dijo la chica emocionada.
-Sí que lo es. ¿Cómo hicieron que funcione? –preguntó Baljeet.
-Es simple…-empezó a explicar el joven Flynn.
-¡Podríamos vender deseos! –dijo Buford.
-No, Buford. Los chicos hacen las cosas por diversión, no por dinero.-respondió Isabella casi ofendida.
-Niñita… -comenzó el bravucón amenazante.
-Bueno, ¿quién sigue? –dijo Phineas incoente.
-¿Qué tal Candace?-recapacitó la chica de cabello negro- Podría pedir un bonito corte o un hermoso vestido para su cita con Jeremy.
-No lo sé, Isabella. Parecía estresada. –dijo el hermano de la muchacha estresada.
-Quizás si se ve bonita, no se sienta tan estresada… ¿No crees? –contestó con completa seguridad a su instinto femenino.
-Puede ser. Iré a traerla. –dijo Phineas unos segundos antes de entrar a la casa.
Isabella se acercó al bellísimo unicornio y lo acarició.
-Debieron construir esta máquina desde el primer día, Ferb.-dijo la chica.
-Luego de Candace yo quiero pedir mi deseo. –pidió Baljeet antes de sentir la respiración de Buford detrás de su nuca–Claro, a menos que tú quieras ir, Buford.
-Gracias, Baljeet. Voy a pedir una gran pecera con un palacio para Biff.-dijo el bravucón ilusionado.
-Ferb, ¿cumple esta máquina todos los deseos que le pidamos? –preguntó la jovencita.
Ferb asintió.
-¿Incluso si ese deseo pudiese cambiar a otra persona?-insistió Isabella.
Ferb volvió a asentir.
-Oh, ya veo.-dijo la chica mientras una sonrisa se dibujaba en su dulce rostro.
-¡Candace! ¡Tienes que ver esto!-gritó Phineas
Candace continuaba hablando con Stacey por teléfono, pero de inmediato la dejó esperando cuando oyó los gritos de su hermanito menos.
-Luego hablamos. –dijo antes de cortar.
-¡Candace! ¡Candace! –repetía el pelirrojo casi llegando al cuarto de la joven.
-¿Qué quieres, Phineas? No tengo tiempo para sus travesuras hoy. En pocas horas va a llegar Jeremy y mírame.
Salió de su cuarto y permitió que Phineas viera el deplorable estado en el que se encontraba. Una camiseta claramente grande, rota y atada con un nudo, los pantalones puestos al revés, el cabello enmarañado y enredado con una vincha y varios clips de colores, un zapato de cada par y el labial corrido.
-¿Qué voy a hacer? Jeremy va a llegar y no voy a estar presentable. –gritaba mientras estallaba en un mar de lágrimas.
-Candace, tranquila. Tengo la solución acompáñame.
Candace lo siguió hasta el patio, en cuanto salió supo que se veía en verdad espantosa, pues todos los chicos se callaron e Isabella incluso se atrevió a preguntarle si era ella.
-¿Para qué me trajiste? ¿Para qué tus amigos se burlen?-le preguntó la desarreglada adolescente.
-No malinterpretes, es sólo que no pareces… Candace. –dijo intentando arreglar todo.
-¡Me veo horrible! –gritó la joven entrando en uno de sus ataques de pánico.
-No diría horrible, sólo… "particular". –siguió intentando arreglar la chica de cabello negro.
-Esa es sólo otra forma de decir que me veo horrible…
-¿Estás estresada por tu cita con Jeremy?-interrumpió Phineas.
-Claro que lo estoy. Un segundo, ¿Phineas qué es eso? –preguntó señalando al unicornio.
-Oh, eso. Es un unicornio, no hace gran cosa. –contestó su hermano.
-¿De dónde lo sacaron? –preguntó su hermana.
-Del mismo lugar de donde tú sacarás la ropa y apariencia perfecta para tu cita. Te presento a la máquina de volver los deseos realidad. Sólo te acercas al micrófono, pides lo que quieres y se hace realidad. –presentó Phineas a su más reciente creación.
-¿Cualquier cosa que desee?-preguntó atónita la pelirroja.
-Cualquier cosa. Isabella pidió ese unicornio. –respondió con su hermano relajado.
-De acuerdo. Lo intentaré. ¿Qué podría salir mal?-dijo Candace por primera vez con una actitud positiva.
Candace se acercó al micrófono. Sabía que podía pedir algo que quería desde hace tiempo, podía pedir que atraparan a sus hermanos. Al fin después de tanto esperar ese momento, la oportunidad perfecta había llegado. Su madre dejaría de creerla loca y de una vez por todas demostraría que sus hermanos sí hacían cosas increíbles. Por otro lado, las intenciones de Phineas al decirle que pidiera un deseo eran claramente buenas y cuando lo veía a la cara, los ojos brillantes de ilusión y la sonrisa de un inocente niño la atormentaban. Cubrió el micrófono con la mano.
-¿Puedo pedir dos deseos, Phineas?- solicitó su hermana.
-Seguro.-contestó Phineas
-Pero… -comenzó Buford -Oh, bueno… está bien.-aceptó finalmente.
-Gracias, Phineas. –dijo la chica.
La pelirroja sacó su mano del micrófono y se dispuso a hablarle. Tenía sus dos deseos más que pensados.
-Deseo que este invento no desaparezca como todos los demás inventos.
Del mismo tubo nuevamente salió un haz de luz, pero esta vez el haz de luz rodeó a la máquina y nada más sucedió.
-¿Por qué pediste ese deseo?-preguntó el pelirrojo.
-Es una máquina de deseos, Phineas. No quiero que desaparezca al final del día.-respondió su hermana mayor.
-Muy bien. ¿Cuál es tu segundo deseo?-argumentó el chico.
-Deseo tener la ropa más increíble y perfecta para mi cita con Jeremy.
De nuevo el haz de luz. Esta vez chocó contra Candace y la rodeó completamente. Luego de unos segundos Candace volvió a ser visible a los demás, pero en lugar de su desastrosa ropa tenía un hermoso vestido corto color verde agua y unos fabulosos zapatos blancos que combinaban perfectamente. En su mano tenía una chaqueta blanca que hacía juego con los zapatos y un bolso que también armonizaba.
-Esto… es… es… ¡PERFECTO! –dijo la pelirroja casi llorando. –Gracias, Phineas.
-De nada.-respondió Phineas- Ahora puedes concentrarte en otras cosas, Candace.
Candace entró a la casa corriendo para contarle a Stacey lo que le había recién sucedido.
Continuará…
